15749(10-08-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 15749  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado    Acta    No.    114   (agosto  8/2001)   

         Bogotá,  D.C.,  diez (10) de agosto de  dos mil uno (2001)   

          Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el apoderado de la parte civil reconocida en el presente proceso, contra la  sentencia  de  fecha noviembre 13 de 1998, mediante la cual el Tribunal Superior  de  Bogotá revocó la condena proferida por el Juzgado 27 Penal del Circuito de  esta   ciudad,   para  absolver  al  procesado  JOSÉ  LEONARDO  JURADO  GÓMEZ del cargo imputado como autor  del  delito de homicidio culposo.            

HECHOS  

          Dan  cuenta los autos que en la tarde del 7 de junio de 1992, en el  sector  de la calle 93 Sur con carrera 51 Este, barrio El Virrey, del perímetro  urbano  de  esta  ciudad,  el  camión  Dodge,  de  placa WD 0542, conducido por  JOSÉ     LEONARDO    JURADO    GÓMEZ,  atropelló  a  la  menor  Sandra  Yilena  Ariza González, quien  sorpresivamente  se  lanzó  sobre  la  vía  con el propósito de recuperar una  naranja que se le había caído momentos antes.   

ACTUACION  PROCESAL   

          1.   El Juzgado 17 de Instrucción Criminal de Bogotá dispuso  la  apertura  de  la investigación y vinculó mediante indagatoria al conductor  JOSÉ     LEONARDO    JURADO    GÓMEZ,  a  quien  la  Fiscalía 110 Seccional le resolvió su situación  jurídica  absteniéndose  de  afectarlo  con medida de aseguramiento, decisión  que  mantuvo  al  desatar  el  recurso  de reposición incoado por el Agente del  Ministerio Público.   

          2.   Clausurado  el  ciclo  instructivo,  calificó su mérito  probatorio  el  20 de junio de 1995 con preclusión de la investigación a favor  del     mencionado     JURADO    GÓMEZ;  sin  embargo,  la  Fiscalía  Delegada  ante  los  Tribunales de  Bogotá  y Cundinamarca la revocó el 20 de junio de 1996, al pronunciarse sobre  la  alzada  incoada  por el representante de la parte civil, despacho que elevó  acusación  por  el  delito  de  homicidio  culposo  e  impuso  al  sindicado la  detención preventiva.   

          Por  la naturaleza de la decisión adoptada, de conformidad con los  artículos  197  y  440 del C. de P. P. entonces vigente (Decreto 2700 de 1991),  se  sometió  a  notificación  con  apego  a  las  previsiones contenidas en la  última  norma  citada,  de  manera  que  la  providencia enjuiciatoria alcanzó  firmeza  el  9 de agosto siguiente tras agotarse tal formalidad (fs. 5 a 22, cd.  Fiscalía ante los Tribunales).   

          3.   El  Juzgado  27  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  celebró  la audiencia pública y, el 24 de junio de 1998  dictó  el  fallo  en consonancia con la acusación, mediante el cual condenó a  JURADO  GÓMEZ  a las penas  principales  de  dos  (2)  años de prisión, multa de un mil pesos ($ 1.000), y  prohibición  de conducir vehículos automotores por el término de un (1) año.   

           

         El  Tribunal  Superior  de  Bogotá  al  desatar  las  apelaciones  incoadas por la defensa, el representante de la parte  civil  y el apoderado del tercero llamado en garantía, revocó en su integridad  la  sentencia  del a quo para absolver al procesado del cargo endilgado en estas  diligencias  por  el  delito de homicidio culposo, a quien reconoció que actuó  amparado en una causal de inculpabilidad.    

          El   apoderado   de  la  parte  civil  inconforme  con  tal  pronunciamiento,  interpuso  el recurso extraordinario que  decide ahora la Corte.   

         

LA DEMANDA  

          Con  fundamento  en  la  causal primera de casación, el demandante  presenta dos cargos contra la sentencia impugnada.   

          Primer cargo.   

          Acusa  la  violación indirecta de los artículos 329 y 330 numeral  1º  del Código Penal, por falta de aplicación, como consecuencia del error de  hecho  por  falso  juicio de existencia derivado del omitido análisis de prueba  materialmente incorporada al proceso.   

          Sostiene  que  se vulneraron también los artículos 2º y 29 de la  Constitución  Política,  1º, 7º, 9º 18º, 21, 156, 246, 253, 256, 259, 260,  261,  281,  282, 292, 294, 296, 300, 301, 302 y 303 del Código de Procedimiento  Penal,  2º,  4º,  5º,  8º,  19, 21 inciso 2º, 35, 37, 103 a 108 del Código  Penal,  2º,  41  literales  b.  y g., 109, 130, 138 numeral 3º, 148, 163, 164,  249,  250  y  252  del  Código  Nacional  de  Tránsito; y concreta, a renglón  seguido,  que  el  fallador  ad  quem  ignoró  la  existencia de las siguientes  pruebas  con  ostensible  quebrando  del  debido  proceso  y  del  principio  de  contradicción:   

          –    La   inspección   judicial  practicada  en  el  lugar  de  los hechos, en la que se dejó expresa constancia  sobre  las  condiciones  de  la vía y el estado de funcionamiento del vehículo  conducido por el sindicado.   

          –   El  testimonio  del  agente   Campo  Nolbeiro Caicedo  Parra  y  su  posterior ampliación, quien ratificó el contenido del informe de  tránsito, y declaró sobre esos mismos aspectos.   

          En  el desarrollo del cargo, el impugnante admite que si bien en el  fallo  recurrido  se  aludió a las características de la vía y del vehículo,  al  prescindirse  de los referidos medios de persuasión, el Tribunal determinó  la  velocidad a la que se desplazaba el procesado “a  partir  de  situaciones medias y ordinarias”, cuando  tales pruebas demostraban unas máximas condiciones de seguridad.   

         

          Así  las  cosas, concluye el censor, en el presente caso ha debido  considerarse  un  índice  valorativo  que no puede ser inferior al “máximo  en  términos  de  estado  de la vía y condiciones del  vehículo,  ya que así se desprende de las pruebas”  omitidas.    Por  lo  tanto,  aplicado  el  coeficiente  de  rozamiento  de  “1.00 (la máxima) para un vehículo que rueda a 70  Km/h.  la  huella  de  frenada  será  de  19.31  mts.  y  con un coeficiente de  rozamiento  de 0.90 (igualmente máxima) para un vehículo que rueda a 70 Km./h.  la  huella  de frenada será de 21.40 mts.”, huellas  que  corresponden  a las efectivamente dejadas por el vehículo conducido por el  procesado        JURADO       GÓMEZ.   

         Plantea  por  último,  que  de  no mediar el desatino acusado, el  juzgador  habría constatado que la velocidad en el desplazamiento del sindicado  era  superior al límite máximo de 60 km/h, sin atribuir la causa del accidente  a la exclusiva imprudencia de la menor atropellada.   

         Segundo cargo.   

         Con  apoyo  en  la  casal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo, el demandante plantea la violación indirecta de la  ley  sustancial  por  el  error de hecho incurrido en la estimación del informe  del  accidente,  levantado  el  7  de junio de 1992 por el Instituto nacional de  Tránsito,  y  que  según  afirma, el juzgador ad quem distorsionó haciéndole  producir efectos no derivados de su contexto.   

         Cita  como  normas  infringidas  los  artículos  2º  y  29 de la  Constitución  Política,  1º, 7º, 9º 18º, 21, 156, 246, 253, 256, 259, 260,  261,  281,  282, 292, 294, 296, 300, 301, 302 y 303 del Código de Procedimiento  Penal,  2º,  4º,  5º,  8º,  19,  21 inciso 2º, 35, 37, 103 a 108, 329 y 330  numeral  2º del Código Penal, 2º, 41 literales b. y g., 109, 130, 138 numeral  3º,   148,   163,   164,   249,   250   y   252   del   Código   Nacional   de  Tránsito.   

         En  la  sustentación  del  reproche, el recurrente transcribe los  apartes  del  fallo  atacado  alusivos  al  análisis de la referida prueba, que  confronta  con  las  valoraciones  efectuadas en torno a ella por el a quo en la  sentencia  de  primer  grado,  y  por  la  Fiscalía en la audiencia pública de  juzgamiento,   para   colegir  con  asidero  en  este  cotejo,  que  el  croquis  “contenía  más  información que la que el mismo  sentenciador  de  segunda  instancia  le  otorgó  con  lo  cual se distorsionó  severamente” su eficacia.   

         

         Aduce  por  otra parte, que en el informe del accidente además de  la  huella  de  frenado  advertida por el Tribunal, se representan otras tres de  diferente  longitud,  no  continuas, esto es, con intervalos, que dejan entrever  que  aquélla  “no  fue suficiente para detener el  rodante…sino  que  como  se aprecia, el mismo en su descenso veloz, superó la  huella   de  frenada  inicial  (única  apreciada  por  el  sentenciador),  para  proseguir  con  la  huella  de arrastre de la víctima de 050 mts., continuar su  recorrido  el  vehículo  camión hacia su costado izquierdo con otra frenada de  “1.20”…con  lo  cual  el vehículo camión tampoco se detuvo, como pudiera  pensarse  sino  que  se  dejó  constancia  finalmente de una última “huellas  frenado  llantas”  de  dos (2.00mts.) con la cual el pesado vehículo culminó  su   carrera   mortal   justo  al  lado  izquierdo  o  carril  contrario  de  la  vía”.   

         Así  las  cosas,  afirma  el  impugnante, para medir la distancia  recorrida  desde  el  momento  de frenada del vehículo y su parada efectiva, es  necesario   sumar   los   guarismos  correspondientes  a  esas  cuatro  huellas,  operación  que  arroja  un  resultado  de  27.95  mts.,  que al derivársele el  índice  de  rozamiento  pertinente, surge indicativo del exceso de velocidad en  el  desplazamiento  del  automotor  conducido por el sindicado, conclusión a la  que  también  habría  arribado  el  Tribunal  de  no  apreciar parcialmente el  aludido croquis.   

         Precisa  además,  que  aplicado  “el  criterio  legal de la sana crítica…tal como lo indica el artículo 254 del C.  de  P.P.”, de acuerdo con la experiencia cotidiana  y     la     intuición     personal,     ante    las    huellas    “serpenteadas  y  discontinuas nos viene a la mente la imagen de  un  vehículo  que  en su conducción casi pierde el control en la frenada y que  si  es  un  camión,  con  mayor  razón su velocidad era rápida”;  y  finalmente,  “que con estos dos  factores…necesarios  para  una  sana  crítica…aunado  a  los  conocimientos  jurídicos  respecto  a  los deberes de cuidado, prudencia, pericia, diligencia,  respeto  de  la  normas  y reglamentos de tránsito, definitivamente el ad quem,  por  sus  especiales  y  profundos  conocimientos  de  probatorio (sic), hubiera  concluido      en      forma      distinta      la      sentencia”.   

         

         Con  fundamento  en  los anteriores cargos, el demandante solicita  que  se  case  la  sentencia  impugnada  y,  en  su lugar, se profiera sentencia  condenatoria    contra    el    procesado    JURADO  GÓMEZ  como  autor del homicidio culposo perpetrado  en  la menor Sandra Yilena Ariza González; asimismo, que se condene en concreto  y  en  forma  solidaria  a  los  terceros civilmente responsables al pago de los  perjuicios materiales y morales derivados del hecho punible.   

CONCEPTO    DE   LA  PROCURADURIA   

         La   Procuradora   Cuarta   Delegada   esclarece  de  antemano  la  legitimidad   del   representante   de   la   parte   civil  para  pretender  el  derrumbamiento  del  fallo absolutorio; y en cuanto a los dos cargos presentados  en  la  demanda  con fundamento en la causal primera del artículo 220 del C. de  P.P., pide su desestimación.   

         1.   Tratándose  del  primer reparo, advierte que si bien en  la  sentencia  recurrida  no  se  mencionaron  en  forma  expresa la inspección  judicial  llevada a cabo en el lugar de los sucesos, ni el testimonio del agente  de  tránsito  Caicedo  Parra  y  su  posterior  ampliación, el Tribunal si los  involucró   en  el  análisis  conjunto  de  la  prueba,  pues  los  datos  que  demostraban  esos  medios de persuasión fueron atendidos en las motivaciones de  la providencia atacada.     

         Así las cosas, el censor no acreditó  la  real  omisión  de tales pruebas, en quien percibe entonces la intención de  anteponer  su criterio valorativo al del fallador de segunda instancia, garrafal  desacierto  en  sede de casación pues el fallo de segundo grado arriba amparado  de la doble presunción de acierto y legalidad.   

         Adicionalmente,   el  impugnante  enunció  varios  preceptos  del  Código  de Procedimiento Penal que regulan la prueba, pero sin establecer, como  en     rigor     se     imponía,    una    relación    lógico    –  jurídica  entre su desacato y la  efectiva  violación  de  una  norma  de  derecho de contenido sustancial.    

         Por  otra  parte,  acusó  la falta de  aplicación  de  los  artículos  329  y  330 numeral 1º del Código Penal, sin  embargo,  omitió  establecer  la  relación  causal entre el error de hecho por  falso   juicio   de  existencia  y  su  presunto  desconocimiento,  quedando  en  definitiva   sin  saberse  el  sentido  de  la  transgresión  denunciada.   Falencia  igualmente  observada  respecto  de las normas del Código Nacional de  Tránsito Terrestre citadas como infringidas.   

         Tampoco  concretó  en  qué forma el desacierto alegado condujo a  la  violación  de  los  artículos  2º  y 29 de la Carta Política, el primero  referido  a  los  fines del Estado y, el segundo, a la garantía fundamental del  debido  proceso,  que  de  resultar  vulnerada  determinaría  la  invalidación  parcial   o  total  del  trámite,  demandable  con  fundamento  en  una  casual  diferente.   

         2.    En  el  segundo  cargo,  el  demandante  denuncia  como  vulneradas  las  mismas  normas,  también  aquí, limitándose a su invocación  simple  y  llana  sin  indicar  el sentido de la violación, menos aún, el nexo  entre el error de hecho alegado y su presunto desconocimiento.   

         Encuentra  que  en  el caso examinado, como lo destacó el censor,  el  Tribunal  infirió  la velocidad a la que se desplazaba el camión conducido  por  el procesado a partir de la huella de frenada dejada por el vehículo antes  de  arrollar  a  la  víctima;  asimismo,  que el croquis del accidente registra  otras  huellas,  sin  embargo,  de  la  contemplación  objetiva  de  este medio  probatorio  no  se  desprende  una consecuencia diversa de la afirmada por el ad  quem,  esto  es, que el enjuiciado conducía dentro de los límites de velocidad  establecidos   en   el   artículo   148   del  Código  Nacional  de  Tránsito  Terrestre.   

         Con   tal   orientación,  la  Delegada  advierte  que  el  censor  interpretando  a  su  acomodo  los datos del croquis afirma la existencia de una  huella  de  frenada  de 27,95 metros, a la que aplica un criterio personal sobre  el  índice  de eficiencia en el rozamiento, para colegir  que el automotor  se  desplazaba  a  más  de  70 km/h; no obstante, si en gracia de discusión se  suman  las  dimensiones  de  todas  las  huellas  registradas  en el informe del  accidente,  se  obtiene una huella de frenada de 22,30 metros, a la que deducido  el  coeficiente  señalado por el ad quem, arrojaría en todo caso una velocidad  inferior a los 60 kilómetros por hora.   

         Resalta  por  último, el desatino incurrido al alegar el error de  hecho   por   falso   juicio  de  identidad,  entremezclando  en  su  desarrollo  argumentativo  razonamientos  propios  del  falso  raciocinio,  que se configura  cuando  el  juzgador  se  aparta  de  los  postulados  que  rigen la persuasión  racional.   

         Por  las  razones  anteriores,  la  Delegada  sugiere  no casar la  sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         Primer cargo.   

         El  reproche  carece  de  vocación de  prosperidad,  pues el demandante no demostró el error atribuido al sentenciador  de segundo grado.   

En     efecto,    el    cargo  presentado  está  dirigido  a  establecer  que en el fallo  impugnado  se  incurrió  en  error  de hecho por falso juicio de existencia, al  prescindir  de  la  inspección  judicial  practicada en el lugar de los hechos,  mediante  la  cual  se  establecieron  las condiciones de la vía y el estado de  funcionamiento   del  vehículo  conducido  por  el  sindicado,  así  como  del  testimonio  del  agente  de  tránsito  Campo  Nolbeiro  Caicedo  y su posterior  ampliación,  quien  declaró sobre esos mismos aspectos, a la vez que ratificó  el contenido del croquis del accidente.   

Frente  a  tal  reparo no está por demás  recordar,  que el error de hecho por falso juicio de existencia, en la modalidad  de  preterición,  se  configura  cuando  el  juzgador  ignora en forma absoluta  alguna  o  algunas  de  las  pruebas  a  pesar  de  obrar  materialmente  en  el  proceso.    Pero  a  diferencia  de cuanto  afirma  el  recurrente,  el Tribunal si involucró las mencionadas evidencias en  la   estimación   conjunta   de  la  prueba  cuando  dio  por  demostradas  las  circunstancias  que  se  establecían a través de ellas, concretamente, como se  aduce  en  el libelo, las excelentes condiciones de la vía y el perfecto estado  de  funcionamiento  del  vehículo  guiado  por  el  sindicado al momento de los  sucesos.   

         En otros términos, bien puede suceder  que  los  hechos  a los cuales se contraen unos determinados elementos de juicio  estén  comprendidos en la valoración de los falladores, aceptándolos como una  verdad  establecida en el proceso, o excluyendo su realidad, análisis en el que  simplemente  se  omite  la referencia específica al medio de prueba del cual se  derivan,  por  lo  tanto,  sin  que  resulte  viable  aceptar  en estos casos la  existencia  de  un  desatino  de  la  naturaleza  comentada,  como  ocurre en el  presente  asunto  tratándose  de  la  inspección  judicial  al  sitio  de  los  acontecimientos  y  del  testimonio  rendido  por  el uniformado que levantó el  croquis  del  accidente, que no fueron mencionados de manera expresa en el fallo  atacado,  pero  si  se  atendieron  en la valoración global de los elementos de  juicio  incorporados  al  proceso,  pues  no  de  otra  forma se explica que las  circunstancias  que  acreditaban  fueran acogidas como un hecho cierto y probado  en autos.   

         Así,  en la decisión recurrida, respecto a las condiciones de la  vía   y   del   vehículo   involucrado   en   el   siniestro,  guiado  por  el  sindicado JURADO GOMEZ en  tales  instantes,  aspectos  que  el  censor aduce se habrían demostrado de ser  ponderadas  las pruebas atrás enunciadas, el juzgador ad quem consideró:    

“Ahora  bien, si recordamos que el carro  es   un   camión   que   iba   desocupado   y   que   la   vía   es  pendiente  bajando…   

“Con  estos  datos  y  sabiendo  que  el  camión  se  encontraba  en  buen  estado de funcionamiento, que sus sistemas de  seguridad  estaban  en  estado  óptimo,  que la vía por donde circulaba estaba  seca y recién pavimentada…” (fs. 36 y 37, cdno. Tribunal).   

         Por  otra  parte,  excluyendo  aún  más  la realidad del alegado  desacierto,  se tiene que el Tribunal discurrió en relación con el croquis del  accidente   en   los  términos  seguidamente  transcritos,  plano  que  con  su  ratificación  juramentada  por  parte  del  agente  de tránsito Caicedo Parra,  quien lo elaboró, conforman una sola prueba:   

“Con  esta  visualización  mental de lo  ocurrido,  corresponde  ahora centrarnos en el estudio del croquis elaborado por  la  autoridad  de  tránsito  en  el  mismo  lugar  de los hechos, para entonces  precisar  cómo  se trata efectivamente de una vía de ocho metros, con cuarenta  centímetros  de ancho; por la que transitaban vehículos en doble sentido; esto  es,  tanto  oriente  occidente,  como  occidente  oriente…”  (f.  35,  cdno.  Tribunal).   

         Más  aún,  el  recurrente  admite en últimas que el fallador no  ignoró  los  medios de persuasión de acusada prescindencia, pues encuentra que  el  Tribunal  aludió  con fidelidad a lo demostrado en autos tratándose de las  características  de  la  vía  y  del  vehículo  conducido  por  el procesado,  circunstancias  que se establecían a través de la inspección judicial llevada  a  cabo en el lugar de los hechos y del testimonio del agente de tránsito, para  radicar  su  inconformidad  en  las  conclusiones que se extrajeron de ellas, es  decir,  en  la  valoración  dada por el sentenciador a las pruebas sobre dichos  aspectos.   

         Adujo  entonces que los elementos de juicio referidos acreditaban,  no      las      “situaciones     medias     y  ordinarias”  tenidas  en  cuentas  por el Tribunal  para  colegir  el  índice  de  eficiencia  en la frenada y, a partir de él, la  velocidad  a  la  que transitaba el vehículo guiado por el sindicado al momento  de  los sucesos, sino unas condiciones óptimas de seguridad que determinaban la  aplicación  del máximo coeficiente de rozamiento (1.00) con un resultado mayor  en la precisión de aquélla.    

         En  este orden de ideas, la censura se  redujo   a  la  contraposición  del  criterio  personal  del  demandante  a  la  estimación  que  de  los  medios probatorios hizo el juzgador ad quem, crítica  que  no  es  de recibo en sede de casación, pues el ordenamiento procesal penal  le  concede  al  fallador  la libertad para apreciar los diferentes elementos de  juicio  dentro de los parámetros de la sana crítica, donde sus conclusiones no  pueden  calificarse  de  equivocadas  mientras  respeten  los  postulados  de la  lógica,  de  la  ciencia  y  la experiencia común, aspecto que ni siquiera fue  cuestionado en la censura.   

         No  está  por  demás señalar, finalmente y en todo caso, que el  Tribunal  tuvo  en  cuenta  las condiciones y el índice de rozamiento argüidos  por  el  censor,  empero arribando a una conclusión diversa de la propugnada en  el  libelo,  reiterándose  entonces  que el reparo se restringe al mero disenso  frente  a  las  conclusiones  del  ad  quem, sin demostración de un yerro en la  apreciación  de  las pruebas alegable en la sede extraordinaria.  Sobre el  tópico indicado se razonó así en la sentencia atacada:   

         

“Con  estos  datos  y  sabiendo  que  el  camión  se  encontraba  en  buen  estado de funcionamiento, que sus sistemas de  seguridad  estaban  en  estado  óptimo,  que la vía por donde circulaba estaba  seca  y  recién  pavimentada;  se  puede colegir que aún con una eficiencia de  rozamiento  máxima  (1.00)  para  detenerse  en  14  metros,  no  podía llevar  velocidad superior a 60 Km./h…” (f. 37, cdno. Tribunal).   

         Así  las  cosas, por inexistencia del error denunciado, el reparo  deberá desestimarse.   

         Segundo cargo.   

         El  casacionista  aduce  el  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  porque  al  apreciarse el croquis del  accidente  con  miras  a  determinar  la  velocidad  a  la  que se desplazaba el  enjuiciado  en su vehículo, el Tribunal dejó de considerar la totalidad de las  huellas  de  frenado  registradas  en  dicho  plano,  planteamiento  que resulta  contradictorio  frente al esbozado en el primer reparo, al acusar sobre un mismo  medio   de  prueba  dos  modalidades  diversas  e  incompatibles  del  error  de  hecho.   

         En  efecto,  el falso juicio de existencia se presenta, reitera la  Sala,  cuando  se  ignora  en  forma  absoluta  un  medio de persuasión legal y  oportunamente  allegado  al proceso o cuando se supone uno inexistente.  En  cambio,  el  falso  juicio  de  identidad  se  configura  cuando  se tergiversa,  adiciona  o  cercena  el  contenido  objetivo  de  una  prueba, por lo tanto, su  alegación  respecto  de  un mismo elemento de juicio contraviene la lógica que  gobierna la impugnación extraordinaria.   

         Tal  impropiedad se evidencia cometida  en  el  libelo  examinado,  donde el censor sostuvo, de una parte y en el primer  cargo,  que  el  fallador  ad  quem  ignoró  por completo las declaraciones del  agente  de  tránsito  Campo  Nolbeiro  Caicedo  Parra,  quien se ratificó bajo  juramento  sobre  los  datos registrados en el croquis del accidente, testimonio  que  junto con dicho informe integran una sola prueba; de la otra, en el segundo  ataque,  que  dicho  plano  si  fue  considerado en el análisis del juzgador de  segundo grado pero cercenando su contenido objetivo.   

         En fin, con insuperable deficiencia en  materia  de  técnica, que de manera alguna puede la Sala corregir o enmendar en  virtud  del principio de limitación, el demandante sostiene que ese determinado  medio de prueba fue omitido y a la vez tergiversado.   

Así  las  cosas,  este  otro  cargo  no  prospera, por consiguiente, la sentencia impugnada no se casará.   

         

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         NO       CASAR       el      fallo  impugnado.   

         Cópiese,  comuníquese y devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO ARBOLEDA RIPOLL             JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE           

JORGE  A.   GÓMEZ GALLEGO                               ÉDGAR     LOMBANA  TRUJILLO   

ALVARO        O.        PÉREZ  PINZON                                 NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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