15690dic

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15690  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

DR. MARIO MANTILLA NOUGUES  

APROBADO ACTA No. 211  

Bogotá, D.C., dieciocho (18) de diciembre de  dos mil (2000).   

VISTOS  

                                  Resuelve   la   Sala  si  el  recurso  extraordinario  de  casación  intentado  por  el  defensor  del procesado FRANCISCO JOSE PEÑALOZA CASTRO, por  vía  excepcional  del inciso 3° del artículo 218 del Código de Procedimiento  Penal,  resulta  admisible,  contra la sentencia proferida por la Sala Penal del  Tribunal Superior de Bogotá.   

ANTECEDENTES  

                                            

                                          Funcionarios  del  Ministerio  de Comunicaciones  advirtieron  sobre  la  ilegalidad  de  la instalación del servicio gratuito de  televisión  vía  satélite  para  la  ciudad de Ibagué, mediante “señal al  aire  a  través  de  cuatro canales por antena parabólica y el sistema VHF“,  prevención  que  formularon  el  22  de noviembre de 1991 en debate suscitado a  raíz  del  tema en la Comisión del Plan del Concejo Municipal de la mencionada  ciudad,  al cual también asistieron los entonces Jefe de la División Jurídica  de  la  Alcaldía,  Dr.  JULIO CESAR MONTAÑES, y el Alcalde, Dr. FRANCISCO JOSE  PEÑALOZA  CASTRO,  así  como  la representante de la firma “ Camelo A.B.C. e  hijos  S.  en  C. Dotaciones Comunicaciones y Tecnologías, señora ALBA CECILIA  CAMELO SUAREZ.   

                                          El  Concejo  Municipal  impartió aprobación al  proyecto  presentado por el Alcalde PEÑALOZA, convirtiéndose en Acuerdo 073 de  noviembre  26  de 1991, mediante el cual se adjudicó para el efecto una partida  de  $  50.000.000,  autorizándose al burgomaestre a contratar directamente, sin  sometimiento  a  las  normas de licitación contenidas en el Código de Régimen  Fiscal  y  Municipal.  El 28 de noviembre siguiente, con la empresa representada  por   la   señora  CAMELO  SUAREZ,  firmó  el  contrato  numero  094  para  la  adquisición  del  servicio a que se viene haciendo referencia para el municipio  de  Ibagué,  por la suma de $ 43.500.000, entrando por consiguiente a funcionar  el discutido sistema de televisión.   

                             Poco duró la contratada señal, pues el  6   de   mayo  de1993  el  Ministerio  de  Comunicaciones  promovió  actuación  administrativa  contra  la  Alcaldía  y  dispuso  la  suspensión  del  uso del  espectro  electromagnético  para  sus  abonados,  a  consecuencia de lo cual el  ciudadano SALIN SEFAIR denunció penalmente a PEÑALOZA CASTRO.   

                                       Adelantada    la  investigación,  la  Fiscalía  confirmó  en  segunda  instancia el 29  de  abril  de  1994  la  resolución de acusación dictada contra el ex Alcalde, por  los  delitos  de prevaricato omisivo y contratación sin el lleno de requisitos.  Iniciado  el juicio el proceso fue cambiado de radicación del Distrito Judicial  de  Ibagué  al  de  Bogotá  –  Juzgado  31  Penal del Circuito -, más como el  procesado  asumió  la  investidura de Gobernador de su Departamento, por razón  del  fuero,  el  asunto  fue remitido a la Corte por competencia, de donde, a la  dejación  de  dicho  cargo,  nuevamente  volvió  al  juzgado para continuar el  trámite de primera instancia.   

                                   El   procesado  fue  condenado  por  el  a  quo  por  el  delito  de  celebración  de  contrato sin cumplimiento de requisitos legales y absuelto del  prevaricato  omisivo, en fallo que el Tribunal Superior del Distrito, al desatar  los  recursos  de  apelación  interpuestos,  modificó  parcialmente  sólo  en  relación   con   el   rubro  de  perjuicios  ocasionados  con  la  infracción.   

                                 

LA IMPUGNACION  

                                         Notificado  de la sentencia de segundo grado, el  representante  de  la  defensa  manifiesta  su propósito de interponer  el  recurso  de  casación excepcional contemplado en el tercer inciso del artículo  218  del  C.P.P.  por tratarse el delito materia de la condenación del previsto  en el art. 146 del C.P.   

                                          En  la  sustentación de la impugnación explica  que  el  Tribunal  de  Ibagué  confirmó  la  sentencia  de  primera instancia,  violando   al   procesado   los  principios  fundamentales  de  favorabilidad  y  legalidad,  reconocidos  en  el art. 29 de la Constitución Nacional, los cuales  considera necesario garantizar en sede extraordinaria.   

                               En relación  con  la favorabilidad, afirma que el problema jurídico estriba en establecer si  se  requería  o  no  de  previa  autorización  por  parte  del  Ministerio  de  Comunicaciones,  “toda  vez  que  no era claro si se trataba de un servicio de  televisión   formalmente   entendido   o   de   la   simple   transmisión   de  señales”.   

                                El decreto  1990  de  1990 y la ley 14 de enero de 1991 regulaban el servicio de televisión  y  radio  difusión  oficial. Con la Constitución Política de 1991, en el art.  77,  se definió que las políticas de televisión las determinaría la ley, por  lo  que se expidió la ley 182 de 1995, en cuyo art. 25 – parágrafo – “acepta  la existencia de recepción libre de señales incidentales”.   

                                                La  autorización  previa en este caso con la legislación posterior  a  la  Constitución  de 1991 quedó cuestionada “ya que de estar instituida o  reglamentada  como  tal,  el  legislador  hubiera omitido el parágrafo del Art.  25   de  la  precitada ley”, concluyendo el peticionario que “existían  en  el  territorio  colombiano  sistemas  de  televisión  que  operaban sin ese  permiso”,  por lo que si éste no era necesario y los fallos de las instancias  se  dictaron  con  posterioridad  a  la  ley 182 de 1995, debe colegirse que con  ésta   “las   posibles   irregularidades   imputadas  han  quedado  de  plano  subsanadas”,  transgrediéndose el principio de favorabilidad consagrado en el  art. 29 de la C.N.   

                                                El  principio  de legalidad fue desconocido porque el Tribunal erró  al  complementar  el tipo penal en blanco aplicado (art. 146 del C.P.), al decir  que  el  procesado  debió acoger el régimen de contratación establecido en el  decreto  222  de  1983  y  no la ley 19 de 1982, mediante la cual se facultó al  gobierno  a  expedir  ese estatuto, en la que se estableció autonomía para los  entes  territoriales  a  fin  de disponer “sobre formación y adjudicación de  los  contratos  que celebren y cláusulas de los mismos conforme a sus intereses  y  a  las  necesidades del servicio, reservando a la ley posterior… las normas  sobre   tipos   de   contratos,   clasificación,   efectos,  responsabilidad  y  terminación,  así como el régimen de inhabilidades y e incompatibilidades”.   

                                A pesar de  ponerse  de  presente  al  fallador  la colisión de las normas, “su decisión  denota  enormes contradicciones en la complementación del tipo penal, acudiendo  a  elementos extrapenales del mismo Decreto (art. 43), con el agravante de dejar  de   lado   un  análisis  jurídico  razonado  que  fundamente  su  postura”.   

CONSIDERACIONES  

                                          El  recurso  extraordinario de casación, cuando  se  intenta por vía excepcional, con base en el inciso tercero del art. 218 del  C.P.P,  requiere no sólo que se trate de una sentencia de segundo grado, la que  de  haber  sido  proferida  por un Tribunal debe referirse a delitos sancionados  con  privación  de  la libertad inferior a los seis años o no ser privativa de  la  libertad,  si el fallo proviene de un juzgado de circuito no importa la  naturaleza  de  la  pena ni su quantum. No basta tampoco que el impugnante esté  legitimado  para  recurrir  por  ser  alguna  de las personas que menciona aquel  precepto,  ni   que  sea interpuesto en tiempo, sino que es menester que se  exprese  fundadamente  los  motivos  por  los  que  se  considera violada alguna  garantía  fundamental  o  por  qué  se  hace  necesario  el  desarrollo  de la  jurisprudencia,  pues sólo a esos dos eventos se restringe la admisibilidad del  recurso.   

         

                             En estos casos es deber del peticionario  demostrar  la  necesidad de que la Corte entre a conceder el recurso, precisando  de   manera   razonable,   lógica   y   jurídica  los  derechos  fundamentales  garantizados  en  la  Constitución  Nacional  y  que  hubieren sido vulnerados,  estableciendo  ciertamente  el  desconocimiento  y  su trascendencia, pues no se  trata  de  poner  en evidencia cualquier clase de irregularidad sin repercusión  alguna.  La  naturaleza  rogada  del  recurso exige fundamentar adecuadamente el  motivo  aducido,  para  que  la  Sala  conozca el alcance que se persigue con su  ejercicio.   

                                        El  propósito  de  la  sustentación es  establecer  la  real  presencia  de  algunas  de las dos causas que autorizan el  recurso  y  definir  los  supuestos  para  la  demanda  que  ha  de  presentarse  posteriormente1   

, de tal manera que si aquélla se omite, o no  es  clara,  la  inadmisibilidad  del recurso se impone, dado que en este caso la  Corte  sólo podría moverse en el terreno de las suposiciones, lo cual no tiene  cabida  en  estos  casos,  pues para acceder a la casación discrecional la Sala  debe  contar  con  elementos  de juicio que justifiquen el trámite por esa vía  excepcional.   

                             En el presente  caso,  la exposición del promotor del recurso no conduce al motivo de casación  excepcional  invocado,  pues  la  sustentación del libelista confrontada con la  realidad  jurídica  invocada como sustento de la pretensión, en lugar de poner  en  evidencia   la  razón para  darle cabida a su aspiración, lo que  demuestra  es  el  propósito  de  hacer  un  reexamen  de  lo que cree que a su  poderdante  debió  serle  considerado,  buscando  que  la  Sala  tercie  en  la  disparidad   de  criterios  que  el  recurrente  tiene  con  los  falladores  de  instancia,  en  temas  en  donde  no  existe  conflicto  de normas respecto a la  exigencia   del  requisito  de  la  autorización  previa  y  las  disposiciones  aplicables en materia de contratación administrativa.   

                              Al  sustentar  el  desconocimiento  del  principio  de  legalidad,  sostiene  el demandante que el fallador dejó de lado  “un    análisis   jurídico   razonado,   que   fundamente   su   postura”,  argumentación  propia de un desconocimiento del debido proceso o del derecho de  defensa,  por  falta  de  motivación,  más  no  del  principio  de  legalidad,  resultando  en  este  aspecto  incoherente la fundamentaron del recurso. De otra  parte,  se  infiere  de  las  alegaciones  presentadas,  que la inconformidad es  propia  de  una manera diferente de apreciar la situación, se reduce a una mera  diferencia  de criterios en cuanto a las disposición aplicables y el alcance de  las  mismas, argumentos que por sí mismos no constituyen razón suficiente para  autorizar la casación discrecional.   

                               

                               La Corte, en  sentencia    de    fecha    15   de   diciembre   de  2000,  en  el  proceso  radicado  al  número  12.397,  adelantado  contra JULIO CESAR MONTAÑEZ ROA (Jefe de la Oficina Jurídica de la  Alcaldía  de  Ibagué)  por los mis hechos que en este proceso han dado lugar a  juzgar  la  conducta  del  Alcalde  de  ese  entonces  FRANCISCO  JOSE PEÑALOZA  CASTRO,    con   ponencia  del  doctor  FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL,  se  pronunció  en  relación  con  la  necesidad del permiso y las disposiciones de  contratación   administrativa  que  debieron  seguirse  para  los  efectos  del  contrato  094  de noviembre 28 de 1991, antes y después de la expedición de la  ley 182  de 1995, en los siguientes términos:   

“De  cualquier  forma, ambos razonamientos  serían  equivocados.  El  primero, porque no es cierto, como ya se dejó visto,  que  la ocupación del espectro electromagnético pudiera hacerse sin contar con  autorización  previa  del  Ministerio  de  Combinaciones. El segundo, porque la  circunstancia  de  que  el nuevo orden constitucional hubiera delegado en la ley  la   reglamentación   del   servicio   de   televisión   y   el   régimen  de  telecomunicaciones,  no  significa  que  con  anterioridad a la Constitución no  existieran  normas  que los reglamentara, o que existiendo hubiesen perdido ipso  facto vigencia.   

“……………………………………………………………………………………………………………….   

“Tampoco  resulta posible sostener que las  normas  del  Decreto 1900 de 1990 que establecían condiciones o limitaciones al  uso  del  espectro  electromagnético,  y  por ende la obtención de licencias o  permisos  (artículos  2º,  20,  39,  40, 48, 50 y 52), hayan sido afectadas de  inconstitucionalidad  sobreviniente,  pues  la  citada Corporación en Sentencia  No.  C – 189 de abril 19 de  1994,  las encontró ajustadas al ordenamiento jurídico, tras considerar que el  ejercicio  de  los  derechos  fundamentales  de  informar  y  fundar  medios  de  comunicación  que  utilizan el espectro electromagnético no es libre, sino que  requiere  la  intervención  estatal en razón al carácter de bien público que  ostenta  el  espectro electromagnético y, además, con el objeto de preservar y  desarrollar  las  finalidades  sociales  inherentes a los servicios televisivos.   

“El otro argumento sustentatorio del cargo  encuentra  soporte  en  la  ley  182  de  20  de enero de 1995 reglamentaria del  servicio  de  televisión, específicamente en el artículo 25, cuyo parágrafo,  en  criterio  del  demandante,  eliminó como exigencia para la utilización del  espectro  electromagnético  la obtención del permiso previo de funcionamiento.   

“Esta inferencia es también equivocada. El  demandante  omite  referirse al contenido integral del artículo, al igual que a  las  normas anteriores, que regulan lo atinente a la intervención del Estado en  el  espectro,  y  su  ocupación ilegal, en las que claramente se establece como  condición  para  poder  operar frecuencias electromagnéticas, la obtención de  permiso previo. (….).   

“……………………………………………………………………………………………………………….   

“Como  puede verse, no es que estas nuevas  disposiciones  hayan  eliminado  una  tal  exigencia.  El  referido  estatuto no  contiene  esta  previsión,  ni  el  Estado  puede  renunciar a las funciones de  gestión  y control del espectro que le impone las normas superiores (arts. 75 y  76  C.N.). El artículo 24 que viene de ser transcrito es perentorio en disponer  que    cualquier   servicio   de   televisión    que   opere   frecuencias  electromagnéticas  sin previa asignación por parte de la Comisión Nacional de  televisión,  será  considerado  clandestino, con las consecuencias que una tal  declaración  implica.  Luego,  no  es  cierto que la exigencia de autorización  previa  para  la distribución de las señales incidentales de televisión, haya  desaparecido.   

“En  una de sus decisiones atrás citadas,  la  Corte  Constitucional  hizo  la  siguiente  precisión  en  relación con el  mantenimiento  y  necesidad  de esta exigencia, que no por haber antecedido a la  expedición  de la ley 182 de 19995 deja de tener vigencia: “La concesión del  uso  de  una frecuencia para transmitir información, es una facultad del Estado  que  se  desprende de su función de gestión (C.N. art. 75). Solamente mediante  el  mecanismo de autorizaciones previas es posible garantizar el cumplimiento de  los  fines  sociales del Estado, el uso técnicamente adecuado del espectro y la  igualdad de oportunidades en su acceso”.   

“Cierto es que el parágrafo del artículo  25  concedió un plazo de seis meses a quienes estuvieran distribuyendo señales  incidentales,   para   que  se  inscribieran  y  obtuvieran  la  correspondiente  autorización  de  la  Comisión  Nacional  de Televisión, como condición para  poder  seguir  operando,   pero  esto  no  quiere decir que la exigencia no  existiera, o que preexistiendo hubiese sido suprimida.   

“Si   la   transmisión   de   señales  incidentales   (concepto   que   resulta   distinto   del  de  recepción),  con  utilización  del  espacio  electromagnético  fuese  libre, en el sentido de no  estar  a  condición  alguna,  como  la  postula el demandante, la exigencia del  parágrafo  de  obtener  autorización  en  el término de seis meses para poder  seguir  operando,  resultaría  arbitraria  e  ilegal,  además  de innecesaria.   

“Con  la  referida  disposición  solo  se  pretendió  cobijar  bajo la nueva normatividad a todas las personas que venían  prestando  el  servicio de distribución de señales satelitales incidentales, y  legalizar,  de  paso,  por  razones  de  interés  general, situación de facto,  consideradas  clandestinas  a la luz de la regulación legal anterior. En manera  alguna   se  pretendió  modificar  el  régimen  establecido,  ni  excluir  del  ordenamiento   el   cumplimiento  del  requisito  de  licencia  previa  para  la  distribución  de  señales  incidentales  de televisión, mucho menos purgar la  ilegalidad  de  los  contratos  celebrados con desconocimiento de las exigencias  normativas requeridas para la prestación de este servicio.    

“No  existiendo, entonces, una regulación  posterior  más favorable, sino normas con contenido sustancialmente idénticos,  en   cuanto   en  ambas  se  establece  como  requisito  indispensable  para  la  distribución   de   señales   incidentales   con   utilización  del  espectro  electromagnético,  la  obtención  de licencia previa, siendo solo diferente el  organismos   encargado   de  su  expedición  (Ministerio  de  Comunicaciones  y  Comisión  Nacional de Televisión), ha de concluirse que la propuesta de ataque  presentada   por  el  casacionista  contra  el  fallo  impugnado,  por  presunta  violación   del   principio  de  favorabilidad  carece  de  fundamento  real  y  jurídico.   

“Dígase,  finalmente, que la decisión de  condena  por  celebración  de  contratos  sin el cumplimiento de los requisitos  legales  se  encuentra  fundamentada  no sólo en la circunstancia de haber sido  preternmito0   el   requisito   de   la   licencia   previa  del  Ministerio  de  Comunicaciones,  sino también por haber contratado en forma directa, situación  que  permitiría  mantener  el  fallo  atacado, aun en el supuesto de haber sido  aceptado el cargo examinado”.   

                                Siendo  la  simple  revisión  de lo actuado un propósito ajeno a los fines de la casación  discrecional,  suficientes  resultan  las razones expuestas para señalar que no  habrá lugar a la autorización de aquélla en el presente caso.   

                                    En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

                                          No   conceder   el  recurso  extraordinario  de  casación  que  por vía excepcional presentó el defensor del acusado FRANCISCO  JOSE PEÑALOZA CASTRO.   

                                    En  firme  esta  decisión, devuélvase el expediente al Tribunal de  origen.   

                                            Comuníquese y Cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                          JORGE   E.   CORDOBA  POVEDA             

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                          JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

         

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO   O.   PEREZ   PINZON                                          NILSON PINILLA PINILLA   

Impedido  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Auto   del   23   de   septiembre   de   1997,   M.P.   Dr.   FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL.     

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