15290(12-06-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  15290   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 066.  

          Bogotá D.C., doce de junio de dos mil tres.   

VISTOS  

La  Corte  se  pronuncia  de  fondo sobre la  demanda  de  casación  interpuesta contra la sentencia de segundo grado dictada  por  el  Tribunal  Nacional  el  22  de  abril  de  1998, que confirmó el fallo  proferido  por  un  Juzgado  Regional de Medellín, por cuyo medio se condenó a  ALBERTO  DUARTE  GARZÓN a la  pena  principal  de  42 años de prisión como penalmente responsable en calidad  de   autor   del   delito  de  homicidio  agravado  del  que  resultó  víctima  Conrado        Torres        Pineda.   

El  Procurador  Segundo  Delegado  para  la  Casación  Penal  solicita  en  su  concepto  la  desestimación  de  los cargos  propuestos por carecer la demanda de técnica y de fundamentación.   

HECHOS  

Fueron  adecuadamente  sintetizados  por  el  ad  quem  en  el  fallo  de  segundo grado, así:   

“El   14  de  septiembre  de  1995  a  eso  de las seis de la mañana el señor CONRADO TORRES  PINEDA  se  desplazaba  al  lugar de trabajo en la finca La Navarra de Apartadó  usando  una  motocicleta  en  la  que también cargaba como parrillero a HIGINIO  MENA  CÓRDOBA;  de  repente  observaron  una  camioneta  roja  a  la vera de la  carretera  principal  y junto a ella un individuo que estaba agachado. Cuando ya  los  habían  adelantado,  vieron  a  dos  sujetos  que  los  perseguían  y les  disparaban  con  armas  de fuego, los cuales hicieron impacto en la humanidad de  aquél, quien cayó muerto en el acto”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          El  20  de  septiembre de 1995 la Fiscalía 119 de Apartadó dispuso  la  realización  de  indagación  preliminar,  y  el  5  de  octubre  siguiente  profirió  resolución  de  apertura  de la instrucción. Las diligencias fueron  remitidas  por  competencia a la Fiscalía Regional del mismo municipio dado que  la  comisión  del  delito estuvo determinada por desempeñarse la víctima como  dirigente    sindical    y    ser   miembro   del   grupo   Esperanza,   Paz   y  Libertad.   

          Capturado    y    vinculado    mediante   indagatoria   ALBERTO   DUARTE  GARZÓN,  su  situación  jurídica  fue  definida  el  2  de abril de 1996 con detención preventiva como  medida  de aseguramiento, sin derecho a libertad provisional, como posible autor  del  delito  de  homicidio  agravado  (numerales 7º y 8º del artículo 324 del  derogado  estatuto  penal).  Esta  decisión  fue confirmada por el ad  quem  al conocer del recurso de alzada  interpuesto por la defensa.   

Cerrada la investigación, el 7 de noviembre  de  1996  fue calificado el mérito del sumario con resolución de acusación en  contra   de   ALBERTO   DUARTE  GARZÓN  como  presunto  autor  del  delito  imputado  en  la providencia que  definió  su  situación  jurídica.  La acusación fue impugnada y la Fiscalía  Delegada   ante   el   Tribunal   Nacional  la  confirmó  el  22  de  enero  de  1997.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  a   un   Juzgado   Regional   de  Medellín,  donde  una  vez  surtido  el  rito  correspondiente  profirió  sentencia  el  7  de octubre de 1997, por cuyo medio  condenó  al  procesado  a  la  pena  principal  de  42  años de prisión, a la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por 10 años, y al  pago  de  los  perjuicios  derivados  de  su  conducta,  como coautor penalmente  responsable del delito por el que se le acusó.   

La  sentencia de primer grado fue confirmada  por  el Tribunal Nacional al desatar el recurso de apelación interpuesto por la  defensa,  mediante  fallo  del  22  de  abril  de  1998  que  ahora es objeto de  impugnación extraordinaria.   

LA DEMANDA  

El defensor plantea dos cargos que fundamenta  y desarrolla así:   

Cargo  primero:  Nulidad  por violación del  derecho a la defensa   

          Amparado  en  la  causal tercera de casación, el censor expresa que  fue  violado  el  derecho  a la defensa de su representado, habida cuenta que no  fueron  decretadas  y practicadas las pruebas solicitadas por su antecesor y por  el   Ministerio   Público,   las   cuales   resultaban   trascendentes   en  el  fallo.   

Para  demostrarlo  señala  que la Fiscalía  Regional  se abstuvo de pronunciarse acerca de la petición de pruebas formulada  por  la  defensa  en  caminadas  a  demostrar  la  conducta social y laboral del  procesado;  además,  no  se practicó el reconocimiento en fila de personas que  solicitó el Procurador Judicial.   

Considera  violados  los  artículo 29 de la  Carta  Política,  y  1º,  249,  251  y  333  del  derogado  estatuto  procesal  penal.   

En  punto  de la trascendencia de la censura  indica  que  las pruebas echadas de menos habrían permitido valorar la conducta  del  procesado  y  el mérito del testimonio de Higinio  Mena  Córdoba; además, con el reconocimiento en fila  de   personas   era   posible  establecer  la  responsabilidad  o  inocencia  de  DUARTE  GARZÓN, dado que la  descripción  física  que  el referido testigo suministró no es coincidente en  todas  sus  intervenciones  en  la actuación, en especial con el reconocimiento  fotográfico     que    fue    realizado    sin    las    previsiones    legales  mínimas.   

Con  base  en  lo  expuesto  el casacionista  solicita  a  la  Corte  declarar  “la  nulidad de lo  actuado  a  partir  de  la  petición de pruebas presentada por el apoderado del  procesado      en     los     inicios     de     la     instrucción”.   

Cargo segundo: Violación indirecta de la ley  sustancial   

A.  Falso  juicio  de  legalidad que recayó  sobre el reconocimiento fotográfico   

Apoyado  en  la causal primera de casación,  cuerpo  segundo, el demandante postula este cargo por violación indirecta de la  ley  sustancial  determinada  por  un  error  de  derecho  por  falso  juicio de  legalidad,  habida  cuenta  que el Tribunal Nacional le otorgó valor probatorio  al    reconocimiento    fotográfico    que    irregularmente    practicó    la  Fiscalía.   

Para  acreditarlo  el impugnante expresa que  los   artículos   268   y  269  de  la  anterior  legislación  procesal  penal  determinaban  las  reglas  para practicar el reconocimiento fotográfico, mismas  que  no  fueron  tenidas  en  cuenta  por la Fiscalía, pues las fotografías no  correspondían  a personas con similares características a las del procesado, e  inclusive,  algunas  mostraban  individuos  de  perfil,  como  en  su momento lo  señaló el Fiscal Delegado ante el Tribunal Nacional.   

          Expone  que  el  mencionado  medio  de  prueba  sirvió  como  pilar  fundamental  del  fallo  y que con su valoración se violó el artículo 246 del  derogado  estatuto  procesal  penal,  dado  que  el ad  quem   no   podía   apreciarlo  en  atención  a  su  ilegalidad.   

B.  Falso  juicio  de  legalidad que recayó  sobre la declaración del testigo con reserva de identidad   

          El  impugnante  formula  esta censura por considerar que el Tribunal  Nacional  tuvo  en  cuenta la declaración del testigo con reserva de identidad,  cuya  acta  002  no  aparece  suscrita  por  el Fiscal Regional ni el Procurador  Judicial,  y  tampoco  se suscribió el acta que certifica la huella digital del  declarante que aparece impresa.   

          Manifiesta   el  actor  que  no  fueron  observadas  las  exigencias  señaladas  por  el  artículo 293 del anterior estatuto de procedimiento penal,  modificado  por  el  artículo  37  de  la  Ley  81  de  1993  para  recepcionar  testimonios  con  reserva  de  identidad,  en  cuanto  era  necesario que por la  “excepcionalidad”   de  tales   declaraciones,   los   funcionarios  respaldaran  con  su  presencia  la  correspondiente recepción de la prueba.   

          Acto  seguido el defensor destaca que el referido testimonio sirvió  al    Tribunal    Nacional    para    declarar    responsable   a   DUARTE   GARZÓN,   y   para  demostrarlo  transcribe  apartes  del  fallo  impugnado en los que se alude a la información  que  sobre  el  procesado  y  su  familia  suministró un testigo con reserva de  identidad.   

C.  Falso  juicio  de  identidad que recayó  sobre el testimonio de Higinio Mena   

El  actor  presenta  este reproche por falso  juicio  de identidad, pues “al momento de apreciar su  contenido    (del    testimonio    de   Higinio      Mena      Córdoba,     se  aclara)  el  fallador  se  apartó de las reglas de la  lógica  al  darle  plena  credibilidad  a la precitada declaración”.   

Para demostrarlo señala que la descripción  que  de ALBERTO DUARTE GARZÓN  en   varias  ocasiones  suministró  el  testigo  Mena  Córdoba  ante  los  funcionarios  judiciales  no  es  coincidente;   señala   además,   que  esta  declaración  constituye  soporte  fundamental  del fallo atacado y que “el falso juicio  de  identidad  se  presenta  cuando el fallador desvirtúa el real contenido del  testimonio  del  deponente  de  cargos, para estructura el juicio de reproche en  disfavor de DUARTE GARZÓN”.   

D.  Falso  juicio de identidad que condujo a  deducir  agravación  del  numeral  8º  del  artículo 324 del anterior Código  Penal   

El  demandante  presenta  este  reproche por  falso  juicio  de  identidad,  pues considera que el ad  quem cometió un yerro al deducir a su representado la  causal  de  agravación  establecida  en  el  numeral  8º del artículo 324 del  derogado  estatuto  penal,  dado  que  si  bien se demostró en la actuación la  calidad  de  dirigente sindical y de miembro del grupo Esperanza, Paz y Libertad  que  ostentaba  la  víctima,  no  se acreditó una relación causa efecto entre  tales condiciones y el delito investigado.   

E.  Falso  juicio  de  identidad  sobre  el  testimonio   en   que   se   sustentó  la  agravante  por  indefensión  de  la  víctima   

El  actor  postula  este  cargo por error de  hecho  por  falso juicio de identidad, dado que para aplicar la circunstancia de  agravación  punitiva  establecida  en  el  numera  7º  del  artículo  324 del  derogado  Código  Penal,  el  Tribunal  Nacional “le  hace  producir  efectos  probatorios  al testimonio del señor MENA CORDOBA, los  cuales   no   se   derivan   del   contenido   de   su  declaración”.   

Argumenta  el  censor  que  del  estudio del  referido  testimonio  no  puede  inferirse que la víctima haya sido colocada en  condiciones  de  inferioridad  o  que  los  agresores  hubieran  aprovechado tal  condición,  pues  “exigir  el  previó (sic)   aviso   a   la  víctima  de  las  intenciones  del  agente  para reconocer la indefensión es un absurdo, lo mismo  que  pretender  que  el  sujeto  pasivo del punible contra la vida esté arma en  mano    dispuesto   a   repeler   el   ataque   de   su   victimario”.   

Agrega  el  defensor  que  en el fallo no se  motivó   la   procedencia   de   la  mencionada  circunstancia  de  agravación  punitiva.   

De  conformidad  con  lo  anotado,  el actor  solicita  a  esta Corporación casar la sentencia impugnada profiriendo el fallo  que  deba  reemplazarla,  sin  señalar  un  sentido específico de la decisión  sustitutiva.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El  Procurador  Segundo  Delegado  para  la  Casación  Penal  solicita  en  su  concepto  la  desestimación  de  los cargos  propuestos  por carecer la demanda de técnica y de fundamentación, con base en  los siguientes argumentos:   

Cargo  primero:  Nulidad  por violación del  derecho a la defensa   

         Como  el impugnante plantea dos motivos; sobre el primero, esto es,  el  referido  a que las pruebas no practicadas conducían a la demostración del  comportamiento  social  y  laboral del procesado, el Delegado considera que este  reproche  carece  de  fundamento  pues  si bien DUARTE  GARZÓN  intentó  acreditar  una  actividad laboral,  incluso  para  el  momento  en  que  ocurrió el suceso investigado, su esfuerzo  quedó   desvirtuado,  sobre  lo  cual  se  realizó  en  el  fallo  atacado  un  pormenorizado análisis valorativo.   

         Acerca   del   segundo   motivo,   orientado  a  demostrar  que  el  reconocimiento   en   fila  de  personas  por  parte  del  testigo  Mena   Córdoba  habría  permitido  el  correcto  señalamiento  del  autor  del  hecho,  el  Delegado  expresa  que tal  diligencia   resultaba  innecesaria,  en  cuanto  el  autor  del  delito  estaba  plenamente  identificado  por  el  mencionado  declarante,  en  especial  cuando  indicó  que  se  trataba  de  la  misma  persona  conducida  por  miembros  del  DAS  días antes por otros  motivos, circunstancia que en efecto fue objeto de comprobación.   

En  punto de la trascendencia del cargo, el  Delegado  anota  que  las  pruebas  echadas de menos no varían el resultado del  proceso, y por tanto manifiesta que el reproche no debe prosperar.   

Cargo segundo: Violación indirecta de la ley  sustancial   

A.  Falso  juicio  de  legalidad que recayó  sobre el reconocimiento fotográfico   

          Respecto    de   la   pretendida   ilegalidad   del   reconocimiento  fotográfico,  el  Delegado  expresa  que contrario a lo expuesto por el censor,  sí  fueron  satisfechas las formalidades previstas en la ley para su práctica,  pues  estuvieron  presentes  el defensor del procesado y el ministerio público,  el  declarante ya había descrito físicamente a la persona que sindicaba, se le  interrogó  acerca  de  si  había  visto  al  imputado  con  anterioridad y las  circunstancias  de  ello,  y  fueron  utilizadas  7 fotografías, diligencia que  además  contó  con  el  consentimiento  de  la  representante  del  ministerio  público  y  del  defensor,  como  se  dejó  constancia  en  la correspondiente  acta.   

          En  cuanto  se  refiere  a que en 2 de las fotografías las personas  aparecen  de  perfil,  el  Delegado  señala que ello no invalida la diligencia,  pues  lo  que  exige  la  ley  es que se trate de individuos de características  morfológicas  similares.  Además,  aún  si se prescindiera del reconocimiento  fotográfico     permanecería    “incólume    la  sindicación al procesado”   

          Con  base en lo expuesto, el Procurador Delegado indica que el cargo  no debe prosperar.   

   

B.  Falso  juicio  de  legalidad  sobre  la  declaración del testigo con reserva de identidad   

          Manifiesta   el   representante   del  Ministerio  Público  que  lo  censurado  ritualmente  no es lo importante, pues lo trascendente es que si bien  el  acta  002  del  testigo  con reserva de identidad no aparece suscrita por el  Fiscal  Regional  y  por el Procurador Judicial, la eficacia de tal documento no  se  deriva de las firmas impuestas, en cuanto su contenido no ha sido tachado de  falso,   se  tiene  certeza  sobre  su  autenticidad  y  la  misma  no  ha  sido  cuestionada,    circunstancias    que    conducen   a   desechar   el   reproche  formulado.   

          Agrega  que  no  fue  esta  la  única prueba que sirvió de base al  fallo   y   que   su  observación  insular  llevó  al  censor  a  conclusiones  equivocadas, motivo adicional para que el cargo no prospere.   

C.  Falso  juicio  de  identidad  sobre  el  testimonio de Higinio Mena   

El   Delegado   señala   que   la  simple  discordancia  entre  las  declaraciones de un testigo no las descalifica por sí  solas,  pues  para  ello  es  necesario verificar las reglas de apreciación del  testimonio  a  través  de  la  persuasión  racional; además destaca que en el  fallo  atacado  se  realizó una justa valoración de la prueba, al punto que se  acudió  a la inferencia a partir de hechos probados, para establecer la certeza  sobre la responsabilidad del procesado en los hechos investigados.   

Concluye entonces, que el cargo propuesto no  debe prosperar.   

D.  Falso  juicio  de  identidad respecto de  otros  testimonios  que  condujo  a  deducir  agravación  del  numeral  8º del  artículo 324 del anterior Código Penal   

          Expone  el  Delegado  que  el casacionista no demuestra por qué las  afirmaciones  de  los deponentes y del Tribunal en punto de la calidad política  de  la  víctima son meras conjeturas, y que tampoco ensaya explicar por qué no  procedía   el   mencionado   agravante,   circunstancias   que   determina   la  improsperidad del cargo.   

Finalmente  el Procurador manifiesta que la  sentencia  atacada  está  basada  en hechos probados, a partir de los cuales se  infiere     la     responsabilidad     de    DUARTE  GARZÓN      como      coautor     del     delito  investigado.   

De  conformidad  con  los  planteamientos  anteriores el Delegado solicita a la Corte desestimar la demanda.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Cargo  primero:  Nulidad  por violación del  derecho a la defensa   

Como la pretensión del censor está dirigida  a  conseguir la invalidación del proceso específicamente por violación de los  principios  de  imparcialidad e investigación integral, bien está destacar que  como  lo  ha  venido  señalando esta Sala, para la adecuada postulación de tal  censura  no  basta  con indicar los medios de prueba que se dicen omitidos, sino  que  menester resulta establecer su fuente, conducencia, pertinencia y utilidad,  además  de  su  beneficio  a  los  intereses  del  procesado  respecto  de  las  conclusiones del fallo reprochado.   

Lo anterior es así porque la omisión en la  práctica  de  determinada  prueba  no deriva necesariamente en violación de la  referida  garantía,  en la medida que el funcionario dentro de sus facultades y  conforme  a los criterios de economía, celeridad y racionalidad, puede disponer  de  oficio  o  a petición de los sujetos procesales la práctica de las pruebas  que  considere  necesarias  para  acceder  a la verdad que intenta reconstruir a  través  del  proceso.  Por  tanto,  la  omisión en la práctica de diligencias  inocuas,  superfluas  o intrascendentes no originan menoscabo de los derechos de  quien la invoca.   

          Ahora  bien,  en cuanto comporta el principio de trascendencia de la  declaratoria  de  nulidades, necesario resulta acreditar que la prueba echada de  menos  al  ser  confrontada  con  aquellas  que sirvieron para edificar el fallo  atacado,  tiene  aptitud  para derrumbar lo decidido, y por ello la única forma  de  subsanar  el  yerro  es  invalidar la actuación para que el medio de prueba  omitido  pueda  ser  tenido  en  cuenta  en  la  decisión  de fondo1.   

Fácilmente  se  evidencia  en el libelo que  determina  el  estudio  de  la  Sala,  que  el demandante no asumió los deberes  indicados,  pues  su  argumentación  está  circunscrita  a  denunciar  que  la  Fiscalía  no  se  pronunció  respecto  de las declaraciones cuya práctica fue  solicitada  por  la  defensa en la instrucción con las que pretendía acreditar  la   conducta  laboral  y  social  del  procesado,  y  que  no  se  realizó  el  reconocimiento  en fila de personas de su representado por parte de Higinio  Mena, que fuera solicitado por el  Procurador Judicial.   

No  obstante,  aunque dedica un aparte de su  escrito  a  señalar  la  trascendencia del cargo, no consigue acreditar de qué  manera  con las declaraciones de Aydee Moreno, Gildardo  Restrepo,    Humberto   Arrieta,   Gustavo   Urrego,   Urfán   Cano   y   Emiro  Otero,  acerca  de  la  residencia del procesado en el  barrio  Policarpa  de  Apartadó,  sus  amigos,  horas  de  salida y de llegada,  rutinas,  vicios,  pertenencia  a  grupos  armados,  temperamento, motivos de su  detención  en  la Cárcel Buenavista, enemigos, etcétera, podría desvirtuarse  la  atribución  de  responsabilidad  que  se  le formuló en el fallo objeto de  censura.   

A su vez, tampoco logra demostrar que con la  práctica  del  reconocimiento  en  fila  de  personas por parte de Higinio  Mena,  la decisión final habría  sido  diversa,  pues  oportuno  resulta  precisar que este testigo reconoció al  procesado  a  través  de  fotografías,  y  señaló  que se trató de la misma  persona  que  días  antes  había  sido conducida por miembros del DAS  con  ocasión  de otro procedimiento,  circunstancia  que  efectivamente  fue demostrada en la actuación, con  lo  que a la postre el reconocimiento  en fila de personas resultaba manifiestamente inocuo.   

Siendo ello así, es evidente que el cargo no  puede  prosperar  pues  la  dual presunción de acierto y de legalidad de la que  está  revestido  el  fallo  impugnado  no  puede  ser derruida con conjeturas o  suposiciones  del  censor  en  punto  de  la  información  suministrada por las  pruebas  que  dice  omitidas,  en  cuanto  debe acreditarse su efectivo y cierto  aporte  capaz de trastocar las conclusiones de la determinación impugnada, como  ya  se  advirtió.  Sin  duda,  la  censura  así  presentada se torna meramente  enunciativa, pero nada demuestra como corresponde.   

          Las  resaltadas  falencias  de  técnica  y de fundamento en las que  incurrió  la defensa, con total descuido por las exigencias imperativas de este  trámite   rogado   y   extraordinario,   determinan   la  improsperidad  de  la  censura.   

Cargo segundo: Violación indirecta de la ley  sustancial   

A.  Falso  juicio  de  legalidad que recayó  sobre el reconocimiento fotográfico   

El  error  de  derecho  por  falso juicio de  legalidad  alude  a  la  validez y consecuente existencia jurídica del medio de  prueba,  que  no equivale a su existencia material, y se manifiesta a través de  2  posibilidades:  La  primera,  cuando  el  funcionario judicial al apreciar la  prueba  la  tiene  como  válida  en  cuanto estima que satisface los requisitos  formales  para  su  producción,  sin que en realidad ello sea así; la segunda,  cuando  el fallador niega la validez del medio probatorio por asumir erradamente  que  no reúne las exigencias legales en su práctica o aducción, pese a que en  verdad estas se encuentran cabalmente cumplidas.   

          En  el  primer  caso  compete  al  censor  indicar  con precisión y  nitidez  por  qué  la  prueba  valorada  por el funcionario judicial es ilegal,  cuáles  son  las  normas  que  rigen  su  práctica o aducción, de qué manera  resultaron  violadas  y  cómo  la  apreciación  del  medio demostrativo ilegal  condujo  a  conclusiones  equívocas  y determinantes en el fallo. En la segunda  situación  el  casacionista debe demostrar que la prueba tenida como ilegal por  el  juez,  se  ajusta  a  las  disposiciones  legales que la rigen, y que al ser  entonces  apreciada  como  válida,  el  sentido  del  fallo  es sustancialmente  diverso.   

         

En el asunto sometido a consideración de la  Sala  sin  dificultad  se  advierte, como acertadamente lo señala el Procurador  Delegado,  que  el  censor  no  consigue  acreditar  por  qué el reconocimiento  fotográfico  fue  ilegal.  En  efecto, las inconsistencias en la argumentación  del  demandante  comienzan  en  la  misma  enunciación de las normas que estima  conculcadas,  pues  cita los artículos 268 y 269 del derogado estatuto procesal  que  regulaban  lo atinente al cuestionario que debía ser formulado al perito y  el  término  para  rendir  el  dictamen, respectivamente, que ninguna relación  guardan con el reconocimiento fotográfico.   

          Además,  la  diligencia de reconocimiento a través de fotografías  en   la  cual  Higinio  Mena  señaló  al  procesado como autor del homicidio investigado fue desarrollada de  conformidad  con  las  formalidades  legales,  pues estuvo presente su defensor,  así  como  el  Ministerio  Público.  Días antes del reconocimiento el testigo  había  sido  interrogado  acerca  de  la descripción física de la persona que  disparó   contra  Conrado  Torres  Pineda,  y  señaló  que había visto al agresor cuando era conducido por  miembros  del  DAS  en fecha  anterior a la de los hechos investigados.   

          Adicional  a  lo anotado, el reconocimiento contó con el número de  fotografías  exigidas por la ley (artículo 369 del anterior estatuto procesal)  cuyas características morfológicas son similares.   

Por  tanto, si el impugnante tilda de ilegal  la  diligencia  porque  las  personas que aparecen en las fotografías no son de  las  mismas  características  de  su  defendido y porque 2 de ellas aparecen de  perfil,  es  evidente  la  inconsistencia  de  su observación por 2 razones: La  primera,  porque la censura se encuentra ayuna de explicación alguna, en cuanto  a  simple  vista se advierte la semejanza en los rasgos morfológicos de quienes  figuran  en  las  fotografías, y correspondía al censor exponer en qué radica  el  incumplimiento de la mencionada formalidad. Segunda, porque no hay exigencia  legal  alguna  acerca  de  que  en las fotografías sobre las que se adelanta el  reconocimiento  deban  las  personas aparecer de frente, luego si en este asunto  figuraban  2  tomas  fotográficas  sobre  el  perfil  de  los  individuos,  tal  circunstancia no entraña la presunta ilegalidad denunciada.   

          Debe    señalarse    igualmente,   que   aún   prescindiendo   del  reconocimiento  fotográfico, las declaraciones de Luis  Carlos   Arroyo   Pérez   y   en  particular  la  de  Higinio   Mena,   testigo  presencial  de  los  hechos,  permiten  mantener  con  suficiencia  el  fallo de  condena,  lo  cual  evidencia que la censura no sólo carece de fundamento, sino  también de trascendencia, y por ello no está llamada a prosperar.   

B.  Falso  juicio  de  legalidad que recayó  sobre la declaración del testigo con reserva de identidad   

          También  en  el  desarrollo  de  este  motivo  se  advierte que los  argumentos  del  impugnante  carecen  de  razón,  pues si bien es cierto que la  declaración  del  testigo  con  reserva de identidad no aparece suscrita por el  Fiscal  Regional  y  por  el Procurador Judicial, como tampoco la certificación  sobre  la  huella digital del declarante, lo cierto es que para la época en que  fue  recepcionado  el testimonio se encontraba vigente el artículo 37 de la Ley  81 de 1993, cuyo texto era el siguiente:   

“Cuando se trate  de  procesos  de  conocimiento  de los jueces regionales y las circunstancias lo  aconsejen,  para seguridad de los testigos se autorizará que éstos coloquen la  huella  digital  en  su  declaración  en  lugar  de su firma. En estos casos el  Ministerio   Público  certificará,  junto  con  el  fiscal  que  practique  la  diligencia,  que dicha huella corresponde a la persona que declaró. En el texto  del  acta,  que  se agregará al expediente, se omitirá la referencia al nombre  de  la  persona  y  se  dejará  constancia  del  levantamiento  del  acta de la  identidad  del  testigo  y del destino que se dé a la parte reservada del acta,  en  la  que  se señalará la identidad del declarante y todos los elementos que  puedan   servir  para  valorar  la  credibilidad  del  testimonio.  La  parte reservada del acta llevará la firma y huella digital del  testigo   así   como   las  firmas  del  fiscal  y  el  agente  del  Ministerio  Público” (subrayas fuera de texto).   

Por tanto, si conforme al precepto transcrito  las  firmas  del  declarante, del fiscal y del Ministerio Público sólo debían  aparecer  en  el acta reservada, que es diversa a la que figura en la actuación  y  de  la  que se ocupa el censor, ninguna ilegalidad se advierte al no aparecer  suscrito  por  ellos  el  testimonio que reprueba, dado que así lo disponía la  normatividad  vigente  para  el  momento de su recaudo. Además, no hay duda que  los  mencionados  funcionarios  sí estuvieron presentes en su práctica como lo  hace constar la referida acta.   

Adicional   a   lo   expuesto  es  preciso  puntualizar  que  como  la  censura  no se orienta a reprochar la autenticidad y  ocurrencia  de  tal  diligencia  sino  su  presunta ilegalidad, la incorrección  denunciada  carece  de  trascendencia para invalidar la actuación, pues aún si  la  prueba  fuera  declarada  nula,  el efecto invalidante sólo tendría efecto  sobre   ella,  dado  que  no  constituye  condición  de  procedibilidad  de  la  actuación   ulterior,   y   en   tal  medida  el  fallo  atacado  permanecería  incólume.   

          Pero  aún  más,  con prescindencia de la declaración rendida bajo  reserva  de  identidad  que  se  reprocha, la atribución de responsabilidad que  recayó  sobre  el  procesado no variaría, pues si bien tal prueba fue valorada  por  los  falladores,  no fue con base en ella que se profirió el fallo, sino a  partir  de  las  declaraciones  de  Luis Carlos Arroyo  Pérez   y   de   Higinio  Mena, como ya se anotó.   

          Tampoco  este  motivo  de  reproche,  entonces,  tiene  vocación de  prosperidad.   

C.  Falso  juicio  de  identidad  sobre  el  testimonio de Higinio Mena   

Como  ya  ha  sido señalado por la Sala, el  error  de  hecho por falso juicio de identidad tiene lugar cuando el juzgador al  considerar   el  medio  de  prueba  distorsiona  su  contenido  cercenándolo  o  adicionándolo,  caso  en  el cual compete al actor, mediante el cotejo objetivo  de  lo  dicho  en  el  medio  probatorio  y lo asumido en el fallo, expresar sin  ambages  qué  aparte  fue  omitido  o  añadido  a  la  prueba, qué efectos se  produjeron  a  partir  de  ello, y lo más importante, cuál es la trascendencia  del  yerro en la declaración de justicia contenida en la parte resolutiva de la  sentencia  atacada,  tópico  que  no  puede  ser  demostrado con la exposición  subjetiva  del  criterio del impugnante, pues menester resulta que materialmente  acredite  que  el  error  condujo  a  la falta de aplicación o a la aplicación  indebida  de  la ley sustancial en el fallo, esto es, que corregido el yerro, la  prueba  debidamente valorada en conjunto con las demás modifica sustancialmente  el sentido de la decisión reprochada.   

En el desarrollo de este reproche es evidente  que  el  demandante  quebranta  las  reglas  técnicas  de la casación, pues no  dirige   su  actividad  a  señalar  qué  apartes  del  testimonio  citado  fueron  cercenados o adicionados  indebidamente  por el ad quem,  sino      que      su     reprobación     la     orienta     a     indicar      que      “el  fallador  se  apartó de las reglas de la lógica al darle plena  credibilidad  a  la  precitada  declaración”, con lo  que  abruptamente  irrumpió en el discurrir propio del error de hecho por falso  raciocinio,  en  virtud  del  cual  lo  que  se  reprocha  no  es  la adición o  supresión   de   fragmentos  del  medio  probatorio,  sino  las  inferencias  y  conclusiones  que  de  él  se extraen, en la medida que violan las reglas de la  lógica,  la  ciencia  o  la  experiencia,  y  que  por  tanto  corresponde a un  planteamiento  y  fundamento  técnicos  y jurídicos sustancialmente diversos a  los abordados aquí por el defensor.   

No  obstante,  es  preciso  manifestar  que  tampoco  el  casacionista  demostró de qué manera en el fallo de segundo grado  se  apreció  indebidamente  el  testimonio  de Higinio  Mena,  pues  observa la Sala, que por el contrario, su  especial  condición  de testigo presencial de los sucesos en los que perdió la  vida  Conrado  Torres Pineda,  unida  al  hecho  de que días antes se percató de la aprehensión por parte de  miembros    de    DAS   de  ALBERTO   DUARTE   GARZÓN  permitían  otorgarle el grado de credibilidad que en efecto le fue conferido en  el  fallo  atacado,  y  que  a  la  postre  sirvió  como pilar fundamental para  edificar junto a otros medios de prueba la sentencia de condena.   

          También   este   reproche   está   llamado   a  la  improsperidad.   

D.  Falso  juicio de identidad que condujo a  deducir  la  agravación  del numeral 8º del artículo 324 del anterior Código  Penal   

          Una  vez  más el casacionista no guarda consonancia alguna entre la  postulación  de  la  censura  y  su  desarrollo, pues no procede a señalar los  medios  de prueba que fueron cercenados o adicionados, cómo se produjo el yerro  denunciado,  y  cómo  a  partir  de  ello  se  equivocó  el sentido del fallo.  Simplemente,  como  si  se  tratara  de  un alegato propio de las instancias, el  demandante  plantea  su  inconformidad  con  la  circunstancia  de  agravación   punitiva   deducida  a  su  defendido  por  haber cometido el delito en razón de las calidades sindicales y  políticas de la víctima.   

          Adicional  a  lo  anterior,  el  impugnante  se  desentiende  de  lo  expuesto   en   el   fallo   de   primer  grado, que junto con el de segunda instancia conforman una unidad,  donde    se    expresa   que   Luis   Carlos   Arroyo  Pérez  agregó  como  dato  nuevo a la investigación  “que  el  hecho criminoso era obra de la insurgencia  denominada   FARC,   ya  que  el  occiso  pertenecía  al  movimiento  político  Esperanza,  Paz  y  Libertad”,  y  que  Higinio  Mena declaró que al ser atacados  por  los hombres, uno le dijo al otro “…dale que es  Comando…”.   

          Como  con  acierto  lo  expone  el  Delegado,  el  censor no realiza  ningún  esfuerzo  por  señalar  que lo expuesto por los testigos, y lo asumido  por  el  Tribunal,  corresponde  a  especulaciones  o  conjeturas en punto de la  relación  causa-efecto  entre  el  homicidio  y  las  condiciones  sindicales y  políticas  de Conrado Torres,  circunstancia que determina le improsperidad de la censura.   

E.  Falso  juicio  de  identidad  sobre  el  testimonio   en   que   se   sustentó  la  agravante  por  indefensión  de  la  víctima   

También en la fundamentación de este cargo  el  actor  incurre  en  desaciertos formales y de fondo. En efecto, no procede a  identificar  de  qué  manera  el testimonio de Higinio  Mena  fue  tergiversado  en el fallo atacado en cuanto  presupuesto esencial de la clase de error que postula.   

Además,   no   desvirtúa   mediante   la  demostración   de   errores   en   los   falladores,  la  improcedencia  de  la  circunstancia  de  agravación punitiva que fue deducida a su representado, sino  que,  de  manera  informal  plantea  su  particular  visión conceptual sobre el  asunto,  la  cual,  como tiene dicho suficientemente la jurisprudencia, no tiene  la  virtud  de  derruir  la  presunción de acierto y legalidad de la que están  revestidos    los   fallos,   ni   entraña   causal   de   casación   de   los  mismos.   

El reproche no prospera.  

Finalmente  es necesario puntualizar que si  bien  el censor a lo largo de su libelo solicita reiteradamente la casación del  fallo  de  segundo  grado,  en ningún momento procede al plantear la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  a  señalar  el  sentido  de la sentencia de  reemplazo  como  es  su  deber, omisión adicional que junto a las ya señaladas  falencias  técnicas  y  la  ausencia  de  razón  en  los planteamientos que se  formulan en la demanda, conduce a su improsperidad.   

CUESTIÓN FINAL  

Habida cuenta que con ocasión del tránsito  legislativo  de  la normatividad penal, el sentenciado puede eventualmente tener  derecho  a  que  se redosifique la pena impuesta en aplicación del principio de  favorabilidad,  al  cobrar  esta decisión ejecutoria el día en que se suscribe  sin  que  sea  susceptible  de  recurso  alguno  (artículo 187 de la Ley 600 de  2000),  compete  al Juez de Ejecución de Penas pronunciarse sobre ello (numeral  7° del artículo 79 ejusdem).   

          En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO CASAR la sentencia recurrida.  

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS   

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS                       CARLOS  A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO         ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

Comisión    de  servicio   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN         MARINA   PULIDO  DE  BARÓN            

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES         MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Cfr.  Auto  del  12  de  marzo  de  2001.  Rad  16.463.  M.P. Dr. Jorge Aníbal Gómez  Gallego, entre otros.     

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