15629(22-08-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 15629  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta Nro. 95  

          Bogotá,   D.C.,   veintidós   (22)  de  agosto  de  dos  mil  dos  (2002).   

Decide la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto  en  defensa  de  RAÚL DARÍO  PULIDO  GONZÁLEZ  y LICERIO  VILLALBA  MORENO contra el fallo de fecha agosto 6 de  1998,  mediante  la  cual  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca confirmó el  proferido  en primera instancia el 24 de abril del mismo año por el Juzgado 1º  Penal del Circuito de Facatativá.   

El a quo condenó al mencionado RAÚL  DARÍO  PULIDO  GONZÁLEZ  a  las  penas  principales de cuatro (4) años de prisión y multa de diez (10) salarios  mínimos  legales  mensuales,  como  autor del delito de violación del régimen  legal   de  inhabilidades  e  incompatibilidades;  en  tanto  que  al  procesado  LICERIO  VILLALBA MORENO le  derivó  las  de ocho (8) años de prisión y multa de veinticinco (25) salarios  mínimos  legales  mensuales  al  hallarlo responsable de ese mismo ilícito, en  concurso  con  los punibles de contrato sin cumplimiento de requisitos legales y  falsedad ideológica en documento público.   

ANTECEDENTES   

         Los hechos a los cuales se contraen las  causas  que  fueron  objeto del pronunciamiento impugnado, así como el trámite  cumplido  antes  y  después de su acumulación jurídica, pueden ser reseñados  en los siguientes términos:   

         1. El entonces Personero de Facatativá  (Cundinamarca),   denunció   que   el   17   de   abril  de  1995  LICERIO  VILLALBA MORENO, para esa época  Alcalde  de  la  citada localidad, en representación del municipio adjudicó en  forma  directa el contrato de obra No. 003 a Luis Fernando Morales Casallas para  el    “reparcheo    de    algunas    vías    del  municipio”,   por  un  valor  de  $18.562.500,  no  obstante  que  atendida  su  cuantía  exigía  la  invitación pública para la  presentación  de  ofertas,   efectuada  en  los  términos  y  condiciones  prescritas  en  el  artículo  3º,  inciso  5º, del Decreto 855 de 1994.   Además,  en  esa  fecha  suscribió otro con el mismo contratista, de idéntico  objeto  y  numeración  pero  por  un  valor  de $12.375.000, evidenciándose un  indebido  fraccionamiento  del  contrato orientado a soslayar la exigencia de la  licitación  pública  con  desmedro del principio de selección objetiva.   El  Alcalde  trató de subsanar la anomalía a través de la resolución No. 231  de  1995,  en la que cambió el objeto de uno de los contratos, sin advertir que  el  acta de entrega de la obra había sido elevada varios días atrás; de igual  modo,  expidió  certificado  de aprobación de las pólizas que garantizaban el  anticipo  y el cumplimiento del contrato, antes que hubiesen sido adquiridas por  el contratista.   

          1.1    La   Fiscalía   Seccional  de  Facatativá  abrió  la  investigación  en  resolución  del  24  de mayo de 1996, con fundamento en los  resultados   de   las  averiguaciones  previas  llevadas  a  cabo,  escuchó  en  indagatoria  al  imputado  VILLALBA MORENO  y  definió su situación jurídica en providencia de julio 4 del  mismo  año,  con detención preventiva por los delitos de celebración indebida  de  contratos  (artículo 146 del Código Penal anterior) y falsedad ideológica  en  documento  público  (artículo  219  ibídem).   En  esta  providencia  ordenó  la  vinculación de Irma Yolanda Páez Luna, ex asesora jurídica de la  Alcaldía,  y  del  contratista  Luis  Fernando  Morales Casallas. La detención  preventiva  fue  sustituida  por  la  domiciliaria  en  proveído  de  julio  22  siguiente.   

         El  instructor  recibió  las versiones injuradas de los precitados  Morales  Casallas  y  Páez  Luna, admitió la demanda de constitución de parte  civil   y   cerró  la  investigación  respecto  del  incriminado  VILLALBA  MORENO.   Así las cosas,  agotado  el  traslado  para  alegar,  el  19  de  febrero de 1997 lo acusó como  coautor  de los delitos por razón de los cuales había sido afectado con medida  de  aseguramiento   (fs.  424 a 441, rad. 2990), decisión confirmada el 28  de  abril  siguiente  por la Fiscalía Delegada ante los Tribunales de Bogotá y  Cundinamarca (fs. 4 a 25, cd. Fiscalía ad quem).   

         1.2   En  la  etapa  del juicio, adelantada bajo la dirección  del  Juzgado  1º  Penal  del  Circuito  de  Facatativá,  la  causa anterior se  acumuló  en  auto  del 25 de septiembre de 1997 a la proseguida contra el mismo  procesado      y      RAÚL     DARÍO     PULIDO  GONZÁLEZ  por los hechos que a continuación se  reseñan.   

2.   La  Jefe  de  investigaciones  especiales  de  la  Contraloría  Municipal de Facatativá denunció que el 2 de  mayo  de  1995,  se  celebró contrato de prestación de servicios profesionales  entre     LICERIO    VILLALBA    MORENO,  Alcalde  de  esa  localidad,  y  RAÚL  DARÍO  PULIDO  GONZÁLEZ  para administrar el SISBEN  (Sistema  de  selección de beneficiarios para propuestas sociales), a pesar que  para  esa  época  Hernando  Ariel  Pulido  González,  hermano del contratista,  fungía  como Director de la Unidad de asistencia agropecuaria -UMATA-, esto es,  desempeñaba un cargo directivo en la Administración municipal.   

         2.1   Abierta la investigación el  21  de  octubre de 1996 y vinculados en indagatoria los denunciados LICERIO  VILLALBA  MORENO  y RAÚL   DARÍO   PULIDO   GONZÁLEZ,  en  decisión   de   enero   24   de   1997  la  Fiscalía  Seccional  de Facatativá los afectó con detención  preventiva  por  el  delito  de violación del régimen legal de inhabilidades e  incompatibilidades,  medida  que  sustituyó  en  esa  misma  providencia por la  detención  domiciliaria,  confirmada por la Fiscalía Delegada ad quem el 14 de  marzo   siguiente   al  pronunciarse  sobre  la  apelación  presentada  por  la  defensa.   

         2.2   El  instructor  calificó  el  mérito  del  sumario  en  providencia  del  6 de junio de 1997, con resolución de acusación en contra de  los  dos  sindicados  como  coautores  del  referido  ilícito,  descrito  en el  artículo  144  del  anterior  Código Penal.  La  decisión  enjuiciatoria  fue confirmada el 16 de julio de 1997 por la Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  de Cundinamarca, al resolver la alzada interpuesta  por    el    defensor    del    sindicado    PULIDO  GONZÁLEZ.   

         3.   El Juzgado 1º Penal del Circuito de Facatativá luego de  igualar  el  trámite  de  las  causas  acumuladas  y  de  celebrar la audiencia  pública,  en  sentencia  de  fecha abril 24 de 1998 condenó a los procesados a  las  penas  principales  atrás  precisadas.    Apelaron  entonces los  apoderados   de   los   acusados   VILLALBA   MORENO  y       PULIDO  GONZÁLEZ,  y  el  Tribunal  Superior de Cundinamarca  mediante  el  fallo  objeto  del  recurso  extraordinario,  de  fecha  agosto  6  siguiente,  lo  confirmó con la salvedad de ordenar la reclusión carcelaria de  los  citados,  respecto  de quienes el a quo había dispuesto que continuaran en  detención domiciliaria.   

LAS  DEMANDAS   

          1.   DEMANDA  EN  DEFENSA DE LICERIO  VILLALBA MORENO.   

          Primer cargo.   

          Al  amparo  de  la causal tercera de casación, el impugnante acusa  el  fallo  del  Tribunal de haber sido proferido en un juicio viciado de nulidad  por  menoscabo  del  derecho de defensa, y en la concreción de la irregularidad  de  la  cual  deriva  dicha  consecuencia,  cita  el  artículo 360 del anterior  Código  Penal,  que  exigía  al funcionario judicial interrogar al imputado en  relación  con todos los hechos que originaron su vinculación al proceso, deber  que  encuentra  insatisfecho  tratándose  del  cargo  erigido  en  contra de su  asistido  por  el  delito de falsedad ideológica en documento público, como se  constata de la simple revisión del acta de la indagatoria.   

          Advierte  que  la instructora ordenó la ampliación de la injurada  al  atisbar  la  posible  vulneración del bien jurídico de la fe pública; sin  embargo,   en   tal   diligencia   se   preguntó   al   sindicado  VILLALBA  MORENO  exclusivamente sobre la  Resolución  231  de  julio  24  de  1995, no respecto del documento público de  aprobación  de las pólizas, en manera alguna mencionado, por lo tanto, ninguna  explicación  le  fue  posible  en  dicho  aspecto  a  pesar  que  le  resultaba  indispensable  para  el  ejercicio  de  la  defensa  y  desentrañar  si  podía  atribuírsele la consumación de la conducta punible.   

          Señala  que  la  Fiscalía  al  definir  la  situación jurídica  derivó  el  delito  contra la fe pública de la referida resolución.  Sin  embargo,  en  la  acusación  de  primer  grado  extendió tal comportamiento al  certificado  de  aprobación  de  las  pólizas  Nos.  12000569  y 120187-2 pero  recurrida  la  decisión  calificatoria  del  merito  probatorio del sumario, la  funcionaria  de  segunda  instancia  la  modificó en punto de la falsedad, para  afirmar   su   consumación   únicamente  tratándose  de  éste  último  acto  administrativo.   

         En  este  orden  de ideas, concluye el  demandante,   como   el   acusado   VILLALBA  MORENO  resultó  sancionado  por  la  falsedad  ideológica  derivada  de  la  elaboración  del  mencionado  documento  aprobatorio  de  las  garantías,  sobre el cual no fue interrogado, resultó transgredido entonces su  derecho a la defensa.   

         Discurre  seguidamente  sobre  la  finalidad  de  la indagatoria a  partir  de la jurisprudencia de esta Sala y la doctrina extranjera, para afirmar  la  configuración  de  la  causal de nulidad otrora contemplada en el artículo  304-3º  del  anterior  Código de Procedimiento Penal, que reclama de la Sala a  partir de la resolución acusatoria de fecha febrero 19 de 1997.   

         Segundo cargo.   

         El  demandante  acusa la violación indirecta de la ley sustancial  derivada  del  error  de  hecho  por falso juicio de identidad, pues el Tribunal  “tergiversó  el  contenido  fáctico del medio de  convicción,    al    punto   que   le   extrajo   un   sentido   contrario   al  verdadero”,  para  concluir  como  consecuencia de  dicho  desatino,  con  violación además del artículo 144 del anterior Código  Penal,  que el sindicado VILLALBA MORENO fue autor del delito descrito en ese precepto.   

         En     los     “Fundamentos    del  cargo”  reseña las obligaciones adquiridas por el  contratista    PULIDO    GONZÁLEZ    a   través  del  contrato  “que  se  denominó    de    prestación    de    servicios   profesionales”,   frente   a   las   cuales  deduce  “que  existe  prestación  personal  del servicio,  dependencia    y    subordinación”,   pues   se  comprometió  a  poner  toda  su capacidad normal de trabajo en el desempeño de  las  funciones  confiadas, durante el horario señalado por la administración y  bajo  las órdenes impartidas por el Municipio o sus representantes.    Esta  realidad  fáctica  contrasta,  en opinión del censor, con la afirmación  contenida  en  la  sentencia  atacada,  en  la  que  se  sostuvo que el referido  contrato,  por  sus  elementos  esenciales,  se ubica dentro de la contratación  administrativa.   

         Agrega  por último, que a pesar de la claridad de la “dependencia           y           subordinación”   establecida  en  el aludido contrato, y a lo demostrado en  la  audiencia pública, donde asegura haber esclarecido el carácter laboral del  mismo,   el  Tribunal  “tergiversó  el  contenido  fáctico    de    las   pruebas,   para   deducir   responsabilidad   penal   en  contra” del sindicado con aplicación indebida del  artículo 144 del anterior Código Penal.   

         Tercer cargo.   

         También   por  la  vía  de  la  violación  mediata  de  la  ley  sustancial,  el  impugnante  acusa que el fallador ad quem como con ocasión del  prescindido  análisis de la prueba legal, regular y oportunamente allegada a la  investigación,  transgredió  el  artículo  144 del anterior Código Penal por  “error  de  hecho,  consistente en falso juicio de  existencia”.   

         En  la  sustentación  del  reproche  admite  que  el municipio de  Facatativá  celebró  el  2  de  mayo  de  1995 un contrato que se denominó de  prestación  de  servicios  con  RAÚL DARÍO PULIDO  GONZÁLEZ  para la administración del SISBEN, quien  es  hermano  de  Hernando  Ariel  Pulido  González,  para  tal  época Director  Técnico  de  la  UMATA,  cargo  clasificado para efectos salariales en el nivel  directivo.   

         Precisa    a   continuación   las   finalidades   de   asistencia  agropecuaria  que  cumplen  las UMATAS, de conformidad con el artículo 57 de la  Ley  101  de  1993.  Advierte que el Decreto 149A de 1993, mediante el cual  el  municipio  de  Facatativá estableció el manual de funciones, no le asignó  algunas  del  mencionado rango al Director Técnico de dicha institución.   En  este orden de ideas, la circunstancia de haber sido clasificado este último  cargo  como  directivo  en  el  Acuerdo  No.  014  de  1992, mal puede estimarse  objetivamente  para  determinar  la  existencia  de una inhabilidad contractual,  menos  aún,  con  prescindencia de las funciones atribuidas, como lo indicó el  Consejo  de  Estado  en  los  pronunciamientos  que  el censor reseña lo estima  pertinente  (Sala  de lo Contencioso Administrativo,  Sección  Tercera,  fallos  de  julio  15  de 1991 y julio 25 de 1996, C.P., Dr.  Daniel Suárez Hernández ).   

         Por  todo  lo  anterior,  colige el impugnante, como en el Decreto  149A  no  se  le asignaron funciones directivas al Director de la UMATA, tampoco  puede  configurarse  la  inhabilitad  para  contratar prevista en el literal b),  numeral  2º,  del  artículo  8º  de  la  Ley  890  de  1993,  máxime  que la  clasificación  del  mencionado  cargo en el aludido nivel directivo simplemente  obedece  a  factores  salariales,  como  consta  en las actas que recogieron los  pormenores  de  los  debates  del respectivo Acuerdo, en especial, la No. 022 de  1992.   

         En   conclusión,   determinar   el   nivel  directivo  del  cargo  desconociendo  el  factor funcional y el Manual de funciones, implica además la  inobservancia   del  artículo  122  de  la  Constitución  Política,  conforme  encuentra  el censor acontecido en la sentencia del Tribunal, fundamentada en el  Acuerdo  No.  014  de 1992 sin tener en cuenta otras pruebas, concretamente, los  antecedentes  del  mismo,  al igual que los Decretos 085 de 1995 y 149A de 1993,  documentos  que  de  haber  confrontado, le habrían permitido esclarecer que el  referido  funcionario  no  tenía  potestades  directivas  en  el  municipio  de  Facatativá,  por  lo tanto, que no existía inhabilidad alguna para celebrar el  contrato No. 024 de 1995.   

         Cuarto cargo.   

         Acusa  el recurrente la violación indirecta del artículo 146 del  anterior  Código  Penal,  como consecuencia del error de hecho por falso juicio  de  existencia,  al  prescindir  de  la  prueba  legal,  regular y oportunamente  allegada   a   la  investigación,  que  habría  demostrado  que  el  sindicado  VILLALBA   MORENO   no  cometió el delito tipificado en dicho precepto.   

         En  el  desarrollo del ataque aduce que la disposición en comento  consagra  dos  hipótesis:  la  tramitación  de contrato sin observancia de los  requisitos  legales  esenciales,  y su celebración o liquidación sin verificar  el  cumplimiento  de  los  mismos.   Además se trata de una norma penal en  blanco,  pues  para  determinar  en  forma  inequívoca  esos requisitos resulta  necesario  complementarla  con  la  Ley  80  de  1993,  y  contiene  un elemento  subjetivo  consistido en el propósito de obtener un provecho ilícito para sí,  para el contratista o para un tercero.   

         Plantea  seguidamente,  que la precitada Ley 80 de 1993 no señala  en  forma clara e inconfundible cuáles son los requisitos legales esenciales de  ineludible   observancia  en  la  contratación  administrativa.   Por  tal  motivo,  al tenor del artículo 13 ibídem, surge necesario acudir por remisión  al  artículo  1502  del  Código  Civil,  que  le  asigna  dicho carácter a la  capacidad,  al  consentimiento,  al objeto y la causa lícitas; en consecuencia,  “si  se  admitiera  la tesis de que los requisitos  legales  esenciales  de  los contratos de la administración pública, son todos  (sic)     aquellas  formalidades  expresas  que  figuran  en  las  leyes  y  decretos que regulan la  actividad  contractual  de  las  entidades  estatales,  se estaría haciendo una  interpretación  extensiva de la ley, in malam parte, vulnerando el principio de  legalidad     y    de    la    pena”,    como    encuentra    precisamente   sucedido   en   el   caso  examinado.   

         El  defensor  agrega con idéntica orientación argumentativa, que  los  principios  que regulan toda la actividad contractual de la administración  son  formalidades  que  se deben observar para garantizar el cumplimiento de los  fines  estatales, es decir, la continua y eficiente prestación de los servicios  públicos,  pero  no constituyen elementos o requisitos esenciales del contrato,  según sostiene además el doctrinante que cita.   

         En  la  sentencia recurrida, advierte el censor, se reconoció que  los  requisitos legales esenciales corresponden a los señalados en el artículo  1502  del  Código  Civil; sin embargo, luego de transcribir las consideraciones  de  la Fiscalía de segunda instancia, el Tribunal concluye que se configuró el  delito  imputado  porque  los  avisos,  las  publicaciones,  la  aprobación  de  pólizas  y  el señalamiento del rubro presupuestal demuestran su consumación,  esto   es,   al   echar   de   menos   las   exigencias   de   la  contratación  administrativa.   

         Adicionalmente,        el        ad        quem       “desconoció  la  prueba  obrante  en  el  proceso -anexo de los  documentos   de   la   Contraloría-“,  donde  la  administración  local  dio  respuesta  al  requerimiento  del  ente  de control  fiscal,  a  la  vez  que desconoció el fallo por medio del cual la Contraloría  municipal  de Facatativá archivó las diligencias adelantadas contra el acusado  por  razón  de  los  dos  contratos  celebrados  con  Fernando  Morales Morales  Casallas, al encontrar la contratación ajustada a derecho.   

         Abundando  en  consideraciones, si de conformidad con el artículo  271  de la Constitución Política los resultados de las indagaciones efectuadas  por  la  Contraloría  tienen  valor  probatorio ante la Fiscalía General de la  Nación  y  el  juez  competente,  de  ninguna  manera  se entiende por qué los  funcionarios  desconocieron  abiertamente  las diligencias adelantadas por dicho  ente  de  control  fiscal,  que se abstuvo de abrir investigación en contra del  entonces    alcalde   VILLALBA   MORENO,  insiste  el  recurrente;  más  aún, fueron marginadas de todo  análisis  en  la  sentencia  de  segundo  grado,  cuando  se trataba de pruebas  allegadas   legalmente   al   proceso   y  demostrativas  de  la  inocencia  del  acusado.   

         Acusa  que el fallador ad quem también desconoció la inspección  judicial  llevada  a  cabo  por  el  Juzgado de conocimiento, durante la cual se  aportaron  los  documentos  que obran a folios 546, 547, 564 y 565, mediante los  cuales   se   estableció  que  el  Tesorero  Municipal  efectuó  las  reservas  presupuestales  exigidas  por  la  Ley para la celebración de los contratos con  Morales  Casallas;  de  igual  modo,  la diligencia incorporada a folio 523 y el  documento  de folio 540, pruebas referidas a los trámites que se realizaban por  las  autoridades del municipio de Facatativá para los fines de la contratación  administrativa,  a  la  vez  que clarifican que la ejecución y cumplimiento del  contrato  estaba  asignado  a  funcionario  distinto del Alcalde, al tenor de lo  dispuesto en el artículo 6º del Decreto 777 de 1992.   

         Estas  omisiones  probatorias, afirma por otra parte, condujeron a  los  juzgadores  a  emitir  un  fallo  contrario  a  la evidencia procesal, pues  sostienen  que  se  dio  un  cambio  de  destinación  presupuestal  que aparece  infirmado  a  través  de la documentación prescindida; yerro que determinó la  aplicación  indebida  del  artículo  146  del  Código  Penal  y la condena de  VILLALBA  MORENO, cuando  lo jurídico era absolverlo por la atipicidad de su comportamiento.   

         Quinto cargo.   

         Estima  el  libelista  finalmente,  que  el  fallador incurrió en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  por  aplicación  indebida  del  artículo  146  del  Código  Penal,  como consecuencia de un error de hecho por  falso  juicio  de  existencia,  concretamente, al suponer la prueba demostrativa  del  propósito  de obtener un provecho ilícito para sí, para el contratista o  un tercero, exigido en el mencionado precepto.   

         En  la sustentación del reproche aduce que revisada la actuación  se  constata  que ningún elemento de persuasión fue aportado a las diligencias  con  miras  a  establecer  esa  específica  finalidad.  Así las cosas, el  Tribunal  supuso  la  existencia  de “una prueba en  tal  sentido”,  pasando  por  alto que no basta la  inobservancia   de   los   requisitos   legales  esenciales  en  el  proceso  de  contratación,  pues  se requiere además la concurrencia del elemento subjetivo  del  tipo,  sin  el  cual  no  hay delito.  En ese orden de ideas, aplicada  debidamente  la  ley, se imponía la absolución del inculpado por atipicidad de  la conducta.   

         Por    último,    en   el   capítulo   intitulado   “Petición”,  el censor reclama de  la  Corte  que  case  la  sentencia acusada y en su lugar absuelva al acriminado  VILLALBA  MORENO, “como  en derecho corresponde”.   

         2.   DEMANDA  EN  DEFENSA DE RAÚL  DARÍO PULIDO GONZÁLEZ.   

         Primer Cargo.   

         Con  apoyo en la causal tercera de casación del artículo 220 del  anterior  Código  de  Procedimiento  Penal,  el libelista acusa la sentencia de  segundo  grado  de  haber  sido  proferida  en  un juicio viciado de nulidad por  violación del debido proceso.   

         Al  desarrollar  el  reparo  indica  que  de  conformidad  con las  previsiones  del  artículo 36 de la Ley 190 de 1995, en todo proceso adelantado  por   delito   contra   la   Administración  Pública  resulta  obligatoria  la  constitución  de  parte  civil  a  cargo  de  la  persona  de  derecho público  perjudicada,  y  para  tal  fin,  comunicar  la  apertura  de la instrucción al  representante  legal  de  la respectiva entidad.  En el caso examinado, sin  embargo,  la  Fiscal  del proceso prescindió de tal notificación, omisión por  razón  de  la  cual  el  ente  territorial  afectado  no concurrió como sujeto  procesal a la actuación adelantada.   

         Advierte  que  el  precepto en cita se encuentra compendiado en el  capítulo     II,     literal     B    “Aspectos  procesales”  de  la  normatividad  referida.   Así  las  cosas,  ninguna incertidumbre existe sobre su carácter esencialmente  de  procedimiento,  por  lo tanto, de orden público, de obligatoria e inmediata  observancia.   

         Plantea  más  adelante,  que si la Fiscal ignoraba la vigencia de  la  ley, tal circunstancia en manera alguna excusaba su observancia.  Alega  la  violación  del  debido  proceso, e invoca el carácter fundamental de dicho  derecho  al  tenor de los artículos 29 de la Constitución Política, 1º y 6º  del  anterior  estatuto  de  procedimiento  penal,  estructurándose entonces la  causal  de  nulidad  otrora establecida en el artículo 304-2º ibídem, pues la  notificación  que  se  dejó de realizar privó al municipio de Facatativá del  derecho  – obligación  de  constituirse  en parte civil en aras de obtener la reparación del perjuicio  causado.   

         Con  apoyo  en los anteriores fundamentos, el libelista solicita a  la  Corte  que case el fallo impugnado y declare la nulidad de todo lo actuado a  partir  de  la  resolución  por  medio  de la cual la Fiscalía Seccional de la  mencionada localidad asumió el conocimiento de la investigación.   

         Segundo Cargo.   

         En  forma  subsidiaria  y  al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo  de  la  anterior  codificación  procesal penal, el  defensor  del sindicado PULIDO GONZÁLEZ acusa  el  fallo del Tribunal de la violación indirecta de la ley  sustancial,  concretamente,  de  los  artículos 29, 53 y 83 de la Constitución  Política,  1º  a  7º  y  144 del Código Penal; 8, 28, 32-3º de la Ley 80 de  1993;  1º, 2º, 6º, 9º, 10º, 22, 333 del Código de Procedimiento Penal; 22,  23 del Código Sustantivo del Trabajo.   

         Seguidamente  divide  la sustentación del reparo en dos apartados  y  titula  el  primero  de  ellos,  “La ausencia de  relación    funcional   y   de   parentesco   entre   el   contratante   y   el  contratista”.  En  este  aspecto  indica  que  el  delito  imputado  a  su  representado  se  halla  tipificado  en  el  artículo 144 del Código Penal, modificado por las Leyes 80  de  1993  y 190 de 1995, en cuanto prohibieron la contratación de las entidades  públicas  con  aquellas personas en situación de parentesco con el personal de  los niveles directivo, ejecutivo o de asesoría de la misma.   

         Pero  agrega  más  adelante,  que  la  violación del régimen de  inhabilidades  e  incompatibilidades  requiere  que  el  vínculo  de parentesco  exista  entre el servidor público interviniente en el procedimiento contractual  y  el  contratista,  quien  es  escogido  no por sus méritos sino por razón de  dicho  nexo,  máxime  si  se  entiende  que  la  figura delictiva en comento se  orienta  a  reprimir  el abuso de poder como pretende demostrar a través de las  plurales citas doctrinales que transcribe.   

         A partir de las anteriores premisas el  impugnante  plantea que si bien el hermano del procesado fungía para esa época  como   Director  Técnico  de  la  UMATA,  dicho  funcionario  no  tuvo  ninguna  participación  en  el  proceso de contratación mediante el cual se entregó al  acusado     PULIDO     GONZÁLEZ     la  administración  del  SISBEN.   Así  las  cosas,  en  la  conducta  investigada  mal puede afirmarse estructurado el delito descrito en el  artículo  144  del  anterior Código Penal, que se muestra entonces excluida de  tipicidad    y,    por   consiguiente,   la   sentencia   resulta   “violatoria  de  una  norma de derecho sustancial”.   

         Acota  finalmente,  que  la  interpretación  propuesta  encuentra  apoyo  en  fallo  del  Consejo de Estado, Sección Tercera, de fecha julio 16 de  1991,  C.P.,  Dr.  Daniel  Suárez  Hernández, referido al carácter personal e  intransferible     de     las     inhabilidades     para     la    contratación  administrativa.   

           Bajo   el   título   “La  existencia  de  una  relación  laboral  reconocida en acto  administrativo”,   el   libelista  aduce  que  el  artículo  34  del  Código  Sustantivo  del Trabajo determina las calidades que  tienen  los  contratistas  independientes,  en tanto que el artículo 23 ibídem  establece  los  elementos  esenciales  del contrato de trabajo; disposiciones al  tamiz  de  las  cuales se evidencia, a su juicio, que el contrato de prestación  de  servicios  celebrado  entre  el  municipio  de  Facatativá  y  el sindicado  PULIDO  GONZÁLEZ encubre  una  verdadera  relación  de índole laboral, realizado bajo tal apariencia con  la  finalidad  de  eludir  el  pago  de la carga prestacional.   Tanto  así,   que  el  supuesto  contratista  nunca  tuvo  autonomía  porque  era  un  dependiente, como surge de las cláusulas que reproduce.   

         Con  esta misma orientación, es decir, acreditando que el acusado  no  tenía  la  condición  de  contratista independiente sino de un subordinado  laboral,  el censor destaca que no realizaba el contrato con sus propios medios,  pues  el  municipio  le facilitó los medios locativos, humanos e instrumentales  para  desempeñar  su  trabajo.    De ahí la simultánea convocatoria  para  la  designación  de  los  encuestadores  que  habrían de trabajar con el  administrador  del  SISBEN,  cuya remuneración canceló el ente territorial; el  suministro  que  se  hizo  al enjuiciado de la computadora y del correspondiente  sofware;  y  finalmente,  la  demostrada existencia de un salario por la suma de  quinientos mil pesos mensuales.   

         Con  apoyo  en la jurisprudencia constitucional discurre sobre las  diferencias   entre   la   relación   laboral   y  la  propia  del  contratista  independiente  (sentencia C-154 de marzo 19 de 1997,  M.P.  Dr.  Hernando  Herrera  Vergara).  Reitera  que  en  el  caso  examinado  se  le  quiso  dar la apariencia de un contrato de  prestación  de  servicios  a  un  vínculo  eminentemente  laboral; e invoca el  artículo  53  de  la Constitución Política en cuanto consagra la primacía de  la  realidad  sobre  las  formalidades  establecidas  por  los  sujetos  de  las  relaciones  laborales,  como lo ha reconocido la Sala de Casación Laboral de la  Corte Suprema de Justicia en los fallos que reseña.   

         A  manera  de  conclusión  estima  que en el referido contrato se  incurrieron  en  varias  irregularidades.   La  primera,  al  vincularse al  administrador  del  SISBEN a través de un contrato de prestación de servicios,  cuando  debió  efectuarse  por nombramiento mediante decreto.  La segunda,  porque  se  le  impusieron  las  funciones  públicas  de  carácter  permanente  consagradas  en  el  Decreto  085 de 1994 – artículo 4º -, con desconocimiento  además del artículo 5º del Decreto 1950 de 1973.   

         Advierte  por  otra  parte,  que  el  municipio  de Facatativá en  últimas  reconoció  la  existencia  de  la  relación laboral con el sindicado  PULIDO  GONZÁLEZ  en la  resolución  No.  163  de  1997,  mediante  la  cual  ordenó  el  pago  de  las  prestaciones  sociales;  acto  administrativo en firme, revestido de presunción  de  legalidad y sólo atacable ante la jurisdicción contencioso administrativa,  cuyos  efectos  no  pueden  ser  desconocidos  por  ninguna otra autoridad, como  ocurrió  en  los  fallos  de  instancia  sin  fundamento  probatorio  alguno  y  vulnerando el principio constitucional de la buena fe.   

         Bajo  el  epígrafe  “Comentarios  y  conclusiones”,  el impugnante sostiene que ningún  elemento  de  juicio  le  brinda  soporte  a la afirmación en el sentido que la  resolución  aludida  generó  una investigación penal.  Por el contrario,  existen   constancias   en   autos  que  demuestran  una  realidad  opuesta,  en  consecuencia,  se  está  ante “una prueba supuesta  puesto   que   se   hacen  afirmaciones  sin  que  ellas  tengan  un  fundamento  probatorio”,   dislate   frente  al  cual  estima  procedente  alegar  un  falso juicio de existencia.   En este orden de  ideas,   “el   descarte  que  se  hizo  del  acto  administrativo   No.   163   de   1997”   resulta  trascendente,  porque  demuestra  que  en  realidad se suscribió un contrato de  trabajo,    no    de    prestación   de   servicios,   desechado   “al  suponerse  o  inventarse  pruebas  que  no  existen  en  el  proceso”,  con  violación  del  artículo 144 del  anterior Código Penal.   

         Por  lo  anterior,  solicita  a  la  Sala que se case el fallo del  Tribunal  y  en  su  lugar  dicte  uno  sustitutivo  de  carácter  absolutorio.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

         Primer Cargo.   

         La  Procuradora Cuarta Delegada encuentra que en la indagatoria ni  en   la   ampliación   posterior   se   interrogó  al  procesado  VILLALBA     MORENO     sobre    la  certificación  de fecha mayo 14 de 1995, aportada desde la denuncia y a través  de  la cual el incriminado aprobó las pólizas que garantizaban el cumplimiento  de los contratos suscritos con Luis Fernando Morales Casallas.   

         Estima igualmente claro que durante la  etapa  de  investigación  se  omitió  toda  referencia  a dicho documento para  imputar  el  delito  de falsedad ideológica, porque la medida de aseguramiento,  tratándose  de  tal  ilícito  contra la fe pública, se derivó exclusivamente  por  virtud  de  la  expedición  de  la  Resolución  No.  231  de  julio 24 de  1995.   Fue  entonces  a  partir  de  la providencia enjuiciatoria donde se  dedujo  el  punible  de  falsedad  con  sustento  no  sólo en este último acto  administrativo  sino  también  en  la  mencionada  certificación; más aún la  acusadora  ad  quem  al  resolver  la  apelación presentada contra el pliego de  cargos  especificó  que  sólo el documento aprobatorio de las pólizas servía  de sustento para derivarlo.   

         Por  otra parte, cotejados los fallos,  se  establece  que  la  imputación  contenida  en la decisión que resolvió la  alzada  fue  la  que  sirvió  de  base  para  la  condena  en primera y segunda  instancia   por  el  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público,  decisiones  determinadas concretamente, por la suscripción de la certificación  a  través  de  la  cual  se  aprobaron  las  pólizas  de  seguro, “de  donde  preliminarmente  se sigue que sí tuvo incidencia el  no   haber  interrogado  al  inculpado  en  la  indagatoria  respecto  de  dicho  documento”.                

         Advierte que la nulidad pretendida por  el  defensor  en la apelación incoada contra la sentencia del a quo con soporte  en  la  irregularidad  referida en precedencia, se desestimó por el Tribunal al  considerar  que  en  la injurada el hecho se trató en su integridad y porque en  la  resolución  de  la  situación  jurídica,  en  la acusación y el fallo se  derivó  la  falsedad  ideológica  como  consecuencia de la tramitación de las  pólizas.   

       Sin  embargo,  en contra vía de lo argumentado  en  tales  términos,  el  Ministerio  Público  insiste que el procesado no fue  interrogado  en  sus apariciones en autos sobre el documento que sirvió de base  para  la condena por falsedad documental; pero además, que tal circunstancia no  puede   entenderse   involucrada   en   las   preguntas   efectuadas  sobre  los  procedimientos   de  la  contratación  administrativa.   Por  otra  parte,  tampoco  la  providencia  que  resolvió  la  situación jurídica consideró la  falsificación  cometida  en  la  tramitación  de  las  pólizas,  como afirmó  equivocadamente  el Tribunal, pues se soportó tan sólo en la expedición de la  Resolución No. 231 de 1995.    

       Discurre sobre la indagatoria y las finalidades  del  cuestionario  realizado  en el curso de la misma como medio para permitirle  al  sindicado  conocer  los  hechos  y  rendir  sus explicaciones defensivas, de  manera   que  cuando  se  omite  una  imputación  en  ella  surge  obligada  su  ampliación.   

       Traslada  luego  las anteriores consideraciones  al  caso  de  autos para colegir que la omisión señalada es trascendente, como  lo  indicó el censor, porque el sindicado VILLALBA      MORENO     no  pudo  ofrecer  sus explicaciones acerca de la elaboración del  documento,   ni  controvertir  la  imputación  probatoria  o  dialécticamente,  desconociéndose  por  esta  vía  la defensa material y técnica, sin que pueda  entenderse  subsanada la anomalía porque la defensa impugnó la acusación y el  fallo.    

       No   obstante  lo  anterior,  contrario  a  lo  estimado  por  el  demandante,  la  Procuradora  sostiene  que  la  nulidad debe  declararse  desde  el  cierre  de  la investigación pero respecto del delito de  falsedad  ideológica  en  documento  público  únicamente,  con la consecuente  redosificación  de la pena, sentido en el cual plantea que se case parcialmente  la sentencia recurrida.     

       Segundo cargo.   

         Las  insalvables  fallas técnicas que comprometen la formulación  y  el ejercicio demostrativo del cargo precisan su desestimación. En efecto, el  demandante  omitió  integrar  la  proposición  jurídica,  pues no indicó las  normas  que  resultaron  excluidas por la indebida aplicación del artículo 144  del  anterior  Código Penal, ni señaló las disposiciones que lo complementan,  como  resultaba  ineludible  dado  su  carácter de norma penal en blanco; menos  aún,  los  preceptos  de  índole  procesal quebrantados en forma mediata en la  supuesta  apreciación  equivocada  del contrato No. 024 de 1995, suscrito entre  el  alcalde  de  Facatativá  y  RAÚL DARÍO PULIDO  GONZÁLEZ.   

         Además,  el  censor simplemente descubrió una particular visión  del  documento  en  cita,  ensayando al estilo de las instancias una teoría que  deja  planteada  de  manera  precaria,  en  la  que dio por demostrado lo que en  realidad  era  objeto  de  comprobación,  esto  es,  el  carácter  laboral del  referido contrato.   

         

         En  todo  caso,  el  falso juicio de identidad acusado no fue más  que  el  resultado  de  la personal interpretación del libelista, pues no sólo  del  encabezado  del  contrato  sino  también de sus cláusulas, se arriba a la  inequívoca  conclusión  de  tratarse  de  uno  de  naturaleza  administrativa,  apreciación  ratificada  con las multas fijadas en caso de incumplimiento, ante  la  posibilidad  de declarar la caducidad, y la expresa remisión a la Ley 80 de  1993, entre otras.   

         En  este orden de ideas, la Procuradora solicita la desestimación  del ataque.   

         Tercer cargo.     

         También en este reparo la Procuradora  advierte  serias  deficiencias  técnicas  que  le  restan  toda  posibilidad de  éxito.   En  primer  término,  la  censura no ofrece claridad en torno al  sentido  de  la violación alegada, ni respecto de la proposición jurídica con  la que se pretende el quebrantamiento del fallo impugnado.   

         Tampoco  los  falsos  juicios  de  existencia  pregonados  por  el  impugnante  acontecieron  en  realidad.   De un extremo, porque derivó tal  desatino  de  la falta de consideración de las normas extrapenales integradoras  del  tipo  penal  en blanco de argüida violación, situación que debió acusar  entonces  por  la  vía  de  la  infracción directa, pues el dislate aducido se  reputa  exclusivamente  de  las pruebas, no de las distintas manifestaciones del  legislador.   

         En  todo caso el Decreto 085 de 1995 fue analizado por el juzgador  a  quo,  porque  tratándose  del  manual  de  funciones  adoptado a través del  Decreto  149A   de  1993,  la  Delegada  recuerda la atinada referencia del  Tribunal  en  el  sentido  que  la  clasificación del nivel de los cargos está  diferida  a  la  ley  por mandato constitucional (artículo 313-6º ), de manera  que  cualquier  argumento  en  contrario  se  reduce a una mera especulación; y  finalmente,  en  lo  atinente  al Acta No. 022 de 1992, pone de presente que fue  aportada  por la defensa con el memorial de apelación contra el fallo de primer  grado,   esto   es,   en   forma   inoportuna,   en   consecuencia,  mal  podía  exigírsele   al  Tribunal  su  apreciación.    Al  margen de lo  anterior,  el  Ministerio  Público  destaca  la impertinencia del reclamo de la  defensa,  pues  el  Acuerdo 014 de 1992, en manera alguna permite colegir que la  clasificación  de  los  cargos  allí  contenida obedeciera a efectos netamente  salariales.     

Por  todo  lo anterior, la censura no debe  prosperar.   

Cuarto cargo.   

También aquí el libelista al integrar la  proposición  jurídica pasó por alto que el artículo 146 del anterior Código  Penal  es  de  reenvío  y  omitió  precisar  las normas que lo integran.   Además,  de  la  postulación  y  desarrollo  del  reparo  se  extracta  que el  impugnante  pretendió  extender el debate probatorio a esta sede, postulando su  personal visión sobre las conclusiones del fallo.    

Adicionalmente, confundió los elementos de  cualquier  negocio  jurídico  con  los  requisitos  inherentes  a  un  contrato  administrativo,  perdiendo  de vista la especialidad que pregona para los mismos  el  artículo  13  de  la Ley 80 de 1993, diferencia planteada claramente por el  Tribunal cuando se refirió al artículo 1502 del Código Civil.   

En  cuanto a la primer omisión probatoria  alegada,  el  censor  no especificó a qué documentos en particular se refería  de  los provenientes de la administración municipal.  De todas maneras, en  conjunto  aluden  a la ejecución de los contratos, aspecto que como precisó el  Tribunal  con acierto, no fue el cuestionado en las presentes diligencias, donde  la     discusión    giró    alrededor    de    los    requisitos    para    su  perfeccionamiento.    

Tratándose   de   la  decisión  de  la  Contraloría  de  Facatativá,  el reproche se diluye a través del principio de  unidad  jurídica,  pues  el  fallador a quo la trató ampliamente, para colegir  que  el  fin  de  las  actuaciones  fiscales  es  diferente  del  que inspira la  actuación  de  carácter penal.  Además, el argumento del ente de control  para  archivar  la  investigación  fiscal  fue  la  ausencia  de  un detrimento  patrimonial,  no  que  se hubiera hallado en orden el trámite de los contratos,  como lo sugirió la defensa.    

Idéntica   consideración   predica  la  Delegada  respecto  de  las  certificaciones  y  constancias  provenientes de la  Tesorería  Municipal  de  Facatativá,  así  como  en  punto de la inspección  judicial  llevada  a cabo el 11 de julio de 1997, sobre las cuales el recurrente  edifica  el  acusado  falso  juicio  de  existencia,  pasando por alto que tales  medios  demostrativos fueron suficientemente valorados en la sentencia de primer  grado.     

Finalmente, en cuanto al documento obrante  a  folios  540  a 542, si bien se omitió apreciarlo expresamente, no aconteció  lo  mismo  frente  a  su  contenido,  que  hace  referencia  al  trámite  de la  contratación  administrativa  fundada en la Ley 80 de 1993, ordenamiento al que  acudió  el  juzgador para resolver el presente asunto.  Así las cosas, la  omisión denunciada careció de trascendencia.   

Con   apoyo  en  los  argumentos  atrás  sintetizados,     la    Procuraduría    solicita    la    desestimación    del  reparo.   

Quinto cargo.  

Además   de   las  deficiencias  en  la  proposición  jurídica  que son comunes a todos los cargos formulados al amparo  de  la  causal primera de casación, no resulta cierto que el Tribunal inventara  la  prueba  que demostró el propósito de obtener un provecho ilícito, pues en  el  fallo  de  segunda  instancia  se  indicó su verificación a través de las  irregularidades  cometidas  para  finalmente contratar con Luis Fernando Morales  Casallas.   

Por  otra  parte,  el provecho ilícito no  sólo  se  predica  del  beneficio  que  eventualmente  perciba  el  funcionario  público   proveniente   del  contrato,  o  del  pago  correcto  que  reciba  el  contratista  como  contraprestación  de  la  obra  debidamente  ejecutada, sino  también  como  sucedió  en  este  caso  y  precisó  la  Corte  en otro asunto  (sentencia  de septiembre 31 de 2001, M.P. Dr. Gómez Gallego), de la violación  de los principios que gobiernan la administración pública.   

         

         En  síntesis,  a  juicio  de la Delegada, no hay lugar a casar el  fallo  impugnado con sustento en esta censura.            

          2.    DEMANDA   EN  DEFENSA  DE  RAÚL    DARÍO    PULIDO    GONZÁLEZ.    

             Primer      cargo.           

         La Procuradora Cuarta Delegada advierte  que  el demandante carece de interés para recurrir porque el motivo de queja no  perjudica  los intereses que representa, pues es la entidad pública a la que le  correspondía  perseguir  el  restablecimiento  del  derecho  conculcado, la que  teóricamente  resulta  afectada  por la omitida notificación de la apertura de  la  investigación.   Por  otra  parte,  la irregularidad esgrimida tampoco  comporta  una  afectación  de  la  estructura  del  proceso,  único motivo que  podría   propiciar   la   reposición   de   lo   actuado.               

         De  igual  modo,  si el agravio estaba  determinado  por  la  imposibilidad  que  tuvo  el municipio de Facatativá para  constituirse  en  parte  civil  como consecuencia de la omitida notificación al  mismo  de  la  resolución  de  apertura  del sumario, no es menos cierto que la  oportunidad  para  dicho  efecto  se  extendía,  de conformidad con el estatuto  procesal  entonces  vigente,  hasta antes del proferimiento del fallo de segunda  instancia;  y  en  todo caso, si bien al tenor del artículo 36 de la Ley 190 de  1995  en  principio  era  obligatoria  tal  concurrencia,  ello  dependía de la  existencia  objetiva  de  un  agravio  que  permitiera  concluir  la afectación  patrimonial  de  la  administración  pública,  por  lo  tanto, como en el caso  examinado  no  hubo condena en perjuicios, dicho dato surge indicativo de que no  era  necesaria  la  intervención de la parte civil.             

         Por  todo  lo  anterior,  la  Delegada  solicita la desestimación de la censura.    

         Segundo cargo.              

              El  ataque aquí erigido no es  más  que  un  alegato  de instancia con el cual se quiere reabrir la discusión  planteada  en  la  apelación  contra  el  fallo  del a quo.  En efecto, el  censor  no  precisó  el  sentido  último de violación, y citó un conjunto de  normas  procesales  sin  ninguna  relación con el reparo propuesto.               

         Adicionalmente,  el  falso  juicio  de  existencia  por  suposición  acusado  se  quedó huérfano de sustento, pues el  Tribunal  desechó  la  Resolución  No.  163  de  1997  al  considerar  que  no  desvirtuaba  la  existencia  del  contrato  de  prestación  de  servicios, como  también,  porque  consideró que su expedición pudo constituir un delito, para  cuya   investigación   incluso   ordenó   la   expedición   de  copias.    

         De  todas  maneras,  la  Procuraduría  recuerda  que  la  inhabilidad  surge, no en atención a la relación funcional,  sino   para   los  particulares  que  tengan  vínculo  de  parentesco  con  los  funcionarios   del   nivel  directivo  de  la  entidad  con  la  cual  pretenden  contratar.   En este orden de ideas, poco interesaba que entre el sindicado  VILLALBA  MORENO  y  el  contratista    PULIDO    GONZÁLEZ    no   existiera   un   vínculo   de   tal  naturaleza.               

         Resalta  que  de  las  cláusulas  del  contrato  suscrito  se  evidencia  su  carácter  administrativo, no laboral, de  manera   que   los   esfuerzos   del  censor  por  demostrar  la  dependencia  y  subordinación  del  contratista  corresponden  a  su  particular visión de los  hechos.    Es  más,  el  reconocimiento  de  prestaciones  sociales a  través  de  la  Resolución  No.  163  de  1997 en forma alguna constituyó una  razón  determinante  para  mudar  el contrato de administrativo a laboral, pues  como  lo  refirió  el Tribunal, al ser eventualmente constitutiva de un delito,  le  restó  toda  credibilidad.                

Así  las  cosas,  opina  que  este reparo  tampoco puede prosperar.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         1.   DEMANDA EN DEFENSA DE LICERIO  VILLALBA MORENO.   

         Primer cargo.   

         El  ataque formulado por la vía de la causal tercera de casación  está  encaminado  a  que  la Sala declare la nulidad del proceso a partir de la  resolución  acusatoria de primera instancia, inclusive, con el argumento de que  en    la    indagatoria    no    se   interrogó   al   sindicado   VILLALBA     MORENO     sobre    las  circunstancias  que  mediaron  en la expedición de la constancia de aprobación  de  las  pólizas  Nos.  12000569  y  1201872, que garantizaban el anticipo y el  cumplimiento  de  los contratos  suscritos por la administración municipal  de  Facatativá  con Luis Fernando Morales Casallas, por razón de las cuales se  le  derivó  la  finalmente  autoría  del  delito  de  falsedad  ideológica en  documento público.   

         En  la  réplica  de  este  reparo  constituye punto de partida el  artículo  360  del  anterior estatuto procesal penal, bajo el cual se adelantó  la  actuación  y  que  a  diferencia de la normatividad actualmente en vigencia  (artículo  338  de  la  Ley  600  de  2000), exigía tan sólo que agotadas las  advertencias  previas al imputado, con sujeción a las reglas establecidas en el  artículo  359 ibídem, el funcionario judicial debía interrogarlo “en      relación      con     los     hechos…”que   originaron   la   vinculación,   independientemente  de  la  calificación  jurídica,  porque  la concreción de la misma estaba reservada a  la   resolución   de   situación   jurídica,   a   la   calificación   y  la  sentencia.   

         De  ahí  que  la  Sala a partir de la  interpretación  de  los  referidos  preceptos  sostuviera,  en  forma reiterada  además1,  que la indagatoria constituía en principio un medio de defensa  que  le  permitía  al  vinculado  como  autor  o  partícipe  del delito rendir  explicaciones  sobre  lo fáctico, a quien no era imperativo cuestionar respecto  del  delito  o  el  contenido jurídico del tipo penal presuntamente infringido;  asimismo,  que  el  deficiente  interrogatorio  puede  generar  la nulidad de lo  actuado  si  se  demuestra  que  el  procesado,  por razón de él, no estuvo en  condiciones  de  conocer  y  controvertir en forma oportuna la imputación, esto  es,    cuando    resulta    verdaderamente    comprometido    el    derecho   de  defensa2.   

         En  el  caso  examinado,  sin  embargo, otra y muy diferente es la  situación  predicable,  pues  en  el  curso  de las plurales intervenciones del  acriminado  en autos, si bien no con la especificidad que reclama el demandante,  en  postura  avalada  por  el Ministerio Público en el concepto rendido en esta  sede,  se  tiene que de todas maneras fue inquirido sobre las circunstancias que  rodearon  el proceso de contratación con Luis Fernando Morales Casallas, objeto  de  las  presentes diligencias, que involucraba desde luego, la etapa atinente a  los  denominados  requisitos posteriores o poscontractuales, entre ellos, los de  ejecución,  alusivos  a  la  constitución  y  aprobación  de  las respectivas  garantías;   interrogatorio   que   fue   efectuado  con  sujeción  además  y  obviamente,   a   la   posición  asumida  por  el  sindicado  en  torno  a  los  hechos.   

         Ciertamente,  en  la  versión  libre  y  espontánea  recibida al  entonces   imputado  VILLALBA  MORENO,  donde  respecto de las reparaciones viales encargadas al ingeniero  Morales  Casallas  adujo  que  los  contratos  habían  quedado  repetidos en su  numeración   y   objeto   por  simples  errores  de  transcripción,  pero  que  correspondían  a  fechas  y  obras  diferentes,  tratándose  de las susodichas  pólizas  y  en  especial  en  lo  atinente  a  su fecha de constitución,   indicó:   

“…si  la  doctora  ve  la  fecha  de  constitución  de  las  pólizas de cumplimiento y responsabilidad civil de cada  contrato   apreciará  que  unas  fueron  constituidas  en  abril  y  las  otras  constituidas  el  31 de mayo, lo cual prueba que fue un error involuntario de la  Secretaria”   (f.   53,   cd.   1,   rad.   2.697  ).   

         En  la  indagatoria  al  ser  cuestionado acerca de si había sido  aconsejado  o  asesorado  para  la  celebración de los contratos de obra con el  mencionado Morales Casallas, en lo pertinente señaló:   

“…luego la asesoría lleva el contrato  a  mi  despacho  para la firma, después el contratista legaliza el contrato con  la  expedición  de pólizas y la insertación en la gaceta Departamental.   Una  vez obtenido esto se aceptan las pólizas por parte del Alcalde y se expide  la   orden   del  anticipo  a  la  Secretaría  de  Hacienda…”  (fs. 65 y 66, cd. ib.).   

         En  el curso del interrogatorio, dando  réplica  al cuestionamiento que en general se hizo por parte de la Fiscalía al  proceso  de  contratación  con  el  citado  Morales Casallas, el inculpado tuvo  oportunidad  también  de  referirse  a  las mencionadas pólizas de garantía y  obviamente,   a   su   aprobación,   tópico   respecto  del  cual  simplemente  precisó:   

“…Hay  un  contrato de los dos que Ud.  menciona…elaborado  el  17  de  abril  publicado el 26 de abril y las pólizas  fueron  constituidas  el  25  de abril…cuando verdaderamente se celebró en el  mes  de  mayo como consta en la póliza de responsabilidad civil No. 1201872 que  fue  constituida  el  31 de mayo del 95…” (f. 67,  cd. 1).   

        Más  aún,  el propio sindicado en los descargos puso de presente  la  incoherencia surgida entre las fecha de constitución de las garantías y la  del  inicio  de la ejecución del contrato, por razón de la cual se estableció  cometido  el  delito  de falsedad ideológica en el documento a través del cual  se   aprobaron  las  pólizas  de  aseguramiento  respectivas,  emitido  por  la  Alcaldía   de   Facatativá  antes  de  la  expedición  de  las  mismas.   Ciertamente,    el    implicado   VILLALBA   MORENO  no  obstante  lo  depuesto  en  precedencia,  al ser  preguntado  sobre  la  suscripción  de  las  respectivas actas de iniciación y  entrega de las obras contratadas replicó:   

“…la  iniciación del contrato de doce  millones  se  suscribió  en abril 25 de 1995, el acta de entrega el 15 de junio  de  1995.   El  contrato de 18 millones tuvo acta de iniciación 20 de mayo  del  95  y  acta de entrega 15 de junio del 95” (f.  68, cd. ib.).   

         Ahora  bien,  es  cierto  que  en resolución de junio 18 de 1996,  como  la  Fiscalía  estimó que de los “documentos  aportados  a  la  investigación  se  colige  que  presuntamente nos encontramos  frente  a   un  delito  contra la fe pública”  ordenó  entonces la ampliación de la indagatoria, diligencia llevada a cabo el  día  24  de  los  mismos  mes  y año (fs. 85, 95 a 97), en la que preguntó al  sindicado  de  manera  exclusiva  sobre  las  circunstancias que determinaron la  expedición  de la Resolución No. 231 de julio 24 de 1995, por medio de la cual  la   Alcaldía   de   Facatativá   cambió   el  objeto  de  uno  del  contrato  cuestionado.   

         Sin  embargo,  esta  restricción  en  el interrogatorio mal puede  entenderse  como  correspondiente  al  entendimiento  del  instructor  de  haber  quedado  deslindada  la  configuración  del  punible contra la fe pública a la  mencionada  resolución,  como  ha  querido ver el demandante. Por el contrario,  encuentra  explicación  en  la  circunstancia de que dicho acto administrativo,  por  ser ajeno y ulterior a las etapas de la contratación no fue comprendido en  el  interrogatorio  inicial,  referido insiste la Sala, al proceso concluido con  la  suscripción de los contratos de obra con el ingeniero Luis Fernando Morales  Casallas.   

         Así  las  cosas,  contrario  a  lo  afirmado  por  el censor y el  Ministerio  Público  en  el  concepto  rendido  en  esta  sede, la injurada del  sindicado  se  orientó  a  permitirle  sus  justificaciones frente a los hechos  finalmente   adecuados  en  el  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público;  en  otros  términos,  a  brindarle  la  oportunidad  de  refutar esa  específica  imputación  fáctica, diluyéndose entonces el asegurado menoscabo  del debido proceso y de contera, del derecho de defensa.   

         Abundando  en  argumentos, si en gracia de discusión se admitiera  con  la  defensa  y  el  Ministerio  Público que el interrogatorio formulado al  procesado  VILLALBA MORENO  en  la  diligencia  de injurada resultó deficiente, en la medida que se omitió  preguntarle  específicamente  sobre  las  circunstancias  que  mediaron  en  la  expedición  de la constancia de aprobación de las pólizas que garantizaban el  anticipo  y  el  cumplimiento  del  contrato  suscrito  con Morales Casallas, la  nulidad  pretendida  con  soporte en la anomalía así configurada se repudia de  todas  maneras  desde  la  óptica  de  los  principios  de  instrumentalidad  y  trascendencia  (artículo 308 numerales 1º y 2º del  anterior  Código  de  Procedimiento Penal), pues las  diligencias  revelan  con  inocultable realidad que los hechos por razón de los  cuales  se  elevó la imputación en contra del acriminado como autor del delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público,  derivado  en últimas de la  elaboración   del   aludido   documento,   no   fueron   ajenos    a   las  consideraciones  de  los  funcionarios  judiciales,  por ende, al conocimiento y  controversia por parte del sindicado y su defensor.   

         En  efecto, la providencia que definió la situación jurídica si  bien  dedujo  la  falsedad documental de la expedición de la resolución 231 de  1995,  que  se  estimó  presentaba un contenido contrario a la verdad, de todas  maneras  puso  de  presente desde entonces las irregularidades advertidas en las  pólizas  de  garantía,  con  repercusión  desde  luego,  así  no se indicara  explícitamente,  en  la veracidad de sus documentos aprobatorios.  En este  sentido la Fiscalía indicó:   

“…la documentación aportada tanto por  el  denunciante  como  por  el mismo implicado, establece que el contrato de los  18.562.500  pesos,  fue  iniciado  en  mayo  20 de 1995, y la póliza a que hace  referencia   el   sindicado,  data  de  mayo  31…De  otro  lado  las  pólizas  constituidas   en   ambos   casos  fueron  adquiridas  con  posterioridad  a  la  iniciación  de  las  contratadas  obradas…” (f.  110).   

         Ningún   sorprendimiento   en  el  plano  de  lo  fáctico  puede  atisbarse  entonces  cuando  en la resolución de acusación, con insistencia en  estas   irregularidades  detectadas  en  las  pólizas  de  seguro,  se  afirmó  configurada  la  falsedad ideológica en documento público por el proferimiento  de  la  resolución  No.  231  de  1995,  pero  además, como consecuencia de la  elaboración   de  las  constancias  de  aprobación  de  tales  garantías,  de  comprobada  fecha  anterior  a  la  de  adquisición  de  aquellas por parte del  contratista;  conducta  punible  que  finalmente  la Fiscalía Delegada ante los  Tribunales  Superiores  de Bogotá y Cundinamarca restringió a éstas últimas,  cuando  se  pronunció sobre la apelación presentada por la defensa, y a la que  se  extendió  entonces  el debate planteado en la audiencia pública, así como  en   la   alzada  de  la  cual  fue  objeto  el  fallo  condenatorio  de  primer  grado.   

         En  este  orden  de  ideas, fuerza colegir que pasaron por alto el  libelista  y  la Procuradora Delegada, que no basta con afirmar la incursión en  una  anomalía,  sino que resulta necesario demostrar que con ella se socavó la  estructura  del proceso o se afectaron las garantías de los sujetos procesales,  carga  aquí  incumplida  por  el  censor, pues no se evidencia cómo la acusada  deficiencia  en  el  interrogatorio  formulado  en  la indagatoria, de admitirse  producida,   afectó   el   derecho   de  defensa  del  procesado,  conforme  se  alega.   

         Tanto  es  así,  no  sobra  añadir,  que  el  demandante  en  la  solicitud  elevada  a la Sala, armonizada con esta innegable realidad, en manera  alguna  pretende retrotraer la actuación al estadio sumarial para permitirle al  sindicado     VILLALBA     MORENO    rendir  explicaciones sobre la constancia por cuya elaboración se  le  condenó  como  autor  del  delito  de  falsedad  ideológica  en  documento  público,  y  desplegar  las  consecuentes  posibilidades defensivas con miras a  desvirtuarlo,  sino  desde  la calificación del mérito probatorio del sumario,  incurriendo  en la impropiedad de no precisar si aspira que tal conducta punible  se  margine  de  ella,  o  que  la  falsedad  se deduzca del acto administrativo  igualmente  objeto  de  la  investigación  y  por  el  cual  si fue interrogado  expresamente.   

         Por lo anterior, la censura de nulidad no prospera.   

         Segundo cargo.   

         Sea  lo  primero advertir, en relación  con  los  reparos  que  eleva  el  demandante  al amparo de la causal primera de  casación,  cuerpo  segundo,  que  le  asiste  razón  a  la  Procuradora Cuarta  Delegada  cuando manifiesta que en todos es común la deficiente integración de  la  proposición  jurídica  con  la  cual  pretende  quebrar  la  sentencia del  Tribunal,  bien  por  la  omitida mención de las normas jurídicas extrapenales  que   complementan   las   disposiciones  cuya  infracción  acusa  –  artículos  144  y  146 del anterior Código Penal –  y  de  las  procesales  medio que  resultaron  también transgredidas, ora porque se echa de menos el señalamiento  expreso  del  sentido  de  la  violación  alegada, y aunque del contexto de los  respectivos  reparos  podría  inferirse  que lo es por la aplicación indebida,  ninguna  precisión  consigna  en  todo  caso  sobre  el  precepto de naturaleza  sustancial  que  resultó  consecuentemente  excluido a pesar de regular el caso  concreto.   

         En  lo  específico  de  este  segundo  ataque  la  Sala reitera de antemano, que cuando se acusa en sede extraordinaria  la   incursión   en  errores  de  apreciación  probatoria,  al  impugnante  le  corresponde  acreditar  la  existencia del yerro denunciado y su repercusión en  la   decisión  recurrida.   Tratándose  de  lo  primero,  dicho  cometido  dependerá  de  la  modalidad  de dislate atribuido, esto es, según se trate de  error  de  hecho  o de derecho, así como de su específica manifestación, pues  cada  una se estructura a partir de supuestos distintos y por consiguiente tiene  particulares  exigencias  técnicas  con  miras  a acreditarla. La trascendencia  implica  por  su  parte, la realización de una nueva valoración probatoria con  miras  a establecer que las conclusiones del fallo serían otras y favorables al  sindicado de no haber mediado los desaciertos acusados.   

         Ahora  bien, en este reproche el demandante plantea la infracción  indirecta  del  artículo  144  del  anterior  Código  de  Procedimiento  Penal  derivada  del  falso juicio de identidad, frente al cual, por lo atrás anotado,  le   correspondía  precisar  la  prueba  o  pruebas  indebidamente  apreciadas,  confrontar  su expresión material con la atribuida en la sentencia impugnada, y  una  vez  verificada  de este modo la existencia del yerro, abordar seguidamente  una  comprobación perfilada a establecer que determinó una decisión contraria  a la ley.    

         No  obstante,  el  defensor  aquí  se  conformó   con   enunciar  el  desacierto  que  estimó  configurado,  pues  la  sustentación  brindada,  sin  ninguna  relación  con  el  mismo, desde ninguna  óptica  se  orientó a constatar la distorsión, el cercenamiento o la adición  del  contenido  material  de  alguno  de  los  medios demostrativos allegados al  proceso.  Por  el  contrario,  como  lo  destaca la Delegada, el casacionista en  simple  oposición a las conclusiones probatorias de los juzgadores se dedicó a  plantear  que  el contrato suscrito para la administración del SISBEN, entre el  sindicado     VILLALBA     MORENO    en  su  condición  de  Alcalde  de  Facatativa  con  el  también  procesado      PÚLIDO     GONZÁLEZ,  no  fue  del  orden administrativo sino de naturaleza puramente  laboral.   

         En fin, el censor pasa por alto, de una  parte,  que no es la disparidad valorativa la que determina el surgimiento de la  categoría  de  error  de  hecho  invocado  en  este  reparo, ni de ningún otro  susceptible  de  ser  alegado  en  sede  de casación; pero más aún, que de no  comprobar  la presencia del dislate acusado o no intentar su demostración, como  aquí  efectivamente  aconteció,  el  criterio consignado en el fallo impugnado  prevalece  por  virtud  de  la  doble  presunción de acierto y legalidad que lo  ampara.   

          En  síntesis,  por  los  insalvables  yerros   de   técnica,   se   impone   entonces   la   desestimación  de  esta  censura.   

        Tercer cargo.   

         Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  el   demandante   plantea  que  la  sentencia  del  Tribunal  transgredió  en  forma  indirecta  la  ley  sustancial  por  un  error  de hecho consistente en el falso  juicio  de  existencia en cuanto prescindió, según afirma, de la prueba legal,  regular  y  oportunamente  allegada  a  la investigación; sin embargo, también  aquí  con ostensible impropiedad técnica y apartándose de dicha propuesta, no  deriva  finalmente tal desatino de la circunstancia de haberse marginado de toda  consideración  alguno  de  los  medios  demostrativos  incorporados al proceso,  supuesto en el cual se configura la modalidad de desatino acusado.   

         Ciertamente,   el   defensor   en  el  transcurso  de  la  prolija  fundamentación  del  reparo,  sin  intentar  demostrar el yerro de apreciación  probatoria   alegado,   simplemente   muestra  su  disentimiento  frente  a  las  conclusiones  de  los  falladores en torno al nivel del cargo que para la época  de  los  hechos  desempeñaba  el  hermano  del  también procesado RAÚL  GONZÁLEZ  PULIDO  como Director  Técnico  de  la  UMATA  de  Facatativá,  a  partir  de  las cuales sostuvieron  entonces,  que  al  haber  contratado  con  la  administración  local  resultó  violentado el régimen legal de inhabilidades e incompatibilidades.   

         En  efecto, por esta vía de la mera controversia, el censor aduce  que  a  pesar  de la expresa categorización de tal empleo en el rango directivo  del  municipio,  efectuada  a  través  del  Acuerdo  No. 014 de 1992, de la que  predica   fue   realizada  con  fines  puramente  salariales,  para  un  certero  discernimiento  de  dicho  aspecto  surgía necesario verificar la naturaleza de  las  funciones  del  cargo, que en su opinión no son de carácter directivo, de  conformidad  con el entendimiento que propugna del artículo 57 de la Ley 101 de  1993  y  de  los  Decretos  149A de 1993 y 085 de 1995; criterio que antepone al  consignado  en  el  fallo  recurrido,  soportado  en la facultad concedida en el  artículo  313-6º  de  la  Carta  Política  a  los  Consejos  Municipales para  determinar  la estructura de la administración municipal y las funciones de sus  dependencias,  en  el régimen legal establecido para las Unidades de Asistencia  Técnica  Agropecuaria  –  UMATA-  en  las Leyes 99 de 1993, 101 de 1991 y 12 de  1986,  reglamentada  por  los  Decretos  077 de 1987, 501 de 1989, 2379 de 1991,  pero  primordialmente, en el mencionado Acuerdo 012 de 1992, que en el artículo  2º  clasificó  los  empleos “según la naturaleza  de   las   funciones,   la   índole   de  responsabilidades  y  los  requisitos  exigidos”  en  7  niveles,  mientras que en el 9º  ibídem  ubicó  al Director Técnico de la UMATA en el primero, que corresponde  a los de carácter directivo.   

         En  síntesis,  sin  ninguna  relación con el dislate alegado, la  fundamentación   del  reproche  se  desarrolló  a  través  de  elucubraciones  personales,  ni  siquiera referidas al aspecto probatorio, dirigidas a anteponer  la  interesada visión del censor al entendimiento que los juzgadores predicaron  de  las  normas jurídicas con sustento en las cuales estructuraron la causal de  inhabilidad  para  la  contratación  administrativa contemplada en el artículo  8º, literal b), de la Ley 80 de 1993.   

         En   este   orden  de  ideas,  resultan  suficientes  los  motivos  anteriores    para    concluir    entonces,    que    este    otro   ataque   no  prospera.   

        Cuarto cargo.   

          El  casacionista  hace  consistir  la  censura  en  la  violación  indirecta  del  artículo  146 del anterior Código  Penal,  como  consecuencia  del error de hecho por falso juicio de existencia al  prescindir   el  Tribunal,  según  indica,  de  la  prueba,  legal,  regular  y  oportunamente  allegada  al  proceso,  que  habría  demostrado que el sindicado  VILLALBA   MORENO   no  cometió  el  delito  tipificado  en  dicho precepto.  El desarrollo de tal  ataque,  conforme  advierte  la  Procuradora  Delegada,  adolece  de insalvables  deficiencias  técnicas  que  le  restan  toda  vocación  de prosperidad.    

         En  efecto,  el  libelista  plantea la  preterición  de  la prueba que habría demostrado la inexistencia del delito de  contrato  sin  el  cumplimiento  de  los  requisitos  legales,  pero  en nada se  relaciona  tal  enunciado  con  los  fundamentos  expuestos  en un comienzo para  acreditar  el reparo, en la medida que sin indicar los medios de persuasión que  los  juzgadores relegaron indebidamente de sus análisis, menos aún, el influjo  de  los  mismos frente al fallo impugnado, en otros términos, sustrayéndose al  deber  de  demostrar el yerro acusado y su trascendencia, esboza su particular e  interesada   tesis   sobre   los   requisitos  esenciales  de  la  contratación  administrativa,  que  para  los  fines de la represión penal y en los términos  del   artículo   146   del   anterior  estatuto  punitivo,  únicamente  pueden  considerarse  como  tales  los previstos en el artículo 1502 del Código Civil,  esto  es, capacidad, consentimiento, objeto y causa lícitas, no los surgidos de  la  Ley  80  de  1993,  conforme  consideraron  al  unísono  los  falladores de  instancia.   

         A  través  de  estos  argumentos  iniciales, concluye la Sala, el  censor  simplemente  enuncia  un  supuesto  error  de lógica jurídica recaído  sobre  las  normas jurídicas que complementan la disposición infringida con la  conducta  del  procesado  VILLALBA MORENO,  que  debió  postular  y fundamentar a través de la violación  directa  en  cargo  separado;  y  en  todo  caso,  claramente se aprecia que con  argumentos  propios  de  una  causal  diferente,  pretende enfrentar su criterio  personal  e  interesado  sobre  dicho  tópico  al consignado en la sentencia de  segunda  instancia,  donde  en  relación  con  la  disposición descriptiva del  delito    imputado    se    consideró    específicamente,   que   “se  trata  de  una norma penal en blanco que se complementa con  la  Ley  80  de 1993, que es la que determina cuales son las reglas y principios  que  rigen  los  contratos  de  las  entidades estatales y cuales los requisitos  legales   esenciales  requeridos  por  la  normatividad  para  la  contratación  administrativa,  atendiendo  al cumplimiento de los fines estatales, la continua  y  eficiente  prestación  de  los  servicios  públicos y la efectividad de los  derechos  e  intereses  de  los  administrados,  que  colaboran  con ellos en la  consecución   de   dichos   fines”  (f.  49,  cd.  Tribunal).   

         En la anterior sustentación pierde de  vista  el impugnante una vez más, que el fallo impugnado arriba amparado por la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad, de manera que no puede quebrarse a  través de esa simple discrepancia antitécnicamente propuesta.   

     

         Acrecentando  las impropiedades advertidas, en las consideraciones  siguientes,  con  mayor  proximidad  al  desacierto  de  apreciación probatoria  endilgado,   el   libelista   aduce   que   fueron   omitidas  algunas  pruebas,  concretamente,  la  decisión  de  la Contraloría Municipal mediante la cual se  archivó  la  investigación  fiscal  iniciada  contra el inculpado VILLALBA  MORENO  por  la suscripción  del  contrato  de  obra  con  Luis  Fernando  Morales  Casallas;  la inspección  judicial  durante  la  cual  se  aportaron  las  certificaciones  y  constancias  expedidas   por   la   Tesorería   de  Facatativá  atinentes  a  las  reservas  presupuestales  exigidas  por la ley; y finalmente, los documentos que verifican  los  trámites  desarrollados en el proceso de contratación, en la ejecución y  cumplimiento del mismo.   

          Sin   embargo,  tampoco  desde  otra  perspectiva   el   ataque  encuentra  prosperidad,  pues  como  lo  advierte  la  Procuraduría  Delegada,  la realidad del desatino se diluye al verificar que en  el  pronunciamiento  de  primera  instancia, que con el impugnado integra unidad  jurídica,  se  estimaron  los medios demostrativos cuyo análisis echa de menos  el  demandante,  sólo  que  en  un  sentido  diverso del que propugna de manera  abstracta  y  genérica  el demandante para afirmar que el delito imputado no se  configuró.   

         Así,   tratándose   de   las   actuaciones  adelantadas  por  la  Contraloría  y  del  archivo  dispuesto  en  ellas,  el Juzgado sostuvo que tal  decisión  no  resultaba  vinculante  por  estar  orientada esa averiguación al  “control  financiero  de  gestión  y  resultado,  independientemente  de  sí  estos  constituyen  o  no  delitos”  (fs.  518, 536, 537, cd. 1); más aún,  el  censor  admite  de  manera  implícita, por lo menos, que tales elementos de  juicio  no  fueron  prescindidos en el análisis de los juzgadores, para centrar  la  crítica  en  la  desestimación  que  se  hizo  de  su resultado, no por la  incursión  en  algún desatino, sino simplemente con soporte en la discrepancia  surgida  del  entendimiento  que  predica  en este punto a partir de su personal  interpretación del artículo 271 de la Constitución Política.   

         Tampoco  resulta  cierta  la endilgada  preterición  de  las  inspecciones  judiciales llevadas a cabo en la fase de la  causa,  ni  de  los documentos aportados en el curso de tales diligencias, a las  que  el  a  quo  efectuó varias y expresas referencias (fs. 518, 521, 531, 532,  534  cd.  1)  para  colegir precisamente con fundamento en ellas y en las demás  pruebas  recaudadas,  la  unidad  del  contrato  de  obra  contenida  en los dos  documentos  suscritos  con  Luis  Fernando  Morales Casallas, por un valor total  superior  a  la  cuantía  que la Ley 80 de 1993 determina para la contratación  directa  en  el  artículo  24,  numeral  2º,  literal  a), que fue fraccionado  entonces    para    soslayar   el   requisito   esencial   de   la   licitación  pública.   

          Adicionalmente,  el  censor  en  este  último  aspecto  se  limitó  a  individualizar  los  medios  demostrativos que  afirmó  fueron omitidos de toda consideración, señaló de manera genérica lo  que  se  establecía  a  través  de  ellos,  concretamente,  la  disponibilidad  presupuestal   y   el   trámite  impartido  con  rasgos  de  generalidad  a  la  contratación  administrativa  del  municipio  de  Facatativá en los eventos de  adjudicación  directa  con  solicitud  de  ofertas,  perdiendo  de vista que el  incumplimiento  de  los  requisitos  legales  no  se  derivó  de la ausencia de  aquella  ni  de  irregularidades en la invitación para ofertar, a las que alude  el  último  documento mencionado, para sostener después, de manera lacónica y  abstracta,  que  el  desacierto  acusado  determinó la aplicación indebida del  artículo 146 del anterior Código Penal.    

          Esto   es,   se  sustrajo  en  forma  manifiesta  al  deber de demostrar la trascendencia del presunto yerro, no sólo  enfrentando  la  conclusiones  surgidas  de la prueba que atestó omitida con la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo  impugnado,  sino  también  mediante  el desquiciamiento de la totalidad de los elementos de persuasión que  le brindaron fundamento a la condena.   

         Por  deficiente  e  incoherente,  como  quedó  establecido  a  través  de  las  razones esbozadas, este otro reparo de  violación indirecta de la ley sustancial tampoco prospera.   

        Quinto cargo.   

         Plantea   el   demandante   la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  esto  es,  la  aplicación  indebida del artículo 146 del anterior  Código  Penal,  como  consecuencia  de  un  error  de hecho por falso juicio de  existencia  al  haber  supuesto  el  Tribunal  la  prueba   del ingrediente  subjetivo que el mencionado precepto contempla.   

         Tal  modalidad  de  desatino se estructura, como es sabido, cuando  el  juzgador  imagina  la  prueba  que  no  obra materialmente en el proceso, de  manera  que  su  invocación  comporta  el deber de demostrar que el medio o los  medios  de  persuasión  que  soportan  las  conclusiones  del  fallador  fueron  imaginados,  pero  además,  que  otro  habría  sido  su  sentido  de  no haber  considerado   los   hechos   que   se   estimaron   revelados  por  las  pruebas  supuestas.   

         En  el reparo examinado, la propuesta finalmente concretada por el  censor  no  hace  referencia  siquiera  de  lejos  a  tal  hipótesis,  pues sin  consultar  el  contenido  de  los  fallos  de  instancia,  integrados  en unidad  jurídica  inescindible  ante  el  carácter  confirmatorio del proferido por el  Tribunal,  menos aún, en la específica temática cuestionada, arguye tan sólo  que  en  la  actuación  seguida  en  contra  de  su  representado  VILLALBA   MORENO   no  obra  aducido  ningún  elemento  de  persuasión  que  acredite  el propósito exigido para la  configuración  del  delito,  esto es, de obtener un provecho ilícito para sí,  el  contratista  o  un tercero, de manera que debió suponer la que lo sustenta,  afirmación  sobre  la  cual edifica entonces la tesis de la atipicidad absoluta  que aspira sea prohijada por la Corte.   

         Por    lo    anterior,   fuerza  colegir  que  la sustentación  del  reparo  se  divorcia  por  completo de su enunciado para convertirse en una  huera  alegación,  que en lugar en orientarse a demostrar la realidad del error  de  hecho  acusado, se desenvuelve exclusivamente a través de las apreciaciones  personales,  abstractas  y genéricas del demandante sobre el acervo probatorio,  en  manera alguna abordables en esta sede, donde la inconformidad del recurrente  no  puede cimentarse en la simple disidencia con el proceso valorativo efectuado  por  los  funcionarios  judiciales,  sino en vicios trascendentes incurridos por  los juzgadores en la apreciación probatoria.   

         En    las   condiciones   anteriores   el   cargo   formulado   no  prospera.   En  consecuencia,  el  fallo  impugnado  en cuanto al sindicado  VILLALBA  MORENO  no  se  casará.   

         2.  DEMANDA EN DEFENSA DE RAÚL PULIDO GONZÁLEZ.   

        Primer cargo.   

         El  censor deriva la nulidad invocada de la circunstancia de haber  omitido  la Fiscalía instructora la comunicación de la resolución de apertura  del  sumario  al  representante  legal del municipio de Facatativá, no obstante  que  se  imponía al tenor del artículo 36 de la Ley 190 de 1995, irregularidad  que  privó  a  esa  entidad  pública,  según  atesta,  de  la  oportunidad de  constituirse  en  parte civil en la actuación respectiva con miras a obtener el  resarcimiento  del perjuicio, imperativa además de conformidad con la precitada  disposición.   

Sin  embargo, este reparo aparece formulado  con  evidente  carencia  de  interés  jurídico, requisito de procedibilidad en  manera  alguno ajeno a la alegación de las nulidades en sede de casación, como  lo  ha  precisado reiteradamente la Sala, pues a través de él se echa de menos  por  el  demandante una formalidad que en manera alguna afecta los intereses que  representa,  a tal punto, que ningún esfuerzo dialéctico despliega con miras a  demostrar  cómo  la   ausencia  de tal acto de notificación derivó en el  menoscabo  de  las  garantías  del  sindicado PULIDO  GONZÁLEZ.   

En efecto, el mencionado artículo 36 de la  Ley  190  de  1995  propendía  por  garantizar  el restablecimiento del derecho  conculcado  a  las  personas  jurídicas de derecho público con la comisión de  delitos  contra la administración pública, de ahí que le impusiera a aquellas  la  obligación  de  constituirse  en  parte  civil  con  miras  a  procurar  la  reparación   del   perjuicio   causado;   y  para  efectivizar  tal  exigencia,  paralelamente  le  señaló  al  funcionario  judicial  el deber de comunicar la  apertura  de  la  instrucción  al  representante  legal de la entidad de que se  tratara.   Así  las  cosas,  ante esta específica finalidad colegida para  tal  acto  de enteramiento, su omisión no tiene ninguna incidencia respecto del  procesado.   

Por  las razones consignadas, la censura de  nulidad se desestima.   

         Segundo cargo.   

         Las  deficiencias  de  orden  técnico y las inconsistencias en la  fundamentación  de  esta  censura,  que  impiden  desentrañar  con claridad su  sentido  y  alcance,  cuya  corrección o enmienda le está vedada a la Corte en  virtud  del  principio  de  limitación, le restan toda vocación de éxito como  pasa a considerarse.   

         En  primer  término, al integrar la proposición jurídica con la  que  pretende derruir la legalidad del fallo censurado, el demandante acude a la  cita  indiscriminada  de  disposiciones  de  la  Constitución Política, de los  Códigos  Penal,  de  Procedimiento Penal y Sustantivo del Trabajo, al igual que  de  la  Ley  80  de 1993, a través de la cual anuncia entonces la presentación  múltiples  propuestas,  excluyentes  además  y  referidas  tanto  a errores in  iudicando  como  in procedendo, en cuanto conjugó los preceptos que recogen los  principios  de  legalidad,  del  hecho  punible,  de tipicidad, antijuridicidad,  culpabilidad,  favorabilidad,  exclusión  de  la analogía, y de presunción de  inocencia,  pero  también  las  normas  alusivas  a  las garantías a un debido  proceso y a la investigación integral.   

         Adicionalmente,  si  bien  en  el  contexto  del  cargo centra sus  argumentos  en  la  acusada  infracción del artículo 144 del estatuto punitivo  preexistente  a la comisión de los hechos investigados, a la vez que sugiere su  aplicación  indebida,  de todos modos ninguna precisión consignó respecto del  precepto  sustancial que por razón de tal dislate resultó entonces de excluida  aplicación a pesar de ser el llamado a regular el caso concreto.   

         Por  otra  parte,  según  quedó reseñado en anterior acápite y  recuerda  ahora  la  Sala,  el  casacionista con miras a sustentar la denunciada  violación  indirecta  de  la ley sustancial, la deriva en primer término de la  “ausencia  de  relación  funcional  de parentesco  entre   el  contratante  y  contratista”;  y  más  adelante,  bajo  el epígrafe “la existencia de una  relación    laboral    reconocida    en    acto   administrativo”,  plantea  el carácter puramente laboral, no administrativo, del  contrato   suscrito   entre   la   administración  local  de  Facatativa  y  su  representado, objeto de las presentes diligencias.   

         En  este  desarrollo  del  reparo  afianza de manera ostensible el  desconocimiento  de los principios de autonomía de las causales y de coherencia  en  la  argumentación,  atisbado  desde  la presentación de la censura como se  advirtió  atrás.   En  efecto, involucra dos ataques a los que les asigna  entidad  para resquebrajar por sí solos la legalidad del fallo, compendiados al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo segundo, por infracción  mediata  de  la  ley  sustancial,  incluso, de pretendida sustentación bajo los  derroteros  propios de la violación directa e indirecta, respectivamente, y que  finalmente deja sumidos en el mero enunciado.   

         Así,  bajo la inicial temática reseñada, con aceptación de los  hechos  que  se  dieron por demostrados y de las pruebas en la forma como fueron  valoradas  en  los  fallos  de  instancia,  admite  con  los  juzgadores  que el  procesado  RAÚL DARÍO PULIDO GONZÁLEZ suscribió  con el municipio de Facatativá el contrato al cual se  contrajo  la  investigación;  de igual modo, que el citado tenía parentesco de  consanguinidad  con  Hernando Ariel Pulido González, para ese entonces Director  Técnico  de la UMATA de esa misma localidad, de manera que relegándose de toda  controversia  sobre  el  carácter directivo de dicho cargo, en principio acepta  que  podría atestarse configurado el delito de violación del régimen legal de  inhabilidades  e  incompatibilidades  descrito  en el artículo 144 del anterior  Código Penal.   

         No obstante, reiterando las alegaciones  de  instancia  y  sin intentar demostrar algún desacierto de lógica jurídica,  como  destaca  con  acierto  la  Procuraduría  Delegada, insiste en su personal  interpretación  de  la  norma  referida, enfrentada después al criterio de los  falladores  y  sometida a la consideración de la Corte, pasando por alto que la  sentencia  impugnada  viene  precedida  de  la  doble presunción de legalidad y  acierto;  tesis  con  soporte en la cual, como hiciera también en la apelación  contra  la  decisión  del  a quo, afirma la atipicidad del comportamiento de su  asistido  en  la  comprensión  que  la  conducta  reprimida sólo se estructura  cuando  el  vínculo  de parentesco existe entre el funcionario que participa en  el  proceso  de  contratación y el contratista, situación que estima ajena por  consiguiente  a  su asistido, como quiera que el hermano de este último a pesar  del  cargo  desempeñado  en  la Administración municipal no tuvo intervención  alguna en el proceso contractual.   

         En   el   segundo   argumento,   también   por   la  vía  de  la  confrontación  de  criterios,  el  libelista  pretende anteponer su valoración  personal  del contrato suscrito entre el municipio de Facatativá y el sindicado  PULIDO   GONZÁLEZ,  a  través  de  la cual afirma que a pesar de su nominación como de prestación de  servicios,  del aparente carácter administrativo y del expreso contenido de sus  cláusulas,  se  estableció  una  relación  laboral  por  cuanto concurren los  elementos  que  la  determinan.  Esta  alegación  si  bien  es  propia  de  las  instancias,  no  tiene ningún recibo en sede extraordinaria, donde la sentencia  viene  precedida  de  la doble presunción de acierto y legalidad, motivo por el  cual el criterio del fallador prevalece.   

         Idéntica  consideración  plantea  a  la  Sala  tratándose de la  Resolución  No.  163  de 1997, por medio de la cual el municipio de Facatativá  ordenó   el   pago   de   prestaciones  sociales  al  contratista  y  procesado  PULIDO  GONZÁLEZ, que el  censor  aduce  como  indicativa  del pregonado vínculo laboral de aquél con la  administración  local,  por  lo  tanto,  de la atipicidad de su comportamiento,  pues  en  este  aspecto  simplemente  disiente  de  la  falta de mérito que los  sentenciadores  atestaron  de  tal acto administrativo para acreditar un nexo de  dicha  naturaleza, pero sin intentar demostrar siquiera que en esta apreciación  resultaron quebrantados los postulados de la sana crítica.   

         Más  aún,  en este específico reparo el defensor tergiversa las  consideraciones  esbozadas  por  los  juzgadores  al  abordar el análisis de la  mencionada  resolución,  pues  asegura que con suposición de pruebas, esto es,  incurriendo  en  el  falso juicio de existencia, se le restó toda eficacia bajo  la  consideración de haber originado una investigación penal de la que no obra  constancia alguna en las diligencias.   

         Sin  embargo,  a  partir  de  la  desprevenida  lectura  del fallo  impugnado  se discierne que otro y muy diverso fue el discurrir del Tribunal. En  concreto,  que  luego  de  atestar  el  carácter administrativo del contrato de  prestación    de    servicios    suscrito    con    el   acusado   PULIDO  GONZÁLEZ,  y  de  colegir que  ninguna  confusión  podía  subsistir  en torno a ello a pesar del “reconocimiento  de  cesantías  y primas en resolución No. 163  de  13  de mayo de 1997”, consideró llanamente que  tal  situación  debía   “…ser  objeto  de  averiguación  comoquiera  que  puede  configurarse comportamiento delictual que  afecta   la   administración  pública,  en  que  haya  podido  incurrir  quien  suscribió   la   resolución  reconociendo  cesantías  y  prima” (f. 223, cd. Tribunal).   

         En  otros  términos,  no  es  cierto  que  el  ad  quem supusiera  existente  una  investigación  penal  originada  en  la  expedición  del  acto  administrativo  de  reconocimiento  y  pago  de  las  prestaciones  sociales  al  sindicado;  menos aún, que con apoyo en un juicio equivocado en torno a ello le  restara  mérito  probatorio,  sino  que  el  juzgador ad quem estimó necesario  propiciar   la   averiguación   para   esclarecer   las  circunstancias  de  su  emisión.   

         Con  fundamento  en  las  consideraciones  precedentes,  el reparo  final   de   la   demanda  presentada  en  defensa  del  procesado  PULIDO    GONZÁLEZ    también   se  desestimará.  En  consecuencia,  el  fallo  impugnado,  en  lo  que respecta al  citado, tampoco se casará.   

         Contra esta providencia no procede ningún recurso.   

         

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         NO    CASAR   el   fallo   impugnado.   

         Cópiese,  comuníquese y devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL           JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO             ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                               NILSON     PINILLA  PINILLA   

No hay firma  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Sentencias  de octubre 7 de 1998, M.P. Dr. Carlos E. Mejía Escobar;  julio  21  de  2000,  M.P.  Dr.  Carlos  A. Gálvez Argote, radicado 11.056; julio 4 de  2001,    M.P.   Dr.   Herman   Galán   Castellanos,   radicado   14126,   entre  otras.   

2 Sentencias de  noviembre  24  de  1999,  M.P.  Dr.  Fernando  Arboleda Ripoll, radicado 14.227;  diciembre  15  de  1999,  M.P.  Dr.  Jorge  E. Córdoba Poveda, radicado 11.899;  agosto  8  de  2000,  M.P.,  Dr. Mario Mantilla Nougués, radicado 15.836, entre  otras.     

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