15867nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15867  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr.  FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

Aprobado acta No. 198  

Bogotá,   D.   C.,   veintitrés  de  noviembre del año dos mil.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  WILSON ENRIQUE RODRIGUEZ BELTRAN.   

          Antecedentes.-   

La  cuestión  fáctica fue declarada por el  Tribunal de la manera siguiente:   

“El  3 de junio de 1995, a las ocho de la  noche,   aproximadamente,   frente   al  parque  principal  de  Fusagasugá,  se  presentó,  inicialmente,  un  enfrentamiento entre JOSE ENRIQUE RODRIGUEZ y sus  hijos  HENRY,  RAUL  y  WILSON contra EFRAIN RODRIGUEZ. Al arribar a dicho sitio  CARLOS  EFREN  AVILA  BARRIOS, fue atacado con machete por los hijos de ENRIQUE.  Seguidamente,  la  víctima  logró  escapárseles, pero fue alcanzada, frente a  una  joyería  por  WILSON  y  HENRY  RODRIGUEZ,  quienes volvieron a propinarle  machetazos, hasta hacerle perder el conocimiento”.   

Abierta  la  investigación  por  el Juzgado  Segundo   Penal   Municipal  de  Fusagasugá  (fl.  17),  se  vinculó  mediante  indagatoria  a  EFRAIN  RODRIGUEZ  (fl.  24), JOSE ENRIQUE RODRIGUEZ (fl. 31), y  JOSE  MARIA  AVILA  SANTOS (fls. 36), a quienes la Fiscalía Quince Seccional de  la  localidad,  a  donde  fueron  remitidas  las  diligencias  por  competencia,  definió   su  situación  jurídica  absteniéndose  de  imponerles  medida  de  aseguramiento  (fls. 649 y ss.).   

Posteriormente, vinculó mediante indagatoria  a   WILSON  ENRIQUE  RODRIGUEZ  BELTRAN  (fl.  142), y definió su situación jurídica imponiéndole medida  de aseguramiento de detención preventiva (fl. 149).   

Previa   clausura   parcial   del   ciclo  instructivo   respecto  de los procesados que vienen de mencionarse en cuya  determinación  se dispuso la continuación de la etapa instructiva en relación  con  RAUL  RODRIGUEZ  BELTRAN  y  HENRY  RODRIGUEZ  BELTRAN (fl. 49-2),  el  diecisiete  de febrero de mil novecientos noventa y ocho se calificó el mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución  acusatoria en contra de WILSON  ENRIQUE  RODRIGUEZ BELTRAN por el  delito  de  homicidio  imperfecto,  al  tiempo  que  precluyó  la  instrucción  respecto  de  EFRAIN RODRIGUEZ, JOSE MARIA AVILA SANTOS y JOSE ENRIQUE RODRIGUEZ  (fls.  213  y  ss.), en determinación que cobró ejecutoria en esa instancia al  no haber sido impugnada.   

El  trámite  del  juicio fue asumido por el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Fusagasugá  (fl.  238),  autoridad  que  con  posterioridad  a  llevar  a cabo la diligencia de audiencia pública  (fls.  301  y ss.-), culminó la instancia condenando al enjuiciado a la pena principal  de  doce (12) años y seis (6) meses de prisión y la accesoria de interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  un  período  de diez (10) años, al  encontrarlo  penalmente  responsable  del   delito  imputado  en  el pliego  enjuiciatorio  (fls. 381 y ss.), mediante decisión que el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Cundinamarca confirmó íntegramente (fls. 50 y ss. cno.  Trib),  al  conocer  en  segunda instancia por vía de la apelación interpuesta  por el procesado y su defensor.   

Contra el fallo de segundo grado estos mismos  sujetos   procesales   oportunamente  interpusieron  recurso  extraordinario  de  casación,  el  cual  fue  concedido  por  el  ad  quem  (fls.  70  y  ss.  cno.  Trib.),    presentándose   por  el  abogado,  en  el  término  legal,  el  respectivo  escrito con el cual persigue sustentar la impugnación, y sobre cuya  admisibilidad se pronuncia la Corte.     

                         La  demanda.-   

Bajo  el  capítulo  que  en  el  libelo  es  destinado  a  las  “causales  del  recurso  extraordinario  de casación de la  sentencia”,    cuatro    cargos   son   formulados   contra   el   fallo   del  Tribunal.   

El  primero de ellos se hace consistir en la  violación  “al  artículo  246  del  C.  de  P.P.” por considerar que “se  condenó  a  un  inocente”,  sin existir en el proceso “la prueba suficiente  para  condenar”.  Además,  se  incurrió en un error en la apreciación de la  prueba   que   favorece  al  procesado,  y  “no  se  practicó  diligencia  de  reconstrucción  de  los  hechos  o  sea la inspección judicial”, con la cual  “se había podido despejar las dudas a favor del procesado”.   

Agrega que los declarantes GUSTAVO RODRIGUEZ  ROMERO,  LIBARDO RODRIGUEZ ROMERO y ESTHER ROMERO SANCHEZ, “en ningún momento  le  han  hecho  cargos concretos sobre las lesiones que recibió en su humanidad  el  señor  CARLOS  EFREN  AVILA BARRIOS”, al punto que éste ni siquiera sabe  quién  o  quiénes  lo  lesionaron.  “Por  ello (a) las pruebas en contra del  señor  WILSON  ENRIQUE RODRIGUEZ BELTRAN,  no  se  les  puede  dar  ninguna  credibilidad por no reunir los  requisitos del artículo 246 del C. de P.P.”.   

El segundo reproche se fundamenta en afirmar  que  el  fallo  “no  está  en  consonancia  con  los  cargos formulados en la  resolución  de acusación”, dado que en el proceso “no se desvirtuó que el  señor  WILSON  ENRIQUE RODRIGUEZ BELTRAN,  el  día y la hora de los hechos desarrollados, se encontraba en  la  vereda  de  Chinauta”,   y,  al  sostenerse  en  el  fallo  que  ello  constituye   una   coartada,   “nos   encontramos   frente  a  una  situación  demasiadamente  grave  por  que  en  forma  indirecta  al  procesado se le está  desconociendo el derecho de defensa”.   

En  el  acápite  que enuncia como “tercer  cargo”,  luego  de  afirmar  el  censor que “el procesado en ningún momento  confesó  hechos  que  no  cometió”,  sostiene  que el fallo fue proferido en  juicio  viciado  de  nulidad, dado que no está probada la autoría material del  hecho, y las dudas no fueron resueltas a favor del procesado.   

La  víctima  “presenta  simples  lesiones  personales”,  no  sabe  quién  o  quiénes  se  las  causaron,  y el hecho se  calificó  erradamente como tentativa de homicidio. Sostiene al efecto que no se  probó  la  participación  del  procesado  en la “contienda o pelea”, no se  acreditó  su  presencia  en  el  lugar  de  los  hechos, “y la resolución de  acusación  se  hizo  como  una  tentativa  de  homicidio, cuando en realidad de  verdad  se  trata  es de lesiones personales. Tampoco se demostró la intención  de  matar,  “en  resumidas  cuentas  él  no cometió delito alguno”, y, por  tanto,  “se  violó el artículo 36 del C. de P.P. porque al proceso se le dio  una  calificación  que  no  corresponde”  cuando  lo  debido  era precluir la  instrucción a favor de Rodríguez Beltrán”.   

Aunque  en  gracia de discusión se aceptara  que  las  lesiones  personales  fueron  causadas  por  el procesado, la sanción  correspondiente  sería  la  establecida  en  el artículo 331 del Código Penal  “y  no  de  12  años  y  seis  (6)  meses”  impuesta  por  un delito que no  cometió.   

El “cuarto cargo”, se hace consistir por  el  actor en la violación del debido proceso,  “porque al incriminado no  se  le  tuvo en cuenta las pruebas a su favor, se le aplicaron normas de derecho  erradamente y las que lo favorecen se guardó silencio”.   

Agrega  que el fallo objeto de impugnación,  “está  rodeado  de  todos  los  vicios  de  nulidad  desde la resolución que  calificó  el mérito del sumario”, porque al proceso “se le dio un trámite  muy  diferente  del  que  legalmente  corresponde”  dado que “se trata es de  simple lesiones personales y no de una tentativa de homicidio”.   

Por  lo  anterior  solicita  “declarar  la  nulidad  absoluta  o  relativa  de  la sentencia” objeto de impugnación, “o  revocarla   en   su  integridad”  ordenando  la  libertad  del  procesado.  Y,  manifiesta  seguidamente  que el proceso se calificó por tentativa de homicidio  sin  tener en cuenta que la víctima sufrió “simples lesiones personales; que  WILSON   ENRIQUE   RODRIGUEZ   BELTRAN  no  es el autor del hecho punible y; que en la sentencia no se tuvo  en cuenta la buena conducta del procesado.   

         SE CONSIDERA:   

El  libelo  sustentatorio de la impugnación  extraordinaria   presentada   por   el   defensor   del  procesado  WILSON   ENRIQUE   RODRIGUEZ   BELTRAN,  incumple   los  presupuestos  de  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación,  establecidos  por  el artículo 225 del Código de Procedimiento Penal, dado que  omite  señalar  las  causales de casación en las que se apoya para demandar la  revocación  del fallo, y yerra en expresar clara y precisamente los fundamentos  de hecho y de derecho de los “cargos” que postula.   

Aun  cuando pareciera que pretende denunciar  la  violación  de  la  ley,  no  indica precisamente cuál y tampoco la forma y  sentido  de  una  tal  transgresión,  pues  al  decir  que  la  sentencia “es  violatoria  al artículo 246 del C. de P.P.” no establece si ello ocurrió por  la  vía  directa o la indirecta  y  si fue por falta de aplicación o  por aplicación indebida del precepto que menciona.   

Al  afirmar  que se incurrió en error en la  apreciación  de  la  prueba  que  favorece  al  procesado,  da  a pensar que la  pretensión  es denunciar  un error de hecho por falso juicio de existencia  al  haberse  dejado de ponderar un medio que obra válidamente en la actuación.  Sin  embargo,  no  sólo  deja de enunciar a cuál medio en concreto se refiere,  qué  dice  éste,  y  qué  repercusión  tendría  en  el  fallo de haber sido  considerado,  sino que, además, pretende sustentar la censura en la omisión de  practicar  una  diligencia  de  inspección  judicial  con lo cual indebidamente  incursiona  en  el  ámbito  de una causal distinta que no propone y desarrolla,  desconociendo  así  el  principio  de  autonomía  de los motivos de casación,  según  el  cual  cada  uno  tiene  su  propia  naturaleza  y  alcance  para  el  proceso.   

Para completar el cúmulo de desaciertos que  el  cargo evidencia, cuestiona el mérito persuasivo supuestamente conferido por  el  fallador  a  los  testimonios de GUSTAVO RODRIGUEZ ROMERO, LIBARDO RODRIGUEZ  ROMERO  y  ESTHER  ROMERO  SACHEZ,  pero  sin demostrar algún error concreto de  apreciación   probatoria;   no   indica  qué  dijeron  dichos  testigos,  qué  estableció  de  ellos  el juzgador, cuál el yerro cometido en su apreciación,  ni       cómo       habría       de       ser      corregido      en      sede  extraordinaria.           

Cuando   el  demandante  menciona  que  el  “segundo  cargo”  lo  funda en la falta de consonancia entre la acusación y  el  fallo,  pareciera sugerir que apoya la censura en la hipótesis de la causal  segunda.  No  obstante  deja  de  desarrollarla,  sino que inopinadamente retoma  argumentos  propios  de  la  causal  primera  relacionados con la argumentación  defensiva  expuesta,  al  parecer, por el procesado, y seguidamente denuncia una  presunta  transgresión  al  derecho  de defensa susceptible de ser propuesta al  amparo  de  la causal tercera, en mezcla de ideas de imposible entendimiento por  la Corte.       

El  “tercer  cargo”,  relacionado con la  afirmación  de  haberse  proferido  el  fallo  en juicio viciado de nulidad, no  solamente   queda  en  el  solo  enunciado  sino  que,  también  indebidamente,  entremezcla  motivos  de  casación distintos. De la fundamentación expuesta no  logra  desentrañarse  si  lo  que  persigue  es  que  se  anule  lo actuado por  concurrir  motivo  invalidatorio  derivado  de  la  errada  calificación  de la  conducta,  que  se  absuelva  al  procesado  por  no  haber  realizado  el hecho  atribuido  en  el  pliego enjuiciatorio, o que se le sentencie por el punible de  lesiones  personales  y  no  por  el  de tentativa de homicidio por el que se le  irrogó  condena. Si lo primero, ha debido demostrar la manera como se incurrió  en  el  desacierto, si por vía directa a través de la selección y aplicación  de  la  ley  sustancial,  o por la errada apreciación probatoria, y concluir la  censura  indicando el momento a partir del cual habría de anularse lo actuado y  el  funcionario  al  cual  se  remitiría  el proceso para su reposición. Si lo  segundo,  debió  partir  de  aceptar la validez del juicio y, en tal medida, al  amparo  de  la  causal  primera  demandar la absolución del procesado. Y, si lo  tercero,  que  se  profirió resolución de acusación por el delito de lesiones  personales  y  sin  embargo  se  impartió  condena por el punible de homicidio,  previa  demostración  de  la  inconsonancia  entre el pliego enjuiciatorio y el  fallo,  y  la falta de competencia de los juzgadores para proferirlo, caso en el  cual  debió postular la invalidez del juicio y no el proferimiento de sentencia  de reemplazo.              

Y,  el  cuarto  cargo,  al  igual  que  los  anteriores,  corresponde sólo a enunciados generales sin coherencia alguna. Con  la  afirmación  del  libelista  de que “se faltó al debido proceso porque al  incriminado  no  se  le  tuvo  en cuenta las pruebas a su favor, se le aplicaron  normas  de derecho erradamente y las que lo favorecen se guardó silencio”, no  se  sabe  en  qué  consistió el atentado al debido proceso, cuáles fueron las  pruebas  que  dejaron  de  ser  consideradas, y cuáles son las normas aplicadas  indebidamente,  condiciones  en las cuales tampoco se desentraña en concreto el  motivo de casación que pretende aducir.    

Estos desaciertos de orden técnico impiden  desentrañar  el  verdadero  alcance  de  la  impugnación  pues en las aludidas  circunstancias  no  es  posible  establecer  si  la inconformidad del recurrente  estriba  en que la sentencia fue proferida en un juicio viciado de nulidad, o si  éste  es  válido pero el fallo debe ser casado por haber incurrido el juzgador  en  un  vicio in iudicando, lo cual, por supuesto, amerita decisiones de diversa  índole  que  la  Corte no puede escoger por virtud del principio de limitación  que gobierna el recurso extraordinario.   

              

Son,  entonces,  tantos y tan evidentes los  defectos  que  la  demanda  ofrece,  y  como  la  Corte  no  tiene facultad para  enmendarlos  por  virtud del principio de limitación que gobierna la casación,  lo  procedente  es rechazarla y declarar desierto el recurso, en cumplimiento de  las  previsiones  al  efecto  establecidas  por  el artículo 226 del Código de  Procedimiento Penal.   

Como  quiera que la índole de la decisión  hace   que  cause  ejecutoria  con  su  suscripción,  según  lo  disponen  los  artículos  197  y  226  del  estatuto  procesal,  se  ordenará  la devolución  inmediata  del  expediente  al  Tribunal  de  origen, previa comunicación a los  sujetos procesales.     

En  mérito  de  lo  expuesto, LA   CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   SALA  DE  CASACION  PENAL,   

        RESUELVE:   

RECHAZAR  la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre  del  procesado  WILSON  ENRIQUE  RODRIGUEZ  BELTRAN por  lo  anotado  en  la  motivación de este proveído. En consecuencia SE  DECLARA  DESIERTO el recurso.    

Comuníquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen.   

Cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                 JORGE E.  CORDOBA POVEDA   

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE                                          JORGE A.  GOMEZ GALLEGO   

MARIO           MANTILLA  NOUGUES                                       CARLOS    E.    MEJIA  ESCOBAR   

ALVARO        O.        PEREZ  PINZON                                                                         NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria     

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