15433(18-10-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 15433  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Aprobado Acta No.159   

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     FERNANDO    E.    ARBOLEDA  RIPOLL   

Bogotá,  D. C., dieciocho de octubre del dos  mil uno.   

Resuelve  la  Corte  el  recurso de casación  interpuesto  contra la sentencia de 7 de septiembre de 1998, mediante la cual el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Medellín condenó a los procesados  PEDRO NEL COLORADO SERNA a la  pena  principal  privativa de la libertad de 26 años, 6 meses de prisión, como  autor  responsables  de los delitos de homicidio en Miguel Angel Correa Gaviria,  porte  ilegal  de  armas de fuego de defensa personal, e infracción a la ley 30  de  1986;   y  SERGIO ANTONIO MUNERA DAZA y RAFAEL  ANTONIO  VERGARA ESTRADA, a la pena principal privativa  de  la  libertad  de  6  años  de  prisión,  por  infracción  a  la ley 30 de  1986.    

Hechos  y  actuación  procesal.   

El  9 de marzo de 1996, en las primeras horas  de  la  noche,  el  Agente  de  la Policía Nacional Miguel Angel Correa Gaviria  llegó  al  sector  de  la calle Amador, entre carreras Bolívar y Palacé de la  ciudad  de Medellín (lugar dedicado la venta de sustancias estupefacientes), en  compañía  de Edgar Galicia Rodríguez, pensionado de la Policía Nacional, con  el  propósito,  al parecer, de cobrar la “liga”, o “impuesto” exigido a  los  expendedores  de  droga por las ventas, para dejarlos actuar libremente. En  el   lugar,  un  sujeto  disparó  repetidamente  contra   Correa  Gaviria,  causándole la muerte (fls.2, 65, 288, 387/2).   

La investigación estableció que la víctima,  al  llegar  al  sitio  de  los  acontecimiento,  se entrevistó con Rafael  Antonio  Vergara  Estrada  y  Sergio  Antonio  Múnera  Daza  (distribuidor),    y   cuando   se  disponía  a  dejarlos,  apareció sorpresivamente Pedro Nel Colorado  Serna  (cuñado  de  Rafael Antonio), y disparó en su  contra.  Con  fundamento  en  esta  información  se  ordenó  el allanamiento y  registro   de   la   residencia  de  Vergara  Estrada,  lográndose   su   captura   y   la  de  Múnera  Daza. En su interior  fueron  hallados  1042  gramos de cocaína base (basuca) distribuidas en 5 paquetes, dos  de  los cuales contenían 736 papeletas; dinero y otros elementos (fls.105, 107,  134,  323/2).  También se practicó diligencia de allanamiento y registro en la  residencia  de  Pedro  Nel  Colorado Serna,   quien   fue   detenido   junto   con   su   esposa  Marleny  Vergara  Estrada.  En dicho lugar  fueron  hallados  105  gramos  de  cocaína  base  (basuca), distribuidos en 654  papeletas,   dinero  y  otros  elementos  (fls.139,  174  y  292/2).     

La  fiscalía  escuchó  en indagatoria a los  detenidos,  y  resolvió  su  situación jurídica (fls.180, 190, 197, 204, 216,  282,   284,   286/1).   También   fueron   oídos   en   injurada  Luis  Américo  Palomeque  Palacios  y Pedro Pablo Arboleda Mosquera  (fls.24  y  28/2),  a  quienes  se sindicó de haberse  apoderado  la  noche  de los hechos del revólver que portaba el occiso, pero en  relación   con   ellos   se   dispuso  continuar  la  actuación  por  separado  (fls.31/2).    

Cerrada la investigación, se la calificó el  10  de  septiembre  de  1996  con  resolución  acusatoria  contra  Rafael  Antonio Vergara Estrada, Sergio Antonio Múnera Daza y Pedro  Nel  Colorado  Serna,  por  los  delitos  de homicidio  agravado,  infracción  a  la  ley 30 de 1986, porte ilegal de armas de fuego de  defensa  personal,  cohecho por dar u ofrecer, y concierto para delinquir; y con  preclusión     respecto    de    Marleny    Vergara  Estrada. Apelado este pronunciamiento por la defensora  de  los  dos  primeros,  la  Fiscalía  Delegada,  en  decisión de 21   de  octubre  de  1996,  la  confirmó  integralmente (fls.395, 452/2).   

En  la  fase  del  juicio  se acumuló a este  proceso  la causa seguida contra Sergio Antonio Múnera  Daza,  por  los delitos de homicidio y porte ilegal de  armas  de  fuego  de  defensa  personal.  Los  hechos  que  dieron  origen  a la  investigación  guardan  relación con la muerte del joven Javier Darío Higuita  Higuita,  ocurrida  el  2 de junio de 1995 frente al Bar hípico de la ciudad de  Medellín,  ubicado  en la intersección de la carrera Bolívar con calle Amador  (fls.2, 14, 236, 258, 274/1).   

Celebrada la audiencia pública, el Juzgado de  conocimiento,  mediante  sentencia  de 19 de marzo de 1998, tomó las siguientes  decisiones:  1.  Condenó  a  Pedro Nel Colorado Serna a la  pena  principal  privativa de la libertad de 26 años y 6 meses de prisión, por  los  delitos  de homicidio en Miguel Angel Correa Gaviria, porte ilegal de armas  de  fuego de defensa personal, e infracción a la ley 30 de 1986, y lo absolvió  por   los   delitos   de   cohecho  y  concierto  para  delinquir.  2.      Condenó     a     Sergio  Antonio  Múnera  Daza  a  la pena  principal  privativa  de la libertad de 26 años de prisión, por los delitos de  homicidio  en  Javier  Darío Higuita Higuita, porte ilegal de armas de fuego de  defensa  personal,  e  infracción  a  la ley 30 de 1986, y lo absolvió por los  delitos  de  homicidio  en Miguel Angel Correa Gaviria, porte ilegal de armas de  fuego  de  defensa  personal  imputado  en dicha causa, cohecho y concierto para  delinquir.   3.  Condenó  a  Rafael    Antonio   Vergara   Estrada   a  la  pena  principal  privativa  de  la  libertad  de  4  años de  prisión,  por  infracción  a la ley 30 de 1986, y lo absolvió por los delitos  de  homicidio  en Miguel Angel Correa Gaviria, porte ilegal de armas de fuego de  defensa personal, cohecho y concierto para delinquir (fls.348/1).   

Apelado este fallo por el Fiscal del proceso,  el  defensor  de Pedro Nel Colorado Serna, y el procesado Sergio Antonio Múnera  Daza  (fls.377,  379,  380/1),  el  Tribunal  Superior, mediante el suyo de 7 de  septiembre   de   1998,   lo   confirmó   con  las  siguientes  modificaciones:  1.  Decretó la nulidad de la  causa   seguida   contra   Sergio   Antonio   Múnera  Daza  por  la muerte de Javier Darío Higuita Higuita,  desde  la  fase  de  la  investigación,  por violación del derecho de defensa.  2.  Decretó la nulidad de lo  actuado  respecto  del  delito  de concierto para delinquir en la causa iniciada  por  la  muerte  de  Miguel  Angel  Correa  Gaviria, desde la clausura del ciclo  investigativo,   por   incompetencia.   3.  Condenó  a  Sergio  Antonio  Múnera y  Rafael  Antonio  Vergara  Estrada  a la pena principal  privativa   de  la  libertad  de  seis  (6)  años  de  prisión,  como  autores  responsables  de  infringir  la  ley  30 de 1986; y, 4.  Mantuvo   la   condena   impuesta   a   Pedro  Nel  Colorado  Serna.  (fls.401/1).  Contra  esta  decisión interpuso oportunamente recurso de casación el defensor  de este último.   

La         demanda.   

Dos  cargos,  ambos  al  amparo  de la causal  tercera  de  casación,  presenta  el  demandante contra la sentencia impugnada.   

1. Nulidad por violación del debido proceso:  Sostiene  que  en  los  albores  de  la  investigación  fueron vinculados   mediante  indagatoria los señores LUIS AMERICO PALOMEQUE PALACIOS y PEDRO PABLO  ARBOLEDA  MOSQUERA,  a  quienes se les halló en su poder el arma que portaba el  occiso,  y  que  respecto  de  ellos no se resolvió la situación jurídica, ni  hubo  pronunciamiento  en la resolución de acusación. Esta omisión constituye  una  infracción  al  debido proceso, por falta de aplicación de los artículos  387,  388,  441  y  443  del  estatuto procesal (Decreto 2700/91), que afecta de  nulidad toda la actuación.   

2.  Nulidad  por  violación  del  derecho de  defensa:  Afirma  que  de  acuerdo con lo dispuesto en el artículo 196 ejusdem,  los   recursos  ordinarios  pueden  ser  interpuestos  durante  los  tres  días  siguientes  a  la  última  notificación,  por  quien tenga interés jurídico,  disposición  que  resulta  acorde  con el artículo 197, donde se establece que  las  providencias  quedan ejecutoriadas tres días después de notificadas si no  han sido presentados  recursos.       

En  el  caso  analizado  se  observa  que  el  término  para recurrir la resolución de acusación vencía el 16 de septiembre  de  1996, puesto que la última notificación se efectuó al Ministerio Público  el  12  anterior.  De  igual  manera,  que  el  procesado  presentó  un escrito  interponiendo  el  recurso  de  apelación en contra de la citada providencia, y  que  lo  hizo  en  tiempo, como quiera que fue recibido en la Fiscalía el 16 de  septiembre,  a  las  9:10  de  la  mañana.  No obstante ello, el Fiscal omitió  “olímpicamente”  dar  trámite a la impugnación, violando, de esta manera,  el derecho de defensa.    

El  procesado  careció  además  de  defensa  técnica  durante  la  instrucción.  Basta  mirar, para comprobarlo, el alegato  precalificatorio  presentado  por  el  defensor  de entonces, donde, en lugar de  abogar  por  el  procesado,  lo  sumerge  en  una  condena aún no proferida, al  expresar  que  “la  embriaguez que padeció el procesado al momento de cometer  el  hecho  punible  no  alcanzó  a obnubilar su conciencia ni le impidió darse  cuenta de la ilicitud de su conducta (fls.385)”.   

Apoyado en estas consideraciones solicita a la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada,  y  decretar  la nulidad de lo actuado a  partir de la resolución de situación jurídica, inclusive.   

Concepto  del Ministerio Público.   

La  procuradora  Primera Delegada en lo Penal  solicita  a  la  Corte  desestimar  los  ataques presentados contra la sentencia  impugnada, por las siguientes razones:   

Cargo   primero:  Sostiene   que   este  reparo  carece  totalmente  de  respaldo,  porque  la  actuación procesal se bifurcó para investigar  por  separado  el  hurto  del  revólver  perteneciente  a la víctima, y que así se  dejó   consignado   en  la  decisión  que  definió  la  situación  jurídica  (fls.220/2).  Además  de  infundado, el ataque es intrascendente, puesto que la  separación  de  las  investigaciones no resquebrajó la estructura del proceso,  ni afectó el derecho de defensa.   

Agrega  que uno de los cánones que regula el  procedimiento  penal  es  el  principio de la unidad procesal, de acuerdo con el  cual  por  cada hecho punible debe adelantarse una investigación, principio que  también  se  aplica  cuando  los  delitos  son  conexos, independientemente del  número  de  autores o partícipes, pero que el desconocimiento de esta regla no  siempre  tiene  la virtualidad de socavar la actuación, porque la propia ley lo  admite,  salvo  que  se afecten las garantías constitucionales (artículo 88 C.  P.  P.),  de  donde  se sigue que “no hace parte irreductible de la estructura  del  sumario  o  del  juicio,  y  por  tanto, su incumplimiento no da lugar a la  transgresión del debido proceso”.   

Cargo  segundo: Tres  argumentos  presenta  la  Delegada  para  solicitar  la  desestimación  de esta  censura:  1) Falta de legitimidad para recurrir: Sostiene que el procesado no se  encuentra   legitimado   para   recurrir  en  casación  porque  el  escrito  de  interposición  del  recurso  de  apelación  contra  la resolución acusatoria,  supuestamente  remitido  por  él,  carece de firma, y que “por experiencia se  puede  deducir  que  el  memorial  en comento, es uno de los escritos que en las  cárceles  se hacen a nombre de los acusados privados de su libertad por otros y  éstos los firman”. 2)   

Ausencia   de  sustentación  del  recurso:  Argumenta   que   el   procesado  estaba  obligado  a  sustentar  la  apelación  interpuesta,  exponiendo las razones de hecho y de  derecho que le servían  de  sustento,  pero  que  no  lo  hizo.  3) Intrascendencia de la irregularidad:  Además  de que el casacionista no se esforzó en demostrar la trascendencia del  vicio,  se  tiene  que el principio de la doble instancia no resultó vulnerado,  porque  la defensora de los otros procesados interpuso y sustentó el recurso en  tiempo, habiendo sido tramitado y resuelto por el superior.   

El reproche relativo a la ausencia de defensa  técnica  tampoco  debe  prosperar,  porque  el  libelista no demostró el yerro  denunciado.  Sus reparos se circunscriben al alegato precalificatorio presentado  por  su  antecesor,  para  descalificarlo, sin tener en cuenta que la actuación  defensiva  durante  todo  el proceso fue dinámica, especialmente en la fase del  juicio,   donde   pidió   pruebas   orientadas   a   demostrar   el  estado  de  inimputabilidad  del  procesado, objetó el examen siquiátrico, intervino en la  audiencia,  presentó  alegatos,  impugnó el fallo de primer grado, y recurrió  en casación.      

    

SE        CONSIDERA:   

Cargo   primero:   

Violación  del debido proceso: No haber sido  definida  la situación jurídica de los indagados Luis  Américo   Palomeque   Palacios  y  Pedro  Pablo  Arboleda  Mosquera,  ni  calificado  en  relación con ellos el mérito probatorio del  sumario.    

Este  reproche  carece  de  fundamento.  Del  estudio  del  proceso  se  establece  que Luis Américo  Palomeque    Palacios    y    Pedro   Pablo   Arboleda   Mosquera   fueron   capturados  y  puestos  a  disposición  de  la  fiscalía,  sindicados  de  haberse  apoderado  del revólver de propiedad del occiso, no de  estar  involucrados  en  su  muerte  (fls.19,  24, 28/2). También, que el mismo  día   que  fueron  escuchados  en  indagatoria  (10  de marzo de 1996), el  Fiscal  instructor  dispuso  separar  las investigaciones, por considerar que se  trataba  de hechos distintos, decisión a la cual se le dio cumplimiento el día  siguiente,  según  constancia  dejada  a  folios  31  del  cuaderno  principal.   

De  acuerdo  con  esto,  se  tiene  que  la  investigación  por  el  delito de hurto adquirió independencia a partir de ese  momento,  y  que era dentro de ella, y no en el curso de la presente actuación,  que   correspondía   resolver   la   situación   jurídica  de  los  indagados  Palomeque    Palacios   y  Arboleda  Mosquera, practicar  las   pruebas  orientadas  a  establecer  la  materialidad  del  ilícito  y  su  responsabilidad   en   los   hechos,  y  calificar  el  mérito  probatorio  del  sumario.    

Podría  pensarse  que  la  inconformidad del  casacionista  deriva  de la circunstancia de haberse dispuesto la separación de  las  investigaciones  con desconocimiento del principio de unidad procesal, pero  un  ataque  de  esta  naturaleza  requería  demostrar,  en primer lugar, que se  cumplían  las  condiciones  de  contenido  sustancial o procesal para adelantar  una   investigación  conjunta,  es  decir,  que  se  procedía por delitos  sustancial   o   procesalmente  conexos,  y  complementariamente,  que  la   escisión  de  la  actuación había propiciado la afectación de las garantías  constitucionales  del  recurrente (artículo 87 y 88 del Decreto 2700 de 1991, y  89  y  90  de  nuevo  estatuto),  situación  que  resulta distante de poder ser  siquiera avizorada en el caso sub judice.    

    

Por   no   haber   existido,  entonces,  la  irregularidad denunciada, se desestima la censura.   

Cargo        segundo:      

Violación del derecho defensa: No haber sido  tramitado,  ni  decidido, el recurso de apelación oportunamente interpuesto por  Pedro     Nel     Colorado    Serna    contra  la  resolución de acusación, y haber carecido el procesado  de  defensa  técnica  en  la fase de la instrucción. Separadamente la Corte se  referirá a cada uno de estos reproches.   

1.  Apelación  de  la  resolución acusatoria:  Examinado   el   expediente   se   advierte   que   el   procesado  Pedro  Nel  Colorado  Serna  interpuso los  recursos  de  reposición  y  apelación  contra la referida providencia, pues a  folios  426  aparece  un  escrito  a  su  nombre,  con su antefirma y número de  cédula   de   ciudadanía,   y  el  sello  del  centro  del  reclusión,  donde  textualmente  se  lee: “Solicito al despacho atenderme recurso de reposición,  artículo  199  del  Código  de Procedimiento Penal en contra de la providencia  calificatoria  de  Sept. 10/96 y como subsidiario el de apelación”. También,  que  lo  hizo  oportunamente, como quiera la última notificación fue realizada  al  Ministerio  Público  el  día  jueves  12  de septiembre (fls.422/1), y que  tenía  interés  para  recurrir,  por  tratarse  de una decisión desfavorable.   

Lo  que  ocurre  es  que en materia penal los  recursos  de  reposición  y apelación deben ser sustentados (artículos 196 A,  modificado  por  el  26  de la ley 81 de 1993, y 200 del Decreto 2700 de 1991, y  189  y 194 del nuevo estatuto), y el recurrente omitió cumplir dicha exigencia.  Esto    impedía dar trámite a los mencionados recursos, y explica la  razón  por  la  cual  solo  fue  concedida  la  apelación  interpuesta  por la  defensora  de  los  otros  detenidos,  quien  sí  sustentó (fls.429, 432, 449,  450/2).  La  única irregularidad que podría por tanto imputarse al funcionario  judicial   sería   que   omitió   declarar  la  deserción  de  las  referidas  impugnaciones,  pero  ello,  en  manera  alguna,  constituye  un  vicio capaz de  afectar la validez del proceso.   

2. Ausencia de defensa técnica en la fase de  la  instrucción:  Este  cargo  además de adolecer de  ausencia   absoluta   de   fundamentación,   se   sustenta  en  consideraciones  tendenciosas.  El  impugnante  extracta  del  alegato de conclusión previo a la  calificación   del   mérito   probatorio  del  sumario,  la  expresión  “la  embriaguez  que  padeció el procesado al momento de cometer el hecho punible no  alcanzó  a  obnubilar  su conciencia ni le impidió darse cuenta de la ilicitud  de  su  conducta”,  utilizada  por el defensor que asistió al procesado en la  fase  de  la  instrucción,  para sostener que en lugar de abogar por su defensa  “lo  sumerge  en  una  condena”  aún  no  proferida  (fls.385/2  y  441/1).   

Esto no es cierto. Si se analiza el escrito en  su  contexto,  se  establece,  sin  mayor  esfuerzo,  que  las alegaciones de la  defensa  se  sustentaron  en  la    consideración de que Pedro   Nel   Colorado   Serna  actuó  en  condiciones  de  inimputabilidad  debido  a  su  estado de embriaguez, y que los  apartes  del  escrito  que el casacionista destaca, donde pareciera sugerirse lo  contrario,  contienen  un  simple  error  de  redacción, que en nada cambian el  sentido  del  escrito. Para advertirlo, basta transcribir los siguientes apartes  del mismo:     

“Es decir, mi defendido NO PODIA determinar  el  grado de lucides (sic) mental que padecía DEBIDO AL TRASTORNO DEL ALCOHOL Y  LA  DROGA  ,  fuera  de esto amanecía varios días por problemas conyugales, la  embriaguez  que  padeció el procesado al momento de cometer el hecho punible no  alcanzó  a  obnubilar  su conciencia ni le impidió darse cuenta de la ilicitud  de  su conducta; prueba de ello es que después de perpetrar el delito que se le  imputa  abandonó  el  lugar  de  los  hechos  sin saber que las personas que se  encontraban  por  ahí  cerca  no  sabe  a  ciencia  cierta  si  sean  policías  bachilleres  o  empleados  oficiales  o  algo  por  el estilo en fin, no sabe de  quiénes  se  trata  por  FALTA  DE  LUCIDES  (sic)  MENTAL… de acuerdo con lo  anteriormente  manifestado  tenemos que el estado de lucides (sic) mental por la  droga  y  alcohol  es  un factor de inimputabilidad por si mismo visto que no se  mantiene  las  capacidades personales para comprender el hecho conocer y querer,  es  un  caso  patológico en que cabe esta condición de inimputabilidad y no es  que  lo  estoy  suponiendo sino que allegaré pruebas para ello, como tampoco se  trata  de  una  hipótesis porque tengo bases reales para este fin” (fls.385 y  386/2. Las mayúsculas no pertenecen al texto).    

Adicionalmente  a  lo  expresado,  de  suyo  suficiente  para  desestimar  la  censura, debe decirse que el procesado nombró  defensor  de confianza desde que fue escuchado en indagatoria (fls.190/2), quien  actuó  y  estuvo pendiente del acontecer procesal hasta cuando fue relevado del  cargo,  como  lo  demuestra  el  hecho  de  haberlo  asistido  en ampliación de  injurada  (fls.284/2),  y  de  haberse notificado personalmente de las distintas  decisiones  judiciales  adoptadas  en  la  fase del sumario, entre ellas, la que  resolvió  la  situación  jurídica  de los indagados (fls.216 y 238/2), la que  dispuso  el  traslado  a  las  partes  de  los  dictámenes allegados al proceso  (fls.309  A  y  vuelto),   la  que  negó  la  revocatoria  de la medida de  aseguramiento  a  los  procesados  Vergara  Estrada  y  Múnera  Daza  (fls.364  y  369),  y la que ordenó la  clausura del ciclo investigativo (fls.370 vuelto y vuelto).    

Se desestima la censura.  

Tránsito  de  legislación.  Principio  de  favorabilidad.   

El  nuevo  estatuto  penal (ley 599 del 2000)  prevé  para el delito de homicidio simple pena privativa de la libertad de 13 a  25  años  de  prisión  (artículo  103).  Como esta norma resulta favorable al  procesado,  se  ordenará el envío del proceso al Juez de Ejecución de Penas y  Medidas  de  Seguridad  para  que realice la redosificación punitiva a que haya  lugar (artículo 79.7 Código de Procedimiento Penal).   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION PENAL, oído el concepto de la Procuradora Primera  Delegada,  administrando  justicia en nombre de la república y por autoridad de  la ley,   

R   E   S   U   E   L   V   E:   

NO CASAR la sentencia  impugnada.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.  Remítase   el   proceso   al   Juez   de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad.  CUMPLASE.   

CARLOS E. MEJIA ESCOBAR  

FERNANDO        E.       ARBOLEDA  RIPOLL                JORGE CORDOBA POVEDA   

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS                   CARLOS                              A.                              GALVEZ   ARGOTE                          

JORGE         A.         GOMEZ  GALLEGO                           EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ALVARO         O.         PEREZ  PINZON                              NILSON PINILLA PINILLA   

                                     Teresa Ruiz  Nuñez   

                                          SECRETARIA   

     

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