15772(06-06-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 15772  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta Nro. 60  

          Bogotá,    D.C.,    seis   (6)   de   junio   de   dos   mil   dos  (2002).   

          Procede  la  Sala  a  resolver el recurso de casación que por vía  excepcional    se    concedió    en    defensa   del   procesado   CARLOS  ALBERTO  BLANCO  BLANCO contra la  sentencia  de  fecha  mayo  27  de  1998,  mediante la cual el Tribunal Superior  Militar  confirmó la proferida por el Comandante de la Fuerza Naval Fluvial, en  su  condición de Juez de Primera Instancia y Presidente de un Consejo de Guerra  sin  intervención  de  vocales,  en  la  que  se condenó al mencionado S.S. de  Infantería  de Marina a la pena principal de un (1) año de prisión como autor  del delito de falso testimonio.   

HECHOS  

          El  Juzgado  41  de  Instrucción  Penal Militar con sede en Puerto  Inírida  inició  investigación penal por el delito de desobediencia en contra  del   marinero  Sigifredo  Dagoberto  Gómez Dautt, dentro de la cual y con  fecha  octubre  19  de  1994,  declaró bajo juramento el S.S. de Infantería de  Marina   CARLOS  ALBERTO  BLANCO  BLANCO,  quien  atestiguó  que en la noche del 13 de agosto anterior, el  mencionado  Gómez Dautt se presentó a relevarlo en el correspondiente turno de  vigilancia  en  estado  de  embriaguez, por tal razón, el Comandante del Puesto  dispuso que no prestara la guardia.   

          En  ampliación  del  testimonio rendida dentro de la audiencia del  Consejo  verbal de guerra convocado para juzgar al susodicho marinero, efectuada  el  15  de  octubre  de  1995,  el  suboficial  BLANCO  BLANCO    se    retractó    de   las   acusaciones  iniciales.   Adujo en esta última versión que Gómez Dautt le recibió el  servicio  de guardia, pero además, que el incidente de la ebriedad ocurrió una  hora  antes  del relevo y que quien la afirmó fue el Comandante del Puesto, sin  que efectivamente le constara su realidad.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          1.   En  el  proceso adelantado contra Gómez Dautt se ordenó  la  expedición  de copias para la investigación del falso testimonio en el que  pudo  incurrir  el  SSIM.  BLANCO  BLANCO.   Por  lo tanto, con fundamento en ellas y en los resultados  de  las diligencias preliminares efectuadas, el Juzgado 41 de Instrucción Penal  Militar  decretó  la  apertura  de la investigación en auto del 20 de junio de  1996,  decisión  que  mantuvo al resolver el recurso de reposición incoado por  el   defensor   del  imputado.   El  Tribunal  Superior  Militar  confirmó  integralmente  tal  proveído  al  desatar  la  alzada  presentada con carácter  subsidiario.   

          El  suboficial  BLANCO BLANCO  fue  vinculado mediante indagatoria y asegurado después, en auto  del  21  de  octubre  de  1996,  con  caución  prendaria por el delito de falso  testimonio.    El  Juzgado  1º de Instrucción Penal Militar negó la  reposición  de  la  medida  de  aseguramiento, que a su vez mantuvo el Tribunal  Superior  Militar  en  providencia  del  27 de enero de 1997, cuando definió el  recurso de apelación incoado en defensa del sindicado.   

          El  Comandante  de  la  Fuerza Naval Fluvial asumió el control del  proceso  por  competencia, y en resolución del 14 de mayo de 1997 convocó a un  Consejo   de  Guerra  sin  intervención  de  vocales  para  el  juzgamiento  de  BLANCO    BLANCO,   de  conformidad  con  el  procedimiento  establecido  en la Sección 2ª, Título I,  Capítulo II del Código Penal Militar anterior.   

          Realizada  la  audiencia  de  juzgamiento,  el referido Comandante,  Juez  de  Primera  Instancia,  en  fallo del 9 de septiembre de 1997 condenó al  citado  procesado,  como  autor  del  delito  de  falso  testimonio,  a  la pena  principal  de  un  (1) año de prisión y a la sanción accesoria consistente en  la  separación  absoluta de las Fuerzas Militares.  El 27 de mayo de 1998,  el  Tribunal  Superior Militar confirmó integralmente la sentencia del a quo al  resolver  las  apelaciones presentadas por la defensa y el Agente del Ministerio  Público.   

         Contra  el  anterior pronunciamiento el  apoderado  del  sindicado  interpuso  el recurso de casación excepcional que la  Sala  admitió en providencia de diciembre 3 de 1998, únicamente para brindarle  al  recurrente  la  oportunidad  de  demostrar  el  alegado quebranto del debido  proceso,  por  falta  de competencia funcional del Comandante de la Fuerza Naval  Fluvial,  para  actuar  como  juez de primera instancia en el presente proceso y  obtener,    por    lo    tanto,   el   restablecimiento   de   dicha   garantía  fundamental.   

  LA  DEMANDA   

          Primer cargo.   

       Dentro  del  ámbito  de  la  causal  tercera de  casación  del  artículo  220  del  anterior Código de Procedimiento Penal, en  concordancia  con  el artículo 442 del también derogado Código Penal Militar,  el  censor  acusa la sentencia del Tribunal de haber sido proferida en un juicio  viciado  de  nulidad, de conformidad con los artículos 304-1º y 464 de los dos  ordenamientos atrás citados, respectivamente.   

          Al concretar el reparo  aduce  que el sindicado fue juzgado por el Comandante de la Fuerza Naval Fluvial  de  la  Armada  Nacional,  pasándose  por alto que dicho funcionario no aparece  relacionado  en el Capítulo IV, Título II, del Código Penal Militar como Juez  de Primera Instancia para la Armada Nacional.     

       Advierte  que  al expediente se incorporaron las  resoluciones  mediante  las  cuales  se asimiló a Comandante de Fuerza Naval al  Comandante  de  Fuerza  Naval  Fluvial,  pero  que  tales  actos administrativos  circunscriben    su    ámbito    al    plano   netamente   militar   o   propio  “de la operatividad de las  Unidades  a  su mando”, sin  que   por   razón   de   ellos   pueda   entenderse   que  el  primero  asumió  “la dignidad de Juez de la  República,   situación   que   corresponde  al  legislador  a  través  de  la  ley”.   

          Más  adelante  señala  con  idéntica orientación argumentativa,  que  la  Armada Nacional tiene tres Comandos de Fuerza Naval (Norte, Pacífico y  Sur),  a  cargo  de  Oficiales  de  Insignia que necesitan reunir los requisitos  establecidos  en  el  Decreto  1211 de 1990, entre ellos, detentar la calidad de  Oficial  Naval,  mientras  que  el Comandante de Fuerza Naval Fluvial bien puede  ser  un  Oficial  Superior  del  Cuerpo  de  Infantería  de Marina.     

         Con base en los anteriores fundamentos y  al  tenor  del artículo 336 del Código Penal Militar, el impugnante afirma que  la    competencia    para    el    juzgamiento    del   procesado   BLANCO  BLANCO  estaba  radicada  en  el  Ayudante  General  del  Cuartel  General  del  Comando  de  la  Armada, pues era  orgánico  de  una  Unidad  Militar  adscrita  a  la  Fuerza  Naval Fluvial (Sur  Occidente   Colombiano).    Así   las  cosas,  concluye,  las  actuaciones  cumplidas  por  el  Comandante  de  esta última surgen inválidas.            

         Por todo lo anterior, solicita a la Sala  que  declare  la  nulidad  de  las  diligencias  a  partir de la resolución que  convocó      al      “Consejo     Verbal     de  Guerra”  (sic).    

        Segundo cargo.   

         Al  amparo  de  la causal primera de casación, cuerpo segundo, el  defensor  acusa  el  fallo  del  Tribunal  de  resultar  violatorio  de  la  ley  sustancial,  en  forma indirecta, como consecuencia del error de hecho incurrido  “al   omitir  la  apreciación  de  un  medio  de  convicción  obrante  en  el  proceso”.     

         En la sustentación del reproche aduce  que   el   sindicado   BLANCO   BLANCO,   al   ser   interrogado  en  la  audiencia  pública  sobre  las  contradicciones  en  las  que  incurrió  en  las  versiones  rendidas en autos,  reconoció  haber  faltado  a la verdad en la primera de ellas para “favorecer  a  su  comandante,  por estar de acuerdo con este en  miras  a  lograr  la  expulsión  de GÓMEZ DAUTT de aquella Unidad en donde, al  parecer,   no   observaba  buena  conducta”.    

Agrega después que partiendo del delito de  falso  testimonio,  definido  en el artículo 226 del Código Penal Militar como  una  conducta  que  viola  la  Administración  de  Justicia,  se  colige que el  comportamiento  reprochado  al  encausado careció de idoneidad para afectar ese  bien  jurídico,  pues ninguna incidencia tuvo el testimonio falaz rendido en la  actuación  penal  adelantada  contra el marino Gómez Dautt, tanto así que fue  absuelto  en  primera  y  segunda instancia.  En fin, el demandante plantea  que  tal  “medio probatorio no fue tenido en cuenta  por  el  fallador  que ahora profiere sentencia condenatoria en contra de BLANCO  BLANCO”.   

        Basado  en  los  anteriores  argumentos, el defensor solicita a la  Corte  que  case  el  fallo  impugnado  y  profiera en su lugar una sentencia de  carácter absolutorio.   

         

CONCEPTO   DE   LA  PROCURADURIA   

         La   Procuradora  Cuarta  Delegada  resalta  de  antemano  que  el  casacionista  se  extralimitó  en  el  tema que para la demanda fijó la Corte,  pues  de manera subsidiaria y sin ninguna relación con el alegado menoscabo del  debido  proceso  por  falta de competencia del juzgador de primer grado, que fue  el  motivo  determinante  de  la  concesión  del recurso excepcional, el censor  pretende  también  la absolución del procesado.  Por lo anterior, anuncia  que  el  concepto  de  fondo se restringirá al cargo que el impugnante formuló  con base en la causal de nulidad.   

         Para  el  fin  indicado discurre sobre la especialidad que ostenta  la  justicia  penal militar, y señala que la distribución de la competencia en  ella  atiende  a  la  estructura  de  mando,  de  ahí  que el superior tenga la  facultad  para  juzgar  a  los subalternos.  Este criterio fue precisamente  consagrado  en  los  artículos 329 a 355 del Decreto 2550 de 1988, vigente para  la  época  de  los  hechos,  ordenamiento  que  precisó  los jueces de primera  instancia para la Armada Nacional en sus artículos 335 a 343.   

        Por   esta   misma  razón,  advierte  la  Procuradora,  el  artículo 111 del Decreto 1211 de 1990,  establece  que  en las ausencias no mayores a sesenta días de los oficiales que  ejercen  como  Comandantes con jurisdicción y competencia dentro de la justicia  penal  militar,  quienes  los  suceden  asumen  el  cargo con la plenitud de las  funciones  y  atribuciones jurisdiccionales sin que sea necesaria la expedición  de una disposición encargándolos de ellas.    

       El  Ministerio  Público  concluye  a partir de  estas  premisas,  que  como  el suboficial BLANCO  BLANCO  se  encontraba  trasladado  al Puesto Fluvial Avanzado No. 53 con sede en Puerto  Inírida,  perteneciente  a  la Fuerza Naval Fluvial, al tenor del artículo 337  del  Decreto  2550  de  1990,  su  juzgamiento  le competía al Comandante de la  misma.   

         Destaca  por  otra  parte, que las resoluciones a las cuales alude  el  recurrente  simplemente  organizaron la respectiva unidad militar; asimismo,  que  en el reparo vinculado a los disímiles requisitos para el desempeño de la  Comandancia  de la Fuerza Naval Fluvial, se pierde de vista que están referidos  exclusivamente  a  las  calidades  de  acuerdo  con  el grado y escalafón en la  Armada  Nacional,  situación  analizada además en sede de constitucionalidad a  través  de  la  sentencia  C-089  de febrero 2 de 2000, M.P. Dr. Carlos Gaviria  Díaz,  sin  que pueda pasarse por alto tampoco, que la misma especialidad de la  justicia  penal  militar  la  libera de los requisitos y calidades exigidas para  cualquier  otro  juez  de  la  República,  como fue considerado en la sentencia  C-037 de 1996, M.P. Dr. Vladimiro Naranjo Mesa.    

         Afianza  el  anterior  concepto  en un  reciente  pronunciamiento  de  la  Sala (Sentencia de  mayo  22 de 2001, M.P. Dres. Álvaro O. Pérez Pinzón y Nilson Pinilla Pinilla,  radicado   12.932).  Censura  al  Tribunal  Superior  Militar  porque  al resolver la apelación presentada contra el fallo de primera  instancia,  omitió  pronunciarse  sobre  la  nulidad  pretendida  por  falta de  competencia  con  apoyo  en  los mismos argumentos aquí considerados; y colige,  por  último,  que  no  resultó  vulnerado  el  derecho  fundamental  al debido  proceso.   

          Con   base  en  las  consideraciones  expuestas,   la   Delegada   sugiere   a   la   Corte   no  casar  la  sentencia  acusada.   

CONSIDERACIONES  DE LA  CORTE   

         La  Sala  ha  precisado  y  reitera  ahora,  que tratándose de la  casación  excepcional,  los  ataques  formulados  en  la  correspondiente   demanda  deben referirse de manera necesaria e ineluctable a los motivos por los  que  fue  admitida,  que  no  pueden ser diversos, al tenor de la preceptiva que  regulaba   dicho  instituto  en  el  anterior  Código  de  Procedimiento  Penal  (artículo 218, modificado por el artículo 35 de la  Ley  81  de  1993),  como  también  acontece  en el  estatuto  procesal  actual  (artículo 205 de la Ley  600  de  2000), al desarrollo de la jurisprudencia o  la garantía de los derechos fundamentales.    

          En   otros   términos,  los  cargos  finalmente  erigidos contra la sentencia de segunda instancia deben corresponder  a  los  supuestos  por  razón  de  los  cuales  la  Corte,  en  ejercicio de la  discrecionalidad  que  el legislador le otorga, estimó necesario permitir que a  la  casación  se  accediera  en  el  caso concreto a pesar de estar excluida la  común  u  ordinaria, atendida la categoría del funcionario judicial que dictó  la  sentencia  de segunda instancia o el límite máximo de la pena privativa de  la  libertad  prevista  para  el  delito  por el cual se adelantó el respectivo  proceso.   

          La   anterior  exigencia,  no  sobra  advertir,  se  afianza  porque de permitirse el desbordamiento de tales motivos,  traducido  en  la  presentación  de censuras distanciadas o ajenas a las causas  que  determinaron  la  admisión  del  recurso,  no  sólo  se desnaturalizaría  el   medio  de impugnación excepcional, sino que también le haría perder  su específica finalidad.     

         Bajo este norte, la Corporación aborda  el examen de los reparos contenidos en la demanda.   

         Primer cargo.   

         1.  Tratándose del requerimiento  de  contenido  atrás comentado, sea lo primero anunciar, ningún reparo suscita  el  ataque  inicial  del impugnante.  En efecto, el apoderado del procesado  BLANCO   BLANCO  en  la  solicitud  de casación discrecional adujo la necesidad de garantizar el derecho  fundamental  de su asistido al debido proceso, que estimó vulnerado por carecer  el  Comandante  de  la Fuerza Naval Fluvial de competencia para actuar como juez  de  primera  instancia  en este asunto,  motivo al que accedió la Sala, se  insiste,     con     el     propósito     de    brindarle    al    “recurrente   la  oportunidad  de  demostrar  la  razón  de  su  reparo”,  así  como  su trascendencia frente a la  legalidad  del  trámite,  y obviamente, de obtener el efectivo restablecimiento  del derecho quebrantado si resultaba del caso.   

         Por  otra  parte,  en  innegable  desarrollo  del motivo argüido,  dentro  del  ámbito  de  la  causal  tercera de casación, el defensor acusa el  fallo  del  Tribunal  Superior  Militar  de  haber  sido  proferido en un juicio  viciado  de  nulidad, precisamente, por falta de competencia del juzgador a quo,  esto  es,  se  encamina  a  demostrar,  aunque  sin éxito, anticipa la Sala, la  violación  del  derecho  fundamental por cuyo respeto propendió al reivindicar  de  la  Corte  la viabilidad de la casación excepcional y, así las cosas, nada  se opone al examen del reproche.   

         2.    Clarificado  lo  anterior,  téngase  presente  que  el  demandante  plantea  básicamente,  que el Comandante de la Fuerza Naval Fluvial  de  la  Armada  Nacional,  no  aparece  relacionado  de  manera específica como  juzgador  de  primera  instancia en las disposiciones del estatuto penal militar  que  determinan  quienes  fungen  en  dicha calidad tratándose de la mencionada  Fuerza,   ataque  referido,  desde  luego,  a  la  normatividad  con  existencia  jurídica  para  la  época de adelantamiento del presente proceso, es decir, al  Decreto 2550 de 1988.   

         3.    Frente   al   reparo   formulado  en  estos  términos,  constituye  punto  de partida el artículo 221 de la Carta Política, adicionado  por  el  Acto  Legislativo  02  de  1995, de conformidad con el cual los delitos  cometidos  por  los  miembros  de  la  Fuerza  Pública  en servicio activo y en  relación  con  el  mismo  deben  ser  conocidos  por  las  cortes  marciales  o  Tribunales   militares,   “con   arreglo   a  las  prescripciones  del Código Penal Militar”, sin que  sobre  anotar  que  el  alcance  del  fuero militar, que no es del caso entrar a  abordar  en  el caso en examen, fue precisado por la Corte Constitucional, entre  otras,  en  las  sentencias  C-399  de  septiembre 7 de 1995, M.P. Dr. Alejandro  Martínez  Caballero,  C-017  de  enero 23 de 1996, M.P. Dr. Alejandro Martínez  Caballero,  C-358 de agosto 5 de 1997, M.P. Dr. Eduardo Cifuentes Muñoz y C-878  de julio 12 de 2000, M.P. Dr.  Alfredo Beltrán Sierra.   

          En   síntesis,  tratándose  de  la  temática  que  interesa  para  los actuales fines, fue querer del constituyente  sustraer   del  ámbito  de  la  jurisdicción  ordinaria  la  investigación  y  juzgamiento   de   las   conductas   punibles   cometidas   en   las   referidas  circunstancias,  atendida  la naturaleza y características de las funciones que  cumplen  los miembros de la Fuerza Pública, pero primordialmente, la disciplina  que  les  es propia a las Instituciones que la integran en forma restrictiva, al  tenor del artículo 216 ibídem.   

         De  la norma superior inicialmente invocada, se discierne también  la  delegación  efectuada  al  legislador  para  determinar en concreto y en el  estatuto  penal  militar,  la  competencia para conocer de los delitos asignados  por  el  fuero  castrense  a  esta  justicia  especializada,  desde  luego,  con  observancia  de  la  salvedad  contemplada  en  el  aparte in fine del artículo  235-4º  de  la  Constitución  Política, tratándose de las conductas punibles  cometidas  por  generales  y  almirantes  de  la  Fuerza  Pública,  que  en  la  disposición  superior  citada  se  asigna su conocimiento a la Corte Suprema de  Justicia,  facultad  que en la codificación bajo la cual cursaron las presentes  diligencias,   encontraba  desarrollo  en  el  libro  II,  Título  II,  de  los  Capítulos  I  a IX del Decreto 2550 de 1988, a través del factor subjetivo que  el  demandante  pasa por alto con evidencia en la infundada crítica formulada a  la legalidad del trámite aquí cumplido.   

         En  efecto,  de  acuerdo con las aludidas preceptivas y sin perder  de  vista  las excepciones otrora contempladas en el dicho estatuto, vr. gr., la  regulada  entonces  en  el articulo 348 ibídem, la competencia de los Jueces de  Primera  Instancia  en  la  justicia  penal  militar  aparece determinada por la  calidad  del  justiciable,  concretamente,  atendida  la  condición  de miembro  activo  de  la  Fuerza  Pública, por la Fuerza a la cual pertenece y, dentro de  ella,  la  Unidad  de  la  cual  sea  orgánico,  amén  de  que el delito esté  contemplado  en  el  Código  Penal Militar o en otros códigos o leyes penales,  pero cometidos por causas relacionadas con el servicio.   

         Téngase  presente  también en expresa réplica a las equivocadas  apreciaciones  del  censor,  por una parte, que las Fuerzas Militares de acuerdo  con  las  necesidades  del  servicio  tienen  la  capacidad  de organizarse y de  activar  (crear  o  constituir), mediante actos administrativos, nuevas unidades  de  igual o distinta categoría a las ya existentes.  Pero asimismo, que la  función  de  administrar  justicia  en el derogado estatuto penal militar, bajo  cuya      vigencia     se     adelantó     el     caso     sub     –  examine  y al tamiz del cual debe  examinarse  la legalidad de lo actuado, era inherente a las funciones de Comando  dentro  de  las  diferentes categorías de las Unidades activadas, por lo tanto,  los  Comandantes  de  las  mismas,  sin  necesidad  de otra disposición legal o  reglamentaria quedaban investidos de la judicatura castrense.   

         Esta  es pues la razón por la cual el  Comandante  de la Fuerza Naval Fluvial ostentaba per se la condición de Juez de  Primera  Instancia, toda vez que ante la activación de esta Unidad Operativa, a  cuya  cabeza  se encuentra obviamente aquél, la misma surgió en el plano de la  administración  de justicia penal militar como un Juzgado de Primera Instancia,  en  igualdad  de  condiciones  a  la  Unidad  Fuerza Naval a la que se equiparó  mediante  Disposición No. 006 de 14 de Mayo de 1992 del Comandante de la Armada  Nacional,  aprobada  por  Disposición No. 018 de mayo 27 de 1992 del Comandante  General  de las Fuerzas Militares y, esta última a su vez, mediante Resolución  No.  04170  de  junio  5  del  mismo año, expedida por el Ministerio de Defensa  Nacional.   

         Los  derroteros precedentes se muestran recogidos, en cuanto a los  Jueces  de  Primera  Instancia  para la Armada Nacional, en el artículo 337 del  Decreto  2550 de 1988, por cuanto asignaba a los Comandantes de fuerzas navales,  bases  navales  y bases de entrenamiento de la citada fuerza, el conocimiento de  las   conductas   punibles   que   hubiese  cometido  el  personal  “bajo    su   mando”,   sin   las  artificiosas  distinciones  por  las  cuales  propugna  el recurrente, según se  trate   de   Fuerza   Naval   o  de  Fuerza  Naval  Fluvial.                       

         De ahí que en el tópico planteado en  el  primer  reparo de la demanda, la Sala en precedente oportunidad, a partir de  este  entendimiento  que  surge  incontrastable de las disposiciones del Código  Penal  Militar  vigente para la fecha del proceso, frente a objeción que guarda  identidad    conceptual    con    la    abordada    en    el   presente   asunto  consideró:   

“La   censura…no  corresponde  a  la  realidad  normativa.  Basta  leer desprevenidamente el artículo 337 del Código  Penal   Militar   de   la   época   –Decreto  2550  de  1988-  para  advertir  que  el  reproche carece  totalmente  de  soporte legal, pues de acuerdo con tal precepto, “Los        comandantes        de       fuerzas       navales,  bases  navales  y  base  de  entrenamiento  conocen  en primera instancia de los  procesos    penales    militares    contra    oficiales,   sub-   oficiales,  grumetes,  alumnos  y demás  personal    militar    bajo    su   mando”.   Agréguese   a   esto   que  en  lo  relacionado  con  la  Jurisdicción   Militar  importa  tener  en  cuenta  todo  lo  inherente  al  mando  y  que estando  creados  legalmente los jueces  pueden  ser  reactivados  a  partir  de  esta función, afirmación que adquiere  mayor     contenido    si    se    tiene  en  cuenta  que  el  Código  penal  Militar,  no hace ninguna  distinción   en   cuanto   a   los   destinatarios  de  sus  juzgadores…”1   

         En  este  orden de ideas, al tenor además de los artículos 652 y  684  del  Decreto  2550  de  1988,  se  excluye  toda  polémica  en punto de la  competencia  que  tenía  el   Capitán de Navío y Comandante de la Fuerza  Naval  Fluvial para convocar al Consejo de Guerra sin intervención de Vocales y  fungir  como  juez  de  primera  instancia en el proceso seguido contra el SSIM.  CARLOS     ALBERTO  BLANCO BLANCO, quien para  la  fecha  de  los  hechos  estaba adscrito a la mencionada Fuerza Naval Fluvial  como  “Radioperador”  en  el  Puesto  Fluvial  Avanzado  No.  53 en Puerto  Inírida (Guainía).   

         4.   Resta indicar que ninguna trascendencia se deriva frente  a  la normatividad comentada y en lo atinente a la competencia del Comandante de  la  Fuerza  Naval  Fluvial  para actuar aquí como Juez de Primera Instancia, de  los  disímiles  rangos  mencionados  por  el  recurrente  como  necesarios para  ejercer  como  Comandante  de  Fuerza  Naval y de Fuerza Naval Fluvial.  En  primer  término,  porque  salvo  la  excepción  configurada tratándose de los  Comandantes  de  Fuerza,  no resulta cierto que los cargos de Comando tengan que  ser  servidos  por un oficial de determinado rango, por lo tanto, en lo atinente  a  las  Bases  Navales  no  resulta indefectible su desempeño por un oficial de  insignia,  conforme  se atesta.  De otra parte, pues la calidad de juzgador  de  primera  instancia  en  la  justicia  penal  militar,  sin pasar por alto la  exigencia  del artículo 221 de la Carta Política, en el sentido que las cortes  marciales  o  tribunales militares estarán integrados por miembros de la Fuerza  Pública  en  servicio activo o en retiro, está determinada en principio por el  mando  que  se  ostente, en virtud del cual se tiene competencia para conocer de  las conductas punibles perpetradas por el personal subordinado.   

         Resta  añadir, al margen de lo anterior y frente a la crítica de  la  Delegada  al  Tribunal Superior Militar, que ciertamente resulta reprochable  que  tal  Corporación al resolver la apelación contra el fallo de primer grado  hubiese  omitido  una expresa respuesta a la solicitud de nulidad presentada por  la  defensa,  cimentada  como  aquí  también  se  hizo  y  con  fundamento  en  idénticos  argumentos,  en  la  alegada  ausencia de competencia del juzgador a  quo.    

         No  obstante,  aun  prescindiendo  del  examen  que  finalmente  encontró  tal  propuesta  en  esta  sede, donde quedó  relegada  la  artificiosa  interpretación  postulada  por  el demandante de las  disposiciones  legales  que  rigen  la  competencia  de  los  Jueces  de Primera  Instancia  para  la  Armada  Nacional,  téngase  presente con miras a descartar  cualquier  intervención  oficiosa de la Corte, que esta inocultable deficiencia  no  surge  con  entidad para viciar de nulidad el respectivo fallo, pues como ha  sostenido  la  Sala y reitera ahora, tal efecto sólo procede cuando la falta de  motivación,  o la motivación incompleta, equívoca o ambivalente se traduce en  la   violación  de  las  garantías  fundamentales,  resultando  necesaria  una  decisión  de  dicha  naturaleza con miras a su restablecimiento, situación que  aquí  se  excluye porque el juzgamiento en primera instancia fue adelantado por  funcionario competente.   

         Por   todo  lo  anterior,  entonces,  la  censura  de  nulidad  no  prospera.   

         Segundo cargo.   

         El  ataque  final  de la demanda se resiste a cualquier examen por  parte  de  la  Corte, como aduce la Procuradora Delegada en su concepto, pues el  censor  al  formularlo  desbordó  en forma ostensiblemente el motivo por razón  del   cual   la  Sala  accedió  a  la  casación  excepcional  en  el  presente  asunto.   

         En   efecto,   el   defensor   del   procesado  al  interponer  el  recurso,   además de propender por la garantía del derecho fundamental al  debido  proceso  ante  la  invocada  falta  de  competencia  del Juez de Primera  Instancia,  argumentó también y de manera escueta, la necesidad del desarrollo  de  la  jurisprudencia “en el sentido de lo alegado  en  el  proceso  por la defensa técnica en cuanto a que la conducta asumida por  mi  defendido  no  tiene la capacidad de vulnerar el bien jurídico tutelado por  la  ley cual es la Administración de Justicia” (f.  278, cd. 1).   

         Frente a este lacónico planteamiento,  orientado  a  otro  de  los  motivos  legalmente previsto en la disposición que  regula  el  instituto  en  comento,  la  Sala  lo descartó cuando accedió a la  impugnación    propuesta,    pues    concluyó    que   carecía   “de   fundamentación,   en  la  medida  en  que  ninguna  pauta  justificativa  de  esa  predicada  necesidad  se  hace  conocer”  (fs.   3   a   10,  cd.  Corte).                     Por  tal  motivo, el recurso extraordinario fue concedido única y  exclusivamente,  insiste  la Sala, para brindarle a la defensa la oportunidad de  demostrar  esa alegada violación del debido proceso por la falta de competencia  del fallador a quo.   

         Sin    embargo,    el    defensor   del   sindicado   BLANCO  BLANCO prescindiendo de manera  inmotivada  del  marco  claramente  así trazado por la Corte, vuelve sobre este  tópico  relegado  de  toda  posibilidad  de  formulación en el correspondiente  libelo,  para  aducir que el falso testimonio imputado a su asistido careció de  idoneidad  para  afectar  el  bien  jurídico de la administración de justicia,  pues  ninguna  incidencia  tuvo  la  versión  falaz  rendida  por  aquél en la  actuación penal seguida contra el marino Gómez Dautt.   

           

         Más  aún,  el  cargo elevado tampoco  guarda  relación  con las hipótesis legales en las cuales procede la casación  excepcional,  toda  vez  que  so  pretexto  de la intrascendencia de la conducta  investigada  para afectar el interés jurídico y al amparo de la causal primera  de  casación, por violación mediata de la ley sustancial derivada del supuesto  error  de  hecho  incurrido  por  los  falladores  al  prescindir de la versión  rendida    por    BLANCO    BLANCO    en  la  audiencia  pública,  el  recurrente  encubre la verdadera  pretensión  de  obtener de la Sala la prevalencia de su interesada tesis frente  a  las conclusiones esbozadas en los fallos de instancia, esto es, no se orienta  a  la  demostración  de  la  vulneración  de  los  derechos  fundamentales del  procesado  ni  a  procurar  el  desarrollo  de  la jurisprudencia en torno a una  específica temática.   

         Con  fundamento en las consideraciones  precedentes el reparo final de la demanda se desestimará.   

         Contra esta providencia no procede ningún recurso.   

         

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         NO    CASAR   el   fallo   impugnado.   

         Cópiese,  comuníquese y devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                            JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

No hay firma  

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO             ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                               NILSON     PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Sentencia  de  mayo  22  de  2001, MM.P. Dres. Pérez Pinzón y Pinilla Pinilla,  radicado 12.932.     

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