15976dic

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15976  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No. 213  

          Bogotá,  D.C.,  diecinueve  (19)  de  diciembre  del  año  dos mil  (2.000).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  los  requisitos  formales  de la demanda de  casación  presentada por el defensor de SEGUNDO HERMES  TÉLLEZ JIMENEZ.   

HECHOS  

          Sucedieron  en  Bogotá.  En las horas de la tarde del 4 de julio de  1997,  la  niña  MERY  ALEYDI PULIDO CARDENAS, de 8 años de edad, fue abordada  por   SEGUNDO   HERMES  TÉLLEZ  JIMÉNEZ  cuando se dirigía a la casa de su abuela, localizada en el barrio  “Oasis”,  carretera a Usme, al sur de la ciudad, quien la intimidó con arma  blanca,  la  llevó  a  un  lugar  solitario  y  la  sometió a diferentes actos  sexuales.   

ACTUACION  PROCESAL   

          El  5  de  julio de 1997, la Fiscalía 312 de la Unidad de Reacción  Inmediata  de  esta  ciudad  declaró  abierta  la  investigación  y  ese mismo  día    vinculó   mediante  indagatoria  al  imputado.  Al  resolverle  la  situación  jurídica,  la  Fiscalía  226  de  la  Unidad  de Delitos contra la  Libertad   Sexual   y   la   Dignidad   Humana   lo   afectó   con   detención  preventiva.   

          Cerrada  la  investigación, la funcionaria instructora calificó el  mérito  del  sumario el 29 de septiembre de 1997. Acusó a Téllez Jiménez por  el delito de acto sexual violento, agravado.   

          El  5  de  agosto  de 1998, el Juzgado Tercero Penal del Circuito de  Bogotá  lo  condenó  a  las  penas  de  64 meses de prisión, interdicción de  derechos  y  funciones  públicas y al pago de perjuicios morales, por el delito  antes referido.   

          Apelado  el fallo por la defensa, el Tribunal Superior de Bogotá lo  confirmó el 15 de diciembre de 1998.   

LA  DEMANDA   

          El  censor  invocó  la  causal  primera de casación prevista en el  artículo  220  del  C. de P. P. Estimó que el Tribunal incurrió en violación  indirecta del artículo 299 del Código Penal,   

           “…  por  error  de  hecho  al  valorar  erróneamente pruebas  existentes,  en  el  proceso,  específicamente  por  atribuirle  a  los  medios  probatorios  esenciales,  un  alcance diverso del que realmente les corresponde,  de  acuerdo  con la sana crítica de que trata el artículo 254 del C. de P. P.,  e     inclusive     guardar     silencio     sobre    pruebas    allegadas    al  informativo…”.   

                     

          Para  sustentar  el reproche afirmó que “el error de apreciación  del  verdadero  valor  probatorio”  tuvo lugar en relación con los siguientes  medios de convicción:   

          a)  Prueba  sobre la incapacidad física de Hermes Téllez. Señaló  que  a  instancias  suyas  el  juzgado  de  primera  instancia en el curso de la  diligencia  de  audiencia  pública  dejó  la  siguiente  constancia en el acta  respectiva:   

“  que el miembro inferior izquierdo desde  la  rodilla  hacia  abajo  está anquilosado, presenta una delgadez acentuada en  comparación  con  el  miembro  inferior  derecho,  el  talón presenta una gran  callosidad  y  la  planta  en  la  parte  delantera está absolutamente lisa por  ausencias  de fricción con el suelo. El pie permanece girado hacia la izquierda  en   forma   atrófica.   El   sindicado  indudablemente  carece  de  un  normal  funcionamiento  en  el  miembro  inferior  izquierdo…Su desplazamiento es bien  difícil dada la malformación que se aprecia”.   

          Consideró  que  el Tribunal no le dio el verdadero valor probatorio  a  dicha  constancia,  pues  incurrió en un gravísimo error al  coincidir  con  el  juez  de  primer  grado  en  que  la limitación física referida no le  impedía  al  procesado la consumación del delito que se le atribuyó, pero sí  pudo  incidir  para  que  no  pudiera  huir  rápidamente  del  lugar.  Erró el  juzgador,  agregó,  porque  no  valoró  la  prueba  en  forma integral y en su  conjunto,  y  no  tuvo  en  cuenta  que en el informe policivo se indicó que el  incriminado  “fue  alcanzado  como a los 20 metros del lugar de los hechos por  parte de unos ciudadanos”.   

          Señaló  que  si  su  representado  apenas  pudo  huir  durante  un  trayecto   de  20  metros,  fue  precisamente  por  su  incapacidad  física  de  locomoción,  la  que  con  mayor razón le impedía cometer el delito que se le  imputó.  Además,  si  la  niña,  al  igual  que  las  otras  personas  que se  refirieron  al  capturado  Hermes Téllez, no advirtieron el defecto de éste al  caminar,  resulta  obvio que no fue él quien la ultrajó sexualmente. Concluyó  que  “a  la  prueba  en  referencia  no  se  le dio el crédito valorativo que  merece, es decir fue erróneamente interpretada, por defecto”.   

          b)  El  testimonio  de la menor ofendida MERY ALEYDI PULIDO CARDENAS  fue  erróneamente valorado. El Tribunal incurrió en un grave error de hecho al  estimar  que  el señalamiento que la menor hizo del autor del hecho “es claro  y determinante”.   

          Para  fundamentar  su  aserto  cuestionó  la  forma  como el fiscal  interrogó  a  la  niña;  dice  que  fue  aquel  y  no  ésta,  quien mencionó  directamente  a  Segundo  Hermes Téllez Jiménez como la persona responsable de  los  hechos objeto de investigación, pues la niña no hizo referencia a ningún  nombre  en  concreto  cuando relató lo acontecido. Agregó que fue la abuela de  la  menor  quien  inicialmente  suministró  la  información  que  condujo a la  captura  de  su  representado.  Por  consiguiente,  el señalamiento que hizo la  ofendida  es  posterior  a  la  captura del implicado y no sirvió de fundamento  para  su  retención  y,  por   lo  tanto,  no  se  le  puede  calificar de  “determinante  y  claro”  como  lo  hace  el  fallador de segunda instancia.   

          c)  El  Tribunal   ignoró la descripción física que la niña  hizo  del  individuo  que  la atacó y que está contenida en su testimonio. Los  rasgos  descritos  por ella son muy distintos a los consignados por la fiscalía  al  momento  de  recibirle  la  diligencia  de  injurada  a Hermes Téllez; esta  diferencia  se torna más evidente si se tiene en cuenta la constancia que dejó  el  juzgado  en  relación con la “fisonomía contrahecha” del capturado. La  circunstancia  de  que  la niña no mencionara el defecto físico de su agresor,  ni  su  dificultad  para  caminar, indica que no fue Hermes Téllez el autor del  delito.   Lo  anterior  constituye  un  grave  error  de  hecho  porque  influye  notoriamente en el grado de credibilidad de dicho testimonio.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          1.  La  anterior  demanda  será inadmitida porque no cumple con las  previsiones  que respecto de su elaboración prevé el artículo 225 del Código  de  Procedimiento  Penal.  En  consecuencia,  se  declarará desierto el recurso  interpuesto   

          2.  Si  bien el censor acertó al cumplir  la  carga  de  identificar  los  sujetos  procesales  y  la sentencia materia de  impugnación,  sintetizar  los hechos y resumir la actuación llevada a cabo, se  equivocó  frente  a “la enunciación de la causal y la formulación del cargo  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante estime infringidas”.   

         

          Olvidó  que  cuando  se  invoca  la  violación indirecta de la ley  sustancial  por  error  de hecho, es menester que el censor se ubique correcta y  plenamente  y  le  demuestre  a  la  Corte  que  la  sentencia  ha infringido la  normatividad  sustancial  por  falso  juicio  de existencia, por falso juicio de  identidad, o por falso raciocinio.   

          No  existe  tal  claridad  y precisión en la demanda en estudio. Al  parecer  el  libelista  se  refirió  a la última hipótesis, pues aunque no lo  dice  en  forma  precisa  y  diáfana,  sí  censuró el fallo impugnado por ser  violatorio  de  manera  indirecta  de  la  ley sustancial por haber incurrido el  Tribunal   en   error   de   hecho    “en  la  apreciación  del  verdadero valor probatorio” de: a)  la  constancia  dejada  por  el juzgado en el curso de la audiencia pública, en  relación  con  la deformidad física que presenta el miembro inferior izquierdo  de  Hermes  Téllez  Jiménez y, b) el testimonio de la menor Mery Aleydi Pulido  Cárdenas.   

          3.  Si  el reproche, como parece entenderse, es por falso raciocinio  respecto  de  las  pruebas  mencionadas,  resulta  evidente  que el censor no se  ciñó  en  la  elaboración  de  la  demanda  a  la metodología propia de esta  especie de error.   

          La  Corte  ha  señalado  en forma abundante y reiterada1   que   la  violación  indirecta de la ley sustancial por error de  apreciación,  se  presenta cuando el juez realiza una  valoración  equivocada  de  los  hechos  en sí mismos, objetivamente vistos, y  plasma  en  la  sentencia inferencias erróneas por inexacta observación de los  elementos  de  la  sana crítica, es decir, de la lógica, de la ciencia o de la  experiencia.  Cuando  se  invoca  este  yerro,  no solo debe señalarse en forma  concreta   el  elemento  de  persuasión  sobre  el  cual  recae,  sino  que  es  imprescindible  que se diga y se demuestre cuál fue la regla de la experiencia,  el  principio  científico  o  la  ley  de la lógica indebidamente utilizada y,  naturalmente,  que  se indique en forma precisa y clara cuál o cuáles de ellas  eran  las  apropiadas  para  dilucidar  el  asunto  debatido, así como también  mostrar  de manera fundamentada el carácter trascendente del error y su nexo de  causalidad entre éste y la parte resolutiva del fallo impugnado.   

          4. Nada de lo anterior hizo el libelista.    

          Simplemente   le   reprochó   al  Tribunal  por  haber  acogido  la  valoración  que  hiciera  el  A-  quo  acerca  de  la  limitación  física del  procesado,  en  el  sentido  de  que  su  deformidad  en  la extremidad inferior  izquierda  si bien le impidió huir rápidamente de sus captores, no constituía  un  obstáculo  para  consumar  el  delito  que  se le atribuyó. Así mismo, le  censuró  porque   expresó que no era tan notoria la dificultad que tenía  el  incriminado  para  caminar,  al  punto  que  ni  los policiales que hicieron  efectiva    la   captura   ni   la   fiscalía   instructora   advirtieron   tal  situación.   

          En  relación  con  el testimonio de la menor ofendida, se limitó a  indicar  que carecía de la claridad, determinación y credibilidad  que le  asignó  el Tribunal; primero, por cuanto la captura de Hermes Téllez se debió  al   señalamiento  que le hizo la abuela de la niña y no a la indicación  de  ésta  y, segundo, porque la descripción que dio la menor del individuo que  la  agredió  no  corresponde  a  los  rasgos  físicos que se consignaron en la  diligencia de indagatoria de Téllez Jiménez.   

             

            Es  decir,  todo  el  esfuerzo  argumentativo  lo circunscribió a  afirmar  de  manera  genérica  que  los  medios de convicción referidos fueron  “erróneamente  interpretados” por el Tribunal, que incurrió en el “error  de apreciación  de su verdadero valor probatorio”.   

          5.   En   realidad   no   hizo   otra   cosa   que   cuestionar   la  “credibilidad”  otorgada  por  los  jueces  de instancia al testimonio de la  menor,  pretendiendo  hacer  ver  unas intranscendentes contradicciones entre el  dicho  de  ésta y el de su abuela, así como entre lo expresado por aquélla en  relación  con la fisonomía del agresor y la descripción que hizo la fiscalía  de  la  persona  capturada,  para  concluir  que  sobre  esa  credibilidad  debe  prevalecer la versión del procesado.   

         En  tales  circunstancias,  al señalar el actor como error de hecho  el  grado  de  credibilidad  que le otorgó el juzgador a las pruebas, es claro,  como     lo     ha     sostenido     la     Sala2,   que   comete  grave  error  conceptual.  Olvidó  que ante la abolición del sistema de tarifa legal para la  evaluación   de  las  pruebas,  esta  tarea  la  debe  asumir  el  sentenciador  únicamente  con  sujeción  a  los  principios de la sana crítica, persuasión  racional  y  de  la  lógica  (C.P.P.  arts.254  y  294),  por  lo  cual la mera  “credibilidad”  ya  no  es,  de  suyo,  censurable  en  casación,  como  se  pretendió en la demanda en estudio.   

    

          La  Sala,  al  precisar la naturaleza y alcances del error originado  en  la  apreciación  judicial del mérito de las pruebas, ha señalado que este  yerro  no  surge  de  la  mera  disparidad  de  criterios  entre  la valoración  realizada  por los jueces y la pretendida por los sujetos procesales, sino de la  comprobada  y grotesca contradicción entre aquella y las reglas que informan la  valoración  racional  de  la  prueba.  También ha dicho que si un contraste de  tales  características  no  se presenta, porque los juzgadores, en ejercicio de  esta  función,  han respetado los límites que prescriben las reglas de la sana  crítica,  será  su criterio, no el de las partes, el llamado a prevalecer, por  virtud  de la doble presunción de acierto y legalidad con que está amparada la  sentencia       de       segunda      instancia3.   

          6.  El  casacionista  también ha dicho que el Tribunal incurrió en  error  al “…guardar silencio sobre pruebas allegadas”, y que en el proceso  existen  medios  que  no fueron mencionados y sí ignorados por el mismo, con lo  cual   quizás   estaría   proponiendo   un   error   por   falso   juicio   de  existencia.   

          Sin  embargo,  cuando  quiere  desarrollar  la  supuesta imputación  alude  a la declaración de la menor para decir que una parte de su versión fue  “callada”  por  el  juzgador, con lo cual traslada a otra forma de error, el  conocido  como falso juicio de identidad. Y tras incurrir en este yerro, compara  la  descripción que del agresor hiciera la niña, con la plasmada por el fiscal  en   la  indagatoria,  las  encuentra  diferentes  y  concluye,  con  su  propia  valoración,  con lo cual retrocede al terreno del simple escrito preparado para  someter  a  consideración   en  la normalidad de los debates de instancia,  estudio    que    es   bien   diverso   del   que   se   espera   en   sede   de  casación       

         

          Lo  dicho es suficiente para inadmitir la demanda y, por tanto, para  declarar desierto el recurso interpuesto.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

          Rechazar   in  limine la demanda de casación presentada por el  defensor    de    SEGUNDO  HERMES  TÉLLEZ  JIMÉNEZ. En  consecuencia, declarar desierto el recurso interpuesto.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno   

         Cópiese y cúmplase.   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO           

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                          JORGE   E.  CÓRDOBA  POVEDA             

CARLOS  AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE               JORGE  ANÍBAL   GÓMEZ   GALLEGO                         

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR                        

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN            NILSON E.  PINILLA     PINILLA                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria     

1 C. S.  J. Auto del 30 de noviembre de 1999, Rad. No. 14.535.    

2 C. S.  J.  Sentencia  del  29  de  marzo  de  2.000,  M.P.  Dr.  Carlos  Eduardo Mejía  Escobar.   

3 C. S.  J.  Sentencia  del  16  de  mayo  de  1995,   M.  P.  Dr.  Ricardo  Calvete  Rangel.     

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