15931(24-04-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 15931  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

      SALA    DE    CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

Aprobado Acta No. 047  

Bogotá  D.C., veinticuatro (24) de abril de  dos mil tres (2003).   

Decide la Corte la casación interpuesta por  el   defensor   de   JORGE  HUGO  RODRÍGUEZ  RODRÍGUEZ,  contra  la  sentencia  condenatoria  de segunda instancia de enero 29 de 1999 proferida por el Tribunal  Superior   del   Distrito  Judicial  de  Medellín,  que  revocó  la  sentencia  absolutoria  a  favor  de  aquél  dictada  en  primera instancia por el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Bello,   para  en  su  lugar condenar al  procesado   RODRÍGUEZ   RODRÍGUEZ   a  40  años  y  6  meses  de  prisión  e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por diez años, como autor  penalmente  responsable de homicidio agravado y porte ilegal de arma de fuego de  uso  civil,  ilícitos  en  los  que  fueron  víctimas  WILSON  ALBEIRO  OSORNO  SUCERQUIA y la seguridad pública.   

HECHOS  

Los  delincuentes y expendedores de droga de  los           barrios          ‘Prado’   y  ‘Andalucía’  de  Bello  (A)  amenazaron  a  WILSON  ALBEIRO  OSORNO  SUCERQUIA  y  FRANCISCO  JAVIER  VÉLEZ OCAMPO, en razón a las  funciones  de  celaduría  que  éstos  cumplían  en  tales  sectores, para que  abandonaran su trabajo.   

Al  terminar  la  noche  del   22  y el  amanecer  del  23  de  julio de 1997, en la carrera 51 con calle 56, dos sujetos  sorprendieron  a  WILSON  ALBEIRO  OSORNO  SUCERQUIA  y  FRANCISCO JAVIER VÉLEZ  OCAMPO,  uno  de  ellos  disparó  contra  OSORNO, quien ipso facto murió en el  lugar.  El  otro  celador  fue  perseguido por el homicida en un trayecto de dos  cuadras,  alcanzando  a  llegar  a  la  estación de policía donde la prestaron  ayuda.    

FRANCISCO  VÉLEZ  OCAMPO, conocía al autor  del  hecho, quien 20 días antes del crimen había amenazado a los celadores. La  persona  que  disparó  el  revólver  contra  la víctima fue individualizado e  identificado  por  el  citado  testigo,  correspondiendo al nombre de JORGE HUGO  RODRÍGUEZ    RODRÍGUEZ,    contra    quien    se    adelantó    la   presente  investigación.   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

La  Fiscalía 31 Seccional con sede en Bello  asumió  la  investigación,  despacho  que  oyó  en  indagatoria  a JORGE HUGO  RODRÍGUEZ   RODRÍGUEZ,   imponiéndole    medida   de   aseguramiento  de  detención  preventiva  por  la  consumación de los delitos contra la vida y la  seguridad.  Practicadas  algunas  pruebas  y  cerrada  la instrucción, el 19 de  enero  de  1998  dictó  acusación  contra  el procesado  por el delito de  homicidio  agravado  en  concurso con el de porte ilegal de amar de fuego de uso  civil.  Esta  decisión  fue  impugnada,  recurso  que  se declaró desierto con  resolución del 20 de mayo siguiente.   

La  causa  fue  adelantada  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de Bello (A), profiriendo el 27 de octubre de 1998  sentencia  absolutoria.  En  discrepancia  con  esta  última determinación, la  Fiscalía  31  Seccional  apeló  el  fallo  y  el  Tribunal  lo  revocó en los  términos expuestos en acápite anterior.   

El  defensor del procesado interpuso recurso  de casación, el que resuelve la Sala en esta oportunidad.   

LA  DEMANDA   

Cargo único.  

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo  del  artículo  220  del  C.P.P.  anterior, el demandante atribuye a la  sentencia  proferida  en segunda instancia por el Tribunal Superior de Medellín  haber incurrido en error de derecho por falso juicio de legalidad.   

La  responsabilidad  se imputó a JORGE HUGO  RODRÍGUEZ  RODRÍGUEZ  a  partir  de  la  incriminación  hecha  por el testigo  FRANCISCO  JAVIER  VÉLEZ  OCAMPO  ante  la  Fiscalía  Seccional  de Bello, con  posterioridad  al  reconocimiento  extrajudicial  efectuado  en  la Estación de  Policía de dicha localidad.   

La sentencia impugnada omitió la valoración  en   conjunto   de  la  situación  fáctica  antecedente  a  lo  que  denominó  reconocimiento  en  fila  de personas, practicado por la fiscalía, en contraste  con  el  fallo  absolutorio  de  primera instancia, que consideró que tal medio  carecía   de   virtualidad   para  generar  certeza  en  contra  de  RODRÍGUEZ  RODRÍGUEZ,  porque  las  características  físicas  del  reconocido las había  gravado  antes,  en  el  Comando de Policía a donde fue llevado el testigo para  señalarle  al  responsable  de  la  muerte  de  su  compañero de trabajo. Esta  situación  corresponde al clamor del inculpado en la indagatoria, en el sentido  de  que  en  horas  de  la noche dos agentes lo habían sacado haciéndolo mirar  hacía  un sitio donde los policías y dos muchachos más se asomaban a mirarlo,  acto   que   había   sido   repetido   en   horas   de   la  mañana  del  día  siguiente.   

En  este caso se violó el debido proceso en  la  producción  de la prueba, dado que el reconocimiento en fila de personas se  realizó  en  dos  momentos,  uno  extrajudicial  practicado  por los agentes de  policía  en la estación de Bello (Antioquia) y otro judicial practicado por la  Fiscalía  Seccional en la misma estación, lo cual riñe con el artículo 29 de  la  C.N.,  en  concordancia  con  los  artículos 367 y 368 del C.P.P. anterior,  poniendo  en  evidencia la contradicción de estos postulados con la afirmación  hecha  en  la  sentencia  de  segundo  grado  en  el sentido de que la prueba se  practicó con arreglo a las formalidades legales.   

Hace  alusión  a  una supuesta declaración  rendida  por  FRANCISO  JAVIER  VÉLEZ  en  la   diligencia  de inspección  judicial   al   cadáver,   para   señalar   que  allí  no  dio  una  adecuada  individualización  de la persona que vio disparar. Agrega el demandante que una  vez  capturado RODRÍGUEZ los agentes de policía contactaron al testigo para un  reconocimiento  previo  y  sólo  después  se  practicó  la  diligencia por la  fiscalía.  Luego  de  estas referencias probatorias, sostiene que el declarante  en  sus  primeras  apariciones  es  notoria la pobreza descriptiva del autor del  hecho,  menciona  solamente  a  un  individuo alto y barbado, mientras que en la  fiscalía  alude  a  un  sujeto  de 1.70 a 1.74 mts, determinando el color de la  piel,  los  ojos, la forma como llevaba el cabello (rapado) y la presencia de un  pequeño  bigote.  Para el demandante es evidente que el ciudadano Vélez Ocampo  obtuvo  toda  la  información  relativa  al  procesado  con  el  reconocimiento  irregular.   

Adicionalmente  a  lo  expuesto  señala  el  censor  que  la forma como ocurrió el hecho no le permitió al testigo observar  adecuadamente  a  las  personas  que ejecutaron el delito, visualización que se  obtuvo  en las instalaciones de la Inspección de Policía pues solo después de  ello  el  señor  VÉLEZ  OCAMPO  hace mención al apodo de “El Nacho”, dato  obtenido por los uniformados  y suministrado al declarante.   

De otra parte, sostiene el recurrente que la  actuación  está  viciada  de  nulidad  por “violación al debido proceso”,  habiéndose  desnaturalizado la cadena normativa integrada por la presunción de  inocencia  y el principio de legalidad, razón por la cuál “se hace necesario  la REVOCATORIA INTEGRAL DEL FALLO DE SEGUNDA INSTANCIA”.   

Finalmente  se  sostiene que debe casarse la  sentencia  profiriéndose  el fallo absolutorio de sustitución, reconociéndose  la inocencia del procesado JOSÉ HUGO RODRÍGUEZ.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

En concepto de la Procurador Segundo Delegado  en  lo  Penal,  la demanda debe ser desestimada, pero oficiosamente la sentencia  del  Tribunal  de  Medellín  debe  ser  casada, sugerencias que sustenta en los  siguientes términos:   

La  postura  esbozada  por  el recurrente no  refiere  concretamente  en  qué  forma  se  desconocieron  las formalidades del  artículo 386 del C.P.P. anterior.   

El  demandante  para demostrar la ilegalidad  del  reconocimiento  practicado  por  la  Fiscalía  destaca  que  la diligencia  involucra  dos  momentos,  uno  extrajudicial  auspiciado por las autoridades de  policía  y  otro  posterior  evacuado por la Fiscalía, situaciones con base en  las  cuales  proclama  la  “no atendibilidad” de la prueba, argumento que no  constituye  un cuestionamiento al medio en sí mismo sino el mérito probatorio,  lo  cual  riñe  con  la  técnica  inherente  al  motivo de casación invocado.   

De otra parte, los demás medios probatorios  que  sirvieron  de sustento al fallo impugnado no fueron objeto de análisis por  parte  del  censor,  y  el  testimonio  de Francisco Vélez fue cuestionado como  contradictorio  más no con base en “la causal invocada”, prueba ésta de la  cual  tiene  carácter  supletorio  el reconocimiento en fila de personas.    

Casación      oficiosa.   

La   vinculación   de   RODRÍGUEZ   RODRÍGUEZ    fue   posible   a   partir  de  su  captura,  precediendo  al  reconocimiento  practicado  por  la  fiscalía  los  señalamientos hechos en la  indagatoria,  en  el sentido de haber sido exhibido el procesado en la Estación  de  Policía  en aras de que fuera individualizado como autor del hecho, lo cual  finalmente derivó en su condena.   

El instructor debió explorar acerca de tales  circunstancias  que  rodearon la captura y los reconocimientos efectuados por el  testigo  VÉLEZ  OCAMPO  (el contacto previo con el sindicado y el origen de los  datos  suministrados  en  sus  intervenciones), lo cual ha debido hacerse con el  testimonio  de  los  agentes  que  capturaron al procesado, “para ofrecer a la  defensa  la  posibilidad de controvertir una situación en relación con la cual  se  aprecian  elementos  de  juicio  que permitirían afirmar manipulación o al  menos   orientación   al  testigo  único  de  cargo  para  que  efectuara  una  señalización  tan  contundente  y tan grave como la que terminó formulando en  contra el (Sic) aprehendido Rodríguez”.   

Para  la  Delegada  la  actuación  debe ser  anulada  desde  el  cierre  de  investigación  por  violación  al principio de  investigación  integral,  o en su defecto, por favorabilidad, readecuar la pena  en los términos del artículo 133 de la ley 599 de 2000.   

CONSIDERACIONES DE  LA CORTE   

                                  

1.  La  invocación del error de derecho por  falso  juicio  de legalidad, aducido por el recurrente contra la sentencia   del  Tribunal  de Medellín, hacía necesario acreditar que respecto al elemento  de  persuasión  con  el  que  se vincula el yerro, el reconocimiento en fila de  personas  en  el  que  intervino  el testigo FRANCISCO JAVIER VÉLEZ OCAMPO, fue  practicado  o  aducido  al  proceso  sin  las  formalidades exigidas por la ley.   

Tal inconsistencia, por otorgarle validez al  medio  que  no  lo  tiene  o  negársela  al  que  sí  lo  amerita, apunta a la  existencia  jurídica de la prueba, no a su existencia material, ni al contenido  objetivo,  tampoco  a  su capacidad demostrativa. En otros términos expresados,  tratándose,  como  lo es, de un error in iudicando, el vicio afecta únicamente  al  medio ilegalmente obtenido, sin  proyectarse sobre los demás elementos  de  juicio  o  la estructura del proceso, de ahí que la solución en esos casos  sea   la   exclusión   del   elemento   de   prueba,   dejándolo  sin  efectos  vinculantes.   

                                2.     El    cargo    cuestiona  la  apreciación que hizo el juzgador del reconocimiento  en  fila de personas, cuya práctica según lo entiende el censor contraría las  exigencias  establecidas  en  los artículos 29 de la C.N., 367 y 368 del C.P.P.  anterior,  pues  fue  realizado  en  dos  momentos,  uno  extrajudicial, por los  agentes  de  policía en la estación de Bello (Antioquia), quienes mostraron el  capturado  al  testigo y, otro judicial, realizado por la Fiscalía Seccional en  la misma estación.   

                                3. El yerro atribuido al fallo de  segunda  instancia y su trascendencia no se demostraron por el censor, según se  deduce   del   siguiente  análisis   a  los  argumentos  expuestos  en  la  demanda:   

                                  

                                               3.1.   El   reparo  no  hace  ninguna  referencia  concreta  a  las  formalidades   legales   que   se  dejaron  de  observar  en  la  diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de  personas  practicado por la Fiscalía Seccional de  Bello  el  14  de  agosto de 1997 (fl. 13), en el que el testigo FRANCISO JAVIER  VÉLEZ  OCAMPO  señaló  a JORGE HUGO RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ como autor material  de  los  disparos  que  ocasionaron la muerte a WILSON ALBEIRO OSORNO SUCERQUIA,  prueba  que  sirvió  de  fundamento  al  fallo objeto del recurso de casación.  Específicamente  no  se  comprobó  respecto de dicha diligencia, cuáles y por  qué  fueron  desconocidas  las  exigencias establecidas en los artículos 367 y  368  del  decreto  2700  de  1991,  como  para  admitir  la falta de validez del  reconocimiento.   

                              3.2.  La  ilegalidad  pregonada  en  la  censura  se  vincula con la presunta oportunidad auspiciada por la policía para  que  el  testigo  observara  al  capturado,  integrando  esta  situación  a  la  diligencia  de  reconocimiento practicada por la fiscalía, para utilizarla como  soporte  de la presunta irregularidad sustancial que invalida la práctica de la  prueba  y  reprochar  de  paso  la credibilidad del testimonio de VÉLEZ OCAMPO.   

                                                 El  raciocinio  del  censor  unifica  conceptualmente  momentos  que  corresponden  a  diferentes  aspectos  probatorios en la actuación, para exigir  indebidamente  a tales circunstancias por vía analógica y de manera interesada  los  mismos  requisitos  para  efectos  de  su  apreciación por el fallador. El  impugnante,  en  este  caso,  identifica el señalamiento informal del procesado  ante  las autoridades de policía judicial, por parte de quien 20 días antes de  los  hechos  había  tenido  la  oportunidad  de  conocerlo  por  la amenaza que  profirió  en  su  contra,  con  la  diligencia  de  reconocimiento  en  fila de  personas,  que como tal fue ordenada y practicada por un fiscal, juramentando al  testigo,  haciendo  asistir  al  procesado  de  un  defensor  y  observado en la  diligencia  la  formación  de  personas  entre  las  cuales  fue  señalado  el  incriminado  por  el  declarante,  en  los  términos  indicados  en el párrafo  anterior.   

                           La posibilidad  de   que   el  testigo  haya  visto  al  imputado  antes  de  la  diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de  personas,  como  lo sostiene el censor, no permite  exigir  para  ese  primer momento el cumplimiento de los requisitos establecidos  por  el  estatuto procesal para la prueba de reconocimiento, son situaciones que  tienen  origen, propósitos y contenidos diferentes. Ahora bien, de haberse dado  esa  posibilidad,  la producción y la aducción del medio probatorio al proceso  no  se  afectan,  pues  como lo ha sostenido la Sala1,  de  ser tal circunstancia un  “factor  probado  se  debe tener en cuenta en el momento de la valoración”,  dado  que  por sí misma considerada no da “lugar a la nulidad” del elemento  de juicio.   

3.3.  El  cargo  resulta  incompleto  en  su  desarrollo,  el  impugnante  no cumplió con el deber de demostrar la incidencia  del  desacierto  en  relación  con  los hechos y las conclusiones del fallador,  para  lo  cual  ha debido ocuparse del análisis integral del acervo probatorio,  lo  que  no  hizo,  excluyendo  la prueba denunciada como ilegal,  a fin de  demostrar  que los demás medios en los que se sustentó la decisión impugnada,  resultaban  incapaces para mantener la presunción de acierto y legalidad, a fin  de     que     la     Corte     profiriera     el    fallo    de    sustitución  correspondiente.   

                                                 4.   Las   referencias  que  el  censor  hace  al  contenido  de  la  declaración  de  FRANCISCO  JAVIER  VÉLEZ  OCAMPO,  además  de  ser un examen  fraccionado,  lo  que  de por sí atenta contra la identidad de la prueba, no es  más   que   un   cuestionamiento   al  criterio  del  Tribunal  con  enunciados  indemostrados,    a    través    de    razonamientos    propios    del    falso  raciocinio.   

                                                 Transcribe  el  cargo  los  rasgos descritos en la constancia dejada  por  el  Inspector en la diligencia de inspección del cadáver, la declaración  rendida  por  VÉLEZ  OCAMPO  el  14  de  agosto  de  1997  y  la  diligencia de  reconocimiento,  preguntándose el impugnante en qué momento aquél observó el  color  de  los ojos, el bigote, el color de la piel, la forma del cabello, luego  de  lo cual entra a aseverar que la pluralidad de particularidades del autor del  homicidio  suministradas  en  las  dos  últimas actuaciones en relación con la  descripción  hecha  al  momento  del levantamiento del cadáver, obedecieron al  proceder de la policía al permitir al testigo ver al capturado.   

                              El  análisis  del  censor  ignora  el  contenido  de la sentencia impugnada, especialmente lo relacionado con el examen  que  el  Tribunal  hizo  de  uno  de los fundamentos probatorios invocados en el  cargo,  en  el  que  el  ‘ad  quem’  señaló  que “la  constancia  dejada  por  el Inspector en el acta de levantamiento” es una cosa  muy  diferente  a  la  prueba  testimonial, a “la versión suministrada por el  testigo   presencial   cuando   precisa   el   aspecto  morfológico  del  autor  material”.  El  reparo  en  esas  condiciones  queda  sin  el  desarrollo y la  comprobación que la censura demandaba.    

                                                 El   recurrente  en  la  argumentación  a  que  se  viene  haciendo  referencia  no  hace  ningún  esfuerzo  dialéctico  para demostrar por qué no  corresponden  al  mismo  sujeto  las  aseveraciones  de  que  quien disparó era  ‘alto’,  con  la estatura 1.70 a 1.74 metros,  por     qué     la    expresión    ‘barbado’  excluye  al  procesado.  Igualmente se omitió hacer una consideración integral  al  texto  de la declaración para cohesionarlo con las reflexiones hechas en la  fundamentación  del  cargo,  así  por  ejemplo,   nada  se dijo sobre las  lámparas  que  iluminaban  el  lugar  donde  se perpetró el crimen, la mínima  distancia  que separó a VÉLEZ OCAMPO del autor material, el cruce de preguntas  y  respuestas  que entre ellos existió, el hecho de conocer de antes el testigo  al  sindicado,  por  haberlo  visto  en  el sector donde prestaba el servicio de  celaduria  y  que veinte días antes de los hechos el inculpado personalmente lo  amenazó por estar prestando el servicio de vigilancia.    

                                                 El   legislador   expresamente   exigió   al   impugnante   que  la  formulación  del  cargo  debía  ser clara, precisa, objetiva, connotaciones de  las cuales adolece el reparo, según se deduce de lo expuesto.   

5. Otro de los aspectos que restó claridad y  precisión  al  desarrollo  de la censura y que constituye desconocimiento a las  reglas  técnicas  que  rigen la casación, es el hecho de haberse señalado que  la  actividad  ejecutada al interior del proceso, además de estar “viciada de  nulidad  por  violación al debido proceso“, desnaturalizaba la presunción de  inocencia y el principio de legalidad.    

                                                 Ha  hecho  consenso  en  la  jurisprudencia que de ninguna manera el  vicio  que  afecta  de  ilegalidad  la  prueba  se  comunica  a  las validamente  practicadas  e  incorporadas  al  expediente,  así  como  a  la  estructura del  proceso,  de  ahí que resulte improcedente, como lo hace el demandante, sugerir  la  nulidad  por  violación al debido proceso, pues tal argumento corresponde a  un  error  in procedendo y no a uno in iudicando como el que formuló el censor,  además  de  que  resulta  contradictorio  admitir  la falta de validez del rito  procesal  cumplido  con  la  petición  de  revocar el fallo para proferir el de  sustitución  mediante  el cual se restablezca en el caso concreto el imperio de  la presunción de inocencia.   

                                6. El error denunciado en el cargo  es  inexistente,  la  inconformidad  planteada corresponde a la presentación de  los  hechos  y  de  las  pruebas  con  las  propias  inferencias  del libelista,  reduciendo  la  rebeldía  a una simple disparidad de criterios con el juzgador,  lo  que  no  conduce  a que se considere ilegal el fallo, como se ha pretendido.   

                             7.  El  cargo  no  prospera.           

8. La Sala ha venido señalando que el ajuste  punitivo  que  pudiere  derivarse  de  la  aplicación  por favorabilidad de los  preceptos  de  la  ley  599 de 2000, debe ser considerado por el correspondiente  Juez  de  Ejecución  de  Penas y Medidas de Seguridad (artículo 79-7 L. 600 de  2000).   

La  presente  providencia  no admite recurso  alguno  y  como  no  sustituye  la  sentencia  recurrida,  de conformidad con el  artículo  187  del  actual  código  de  procedimiento penal (197 del anterior)  queda  ejecutoriada  el  día  en que la suscriban los magistrados de la Sala de  Casación Penal.   

                            Casación oficiosa.   

Para  la  Delegada  el  instructor  debió  explorar  acerca  de  las  circunstancias  que  rodearon la captura, el contacto  previo  a  la  diligencia  de  reconocimiento  del testigo con el sindicado y el  origen  de  los  datos  suministrados  en  sus intervenciones, lo cual ha debido  hacerse  con  el testimonio de los agentes que capturaron al procesado, para que  la   defensa  tuviese  la  posibilidad  de  controvertir  aquéllas  situaciones  relacionadas  con  la manipulación o al menos orientación al testigo único de  cargo.  Tal  omisión,  violatoria  del principio de investigación integral, le  hace  al  Procurador  Delegado  sugerir  la anulación de la actuación desde el  cierre de investigación.   

                                                 Cuando   de  manera  ostensible  se  evidencie  una  nulidad  o  la  vulneración  de  garantías  fundamentales,  hay lugar a la casación oficiosa,  situación  que  en  este caso no se presenta, por cuanto que la omisión que la  Procuraduría  Delegada  le atribuye a la sentencia del Tribunal de Medellín es  intrascendente,  dado  que  la  prueba  acopiada es suficiente por sí sola para  explicar  la  decisión que finalmente se adoptó y las inquietudes esbozadas en  el concepto como fundamento de la nulidad oficiosa reclamada.   

   

                                                 Debió  tener  en  cuenta la Delegada las explicaciones que ofreció  el  ad  quem en el párrafo  final  del folio 7° de la sentencia recurrida, así como el raciocinio hecho en  el  párrafo  5°  del folio 8°, y las informaciones contenidas a los folios 9,  11,  12 y 20, en donde están consignadas las razones por las cuales el testigo,  en  este  caso,  podía  identificar  al  procesado  como  autor  de los delitos  imputados,   aspectos   sobre   los   cuales   ninguna  incidencia  tenían  las  declaraciones  de los agentes de policía que participaron en el operativo de la  captura de RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ.   

De  otra  parte,  pudo  advertir  la  Delegada   que  en  la  sentencia se alude cómo no resultada  claro  que  ni  el sindicado ni su compañera o esposa, VICTORIA CECILIA ESPINAL  BEDOYA,  dijeron saber la dirección del lugar donde residían y que ella estuvo  detenida  por  posesiónn  de marihuana (f. 45)  y que cursaba en su contra  un  proceso  penal  radicado  bajo el número 6385 por violación a la ley 30 de  1986,  con  lo cual se puede colegir que no resulta nada peregrino ni insólito,  que    el    sindicado    haya    sido    conocido   como   un   expendedor   de  droga.   

La   sentencia,  cuya  casación   oficiosa  solicita  la  Delegada,  es enfática en afirmar, que  así  se  trate  de  testigo único, la prueba es armónica, contundente, que le  otorga  al testimonio credibilidad suficiente para apoyar un fallo condenatorio,  máxime  cuando  resalta y destaca que fue testigo presencial del homicidio, por  lo  cual,  superfluas  otras  pruebas,  la Sala considera que el principio de la  investigación integral, no fue desconocido.   

                                             

                                    En  consecuencia,  no  están  dados  los  supuestos  de  la  casación oficiosa  sugerida en el concepto de la Delegada.   

En mérito de lo expuesto la Corte Suprema de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Penal, administrando Justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE   

No   casar   la  sentencia   impugnada,   de  fecha,  origen  y  contenido  consignados  en  esta  providencia.   

Cópiese,   notifíquese,   devuélvase  y  cúmplase    

  YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                          HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                                                    JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                                                   ÁLVARO    PÉREZ    PINZÓN               

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                                                                         Secretaria   

    

1 Cfr.  C.S.J.,  Sent.  Cas.,  Acta  47 del 4 de abril de 1995, Mg. Pon. Ricardo Calvete  Rangel.     

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