15516oct

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15516  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

          SALA DE CASACIÓN PENAL   

Magistrado Ponente  

Dr.   JORGE  E.  CÓRDOBA POVEDA   

Aprobado acta N° 167  

(28-09-2000)  

Bogotá, D.C., tres (3) de octubre de dos mil  (2000).   

          V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  CAYO ANTONIO OTERO VIDAL.   

          A N T E C E D E N T E S   

Los   hechos  que  motivaron  el  presente  diligenciamiento,  tuvieron  ocurrencia en la ciudad de Cali, el 13 de agosto de  1990,   cuando   el   señor   Cayo   Antonio  Otero  Vidal  presentó  para  su  cambio  en  las cajas del  almacén  o  cacharrería “La 14”, ubicada en la carrera 5ª entre calles 14  y  15,  el  cheque No. I5905844 de la cuenta corriente No. 166-03455-3 del Banco  de  Bogotá,  por valor de $27.500, girado a nombre de JORGE HERNAN GONZALEZ por  la  compañía  GRANCOLOMBIANA  DE  SEGURIDAD VALLE Ltda. Al efecto, exhibió la  cédula  de  ciudadana  N° 16.630.651, expedida a nombre de éste último, pero  con la fotografía de Otero Vidal.   

En   el  curso  de  la  investigación  se  estableció  que  tanto  el  título  valor  como el documento de identidad eran  falsos.   

2.-  El Juzgado 21° Penal del Circuito  de  Cali,  mediante  sentencia  del  21  de  julio de 1998, absolvió al acusado  CAYO ANTONIO OTERO VIDAL.   

3.- Apelado el fallo por el representante del  Ministerio  Público,  el Tribunal Superior de Cali, mediante sentencia del 7 de  septiembre  siguiente,  lo  revocó  y  en  su lugar lo condenó a la pena de 30  meses  de  prisión,  como  responsable  de  falsedad  material de particular en  documento público agravada por el uso.   

Contra esta decisión su defensora interpuso  el recurso extraordinario de casación.   

         LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Formula  la  libelista  un  único  cargo al  amparo  del  cuerpo  segundo de la causal primera, señalando que el defecto del  juzgador  consistió en la “errónea apreciación de la prueba testimonial”,  con  lo  que  se  desconoció “el principio constitucional del debido proceso,  consagrado  en  el  artículo  29  de la Constitución Política de Colombia”.   

Sostiene  la  demandante  que atendiendo los  argumentos  esgrimidos  por  el  Procurador 66 Delegado en lo Penal, el Tribunal  revocó  la  absolución, partiendo de la “hipótesis” de que el acusado fue  la  persona que se presentó  al almacén a cobrar el cheque exhibiendo una  cédula  falsa,  lo  que  no fue demostrado en el proceso, pues no se recibieron  las  declaraciones  del supervisor encargado de visar y autorizar los cheques ni  de  la  cajera  encargada  de  recibir  el pago, sin que se hubieran agotado los  medios necesarios para allegar tales elementos de convicción.   

Pasa  luego  la  censora  a  recalcar que el  fiscal  corroboró,  en  la  alegación  presentada  para  sentencia  de segunda  instancia,  el  estado  de  incertidumbre  en  cuanto  a que el acusado fuera la  persona  que  se  presentó con la cédula falsa, máxime si se considera que el  perito  grafólogo conceptúo que no hay identidad entre las grafías tomadas al  procesado y las que aparecen en el cheque.   

Anota  que se debe tener en cuenta que Otero  recibió  una llamada telefónica “con el fin de que constatara la realidad de  sus   documentos  materia  de  falsedad”,  habiéndose  presentado  al  citado  establecimiento  comercial  a  hacerle frente a la situación, porque creyó que  sus   documentos   de  identidad  extraviados  hubiesen  aparecido,  habiéndose  encontrado  con  su  antiguo  jefe  de  la empresa de vigilancia que lo conocía  perfectamente,  lo que demuestra que es inocente “pues otra persona se habría  escondido para evitar su identificación”.   

Sostiene que se nota a las claras que lo que  se  ha  procurado  es  causar  daño  al  procesado  “porque  en otras épocas  prestara  sus servicios como vigilante y para esa época se encontraba laborando  en un juzgado de instrucción criminal”.   

Dice  que  lo  anterior  demuestra que Otero  Vidal  no  fue quien se presentó al almacén citado a hacer efectivo el título  valor  con  cédula  adulterada, ni se valió de otra persona para tal fin, pues  sin  lugar  a  dudas  al  ser detenido en flagrancia, habría aportado los datos  necesarios al esclarecimiento de los hechos.   

“No  hay  certeza, no hay prueba legal que  demuestre  que  otero  Vidal  elaborara  la  cédula con su fotografía para ser  utilizada por otra persona”.   

Bajo  dos acápites que denomina “CONCEPTO  DE   LA  VIOLACIÓN  LEGAL”  e  “INAPLICACIÓN  DEL  DEBIDO  PROCESO”,  la  libelista   diserta   sobre   el   alcance  de  esta  garantía  constitucional,  señalando,  especialmente,  que tergiversar el sentido de la prueba “para que  diga  algo  que no dice” es pasar por alto ese derecho fundamental y, además,  generar  una  clara y abierta inseguridad jurídica. Al final acota: “Aquí se  ha  probado  una  circunstancia  de  atenuación,  que  la  segunda instancia ha  desconocido,     en     clara    violación    del    principio    del    debido  proceso.”.   

Por lo anterior pide la prosperidad del cargo  y,  por  ende,  que  se  case  la  sentencia  del Tribunal, con el objeto de que  recobre  vigencia  el  fallo  del  a  quo.   

LA CORTE CONSIDERA  

La  demanda  presentada por la defensora del  sentenciado,  no  reúne los requisitos de claridad y precisión que estatuye el  numeral  3°  del  artículo  225  del  Código  de  Procedimiento Penal para su  admisión,  razón  por  la  cual  su inobservancia impide a la Corte abordar el  estudio de fondo.   

Entre los múltiples desaciertos del libelo,  se pueden destacar los siguientes:   

1°  No indica cuál fue la norma sustancial  infringida   ni  su  sentido,  esto  es,  falta  de  aplicación  o  aplicación  indebida.   

2°  Desde  el  enunciado confunde la causal  primera  con  la tercera, desconociendo el principio de autonomía, al tenor del  cual,  por  tener  las  diferentes  causales configuración distinta, obedecer a  peculiares   reglas   técnicas   para   su   demostración  y  tener  adscritas  particulares  consecuencias  jurídicas,  no se pueden entremezclar dentro de un  mismo cargo ataques correspondientes a causales diferentes.   

3°  No  dice  cuál fue el falso juicio que  determinó  el  error  de  hecho  acusado,  si  de  existencia o identidad, o si  consistió  en un falso raciocinio por vulneración de los postulados de la sana  crítica.   

Aunque en alguna parte del desarrollo intenta  orientar  la  censura  hacia  el falso juicio de identidad, no indica sobre qué  medio  de  convicción  recayó  el  yerro,  ni  de  qué manera fue falseado su  contenido material, ni cuál su incidencia.   

4°La demostración la circunscribe a oponer  sus  conclusiones probatorias a las del fallador, desconociendo que la casación  no  es  una tercera instancia, en la que en forma libre y especulativa se puedan  hacer   toda  clase  de  cuestionamientos  a  una  sentencia  que,  por  ser  la  culminación  de  todo  un  proceso,  está amparada por la doble presunción de  acierto  y  legalidad, sino que se está en presencia de un medio extraordinario  y   rogado,   donde  sólo  es  posible  acusar  los  errores  de  juicio  o  de  procedimiento  cometidos,  al  tenor  de  los  motivos  expresa  y taxativamente  señalados  en  la  ley,  demostrarlos y evidenciar su trascendencia en la parte  dispositiva del fallo.   

5°  Finalmente, en forma contradictoria, al  final  de  la  disertación  sostiene  que  está  probada  una circunstancia de  atenuación,  con  lo  que  al  interior  de  la misma censura está, a un mismo  tiempo, afirmando y negando la responsabilidad.   

Frente a los anotados yerros de la demanda y  dado  que a la Corte no le es permitido, en virtud del principio de limitación,  corregirlos,  se impone su rechazo, de acuerdo con lo dispuesto por el artículo  226 del Código de Procedimiento Penal.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

         R E S U E L V E   

RECHAZAR IN LIMINE  la   demanda   de   casación   presentada  por  la  defensora  de  CAYO    ANTONIO    OTERO    VIDAL.   En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso   (art.   197   del   C.   de   P.P.).   Devuélvase   al   Tribunal  de  origen.   

Comuníquese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA  RIPOLL                                            JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE                             JORGE    ANIBAL    GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                          CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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