15323nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15323  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                DR.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nro: 196   

          Bogotá  D.C.,  martes  veintiuno  de  noviembre  del  año dos mil.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  acerca de la admisibilidad de la demanda de  revisión    presentada    por    el    apoderado   especial   de   CARLOS  BERMÚDEZ  de ARMAS contra el fallo  del   Tribunal   Superior   de   Barranquilla,  Atlántico,  que  confirmó  con  modificaciones  la  condena  impartida en primera instancia por el Juzgado Trece  Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad, al declarar al sentenciado penalmente  responsable del concurso de hechos punibles de homicidio y hurto.   

HECHOS  

          Fueron   historiados   por   el   fallador   de  segunda  instancia,  así:   

“De los informes  policivos  se  saca  en  claro  que  el 14 de agosto de 1988 a las 7 horas en la  calle   93   con  carrera  43  fue  despojado  de  su  vehículo  y  occisionado  (sic)  el  ciudadano  SAUL  VELEZ  GARCES,  quien  se  hallaba  en esos momentos en compañía de su señora  MARGARITA PARRA RESTREPO.   

“Al    ser  interceptados  por  dos  personas  que  portaban  armas, el obitado (sic)  trató  de oponer resistencia pero  fue  herido  por  disparo con arma de fuego y como la dama citada se apersonó a  atenderlo,   los   individuos   le   despojaron   del   vehículo   huyendo   en  este.   

“Los operativos de  la  Policía  dieron  como resultado la captura del señor ADOLFO ALMAZO y otros  ciudadanos   quienes,   según   las  circunstancias  conocidas  posteriormente,  integraban  un grupo de personas organizadas previamente para la realización de  diversos ilícitos.   

“A  raíz de las  actividades  descritas,  se puso a disposición de las autoridades judiciales el  vehículo  hurtado  y diversas prendas como vestidos, zapatos y un libro con una  aquedad  (sic) con figura de  arma de fuego, calibre 7.65 mm. (…)”   

          En  razón  de  los  sucesos  que  vienen  de  transcribirse, fueron  vinculados  a la respectiva investigación y acusados por las conductas punibles  de  homicidio  agravado  y  hurto  calificado  y  agravado, Jorge Enrique Almazo  Moreau   y   CARLOS  BERMÚDEZ  de  ARMAS,   contra   quienes   el   Juzgado  Trece  Penal  del  Circuito  de  Barranquilla,   en   consonancia  con  el  pliego  de  cargos,  profirió  fallo  condenatorio,  imponiéndole a cada uno de los sentenciados 24 años de prisión  como  pena principal privativa de la libertad y la accesoria de interdicción en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por un término de 10 años.  Igualmente  en  forma  solidaria  les  impuso  la  obligación de indemnizar los  perjuicios  irrogados  con  dicho  comportamiento,  en  cuantía  equivalente en  moneda  nacional  a  2.000  gramos  oro  los  materiales, y 1.000 gramos oro los  morales.   

          Impugnada    la    susodicha    determinación,    el   Ad-Quem  la  confirmó pero modificándola  en  lo  atinente  a la sanción corporal, disponiendo que en definitiva los reos  debían purgar por su ilícito proceder, 20 años de prisión.   

LA  DEMANDA   

          Invocando  como  motivo  de revisión la causal 3ª del Art. 232 del  C.  de  P. Penal, el apoderado especial de BERMÚDEZ de  ARMAS  pretende  la  remoción  del  fallo  de condena  atacado  aduciendo  que  con posterioridad al mismo, surgieron pruebas nuevas no  conocidas  al  tiempo  de  los  debates  que  dan  cuenta de hechos que permiten  establecer la inocencia de su representado.   

          A  tal  propósito  arguye que el señalamiento directo hecho por el  coprocesado  Almazo  Moreau  de  BERMÚDEZ  como  autor  del homicidio en cuestión aprovechando la calidad de  reo  ausente  de  éste, única sindicación que se yergue en su contra, deviene  “desde    todo    punto    de    vista”  en  falsa  acusación  porque,  no  sólo  el  testimonio de la  cónyuge  del  interfecto, su reconocimiento en fila de personas y la condición  de  ser  el propietario del arma homicida incriminan al primero como ejecutor de  la  mortal  deflagración,  sino  que las pesquisas de orden privado adelantadas  por  su  oficina  de  abogado  lo  llevan  a confirmar dicho aserto, advierte el  libelista.   

          En  efecto,  su  patrocinado  en  versión  que  rinde  motu  proprio  desde  la  cárcel donde se  encuentra  recluido  y  cuya  acta  se  arrima  a estas diligencias para que sea  estimada  por la Corte, confiesa que las circunstancias en que ocurrió el hecho  son  bien  diversas  a  las  tenidas  como  tales  en  el proceso, puesto que la  acalorada  discusión y el posterior forcejeo habidos entre la víctima y Almazo  Moreau,  tuvieron  su  origen,  conforme  al  comentario  que  éste  le hiciera  previamente  a  que  se  desencadenara  la  tragedia, en razón de un dinero que  aquélla  le  adeudaba  al  segundo.  Al observar que los protagonistas del  episodio  prontamente  de  las  palabras  pasaron a los hechos, en veloz carrera  atravesó  la calle desde la acera opuesta en donde se hallaba, a fin de impedir  el fatal desenlace, lo cual, a la postre, no logró.   

          Ahora,    a    lo   anterior   debe   aunarse   la   “afortunada  y  feliz”  aparición de dos  personas   que   dicen  haber  presenciado  las  reales  circunstancias  en  que  sucedieron  los  hechos,  porque  para el instante de su ocurrencia coincidencialmente  se  desplazaban por el  teatro  de los acontecimientos. Esos testimonios, desconocidos para el tiempo de  los  debates  por  cuanto  nunca  fueron  citadas  a  declarar,  “constituyen     pruebas     nuevas     de     hechos    nuevos    no  conocidos”,   versiones  que  hoy  rinden  bajo  la  gravedad  del  juramento  ante Notario Público para ser agregadas a la presente  actuación,  a  fin  de  que  junto  con  la  exposición  del  condenado,  sean  examinadas  en  cuanto  corroboran  las  exculpaciones  de  éste,  quien  sólo  resultó  ser  el  chivo  expiatorio  del reato dado su juzgamiento en contumacia.   

Como  pruebas  que  tienden  a  demostrar la  inocencia  del condenado, se aportaron como anexos de la correspondiente demanda  las  atestaciones  ya enunciadas y las copias de los fallos de primero y segundo  grados, con sus respectivas constancias de ejecutoria.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          De  antaño  viene  sosteniendo  la  Sala que la revisión tiene por  finalidad  reparar  la  injusticia  material  que  se deriva de una sentencia en  firme,  porque  la  verdad procesal declarada en la misma resulta ser  bien  diversa  a  la  verdad  histórica del acontecer ilícito objeto de juzgamiento,  aspecto  que  con claridad y precisión debe exponer quien pretende la remoción  del  carácter  inmutable  de  una  decisión  por  cuyo medio se le puso fin al  proceso,  dentro  del  marco  de las causales que taxativamente consagra para el  efecto el Art. 232 del C. de P. Penal.   

          Para  lo  que es el objeto del presente pronunciamiento y de acuerdo  con  la  causal  esgrimida  por  el demandante como motivo de revisión, dijo la  Corte  en proveído del 11 de marzo de 1999 con ponencia de quien aquí funge en  similar   condición,   Rdo.   14232,   que   prueba  nueva “es aquella que surge  con  posterioridad  a  los  debates  en  las  instancias y a la culminación del  proceso  con  una  sentencia en firme y por cuyo desconocimiento, el fallador no  tuvo  la oportunidad de pronunciarse acerca de su grado de validez y de eficacia  en  relación  con  los  acontecimientos  puestos a su conocimiento, bien porque  realmente  se  trate  de  la  aparición  de  hechos  nuevos  que contraríen la  evidencia  de  lo  ya decidido, ora porque no empece a su existencia previa a la  definición   del   asunto,   por   cualquier  causa  se  omitió  allegarla  al  averiguatorio,  situación que, de no haberse operado, otro muy distinto hubiera  sido   el   sentido   de   la   decisión   que   afecta   los   intereses   del  procesado.”   

          Lo  novedoso  de  la  prueba  que  se  aduce  con  un tal carácter,  igualmente  lo  ha  dicho  explícitamente  la Sala, estriba en que la evidencia  desconocida  para el fallador al tiempo de los debates, de haber sabido de ella,  de    seguro   lo   hubiera   orientado   en   pro   de   la   absolución   del  incriminado.   

          En  el asunto que hoy ocupa la atención de la Sala, las pruebas que  se  pretenden  hacer  valer  no  tienen  las  connotaciones  de  la  definición  doctrinaria  que  se  acaba de reseñar, por cuanto a lo que realmente se aspira  es  a  que  se  reabra un debate ya finiquitado para intentar un nuevo examen de  aspectos  y  circunstancias  del  hecho  materia  del  proceso,  ya  valoradas y  definidas  en las instancias.  La revisión, tal como la tiene concebida el  Legislador,  no  es una instancia adicional a la cual se pueda acudir en demanda  de  enmiendas  por supuestos yerros de procedimiento o de juicio en los que pudo  haber  incurrido  el  sentenciador  al  valorar  las  pruebas,  como así parece  entenderlo   el  demandante,  pues,  para  atacar  tales  vicios  la  ley  tiene  establecidos   los  recursos  ordinarios  y  las  acciones  pertinentes  en  las  instancias respectivas y, agotadas éstas, la casación.   

          Así  que,  pretender  ahora  una  absolución  de  quien juzgado en  contumacia  alega no haber tenido la oportunidad de que se escuchara su versión  acerca  de lo acaecido, lo cual dizque corroboran unos testigos que coincidencialmente  lograron  percibir  lo  que  realmente sucedía por estar presentes cerca al escenario de los hechos, no  entraña  novedad  alguna  cuando  lo que emerge de sus atestaciones no son más  que  agregados circunstanciales acerca de una ya bien definida participación en  el  evento  juzgado,  como  cabe  constatar  de  los fallos de instancia, habida  cuenta  que  la conducta desplegada por quien hoy se reputa inocente, fue asunto  examinado y suficientemente debatido en sede ordinaria.   

          Ciertamente,  volver  en  este  instante  sobre  la  controversia de  quién  hizo  la  deflagración  mortal,  a quién pertenecía el arma homicida,  cuál  fue  la  conducta  asumida  por  la  persona  que  se hizo al volante del  automotor  objeto  de  despojo,  qué  motivó  el homicidio en cuestión, etc.,  fueron  aspectos  debidamente  dilucidados por los juzgadores en su oportunidad,  teniéndose  a  ambos  procesados  como coautores del evento criminoso juzgado a  partir  de  examen  realizado al plexo probatorio allegado al informativo.   Sólo      basta     con     reparar     de     qué     manera     BERMÚDEZ   retoma   los   argumentos  de  exculpación   que   Almazo   Moreau   pretendió  hacer  valer  en  el  juicio,  reputándose  cada  cual  en  su momento haber sido víctima de constreñimiento  por parte del otro.   

          Por  modo  que,  no resultando extraños al proceso los elementos de  persuasión  que  con ocasión de la demanda de revisión cuyo aspecto formal se  examina  nuevamente  se  pretenden  controvertir,  y  no teniendo los argumentos  expuestos  en  la  misma  el  poder de desvirtuar el juicio de reproche recaído  sobre   la  conducta  imputada  al  condenado,  la  condición  de  res   iudicata  que  ampara  la  decisión  atacada  se  alza  incólume  frente  a  las  voces  de  inocencia  tardíamente  pretextada por el quejoso.   

          Consecuentemente  con  lo dicho y atendida la causal escogida por el  demandante  para impetrar la revisión, a fuerza de no cumplir el escrito que en  su  aspecto  formal  viene  de  examinarse  con  los  presupuestos  que  para su  admisión  impone  el  Art.  232-3  del  C.  de  P.  Penal,  la demanda debe ser  rechazada    conforme    a   lo   indicado   en   el   Art.   235   ejusdem.           

                   

           En mérito a lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          1.  Reconocer  al doctor Luis Carlos Llanos del Villar como defensor  del  condenado  CARLOS  BERMÚDEZ de ARMAS,    en    los    términos   y   para   los   efectos   del   poder  conferido.   

          2.   Rechazar   in  limine  la  demanda  de  revisión que en representación del mencionado reo  instauró  su  defensor, conforme con las motivaciones plasmadas en el cuerpo de  este proveído.   

CÓPIESE, NOTIFÍQUESE Y  CÚMPLASE   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                 NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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