15214oct

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15214  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No. 178  

          Bogotá,  D.  C.,  dieciocho  (18)  de  octubre  del  año  dos  mil  (2.000).   

VISTOS  

          Se  ocupa la Sala del fondo del recurso de casación interpuesto por  el  defensor  del  ciudadano  GABRIEL EDUARDO MALAGÓN  SUÁREZ,  quien  fuera  condenado  por  el  delito  de  homicidio  culposo, con la aclaración de que sólo se ocupará del primer cargo  planteado  pues el segundo, relacionado con la indemnización de perjuicios, fue  desechado  por  la  Corte  desde  el  auto del 4 de febrero de 1999 -que ajustó  parcialmente la demanda-, por carencia de interés.   

         

HECHOS  

          En  horas  de  la  madrugada  del 10 de octubre de 1992,  en la  intersección   de  la  calle  72 con carrera 11 de esta ciudad, el campero  Montero   Mitsubishi   de   placas   EL-   7712,   conducido   por  Gabriel Eduardo  Malagón  Suárez, colisionó con el automóvil Renault  6  de  placas  ES-  1941,   manejado  por Pedro Manuel Gómez García. Como  consecuencia  del accidente perdió la vida Wilda Indira Wilches Díaz, quien se  movilizaba en el último de los automotores.   

         

ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  10  de  octubre de 1992, la Fiscalía 81 de la Unidad Primera de  Investigación  Previa  y  Permanente  ordenó  la  apertura  de  investigación  criminal  y  vinculó  mediante  indagatoria  a  PEDRO  MANUEL     GÓMEZ     GARCÍA     y    GABRIEL   EDUARDO  MALAGÓN  SUÁREZ.  Al  resolverles  la  situación  jurídica,  afectó  con  detención  preventiva al  segundo  y  se  abstuvo  de  imponer medida de aseguramiento al primero. Apelada  esta  decisión,  fue  confirmada  por  la  Unidad de Fiscalía Delegada ante el  Tribunal Superior de Bogotá y Cundinamarca.   

          Cerrada  la  investigación, la Fiscalía 21 de la Unidad Segunda de  Vida  calificó  el  mérito  del sumario el 22 de junio de 1995. Acusó a Pedro  Manuel  Gómez  García por el delito de homicidio culposo agravado -y le impuso  medida  detentiva-  y a  Gabriel Eduardo Malagón  Suárez  por  homicidio  culposo  simple.  Apelada  la  decisión  por  la  defensa de Gómez García, la fiscalía de segunda instancia  la  modificó  el  30  de  octubre  del  mismo  año,  en  el  sentido de que la  acusación  contra  éste solo procedía por el delito de homicidio culposo, sin  circunstancias de agravación.   

          El  18  de febrero de 1998, el Juzgado 31 Penal del Circuito de esta  ciudad   condenó   a  PEDRO  MANUEL  GÓMEZ  GARCÍA  y  GABRIEL EDUARDO MALAGÓN  SUÁREZ  a  las  penas  de  dos (2) años de prisión,  $1.000.00  de multa, suspensión en el ejercicio de la profesión u oficio de la  conducción  por  el término de un (1) año, y a la interdicción de derechos y  funciones  públicas  durante  dos  (2)  años. También los condenó al pago en  concreto  de $38.544.336.00 y  quinientos (500) gramos oro o su equivalente  en   moneda   nacional,   por  concepto  de  perjuicios  materiales  y  morales,  respectivamente.   

          Impugnado  el  fallo  por la defensa, el Tribunal  Superior del  Distrito  Judicial  de  Bogotá  lo  confirmó  integralmente  el 13 de julio de  1998.   

          La  sentencia de segunda instancia fue objeto de casación por parte  de   la   defensa   de   Gabriel   Eduardo  Malagón  Suárez.  La  Corte se ocupa, entonces, de resolver el  fondo del asunto.   

         

LA DEMANDA  

          Con  fundamento  en  la  causal  primera,  cuerpo segundo, el censor  formuló el cargo, que enunció así:   

             “Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, por error de hecho”. Expuso:   

          1)   Los   falladores   de  instancia  no  tuvieron  en  cuenta  las  fotografías  tomadas  al campero después del accidente (C. 3, Fl. 24 y 35), ni  el  dictamen rendido por el técnico judicial Carlos Eduardo Sánchez (C. 1, Fl.  58),  que  da  cuenta  del  estado  en que encontró los vehículos estrellados,  luego  de  practicada  la  inspección judicial ordenada por la Fiscalía. En la  sentencia  de  1ª.  instancia  no  se hizo ninguna mención a las fotografías,  aunque  sí  en  el  fallo  del  Tribunal  pero sólo para referir su existencia  dentro del proceso.   

          2)  De  acuerdo con las fotografías y el dictamen referidos se debe  concluir  de  manera  inobjetable  que  fue  el vehículo “Renault 6” el que  chocó  con  el  campero Mitsubishi, golpeándolo en la parte delantera, costado  izquierdo,  y  no  al  contrario,  es  decir,  que  el  campero  atropellara  al  automóvil.  Si  se hubieran analizado dichos elementos probatorios, el Tribunal  no  le  habría  dado  todo  el  crédito  que  le  dio  al croquis e informe de  tránsito,  especialmente  en  cuanto  indica el sitio del primer impacto de los  vehículos en el momento de la colisión.   

          Esos  materiales  de  convicción  habrían  servido,  además, para  colegir  que  los  ocupantes  del Renault le mintieron a la justicia y reconocer  como     cierta    la    versión    de    Malagón  Suárez  y sus acompañantes, en cuanto que el campero  en que se movilizaban fue atropellado cuando estaba parado.   

          También  habrían  permitido  “dar  por descontado” el dictamen  pericial  obrante  a  los folios 134 y 135 del cuaderno original, del cual   no  puede  tomarse  conclusión  valedera,  si se atienden las reglas de la sana  crítica,  pues  lo que en él se dice sobre velocidades, peso de los vehículos  y forma de impacto, no tiene fundamento alguno.   

          3)  De  todo  lo  anterior  se  colige  que  carecen  de  fundamento  probatorio  las  afirmaciones  del  Tribunal  en  cuanto  le dio credibilidad al  croquis  del  accidente  en  el  sentido  de que el vehículo campero fue el que  chocó  con  el  Renault  6,  que la colisión ocurrió cuando ambos automotores  estaban  en movimiento,  y descartó la tesis de la defensa, según la cual  el    campero   se   encontraba   detenido   cuando   fue   embestido   por   el  automóvil.   

          Concluyó  que  la  conducta  de  Malagón  Suárez  no  era  culposa,  y  que  por lo tanto no se  enmarcaba  en  el  tipo  penal  descrito  en  el  artículo  329 del C. P.    

TRASLADO A LA PARTE CIVIL  

          Durante  el término de traslado, el representante de la parte civil  presentó   un   memorial   solicitando   a  la  Corte  no  casar  la  sentencia  impugnada.   

          Indicó  que los medios de prueba  cuyo análisis echa de menos  el  recurrente  no se refieren a la esencia del asunto discutido, que no es otro  que  el  actuar  culposo  en  que  incurrieron  los  dos  condenados,  y que las  conclusiones  que  pretende  derivar  de  tales medios distan mucho de la verdad  procesal, tal como se precisa en las sentencias de instancia.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          La  señora  Procuradora  Primera Delegada en lo Penal considera que  la  censura  no  tiene  la  entidad  requerida para romper los efectos del fallo  demandado   y   por   ello   solicita   no   casar   la   sentencia   impugnada.  Expresa:   

          1)  El censor no demostró de qué manera o por qué razón la falta  de  valoración  de  las  fotografías  y del informe técnico que da cuenta del  estado  final  de  los  vehículos  después  del  choque  influyó  en la parte  resolutiva  del  fallo  recurrido.  Tampoco  indicó  los  motivos  que permitan  colegir  que  las  pruebas  omitidas restan fundamento probatorio al croquis del  accidente   y   al   dictamen   que   refiere  el  mayor  tamaño,  capacidad  y  desplazamiento    del   vehículo   “Montero”    al   momento   de   la  colisión.   

          2)  Para  desvirtuar  la doble presunción de acierto y legalidad de  que  goza  la  sentencia  impugnada, le correspondía atacar todos los medios de  prueba  directos  e indirectos que fueron objeto de consideración en los fallos  de  instancia,  pues si uno o varios de los legalmente producidos tienen aptitud  suficiente    para    soportar    la    condena,    la    decisión    permanece  incólume.                     

          Las  instancias,  así  no  hubieren traído a colación las pruebas  aludidas  por  el casacionista, sí trataron lo relacionado con el factor culpa,  pero  a través del análisis de otros elementos probatorios (testimonios de los  ocupantes  de  los  automotores,  versiones de los implicados, informe y croquis  del  accidente)  que  las llevaron a conclusión contraria, esto es, que ninguno  de  los  conductores  hizo  el  pare  reglamentario  y  por  eso  se  produjo el  accidente.  Tales  medios  de  convicción no fueron objetados por el censor, lo  cual  indica  su  conformidad  con la valoración que de los mismos hicieron los  falladores  para  concluir  que ambos vehículos se encontraban en movimiento al  momento de la colisión.   

          3)  El  censor  simplemente  plantea  una  hipótesis  que en manera  alguna  sustenta. Con base en las fotografías y en el informe técnico sobre el  estado   final  de  los  automotores  pretendió  demostrar  que  el  automóvil  atropelló  al  campero  hallándose  este estático, pero las pruebas aludidas,  por  sí  solas  nada  indican  sobre  dicho  punto. De acuerdo a los daños que  sufrieron  los  automotores,  según  se  registran  en las fotografías y en el  informe  técnico,   no  es lógico deducir que el automóvil  chocara  de  frente  con  el  campero. Tampoco tiene sentido que al sustentar el supuesto  error  de  los  falladores  por  la  omisión  de las dos pruebas, se afirme que  éstas  desvirtúan  las  conclusiones  del dictamen que obra a los folios 134 y  135, cuando tal experticio no fue fundamento del fallo atacado.   

   

                               

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          No prospera la casación interpuesta, porque:   

         1)  El  escrito  elaborado por el casacionista equivale a un estudio  quizás  apropiado  para  ser  utilizado  en  los  debates  propios  de las  instancias, mas no para buscar frutos en casación.   

          Para  corroborar  lo  anterior, basta tener en cuenta que a lo largo  de  las  cuatro  páginas  que  dedica  a  demostrar  el supuesto cargo, en tres  oportunidades  alude  a  “…como lo plantee en mis alegaciones de conclusión  para  los  respectivos  fallos…”  (Fl.  106 C.T), a “…mis alegaciones en  audiencia  pública…”  (  mismo  Fl.),  y  a  “…como  yo indiqué en mis  alegaciones…” (Fl. 109, Id).   

          Súmese  a  lo  dicho,  que  el  trabajo  destinado  a  la  Corte es  básicamente  similar  a  la  mayor  parte  de  aquello  expuesto  por el señor  defensor  en  la  audiencia pública (Fls. 408 a 412, C. 2) y a cuanto formulara  en  la sustentación oral del recurso interpuesto contra la sentencia de primera  instancia  (Fls.  49  a  53,  C.T),  comportamiento  que  no  se le percibe como  extraño,  pues  en  esta  última participación solicitó al Tribunal observar  también  “…el  memorial  presentado en la anterior audiencia…” (Fl. 53,  C.T).     

          Lo  hecho  por  el demandante resulta inapropiado para efectos de la  casación  pues  si  este instituto esencialmente está previsto -por su origen,  historia  y  ahora-  para ejercer control estrictamente jurídico sobre las  sentencias  impugnadas,  no es posible que la Corte, en desarrollo del mismo, se  ocupe  del  retorno  a  las  instancias  para  colocarse  en ellas como un nuevo  participante.   

          Por  ello,  y  por  tratarse  de  un  fenómeno  rogado en cuanto el  casacionista  es  quien  debe  pedir con nitidez, y porque se halla limitada por  las  pretensiones  de  éste,  frente  a  la  Corte al proponente le compete, no  señalar  su pensamiento sobre el asunto discutido, sino demostrar la existencia  de  errores patentes, protuberantes, predicables del fallo, meta que no se logra  simplemente   repitiendo   planteamientos  blandidos  en  “alegatos”,  o  en  intervenciones   orales   o  escritas  previas  al  pronunciamiento  de  segunda  instancia.   

         Como  el actor fundamentalmente escribió lo que ya había escrito y  dicho,  y  no  comprobó  errores  de  los  jueces,  sus pretensiones tienen que  fracasar.   

         2)  También  es  claro  que  cuando el censor acude a la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error de hecho, tiene que determinar la  forma  o  especie del yerro, por ejemplo afirmando que se trata de equívoco por  falso  juicio  de existencia, de identidad o de raciocinio. Esto, ni siquiera lo  menciona el demandante.   

         Desde  luego,  la  ley  y la Corte no exigen que imprescindiblemente  tengan  que ser utilizadas esas palabras como si fueran sacramentos; pero sí es  menester,  al  menos,  que  en  desarrollo  de  la  imputación  se  detecte con  facilidad  a  cuál  o  a  cuáles de esas formas apunta la acusación. Mientras  tanto,  el  demandante,  escasamente  dijo  en  tres  ocasiones  que el Tribunal  “…desconoció  la estimación de dos pruebas…” (fotografías y dictamen)  (Fl.  106 C.T); que en  ningún momento se hizo mención a las fotografías  en  la  sentencia  de  primera  instancia, aunque sí, de paso, en la de segunda  (Fl.  107  C.T)  y que el Tribunal “…desafortunadamente no valoró ese medio  de  prueba…” (Fl. 107, C.T). Es suficiente leer para detectar la confusión,  primero  porque  la  sentencia  de  primera  instancia  no  puede ser materia de  casación  y  segundo porque no es posible, bajo la misma imputación, decir que  una prueba sí fue observada pero no valorada.   

         3)  Igualmente  es  imperativo para el actor en casación mostrar la  perfecta  ilación que debe existir entre los errores predicables del estudio de  la   prueba   y  la  falta  de  aplicación,  aplicación  indebida  o  errónea  interpretación  de  la  ley  sustantiva,  vale  decir, es menester demostrar la  relación  de  causalidad  entre  una  y  otra  infracción.  Esta  labor no fue  desplegada  por  el  señor  defensor  quien,  de  manera  inconexa, se redujo a  afirmar,  al final y con base en su exclusiva apreciación de la prueba, “Que,  como  consecuencia  de  todo lo expuesto, no existió culpa por parte del señor  GABRIEL  EDUARDO  MALAGÓN  en  el  fatídico  hecho y que, por consiguiente, su  conducta  no  se  adecúa  en el tipo penal del homicidio culposo descrito en el  art.  329 del C. P., disposición legal que en definitiva fue la violada” (Fl.  110 C.T).   

                 4)  Como  se  sabe,  cuando el punto de apoyo del casacionista es la  violación  indirecta  de  la  ley  sustantiva, le corresponde derruir todas las  pruebas  que  constituyen el soporte del fallo, al punto que si no lo hace y una  de  ellas goza de suficiencia para mantenerlo enhiesto, su esfuerzo conduce a la  frustración.   

                  En el asunto  estudiado  ocurre  eso, pues el actor dedicó su atención a unas fotografías y  a  un  dictamen, dejando de lado la apreciación global que hicieron los jueces.  En  efecto, estos llegaron a sus conclusiones  con fundamento en el informe  del  accidente  elaborado  por el agente de tránsito que conoció del mismo, en  el  que  se  indica  en  forma  clara  la  dirección  en que se movilizaban los  vehículos,  el “lugar de impacto” y el sitio en que quedaron después de la  colisión.   Tales   aspectos   no   sólo   fueron   aceptados  por  Malagón  Suárez  y  Gómez García en  sus   injuradas  cuando se les puso de presente el croquis respectivo, sino  que  tanto ellos como José Leonardo Quintero, Clara Esther Hernández Buitrago,  Luis  Miguel  Hernández  Buitrago,  Diana Marcela Manrique García, Luis Carlos  Carrero  Sandoval,  quienes  viajaban en los automotores colisionados, coinciden  en  señalar  que  ninguno  de  los  vehículos se detuvo antes del cruce, y que  sólo se disminuyó su velocidad.   

    

            Basta  ojear  la  sentencia del Tribunal para detectar cómo  actuó  desde  el  punto  de  vista  probatorio.  Nótese:  tras  relacionar los  “medios  de  prueba  allegados”  (Fl.  71),  mencionando dentro de ellos los  acabados  de  señalar así como la prueba técnica, que conforma con el informe  de  tránsito,  el  plano  17012,  el  dictamen  pericial sobre perjuicios y las  fotografías  “incorporadas”  en audiencia de sustentación oral, escribió,  luego de responder a los planteamientos defensivos:   

            “Los  argumentos  de  defensa presentados por los señores  defensores  de  los  procesados,  no son de recibo para la Corporación, pues de  conformidad  con los medios de prueba allegadas se determinó la responsabilidad  de  ambos  en la comisión del delito. De ahí la aplicación de la concurrencia  de   culpas,   por   que  los  dos  conductores  ejecutaron  conductas  culposas  independientes,  sin ningún vínculo psicológico entre ellas que generen uno o  varios  resultados  lesivos,  como en este caso sucedió con la muerte de uno de  los  ocupantes  del  vehículo  renault 6 que se dirigía con sobrecupo, esto es  ninguno  de  los  conductores de los vehículos realizó el pare al cual estaban  obligados  por  la intermitencia de los semáforos, además de la velocidad a la  cual se dirigían. Razón le asiste al aquo:…” (Fls.12/3).   

           Y enfatizó:   

           “No  comparte  la  Sala las apreciaciones del señor defensor en  cuanto,  de  conformidad con el croquis que inadmite y respecto del cual la Sala  no  encuentra  ninguna  objeción,  los  encausados  no hicieron los respectivos  pares  ni tampoco observaron las reglas de tránsito que esa actividad peligrosa  de la conducción requiere”.   

         “Tal  como  se  aprecia,  reitérase  en  el croquis, el vehículo  campero  MITSUBISHI  impactó  al  vehículo  renault  6  por  el  lado derecho,  mientras  el  campero  sufrió los efectos de la colisión en su parte delantera  sin  que  se  halle probado lo afirmado por el defensor, además en cuanto no se  dijo  lo  del licor que se encontraba en uno de los vehículos, no implica falta  de   verdad   del   croquis   respecto   de   la   manera  como  sucedieron  los  hechos”.   

         “No  es  de  recibo  para  el  Tribunal  lo afirmado por el señor  defensor  en cuanto el vehículo campero se encontraba parado, pues como ha sido  reiterado  en  el proceso, el mayor tamaño y capacidad de este vehículo indica  que  se  estaba  desplazando,  que  se  encontraba  en  movimiento. Tal hecho se  colige,  del  estado  en  que  resultó el vehículo Renault 6. Sinembargo debe,  también,  aclararse  que  hubo  conducta imprudente por parte del conductor del  Renault  6, y esta aseveración se colige de lo expuesto por el testigo LEONARDO  QUINTERO  GAITAN  quien,  en  efecto,  puso  de  presente que ninguno de los dos  vehículos  se  detuvo,  a  pesar  de  la  intermitencia  de los semáforos…Es  necesario  reiterar  que  ninguno  de  los  automotores  se  encontraba parado o  inmóvil  como  consecuencia  de  la  intermitencia  a  la  cual  obligaban  las  intermitencias de los semáforos” (Fls. 10/11).   

         Como  se  percibe  con facilidad, la prueba atendida fue mucha, más  de  la  mera  apreciación  de  un  dictamen  y  de las fotografías presentadas  durante  la sustentación verbal del recurso de apelación interpuesto contra la  sentencia.           

           5)  Tangencialmente,  en  la  demanda se  alude  a  la  sana  crítica. Sin embargo, el actor no explica por qué acusa la  valoración  realizada  por  los jueces y, menos, se adentra en la demostración  de  falencias  judiciales  en  torno a los elementos conformantes del sistema de  apreciación  propio  del  tal  mecanismo. Por eso en el libelo no se encuentran  referencias  al  mal  trato de la lógica, de la ciencia o de la experiencia por  parte  de los juzgadores, así como tampoco comprobación sobre cómo han debido  ser  laborados  los principios lógicos, las leyes científicas o las reglas del  diario discurrir.   

   

         6)     El  casacionista  también hizo referencia al principio in  dubio   pro   reo,   pero  dada   la  forma  asaz  genérica  e infundada de la presentación, la tornó en intrascendente e inocua  porque,   como  lo  resaltó  la  Procuradora  Delegada,  no  precisó  en  qué  consistía  la  duda,  ni se empeñó en indicar a la Corte la incidencia de los  medios  de  prueba  que racionalmente pudieran conducir al beneficio de la duda,  bien  por  la vía de los errores de hecho, bien por la de los de derecho en sus  distintas modalidades.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de justicia, Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         No casar la sentencia impugnada.   

         Cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO           

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

CARLOS   A.  GÁLVEZ  ARGOTE                                   JORGE   A.  GÓMEZ  GALLEGO                         

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS            CARLOS E.  MEJÍA     ESCOBAR                               

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN            NILSON E.  PINILLA     PINILLA                                            

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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