15693jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15693  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

          Magistrado Ponente:   

          Dr. JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

          Aprobado acta N° 113   

Santafé de Bogotá, D.C., cinco (5) de julio  de dos mil (2000).   

         V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  HÉCTOR SILVIO DAZA OJEDA.   

         A N T E C E D E N T E S   

1.-   El  juzgador de segunda instancia  sintetizó los hechos así:   

         “El  26  de  junio de 1997, miembros de la Estación de Policía de  Quimbaya  (Quindio),  por  informaciones  recibidas  de  la ciudadanía tuvieron  conocimiento  que  en la casa 17 del Bloque B, barrio Apoquín de ese municipio,  se guardaban alucinógenos.   

         “En  tal  virtud  y  previa  aquiescencia  de  sus  moradores  para  efectuar  una  requisa  a  la  citada  vivienda,  los  agentes  de  la  Policía   

ingresaron a sus dependencias y encontraron  debajo  de una cama ubicada en la habitación principal, una bolsa contentiva de  siete  paquetes  prensados,  cada uno de un peso aproximado de un kilogramo y en  su  interior  una  sustancia  que  resultó ser bazuco. Además, otro kilo de la  misma  sustancia  distribuida  en 18 paquetes pequeños igualmente integrando la  misma  bolsa.  También  fueron  halladas  dos  grameras,  una  camuflada  en un  recipiente  para  almacenar  arroz y la otra en el patio de la vivienda, razones  por  las  cuales  y  para  los  consiguientes  pesquisorios  se  procedió  a la  aprehensión  de HÉCTOR SILVIO DAZA OJEDA,  quien habitaba junto con su esposa y dos hijos y sobre quien los  agentes  dedujeron  eventual  compromiso  en  la  ilícita  detentación  de  la  sustancia”.   

2.-   Un  juzgado  regional  de  Cali,  mediante  sentencia  del  13  de  julio  de 1998, absolvió al procesado Héctor  Silvio  Daza  Ojeda  de los cargos que le fueran formulados en la resolución de  acusación, por transgredir la ley 30 de 1996.   

Consultada la sentencia, el Tribunal Nacional  la  revocó,  el  26  de  octubre de 1998 y, en consecuencia, condenó a Héctor  Silvio  Daza  Ojeda  a  las penas principales de 12 años de prisión y multa de  200  salarios  mínimos  legales  mensuales,  y  a las accesorias de rigor, como  infractor  de  los  artículos  33  y 38-3 de la Ley 30 de 1986, fallo contra el  cual  se  interpuso el recurso extraordinario de casación y dentro del término  de ley se presentó la respectiva demanda.   

         

LA     DEMANDA     DE   CASACION   

El  defensor  del  acusado,  al amparo de la  causal  primera,  presenta un único cargo contra la sentencia del Tribunal, por  cuanto   estima   que   es   violatoria   de   manera  indirecta  de  una  norma  sustancial.   

Afirma   que   el   Tribunal   “ignoró  o  subestimó”,  el  testimonio  del  Elí Cruz, quien en su declaración concuerda  con  el  dicho del procesado, al afirmar que es una persona de pocas palabras “y  casi  de  torpeza  mental”.  Además,  fue  enfático  en  sostener que éste es  inocente  “y  que  si  se  brindó  a guardar la droga fue por pura ingenuidad o  tontería,  pues  no  entendió la seña que le hizo indicativa de que no debía  hacerlo…”.   

Asevera  que  también se desconocieron “las  declaraciones  (injurada  de Olmedo Naranjo Ramírez y bajo juramento del agente  Heriberto  Galvis  Cardona)”.  El  primero adujo que él acompañó a la persona  que  dijo  ser  la propietaria “de la mercancía farmacéutica”, esto es, al que  engañó  al  procesado.  Posteriormente, copia una parte de la declaración que  rindió el agente Galvis.   

La firmeza, claridad y contundencia de estos  deponentes,  dice,  condujo  al  Juez  Regional  a  absolver al procesado y para  corroborarlo transcribe la parte pertinente de la sentencia.   

Señala que el argumento que tuvo el Tribunal  para  condenar al procesado, consistió en que la declaración de Olmedo Naranjo  Ramírez  fue  rendida  con  posterioridad   “a los hechos objeto de esta  investigación”  y, por ende, fue susceptible de manipulación “en su fuente  y contenido”.   

Reconoce  que en nuestro sistema procesal no  opera  la tarifa legal de pruebas. No obstante, dice que no es aceptable que las  motivaciones  de  la  sentencia sean caprichosas e inventadas, habiendo, en este  caso, prueba relevante en torno a la inocencia del procesado.   

A continuación agrega:  

         “Esta  prueba  testimonial  y única demuestra la inculpabilidad de  mi  cliente,  ha  sido desconocida por el Tribunal sin decir por qué, o sin dar  una explicación seria.   

         “Es  aquí,  Honorables Magistrados, donde se pone de manifiesto la  violación  del  art.  247  del  C.  de P. Penal, ya que se está condenando sin  tener   (porque   no   puede  tenerse)  certeza  sobre  la  responsabilidad  del  acusado…”   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia recurrida y, en consecuencia, absolver al procesado.   

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

La  demanda  presentada  por el defensor del  procesado  no  reúne  los  requisitos  de  claridad  y  precisión que exige el  artículo 225 del Código de Procedimiento Penal para su admisión.   

Del  solo  enunciado  se  advierte  que  el  libelista  desconoce  los  parámetros  jurídicos  y  técnicos  que  rigen  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, pues no indica cuál fue la norma  sustancial   quebrantada  ni  su  sentido,  esto  es,  falta  de  aplicación  o  aplicación  indebida.  Así  mismo  no  dice cuál fue la clase de error en que  incurrió el Tribunal ni el falso juicio que lo generó.   

Aunque  en  el  desarrollo  de  la  censura  pareciera  orientarse hacia el error de hecho por falso juicio de existencia, al  afirmar  que  el  fallador  ignoró  varios  medios de prueba, sin embargo no lo  demuestra  ni  tampoco su trascendencia frente a la parte dispositiva del fallo,  limitándose  a  cuestionar  el  mérito  otorgado  por  el  sentenciador  a los  elementos  de convicción, sin acatar que esa discrepancia no configura desatino  demandable  en  casación,  prevaleciendo el criterio del fallador, por venir la  sentencia amparada por la doble presunción de acierto y legalidad.   

En  efecto,  critica  al  Tribunal por haber  “subestimado”  el  testimonio  de Elí Cruz, cuando sostuvo que el procesado  es  de pocas palabras  “y casi de torpeza mental” y, por tal motivo, no  le  entendió  la  seña  de  que  no  debía guardar la droga, y por no haberle  otorgado credibilidad a Olmedo Naranjo Ramírez.   

Frente a los anotados yerros de la demanda y  dado  que a la Corte no le es permitido, en virtud del principio de limitación,  entrar  a  suplir  sus  inconsistencias, se impone su rechazo, de acuerdo con lo  dispuesto por el artículo 226 del Código de Procedimiento Penal.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION PENAL,   

         R E S U E L V E   

RECHAZAR IN LIMINE  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  HÉCTOR    SILVIO    DAZA   OJEDA.   En  consecuencia, se declara desierto el recurso interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso (art.197 del Código de Procedimiento Penal).   

Devuélvase al Tribunal de origen.  

Comuníquese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE                            JORGE    ANIBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                        CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                            NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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