15331(31-01-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 15331  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado  Acta  No.  195  (Diciembre  12  de  2001)   

          Bogotá,  D.C.,  treinta  y  uno (31) de  enero de dos mil dos (2002).   

          Decide  la  Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  en    defensa    de    CARLOS    HERNANDO   RAMÍREZ  HOYOS  contra la sentencia de  fecha  agosto  20  de  1998,  mediante la cual el Tribunal Superior de Medellín  confirmó  la  condena dictada el 21 de mayo del mismo año por el Juzgado Penal  del  Circuito  de  Girardota (Antioquia), imponiéndole las penas principales de  dos  (2)  años  de prisión, multa de un mil pesos ($1.000) y suspensión en la  conducción  de  automotores  por  el  término  de  un año (1), como autor del  delito de homicidio culposo.   

HECHOS  

          Dan  cuenta  los  autos que en la tarde del 18 de agosto de 1993, en  la  vía  que  de  Medellín  conduce  al  municipio  de Girardota, en el paraje  conocido  como  la  arenera  “El  Trapiche”, la volqueta Dodge, de placa KCG  817,   conducida   por   CARLOS   HERNANDO   RAMÍREZ  HOYOS  colisionó  con  la motocicleta Suzuki de placa  CHZ  – 28, en la que se movilizaban en sentido contrario Albeiro de Jesús Ríos  Osorno    y    Alejandro    López    Agudelo,    quienes   perecieron   en   el  accidente.   

ACTUACION PROCESAL  

          1.   La Fiscalía Seccional de Girardota dispuso la apertura de  la  investigación,  vinculó  mediante  indagatoria  al  conductor CARLOS  HERNANDO  RAMÍREZ  HOYOS, admitió  la  demanda  de constitución de parte civil y el 25 de febrero de 1995 definió  la  situación  jurídica del sindicado afectándolo con medida de aseguramiento  por  el delito de homicidio culposo, decisión que mantuvo en providencia del 15  de   marzo  del  mismo  año  al  resolver  la  reposición  presentada  por  la  defensa.   

          El  24  de  julio de 1995, la Fiscalía Delegada ante los Tribunales  Superiores  de  Medellín  y Antioquia confirmó tal pronunciamiento al resolver  la alzada interpuesta con carácter subsidiario.   

          2.   Clausurado el ciclo instructivo, la Fiscalía calificó su  mérito  probatorio  en providencia del 17 de mayo de 1996 con preclusión de la  investigación  a  favor  de RAMÍREZ HOYOS;  sin embargo, la Fiscalía Delegada ante los Tribunales Superiores  de  Medellín  y  Antioquia  la  revocó  el  13  de diciembre del mismo año al  decidir  el  recurso  de  apelación  incoado  por  el representante de la parte  civil,  despacho  que elevó acusación en contra del sindicado por el delito de  homicidio culposo (fs. 236 y s.s.; 262 y s.s., cdno. 1).   

          3.   El  Juzgado  Penal  del  Circuito de Girardota celebró la  audiencia  pública  y  el 21 de mayo de 1998 dictó el fallo en consonancia con  la   acusación,   mediante   el   cual   condenó   al  procesado  RAMÍREZ  HOYOS  a las penas principales de  dos  (2)  años  de  prisión,  multa de un mil pesos ($1.000) y prohibición de  conducir  vehículos  automotores por el término de un (1) año, confirmado por  el  Tribunal  Superior  de Medellín al desatar la apelación interpuesta por el  defensor.   

          El apoderado del procesado inconforme con  tal  pronunciamiento,  presentó  el  recurso extraordinario que decide ahora la  Corte.   

         

LA DEMANDA  

          1.   Causal  tercera: primer cargo.   

           Al  amparo  de  la  causal  tercera  de  casación  del  artículo  220  del Código de Procedimiento Penal (Decreto  2700  de  1991),  el censor acusa la sentencia recurrida de haber sido proferida  en  un  juicio  viciado  de  nulidad  por  violación del derecho defensa.    

           Cita   como   normas  infringidas  los  artículos  29  de  la  Constitución Política, 1º, 138 y 304-3º del estatuto  procesal  penal, y en la sustentación del reproche, con apoyo en el criterio de  un   conocido   doctrinante,   discurre   sobre   el   carácter  fundamental  e  irrenunciable  de  dicha  garantía,  que debe aparecer preservada  durante  todas las etapas del respectivo trámite.   

          Plantea  después  que en el caso examinado se quebrantó el derecho  a  la  asistencia  técnica, pues el sindicado RAMÍREZ  HOYOS  fue  indagado  en  presencia de una persona que  carecía  de  la  condición de abogado.  Transcribe algunos apartes de las  sentencias  de  la  Corte  Constitucional  C-592  de 1993, M.P. Dr. Fabio Morón  Díaz  y SU-044 de 1995, M.P. Dr. Antonio Barrera Carbonell, para solicitar a la  Sala,  finalmente,  que case el fallo impugnado y en su lugar declare la nulidad  de todo lo actuado desde la diligencia de injurada.   

          2.     Causal   primera.    Con  fundamento  en  la  causal primera de casación el libelista formula tres cargos  contra  la  sentencia  del  Tribunal, que enuncia y desarrolla en los siguientes  términos:   

          2.1  Causal primera:  primer cargo.   

          El  demandante acusa la violación directa de la ley sustancial, por  falta  de  aplicación, de los artículos 21 y 40 del Código Penal (Decreto 100  de  1980),  109,  135,  136,  148  y  156  del  Código  Nacional  de Tránsito.   

          En  la  fundamentación  del ataque transcribe las normas que estima  infringidas  y  seguidamente afirma que el desatino denunciado se produjo porque  el  Tribunal  no  aplicó “las normas que regulan la  institución  judicial  de  la  casualidad  contemplada  en  el artículo 21 del  Código  Penal”,  de conformidad con el cual para la  condena  es  necesario que entre la conducta del agente y el resultado exista un  nexo  causal,  “o  lo  que es lo mismo el resultado  (hecho  punible  imputado  al  sindicado)  debe  ser consecuencia u origen de la  conducta por él realizada”.   

          Indica  que no siempre en la producción  de  un  determinado  resultado  converge  una  sola  causa pues pueden concurrir  varias,  y  en  tal  evento  es  necesario  determinar  cuál es la más idónea  “para  producir  el  resultado  final,  no  siendo  suficiente  eliminar  mentalmente  la condición para que, suprimido también el  resultado,  se  establezca  la  relación  causal.   Es  necesario  que ese  resultado    sea   ordinariamente   el   efecto   de   la   causa”.   

          Trae  a  colación  la sentencia de esta  Sala  del  23  de  junio  de  1994, M.P. Dr. Gustavo Gómez Velásquez, sobre el  alcance  normativo  del  artículo 21 del Código Penal (Decreto 100 de 1980), y  afirma  que  la  causalidad  en  materia  penal  protege  al ciudadano del poder  punitivo  del  estado,  “evitando que el funcionario  desborde  las  facultades  a él conferidas obligándolo a un análisis profundo  de  todas  las  conductas  que  determinan  la  realización  de  un determinado  resultado”.   

          Señala que la desatención a las normas  de  tránsito  genera  una falta al deber de cuidado exigible en una determinada  situación;  asimismo,  que  el  Código  Nacional  de  Tránsito  prescribe  el  comportamiento  al  cual  debe  sujetarse  el  conductor  de  un automotor en un  momento  dado,  de  manera que su inobservancia constituye una falta al deber de  cuidado.   

          Plantea  que  el  conductor que guía su  vehículo  con exceso de velocidad, que realiza en la vía maniobras imprudentes  u  omite  las  señales  indicativas  del  uso  adecuado  de las mismas y con su  conducta   produce   un   resultado,   está   llamado  entonces  a  asumir  sus  consecuencias,   “bien  porque  con  su  actuación  imprudente  y negligente crea situación de peligro injustificados en los demás  conductores  que  a  su  vez se ven obligados a realizar maniobras imprevistas y  repentinas  que  pueden  ocasionar  graves  resultados,  o  bien  porque  con su  conducta  genera  directamente un daño que inclusive puede afectarlo a el (sic)  mismo”.   

          Afirma  que  en  estos casos es obligado  concluir  que la conducta de quien crea injustificadamente situaciones de riesgo  es  la  vinculada  de  manera  causal  con  el resultado producido, “ignorando  las  maniobras que de alguna manera se hubieren visto  obligados  a  realizar  los  demás conductores como consecuencia de esa primera  imprudencia  en  razón  a que son consecuencias extraordinarias o excepcionales  de  esa  primera  acción  y  no  pueden considerarse en relación causal con el  resultado  producido en los términos prescritos por el artículo 21 del Código  Penal”.   

          Con  tales  fundamentos  solicita  a  la Corte que case la sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  profiera una de carácter absolutorio a favor del  procesado RAMÍREZ GÓMEZ.   

2.2   Causal primera:  segundo  cargo.   

          También con apoyo en la casal primera de  casación,  cuerpo  primero,  el  recurrente plantea la violación directa de la  ley  sustancial,  por  falta  de  aplicación  de  las  normas  que consagran la  presunción  de  inocencia, concretamente, de los artículos 29 inciso 4º de la  Constitución  Política  y 2º del Código de Procedimiento Penal (Decreto 2700  de 1991).   

          En  la  demostración del reparo critica al a quo cuando afirmó que  en  la conducción de vehículos automotores se infiere la culpa por tratarse de  una  actividad  peligrosa,  perdiendo  de vista que tal presunción tiene cabida  exclusivamente  en la legislación civil, no en materia penal donde se encuentra  proscrita toda forma de responsabilidad objetiva.   

          Por  el  contrario,  asevera  el  recurrente,  la legislación penal  contempla  situaciones  como la configurada en el caso de autos, en las cuales a  pesar  del  desarrollo  de  una  actividad  peligrosa,  quien  la  ejecuta no es  culpable  por  falta de nexo causal entre la conducta y el resultado o porque se  demuestra  una  hipótesis  de inculpabilidad.  La carga de la prueba recae  entonces  sobre  el Estado, no en el sindicado como lo sugirió la sentencia con  tal razonamiento.   

          Por  lo  anterior,  a  juicio  del  demandante, la sentencia atacada  deber  ser  casada  para  absolverse  al incriminado en el fallo de sustitución  correspondiente.   

          2.3  Causal primera:  tercer cargo.   

          El  censor  acusa  la sentencia impugnada de la violación indirecta  de  los  artículos  21,  40,  329  del  Código  Penal  (Decreto  100  de 1980)  “en    relación    con    el    art.   254   del  C.P.P”,  como  consecuencia  de  errores  de  hecho  respecto  de los testimonios de Jorge Oswaldo de Jesús Betancur Arango, Héctor  Enrique  Pérez Monsalve y María de los Ángeles Ocampo Valencia, así como por  no  haber  apreciado  el  informe  de  tránsito sobre el accidente y el acta de  levantamiento de los cadáveres de las víctimas.   

          Bajo  el  epígrafe “fundamentación del  cargo”,  el demandante aduce que el fallo atacado se  sustentó   en   los   testimonios  atrás  relacionados,  con  asidero  en  los  cuales  “dio  por  demostrado  no estándolo que el  accidente  de  tránsito  se  produjo  por  culpa  del  sindicado…y no dio por  demostrado,   estándolo,   que   el  hecho  dañoso  se  produjo  por  un  caso  fortuito”, como lo prueban el croquis del accidente,  no  objetado  ni  tachado  de falso, así como la versión inicial del agente de  tránsito.   

          El  libelista  aduce que con el informe de tránsito se acredita que  el    sindicado    RAMÍREZ    HOYOS    conducía  su  vehículo  a  una  velocidad  prudente  por el carril  correspondiente,  de  manera  que  frente a un hecho súbito frenó derivándose  “una  acción no previsible, no controlable como lo  fue  el  hecho  de  que  el automotor hiciera un virage (sic) hacia la izquierda  llevándolo  a  invadir  el  otro carril de la vía”;  prueba  que de ser apreciada por el Tribunal habría determinado la declaratoria  de la eximente de responsabilidad por caso fortuito.   

          Más  adelante  transcribe  apartes de la valoración que hizo el ad  quem  del  testimonio de Jorge Oswaldo Betancur Arango, para sostener a renglón  seguido  que  “Del  dicho  por  este  (sic) testigo  acogido  por  el  Tribunal  lo  condujo  a  violar  la  ley  sustancial  ya  que  abiertamente  se  opone  a  lo  que  nos muestra indubitablemente el croquis del  accidente  levantado  en  el lugar de los hechos por el mismo ponente (sic) y es  que  el  conductor  de  la  volqueta  según  las  huellas de frenada en ningún  momento  pudo  haber  estado haciendo maniobras de adelantamiento”.   

          Tratándose  de las declaraciones de Héctor Enrique Pérez Monsalve  y  María  de  los  Ángeles  Ocampo  Valencia,  el impugnante hace consistir el  dislate  acusado  en que fueron considerados como presenciales del suceso cuando  en  el  mencionado  informe  del  accidente,  en  coincidencia  con  el  acta de  levantamiento  de  los cadáveres, se dejó expresa constancia sobre la ausencia  de testigos de los hechos.   

          Con  tales fundamentos solicita que se case la sentencia impugnada y  se   profiera   un   fallo   de   sustitución   absolutorio   a   favor  de  su  representado.   

ALEGACIÓN DEL NO RECURRENTE  

          La  apoderada  de  la parte civil solicitó el rechazo de la demanda  por las razones seguidamente puntualizadas.   

          1.   En cuanto al cargo de nulidad,  porque  la  ausencia  de  abogado durante la indagatoria no se sugirió siquiera  durante  el curso del proceso como un vicio invalidante del mismo, de manera que  su  alegación  en  la  sede  extraordinaria  constituye  una  evidente maniobra  dilatoria.   

          Plantea que tal diligencia fue realizada  además  con  la  presencia  de  una  persona  honorable,  como  lo permitía el  artículo  148  del  estatuto  procedimental  vigente  para  dicha época.   Adicionalmente,  por cuanto a pesar de ello la intervención del actual defensor  se  muestra  permanente  y  oportuna  en  el  curso  del  trámite excluyendo la  afectación de dicha garantía.   

          2.   Respecto  a las demás censuras la no recurrente aduce que  la  sustentación  correspondiente  se  ofrece  incluso precaria como alegato de  instancia,  donde  el casacionista, en lo atinente a la violación directa de la  ley  sustancial  se limita a esbozar su particular criterio sobre la causalidad,  mientras  que  en el reparo de la trasgresión mediata de la misma, pretende que  sea  acogida  su  valoración  de  las  pruebas  frente  a  la realizada por los  falladores con apego a la sana crítica.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

          Cargo de nulidad.   

          Tratándose  del  reparo  de nulidad, el Procurador Segundo Delegado  destaca  que  la  designación  de una persona honorable para la indagatoria del  procesado  RAMÍREZ  HOYOS se  efectuó  conforme a las previsiones del artículo 148 del Decreto 2700 de 1991,  norma  vigente  para  esa  época  y que conservó existencia jurídica hasta la  sentencia  C  –  049  de  febrero  8 de 1996, decisión que en todo caso surtió  efectos  hacia  el futuro, sin afectar las diligencias recibidas con acatamiento  de  la  preceptiva  que  regía  en el momento de su realización.  Cita en  sustento,    además,    varias    decisiones   de   esta   Sala   sobre   dicha  temática.   

          Advierte  por  otra  parte,  que  el encausado tuvo defensa técnica  durante   todo   el  curso  del  proceso,  conforme  se  infiere  de  la  activa  intervención  de  quien  lo  representa  judicialmente,  de  manera  que  puede  concluirse  que  dicha  garantía  se  mantuvo  incólume  y, así las cosas, se  impone la desestimación del cargo.   

          Causal primera:  primer cargo.   

          La  sustentación del cargo por violación directa de los artículos  21  y  40  del Código Penal (Decreto 100 de 1980), 109, 135, 136, 148 y 156 del  Código  Nacional  de  Tránsito se aleja de la técnica casacional, en opinión  de  la  Delegada,  pues  el  demandante  se  limitó  a  reseñar  apartes de la  sentencia  del  23  de  junio  de 1994, M.P. Dr. Gustavo Gómez Velásquez, así  como  a  plasmar  unos  incipientes  criterios  de  carácter  personal sobre la  responsabilidad  de  su  asistido,  sin  demostrar los errores incurridos por el  fallador, menos aún, la incidencia de los mismos.   

          Así,  tratándose  del alegado desconocimiento del artículo 40 del  Código  Penal  no  señaló ni acreditó cual de las causales allí estipuladas  fue  la  ignorada  por  el  juzgador;  en tanto que al invocar la violación del  artículo  21  ibídem,  por  falta de aplicación, no tuvo en cuenta que en los  fallos  de instancia se concluyó, precisamente, que la acción del conductor de  la  volqueta  desencadenó  el  fatal  deceso  de  las  víctimas,  es decir, se  coligió la relación de causalidad predicada en dicha norma.   

          Pretende  el  libelista  que  se  acepte  como  causa  del suceso el  proceder  del  conductor  de la motocicleta, referido por el fallador a quo para  colegir  que  así  su desplazamiento hubiese sido con exceso de velocidad, esto  es,  infringiendo  el  artículo  148 del Código Nacional de Tránsito, en todo  caso,   no   se   diluye   la  responsabilidad  del  procesado  ante  su  actuar  culposo.   

          En consecuencia, opina la Procuraduría,  el reproche no está llamado a prosperar.   

          Causal primera:  segundo cargo.   

         

          La  Delegada  acepta  que el a quo hizo alusión a la presunción de  la  culpa  en  las  actividades  generadoras  de  riesgo,  concepto propio de la  legislación  civil,  invocado  en  aras  de  demostrar  que  la  conducción de  automotores  ha  sido  catalogada  de  peligrosa,  pero sin que tal apreciación  constituyera  el  fundamento  de  la condena en primera o segunda instancia, que  aparece  sustentada  en  la  relación causal entre la conducta del proceso y el  resultado producido.   

          En  este  orden de ideas, concluye, no emerge desconocimiento alguno  de  la  presunción  de inocencia y, por lo tanto, este otro cargo también debe  desestimarse.   

          Causal primera:  tercer cargo.   

          La  Procuraduría  resalta  la exigua claridad del último reparo de  la  demanda, pues se acusa la violación indirecta de la ley sustancial debido a  los  errores  de  hecho  configurados en la apreciación de algunos testimonios,  pero  sin  deslindar  si  lo  ocurrido fue la distorsión de sus contenidos o el  desconocimiento  de  los  parámetros  de  la sana crítica.  En síntesis,  encuentra  que  la  fundamentación  del  cargo  se  desenvuelve  a  través  de  criterios   de   valoración   personales   confrontados   luego   a   los   del  sentenciador.   

          El  casacionista  plantea  también que el informe de tránsito y el  acta  de  levantamiento  de  los  cadáveres  de  las  víctimas  se  dejaron de  apreciar,  empero  admite  más  adelante  en forma contradictoria que no fueron  ignorados,  pues aduce entonces que si hubieran sido analizados en su integridad  otro  sería  el resultado del fallo, critica en la que omite demostrar de todas  maneras  cómo  dichas  falencias de no haber existido habrían determinaron una  decisión  diferente  y  favorable al sindicado.  En todo caso, advierte la  Delegada,   estos   elementos   de   juicio   si  fueron  considerados  por  los  juzgadores.   

          En  lo  que  respecta a los testimonios que se asegura indebidamente  apreciados,  el demandante insiste en sus apreciaciones subjetivas sin acreditar  la  violación  de  algunos  de  los  principios  que informan la sana crítica,  perdiendo  de  vista  que  el  ad  quem  arribó  a  la  condena con base en las  declaraciones   recogidas   en  la  actuación  administrativa  seguida  por  el  inspector  municipal  de  tránsito,  que  no  pueden  ser  desechados,  como se  pretende,  porque  no  aparecen relacionados en el acta de levantamiento o en el  informe del accidente como presenciales de los sucesos.   

          Con   estos   fundamentos   solicita   la   desestimación   de   la  censura.   

         

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         Cargo de nulidad.   

          El  demandante  acusa que la sentencia del Tribunal fue proferida en  un  juicio  viciado  de  nulidad  por violación del derecho de defensa, pues la  indagatoria   del   procesado   se   llevó   a  cabo  sin  un  abogado  que  lo  asistiera.   

          El  sustento  de  hecho  de  tal reparo no ofrece discusión alguna,  pues  a  partir  de  la  revisión  del  expediente  se constata que luego de la  comisión  del  homicidio,  concretamente,  el 23 de agosto de 1993, el imputado  RAMÍREZ  HOYOS  compareció  ante  la  Fiscalía  instructora con sede en Girardota, despacho que lo escuchó  en   injurada  con  designación  de  una  “persona  idónea”   ante   la   ausencia   de   “defensor    público”   en   dicho  municipio.   Así  se  expresó  en  el acta respectiva (f. 17 cdno 1); sin  embargo,  la  comprobación  de  esta circunstancia no determina por sí sola la  prosperidad  de la nulidad postulada en la demanda por violación del derecho de  defensa.   

          En primer término, porque de conformidad  con  el  reiterado  criterio de la Sala, recordado por el Procurador Delegado en  su  concepto,  esta  consecuencia  no  se  predica  frente  aquellas diligencias  realizadas  con  sujeción  al artículo 148, inciso 2º del derogado Código de  Procedimiento   Penal   (Decreto   2700  de  1991),  que  permitía  confiar  la  representación  del  sindicado para la indagatoria “a  cualquier  ciudadano  honorable”  siempre  que no se  tratara  de  un  servidor  público;  lo  anterior,  en  el entendimiento que la  actuación  cuestionada  del funcionario de instrucción de manera alguna podía  ser  al  mismo  tiempo  legalmente autorizada y prohibida, máxime que el citado  precepto  no resultaba, por su carácter excepcional, contrario con notoriedad a  los mandatos de la Carta Política.   

          No  se  pierda  de vista, de otra parte, que la Corte Constitucional  mediante  sentencia C-049 de febrero 8 de 1996 declaró la inexequibilidad de la  citada  disposición  procesal  al  encontrarla  opuesta  a  las previsiones del  artículo   29   superior,   pero   este   pronunciamiento   carece  de  efectos  retroactivos;  por  lo  tanto,  no  puede exigirse su observancia en actuaciones  como   la   realizada  en  el  evento  examinado,  que  quedó  consolidada  con  anterioridad al referido fallo de control constitucional.   

          Conviene  reiterar,  asimismo, que la permisión normativa comentada  se  supeditaba a la ausencia de abogados inscritos en el sitio de la diligencia,  condición  entendida  por  esta  Corte,  “no en el  sentido   de   ausencia   material  de  profesionales  en  la  ciudad  sede  del  despacho”,  “sino desde  una  perspectiva  de  disponibilidad, atendidas las circunstancias en las cuales  debe   ser   recibida   la   injurada”  (sentencia  de  enero  20  de  1999,  M.P.  Dr.  Fernando  Arboleda  Ripoll),  condiciones  que precisamente determinaron a  la  Fiscalía  en  el evento de autos a designar a una persona honorable para la  asistencia  de  RAMÍREZ HOYOS  en  la  declaración  injurada,  de  acuerdo  con la expresa constancia del acta  atrás reseñada   

          En  este  orden  de ideas, concluye la Sala, el instructor procedió  conforme  a  la disposición vigente para la fecha del respectivo acto procesal,  en  consecuencia,  el reclamo de nulidad de la demanda debe ser desestimado como  lo  solicita  la  Delegada,  máxime  que  con  excepción de la indagatoria, el  sindicado  dispuso  durante  todo el proceso de una asistencia profesional real,  continua  y  unitaria.  Ciertamente, con precedencia a la definición de la  situación  jurídica  el indagado designó el apoderado que aún lo representa,  quien  además de los actos positivos de gestión estuvo pendiente del trámite,  excluyéndose  con  evidencia  cualquier menoscabo del derecho de defensa.    

           En  efecto,  el  abogado  se  notificó  personalmente  de  las  decisiones  proferidas  en  el curso de las diligencias,  concretamente,  de la constitución de parte civil, de la detención preventiva,  de  la  providencia  que  negó  la reposición de esta última e incluso, de la  resolución   que   dirimió   la  alzada  incoada  con  carácter  subsidiario;  asimismo,   del  pronunciamiento  que  corrió  el  traslado  de  la prueba  técnica,  del  cierre  del  instructivo,  de  la  calificación del mérito del  sumario,  de  la  apertura del juicio, de la nulidad y las pruebas decretadas en  la causa, así como del fallo de primera instancia.   

          Más aún, diluyendo cualquier resquicio  de  duda  sobre  la  asistencia  profesional real y continua del sindicado en el  presente  proceso,  se  tiene  que  el  defensor  intervino  en  la práctica de  pruebas,  reclamó  la  realización  de  otras antes y después de la medida de  aseguramiento,  recurrió  la  decisión definitoria de la situación jurídica,  deprecó  la  expedición  de  copias  de  la  actuación, presentó alegaciones  previas  a  la  calificación  del  mérito  del  sumario  y se pronunció en el  traslado  a  los  no  recurrentes  sobre la impugnación presentada por la parte  civil  a  la preclusión de la investigación dispuesta por la Fiscalía a quo a  favor  de  su asistido, compareció a la audiencia pública y con antelación al  fallo   del   Juzgado   aportó   el  escrito  que  contenía  sus  conclusiones  probatorias,  además,  apeló  la  condena  de  primer  grado  y  recurrió  en  casación  contra  la  sentencia  del  Tribunal (fs. 66, 88, 100, 106 vto., 107,  111,  133,  188, 189 vto., 192, 201, 205, 211, 221, 271, 278 vto., 288 vto., 322  vto., 323 vto., 356, 375vto., 377 cdno.1) .   

          Por   los  motivos  anteriores,  entonces,  el  cargo  formulado  no  prospera.   

          Causal primera:  primer cargo.   

          Al  amparo de la causal primera de casación, el libelista considera  que  el  fallo  impugnado  es  violatorio  de la ley sustancial, por infracción  directa,  ante  la  falta  de  aplicación de los artículos 21 y 40 del Código  Penal  (Decreto  100  de 1980), 109, 135, 136, 148 y 156 del Código Nacional de  Tránsito,  ataque  en el cual surgen evidentes los desaciertos técnicos que le  restan    toda   vocación   de   éxito,   como   advierte   la   Procuraduría  Delegada.   

          En   primer   término,   porque   el   casacionista   indicó   las  disposiciones  sustanciales  que estima resultaron de excluida aplicación, pero  omitió   toda  referencia  a  las  del  mismo  carácter  que  en  consecuencia  resultaron  indebidamente  actualizadas  en las presentes diligencias, es decir,  no  le  trazó  a  la  Corte  el  sendero  normativo  a recorrer en el evento de  encontrar prosperidad el cargo.   

          Por  otra  parte,  conforme tiene establecido de antaño la Sala, el  demandante  tiene  la carga de demostrar el reparo formulado contra la decisión  de  segunda  instancia  con  la  propiedad  impuesta por la  naturaleza del  motivo  argüido  como  objeto  de  la  censura,  de  manera que cuando acusa la  incursión  en  errores  de  lógica  jurídica  con apoyo en la causal primera,  cuerpo  primero,  como  fue planteado precisamente en este asunto, se precisa de  una  total  conformidad  con  la  situación  fáctica  que el juzgador tuvo por  constatada   en   autos  y  con  su  apreciación  probatoria  para  radicar  la  inconformidad,  exclusivamente, en la norma sustancial llamada a regularla, bien  porque  se  ignoró, como consecuencia de la aplicación indebida de la misma, o  al concedérsele un alcance y significado del cual carece.   

          En  síntesis,  como  en  la  sustentación  del reparo está vedado  exponer  tesis  o  efectuar  planteamientos  extraños  al  ámbito  propio  del  reproche,  en  las  hipótesis comentadas no le es posible al libelista discutir  los  hechos  declarados  en  el fallo y, menos aún, el análisis que se hizo en  él  de  los  elementos  de  juicio  allegados  al  proceso,  como  acontece con  evidencia   en   este  caso,  donde  el  defensor  si  bien  discurre  sobre  la  interpretación  del  artículo 21 del derogado Código Penal, con el pretendido  propósito   de  orientarse  al  debate  estrictamente  jurídico  inherente  al  reproche  planteado,  pronto  abandona  este sendero argumentativo y desborda el  ámbito   de  la  violación  directa  para  trasladar  la  controversia  a  los  fundamentos  fácticos  de  la  sentencia  impugnada,  propia  de la infracción  mediata,  restándole  entonces  a esa demostración del reproche toda validez y  eficacia.   

          En  efecto,  el  censor  cuestiona  de  trasfondo  la  relación  de  causalidad   entre   el   comportamiento   del   sindicado   y   los  resultados  antijurídicos  producidos, e invoca la infracción del artículo 40 del Código  Penal  de  1980,  que  contemplaba  las causales excluyentes de la culpabilidad,  cuando  en  el  fallo  atacado  se  había  dado por demostrado que el siniestro  investigado   ocurrió,   exclusivamente,   como  consecuencia  de  la  conducta  imprudente  del  sindicado  RAMÍREZ HOYOS  al  intentar  una  maniobra de adelantamiento invadiendo el carril  por  el  cual  avanzaba  la motocicleta ocupada por las dos víctimas (fs. 404 a  409,  cd.  1),  hecho  que  le  resultaba  irrebatible  con  miras a desarrollar  debidamente el cargo formulado.   

         

          Además  de  la impropiedad anterior, la postulación del demandante  fluye  confusa  y plagada de vaguedad, pues al desarrollar el desatino endilgado  a   los  juzgadores  simplemente  conceptuó  en  un  plano  teórico  sobre  la  causalidad   y   respecto  del  método  intelectivo  para  discernir  la  causa  determinante  del  resultado,  trajo  a  colación  una providencia de esta Sala  sobre  el  alcance  del precitado artículo 21 del Decreto 100 de 1980, señaló  que  la  violación de los reglamentos de tránsito genera una falta al deber de  cuidado,    indicó  que  ante  la  existencia  de  varios  comportamientos  imprudentes  la  causa  determinante del resultado no es otra que la creadora en  forma  injustificada  de  situaciones de riesgo, y adujo la falta de aplicación  del  artículo  40  ibídem  sin  especificar  cuál  de  las  varias hipótesis  descritas   en  él  fue la relegada en el caso examinado.  Después y  en   el   aparte   conclusivo   del  libelo,  sin  vincular  o  trasladar  estas  apreciaciones  a  los  sucesos  que  los  falladores  afirmaron  demostrados, el  recurrente   se   conformó  con  asentir,  escuetamente  por  demás,  que  los  argumentos  así expuestos resultaban suficientes para resquebrajar el fallo del  Tribunal.   

          Así  las  cosas, por confuso y deficiente este otro reparo también  deberá ser desestimado.   

          Causal primera:  segundo cargo.   

          El  demandante  acusa la sentencia de segundo grado de quebrantar en  forma  directa  la  ley  sustancial  por el desconocimiento de la presunción de  inocencia,  cargo  que  en  su  desarrollo  adolece  de  similares  deficiencias  técnicas  a  las  atrás  comentadas,  al  punto  de restarle toda vocación de  éxito, como pasa a examinarse.   

          De  antemano,  la  Sala  reitera  en  lo  atinente  a  este  tercer   reparo  el  criterio  asentado  al  abordar  la  precedente  censura,  en  el  sentido  que  cuando  se  intenta  la impugnación  extraordinaria  por  la mencionada vía, el casacionista debe aceptar los hechos  tal  como  los  entendió  demostrados el juzgador, al igual que la apreciación  probatoria efectuada en la sentencia atacada.   

          En  el  libelo  examinado el recurrente soslayó en forma ostensible  este  ineludible  requerimiento  para la prosperidad del reproche, pues lejos de  avanzar  en  una  discusión  estrictamente  jurídica  sobre la aplicación del  derecho  en  el caso concreto, inherente al desatino anunciado, se perfiló a la  controversia  sobre  el  análisis probatorio del a quo, propia de la violación  indirecta,  donde  a  la  infracción de la ley sustancial se llega a través de  los    desaciertos   en   la   apreciación   de   los   elementos   de   juicio  acopiados.   

           Efectivamente,   en  este  incoherente  desarrollo   del   cargo,  el  libelista  le  endilgó  al  juzgador  a  quo  el  desconocimiento  de  la  presunción de inocencia, que si bien no es un medio de  prueba,  orienta la valoración de la misma en el proceso penal al tener como un  hecho  probable  y hasta tanto no se demuestre lo contrario, que el sindicado es  ajeno  a  la  comisión  del  delito.   Así  las  cosas,  al  plantear tal  argumento,  resulta evidente que el censor se desvió a razonamientos propios de  un  motivo  de  casación  diferente  del propuesto, en esencia, a cuestionar la  validez   de   las  conclusiones  fácticas  del  fallo  de  primera  instancia,  sugiriendo  en  contra  vía  del  yerro  enunciado  al presentar el reparo, una  infracción  mediata  de  la ley sustancial derivada del desatinado análisis de  la prueba.   

          Abundando  en  consideraciones, en esta sustentación de la censura,  de  franca  desarmonía  con  la naturaleza del yerro argüido,  insiste la  Sala,  el  casacionista  asienta  una  premisa del todo equivocada que socava su  fundamento  mismo,  pues como advierte la Procuraduría Delegada en el concepto,  si   bien   el  Juzgado  aludió  tangencialmente  a  la  presunción  de  culpa  tratándose  del  daño  causado con ocasión de una actividad peligrosa, propia  en  verdad  de  la  responsabilidad  civil,  en  modo alguno vinculó tal juicio  lógico  del  legislador  en  otros  ámbitos  del  derecho  al compromiso penal  deducido    respecto    del    procesado    RAMÍREZ  HOYOS frente a los homicidios investigados, por cuanto  la   trajo   a   colación   simple  y  llanamente,  para  afirmar  “en   el   ejercicio   de  vehículos  automotores”   la   existencia   de   una   ejecución  catalogada  “como     peligrosa     o     de    alto    riesgo”.    

          Más aún, el ataque no pasó de reflejar  una  huera  inconformidad  con  la  aludida  apreciación  del  fallo de primera  instancia,  pues el recurrente perdió de vista incluso, que el razonamiento que  suscita  la crítica formulada lejos estuvo de encontrar acogida en la decisión  impugnada.   Ciertamente,  el  Tribunal al confirmar la sentencia del a quo  desconoció  en  forma  implícita  las  circunstancias  que  en esta última se  entendieron  como  demostradas para sustentar la responsabilidad de RAMÍREZ  HOYOS, pues la autoría imputada  al  sindicado  del  concurso de homicidios culposos encontró sustento, a juicio  del  ad  quem, en otras totalmente diferentes, que debió haber tenido en cuenta  el  demandante  para  acudir  en  casación por la vía indirecta, si pretendía  plantear   en   esta   sede   extraordinaria   la   controversia   en   torno  a  ellas.   

          En consecuencia, por resultar deficiente,  el reproche no prospera.   

          Causal  primera:  tercer cargo.   

          El  reproche  final  de la demanda está  impregnado  también  de  la  confusión  revelada  por  el demandante sobre los  requerimientos   técnicos   del   recurso  extraordinario,  que  al  ser  aquí  inobservados, lo muestran carente de toda vocación de éxito.   

          En  efecto,  la  propuesta  con  la  cual  el  casacionista pretende  quebrar   la   legalidad   del   fallo  de  segundo  grado  fluye  incompleta  y  contradictoria.   Lo  primero,  porque el libelista se limitó a invocar la  transgresión  mediata de los artículos 21, 40 y 329 del derogado Código Penal  sin  señalar  el  sentido  de  su  violación,  esto  es, omitiendo precisar si  consistió  en  la  falta  de aplicación de tales preceptos o en su aplicación  indebida.   

          La  formulación  de  planteamientos  excluyentes con detrimento del  principio  de no contradicción se advierten cuando el libelista cuestionó bajo  una  misma  censura,  de una parte, la relación de causalidad entre la conducta  del     sindicado     RAMÍREZ    HOYOS   y  las  muertes investigadas, que atribuye en algunos de los  apartes  de  su  escrito  al  actuar  imprudente  del  fallecido conductor de la  motocicleta  involucrada  en el accidente; de la otra, la culpabilidad pregonada  de  su  defendido,  al  echar  de menos el reconocimiento del caso fortuito como  causales  que  la excluyen al tenor del precitado artículo 40 del Código Penal  (Decreto  100  de  1980),  admitiendo  con  este  último  reparo  y  de  manera  implícita, la existencia de ese nexo causal inicialmente negado.   

Ahora bien, el censor derivó la infracción  mediata  de los preceptos atrás relacionados de los errores de hecho atribuidos  al   Tribunal   al   prescindir   del  informe  del  accidente  y  del  acta  de  levantamiento,   como  también,  analizar  los  testimonios  de  Jorge  Oswaldo  Betancur  Arango,  Héctor  Enrique  Pérez  Monsalve  y  María de los Ángeles  Ocampo   Valencia   con   inobservancia   del   artículo  254  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Decreto  2700 de 1991), pero en los argumentos siguientes  lejos  estuvo  de  demostrar  tales  desatinos  y,  menos aún, su trascendencia  frente  a  las  conclusiones  del fallo impugnado, pues se limitó a esbozar sus  antagónicas  tesis  sobre  el  caso  fortuito  y  la imputación de las muertes  producidas  al  otro  conductor  involucrado  en  el  accidente  a  partir de un  análisis  personal  e interesado de la prueba, para el cual reclama prevalencia  frente al efectuado por los falladores.   

          Así,  téngase presente que el error de  hecho  por  falso juicio de existencia, en la modalidad de preterición, que fue  el  primeramente endilgado a la decisión recurrida, no por su nomenclatura sino  ante  el  sentido  que se le atribuye, se configura cuando el juzgador ignora en  forma  absoluta  alguna  o algunas de las pruebas a pesar de obrar materialmente  en  el  proceso.    Sin  embargo,  contrario  a  lo  afirmado  por  el  recurrente,  de  la  revisión  del fallo atacado se constata que el Tribunal si  involucró   el  mencionado  croquis  en  la  estimación  conjunta  del  acervo  probatorio,  obviamente, integrándolo a la declaración bajo juramento obtenida  de   Jorge   Oswaldo   Betancur  Arango,  agente  de  tránsito  que  lo  había  elaborado.   En  efecto,  respecto  de  tales  evidencias discurrió en los  siguientes términos:   

“La   prueba   recogida  dice,  por  el  contrario,  que  el  procesado  sí es responsable a título de culpa, y ella es  inobjetable:   

“Jorge Oswaldo Betancur Arango, el guarda  de  tránsito  que  levantó  el  croquis,  depone a folios 91 y 165 y aunque no  presenció  los  hechos  ,  puede colegir que “Presumiblemente se aprestaba la  volqueta  a  hacer  una maniobra de adelantamiento, al observar la moto frenó y  es  posible el giro que hizo (se puede explicar  – había dicho antes – que  dicha  volqueta  hizo  un  giro  de  360  grados),  porque  si la moto estuviese  adelantando  un  carro,  la maniobra del conductor de la volqueta debió haberse  tirado  a  la  zona  verde  de  su  carril  o sea al lado derecho, que cualquier  conductor  por  inexperto  que  sea  la  efectúa  por  reacción para evitar el  choque…” (f. 405, cdno. 1l).   

          Más  aún,  excluyendo  por completo la  realidad  del reparo, tratándose del informe del accidente, en la sentencia del  a  quo  se  aludió  a  los  datos  a continuación transcritos, respecto de las  cuales  ninguna  rectificación expresa o tácita se efectuó en la decisión de  segundo grado, de manera que conforman unidad jurídica:   

“…entre las que se encuentran el croquis  del  mismo, resaltándose en éste una huella de frenada del automotor conducido  por  el  sindicado sobre el carril derecho sobre el cual se movilizaban (sic) al  momento  del  hecho  y  una  huella  de arrastre que parte del carril por el que  conducía,  atraviesa  la línea media divisoria de la autopista y culmina en el  carril   izquierdo   contrario   al   que   se   movilizaba”  (f.  369,  cdno.  1).   

          Esta  misma  integración  de  los fallos de instancia se predica en  relación  con  el  acta  de  levantamiento  de  los cadáveres para rechazar su  alegada  prescindencia en la valoración de la prueba, sin que reste añadir que  en  relación  con este elemento de juicio el recurrente no indicó siquiera que  se  demuestra  con  él  en  desarmonía  con  las  conclusiones de la decisión  censurada.   

           Abundando   en   consideraciones,   el  demandante  admite en últimas que el fallador no ignoró el referido informe de  tránsito  y radica su inconformidad en las conclusiones que el juzgador ad quem  extrajo  de  él  en  conjunción  con  el testimonio reseñado, por cuanto a su  juicio,   esos  medios  de  persuasión  demostraban  una  situación  del  todo  diferente  de  la  reconstruida  en  el  fallo,  concretamente, que el sindicado  RAMÍREZ  HOYOS “en  ningún  momento  pudo  haber  estado  haciendo maniobras de  adelantamiento”.   

          Con  este  desarrollo argumentativo, el demandante a la manera de un  alegato  de  instancia  simplemente  enfrenta  su  criterio  valorativo  al  del  Tribunal,  perdiendo  de  vista que tiene preeminencia el del juzgador, amparado  por  la  doble presunción de acierto y legalidad, pues el ordenamiento procesal  penal  le  concede  la libertad para apreciar los diferentes elementos de juicio  con  sujeción  a  los  parámetros  de  la  sana  crítica,  de  manera que sus  conclusiones   no  pueden  calificarse  de  equivocadas  mientras  respeten  los  postulados  de la lógica, de la ciencia y la experiencia común, aspecto que ni  siquiera fue cuestionado en la censura.   

          El  casacionista  aduce, por último, que los testimonios de Héctor  Enrique  Pérez  Monsalve  y  María  de  los  Ángeles  Ocampo  Valencia fueron  indebidamente  apreciados e invoca el artículo 254 del Código de Procedimiento  Penal  (Decreto  2700  de 1991), sugiriendo con ello el error de hecho por falso  raciocinio,  en  cuanto  dicha  norma  exigía  la  apreciación de la prueba en  conjunto,  de  acuerdo  con  las  reglas  de la sana crítica; yerro que omitió  sustentar,  pues  el defensor una vez más asimilando la demanda a un alegato de  instancia  no  intentó  acreditar  siquiera  que  el  Tribunal  al  valorar las  declaraciones  de los citados deponentes desconoció la lógica, la ciencia o la  reglas  de  la  experiencia,  para  limitarse  a  exteriorizar  en este punto su  inconformidad  con la eficacia probatoria que les fue concedida para edificar la  condena,  a  pesar que no haber sido señalados como presenciales de los sucesos  en  el  croquis  del  accidente o en el acta de levantamiento de los cadáveres.   

Así las cosas, este otro cargo no prospera,  por consiguiente, la sentencia impugnada no se casará.   

         

           Resta   agregar   que  la  aplicación  retroactiva  favorable  de  las  disposiciones  contenidas en el actual estatuto  punitivo,  frente  a  las  normas  preexistentes a los hechos investigados y con  sujeción  a  las  cuales  se  emitió  la  condena, si hubiere lugar a ella, le  compete  al  Juez  de  Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de conformidad  con    las    previsiones   del   artículo   79-7º   del   estatuto   procesal  penal.   

Contra  esta  providencia no procede ningún  recurso.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

          NO CASAR el fallo impugnado.   

          Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

No hay firma  

FERNANDO  ARBOLEDA RIPOLL              JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS              CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE           

JORGE  A.   GÓMEZ  GALLEGO                                ÉDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

ALVARO        O.        PÉREZ  PINZON                                  NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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