15332(31-08-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 15332  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado ponente:  

Dr.   EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO   

Aprobado Acta No. 130  

Bogotá D.C., treinta y uno (31) de agosto de  dos mil uno (2001).   

          Decide la Corte el recurso extraordinario  de  casación  interpuesto  en defensa de JUAN BAUTISTA  FRANCO  HERNÁNDEZ contra la sentencia de fecha agosto  18  de  1998, mediante la cual el Tribunal Superior de Barranquilla confirmó el  fallo  proferido por el Juzgado Sexto Penal del Circuito de esa misma ciudad, en  el  que  se condenó al referido procesado a la pena principal de tres (3) años  de  prisión como autor del delito de estafa cometido en perjuicio de la Empresa  Municipal de Teléfonos de Barranquilla.   

          En ese mismo pronunciamiento se confirmó  la  absolución  dispuesta a favor de FRANCO HERNÁNDEZ  respecto   del   cargo  imputado  en  la  resolución  acusatoria  por  el  delito  de  cohecho  en  la  modalidad de dar u ofrecer y a  MARIO     MOLINARES  SARMIENTO como autor del cohecho  impropio  descrito  en  el  inciso 2º, artículo 142 del Código Penal entonces  vigente.   

ANTECEDENTES   

          1.   Ante los comunicados de prensa provenientes de la Gerencia  de  la  Empresa  Municipal de Teléfonos de Barranquilla que informaban sobre el  cobro  irregular  de algo más de veintitrés millones de pesos representados en  dos  cheques  girados  al  sindicato de tal empresa por concepto de un beneficio  convencional,  que  fueron  consignados el 18 de febrero y el 3 de marzo de 1993  en  la  cuenta  corriente  personal  de Nancy Leonor Sarmiento Estrada del Banco  Uconal,  esta última entidad adelantó las averiguaciones con fundamento en las  cuales  se  esclareció  que  la citada efectuó el depósito de los dineros por  solicitud     de     RASHID    ALFONSO    ELJAIECK  AMADOR,  para  entonces auxiliar de cuentas corrientes  del  Banco  y  una  vez  efectuado el canje, giró cinco cheques que cubrían la  cantidad  mencionada  a  favor de JUAN BAUTISTA FRANCO  HERNÁNDEZ,   quien   fungía   como  presidente  del  sindicato.   

          2.   Con  fundamento  en  la  denuncia  elevada  por el Jefe de  Seguridad  del Banco, la Fiscalía Seccional de Barranquilla dispuso la apertura  de   la   investigación,  vinculó  inicialmente  mediante  indagatoria  a  los  imputados  RASHID ALFONSO ELJAIECK AMADOR     y     JUAN     BAUTISTA    FRANCO  HERNÁNDEZ,   a   quienes   resolvió  su  situación  jurídica  con medida de aseguramiento de detención preventiva por el delito de  peculado   por  apropiación,  sustituida  en  el  curso  del  trámite  por  la  domiciliaria (fs. 180 y s.s., cdno. 1).   

          Al  resolver  la reposición interpuesta  por  la  defensa contra tal providencia, la Fiscalía modificó la calificación  jurídica   para   derivarle  al  sindicado  ELJAIECK  AMADOR  la  participación  en  el punible de abuso de  confianza,     cuya     autoría    atribuyó    al    implicado    FRANCO  HERNÁNDEZ  en  concurso  con  el  peculado por apropiación (fs. 48 y s.s., cdno. 3).   

          3.   En  las investigaciones adelantadas quedó establecido que  otros  cheques  de  la Empresa Municipal de Teléfonos de Barranquilla, librados  también  para  el  pago  del  aludido beneficio convencional, se depositaron en  cuentas  corrientes  de  las  que  eran  titulares  la citada Sarmiento Estrada,  ELJAIECK  AMADOR  y Beatriz  Ríos  Arrubla; asimismo, que contra la cuenta la abierta a nombre del sindicato  de  tal  entidad  se  giraron  cheques  por  elevadas  sumas  a  favor de varias  personas.   

          Así  las  cosas, con ocasión de los cargos surgidos, el instructor  ordenó  vincular  a  los  imputados  CARMELO ANTONIO  MONTOYA  VERGARA,  ENRIQUE  JOSÉ NOGUERA ORELLANO, HUGO RAFAEL ADUEN ARRÁZOLA,  EDUARDO  RAFAEL  SANDOVAL  DE  LA  CRUZ, ROSA MATILDE ARIZA FONTALVO  y  MARIO MOLINARES SARMIENTO,   Jefe   de  Relaciones  Industriales  de  la  mencionada  empresa  telefónica  y  quien  hizo  efectivos  a  su  favor dos cheques por un valor de  veintitrés millones de pesos.   

          En    oportunidad    la    Fiscalía    afectó    a    MOLINARES   SARMIENTO   con   detención  preventiva  como autor del delito de peculado por apropiación; a los implicados  ADUEN    ARRÁZOLA    y  SANDOVAL  DE  LA  CRUZ  les  dedujo  la  complicidad  en  ese  mismo  delito  y  en  el hurto agravado por la  confianza,  mientras  que  respecto  de  los  demás  indagados  se  abstuvo  de  imponerles   medida   de  aseguramiento.   En  esta  resolución  modificó  nuevamente   la   adecuación  típica  del  ilícito  imputado  a  FRANCO    HERNÁNDEZ   para   derivarle  compromiso  en  el  hurto  agravado (fs. 246 y s.s., cdno. 4).  La anterior  decisión  fue  confirmada  en  relación con el segundo de los nombrados por la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal de Barranquilla al desatar la apelación  incoada por su apoderado.   

         

           Con  posterioridad  se  recibieron  las  indagatorias  de  RAMON  PERALTA IBÁÑEZ, EDUARDO DE  JESÚS  VARELA  CONSUEGRA,  NURY  CECILIA  AGUIRRE  GUZMÁN, CIRO ANTONIO ÁVILA  VELANDIA  y  JUAN FRANCISCO  MAAL BUSTILLO.   

          4.   La  investigación  se  clausuró parcialmente respecto de  algunos  de  los  sindicados,  de  manera  que surtido el traslado de rigor y en  providencia  del  9 de septiembre de 1994, la Fiscalía elevó acusación contra  MARIO  MOLINARES  SARMIENTO  por  los  delitos  de  peculado  por  apropiación  y  falsedad  ideológica  en  documento  público;  a  los  procesados JUAN BAUTISTA  FRANCO   HERNÁNDEZ,    HUGO  ADUEN  ARRÁZOLA  y  EDUARDO  SANDOVAL DE LA CRUZ  les  imputó  la  coautoría  en  los  punibles  de peculado por apropiación en  concurso  con  el hurto agravado, mientras que precluyó la instrucción a favor  de         ELJAIECK         AMADOR.   

5.    En   la   etapa   de  la  causa,  el   Tribunal  Superior  de  Barranquilla  al  pronunciarse sobre las apelaciones interpuestas por la defensa  contra  un  auto  del  a  quo,  a  través  de decisión del 7 de junio de 1996,  declaró  la  nulidad de lo actuado a partir de la calificación del mérito del  sumario por error en la adecuación típica.   

         

          En  la reposición del trámite invalidado, el 16 de agosto de 1996,  la  Fiscalía  Seccional  nuevamente  elevó  resolución  acusatoria contra los  implicados   MARIO   MOLINARES  SARMIENTO     y     JUAN     BAUTISTA     FRANCO  HERNÁNDEZ.   Al  primero le imputó la comisión  del  delito  de  cohecho,  en  tanto  que  al segundo la autoría del punible de  estafa  en  concurso  con  el  de  cohecho  por  dar  u  ofrecer. Los sindicados  HUGO  RAFAEL  ADUEN ARRÁZOLA, EDUARDO RAFAEL SANDOVAL  DE  LA  CRUZ y RASHID ALFONSO  ELJAIECK  AMADOR fueron favorecidos con preclusión de  la investigación (fs. 39 y ss., cdno. 10).   

          6.   El  Juzgado 2º Penal del Circuito de Barranquilla asumió  inicialmente  el  control de la etapa de la causa, que correspondió en últimas  al  Sexto  de la misma categoría y sede por razón de la reubicación de aquél  en la  jurisdicción de menores.   

          En  esta  fase  el  Tribunal Superior de  Barranquilla  revocó  la nulidad decretada nuevamente por el a quo a partir del  calificatorio,  por lo tanto, agotado el trámite del juicio, con fecha abril 17  de  1998  el Juzgado 6º Penal del Circuito de esa ciudad profirió la sentencia  mediante  la  cual  condenó al procesado JUAN BAUTISTA  FRANCO  HERNÁNDEZ  a  la  pena  principal de tres (3)  años  de  prisión  como autor del delito de estafa cometido en perjuicio de la  Empresa Municipal de Teléfonos de Barranquilla.   

          En  ese pronunciamiento lo absolvió del  cargo  imputado  en  la  resolución  acusatoria  por el delito de cohecho en la  modalidad   de   dar  u  ofrecer.   Así  mismo,  exoneró  a  MOLINARES   SARMIENTO   de  la  endilgada  autoría  en  el  cohecho  impropio descrito en el inciso 2º, artículo 142 del  Decreto 100 de 1980.   

          La Corporación citada confirmó el fallo  en  providencia del 18 de agosto siguiente al pronunciarse sobre las apelaciones  presentadas   por   el   Fiscal   Seccional   y   el  defensor  de  FRANCO   HERNANDEZ   (fs.   6   y   s.s.,  cdno.   Tribunal),  con  la aclaración en el sentido que la indemnización  de  perjuicios  se  disponía, no a favor del sindicato como dispuso el Juzgado,  sino en beneficio de la Empresa Municipal de Teléfonos.   

LA  DEMANDA   

Con  fundamento  en  la  causal  tercera  de  casación  del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal  entonces  vigente,  el  demandante  acusa  la  sentencia  de  segundo  grado de haber sido  proferida  en  un  juicio  viciado  de nulidad.  Por tal razón solicita su  declaratoria  o  que  se  revoque  los  fallos  de  instancia y se absuelva a su  asistido    “por    falta    de    prueba    para  condenar”.   

En  el  desarrollo  de  ese  único  cargo el  demandante presenta los siguientes argumentos:   

1.   Dentro  de la estructura del actual  sistema  procesal  la  acusación  constituye apenas una probabilidad, de manera  que  la  certeza  del  hecho  punible  y  de  la  responsabilidad penal debe ser  obtenida   en   el   juicio   teniendo   la   carga   de   la   prueba  el  ente  acusador.    Así  surge  de los artículos 249, 444 y 445 del Código  de  Procedimiento  Penal,  especialmente  de  este último, pues de ninguna otra  manera  se  explica  que  iniciada  la  causa  el  procesado siga presumiéndose  inocente.   

En  este  orden  de  ideas, afirma el censor,  cuando   “las  pruebas  necesarias  para  calificar  acusando   son  también  suficientes  para  condenar  el  juicio”   no   tiene   razón   de   ser   y   constituye  un  “mero  formulismo  sin contenido”; más  aún,  afirma que en tales eventos se configura una irregularidad sustancial que  afecta  el  debido  proceso  por  cuanto se desconocen las funciones básicas de  investigación  y juzgamiento, a cargo de diferentes funcionarios, así como las  disímiles exigencias probatorias de cada una de esas etapas.   

2.  Plantea por otra parte, que si en el  sumario  se  recaudan  pruebas  que exceden de las necesarias para la acusación  igualmente   se  vulnera  el  debido  proceso  y  el  derecho  a  la  asistencia  técnica.   Lo  primero,  porque  en  la  instrucción  la  Fiscalía está  investida  de poderes mientras que en el juicio los sujetos procesales concurren  en  igualdad  de  derechos y deberes; lo segundo, por cuanto en tales hipótesis  el  representante  judicial  del  sindicado  terminaría  sorprendido  con  unos  elementos  de juicios que han debido solicitarse y practicarse en la etapa de la  causa.   

Agrega  que  los  elementos  de  persuasión  acopiados  con  tal  desbordamiento,  por  inoportunos,  resultan nulos de pleno  derecho  al  tenor  del  artículo  29  constitucional.   

3.    Con   idéntica   orientación  argumentativa  afirma  que  obtenidos  los  elementos  de juicio necesarios para  acusar,  no  diversos  de  los señalados en el otrora artículo 441 del Decreto  2700  de  1991,  el  instructor debe proceder al cierre de la investigación y a  calificar  el  mérito del sumario.  La prueba restante debe ser solicitada  por  la Fiscalía en el traslado para la preparación de la audiencia pública y  si  omite su pedido, por ausencia de certeza, en manera alguna resulta viable el  fallo condenatorio.   

          4.   El  censor  arguye finalmente, que la sentencia en el caso  examinado  se sustentó en pruebas “recaudadas en el  sumario,  que  tienen eficacia para la acusación, pero que no la tienen para la  condena”,  situación que  se  traduce  en  el desconocimiento de la estructura básica del proceso y en la  violación   del  derecho  de  defensa,  a  partir  de  las  cuales  reitera  la  pretensión  de  nulidad  o  la  concesión  de  “lo  pedido en subsidio”.   

          Con   tales  fundamentos  el  libelista  solicita  de  la  Corte  la  declaratoria  de  nulidad  de la etapa del juicio, o en subsidio, la revocatoria  de  los  fallos  de  instancia  para  que se absuelva a su asistido “por     falta     de    prueba    para    condenar”.   

ALEGATO    DEL   NO  RECURRENTE   

          El  defensor del sindicado MARIO MOLINARES  SARMIENTO  solicita  que  se  mantenga  la  sentencia  impugnada  en relación con su representado. Aduce en sustento, que fue absuelto  de  la  acusación  elevada  en  su  contra  como  autor  del  delito de cohecho  impropio, que por su quantum punitivo no admite la casación.   

Plantea  además,  que tal ilícito no guarda  ninguna   conexidad  con  la  estafa  a  la  cual  se  contrajo  la  condena  de  BAUTISTA          FRANCO         y  objeto de la  impugnación  extraordinaria,  por  lo  tanto,  cualquier  modificación  de  la  sentencia   del   Tribunal   en   detrimento   de  su  asistido  implicaría  el  desconocimiento del principio de la no reformatio in pejus.   

CONCEPTO    DE   LA  PROCURADURIA   

            La   Procuradora   Cuarta   Delegada                      advierte  en  la  demanda  insalvables fallas de técnica que dan al  traste  con  la  prosperidad  de  la  censura.   De  una  parte,  porque el  casacionista  invocó  la nulidad del trámite con fundamento en las violaciones  del  debido proceso y del derecho de defensa, pues el principio de autonomía le  imponía  enfrentar  ambas fuentes de invalidación por separado; de la otra, al  pretender  en forma contradictoria la anulación del juicio y la absolución del  procesado,  cuando  esta  última  aspiración  ha debido ser planteada en cargo  independiente al amparo de la causal primera de casación.   

Ahora bien, si se trataba de repudiar la falta  de  oportunidad en la práctica de las pruebas que sustentaron el fallo, la vía  a  elegir  para un reparo de ese talante también era la violación indirecta de  la    ley    sustancial    como    consecuencia    de   un   falso   juicio   de  legalidad.   

Encuentra  además que la interpretación que  propugna  el  censor,  producto  de  una particular visión del sistema procesal  imperante,  deviene  en  todo  caso  contraria  a los postulados que informan el  estatuto   procedimental  penal  en  armonía  con  la  Ley  Estatutaria  de  la  Administración  de Justicia y la Constitución Política, pues a diferencia del  acogido  en  otras  latitudes,  en  el  nuestro  se  le confieren a la Fiscalía  facultades  jurisdiccionales,  entre  ellas,  para recoger, ordenar, practicar y  valorar  las  pruebas  con  los mismos poderes otorgados al Juez en la etapa del  juicio,  actividad sujeta al principio de investigación integral y no orientada  exclusivamente,  como  se  afirma  en  el  libelo,  a  obtener la requerida para  acusar.   

          Por  las  razones  anteriores, la prueba acopiada en la instrucción  puede  tenerse  como  tal  en el juicio; más aún, los elementos de persuasión  recopilados  en  estos  dos  estadios  integran  un solo conjunto, sin que pueda  excluirse  la contingencia que la allegada en la instrucción resulte suficiente  para  la  condena,  pues  es  la valoración de la misma, independientemente del  momento  de  su  recepción,  la  que determina la existencia o no de la certeza  requerida para dicho efecto.   

          Respecto  a  la  alegada  violación del derecho de defensa, destaca  que  el  censor  no concretó el momento de la producción probatoria en el cual  resultó   conculcada  dicha  garantía;  asimismo,  que  perdió  de  vista  la  posibilidad  de  su  ejercicio  en  la  causa, donde la prueba incorporada en el  sumario  puede  ser controvertida, entre otros mecanismos, mediante la solicitud  o  el  aporte de medios de persuasión, impugnando la valoración que de ella se  haga   en   las   decisiones   judiciales   y   reclamando   que  se  tenga  por  inexistente.   

          Apunta  por  último,  que el artículo 441 del Decreto 2700 de 1991  reclamaba  mínimos  probatorios  pero  no  imponía límites a la actividad del  instructor.   En  consecuencia,  si  en  la  etapa  sumarial  se  reunieron  elementos  de juicio que resultaron suficientes para convencer al juzgador sobre  la  responsabilidad  del  acusado,  esto  en  nada  se  opone para que sirvan de  soporte al fallo condenatorio.   

          Por  las  razones anteriores sugiere no casar el fallo impugnado, no  sin  prevenir,  tratándose  de  la  alegación  del  no  recurrente,  que  a su  situación  no  puede  ser  desmejorada  sin detrimento de la prohibición de la  reformatio in pejus.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  causal  tercera  de casación mediante la  cual   se  pretende  desquiciar  el  fallo  impugnado  en  el  presente  asunto,  arguyéndose  que  fue  proferido en un juicio viciado de nulidad, reitera aquí  la  Sala,  en  manera  alguna  resulta  ajena  a  las exigencias técnicas de la  impugnación  extraordinaria.   Por  el  contrario,  ante una alegación de  este  talante,  con los requisitos de claridad, precisión, coherencia y lógica  inherentes   a  la  casación,  al  demandante  le  corresponde  identificar  la  irregularidad  acusada,  las  disposiciones  que  por  razón de ella resultaron  infringidas,  la clase de nulidad configurada, esto es, si se deriva de la falta  de  competencia,  del menoscabo del debido proceso o del derecho de defensa, los  fundamentos  del  reproche  y, primordialmente, acreditar la trascendencia de la  anomalía  denunciada en la sentencia recurrida, requerimientos que no satisfizo  el impugnante en el libelo examinado.   

En  efecto, desde la presentación del cargo  el  impugnante  reflejó  una  equivocada  comprensión  del  ámbito de la vía  escogida  para  el  ataque, orientada por la nulidad anunciando la demostración  de  yerros de actividad que afectaron la legalidad del juicio, pero que vinculó  a  renglón  seguido,  no a vicios de estructura o de garantía como en rigor se  imponía  ante  dicho  enunciado,  sino a la insuficiencia de la prueba sobre la  cual  se  edificó  el  fallo  de  condena contra su defendido en una alegación  propia  del  error  in  iudicando,  que  de estimar configurado le correspondía  acusar  con  apoyo  en  la  causal  primera  y de conformidad con las exigencias  técnicas que le son inherentes.   

La  pretendida  formalización  del  reparo  tampoco  se  encaminó  a  plantear  en  concreto  un  vicio de actividad que le  brindara  respaldo  al  alegato  de  nulidad  de la actuación seguida contra el  sindicado  FRANCO HERNÁNDEZ,  como  le era debido para demostrar por lo menos alguna irregularidad en el curso  de  la  misma  que  debiera  examinar la Sala, pues el libelista en un ejercicio  dialéctico  por  completo ajeno a la impugnación extraordinaria y sin vincular  siquiera  sus  razonamientos  al  trámite cumplido en las presentes diligencias  para  deducir  de  allí alguna anomalía con entidad para propiciar su nulidad,  simplemente  se  dedicó  a divagar con generalidad, entre otros aspectos, sobre  las  características del sistema acogido en el derogado estatuto procesal penal  (Decreto  2700  de  1991),  en  relación  con  la  naturaleza  de  la actividad  probatoria  de  la  Fiscalía en la fase investigativa y sobre el deber de ésta  de  sustentar  la  acusación  en  la  etapa del juicio mediante la solicitud de  pruebas  que  consoliden  la  probabilidad  de la responsabilidad deducida en la  resolución  acusatoria  hasta  generar  la certeza que habilita la sentencia de  condena.   

En  el  colofón  del  libelo  el demandante  pretendió  identificar  la  irregularidad  de  la  cual  deriva  la pretensión  invalidatoria,  sin embargo, incurrió nuevamente en la impropiedad advertida en  el   planteamiento de la censura al derivar el acusado menoscabo del debido  proceso  y  del  derecho  defensa,  una vez más, de la falta de eficacia de los  medios  de  persuasión  recaudados  durante  el  curso del proceso para brindar  fundamento a la condena.   

Frente a este argumento, insiste la Sala, si  lo  pretendido  era  demostrar  la  insuficiencia  de  la  prueba para forjar la  certeza  del  juzgador  sobre  la  responsabilidad  del procesado, la vía de la  nulidad   escogida   se  ofrece  manifiestamente  desatinada.   En  efecto,  ante   una  aspiración  tal,  vinculada  como aquí se hizo a la solicitud  elevada  a  la  Corte de casar el fallo de condena para proferir uno sustitutivo  de  carácter absolutorio, el censor ha debido plantear el cargo con apoyo en la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  arguyendo  la violación indirecta de la ley  sustancial  como  consecuencia de errores trascendentes de hecho o de derecho en  la apreciación del material probatorio incorporado al expediente.   

Ante las insalvables deficiencias advertidas  que  la  Corte  no  puede  enmendar  o  corregir  en  virtud  del  principio  de  limitación  que  gobierna  la  casación,  el  cargo  formulado  carece de toda  vocación  de  prosperidad.   En  consecuencia,  el  fallo  recurrido no se  casará.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia  Sala  de  Casación  Penal, administrando Justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley.   

RESUELVE  

          NO    CASAR   la   sentencia   impugnada.   

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO   ARBOLEDA  RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                                            CARLOS   A.  GÁLVEZ  ARGOTE           

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                        EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO O.  PÉREZ PINZÓN                             NILSON  E. PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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