12613dc2

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 12613  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 210  

          Bogotá, D. C., quince de diciembre de dos mil.   

VISTOS  

          El  Tribunal  Nacional dictó sentencia anticipada de segundo grado,  fechada  el  21 de mayo de 1996, por medio de la cual confirmó la condena y las  penas  impuestas al procesado VÍCTOR JULIO PATIÑO FÓMEQUE, aunque con algunas  variaciones  en  su  cantidad,  quien fue procesado como autor de un concurso de  hechos  punibles  de tráfico de estupefacientes, concierto para cometer delitos  de  narcotráfico  y  enriquecimiento  ilícito  de particular, conforme con los  artículos  33  y  44 de la ley 30 de 1986 y 1° del decreto 1895 de 1989, éste  último  adoptado  como  legislación permanente por el artículo 10 del decreto  2266 de 1991, respectivamente.   

          En  relación  con  el mencionado fallo, interpusieron y sustentaron  la  casación  el  fiscal regional delegado y el defensor, mediante demandas que  fueron  formalmente  admitidas en su oportunidad (C. Tribunal, fs. 43 y 62; y C.  Corte, fs. 3).   

          Como  quiera que la Corte aceptó el desistimiento de la demanda que  presentó  la  defensa  (auto  21  de noviembre de 2000), en esta oportunidad se  proveerá   sobre  la  otra  impugnación,  habida  cuenta  que  ha  conceptuado  previamente el Procurador Primero Delegado para la Casación (E).   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  23 de marzo del año de 1993, el Jefe de la Unidad Investigativa  Regional  del  C.  T.  I.  de  Cali  recibió  una  llamada  anónima en la cual  denunciaban  la dedicación de VÍCTOR JULIO PATIÑO FÓMEQUE a la actividad del  narcotráfico,   así   como  la  adquisición  ilícita  de  varios  bienes  de  fortuna.   A partir de esta información, se otorgó una misión de trabajo  a  la  Unidad Investigativa de Policía –DIJIN-,   grupo   de  enriquecimiento  ilícito,  cuyos  integrantes  presentaron  un  copioso  informe  (mayo  19/93) en el cual dan cuenta de que el  imputado  poseía  varios  inmuebles adquiridos ilícitamente, a nombre propio y  de  terceros,  y  que  además  había  conformado  un cartel de exportación de  cocaína  hacia  los  Estados  Unidos  de  América  y  Europa, denominado “La  Organización  de  los  Patiño”,  con  sede  en  la  ciudad  de  Buenaventura  (Valle).   

          El  1°  de  julio  de  1993,  un  testigo  con reserva de identidad  declara  sobre  un embarque de narcóticos de propiedad de PATIÑO FÓMEQUE, que  se  haría  desde  el  puerto  de  Buenaventura, y en el que habrían colaborado  activamente miembros de la policía y de la armada nacional.   

          Otro  testigo  reservado,  el  19  de agosto del mismo año, informa  sobre  los  bienes ilícitamente conseguidos por PATIÑO FÓMEQUE, entre los que  menciona  un  apartamento  situado en la calle 13A N° 83-12, edificio el Portal  del  Ingenio  de  Cali,  y  una  construcción de cuatro (4) pisos ubicada en la  avenida  4N N° 10N-102 del barrio Centenario de la misma ciudad.  El mismo  testimoniante  da  cuenta  de  la  ocupación  del  inculpado  en la empresa del  narcotráfico,  imputándole  una  serie  de  actuaciones  violentas  (incluidos  algunos homicidios).   

          Una  vez  que  el  imputado  compareció  al proceso, confesó otras  actividades  de  narcotráfico  y  un  enriquecimiento ilícito que alcanzaba la  suma  aproximada  de quinientos cincuenta mil 

(US $  550.000) dólares.   

          Con  base  en  las  anteriores investigaciones previas, la Fiscalía  Delegada  ante los Jueces Regionales de Cali abrió formalmente la instrucción,  según resolución del 15 de diciembre de 1993 (C. 1, fs. 189).   

          El  imputado  VÍCTOR  JULIO  PATIÑO  FÓMEQUE fue emplazado y, por  medio  de  resolución  fechada el 29 de septiembre de 1994, se declaró persona  ausente  y  se  reconoció el defensor que él había designado (C. 2, fs. 291 y  305).   Según providencia del 9 de diciembre del mismo año, el instructor  impuso  al  sindicado  la  medida de aseguramiento de detención preventiva, sin  derecho  a  excarcelación,  como  autor del delito de enriquecimiento ilícito,  previsto  en  el decreto 1895 de 1989, adoptado como legislación permanente por  el     artículo     10    del    decreto    2266    de    1991    (idem, fs. 336).   

          Posteriormente,  de  acuerdo con resolución del 2 de marzo de 1995,  la  Fiscalía  extendió  la  medida  de  aseguramiento  al concurso de tres (3)  delitos  consistentes  en  transportar  y  sacar  del  país  igual  número  de  cargamentos  de  cocaína,  el primero realizado entre junio y julio de 1990, el  segundo  por  los  años de 1991 ó 1992, y el tercero en la época de los años  de  1984  y 1985, conforme con la ley 30 de 1986.  En el cuerpo de la misma  providencia,  se  dispone compulsar copias para investigar otros hechos punibles  atribuidos a PATIÑO FÓMEQUE (C. 2, fs. 567).   

          Solicitado  por  el defensor un control de legalidad sobre la medida  de  aseguramiento, el Juzgado Regional de Cali dictó el auto fechado 17 de mayo  de  1995, por medio del cual declaró la ilegalidad de las resoluciones del 9 de  diciembre  de  1994  y  el  2  de  marzo  de  1995,  en  cuanto  a los hechos de  enriquecimiento  ilícito  ocurridos  antes  de  la vigencia del decreto 1895 de  1989  (agosto  24),  pero  reafirmó  la  medida  en relación con las presuntas  violaciones    al    Estatuto   Nacional   de   Estupefacientes   (C.   2,   fs.  721).   

          El  imputado  PATIÑO FÓMEQUE se presentó voluntariamente ante las  autoridades  el  día  24  de junio de 1995 y, a partir del 5 de julio del mismo  año,  se  le  recibió indagatoria en varias sesiones y ampliaciones (C. 3, fs.  83, 92, 106, 114, 128, 133 y 215; C. 7, fs. 121 y 246).   

          El  18 de diciembre de 1995, se llevó a cabo audiencia de sentencia  anticipada,  acto  en  la  cual  el  sindicado  aceptó cargos ante la Fiscalía  Delegada   Regional   por   un  concurso  de  hechos  punibles  de  TRÁFICO  DE  ESTUPEFACIENTES,  consistente  en  TRANSPORTAR  Y SACAR DEL PAÍS, por doce (12)  oportunidades,  una  cantidad  aproximada  de  dos  mil  seiscientos  kilogramos  (2.600)  kilogramos de cocaína, hecho previsto en el artículo 33 inciso 1° de  la  ley  30 de 1986, agravado por la circunstancia del numeral 3° del artículo  38  del  mismo estatuto; CONCIERTO PARA DELINQUIR al admitir la conformación de  una  organización criminal para la actividad del narcotráfico, señalado en el  artículo  44  de  la  mencionada ley; y ENRIQUECIMIENTO ILÍCITO DE PARTICULAR,  conforme  con el artículo 1° del decreto 1895 de 1989, erigido en legislación  permanente   por   el  artículo  10  del  decreto  2266  de  1991  (C.  7,  fs.  249).   

          Acorde  con  el  acta de cargos antes reseñada, el Juzgado Regional  de  Cali dictó sentencia de primer grado el 13 de febrero de 1996, por medio de  la  cual  condena  al acusado VÍCTOR JULIO PATIÑO FÓMEQUE a la pena principal  de  nueve (9) años de prisión y multa por valor equivalente en moneda nacional  a  quinientos  cincuenta  mil  (US  $  550.000)  dólares.   Así mismo, de  conformidad  con  el  artículo 107 del Código Penal, dispuso el pago de daños  materiales  cuantificados  en  cuatro  mil (4.000) gramos oro, cuyo beneficiario  sería  el  Estado  colombiano  como  representante jurídico de la sociedad; y,  finalmente,  también ordenó la sanción accesoria de interdicción de derechos  y  funciones  públicos  por igual tiempo al de la pena privativa de la libertad  (C., 14, fs. 586).   

          Ante  la  apelación  propuesta  por el fiscal delegado, el Tribunal  Nacional  dictó  el  fallo  de  segunda  instancia  que  después fue objeto de  casación,  por medio del cual modificó la pena principal para situarla en doce  (12)  años, dos (2) meses y veinte (20) días de prisión y multa equivalente a  cien  (100)  salarios  mínimos  legales  mensuales.   Igualmente, fijó la  sanción  accesoria  en  diez (10) años; revocó lo atinente a los perjuicios y  adicionó  la  sentencia de primer grado para declarar la extinción del dominio  de  los  bienes  incautados  en  razón de este proceso y que antes habían sido  embargados y secuestrados (C. Tribunal, fs. 12).   

LA DEMANDA DEL FISCAL DELEGADO  

          A  la  luz  de la causal primera de casación, el fiscal propone dos  cargos  en contra de la sentencia demandada, ambos como violación directa de la  ley sustancial, y los desarrolla del siguiente modo:   

          1.   Por  exclusión  evidente  en  la  aplicación de la norma  contenida  en  el  artículo 1° del decreto 1895 de 1989, en lo que atañe a la  pena   de   multa   que   debió   imponerse  al  procesado  por  el  delito  de  enriquecimiento   ilícito   de   particular.    Así   enuncia  el  primer  cargo.   

          A  pesar de que el precepto mencionado contempla pena de prisión de  cinco  (5)  a  diez  (10)  años  y  multa  en cuantía equivalente al valor del  incremento  ilícito  logrado,  repara  el  actor,  el fallador de segundo grado  sólo  aludió  en  la  sentencia  a  la  sanción  de  multa  acarreada por los  artículos  33  y  44  de  la  ley  30  de 1986.  Es que si en el delito de  enriquecimiento  ilícito,  el  legislador pretendía sancionar al condenado con  una  pena  pecuniaria  igual  al  valor  del producto del delito, mal podría el  juzgador    dejar    de    aplicar   la   norma   y   malograr   el   propósito  legislativo.   

          Expone  que  lo  pedido  apunta  a  que  realmente  se  cumplan  las  prescripciones  del legislador, en el sentido de que se pague al tesoro público  la  pena  de  multa prevista en el artículo 1° del decreto 1895 de 1989 y para  los  efectos  del artículo 46 del Código Penal.  Agrega que, si bien este  último  precepto  sujeta  la  multa  a  un máximo de diez millones de pesos ($  10.000.oo),  ha  de  entenderse que él fue parcialmente derogado por el decreto  2266  de  1991,  legislación  que en su artículo 10 acogió como permanente el  artículo  1°  del  decreto  1895  de 1989, y además en el artículo 13 deroga  todas las disposiciones que le sean contrarias.   

          Es  deber  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  como sujeto  procesal,  procurar  el  pago de la multa impuesta, máxime que con la erección  del  delito  de  enriquecimiento  ilícito  se  pretende  atacar  las  poderosas  organizaciones vinculadas al tráfico de estupefacientes.   

          En  consecuencia,  pide casar el fallo demandado y adicionarlo en su  numeral  segundo,  en  el  sentido  de  condenar  a  PATIÑO  FÓMEQUE a la pena  principal  de  multa  por valor de US $ 550.000 dólares, suma que es igual a la  estimación del enriquecimiento ilícito.   

          2.   El  segundo  cargo  atañe  a  la supuesta interpretación  errónea  del  mandato  contenido en los artículos 106 y 107 del Código Penal,  en  relación  con  los perjuicios morales y materiales, dado que el Tribunal se  abstuvo  de  aplicarlos  so  pretexto  de  que no estaban demostrados dentro del  proceso  por  perito  reconocido  ni  menos a través de cualquier otro medio de  prueba.   

          Apunta  que  si  bien  en algunos casos resulta fácil demostrar los  perjuicios  ocasionados con la infracción, en otros es imposible hacerlo por lo  inconmensurable  de los mismos, máxime si se infieren a toda la sociedad.   Mas,  en  eventos  de  este  último  jaez,  el  legislador  decidió  salvar la  situación  con  la prescripción de los artículos 106 y 107 del Código Penal,  normas  que  se  refieren  a los daños “que siempre  causa  una  infracción  penal”  para  cuando exista  dificultad  o  imposibilidad  de tasarlos por medio de perito, como ocurre en el  caso examinado.   

          Así  entonces,  aquellas  disposiciones le informan al fallador que  cuando  sea  imposible la estimación de los perjuicios o no estén determinados  por  medio  de  perito,  deben  cuantificarse prudencialmente, de acuerdo con la  naturaleza  del  hecho,  la  modalidad  de  la  infracción, la consecuencia del  agravio    sufrido   y   los   gastos   ocasionados   por   razón   del   hecho  punible.   

          No  puede  olvidarse que en esta oportunidad, la perjudicada directa  con  la  infracción  cometida  por el acusado fue la colectividad, representada  por  el  Estado  Colombiano,  pues  se ha interferido negativamente con la buena  moral y la salud pública de la comunidad.   

          Según  lo  declara  el  Tribunal,  no sería argumento válido para  sustentar  la  condena  en perjuicios la sola deducción lógica de que la salud  de  las personas se perjudica por el consumo de estupefacientes, o que la imagen  del   país   en   el   exterior  se  mengua  por  el  actuar  ilícito  de  los  narcotraficantes;  pero,  repone el censor, tal afirmación desecha o interpreta  erróneamente  las  previsiones  de  los artículos 106 y 107 del Código Penal,  pues  en  ellas se aclara que todo hecho punible ocasiona perjuicios, bien sea a  una    persona    natural    o    una   jurídica   que   representa   intereses  colectivos.   

          El  bien  jurídico  tutelado  en  el  delito de narcotráfico es la  salubridad  pública,  cuya  protección  incumbe al Estado como representante y  benefactor  de la colectividad y, por ende, debe actuar sobre el conjunto de los  ciudadanos  para  procurarles  una  mejor vida, propósito que se ve interferido  por  la  existencia  y  el  comportamiento  de los carteles de la droga, pues el  Estado  descuida  a  sus  habitantes  so  pretexto  de  combatir la delincuencia  organizada.   

          En  vista  de  la  cantidad  excesiva de recursos que el Estado debe  invertir  en  la  persecución de las organizaciones de narcotraficantes y en la  defensa  de las instituciones, correlativamente se priva a los ciudadanos y a la  comunidad  de  las  atenciones  que les corresponde; de modo que no es necesario  traer   a  declarar  a  la  ciudadanía  para  comprender  el  enorme  perjuicio  ocasionado,  pues  ello es algo que se constata por la sola realidad material de  nuestra existencia.   

          Bien  podría  el  fallador destinar el valor de la perjuicios a una  obra  de  beneficio  común,  dado que si la perjudicada es la colectividad, mal  podría ordenarlos a favor de un individuo.   

          Estima  el  demandante  que,  en  representación  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  le  corresponde  procurar lo necesario para lograr el  restablecimiento  del  derecho y la indemnización de los perjuicios ocasionados  con  el delito, de conformidad con el artículo 3°, numeral 5°, literal d) del  decreto 2699 de 1991.   

          Solicita  casar  la  sentencia  y  ordenar el pago de los perjuicios  materiales  y morales no valorables pecuniariamente, ocasionados con la conducta  delictiva,  de  conformidad  con los artículos 106 y 107 del Código Penal, y a  favor de la sociedad colombiana por medio del tesoro público.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR  

          En     relación    con    el    primer  cargo,  el  Procurador  encargado  advierte  que no le  asiste  razón  al  demandante,  dado  que  el Tribunal simplemente corrigió el  error  cometido  por  el  juez  de  primera  instancia, quien sin justificación  alguna  impuso  la  pena  de  multa correspondiente al delito de enriquecimiento  ilícito  (el  valor  de  lo  obtenido),  a  sabiendas  de que dicha infracción  concurría con otras de mayor gravedad.   

          Estima  el  Procurador  que  ha  procedido correctamente el Tribunal  cuando,  de  conformidad con el artículo 26 del Código Penal, dado el concurso  de  hechos  punibles, partió de la pena de multa prevista en el artículo 33 de  la  ley  30 de 1986, seleccionado como el delito más grave, sanción que oscila  entre  10  y  100  salarios  mínimos  mensuales,  inició  la operación con 90  salarios  e  incrementó  la  cifra  hasta  en  otro  tanto  por  razón  de  la  concurrencia  delictiva (180 salarios) y, hechas las detracciones por confesión  y   sentencia   anticipada,  finalmente  fijó  la  sanción  pecuniaria  en  el  equivalente a cien (100) salarios mínimos mensuales.   

          Ahora  bien,  aunque  el fallador no lo dice expresamente, lo cierto  es  el incremento hasta en otro tanto corresponde a los dos delitos concurrentes  de  concierto  para  delinquir y enriquecimiento ilícito, de modo que no existe  ninguna  manifestación  que  permita  concluir  que aquél no tuvo en cuenta la  multa correspondiente al último de tales hecho punibles.   

          Considera  el  Procurador  que,  en  razón  de  tal reparo, no debe  casarse la sentencia.   

          Sobre   la   segunda  censura,  le  parece  al  Ministerio Público que es infundada la objeción  por  supuesta  interpretación  errónea de los artículos 106 y 107 del Código  Penal,  por  el  hecho  de  que  Tribunal  no  haya  impuesto condena al pago de  perjuicios  materiales  y  morales en contra del procesado VÍCTOR JULIO PATIÑO  FÓMEQUE.   

          Expone  que,  de  conformidad  con  el  artículo  55 del Código de  Procedimiento  Penal,  la  condena en perjuicios exige su plena demostración en  el  proceso,  de  modo que sería un acto arbitrario del fallador que procediera  de manera ajena a tal presupuesto.   

          En  este  caso,  como lo afirmó el Tribunal, quedaron sin demostrar  no  sólo  la existencia y la magnitud de los perjuicios alegados, sino también  la   individualización   de   la   persona  natural  o  jurídica  directamente  perjudicada,  aspectos  necesarios  para aplicar las indemnización previstas en  las normas antes citadas.   

          En  efecto,  tanto  los  perjuicios  morales  como los materiales no  valorables  pecuniariamente,  si  se quieren tasar de conformidad con las reglas  de  los  artículos  106  y  107 citados, exigen prueba de las condiciones de la  persona  ofendida y de su ocupación habitual, la naturaleza y consecuencias del  agravio  sufrido,  la supresión y merma de su capacidad productiva y los gastos  realizados por razón del hecho punible.   

          Es   fácil   apreciar  que  las  indemnizaciones  exigidas  por  el  demandante  requieren  la  determinación  o  individualización de las personas  directamente  perjudicadas, “pues son sus condiciones personales y los efectos  negativos  que  sobre  ellas hayan tenido las conductas delictivas, los factores  que     permiten     al     juzgador     imponer    determinada    condena    en  perjuicios”.   

         Por  último, lo relativo a los ingentes recursos económicos que el  Estado   consume   en   la   lucha  contra  la  producción  y  el  tráfico  de  estupefacientes,  que  por ende deja de aplicar a sentidas necesidades sociales,  atañe  a  una  cuestión  de  administración  general,  ajena a los alcances y  objetivos de las normas en cuestión.   

         Al  igual  que  en el cargo anterior, el Procurador pide no casar el  fallo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         1.   Primer  cargo.  Violación  directa  por  falta  de aplicación de una norma.   El  censor  se  refiere  a  la exclusión evidente del artículo 1° del decreto  1895  de  1989,  adoptado  como  legislación permanente por el artículo 10 del  Decreto  Extraordinario  2266  de  1991,  en cuanto el fallador supuestamente no  tuvo en cuenta la pena de multa que prevé dicho tipo penal.   

         Pues  bien,  para  efectos  de  la  medición judicial de la pena de  multa, el Tribunal adujo la siguiente argumentación:   

“Para    determinar    la   multa,  se  debe  seguir  el  mismo  procedimiento  que  se realizó con la pena privativa de la libertad, pues ambas  tienen  el  carácter  de penas principales y están regidas por el artículo 26  del  Código  Penal;  luego, en consideración a que el delito que se tomó como  base  para  dosificar  la  pena  es sancionado con multa entre 10 y 100 salarios  mínimos    legales    mensuales    –artículo  33  de  la  Ley 30 de 1986-, se partirá de 90, guarismo  que  por  razón  del  concurso  igualmente será incrementado en otro tanto, lo  cual  arroja  un  total de 180 salarios mínimos, guarismo que debe ser reducido  en  una  sexta  parte  (30 salarios) por razón de la confesión, y el resultado  (150  salarios),  rebajarse  en  una  tercera  parte  (50  salarios) por haberse  acogido  el  enjuiciado  a  la  sentencia  anticipada,  lo  que quiere decir que  Patiño  Fómeque  debe  pagar  como multa, el equivalente a cien (100) salarios  mínimos  legales  mensuales,  en  lugar  de la cantidad señalada por el a-quo;  sentido  en  el  cual  también  será  modificado  el ordenar segundo del fallo  impugnado” (C. Tribunal, fs. 17).   

         Como  quiera  que  el propio fallador invoca la equiparación de los  procedimientos  utilizados  para  tasar  la  pena  privativa de la libertad y la  pecuniaria,  conviene  resaltar  que  en  relación  con la primera antes había  dicho:   

“En  lo  que  sí  le  asiste  razón al  recurrente,  es  en  considerar  que el incremento de 7 años de prisión que el  a-quo  le  hizo  a  Patiño  Fómeque por los punibles  concurrentes,  no  se  compadece  con  la  magnitud y  cantidad  de  delitos  imputados;  pues  no  debe  olvidarse que los 11 años de  prisión  que  se toman como base  para dosificar la pena, corresponde a la  sanción  por una sola de las varias oportunidades en que infringió el Estatuto  Nacional  de  Estupefacientes, y que además concurren  los  delitos  de enriquecimiento ilícito y concierto para delinquir”             (idem,   fs.   15   y   16.    Se  ha  subrayado).   

         En  razón  de tales consideraciones, el ad  quem  estimó  que  el “otro tanto” de pena por la  aludida  concurrencia  delictiva,  debía calcularse en 11 años de prisión, en  lugar de los 7años que había dispuesto la primera instancia.   

         De  modo  que,  contrario a lo que piensa el Procurador, el Tribunal  sí  hizo  expresa  referencia al delito concurrente de enriquecimiento ilícito  para  determinar  la  pena  de  multa,  sólo que en dicha operación acudió al  mismo  procedimiento  utilizado  en  el  cálculo de la sanción privativa de la  libertad.   

         Si  ello  es  así,  conclúyese  que  el censor no ha demostrado la  exclusión  evidente  del artículo 1° del decreto 1895 de 1989, en cuanto a la  imposición  de  la  pena  de  multa  prevista  en  la  norma,  de  modo  que la  discrepancia  sólo  radicaría en el monto y no en el desacato de su previsión  misma.   

         Cosa  distinta  es  que el Tribunal haya omitido el procedimiento de  tasación  de  la  pena de multa señalado en el artículo 46 del Código Penal,  según  el cual, en el caso de concurso de delitos, se sumarán aritméticamente  las  multas  correspondientes a cada una de las infracciones concurrentes.   Sin  embargo, el actor simplemente menciona el precepto últimamente citado para  decir  que  no está vigente el límite que él prevé de diez millones de pesos  ($  10.000.oo)  en  la pena de multa, debido a que se entiende modificado por el  artículo  13  del decreto 2266 de 1991, pero en manera alguna lo reivindica por  la  omisión del procedimiento de sumatoria que él estipula para el cálculo de  la multa en el evento de concurrencia delictual o de acumulación.   

         Mas,  si  con  largueza  se  admitiera  que  el  censor tácitamente  sugiere  la  falta  de  aplicación del artículo 46 del Código Penal, mediante  una  interpretación  que  de  por  sí desbordaría los límites impuestos a la  Corte  en  el  examen de la casación (art. 218 C. P. P.), supuesto que atendida  la  estructura  de  la  causal  es inexcusable hacer explícita la violación de  esta  norma  sustancial,  de todas maneras se echaría en falta la demostración  adicional  de  que el fallador aplicó indebidamente el artículo 26 del Código  Penal  en  la  tasación  de  la  pena  de  multa,  pues  tal  norma  fue la que  expresamente  invocó  la  sentencia,  con  el argumento basilar de que tanto la  sanción  privativa  de la libertad como la pecuniaria “tienen el carácter de  penas principales”.   

         Graves  carencias se advierten en la composición del argumento y en  su  necesaria  fundamentación,  razón  por la cual el cargo quedó expuesto al  fracaso.   

         2.   Segundo cargo.  Violación  directa    por    interpretación    errónea    de    dos    normas.   Se  duele  el actor de que el Tribunal no haya condenado al  procesado  VÍCTOR  JULIO  PATIÑO  FÓMEQUE  al pago de perjuicios materiales y  morales,  so pretexto de que no están demostrados dentro del proceso por perito  reconocido y menos en virtud de cualquier otro medio probatorio.   

         De  entrada,  una  ligera  inconsistencia se advierte en la censura,  pues  escribe  el  demandante  que  “también  se ha  vulnerado  directamente  la  ley  sustancial,  cuando  en  el  numeral  3  de la  sentencia  recurrida,  aduce  el fallador, para no dar  aplicación  a  lo  determinado  en  los  arts.  106 y 107 del C. P.,  que no es dable condenar al señor VICTOR JULIO PATIÑO FOMEQUE a  pagar  perjuicios  morales  y  materiales,  por  no estar demostrados dentro del  proceso    por    perito   reconocido   y   menos   por   cualquier   medio   de  prueba”   (C.   Tribunal,   fs.   54.   Se  ha  subrayado).   La  imprecisión  radica en que el argumento se compadece con  el  reparo  de  una  falta  de aplicación  de  las  normas citadas, así el motivo de tal yerro haya sido una  interpretación  errónea  de  las  mismas,  pues  al final la equivocación se cometería por dejar de aplicar  los  preceptos,  en vista de que la interpretación es una operación mental que  precede a la aplicación de la leyes.   

         Sin  embargo,  el  contrasentido más relevante de la demanda radica  en  la  empecinada  alegación  de  que  sí  están  demostrados los perjuicios  materiales  y  morales  ocasionados  a  la  sociedad  colombiana,  merced  a una  actividad  delictiva  de  narcotráfico  que  compromete  gravemente no sólo la  salud  colectiva  sino  también  la  capacidad  de inversión social del Estado  colombiano.   Y  la contradicción se destaca por el contexto del argumento  en  sí,  no  por  su  realidad (cómo desconocer las descomunales consecuencias  nocivas  en  la  salud y el orden socio-económico que genera el narcotráfico),  simplemente   porque   tal  postura  no  está  acorde  con  una  alegación  de  violación  directa  de  la ley sustancial,  en  la medida en que ésta exige un allanamiento del demandante a  los    hechos    y    a   la   valoración   probatoria   determinados   en   la  sentencia.   

         En  efecto,  el  accionar del demandante se pone en contravía de la  siguiente determinación fáctica y probatoria del fallo:   

“Si  bien  es cierto que el artículo 56  del     Código    de    Procedimiento    Penal    prevé    que    ‘en   la  sentencia  que  declare  la  responsabilidad  penal  del  procesado, el juez deberá señalar el monto de los  perjuicios    individuales    o    colectivos    ocasionados    por   el   hecho  punible’, también lo es  que,  según  se  infiere  de  lo  dispuesto en el artículo 55 ibidem, para que  proceda  tal  liquidación  y  condena,  es  necesario  que  en  autos  aparezca  demostrada  la  existencia  del perjuicio moral o material proveniente del hecho  investigado;  luego,  en  casos  como  el  presente,  en  donde  no se probó la  existencia  ni  magnitud de los perjuicios, no habrá lugar a condena al pago de  los  mismos;  situación que también se presenta en aquellos eventos en lo que,  existiendo  el perjuicio, no es posible radicarlo en cabeza de persona natural o  jurídica  determinada,  pues  el  artículo  104  del  Estatuto  Penal  señala  taxativamente     quiénes     pueden    ser    titulares    de    la    acción  indemnizatoria.   

“Por  manera  que,  la simple deducción  lógica  de  que  la  salud  de  las  personas  se  perjudica  con el consumo de  estupefacientes  y  que la imagen del país en el exterior es deteriorada con el  comportamiento  ilícito  de  los  narcotraficantes,  no  se puede esgrimir como  argumento  válido  para  sustentar  la  condena  al pago de perjuicios, pues de  obrar  así,  no  se  estaría cumpliendo con la exigencia legal de demostrar la  existencia  del  perjuicio, y además, en este caso concreto, tampoco se allegó  prueba  alguna  tendiente  a  individualizar  a  la  persona natural o jurídica  directamente   perjudicada;   circunstancias  éstas  que  hacen  imperativa  la  revocatoria  del  ordinal  tercero  de  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  revisada” (C. Tribunal, fs. 18 y 19).   

         El  actor  se  opone  radicalmente  a  las declaraciones fácticas y  probatorias   del   fallo  cuando  sostiene,  verbigracia,  que  sí  existe  un  agraviado  directo  con las  infracciones        juzgadas,        como        es        la       “colectividad”   o   la  “ciudadanía      en      general”,  representadas  por  el Estado.  O cuando asevera que sí están demostrados  los  perjuicios porque “… el daño moral y material  causado  a  la  Nación,  se  ha  percibido  por medio de los sentidos y ningún  conciudadano  osaría  negar  que  en  realidad  se  han verificado una serie de  perjuicios  sufridos  por  la Nación con ocasión del delito de Narcotráfico y  Enriquecimiento  ilícito,  accionado  por  los  carteles de la Droga, a los que  perteneció  el señor PATIÑO FOMEQUE” (C. Tribunal,  fs. 55).   

         Parece  que  el  actor  privilegia  lo  ocurrido en la realidad, sin  importar  lo  que  se  haya  alcanzado  a  demostrar  dentro  del proceso, pero,  independientemente  de  semejante incongruencia que compromete los principios de  necesidad  y  civilidad del proceso penal, tales alegaciones serían procedentes  en   casación,  siempre  que  se  acuda  a  la  vía  correcta  que  sería  la  violación  indirecta  de la  ley  sustancial,  determinación  que  además  no  se  satisface  con  la  mera  discrepancia  con  las  declaraciones  del  fallo,  sino  que  ha  menester  una  demostración  cabal  de  los  errores  de  hecho  o  de  derecho  supuestamente  cometidos en su concepción.   

         Por  otra  parte,  aún  dentro  del  contexto  de  la  violación  directa escogida por el censor,  quedaría  pendiente  en  la  demanda un análisis del artículo 104 del Código  Penal,  que  en  el  fallo  se  invoca  igualmente  como sustento, con el fin de  demostrar   si   el   mismo   fue   indebidamente   aplicado   o   erróneamente  interpretado.   De  igual  manera, debió intentarse la puesta en evidencia  de  un  desafuero  judicial, en razón de poner en el fundamento de la sentencia  los  artículos  55  y  56  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  normas  que  igualmente se traen a colación por el fallador.   

         Ahora   bien,   el   impugnante   hace   una  particular  y  curiosa  interpretación  de  los  artículos 106 y 107 del Código Penal, según la cual  dichos  preceptos  están  precisamente erigidos para cuando exista dificultad o  imposibilidad   de   demostrar   los  perjuicios,  pues  éstos  “siempre” existirán como consecuencia de  una  infracción  penal.   Tal  forma  de  entender  las  normas  se  opone  rotundamente  a  la  introducida en el fallo (que avala el Procurador Delegado),  según  la  cual  los  preceptos  antes  indicados  atañen  a la dificultades o  imposibilidad  para  calcular  el monto de los perjuicios y no su existencia que  de  todas  maneras  debe  estar  probada,  existencia  de  daños que igualmente  comprende  la  individualización  del  perjudicado  en  cuya  cabeza  habrá de  radicarse la indemnización.   

         Pues  bien,  no  se  trata  ahora  de privilegiar la interpretación  normativa  que  expone  el  Tribunal  (difundida  en  el  ámbito  judicial  por  razonable),  sino  de  declarar que el actor le incumbía la carga demostrar que  tal  forma de entendimiento era absurda o inadmisible, antes de procurar imponer  la suya por el sólo hecho de ser diferente.   

         Se  ha relievado un aspecto más de violación del principio lógico  de  la  razón suficiente, en el sentido de que la argumentación del demandante  es  incompleta  y no puede estimular una decisión de la Corte que acoja para el  caso  alguna  de  las  interpretaciones  esgrimidas, pues, por otra parte, no se  advierte  un  patético  motivo  de  nulidad  o  causa  alguna  que  promueva la  violación a garantías fundamentales.   

         No se casará el fallo.   

         Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la  ley,   

RESUELVE:  

         No casar la sentencia impugnada.   

         Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

No hay firma  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE    ENRIQUE    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN              NILSON  PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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