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2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 15366  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 22  

          Santafé   de   Bogotá,   D.C,   dieciocho   de   febrero   de  dos  mil   

VISTOS  

          De  acuerdo  con  el inciso tercero del artículo 218 del Código de  Procedimiento  Penal  la Corte decide sobre el acceso a la casación excepcional  solicitada  por  el  defensor de la procesada LEYLA OSORIO DE CHICA, quien fuera  condenada  por  el Tribunal Superior de Ibagué mediante sentencia fechada el 29  de  octubre  de 1998, por el delito de falso testimonio a la pena de 18 meses de  prisión.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  28  de  febrero  de  1996 a través de denuncia penal la señora  Blanca  inés  Osorio  de Londoño hizo saber a la Fiscalía que LEYLA OSORIO DE  CHICA  había  incurrido  en  una falsedad al negar ante el Juez Civil Municipal  del  Líbano,  dentro  de  un interrogatorio de parte, que mediante la escritura  pública  No 151 del 15 de febrero de 1995 de la Notaría del Líbano la señora  Rafaela  Osorio  Londoño  le  había  entregado  en  venta simulada el inmueble  ubicado en la carrera 14 No 6-30.   

          Con  base  en  lo  anterior  la  Fiscalía  42 Seccional del Líbano  abrió  la  investigación, escuchó en indagatoria a la imputada y le resolvió  situación  jurídica  el 16 de abril de 1996 absteniéndose de imponerle medida  de  aseguramiento; decisión que varió al ser calificado el mérito del sumario  afectándola  con  caución  seguida  de  la  acusación  por el delito de falso  testimonio.   

          Confirmada  que  fuera  la  acusación  -14  de noviembre de 1996- ,  conoció  de  la  etapa  del  juicio  el Juzgado Penal del Circuito del Líbano,  despacho  que  emitió  fallo  absolutorio  en  favor  de  la procesada el 10 de  noviembre  de  1997, el cual fue luego revocado por el Tribunal al revisarlo por  apelación  para en su lugar condenar a la señora LEYLA OSORIO por el delito de  falso testimonio a la pena de 18 meses de prisión.   

SUSTENTACIÓN DE LA IMPUGNACIÓN  

          El  solicitante  estima  necesaria  la  concesión  excepcional  del  recurso  sobre la base de que tiende al desarrollo de la jurisprudencia respecto  del  hecho  punible  de  falso  testimonio,  en  especial  cuando  deviene de un  interrogatorio  de  parte  extrajudicial,  como  el aquí debatido, en el que es  preciso  saber  si  por  medio  de  la  referenciada  diligencia que simplemente  buscaba  preconstituir  una  prueba  “que permitiera  demandar   la   simulación   de   un   título   escriturario”,  solamente  porque la persona interrogada declaró no ser ciertos los  hechos  por los que se les preguntaba, era posible deducir el injusto sin que se  hubiera  tenido en cuenta el principio de la inmunidad personal consagrado en el  artículo 33 de la Constitución Nacional.   

          A   lo   anterior  agrega  que  es  también  indispensable  que  la  jurisprudencia  se  pronuncie  sobre  quién  está  llamado  como  autoridad  a  determinar  que  el principio no se da en el interrogatorio de parte -si el Juez  civil  ante  quien  se cumplió la diligencia, el Juez Civil que debe evaluarla,  la  Fiscalía,  o  el  Juez  Penal  a  quien corresponda el juicio- cuando dicha  diligencia da origen a un proceso penal.   

          Igualmente   -continúa-   no   obstante   lo  dicho  por  la  Corte  Constitucional  sobre  la inmunidad personal, se torna imperioso establecer si a  una  persona se le puede obligar en asuntos diferentes al penal, contravencional  o  policivo,  a  confesar hechos de los cuales puedan desprenderse consecuencias  jurídicas,  y  que  al no hacerlo, luego se le pueda culpar del delito de falso  testimonio,  a  pesar  de que se le haya conculcado un derecho fundamental al no  habérsele reconocido el derecho de la no autoincriminación.   

          Concluye así:   

“Estimamos  que  se  requiere un desarrollo  jurisprudencial  en  relación  con  el hecho punible de falso testimonio de que  trata  el  art.  172 del C.P. y muy concretamente sobre cómo opera el principio  de  la  inmunidad  personal  y  si de un interrogatorio de parte extraprocesal y  practicado  como  prueba anticipada, conforme al Código de Procedimiento Civil,  se pueda tipificar el delito antes citado”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          No   empece  haber  sido  proferida  por  un  Tribunal  Superior  la  sentencia  impugnada,  resulta  indiscutible  que el máximo de la pena previsto  para  el delito de falso testimonio es de 5 años, tope inferior al que habilita  la  interposición de la casación por la vía común, de ahí que es procedente  acudir  a  la  modalidad excepcional consagrada en el inciso 3 del artículo 218  del Código de Procedimiento Penal.   

          De   cara   a  los  planteamientos  ofrecidos  por  el  censor  como  fundamento  de  la necesidad que brota para que la jurisprudencia desarrolle los  temas  que  en  su  opinión  constituyen una de las fuentes que hace posible la  concesión  del  extrardinario medio de impugnación de manera excepcional, debe  decir  la  Corte  que  han  sido suficientemente tratados, no sólo cuando en su  momento  sobre  el  punto  se  consolidó  la  cosa juzgada constitucional, sino  también  cuando  reiteradamente  en  sede  de  casación la Sala ha abordado el  tema.   

          En  efecto,  sostuvo  la Sala Plena de esta Corporación en el fallo  del  17  de octubre de 1991, siendo Ponente el Magistrado Rafael Méndez Arango,  en  punto del artículo 33 de la Constitución y su aplicación exclusiva en los  trámites de índole penal, contravencional y policiva:   

“…esta  única  circunstancia  no sería  suficiente  por  sí  misma para variar el entendimiento del analizado artículo  33  de  la Carta de derechos, pues la comprensión de este ordenamiento superior  no  puede hacerse tomando aisladamente uno solo de sus textos; ya que el genuino  sentido   de   los   mandatos   constitucionales   solamente   resulta   de  una  interpretación  sistemática  de  todo  su  articulado  de  manera  tal  que no  resulten  jamás antinomias que destruyan la lógica y la coherencia interna que  como    norma    de    normas   forzosamente   debe   tener   la   Constitución  Política”.   

          En el núcleo del pronunciamiento, además, se lee:   

“Por último estima la Corte que considerar  aplicable  el  artículo  33  de  la Carta a procesos diferentes de los penales,  correccionales  o  de  policía,  desconocería  los  deberes y obligaciones que  deben  observar  todas  las personas en el ejercicio responsable y no abusivo de  los  derechos  que  les  reconoce  la Constitución Nacional y que puntualiza el  artículo   95   en   sus   ordinales  1°  y  7°.,  cuales  son:  ‘  Respetar  los  derechos  ajenos  y no  abusar  de  los  propios’ y  ‘  Colaborar  para el buen  funcionamiento     de     la     administración     de     justicia’.  Deberes  de rango constitucional que  carecerían  de  contenido y sentido de hacerse extensiva la prohibición de que  trata  el  artículo  33  a  los asuntos no penales en que se ventilan intereses  particulares.  Se  insiste  por  ello que la aplicación extensiva pugnaría con  los  deberes y obligaciones generales antes mencionados, que conforme lo dice el  artículo 95 tienen los miembros de la comunidad nacional”.   

          Con  posterioridad  al  fallo que se viene de mencionar, también en  Sala  Plena  del  12 de diciembre de 1991, con ponencia de los Magistrados Pedro  Escobar  Trujillo  Y  Pablo  Cáceres,  hubo  reiteración  de  la  tesis con la  adición  de que de acuerdo con lo dispuesto por el inciso 2 del artículo 93 de  la  Constitución  Política  “los derechos y deberes  consagrados  en  esta  Carta,  se interpretarán de conformidad con los tratados  internacionales  sobre  derechos humanos ratificados por Colombia”,  entre  los  que  se  encuentra  la  Convención  Americana  sobre  derechos  humanos – Pacto de San José de Costa Rica -firmada el 22 de noviembre  de 1969 y aprobada por Colombia mediante la ley 16 de 1972.   

          De  esta  forma  si  se  observa  el  artículo  8  de este Pacto se  advierte  la  consagración  de las garantías judiciales, entre las cuales cita  en  primer  lugar el debido proceso, que se exige en actuaciones de orden penal,  civil,  laboral  etc,  pero  a  renglón  seguido señala los derechos que tiene  “toda  persona  inculpada de delito”, uno  de  ellos el derecho a no ser obligado  a declarar contra sí mismo ni a declararse culpable”.   

          Modelo  este  inserto en el artículo 29 de la Carta al consagrar la  garantía     del    debido    proceso,    que    también    se    “aplicará    a   toda   clase   de   actuaciones   judiciales   y  administrativas”  para más adelante en el artículo  33  establecer  la  garantía  de  la  inmunidad  personal,  pero sólo para las  actuaciones  en  las  cuales  va  ínsita  la facultad sancionatoria del Estado,  según la interpretación armónica de la Corte.   

          En   este   orden,  claro  se  ve  cómo  el  sugerido  tema  de  la  aplicabilidad  del  artículo  33  de  la Constitución, sobre el cual centra el  recurrente   toda   su   argumentación   para  de  ella  derivar  consecuencias  relacionadas  con  la importancia que merece un pronunciamiento jurisprudencial,  ha  sido  resuelto  de manera categórica en el sentido de que sólo opera en el  reducido  espacio  de la actuación penal, contravencional y policiva, hecho que  por  supuesto  permite  colegir  su  no  interferencia  en  asuntos  probatorios  específicos   regulados   por   materias   diversas,  y  tal  es  el  caso  del  interrogatorio   extraproceso,   tema   sobre   el   cual   también   la  Corte  Constitucional,   tomando   las   resoluciones   de   esta  Corporación  atrás  transcritas,  declaró  la exequibilidad de los artículos 202 y 203 del Código  de  Procedimiento Civil, no sin antes precisar la obligación de las personas de  actuar  de  buena  fe  en  los  trámites  civiles,  ámbito  dentro del cual se  incluyen  los interrogatorios a los que pueden verse sometidas las personas, por  ejemplo  el  que  como  prueba  anticipada  se  puede  formular  a  la  presunta  contraparte  -artículo  294  del Código de Procedimiento Civil-, de tal manera  que  si  ésta  oculta la verdad en el diligenciamiento de la prueba que deberá  observar  las  reglas  establecidas  para  la  práctica  de una en el curso del  proceso   -artículo   301  del  Código  de  Procedimiento  Civil-  a  más  de  contravenir  el  artículo  83  de  la  Constitución  Nacional,  a  no dudarlo,  encajaría  en el precepto penal dispuesto para proteger el bien jurídico de la  administración  de justicia, denominado falso testimonio, injusto que según la  consideración  del  peticionario  requiere desarrollo jurisprudencial, pero sin  atinar  a  precisar  en qué sentido es que busca la apertura del tema -sujetos,  verbo  rector, conducta, objeto etc.- pues simplemente aduce su relación con el  interrogatorio   extraproceso   cuando   este  da  motivo  a  la  investigación  penal.   

         

          Así  las  cosas  la Corte no considera necesario que se itere sobre  temas  cuyo  análisis  ya  se colmó con suficiencia dentro de unos parámetros  que  legalmente  aconsejan no retornar sobre ellos, menos cuando esta misma Sala  antes  y  después  del  mandato  constitucional  de  1991  en  varios fallos de  casación  ha  precisado  la  independencia  entre  la causa civil y los efectos  penales  que  ellas pueden generar, como sería el caso del falso testimonio. Al  efecto basta observar un par de pronunciamientos:   

“En Colombia se continúa sancionando como  modalidad  del  delito de falso testimonio la consciente y voluntaria violación  del   juramento  como  garantía  para  determinadas  actuaciones  judiciales  o  administrativas,  aún  cuando su autor sea persona interesada en los resultados  de  las  mismas,  pues  si  tiene  derecho para defender sus pretensiones, no la  tiene  para  engañar  a  la justicia empeñada en establecer la verdad” (1 de  noviembre de 1984. M.P.  Darío Velásquez Gaviria).   

“La  prohibición  de  declarar contra sí  mismo  sólo  puede favorecer a los acusados por la comisión de hechos punibles  y  no  a  las  personas  en  sus relaciones entre sí, cuando entre ellas surjan  conflictos  de  interés,  puesto  que  en tales situaciones los particulares se  encuentran  en condiciones de igualdad frente al Estado para que este dirima sus  diferencias.   

Es  importante  insistir  también en que la  aplicación  extensiva  de  esta  garantía  a asuntos distintos de los penales,  correccionales  o  de policía, atentaría contra los deberes y obligaciones que  la  misma  Constitución  impone  a  todas  las  personas en cuanto al ejercicio  responsable  y  no  abusivo  de  sus  derechos,  que  aparecen  previstos en los  ordinales   1   y  7  del  artículo  95,  así,  respectivamente:  ‘Respetar  los  derechos  ajenos  y  no  abusar  de  los  propios’ y  colaborar  para el buen funcionamiento de la administración de justicia.” (19  de enero de 1994. M.P. Guillermo Duque Ruiz,).   

          En  mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          NO  CONCEDER la casación invocada por vía  discrecional por el defensor de la procesada LEYLA OSORIO DE CHICA.   

CÓPIESE, NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                          EDGAR      LOMBANA     TRUJILLO           

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                          CARLOS    E    MEJÍA    ESCOBAR           

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                 NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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