15839nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15839  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No. 196  

          Bogotá,  D.  C.,  veintiuno  (21)  de  noviembre  del  año dos mil  (2.000)   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Corte  sobre  el  aspecto  técnico  –  formal  de  la  demanda de casación  presentada   a   nombre   del   señor  VICENTE  GAONA  TORRES.   

         

HECHOS  

          Sucedieron   el  1º.  de  abril  de  1994,  en  el  establecimiento  comercial  localizado en la calle 32 No. 111- 46, barrio Fontibón, de propiedad  de  la  señora  Eloina  Pinzón, a donde ingresó para protegerse el joven Jhon  Fredy  Pulido  Sonsa,  cuando era perseguido por un hombre de aproximadamente 25  años  de  edad,  quien  lo  atacó  e hirió con un arma blanca, causándole la  muerte  en  forma  casi  instantánea.  El agresor, que huyó inmediatamente del  lugar,  fue  identificado  después  como VICENTE GAONA  TORRES.  Cuatro  años  más  tarde,  el 6 de junio de  1998,   fue  capturado  y  puesto a disposición del Juzgado 4º. Penal del  Circuito de esta ciudad.   

             

ACTUACIÓN  PROCESAL   

Adelantadas  las diligencias normales, el 13  de  junio  de 1997 la fiscalía calificó el mérito del sumario con resolución  acusatoria por el delito de homicidio.   

          El  10  de junio de 1998, el Juzgado 4º. Penal del Circuito de esta  ciudad  condenó  a  VICENTE GAONA TORRES a  10  años de prisión y a interdicción del ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  tiempo,  como responsable del delito de  homicidio  en  la  persona  de  Jhon  Fredy  Pulido  Sonsa, y ante la apelación  interpuesta  por la defensa, el Tribunal Superior de Bogotá confirmó el fallo,  mediante providencia del 7 de septiembre de 1998.   

         

LA DEMANDA  

          El    defensor    de    VICENTE    GAONA  TORRES sometió al análisis de la Corte un solo cargo  con  apoyo en la causal contemplada, según él, “ … en el inciso único del  numeral  primero  del  artículo  220  del  C.  de  P.  P.”.  Así enunció la  imputación:   

          “…los  dos  testimonios que obran en autos son violatorios de la  ‘norma  sustancial’    porque  generan,  el  ‘error en la  apreciación’   de  las  mismas, dándole un valor probatorio del cual carecen…”   

Para  sustentar la censura hizo un análisis  de  los  testimonios  rendidos  por  María  Gloria  Tangarife y Eloina Pinzón.  Señaló  que a la primera no le constaba nada de los hechos, pues no los había  presenciado,    y    sólo    dijo    que    Vicente  Torres vivía con una hermana suya y que el día de lo  acontecido  lo  vio  entrar  rápido  y  sudoroso  a su casa de habitación. Del  homicidio  que  se le atribuye al procesado únicamente se enteró por lo que se  publicó  en  un  periódico  local. Respecto de la segunda, afirmó que si bien  era  cierto  que  había  sido  testigo  presencial  del  delito, no conocía al  homicida,  no  sabía  su  nombre  y  solamente lo había descrito de manera muy  general,  como un joven de 20 a 25 años, delgado, de tez blanca, frente ancha y  estatura regular.   

Concluyó que de tales elementos probatorios  no  se podía deducir responsabilidad alguna a su defendido, y que en los fallos  de   instancia  se  le  dio  a  los  testimonios  un  valor  probatorio  que  no  tenían.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  demanda  que  se  estudia  tiene que ser  desestimada, por las siguientes razones:   

1.  El  libelista no identificó los sujetos  procesales,  no  realizó  la  síntesis de la actuación procesal, no citó las  normas  estimadas  como  infringidas y no presentó de manera clara y precisa la  causal  de  casación  y  sus fundamentos, con lo cual se alejó bastante de las  exigencias del artículo 225 del C. de. P. P.   

2.  Aunque  no  ubicó  en  forma nítida el  motivo  de  casación  supuestamente seleccionado, sí se advierte que se quiere  referir  a  la  violación  indirecta, dado que alude a errores hipotéticamente  cometidos  por  el  Tribunal  en  la  apreciación  de  la  prueba  testimonial.   

Sin embargo, el cargo fue propuesto de manera  muy  genérica  pues  el  actor  se limitó a exponer que “los testimonios son  violatorios  de  la  norma sustancial porque generan el error en la apreciación  de los mismos, dándole un valor probatorio del cual carecen”.   

Tampoco  mencionó  la  clase y especie de  error  que  querría  blandir.  Si bien sería posible deducir que pensaba en un  error  de hecho por falso juicio de identidad, en razón a que hizo referencia a  la  tergiversación del valor demostrativo de la prueba testimonial, no señaló  en  forma  nítida  y  exacta  el sentido de la adulteración, por ejemplo si al  elemento  probatorio  se le hacía decir más de lo que su texto expresaba, o si  se  le  daba  un  alcance  inferior al que realmente contenía o si se le había  puesto  a  afirmar algo totalmente distinto de aquello que en realidad exponía.  Y,  a  más  de  ello,  el  censor  no  indicó la trascendencia del error en la  decisión finalmente adoptada por el Tribunal.   

          3.  Cuando  se acude a la violación indirecta en la forma del falso  juicio   de  identidad,  el  censor  debe  simplemente  hacer  un  ejercicio  de  comparación  objetivo  entre  lo que la prueba muestra y lo que el sentenciador  le  hizo mostrar. En tal sentido, las exigencias técnicas lo obligan a poner de  presente  a  la  Corte  la  prueba distorsionada y demostrar específicamente en  dónde  ha ocurrido la infracción judicial, para que solo sea menester, en aras  de  concluir  en la veracidad del cargo, una cotejación de lo comprobado por el  juzgador, con lo denunciado por el defensor.   

          Agréguese  que  siendo importante lo anterior, es insuficiente pues  que  a  más  de precisar la ocurrencia del error, existe para el actor el deber  de  demostrar  que  la prueba erráticamente atendida por el juez constituía el  soporte de la sentencia proferida.   

4. El demandante transcribió algunos apartes  de  los testimonios de María Gloria Tangarife y de Eloina Pinzón para concluir  que  no  demostraban la responsabilidad de su representado, pero no explicó con  fundamento  a  la Corte, previo parangón, que no había coincidencia entre esas  versiones  y  aquello  que el Tribunal extraía de las mismas. Con tal omisión,  redujo  su  labor a querer anteponer su propia valoración a la efectuada por el  Tribunal,  con  la  agravante  de  que  tomó  los  citados testimonios en forma  insular  y  no  en  su  conjunto,  como  sí  lo  hicieron  los servidores de la  justicia,  que  los  conectó   con  los indicios de causa o motivo ( haber  sido  agredido  días  antes  por  el  hoy  occiso)  y de clandestinidad o huida  (abandonar   el   mismo   día  de  los  hechos  el  inmueble  donde  residía).   

5. Aparte lo anterior, no señaló las normas  sustanciales  infringidas  como  consecuencia  de  los yerros probatorios, ni el  sentido  de  su  violación,  es decir, si se trataba de falta de aplicación de  las  mismas,  de  aplicación  indebida,  o  de  interpretación  errónea.  Por  consiguiente,  tampoco  logró establecer la relación de causalidad que pudiera  existir entre unas y otras infracciones.   

6.  Por  último,  en inadmisible mezcla, al  lado  de  lo  que  posiblemente  quiso  hacer  -violación  indirecta  de la ley  sustancial-  y  que  acaba de ser analizado, acomodó una presunta violación al  debido  proceso  sobre  la base de un reconocimiento del procesado. No obstante,  en    estricto    sentido,    nada    planteó    y,    por    supuesto,    nada  desarrolló.   

Frente  a  las deficiencias de la demanda, y  dado  que  a  la Corte no le es permitido en virtud del principio de limitación  entrar  a  suplir  las  inconsistencias  de  la  misma, se impone su rechazo, de  conformidad  con  lo  previsto  en el artículo 226 del Código de Procedimiento  Penal.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

  RESUELVE   

          1.  Rechazar  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor  de  VICENTE  GAONA  TORRES,  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida el 7 de septiembre de 1998,  por el Tribunal Superior de Bogotá.   

          2.   Ordenar  la  devolución  del  proceso  a  la  Corporación  de  origen.   

          3.  De  conformidad  con lo dispuesto por el artículo 197 del C. de  P. P., contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cúmplase.  

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO           

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA     POVEDA                      

CARLOS   A.  GÁLVEZ  ARGOTE            JORGE A.  GÓMEZGALLEGO                   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS            CARLOS E.  MEJÍA     ESCOBAR                               

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN            NILSON E.  PINILLA     PINILLA                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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