15817nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15817  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado ponente:  

Nilson E. Pinilla Pinilla  

Aprobado Acta N°196  

Bogotá,  D.  C., noviembre veintiuno (21) de  dos mil (2000).   

ASUNTO  

Se  procede a resolver sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada en defensa de JUAN PABLO RINCON DIAZ,  sindicado  de  porte  ilegal  de arma de fuego de defensa personal, tentativa de  homicidio agravado y tentativa de hurto calificado y agravado.   

HECHOS  

Hacia  las  nueve  de  la mañana del tres de  julio  de 1997, cerca de la ciudadela Juan Atalaya de Cúcuta, JUAN PABLO RINCON  DIAZ  y  otro  individuo  intentaron  hurtar  la motocicleta marca Yamaha, placa  DT-125,  encañonando  a su poseedor Said Vergel Ascanio, quien trató de oponer  resistencia  y  recibió  un  disparo  en el cuello. RINCON DIAZ fue seguido por  familiares  del herido, que obtuvieron la colaboración de unidades de Policía,  lográndose la captura.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

Abierta  la  investigación  y  escuchado  en  indagatoria,  el  nueve  del mismo mes la Fiscalía Tercera Seccional de Cúcuta  dispuso  la  detención  preventiva  de JUAN PABLO RINCON DIAZ (fs. 26 y Ss. cd.  inicial)  y,  clausurada  la  instrucción,  el  30  de  septiembre  de  1997 se  profirió  resolución  de  acusación  en  su  contra  (fs. 165 y Ss. ib.), por  tentativa  de  delitos  agravados  de  homicidio  y hurto calificado, además de  porte  ilegal  de arma de fuego de defensa personal, providencia recurrida luego  de  una  incidencia  procesal y confirmada el 16 de diciembre del mismo año por  la  Fiscalía  Tercera  Delegada  ante  el  Tribunal Superior de Cúcuta, con el  único   cambio  de  ordenar  la  compulsación  de  copias  para  continuar  la  investigación    sobre    otros   posibles   partícipes   (fs.   213   y   Ss.  ib.).   

Correspondió  al  Juzgado  Primero Penal del  Circuito  de  Cúcuta adelantar el juicio y, celebrada la audiencia pública, el  18  de  septiembre  de 1998 condenó a JUAN PABLO RINCON DIAZ por los delitos de  la  acusación,  imponiéndole  21  años  y  6  meses  de prisión, 10 años de  interdicción  de derechos y funciones públicas, y la obligación de indemnizar  los  perjuicios  correspondientes  (fs.  379  y  Ss.  ib.). Fallo apelado por la  defensa  y  confirmado  en todas sus partes por el Tribunal Superior de Cúcuta,  Sala  de  Decisión  Penal, mediante sentencia de fecha 2 de diciembre del mismo  año, que es objeto de casación.   

LA DEMANDA  

Tras incompleta identificación de los sujetos  procesales  y  recortada  síntesis de la actuación procesal, el defensor ataca  la sentencia impugnada desde dos enfoques:   

CARGO  PRINCIPAL:  Por  la  causal tercera de  casación,  al  haberse  dictado  la sentencia en lo que, según plantea, fue un  juicio  viciado  de  nulidad,  por  quebrantamiento durante la causa del derecho  sustancial  a  la  defensa,  “a  excepción  de una formal intervención en la  audiencia  pública  y  en  la  sustentación  de  la apelación de la sentencia  condenatoria”.   

Alega  que  la  fijación  de  fecha  para la  audiencia  se  efectuó  con  el  único  fin de evitar la libertad provisional,  cuando  era  necesario  practicar  “varias  pruebas importantes para una cabal  defensa  técnica”,  surgiendo  en  la  audiencia un dictamen “que requería  intervención  especializada,  para  determinar  si el disparo había interesado  órganos  vitales  o  no,  lo  que  a  todas  luces genera una nulidad por… la  comprobada  existencia  de  irregularidades  sustanciales  que afecten el debido  proceso…”.   

Arguye el defensor que “se ha de corregir el  irregular  acto  sumarial,  desde el mismo decreto apresurado de la fijación de  la  fecha y hora de la celebración de la audiencia pública, para un efectivo y  real  derecho  de  defensa  técnica,  que lo desarrolle en pro de la situación  jurídica  del  sindicado”  y  transcribe  apartes de algunos pronunciamientos  antiguos  de  esta corporación, en los cuales pretende apoyarse, incluyendo que  la  vulneración  ha  de  ser  de  tal  modo  evidente,  “que  se imponga como  ineludible la extrema solución de la nulidad”.   

CARGO  SUBSIDIARIO:  Acudiendo  a  la  causal  primera,  acusa  violación  directa  de  la  ley sustancial, por “aplicación  indebida  por  un  falso  juicio  de selección de la norma con fundamento en la  errónea  aplicación de la norma de acuerdo a los medios fácticos aportados al  proceso que desvían la aplicación del texto” (sic).   

Agrega  que  el fallo de segunda instancia se  edificó  sobre  “una apreciación equivocada y errada, del acontecer fáctico  al  otorgársele  credibilidad a hechos que fueron, obviamente, deformados   por  el  H.  Tribunal,  y  que tiene un significado distinto del criterio que se  formó  la  H.  Sala  de  Decisión,  al  apreciarlos  por  fuera de su realidad  contextual  y  apartarse  de  su  contenido  fáctico para prohijar la sentencia  condenatoria”,  que  acusa de violar directamente los artículos 349 y 350 del  Código Penal.   

Asevera  el  casacionista  que  las  pruebas  testimoniales  sostienen “que primero se obtuvo la entrega de la moto y por la  oposición  se  produjo  el  disparo”,  pero la declaración de la víctima se  apreció  de manera contraria a la evidencia, al considerar que “el delito que  se propuso inicialmente fue el de homicidio y no el de hurto”.   

En  lo  que  dentro de este cargo subsidiario  llama  “primer ataque al fallo del Tribunal”, argumenta que “se  ató  fatalmente  a  la sentencia de primera instancia”, al aceptar que el sindicado  actuó   con  intención  de  causar  la  muerte,  cuando  en  realidad  buscaba  “cometer  un  atraco”,  torciendo  el  ad quem “el verdadero alcance de la  norma a aplicar”.   

Como  “segundo  ataque”,  reprocha que se  incurriera  en adecuación típica errada, porque “la persona que va a cometer  un  hurto debe ir preparada para cualquier contingencia, entre ellas utilizar la  violencia”.  De  querer  su  asistido  lo  que  expresa  el  Tribunal, habría  realizado  la  conducta  dolosa  del  homicidio  y después el apoderamiento del  automotor.   

Para  concluir  el cargo, aduce el impugnante  “un  evidente  error  en la aplicación de la norma que resulta de comparar la  sentencia  recurrida  con las pruebas”. Si en ello no se hubiera incurrido, la  decisión  habría  sido  diferente,  por lo cual pide casar el fallo y decretar  nulidad,  “para  que se adecue la calificación típica a la de hurto agravado  y       calificado       y       se       proceda      a      retrotraer      la  actuación”.               

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Cualquiera  que  sea  la  causal invocada, la  demanda  de  casación  no  es  un  escrito  de  libre elaboración, porque debe  cumplir  los  requisitos  establecidos  por  el  artículo  225  del  Código de  Procedimiento  Penal,  como  citar  las  normas  que  se  considere infringidas,  determinar  la  clase  de quebrantamiento, indicar los fundamentos con claridad,  precisión  y lógica, de manera completa y en armonía con el vicio reprochado,  además de demostrar la trascendencia del yerro en la decisión.   

En  el  asunto bajo estudio se observa que el  demandante  incumple  tales  requisitos,  parcialmente  desde  los  muy  simples  estatuidos  en  los  numerales  1°  y  2°  del  precepto citado en el párrafo  anterior,  pues  efectúa  de  manera  incompleta  la síntesis de la actuación  procesal y la identificación de los sujetos procesales.   

Ya   en   aspectos   de  trascendencia,  lo  argumentado    por    el    demandante   como   cargo  principal  resulta  a  todas  luces  desenfocado, pues  además  de  referirse  al derecho de defensa como aspecto cardinal del supuesto  quebrantamiento,   mezcla  indistinta  mención  a  otra  causal  generadora  de  nulidad,  cual es la afectación del debido proceso (art. 304-2 C. de P. P.). No  especifica  cuáles son “las varias pruebas importantes” cuya práctica pudo  afectarse  por  la citación para audiencia, que el casacionista insinúa que se  anticipó  para  evitar  la  excarcelación  y  luego  se  suspendió, a lo cual  tampoco  da  sustento  como presunta anomalía que pudiese generar la anulación  de lo actuado.   

Del  elemento de convicción que sí refiere,  no  explica  por  qué  pretende extraer la voluntad de matar de si el proyectil  disparado  contra  Said  Vergel Ascanio le interesó o no órganos vitales, y no  de  haberse  apuntado  con  esa  intención  letal, hiriendo en el cuello.    

Tampoco  satisface  la  claridad  legalmente  requerida,   cuando   pide   corregir   lo   que  llama  irregular  “acto      sumarial,     desde   el   mismo   decreto   apresurado  de  la  fijación de la fecha y hora de la    celebración    de    la   audiencia  pública”,  para  un  derecho  de  defensa  técnica  “en   pro   de   la   situación   jurídica   del  sindicado”,  redacción  que mezcla aspectos de bien  distintas  fases  del  proceso,  resultando  imposible  acometer un análisis de  fondo sobre tan abigarrado planteamiento.   

Le habría resultado provechoso, de otro lado,  acatar  su  propio  aserto para reprochar una vulneración, sólo en caso de ser  de  tal  modo  palmaria  y  trascendente, que se impusiese “como ineludible la  extrema  solución  de  la  nulidad”, situación que no aparece sustentada por  parte alguna.   

En  cuanto  al cargo  subsidiario,  acude  a  la  causal  primera  para censurar violación directa de lo  dispuesto  en  los  artículos  349  y 350 del Código Penal, por “aplicación  indebida  por  un  falso  juicio  de  selección  de  la  norma”,  que  ensaya  fundamentar  en  errónea  aplicación,  “de  acuerdo  a  los medios fácticos  aportados   al  proceso  que  desvían  la  aplicación  del  texto”,  confusa  observación   que  adoba  con  una  estimación  “equivocada  y  errada,  del  acontecer   fáctico   al  otorgársele  credibilidad  a  hechos”  que  fueron  deformados  por  el  ad  quem,  “al  apreciarlos  por  fuera  de  su  realidad  contextual  y  apartarse  de  su  contenido  fáctico para prohijar la sentencia  condenatoria”.   

Agrega  el  impugnante  su propia valoración  acerca  de  las  pruebas  testimoniales,  que  indican  que primero se obtuvo la  entrega  de  la  moto y ante la oposición de su poseedor se produjo el disparo,  apreciándose,  según él, la declaración de la víctima de manera contraria a  la evidencia.   

De esta manera flagrantemente se separa de la  naturaleza  de  la  violación  directa  que  aduce, al contrariar de entrada su  connotación  fundamental, que la distingue de la vía indirecta, pues en aquél  enfoque  debía  aceptar  los  hechos  y la apreciación probatoria tal cual los  asumió  el  juzgador  y  no entrar a cuestionarlos, como pretende, colocando su  alegación en un punto de imposible análisis de fondo.   

La  referida  inconsistencia se realza cuando  dice  “comparar  la  sentencia recurrida con las pruebas”, que conduciría a  una  decisión  diferente,  pero  abruptamente regresa a la causal tercera, para  pedir   que   se   decrete  nulidad,  pretendiendo  que  así  “se  adecue  la  calificación  típica  a  la  de  hurto  agravado  y  calificado y se proceda a  retrotraer  la  actuación”, con lo cual adicionalmente quebranta el principio  de no contradicción.   

En  lo  que  por  otra  parte titula primer y  segundo  ataques  al fallo del Tribunal, dentro de este mismo cargo subsidiario,  está  intentando  desvirtuar que el sindicado hubiese actuado con intención de  causar  la  muerte, pues lo que en realidad buscaba era “cometer un atraco”.  Sin  embargo,  él mismo se contesta al citar que “la persona que va a cometer  un  hurto debe ir preparada para cualquier contingencia, entre ellas utilizar la  violencia”,  acotación  en  nada  desvirtuada frente a quien porta un arma de  fuego  y dispara de cerca contra áreas vitales de la víctima, lesionándole en  el cuello.   

Como la Corte no puede suplir las deficiencias  ni  corregir  los errores e imprecisiones de la demanda, se impone su rechazo de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  los  artículos  225  y  226 del Código de  Procedimiento  Penal,  lo  cual  conduce  a  declarar  desierta la impugnación,  mediante  providencia  que  adquiere  ejecutoria  en la fecha en que es suscrita  (art. 197 ib.) y no admite recurso alguno.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

RECHAZAR  IN  LIMINE  la demanda de casación  presentada  en  defensa del procesado JUAN PABLO RINCON DIAZ y, en consecuencia,  declarar desierta la impugnación interpuesta.   

Contra  esta  providencia  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO        E.       ARBOLEDA  RIPOLL                 JORGE E. CORDOBA POVEDA   

CARLOS       AUGUSTO       GALVEZ  ARGOTE              JORGE       ANIBAL       GOMEZ  GALLEGO   

MARIO            MANTILLA  NOUGUES                    CARLOS EDUARDO MEJIA ESCOBAR   

ALVARO        ORLANDO       PEREZ  PINZON             NILSON      E.     PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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