15978(13-03-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 15978  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 34  

          Bogotá,   D.   C.,   trece   (13)   de   marzo  del  dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS  

          Decide  la Sala el recurso de casación interpuesto por la defensora  de     DEOGRACIAS    LÓPEZ    PEÑA    contra   la   sentencia   dictada   por   el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla el 19 de noviembre de 1998.   

HECHOS  

          En  la  tarde  del  25  de  diciembre  de  1995, cuando ORLANDO RUIZ  GONZÁLEZ  acompañaba  a  su esposa a una tienda del sector en que vivía en la  ciudad  de  Barranquilla,  fue  atacado  con arma cortopunzante por DEOGRACIAS  LÓPEZ PEÑA, falleciendo en el  acto.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

Un  fiscal seccional de Barranquilla escuchó  en  indagatoria  al  señor  LÓPEZ  PEÑA  y lo aseguró con detención preventiva por el delito de homicidio  agravado,  ilícito  por  el  que  posteriormente,  el  24  de abril de 1996, lo  convocó a juicio.   

Celebrada  la  audiencia pública, el Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Barranquilla lo condenó el 24 de agosto de 1998  como  autor  del  delito  de homicidio simple a la pena de 25 años de prisión,  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el término de 10 años y  al pago de los perjuicios ocasionados con su conducta.   

          La  defensora impugnó el fallo porque estimó que se debió admitir  el  homicidio preterintencional que invocó en la audiencia pública y la rebaja  de  pena por confesión, planteamientos que no acogió el Tribunal pues  el  19  de noviembre de 1998 confirmó en su integridad la sentencia. Inconforme con  la  decisión,  interpuso  en  tiempo  el  recurso  extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

          Dos  cargos  se formularon contra la sentencia de segunda instancia:   

          1.  Que  se  dictó  en  un  juicio  viciado  de  nulidad, porque el  defensor  no volvió a intervenir en la instrucción a partir del momento en que  se  confirmó  en  segunda  instancia  la  resolución  que  definió situación  jurídica.  Se  limitó a notificarse personalmente de la resolución acusatoria  y  anotó  en  el  acta  correspondiente  que  la  apelaba,  pero  se abstuvo de  sustentar  el  recurso.  Su  inactividad  impidió  que  solicitara  importantes  pruebas  de  descargo, que controvirtiera las recaudadas, que presentara estudio  precalificatorio  y  que  sustentara  el  recurso  de apelación. También en la  etapa  del  juicio  el  procesado estuvo desamparado, pues el defensor no pidió  pruebas   ni  nulidades.  Finalmente,  después  de  mucho  insistir,  la  nueva  apoderada  logró  que  decretaran  algunas,  las  que  sin  embargo  tampoco se  pudieron  practicar por múltiples factores. Como la omisión del defensor, dada  su  magnitud, no significa desarrollo de estrategia defensiva, se debe anular el  proceso.   

2.  Igualmente  el  juicio  está viciado de  nulidad,  porque  se  violó el debido proceso. Un escrito de la nueva defensora  que  destacaba  las  irregularidades de la actuación y una petición del señor  LÓPEZ   para  que  se  le  ampliara  la indagatoria, fueron desatendidos por el juzgado durante más de dos  meses,  al  cabo de los cuales ordenó la realización de la audiencia pública.  Interpuso  la  defensa  el recurso de reposición y en subsidio el de apelación  y,  sin  darle  ningún trámite al primero, el juzgado ordenó dar cumplimiento  inmediato  a  la  providencia  recurrida  y  dispuso  que  las  impugnaciones se  resolverían  posteriormente,  violando  así  el  proceso  como es debido. Esta  omisión  del  juzgado  impidió  que  el  acusado  recobrara  su  libertad  por  vencimiento  de  términos,  pues  si  se  hubiera agotado el trámite legal, la  audiencia  no  se  habría  podido  iniciar el 7 de noviembre de 1998 y los seis  meses   de  que  trata  el  numeral  5º.  del  artículo  415  del  Código  de  procedimiento  Penal  de  1991  se  hubieran  cumplido, pues se vencían el 8 de  noviembre.   

CONCEPTO  DEL  MINISTERIO  PÚBLICO   

          Primer cargo.   

La señora Procuradora Primera Delegada para  la  Casación  Penal  considera  que este reproche no puede prosperar, porque la  demandante  no  probó cuál era la estrategia que indefectiblemente, de haberse  utilizado,  hubiera  cambiado  el sentido del fallo, ni cómo, de no presentarse  las  omisiones que denuncia, la decisión hubiera resultado más favorable a los  intereses  del  señor LÓPEZ.  No  dice cuáles eran las importantes pruebas que se dejaron de practicar, cómo  se  debió  ejercer la controversia probatoria o cuál debía ser el sentido del  análisis  precalificatorio, sino que se limitó a plantear las supuestas fallas  de manera genérica.   

          Segundo cargo.   

          También   se   debe   desechar   esta  censura.  La  juez  decretó  efectivamente  la  ampliación  de  indagatoria,  sólo  que  dispuso  recibirla  durante  la  audiencia  pública  porque el proceso se encontraba en la etapa de  juzgamiento.  No  había  motivo  para hacerlo en oportunidad diferente, máxime  que  no  es  cierto que el procesado hubiera pedido que se le oyera antes de esa  diligencia.  De  todas  maneras, la ampliación se recibió en la sesión del 18  de  febrero  de  1997,  después  de  haber  tramitado  y  negado la reposición  interpuesta.   

         

CONSIDERACIONES  

          Primer cargo.   

          En       múltiples       ocasiones1   

la  Corte  ha  insistido  en  que  no basta  reprochar  la  aparente falta de actividad del defensor para reclamar la nulidad  del  proceso,  y en que es preciso acreditar la grave lesión que sufren por esa  causa los derechos del sindicado.   

          Ese  cometido  no  logra  cumplirse, desde luego, mediante un ataque  genérico  que  se  reduzca  a  cuestionar  que no se solicitaron pruebas, no se  intervino  en la práctica de las que se evacuaron, no se interpusieron recursos  ni  se  presentaron  alegatos  precalificatorios, sino sólo en la medida en que  concrete   cuáles   medios   de  convicción  se  desecharon  y  su  incidencia  fundamental  en  el  sentido  de  la  decisión;  de qué manera la ausencia del  abogado  en  la  obtención  de alguna prueba impidió que produjera los efectos  que  razonablemente  se  esperaban  de ella y cómo favorecía la situación del  implicado;  por  qué  razón  la  falta de impugnación de una providencia debe  considerarse  una  conducta  negligente  y no puede significar más bien tácita  conformidad  con  lo  resuelto,  por  considerarlo  justo;  cómo  la  falta  de  presentación  del  estudio  precalificatorio  afectó notoriamente la posición  del  procesado;  en  fin,  la  indispensable  referencia  a  las  circunstancias  específicas  del caso que indefectiblemente conduzcan a admitir, examinadas sus  muy  particulares  condiciones,  que  un  diverso  comportamiento  de la defensa  hubiera arrojado un resultado más favorable para el procesado.   

          Nada  de  esto  hizo  la  demandante,  quien  se  limitó a expresar  generalidades   como   que  no  se  pidieron  “importantes  pruebas”  ni  se  controvirtieron   las  de  cargo,  no  se  presentaron  alegatos  previos  a  la  calificación  del  mérito  sumarial  ni  se sustentó el recurso de apelación  interpuesto  contra  esa  resolución,  todo  lo  cual  “se  traduce de manera  incuestionable  en  total  inactividad  defensiva”  que  viola  el  derecho de  defensa y da lugar a la nulidad del proceso.   

          Semejante  propuesta desconoce uno de los “principios que orientan  la  declaratoria  de  las  nulidades  y  su  convalidación”,  previstos en el  artículo  308  del  anterior Código de Procedimiento Penal, 310 del actual, en  cuyo  numeral  2º.  expresamente  se ordena que “Quien alegue la nulidad debe  demostrar  que  la  irregularidad  sustancial  afecta  garantías de los sujetos  procesales,  o  desconoce  las  bases  fundamentales  de  la  instrucción  y el  juzgamiento”.   

          Aunque  es  suficiente  lo  anterior  para  concluir que el cargo no  está  llamado  a  prosperar,  dígase  adicionalmente  que  de la revisión del  proceso  no aparece evidente o manifiesto que se hubiera vulnerado el derecho de  defensa.   

          Obsérvese,  en  ese  sentido,  que  un  abogado  designado  por  el  indagado   lo  asistió  en  su  injurada  (fl.  13  C.1)  y  luego  de  recibir  notificación  personal  de la resolución de situación jurídica (fl. 25 vto.)  la  apeló,  reclamando que se procediera por homicidio simple en estado de ira,  no  por  homicidio  agravado (fls. 37 y ss.); que también de manera personal se  enteró  de  la  clausura  de  la  investigación  (fl. 119) y de la resolución  acusatoria  (fl. 139 vto.); que aunque no sustentó la impugnación anunciada en  el  acto  de notificación (ib.), tal conducta bien podría obedecer a una mejor  reflexión  sobre  el  asunto para presentar sus argumentos al juez, en tanto ya  conocía  el  criterio  de  la fiscalía delegada ante el Tribunal Superior; que  vencido  el  término  previsto para solicitar nulidades y pruebas en el juicio,  el   procesado  designó  nueva  defensora  (fl.  12  C.2),  quien  reclamó  se  invalidara  la  actuación  por  violación  del derecho de defensa y del debido  proceso  y  pidió  la  práctica  de algunas pruebas (fl. 16), todo lo cual fue  negado  por la juez en auto del 22 de octubre de 1996 (fl. 26), recurrido por la  apoderada  sólo  en  cuanto  a  las  nulidades  y a la decisión de escuchar en  indagatoria  al  procesado durante la audiencia pública, pues aquélla estimaba  que  debía  hacerse  en  oportunidad  anterior  (fl.  31).  Al mismo tiempo, se  concentró   la   defensa   en  obtener  la  libertad  del  señor  LÓPEZ  PEÑA por vencimiento de términos  (fl.  34), petición negada (fl. 42), apelada (fl. 49) y confirmada (fl. 4 C.T.)  después  de  haberse  instalado  y  suspendido  la  audiencia  pública (fl. 41  C.2).   

La  continua  actividad  de  la defensa, que  incluyó  una  solicitud  de cambio de radicación, se hizo también evidente en  la  audiencia  pública,  en  la  que  solicitó el reconocimiento del homicidio  preterintencional   (fl.   160  C.3)  y  en  la  impugnación  de  la  sentencia  condenatoria,   de   la   que   se   notificó   de  manera  personal  (fl.  193  vto.).   

En estas condiciones, se reitera, la censura  no puede ser atendida.   

Segundo        cargo.   

          Defecto  similar  al  anterior  registra  este  reproche,  ya que la  pretendida  trascendencia  de los vicios que invoca la demandante se reduce a la  incidencia  de  las supuestas irregularidades que denuncia en el vencimiento del  término  que  en  el  juicio se debe observar para recuperar la libertad por no  realizarse  en  tiempo  la  audiencia pública, pues el plazo no se pudo cumplir  debido  al  acto  arbitrario  de  la  juez  que no tramitó de manera regular el  recurso   de   reposición  ni  ordenó  ampliar  la  indagatoria  antes  de  la  celebración de la audiencia.   

          Son  numerosas  las decisiones de la Corte en las que se precisa que  la  captura  ilegal, y lo mismo puede decirse de la ilícita prolongación de la  privación  de  libertad, no genera la nulidad de la actuación pues se trata de  “una  circunstancia  que  no  afecta  el  objeto, ni la estructura básica del  proceso,  porque  la  captura  no  constituye  presupuesto de la iniciación del  sumario,  ni  del adelantamiento de la investigación o el juicio”2.   

          En   todo   caso,  las  alegadas  irregularidades  tampoco  tuvieron  ocurrencia:  la  primera,  porque el recurso de reposición fue tramitado por la  secretaría  de  conformidad  con  lo  previsto en el artículo 200 del anterior  estatuto  procesal (fl. 2 C.3), sólo que después de iniciarse y suspenderse la  audiencia  pública  (fl.  41  C.2);  la  segunda,  porque  desde  el Código de  Procedimiento  Penal  de  1991  se ha pretendido que en el juicio las pruebas se  practiquen  de  manera  concentrada  en  la audiencia, “excepto, las que deban  realizarse  fuera  de  la  sede  del juzgado o requieran de estudios previos”,  según lo disponía el artículo 448.   

    

          En  consecuencia,  el  cargo  no  prospera.            

Del principio de favorabilidad.  

Por  último,  en  cuanto  se  refiere  a la  aplicación  del  principio  de favorabilidad en razón de la vigencia de la Ley  599  de  2000,  como  la Corte no casará el fallo impugnado y, por lo tanto, no  puede  actuar como tribunal de instancia, su examen le corresponderá al juez de  ejecución  de  penas y medidas de seguridad, de acuerdo con el numeral 7º. del  artículo 79 del Código de Procedimiento Penal.   

          En  mérito  de  lo  expuesto la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  Justicia en nombre de la República y por  autoridad de la Ley,   

RESUELVE   

NO   CASAR   la  sentencia impugnada.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

YESID RAMIREZ BASTIDAS  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL              HERMAN  GALÁN CASTELLANOS         

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                        JORGE A. GÓMEZ GALLEGO   

ÉDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                                          ALVARO O. PEREZ PINZON   

MARINA   PULIDO   DE   BARON                              JORGE    L.    QUINTERO  MILANES   

                       

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Cfr.,  entre  otros,  auto  del  11  de agosto de 1998, M. P. Ricardo Calvete Rangel, y  sentencias  del  26 de junio de 2002, radicado 13.226, M P. Jorge Aníbal Gómez  Gallego,  y  del  11  de  abril  de  2002,  radicado 12.579, M. P. Nilson Elías  Pinilla Pinilla.   

2  Sentencia  del 5 de febrero de 2002, radicado 14.397, M. P. Fernando E. Arboleda  Ripoll.  En  el  mismo  sentido pueden consultarse, para citar sólo algunas del  mismo  año,  las fechadas 31 de enero, radicado 13.307, M. P. Carlos A. Gálvez  Argote;  28  de  febrero,  radicado 12.282, M. P. Jorge A. Gómez Gallego; 14 de  marzo  del  2002,  radicado 9.794, M. P. Édgar Lombana Trujillo y 2 de mayo del  2002, radicado 11.021, M. P. Nilson E. Pinilla Pinilla.     

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