15385(11-10-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso N°15385  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No.155  

          Bogotá,   D.   C.,   once   (11)   de   octubre   de  dos  mil  uno  (2001).   

VISTOS  

          Mediante sentencia del 2 de septiembre de  1997,   el  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito  de  esta  capital  declaró  a  Carlos  Arturo Ortiz Garzón  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos de homicidio agravado, hurto  calificado  agravado,  falsedad en documento privado y uso de documento público  falso  y  lo  condenó  a  la  pena  principal  de  44  años de prisión y a la  accesoria   de   interdicción   de   derechos  y  funciones  públicas  por  10  años.   

          Recurrida  esta decisión por la defensa, el 27 de marzo de 1998, en  decisión  mayoritaria, fue confirmada por una Sala Penal del Tribunal Superior.  El  defensor  interpuso  recurso  de  casación  y la Sala se pronuncia de fondo  sobre la demanda presentada en su sustento.   

HECHOS  

          El  25  de  febrero  de  1996  un  Fiscal  Delegado  de la Unidad de  Reacción  Inmediata  de  Ciudad  Bolívar (Bogotá) realizó, en la vía que de  esta  capital  conduce  a  Usme,  el levantamiento del cadáver de quien en vida  respondía  al nombre de PEDRO JOSÉ GONZÁLEZ SEGURA, cuyo cuerpo presentaba 61  heridas   causadas   con   arma  corto—punzante  y  quien  fue  despojado  de su vehículo marca Hyundai de  placas COR-166 en el cual se transportaba.   

          En  horas  de  la tarde del 26 de marzo, miembros de la Policía que  patrullaban  el  sector  del barrio Venecia efectuaron una requisa al automóvil  de    igual    marca,   con   placas   BGN-632,   que   conducía   Carlos  Arturo Ortiz Garzón, quien estaba  acompañado  de  otra  persona  que  huyó ante la presencia de la autoridad. El  señor    Ortiz   Garzón  exhibió  tarjeta  de propiedad y póliza de seguros expedidas a nombre de JAIRO  AVENDAÑO   MENDIETA.  Se  estableció  que  las  placas  y  los  documentos  de  identificación  eran  falsos  y  que  el  automotor era el sustraído al señor  GONZÁLEZ SEGURA.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  27  de  marzo  de  1996  el Fiscal 216 Seccional de esta capital  abrió   investigación   (fl.  15)  y,  tras  indagar  al  señor  Carlos  Arturo  Ortiz Garzón (fl. 23), el  3  de  abril  siguiente  decretó su detención por los delitos de receptación,  legalización  y ocultamiento de bienes provenientes de actividades ilegales, en  concurso  con  dos falsedades, una material de particular en documento público,  y otra en privado (fl. 74).   

          El  27  de  mayo  de  1996  se dispuso allegar la actuación que por  separado  se  seguía  respecto  del  homicidio (fl. 127) y luego de ampliar los  descargos   al   señor   Ortiz  Garzón  (fl.  160),  el  5  de junio de ese año se adicionó la medida de  aseguramiento   para  imputarle  los  delitos  de  homicidio  agravado  y  hurto  calificado agravado (fl. 166).   

          El  27  de  junio  de  1996 se declaró cerrada la instrucción (fl.  204)  y  el  21  de agosto del mismo año se profirió resolución de acusación  contra  el  indagado  como  presunto  copartícipe  de  los delitos de homicidio  agravado,  hurto  agravado  y calificado, falsedad en documento privado y uso de  documento  público  falso  (fl.  256).  La  Fiscalía  de segunda instancia, en  resolución  del  15  de  octubre  siguiente,  declaró  desierto  el recurso de  apelación  interpuesto  por la defensa contra esa decisión, por considerar que  el    escrito    allegado   con   ese   fin   no   cumplía   con   una   debida  sustentación                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           (fl. 11, C. F. T.)   

          El  2  de  septiembre  de  1997, el Juez Sexto Penal del Circuito de  esta  ciudad,  luego  de  cumplir  con  las formas propias del juicio, profirió  sentencia  condenatoria  en  contra  del  señor Ortiz  Garzón,  en  los  términos  ya  indicados (fl. 520),  decisión  que,  recurrida  por el defensor, fue objeto de confirmación por una  Sala  de  Decisión  Penal del Tribunal Superior el 27 de marzo de 1998 (fl. 52,  C. T.).   

          La  defensa  interpuso recurso extraordinario de casación; admitida  la  correspondiente  demanda,  se  recibió  concepto  de la Procuradora Primera  Delegada en lo Penal.   

LA SENTENCIA DEL JUZGADO  

          Encontró  probada la materialidad del homicidio con base en el acta  de  levantamiento del cadáver, el registro civil de defunción, el protocolo de  necropsia,  un informe del Cuerpo Técnico de Investigación y las declaraciones  de  BLANCA  CECILIA  GONZÁLEZ  DE  SARMIENTO, ANA MATILDE SEGURA DE GONZÁLEZ y  AIDA  STELLA  AGUILAR  RODRÍGUEZ.  Lo  propio  dedujo  respecto  del  hurto del  automotor,   con   los  testimonios  de  la  novia  y  amigos  de  la  víctima,  certificación  del  concesionario,  el  acta  de incautación y la versión del  indagado.  Respecto  de  la  falsedad  en  documento  privado (tarjeta de seguro  obligatorio)  y  el  uso  de documento público falso (tarjeta de propiedad), se  acreditaron  con  la circunstancia de que las placas del vehículo eran ajenas y  con  informe  del  C.  T.  I.  que determinó que la tarjeta de propiedad no fue  expedida por la oficina de Tránsito.   

          La  responsabilidad de Carlos Arturo Ortiz  Garzón  la  dedujo del hecho de haberle encontrado el  automotor  en  su  poder,  del  porte  y  presentación de documentos falsos del  vehículo,  de  la versión del procesado de haberlo adquirido días antes a una  persona  desconocida,  quien  se  lo  entregó  sin  respaldo  alguno,  de donde  coligió  mala  justificación  sobre  la  tenencia del bien porque es imposible  contara  con el dinero para la compra, además de mencionar un contrato de venta  que  jamás  apareció  y  sólo al final acudir a señalar que el comprador fue  JESÚS  ÁVILA  cuando  a  lo  largo del proceso siempre se adjudicó ese hecho,  encontrando       amañadas       las       versiones       de      Carlos  y  JESÚS,  que sólo trataron de  confundir  a  la  justicia,  sin  que  sea  creíble que la pretendida verdad se  ocultara por amenazas del último contra el primero.   

LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL  

          Dedujo  que  el  acusado  era responsable porque, siendo más de dos  los  autores  de los delitos, se confabularon para desorientar a la justicia con  dichos  divergentes  que,  al  final, se canalizaron para señalar a un extraño  como  el  proveedor del vehículo; porque sus volubles explicaciones han querido  justificar,  sin  éxito,  la  tenencia  del  carro,  del que conocía su origen  ilícito;   porque   JESÚS   ÁVILA  contrató  el  abogado  para  Ortiz  Garzón, lo que pone de presente el  contubernio  entre ambos, además de que sólo hacia el final del juzgamiento se  mostrara al último como quien adquirió el vehículo.   

          Porque   si   Carlos  Arturo  tenía dinero para comprar un taxi, es inexplicable se involucrara  en  una  compra  ajena;  porque  no  se  aportó  el  documento que demuestra la  presunta  adquisición;  porque  sindicado  y  víctima  realizaban  actividades  comerciales  en  los  denominados “San Andresitos”, resultando viable que el  incriminado   observara  una  posibilidad  de  provecho  económico;  porque  es  extraña    la    coincidencia    de    que    Ortiz  Garzón  dejara  de  trabajar  en  el  taxi  de LESMES  SALINAS  el  23 de febrero y que en la noche siguiente ocurrieran los crímenes;  y  porque  no  se  ha  explicado  el modo real de adquisición del vehículo por  parte      de      Ortiz      Garzón.   

LA DEMANDA  

          El  defensor  del  señor  Carlos  Arturo  Ortiz   Garzón   formula  cuatro  cargos  contra  la  sentencia del Tribunal, los cuales desarrolla así:   

     

a. Causal tercera de casación     

          1°)  Como  cargo  principal  acude al numeral 3° del artículo 220  del  derogado Código de Procedimiento Penal (que corresponde al 207 del nuevo),  por  considerar  que  la  sentencia se profirió en un juicio viciado de nulidad  por  violación  al  derecho  a  la  defensa,  dado  que  el señor Ortiz   Garzón  careció  de  asistencia  técnica,  porque  el  abogado  designado faltó a la lealtad pues defendía los  intereses  de  JESÚS  MARÍA  ÁVILA,  persona  comprometida en el delito y que  contrató  y canceló sus servicios, con lo cual se defendieron los intereses de  ÁVILA  y  no del sindicado, lo que explica que no controvirtiera las pruebas ni  se preocupara porque se adelantara una investigación integral.   

          Agrega  que  se lesionó el artículo 29 de la Constitución, porque  un  abogado no comprometido con intereses contrarios de seguro habría advertido  una  sana  estrategia  de  defensa  que  convenciera  a  los  juzgadores  de que  Ortiz   Garzón  no  tuvo  participación en el homicidio.   

          2°)  El segundo cargo también acude a pregonar ausencia de defensa  por  cuanto  el  Juez  fue  negligente  para  escuchar  al  señor  Ortiz    Garzón   en   ampliación   de  indagatoria,  la cual sólo se recaudó en la audiencia, cuando la ley manda que  ello  debe  hacerse  en  el  menor  término posible, conducta que impidió a la  justicia  enterarse  que  el  comprador real del automotor decomisado al acusado  fue  JESÚS  MARÍA  ÁVILA  y  que  se investigara para desvirtuar las mentiras  tejidas  por  Carlos Arturo Ortiz Garzón  con  base  en  las  cuales  se  soportaron  las  sospechas que los  juzgadores elevaron a indicios graves.   

          Por   tanto,   finaliza,  debe  casarse  el  fallo  e  invalidar  lo  actuado.   

     

a. Causal primera, cuerpo segundo     

          Al  amparo  de  esta  causal,  que  se  invoca  como subsidiaria, se  plantean los siguientes dos cargos:   

          1°)  La  sentencia  violó de manera indirecta la ley sustancial al  incurrir  en  error de hecho por falso juicio de identidad, al dar trascendencia  de  pluralidad  y  gravedad  a  unos  indicios  que no lo son, desconociendo las  exigencias  del  artículo  247 del anterior Código de Procedimiento Penal (232  del  vigente),  pues  la  condena  se  apuntaló  en  la mala justificación que  respecto  de  la  tenencia  del  carro  ofreció  su defendido, pero la versión  contraria  a  la verdad se dividió en varias mentiras, a cada una de las cuales  se   la   valoró   como   un   particular  indicio,  cuando  todas  a  lo  sumo  estructurarían uno contingente que apuntaría a la receptación.   

          2°)  Como  cargo  subsidiario  acusa  a la sentencia de incurrir en  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción al estimar que el señor  Ortiz    Garzón    fue  copartícipe  del  homicidio  y el hurto, cuando la única prueba de cargo es la  tenencia  del  automóvil  y  la  mala justificación, circunstancias que no son  más  que  indicios  contingentes  que  al no generar certeza impiden apuntalar,  como  hicieron  los  jueces  de  instancia,  condenas  por esos delitos pues los  elementos  de juicio que soportan reproche por receptación y falsedad no tienen  el alcance  para declarar responsabilidad por aquellos.   

          Por  tanto, como sólo campea la duda, las sentencias transgredieron  el  artículo  445  del  anterior  estatuto  procesal (7° del nuevo) que debió  aplicarse.   

          Solicita,  en  consecuencia,  se  case  el  fallo  y  en su lugar se  absuelva    al    señor    Carlos   Arturo   Ortiz  Garzón  por  los  cargos  de  homicidio  y hurto y se  decrete su libertad inmediata e incondicional.   

EL MINISTERIO PUBLICO  

          La  Procuradora  Primera  Delegada en lo Penal solicita a la Sala no  casar la sentencia, por las siguientes razones:   

          1°)  El  cargo  por  ausencia  de  defensa técnica no prospera por  cuanto  el  funcionario judicial no puede orientar la actividad del abogado y un  criterio  posterior  del  nuevo  profesional  sobre  cómo  debió plantearse la  estrategia  no  es  suficiente  para  invalidar la gestión anterior, sin que la  circunstancia  de  que  ÁVILA  contratara  el  abogado  que asistió al acusado  implique,  per se, que éste faltó a la ética y no velara por los intereses de  Ortiz  Garzón, cuando, por  el  contrario,  el  expediente  refleja  que reclamó atipicidad de la conducta,  deficiencia  probatoria,  control de legalidad sobre la medida de aseguramiento,  práctica  de  pruebas,  y  recurrió  las  providencias de cierre, fijación de  caución para acceder a la libertad provisional y la de acusación.   

          El  ataque  por  faltar a la investigación integral, agrega, debió  enfocarse  por  vulneración  al  debido  proceso  y  no  a la defensa técnica,  además  de que el actor no precisa cuáles pruebas dejaron de practicarse ni el  momento a partir del cual debe decretarse la nulidad.   

          2°)  Tampoco  se  violó  el  derecho  de  defensa ante la presunta  omisión    de    escuchar    al    señor    Ortiz  Garzón   en   la   ampliación  de  indagatoria  que  solicitó,  pues  ella  se  recaudó  en la vista pública, además de que no es  cierto   que   se  impidió  conocer  el  nombre  del  verdadero  comprador  del  automóvil,  pues  allí  se señaló a JESÚS MARÍA ÁVILA; por otra parte, la  petición  se  efectuó después de que el funcionario fijó fecha para realizar  la audiencia, luego era ese el momento para escucharlo.   

          3°)  Al  enunciar un falso juicio de identidad faltó a la técnica  porque  al  censurar la conformación de los indicios, el actor debe precisar si  el  yerro  del fallador fue sobre el hecho indicador, la inferencia lógica o la  manera  como  se  articulan con los demás medios de prueba. Si lo primero, debe  postularse  error  de  hecho  o  de derecho y sus modalidades (de existencia, de  identidad,  de  raciocinio  o  de  legalidad)  en  relación  a  las pruebas que  soportaron  el  hecho  indicador;  si  se  cuestiona  la  inferencia  lógica es  imperativo  hacerlo  por  falso  raciocinio comprobando que el fallador repudió  las  leyes  de la ciencia, la lógica o la experiencia, adicional a lo cual debe  analizar  la  convergencia  y  congruencia  entre  los  indicios y las restantes  pruebas.   

          Concluye  que  el  cargo es contradictorio porque el falso juicio de  identidad  sólo  puede  predicarse  de  la  prueba del hecho indicador, pero el  demandante  acepta  como  demostrada  la mala justificación, luego censura algo  con  lo  cual  está  de  acuerdo,  porque si lo que pretendió reprochar fue el  valor   que  se  asignó  a  la  prueba  indiciaria  debió  recurrir  al  falso  raciocinio.   

         4°)  El  falso  juicio de convicción, que se hace consistir en que  los  mismos  indicios  (tenencia  del  automóvil  y  mala  justificación)  que  fundamentaron  los cargos de receptación y falsedad, se utilizaron para imputar  el  homicidio  y el hurto, está llamado al fracaso porque no hay posibilidad de  postular   un   falso   juicio  de  convicción  sobre  una  inexistente  tarifa  probatoria,   cuando   lo   procedente   era   acudir  al  error  de  hecho  por  desconocimiento de las reglas de la sana crítica.   

         Por  otra  parte,  agrega, el señor Ortiz  Garzón  no  fue  acusado  de receptación; por tanto,  luego  el  reproche  ha  debido  formularlo  al amparo de la causal tercera, por  errónea  calificación  de  los  hechos,  y  desarrollarlo  por el camino de la  primera, por falso raciocinio en la apreciación probatoria.   

         Casación oficiosa   

         La  Procuradora  Delegada  advierte que la sentencia se profirió en  un  juicio  viciado  de  nulidad,  por faltas al debido proceso, por yerro en la  calificación  de  las  conductas  por  parte del acusador, con lo que de manera  indirecta  se  violaron  normas  de  derecho sustancial, luego la Corte debería  anular  la  actuación desde la providencia calificatoria para que los hechos se  adecuen  de  manera  correcta  a  los delitos de receptación y uso de documento  público  falso,  pero  como  el primero en este momento se encuentra prescrito,  ningún  sentido  tendría  invalidar  el  proceso para corregir formalmente una  irregularidad que a nada conduciría.   

         Propone,  entonces,  una  solución  que,  por  encima  del  rígido  formato      de     la     técnica     de     la     casación     –dice-,   armonice   los   principios  fundamentales  de  la  prevalencia  del  derecho  sustancial  y  el  acceso a la  administración  de  justicia,  cual  es  la  de  que  se case la sentencia para  absolver  a  Carlos  Arturo Ortiz Garzón  de  los cargos de homicidio, hurto y falsedad en documento privado  y condenarlo únicamente por uso de documento público falso.   

         En  efecto, argumenta, la Fiscalía se equivocó en la calificación  por  aquellos  delitos  con los mismos elementos de juicio que inicialmente tuvo  en  cuenta para imputar receptación y falsedad en documento público y privado,  esto es, con la tenencia del automóvil y la mala justificación.   

         En   apoyo   del  planteamiento  reseña  las  decisiones  de  fondo  proferidas  a  lo  largo del trámite procesal, para concluir que de esas graves  inferencias  no  puede  colegirse  razonablemente  la  “autoría intelectual y  material”  en el homicidio, hurto y la falsedad material en documento privado,  resultado  de  lo  cual  es  la  ilegalidad del fallo que condenó a pesar de la  errónea  calificación,  pues  sin  que  variaran  los  elementos de juicio que  sirvieron  para imputar delitos de receptación y falsedad en documento público  y  privado,  la  Fiscalía “adicionó” los de homicidio y hurto y acusó por  todos  ellos, luego la misma prueba incriminatoria se apreció de manera diversa  y  se  infringió el principio lógico de no contradicción porque bajo el mismo  contexto    de    acción    no    pueden    hacerse   imputaciones   jurídicas  contradictorias.   

         Tras  un detallado análisis de las pruebas recaudadas, concluye que  no  había  suficiente claridad respecto de la verdadera causa y autoría de los  atentados  contra  la  vida  y  el  patrimonio  económico,  lo  que obligaba en  últimas a aplicar el in dubio pro reo.   

CONSIDERACIONES  

         En  principio,  y  por economía procesal, la Sala se ocupará de la  nulidad  planteada,  no  sólo  porque el actor la propone como cargo principal,  sino  por cuanto de prosperar, ya su pretensión, ora la del Ministerio Público  que  aboga  por  una  casación  oficiosa, la actuación debe reenviarse, con lo  cual  no  hay  lugar al estudio de las demás causales propuestas que parten del  presupuesto  de  un  juicio  válido  para,  así,  poder  proferir  el fallo de  sustitución.   

I)  La violación del derecho a la defensa  técnica   

         Dice  el  actor  que  si  el  señor  JESÚS  MARÍA ÁVILA, persona  comprometida  con  el  delito,  tanto  que  se  ordenó  investigarlo, fue quien  contrató  y  pagó los servicios del profesional que en la fase de instrucción  asistió  a  Carlos  Arturo Ortiz Garzón,  este  abogado  en verdad se dedicó a defender al primero y no al  último,  lo  cual  explica  que  no  planteara una adecuada estrategia, pues no  ejerció   el   derecho  de  contradicción  ni  veló  por  una  investigación  integral.   

         

         1.  Lo  primero  que  observa  la  Corte es que del evento referido,  contratación  del abogado por parte de ÁVILA, sólo se tuvo conocimiento en la  diligencia  de  audiencia  pública,  porque así lo hicieron saber los señores  Ortiz  Garzón y ÁVILA (fl.  392  y  502); en el desarrollo de la actuación, en consecuencia, lo probado fue  que  ante  la  inicial posición del indagado de no nombrar un profesional de su  confianza,  el  funcionario instructor de manera oficiosa le designó al abogado  cuya  actuación  se  cuestiona  (fl.  23);  sólo  en una posterior ampliación  decidió   el   señor   Ortiz   Garzón  contratar como su defensor a quien en ese entonces fungía como de  oficio (fl. 160).   

        2.  De  cualquier  manera, así se acepte la posición que a última  hora  asumieron los señores Ortiz Garzón  y ÁVILA, lo cierto es que sólo el análisis de lo actuado dentro  del  expediente permitiría acusar al profesional de faltar a sus deberes y, con  ello,  de  no  haber  puesto sus conocimientos al servicio del indagado, generar  una  ausencia  de  defensa técnica, por cuanto, como bien refiere el Ministerio  Público,  una  subjetiva y posterior valoración del nuevo abogado sobre lo que  en  su  criterio  “ha  debido  ser”  una  válida estrategia defensiva no es  recurso válido para descalificar la labor del antecesor.   

         Así,  se  observa  que  el  15 de abril de 1996 el señor apoderado  interpuso  acción  de  control  de  legalidad sobre la medida de aseguramiento,  documento  donde  precisamente  cuestiona  el análisis probatorio para concluir  que  la  detención  se profirió contrariándolo y concluye en la “atipicidad  de  las  conductas  endilgadas”  (fl. 99), con posterioridad, solicitó copias  del  proceso  (fl.  165), apeló la adición a la providencia detentiva (fl. 171  vuelto),  desistió  del  recurso  en  aras  de que se allegaran otros medios de  prueba  (fl.  174),  los  que  detalló  y  solicitó  se  evacuaran  (fl. 208),  recurrió  la  providencia  de  cierre  (fl.  206),  abogó  por la libertad del  detenido  (fl.  228),  impugnó  la  caución  impuesta para que ella se hiciera  efectiva  (fl.  239)  e  hizo  lo  propio  con la resolución de acusación (fl.  279).   

         Esta  reseña  pone  de  presente  que  el  defensor que asistió al  indagado  en  la  fase de instrucción actuó de manera reiterada, controvirtió  las  pruebas  e  impugnó  las  decisiones, de donde surge opuesta a realidad la  queja de que no ejerció el derecho de contradicción.   

         3.  Tampoco resulta de buen recibo, por reñir con lo que se observa  dentro  del expediente, aseverar que el abogado que actuó en la fase inicial no  veló  porque  se  adelantara  una  investigación  integral, como que según se  reseñó  solicitó la recopilación de medios de prueba favorables al acusado y  cuestionó que no se evacuaran.   

         Por  otra  parte,  esta  censura  ha  debido  plantearse, como cargo  independiente,  a  título  de violación a un proceso como es debido porque tal  falencia  perjudica  a  todos  los  sujetos  procesales,  no  sólo  a  la parte  defendida  y,  en  el  supuesto  de afectación a la última, el actor ha debido  demostrar,   lo   que  no  hizo,  en  qué  aspectos  los  medios  no  acopiados  perjudicaron   al  señor  Ortiz  Garzón.   

         II) La violación del derecho a la defensa material   

         El  actor  censura que no se escuchara en ampliación de indagatoria  a    José    Antonio   Ortiz   Garzón,  una  vez  éste  lo solicitó al Juez, con lo cual se impidió se  conociera  el  nombre del real comprador del automóvil que conducía el día de  su captura.   

         1.  El cargo está llamado al fracaso porque no consulta la realidad  probatoria.  En  escritos del 13 y 31 de marzo de 1997 (fl. 346 y 363) el señor  Ortiz Garzón pidió al juez  de  la  causa lo escuchara en ampliación de indagatoria, pero no hay tal de que  el  funcionario  se  negara  a  disponer la diligencia, conducta que, de haberse  presentado,  podría comportar irregularidad porque el artículo 361 del Código  de  Procedimiento Penal vigente para la época de los hechos (342 del actual) de  manera  imperativa  dispone  que  pedida  la  ampliación  se  debe  proceder  a  ello.   

         La  omisión no se presentó, porque el mismo 31 de marzo de 1997 el  juez  dispuso  que  “En  la  Audiencia Pública se recibirá la ampliación de  Indagatoria  solicitada  por  el  señor CARLOS ARTURO ORTIZ GARZÓN” (fl. 363  vuelto), mandato que en efecto se cumplió (fl. 386).   

         2.  Una  mala  lectura de lo actuado permitió a la defensa sostener  que  la  abstención  del  juzgador  -que  no  la hubo- impidió se conociera el  verdadero  dueño  del  automotor, cuando en la audiencia el señor Ortiz   Garzón   de   manera  detallada  suministró  esa versión, precisando que JESÚS N. fue quien adquirió el carro  (fl.  387).  Tampoco  es  acertado  afirmar  que no se pudo investigar esa nueva  posición  procesal,  porque  lo  cierto  es  que  de manera oficiosa se dispuso  practicar  las  pruebas  para corroborar ese aserto (fl. 398), las que en efecto  se recaudaron (fl. 407).   

         3.  En  el  mismo  contexto,  fue  la diligencia del fallador la que  permitió  dilucidar  la identidad de JESÚS (MARÍA ÁVILA), a quien a pesar de  su  renuencia  a  comparecer  (fl.  419,  432),  se  escuchó  previa  orden  de  conducción  (fl  433,  436,  451,  461,  462,  471, 495) y allí, si bien en un  comienzo   refutó   la   versión   final  de  Ortiz  Garzón   (fl.   495),  lo  cierto  es  que  terminó  respaldando  la  misma  (fl.  499).  Por  tanto,  no  hubo  falencia  alguna  al  respecto.   

         En  estas  condiciones,  no  procede  la  nulidad  propuesta  por el  defensor.   

         III) La casación oficiosa   

         La  señora  Procuradora Primera Delegada en lo Penal plantea que la  Corte,  de  manera  oficiosa,  case  la  sentencia por cuanto se profirió en un  juicio  viciado  de  nulidad  porque  la Fiscalía erró al calificar los hechos  constitutivos  de  homicidio,  hurto,  falsedad  en  documento  privado y uso de  documento  público,  con  los  mismos  elementos  de  juicio  que  en principio  consideró  para  imputar receptación y falsedad material en documento público  y  privado, sin que la realidad probatoria cambiara, ni los dos únicos indicios  existentes  (tenencia  del  automóvil  y  mala justificación) tuvieran entidad  suficiente  para colegir “autoría material e intelectual” en los delitos de  homicidio, hurto y falsedad privada.   

         1.  En  virtud  del  principio  de  limitación,  la  Corte no puede  ocuparse  de  “causales de casación distintas a las que han sido expresamente  alegadas  por  el  demandante”,  según  rezan los artículos 216 y 228 de los  códigos  procesales,  vigente  y derogado, respectivamente, pero tratándose de  la  causal  tercera, de nulidad, “la Corte deberá declararla de oficio”, de  donde  surge  que  en principio sería válida la propuesta oficiosa que plantea  la  Procuraduría,  máxime  que  el  legislador  procesal  dispone  que la Sala  “Igualmente  podrá  casar  la  sentencia  cuando  sea ostensible que la misma  atenta contra las garantías fundamentales”.   

         2.  Lo  ostensible  es lo que se muestra claro, manifiesto, patente.  Por  modo  que  cuando  quiera  que  de  manera  perceptible  a  simple vista se  evidencie  vulneración a las garantías fundamentales, hay lugar a la casación  oficiosa  que  se  plantea  por el Ministerio Público, lo cual no surge en este  evento,  además  de  que a la Procuraduría le está vedado entrar a suplir las  falencias  del  demandante  y,  con  sus argumentos corregidos, proceder a hacer  nuevos  planteamientos que, así, lo que ponen de presente es que entra a fungir  como impugnante.   

         Tal  acontece  en  el  presente  evento, toda vez que la Procuradora  Delegada,  luego  de  analizar los cargos que propone el censor, concluye en sus  falencias,  por  lo  que  estima  no hay lugar a la nulidad que plantea, para, a  renglón  seguido,  entrar  a proponer que se invalide lo actuado pero por error  judicial  en  la calificación jurídica de los hechos, por indebida aplicación  de  las  reglas  de  la  sana  crítica, esto es, que se apartó de las precisas  pretensiones  del  casacionista,  para  entrar a enmendarlas e indicar una nueva  petición,   lo   cual  desborda  sus  precisas  facultades,  porque  propuestas  independientes  sólo podía hacerlas como sujeto procesal, en el término de la  ejecutoria  formal  de  la  decisión  de  segunda  instancia,  pero en sede del  recurso  extraordinario  su  concepto  queda  delimitado  por las peticiones del  actor en su demanda.   

         Respecto  de  la  intervención  del  Ministerio  Público  en  este  trámite,  la  Sala  ha  reiterado  que  “este  sujeto  procesal,  igual está  obligado  a  respetar  el  principio  de  limitación  que  rige  el  recurso de  casación,   y   por   lo   mismo   no   puede  pretextar  el  deber—facultad a que se contrae el artículo  228   ibídem   –216  del  actual  estatuto-, para subsanar las deficiencias técnicas y argumentativas del  casacionista,  y  que  se  evidencia la existencia de alguna nulidad, ello puede  hacerlo  una  vez  responda la demanda, pero nunca valiéndose de los argumentos  del  casacionista  que  propuestos  por otra vía lo lleve a encuadrarlos de tal  manera  que  corrigiéndolos posibiliten la petición de invalidez …” (15 de  octubre   de   1999,   M.   P.   Carlos   Augusto  Gálvez  Argote,  radicación  11.220).   

         Es   claro,   en   consecuencia,   según   ha   dejado  sentado  la  jurisprudencia  de  esta  Corporación,  que  la  demanda  comporta  un límite,  incluso  para  la  procedencia  de la casación oficiosa que se propone y que la  Procuraduría  puede  plantearla,  con soporte en el artículo 216 procesal (228  anterior),  pero  sin  que  tal  vía  pueda  emplearla  para adicionar, rehacer  o    enmendar  el  libelo,  ni  formular  sus  propios  cargos,  pues  ello  desbordaría  la  razón de ser del traslado e implicaría que hiciera las veces  de  impugnante1.   En   el   presente   evento,  por  lo  demás,  no  existen  las  irregularidades que se muestren ostensibles.   

         No  obstante, la Sala responderá a la Señora Procuradora, teniendo  en  cuenta  que  si bien se equivoca en su propuesta de oficiosidad, sin duda su  enjundioso  estudio  está  acompañado  de  un  inocultable  anhelo de justicia  –naturalmente tal como la  colaboradora  percibe  el  asunto-  que  antepone  a la rigidez de la casación,  instituto  que,  por  su  origen,  desarrollo y actualidad, se tiene que ceñir,  sobre   todo   al   examen   jurídico  de  la  sentencia  impugnada  frente  al  ordenamiento.  Esto,  por  supuesto,  no entraña prevalencia de lo “formal”  sobre  lo  “sustancial”.  Significa,  simplemente,  que la labor de la Corte  como  Tribunal  de  Casación está regida por razones diversas de aquéllas que  se cumplen en las instancias.   

         3.  En  efecto, la pretensión de nulidad del Ministerio Público se  soporta  en  la  personal  forma  de apreciación de los elementos de juicio, lo  cual  pone  de presente que en modo alguno existe una patente vulneración a las  garantías  fundamentales. Es así como en el recuento de la actuación procesal  reseña  la  inicial medida de aseguramiento, para aludir a que el acopio de las  diligencias  que  por  separado  se  adelantaban  por  el  homicidio,  llevó  a  adicionar el cargo por este delito.   

         De  ese  recuento surge que fueron dos funcionarios diversos los que  tomaron  esas  determinaciones,  lo  que  muestra  válido que dentro de la sana  crítica  se  concluya  de  manera diversa, además de que la congruencia que se  exige  no es entre la medida de aseguramiento y la sentencia, sino entre ésta y  la   resolución  de  acusación,  acto  este  último  en  que  las  exigencias  probatorias  y  jurídicas  son diferentes a aquéllas previstas para detener y,  por  ende,  el análisis no tiene por qué coincidir con el efectuado en la fase  en  que  se  resolvió  situación  jurídica. Tampoco acierta al referir que no  había  otros  medios  de  prueba,  pues  la propia Procuraduría reseña que se  allegó  lo  que,  como  indagación  preliminar,  se  investigaba,  por  cuerda  separada, en relación con el deceso.   

         Ninguna  vulneración  se observa, máxime que se deja en claro que,  ante  la  recepción  de los documentos atinentes al homicidio, hubo ampliación  de indagatoria para formular cargos por este delito.   

         4.  En la sentencia de primera instancia, una vez se dio por probada  la  tipicidad  de  las  conductas,  el  juez  entró  a  analizar “si surge el  establecimiento       de      la      responsabilidad      del      autor  en los delitos que se investigaron  y  juzgaron  en  contra  de CARLOS ARTURO ORTIZ GARZÓN” (Resalta la Sala, fl.  521),  lo  cual  muestra  con  claridad que la mención a “copartícipe” que  reseña  el  Ministerio  Público apunta a la coautoría; el mismo alcance tiene  el  fallo  del Tribunal cuyas consideraciones toman como punto de partida el que  fueron  “más  de  dos  los  autores de esas ilicitudes” (fl. 61, C. T.), en  referencia  clara  al señor Ortiz Garzón  y  otros  no  identificados,  lo  que  no  tiene alcance diverso a  pregonar  la  coautoría,  así  de  manera  equivocada  se  hubiera  hecho  una  referencia a la “ejecución intelectual y material” (fl. 64).   

         5.  De  la  reseña  que  de  los fallos de instancia se hiciera, se  desprende  que  no fueron la tenencia del automotor y la mala justificación los  únicos  elementos que los jueces consideraron para hacer el juicio de reproche,  pero  en  el  supuesto  de  que así hubiera sido, parece que dentro de la libre  apreciación  probatoria  con base en la sana crítica, no puede reprocharse tal  cosa,  menos  al  extremo  de  considerar  que ello lesione de manera ostensible  alguna   garantía   fundamental   que   deba   remediarse   a   través  de  la  nulidad.   

         6.  A  la  pretendida  atipicidad  que  se  pregona  respecto  de la  falsedad  en  documento  privado,  en  el  entendido  de que se dedujo sin haber  acreditado  que el sindicado fue quien adulteró el documento, cabe precisar que  si  las  conductas  ilícitas  se  imputan  a  título de coautoría, bien puede  ocurrir  que  los  dos  actos indispensables para la estructuración del delito,  falsificación  y  uso,  los  realicen  dos  personas  diferentes, en cuyo caso,  tratándose  de  coautores  que  actúan con unidad de designio, ambos responden  por la totalidad del comportamiento.   

         

         7.  La  pretensión  del  Ministerio  Público también yerra por la  solución  de  absolución  que  propone,  pues  ella no podría ser la vía, so  pretexto  de  que  la  acción  penal por el delito de receptación se encuentra  prescrita,  porque  resulta un contrasentido solicitar que se absuelva, como que  ello  parte  del  supuesto de que el trámite es válido; por mejor decir, si la  actuación  fue  nula  no  puede  dictarse  sentencia  definitiva,  porque  ello  equivaldría  a  convalidar las faltas al debido proceso. Tomar una decisión en  esos  términos,  significaría  violar  el  debido  proceso  para sancionar las  infracciones al mismo.   

         De  otra  parte,  no puede haber convergencia entre una solicitud de  absolución  y una de prescripción por cuanto ello comporta desconocimiento del  principio  de  contradicción  pues  que  si  se  pide  lo primero, se supone la  vigencia  del  Estado  para proseguir la acción, y si se requiere lo segundo es  imposible  pretender  la absolución porque en caso de la existencia de ésta el  Estado pierde su potestad persecutoria.   

         En  modo  alguno  aplicar  el debido proceso significa el sacrificio  del   fondo  por  la  forma,  como  lo  insinúa  la  Procuraduría,  porque  la  prevalencia  de  lo  sustancial no lleva implícito, si no se quiere generar una  anarquía  en  el  trámite,  que deje de obedecerse el mandato del artículo 29  superior, que se constituye en un derecho fundamental.   

         No procede la casación oficiosa.   

         IV) EL falso juicio de identidad   

         Como  cargo  subsidiario,  el  casacionista  acusa a la sentencia de  violar  el  artículo  247 del anterior estatuto procesal (232 del vigente), por  incurrir  en  error  de hecho por falso juicio de identidad al dar trascendencia  de  pluralidad  y  gravedad  a  unos indicios que no lo son, como que de la mala  justificación,  que  a lo sumo generaría un indicio contingente respecto de la  responsabilidad  en  el delito de receptación, se dedujeron varias mentiras que  se catalogaron como graves inferencias.   

         1.  La  contradicción del demandante es evidente y llama al rechazo  de  la  censura, toda vez que cuando se pretende atacar la prueba indiciaria, es  carga  del  actor precisar si el yerro se cometió respecto del hecho indicador,  la  inferencia  lógica  o  de  la  forma  en que se relaciona con los restantes  medios  de  prueba.  Si  opta  por  el  hecho indicador, le compete señalar, en  relación  con  las pruebas con las que se tuvo por demostrado, si se está ante  un  error  de  hecho  o  de  derecho y la modalidad en cada caso: de existencia,  identidad,  raciocinio,  legalidad  o  convicción.  Si  lo  que  se ataca es la  deducción  lógica,  el  actor, previa aceptación de la forma en que se probó  el  hecho  indicador,  debe  demostrar  que  se incurrió en un falso raciocinio  porque   se   atentó   contra  las  leyes  de  la  ciencia,  la  lógica  o  la  experiencia.   

         2.  Respecto  del  indicio  de  “mala justificación”, el censor  habla  de un falso juicio de identidad, que hace referencia a la valoración del  medio  de  prueba,  en el entendido de que el juzgador distorsionó sus alcances  reales.  Si  de  tal  presupuesto  se  parte,  y  queda  claro  que  este juicio  equivocado  sólo puede predicarse del hecho indicador, se concluye que el mismo  no   estaría   demostrado,   pero  la  demanda  acepta  como  probada  la  mala  justificación,  lo  que viola el principio lógico de no contradicción, porque  se  admite  como  válido el hecho indicador pero la censura ataca los elementos  que sirvieron para tenerlo como acreditado.   

         3.  Finalmente, la censura se quedó en el ataque a la construcción  del  indicio, pero dejó de lado los restantes elementos de juicio en los que se  soportó  la sentencia de condena, con lo cual estos permanecen incólumes y, al  ser  suficientes  para  sostener  el juicio de reproche, impiden que prospere el  cargo  porque  no  basta  con  señalar  los  supuestos  yerros,  sino  que debe  precisarse  su  alcance,  esto  es,  que  de  no  haberse incurrido en ellos, la  decisión sería diversa.   

         La censura no prospera.   

         V) El falso juicio de convicción   

         También  como  subsidiario, y al amparo de la causal primera cuerpo  segundo,  se plantea un cargo por un pretendido error de derecho a través de un  falso   juicio   de   convicción,  que  igualmente  se  despachará  de  manera  adversa.   

         1.  En efecto, el actor argumenta que la tenencia del automotor y la  mala  justificación  “no  son  los  indicios  necesarios  y convergentes a la  demostración  cierta  de  su  responsabilidad”,  para  lo cual se apoya en su  personal  y  subjetiva  forma  de  apreciación  de  la  prueba, la que pretende  privilegiar  sobre  la de los jueces de instancia, olvidando que estas llegan en  sede  de  casación  precedidas  de la doble presunción de acierto y legalidad,  sin  que  alegatos  propios de instancia, pero ajenos al extraordinario recurso,  sean suficientes para desvirtuarlas.   

         2.  Pero,  además,  la  apreciación  libre y racional de la prueba  comporta  que,  por  regla  general, no pueda ser de buen recibo el reproche por  falso  juicio  de convicción, como que éste se basa en el sistema de la tarifa  legal,  esto  es,  que el juzgador suministra a los elementos de juicio un valor  que no tienen o desconoce el que la ley les otorga.   

         3.   Como   bien   lo  refiere  la  Procuraduría  Delegada,  si  la  pretensión  del  actor era cuestionar la apreciación probatoria de los jueces,  el   reproche  ha  debido  encauzarlo  por  la  vía  del  error  de  hecho  por  desconocimiento  de  las reglas de la sana crítica, además de que si acepta la  responsabilidad  del  sindicado  en  los  delitos  de  receptación  y  falsedad  (solicita   absolución  por  homicidio  y  hurto),  en  tanto  el  primero  fue  descartado  en  el  pliego  de  cargos,  debió  acudir  a  la causal tercera de  casación,  por  calificación  errada  de  los  hechos,  y desarrollarla por el  camino de la primera.   

         

         En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         No casar la sentencia impugnada.   

         Esta decisión no admite recurso alguno.   

         Devuélvase al Tribunal de origen y cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                   JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA            

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                    CARLOS  A.  GÁLVEZ  ARGOTE                                      

JORGE  ANÍBAL  GOMEZ  GALLEGO                    EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO           

ÁLVARO   O.  PÉREZ  PINZÓN                           NILSON  E.  PINILLA  PINILLA                    

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Confrontar:  sentencias  de  25  de  octubre de 1999, M. P. Jorge Aníbal Gómez  Gallego,  radicación  14.375, y de 24 de enero de 2001, M. P. Jorge E. Córdoba  Poveda.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *