10962(19-11-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 10962  

CORTE     SUPREMA     DE   JUSTICIA   

SALA   DE   CASACION   PENAL   

                      Magistrado Ponente:   

                      Dr. JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

                      Aprobado Acta No. 176   

Bogotá,  D.C., diecinueve de noviembre de  dos mil uno.   

VISTOS  

Decide la Corte sobre la demanda de casación  interpuesta  por  la  defensora de los procesados GEOVANNI MANUEL MALDONADO  RODRIGUEZ  y  GUILLERMO  HERNEY  BERNAL RODRIGUEZ, contra la sentencia proferida  por  el Tribunal Superior de Bogotá, confirmatoria de la dictada por el Juzgado  65  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad, que los halló responsables del  delito  de hurto calificado y agravado, condenándolos a la pena principal de 40  meses  de  prisión  y  la  accesoria  de  interdicción de derechos y funciones  públicas por igual período.   

ANTECEDENTES  PROCESALES   

          En  la  madrugada  del  8  de  septiembre  de  1994, GEOVANNI MANUEL  MALDONADO  RODRIGUEZ  y  GUILLERMO  HERNEY BERNAL RODRIGUEZ abordaron el taxi de  placas  SGB 635 conducido por el ciudadano Luis Alejandro Mejía Ramírez, quien  los  trasladó  hasta  el  barrio Villa del Rio de esta ciudad, sitio en el cual  los  pasajeros intimidaron al conductor con arma cortopunzante y una pistola que  resultó  ser  un  juguete y tras despojarlo de sus pertenencias lo colocaron en  el baúl del rodante.   

          Acto  seguido, los delincuentes asumieron el control del vehículo y  emprendieron  un  largo  recorrido  por  el  sector  sur de la ciudad, hasta que  gracias  al  comportamiento  sospechoso  que  observaron  fueron  retenidos  por  motorizados  de  la  policía,  lo  cual  permitió  poner a salvo la integridad  física del taxista y la recuperación del automotor.   

          Los  capturados fueron  puestos   a   órdenes   de  la  Fiscalía  Cincuenta  Seccional  de  la  Unidad  Especializada  en  Hurto  de  Automotores, quien tras escucharlos en indagatoria  resolvió  la situación jurídica mediante resolución de septiembre 14 de 1994  imponiéndoles  medida  de  aseguramiento de detención preventiva sin derecho a  excarcelación.   

         

          Mediante  providencia  de  fecha  22 de septiembre de 1994, la misma  Fiscalía  concedió  libertad provisional a los procesados  con base en la  causal  del  numeral  7º  del  artículo 415 del Código de Procedimiento Penal  entonces  vigente  al  haberse  operado  la  indemnización  de  los  perjuicios  causados  y  como  quiera que no era exigible la restitución del bien por haber  sido recuperado.   

          El  12  de diciembre de 1994, tras invalidarse un primer intento, se  llevó  a  cabo  diligencia especial de sentencia anticipada a instancias de los  procesados  GEOVANNI  MANUEL  MALDONADO  RODRIGUEZ  y  GUILLERMO  HERNEY  BERNAL  RODRIGUEZ,  acto  en el cual aceptaron los cargos que, como coautores del delito  de  hurto  calificado  y  agravado,  les  formuló la  Fiscal Seccional, de  conformidad  con  los artículos 350 y 351 del Decreto 100 de 1980, debido a que  el  hurto se realizó colocando a la víctima en situación de indefensión; con  violencia  sobre  las  cosas;  por  recaer  sobre  medio  motorizado  y  haberse  ejecutado  de  noche  por  dos  personas  que  se reunieron con dicha finalidad.  También   se   imputó  la  circunstancia  genérica  de  agravación  punitiva  concerniente  a  la  cuantía  superior  a  cien  mil  pesos como lo indicaba el  artículo 372-1 ibídem.   

          La  sentencia  anticipada  fue proferida por el Juzgado 65 Penal del  Circuito  el  26 de enero de 1995, y revisada en apelación fue confirmada en su  integridad  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá mediante fallo de marzo 14 de  1995, el cual es ahora objeto de esta extraordinaria impugnación.   

LA  DEMANDA   

         Un  único cargo al amparo de la causal  primera  de  casación  se formula contra la sentencia, al estimar el censor que  se   incurrió   en   “error  en  la  modalidad  de  exclusión  en  la  apreciación  de la prueba indemnizatoria integral de daños  morales    y    materiales,    realizada    por    los    procesados”,      lo      que      habría     generado     “violación  indirecta  a la ley sustancial por falta de aplicación  de los artículos 374 num. 1 y 7 y 64 del C.P.”   

         Tras   citar   algunos   apartes   de   la   sentencia   impugnada,  específicamente  los  razonamientos  traídos  por  el  Tribunal  para negar la  rebaja  de  pena  consagrada en el referido artículo 374, cuyo texto transcribe  en  su  integridad  junto  con  el  contenido  de  los  numerales  1º y 7º del  artículo  64  ibídem,  advierte  la  defensora que el juzgador incurrió en un  grave   error  al  “desconocer  la  interpretación  literal” de las normas citadas.   

         Así,  agrega,  si  se  analiza  el espíritu del artículo 374 del  Código  Penal que habla de la “REPARACION”, se deduce que con ella se busca  un  efectivo  y rápido resarcimiento de los perjuicios causados con el ilícito  y  estimular  la  conducta  del  procesado  que  quiere  hacer menos nocivas las  consecuencias  que  ha  acarreado  con su conducta. Esta la razón para sostener  que  la  finalidad  buscada  con  la  norma se cumple a plenitud cuando opera la  indemnización  por  la  actividad voluntaria de los sindicados, caso en el cual  los  responsables  se  hacen  acreedores a la rebaja  punitiva con el sólo  hecho   de   indemnizar   pagando   los   perjuicios   de   orden   material   y  moral.   

         Aunque  el  juzgador  afirma  que  nunca  existió por parte de los  procesados  ánimo de reparación del daño causado y menos mostraron actitud de  arrepentimiento,   lo  cierto  es  que  los  mismos  desplegaron  una  actividad  voluntaria  para  indemnizar,  de  donde se pregunta de qué otra manera podían  haber  actuado para demostrar el ánimo de reparación y que procedían conforme  a la ley.   

         En  conclusión,  “es  evidente que el  fallador  violó  por  exclusión de la prueba indemnizatoria, la aplicación de  los  referidos  arts…,  en  cuanto  no  descontó  de  la  pena  resultante la  reducción  de  que  habla el Art. 374 del C.P. ni atendió a la atenuación del  Art.  64,  numerales  1  y 7 por error de desconocimiento o desestimación de la  prueba  indemnizatoria,  que  a  todas  luces  es jurídicamente válida y está  provista de valor probatorio…”   

            Solicita  en  consecuencia,  se  case  parcialmente  el fallo impugnado para que en su lugar se dicte el que en derecho  corresponda  con  una  nueva  dosificación  de  la pena atendiendo los factores  alegados.     De  atenderse  este  pedimento, respetuosamente solicita se conceda a los procesados  el  subrogado  de  la condena de ejecución condicional, pues la personalidad de  los mismos hace suponer que no requieren tratamiento penitenciario.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

         El  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo  Penal  encuentra  que la  demanda  adolece  de  deficiencias  técnicas  que  conllevan su desestimación.   

         Si  la  argumentación  del libelista se encaminó a sugerir que el  Tribunal  incurrió  en  violación  indirecta  de la ley sustancial generada en  error  de  hecho  por falso juicio de existencia por omisión de la prueba sobre  la  indemnización  integral  de  los  daños  morales  y  materiales, ha debido  demostrar  el  desconocimiento  objetivo que de tal medio de convicción hizo el  fallador  en el análisis correspondiente y la trascendencia de una tal omisión  de cara a las conclusiones del fallo.   

         Pero  además  de que el censor omitió dicha obligación, el cargo  resulta  desacertado  porque de la simple lectura de la sentencia se observa que  el  fallador  si  apreció  la  prueba  sólo que contrario a la pretensión del  defensor,  determinó a partir de ella la no concesión de la rebaja de pena por  la que se propugna en el libelo.   

         Además,  agrega, el vicio in iudicando es proyectado erradamente a  la  falta  de  aplicación  de  los  artículos  374  y  64  del  Código Penal,  aseveración  que  exigía  la  comprobación  objetiva  de  un  falso juicio de  selección  de  esos  preceptos  por parte del sentenciador, en el entendido que  los  inaplicó,  demostración  para  la cual se ve imposibilitado el demandante  toda  vez  que  las normas si fueron interpretadas en la sentencia, claro que en  opuesto sentido al de su personal criterio.   

         De  allí  que,  en  un  indebido  viraje  al  ámbito de la causal  primera  de  casación,  cuerpo  primero, el censor se ve precisado a demostrar,  sin  mayor  acierto,  la  interpretación  errónea  de  los preceptos aludidos,  desconociendo  el  imposible  técnico  que ello representa, pues tales vías de  ataque se excluyen al interior de una misma censura.   

         No  obstante,  sin  perjuicio  de  los  insalvables desaciertos que  aquejan  el  libelo,  encuentra  que  la  denegación  de  la rebaja de pena por  concepto  de  la  indemnización  integral de perjuicios, se basó en argumentos  expuestos  de antaño por esta Sala de Casación Penal, entre ellos el contenido  en    la    sentencia    del    22   de   junio   de   1988   cuya   cita   trae  textualmente.   

         Concluye  sugiriendo  desechar  la  censura y por tanto no casar la  sentencia acusada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Como  la demanda se dirige contra una sentencia anticipada proferida  dentro  del trámite abreviado previsto por el  artículo 37 del Código de  Procedimiento   Penal   entonces  vigente  y  la   censura  apunta  al  reconocimiento  de  la  diminuente   punitiva  establecida  en  el precepto  sustancial  cuya  aplicación  se  reclama en  el  libelo –artículo  374  del  decreto  100  de  1980-,  esta  circunstancia  permite  sostener  que  se satisface el presupuesto  relacionado   con  el  interés  para  recurrir  en  sede  extraordinaria,  pues  corresponde  a uno de los temas señalados por el artículo 37B-4 del Código de  Procedimiento  Penal vigente a la sazón como susceptibles de invocarse por vía  de  impugnación,  el  cual,  en  este caso, no es otro que el reclamo contra la  forma   como   se   llevó   a   cabo   la  individualización  judicial  de  la  pena.   

         

         En  realidad,  a  pesar  de  la  confusión  técnica que revela la  demanda  en  algunos  apartes,  no  es  difícil advertir que la pretensión del  casacionista  es  denunciar  una  violación  directa de los artículos 374 y 64  numerales  1º  y  7º del anterior Código Penal (artículos 269 y 55 numerales  1º  y  6º de la Ley 599 de 2000) y que se concreta en una falta de aplicación  de  los preceptos, que según el señor Procurador Delegado es equivocada debido  a  que  la  normas  si fueron analizadas por el fallador en la sentencia atacada  para    declarar   que   no   procedía   el   reconocimiento   de   un   efecto  favorable.   

         Sin  embargo,  como  reiteradamente  lo  ha  sostenido  la Sala, no  porque  la  norma  jurídica  haya  sido  analizada  en  la sentencia es posible  predicar  que  ella  ha  sido aplicada,  pues ciertamente que un equivocado  entendimiento  de  un precepto sustancial puede dar lugar a que éste se deje de  aplicar o a que se aplique indebidamente.   

          Por  eso, en eventos como el que se analiza, donde el actor demanda  la  aplicación  de  un  precepto  sustancial que los juzgadores de instancia no  aplicaron  siendo  el  llamado  a  regular  el caso, el concepto o sentido de la  violación  a  invocar  deberá  ser falta de aplicación, independientemente de  los  motivos  que  hayan  podido  haber determinado ese yerro.      

          De  otra  lado, es cierto que cuando se invoca respecto de una misma  norma  interpretación  errónea  y  falta  de  aplicación  como sentidos de la  violación  en forma autónoma e independiente, sin establecer entre ellos   relación   de   determinación   del   uno  al  otro,  el  planteamiento  será  contradictorio  y  por  tanto inaceptable desde el punto de vista técnico. Pero  esta  no  es la situación que se presenta en el caso a estudio, pues de entrada  el  censor  fundamenta  la  causal  alegada  en  la  falta de aplicación de los  preceptos   sustantivos,   y   ya   en   el  desarrollo  del  cargo  critica  la  interpretación  que  el  Tribunal  hace  del  artículo 374 al exigir ánimo de  reparación  y  actitud  de arrepentimiento a los procesados, cuando en criterio  del   demandante   la   finalidad   de   la   norma  se  cumple  “cuando  opera  la indemnización por la actividad voluntaria de los  sindicados”.   

          En  lo concerniente a lo fundamental del reparo casacional, esto es  la  violación  del  artículo  374  del  recientemente  derogado  Código Penal  (artículo  269  del la Ley 599 de 2000), impera recordar que la Corte, en fallo  mayoritario  del  23  de  noviembre de 1998 con ponencia del Magistrado Fernando  Arboleda  Ripoll,  dejó   sin piso las  exigencias de arrepentimiento  al  procesado  en la reparación del daño y la indemnización de los perjuicios  de  que  trata el referido precepto, las cuales ahora consideran necesario tanto  el  Tribunal   que  emitió  la  sentencia   recurrida  como   la  Procuraduría Delegada en su concepto.   

         En  el  citado  antecedente  jurisprudencial  plasmó  la  Sala  el  siguiente criterio que ahora reitera:   

“Para   la  operancia  de  la  rebaja,  la  norma solo exige que el responsable restituya el  objeto  materia del delito o su valor, e indemnice los perjuicios ocasionados al  ofendido  o  perjudicado. Las motivaciones que hayan podido haber determinado su  decisión,  o  los  sentimientos  que  haya  experimentado  al  hacerlo,  no son  aspectos  que  determinen la aplicación o no de la consecuencia jurídica.  De            allí           que           su           exigencia           sea  ilegítima.          

Si  lo  pretendido  a  través de la rebaja  consagrada  en  el  norma  fue  crear  un  mecanismo  de  estímulo  para que el  procesado  haga cesar los efectos de la conducta delictiva mediante el reintegro  del  objeto  material  del  delito o su valor, y la indemnización al ofendido o  perjudicado,  dicho  propósito  resultaría  comprometido  con  las  exigencias  adicionales  anotadas,  ante  la  certeza  de  que  aún  reparando el daño, la  retribución   anunciada   (reducción   de   pena)   podría   terminar  siendo  desconocida”.   

También    dijo   entonces   la   Sala  que:   

“Si el objeto  material fue recuperado,  o  no  alcanzó  a  ser objeto  de apoderamiento como acontece  en las  tentativas,  la reducción se obtiene si el responsable indemniza los perjuicios  causados  con  el hecho punible, de acuerdo con la estimación que de ellos haga  bajo  juramento    el  perjudicado,  o la que pericialmente se realice  (art.  295  C. P. P.),  a la vez que precisó que esa reparación “debe ser  integral.   Esto  significa  que  las restituciones e indemnizaciones deben  ser  totales,  no parciales.  Los resarcimientos incompletos, solo ameritan  el  reconocimiento  de  la circunstancia genérica de atenuación prevista en el  artículo 64.7 del Código Penal”.   

De  igual  manera  se  ha  señalado  que la  reducción  de  pena  por  ese  factor  no  es  facultativa, que es de carácter  objetivo,  que  la indemnización ha de ser integral, que la rebaja es extensiva  a  los  partícipes, y que sólo los demás sujetos procesales pueden objetar la  estimación  hecha  por la víctima; asimismo, que si éste no reclama perjuicio  moral  es porque lo consideró inexistente, razón por la cual el funcionario no  puede  cuestionar  su  pretensión  indemnizatoria, aunque es su deber verificar  frente  a la fijación de los perjuicios por parte del ofendido, que ella recoja  el  querer  de  la  ley  para que sea integral o completa y no se convierta esta  constatación  judicial  en  un  acto  de  rutina negligente y superficial, como  suele  ocurrir  con  muchos  de  los  interrogatorios  que se verifican sobre el  particular.   

En el presente caso, la casacionista estima  que  sus  representados  indemnizaron de manera voluntaria a la víctima por los  perjuicios  morales  y  materiales causados con su ilícito proceder, con lo que  considera  acreditada  la  causal de rebaja de pena que  el Tribunal dejó de aplicar.   

En orden a verificar los argumentos expuestos  por  la  demandante,  encuentra  la  Sala  que  luego  de  haberse  afectado con  detención  preventiva  a  los  procesados GEOVANNI MANUEL MALDONADO RODRIGUEZ y  GUILLERMO  HERNEY  BERNAL  RODRIGUEZ,  su defensora común solicitó la libertad  provisional  con base en la causal del numeral 7º del artículo 415 del Código  de  Procedimiento  Penal  entonces  vigente,  para  cuyo fin anexó un documento  firmado  por  el  denunciante  Luis Alejandro Mejía Ramírez, con constancia de  presentación  personal  ante  una  notaria  del  círculo  de  esta ciudad, del  siguiente tenor:   

“Yo,   LUIS  ALEJANDRO  MEJIA  RAMIREZ, identificado como aparece al pié de mi firma, dentro  del  proceso  de  la  referencia  del  DELITO  DE  HURTO  CALIFICADO Y AGRAVADO,  manifiesto  en  forma libre y espontanea y bajo la gravedad del juramento que he  recibido  el  pago  por  la  indemnización  integral  por  los perjuicios tanto  materiales  como  morales  sufridos  con  el  hecho  punible  que  se investiga,  igualmente   manifiesto  que  renuncio  a  cualquier  reclamación  civil  o  de  cualquier otro carácter”.   

         De  otro  lado,  aparece demostrado que el  objeto    material    del    hurto    calificado    y    agravado   –taxi de placas SGB 635- fue recuperado  gracias  a  la  oportuna  intervención  de  las  autoridades, de donde sólo es  exigible  para  efectos  de la rebaja en estudio que los responsables indemnicen  los perjuicios morales y materiales causados con el hecho punible.   

         La  negativa  del  Tribunal a reconocer la rebaja de pena por dicho  concepto,  se  funda  especialmente  en el hecho de que la entrega de la suma de  dinero  que  hicieron  los  procesados  al ofendido y cuyo valor sólo se vino a  determinar  en  esa instancia, tuvo como exclusiva finalidad la obtención de la  libertad  provisional, “pero nunca existió de parte  de  los  inculpados  ánimo  de  reparación en cuanto al daño causado, y menos  mostraron actitud de arrepentimiento”.   

        Como  dicha  argumentación se basa en un criterio jurisprudencial  superado  y en consideración a que el ahora imperante favorece los intereses de  los  procesados,  obligado  se  hace  reconocer  que  en  el  presente caso hubo  reparación  integral  y que la rebaja de pena dispuesta en el artículo 374 del  Código  Penal  vigente  en ese entonces resulta imperativa, según las premisas  que vienen de ser establecidas.   

        Por  tanto,  se  casará  el  fallo  impugnado  para reconocer una  rebaja  de  pena  por  reparación  respecto  del  delito  de hurto calificado y  agravado, como lo solicita la demandante.   

        Para  tal  efecto, se partirá de los parámetros de dosificación  aplicados  por  los  juzgadores  de instancia, sobre los cuales no tiene la Sala  reparo  alguno  que  hacer,  en tanto la censura por violación de los numerales  1º  y  7º del artículo 64 del Código Penal no puede prosperar dado que   la  casacionista no demostró en forma objetiva un falso juicio de selección de  esos  preceptos  por parte del Tribunal, en el entendido que los inaplicó, pues  recuérdese  que  toda la argumentación se encaminó exclusivamente a demostrar  el  yerro  frente  a  la  falta  de  aplicación del precepto del artículo 374,  dejando  de  lado lo concerniente a este otro cargo, falencia que por razón del  principio de limitación no puede entrar a suplir la Corte.   

        El  siguiente  fue  el  criterio  adoptado por el Tribunal para la  determinación de la pena:   

        “Como  se  anotó en precedencia, el  comportamiento  tanto de Geovanni Maldonado Rodríguez, como de Guillermo Herney  Bernal  Rodríguez,  se enmarcó dentro de los lineamientos del denominado hurto  calificado  y  agravado,  por  la  violencia  que  ejercieran sobre su víctima,  trascendiendo  los  limites  del  respeto  por  la  dignidad  humana; y sobre el  automotor, al romperle el radioteléfono.   

Atendiendo   tales  razonamientos,  esta  instancia  impone  como  principal  la  pena  de  treinta  y  seis (36) meses de  prisión  que  se  verá  aumentada  en  doce  (12)  meses,  por  los agravantes  establecidos  en  los  numerales 6, 9 y 10 del artículo 351, porque se cometió  respecto  de  un vehículo automotor, al amparo de las sombras de la noche y por  dos  personas que se unieron para dicha finalidad; y doce (12) MESES más por la  genérica  del  numeral  primero  del artículo 372 ibídem, pues el valor de lo  hurtado superó los cien mil pesos.   

        En  estas condiciones, tenemos que la pena a imponer es la sesenta  (60)  meses de prisión, rebajada en una tercera parte, por lo establecido en el  artículo 37 del código de Procedimiento Penal”.   

          En  este  orden  de  ideas,  a la pena de 60 meses dosificada por el  Tribunal,  por  la  reparación se le hará la rebaja  del  mínimo  establecido  en  la  norma  (la  mitad), en razón de la gravedad,  circunstancias  y modalidades del hecho punible (artículo 374.2 C.P.), y a este  guarismo  de  treinta  (30)  meses se le aplicará la rebaja de la tercera parte  por  sentencia  anticipada,  para  una  pena  definitiva de VEINTE (20) MESES DE  PRISION.   

         

          En  el mismo término de la pena principal se fija la pena accesoria  de    interdicción    de    derechos   y   funciones   públicas   para   ambos  procesados.   

          Debe  señalarse  que no hay lugar a dar aplicación al principio de  favorabilidad,  ya  que  el  nuevo  Código  Penal  que  recientemente entró en  vigencia  (ley  599 de 2000), señala en su artículo 240 una punibilidad mayor,  pues  la  pena  mínima  es  de  cuatro (4) años de prisión cuando el hurto se  comete  con  violencia  sobre  las  personas, circunstancia esta que se declaró  probada  en  la  sentencia  impugnada. De otro lado, la disminución de pena por  reparación  se  fija  en  el  artículo 269 en el mismo monto determinado en la  norma anterior.   

        Definida  la  pena  por  debajo de los 36 meses de prisión a que se  refiere  el  artículo 68 del Código Penal derogado (hoy artículo 63 de la ley  599  de 2000), es necesario considerar el factor subjetivo para decidir sobre la  procedencia de la condena de ejecución condicional.   

          Atendida  la  modalidad  y  gravedad de la conducta punible, esto es  por  tratarse  de una manifestación de la delincuencia organizada para el hurto  de   automotores,   cuyos   agentes  actúan  a  mano  armada  sobre  indefensos  conductores  poniendo  en grave riesgo sus vidas o la integridad personal por la  concupiscencia         por   el   dinero,   no  se  accederá  al  subrogado  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena,  pues  aunque  estos factores no son los únicos que deben analizarse para  definir  el punto, sí tienen especial importancia, y la decisión de otorgar el  sustituto   demanda   que  el  favorable  pronóstico  de  que  no  se  requiere  tratamiento  penitenciario  se  base en la apreciación de todos los elementos a  que alude la norma.   

Tal  la razón para que se niegue la condena  condicional  y  se  disponga  la  activación  de  la  captura de los procesados  GEOVANNI    MANUEL    MALDONADO    RODRIGUEZ    y    GUILLERMO   HERNEY   BERNAL  RODRIGUEZ.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL, administrando Justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

1.-   CASAR   parcialmente   la  sentencia  impugnada.   

2.-  En  consecuencia,  la  condena  que  deberán   purgar    GEOVANNI  MANUEL  MALDONADO  RODRIGUEZ  y GUILLERMO HERNEY BERNAL RODRIGUEZ por el delito de hurto calificado  y  agravado  será de veinte (20) meses de prisión y  de  interdicción en el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo  lapso.   

3.-  Los  procesados  no  tienen  derecho al  subrogado  de  la  condena de ejecución condicional; por consiguiente, para que  purguen  la  pena  en  el  establecimiento  carcelario  que designe el INPEC, se  ordena  la  captura  de  GEOVANNI  MANUEL MALDONADO RODRIGUEZ y GUILLERMO HERNEY  BERNAL RODRIGUEZ.   

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJIA ESCOBAR  

No hay firma  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA   

HERMAN           GALAN  CASTELLANOS           CARLOS  A.  GALVEZ  ARGOTE                

JORGE       ANIBAL       GOMEZ  GALLEGO                 EDGAR         LOMBANA  TRUJILLO               

ALVARO       ORLANDO       PEREZ  PINZON                   NILSON            PINILLA  PINILLA                        

Aclaración de voto  

Teresa Ruíz Nuñez  

Secretaria  

    

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