15090jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 15090  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

Aprobado Acta No.113  

          Santa  Fe  de  Bogotá,  D. C., cinco (05) de julio del año dos mil  (2000).   

         VISTOS   

         

         La  Sala  estudia  el  aspecto  técnico  formal  de  la  demanda de  casación  presentada  por el apoderado del señor ENERELDO HERRERA MURILLO, con  el propósito de decidir si la admite o no.   

         HECHOS   

         En  la  noche  del  6  de  febrero  de  1995, José Ricardo Palacios  Rodríguez  llegó  al sitio en el que residía, calle 49 No. 17-08 sur de Santa  Fe  de  Bogotá.  D.  C., se dedicó a comer y a escuchar música. Don Laurencio  Herrera,  arrendador  de la morada, llamó a la puerta, le pidió disminuyera el  volumen  al  equipo  de  sonido  y  le  pagara  el valor del arrendamiento. Esto  originó  un  altercado  entre  propietario  e  inquilino,  que culminó con las  heridas  sufridas  por  Palacios  Rodríguez,  consecuencia de la activación de  arma  de  fuego  realizada  por  ENERELDO  HERRERA  MURILLO, hijo del dueño del  inmueble. El agresor huyó.   

         ACTUACION  PROCESAL   

         Adelantada  la  instrucción,  el 13 de marzo de 1997 fue calificada  con  medida  acusatoria  en  contra  de  ENERELDO  por el delito de tentativa de  homicidio.  Apelada  esta  providencia,  fue  ratificada el  30 de abril de  1997.   

          El  Juzgado  9o.  Penal del Circuito de la Capital lo condenó   el   4   de   marzo   de   1998,   por  ser  responsable  de  tentativa  de  homicidio.   Impugnado  el  fallo,  el  Tribunal  Superior  de  Santa Fe de  Bogotá lo confirmó el 5 de mayo de 1998.   

         LA  DEMANDA   

         El  defensor  de  HERRERA  MURILLO sometió al análisis de la Corte  dos cargos, así:   

          Primero.   

          Ruptura   de  la  ley  sustancial,  por  falta  de  aplicación  del  artículo 60 del C. P.   

         

          Para   sustentar   la   censura,   transcribió   apartes   de   las  declaraciones  de  Gloria  Inés Rodríguez, José Ricardo Palacios Rodríguez y  Virginia  Murillo  de  Herrera,  de las cuales infiere que el comportamiento del  procesado  se  enmarca  dentro de los presupuestos previstos en la norma citada,  que   describe  el  fenómeno  conocido  como   estado  de  ira  e  intenso  dolor.   

          Segundo.   

         Subsidiariamente,  acusó  la  sentencia  de ser “violatoria de la  causal  primera,  cuerpo  segundo  del  art.  220  del C. P. P., en cuanto se ha  violado  y  desconocido  indirectamente  la ley sustancial por error de hecho al  haber incurrido en un falso juicio de existencia”.   

         Entendió,  y  así  lo  escribió,   que en el fallo impugnado  fueron  desconocidos   los  artículos  247,  249,  254 y 333 del C. de. P.  P.   

          En  desarrollo  del  cargo  señaló que según los elementos atrás  plasmados,  referidos  específicamente  a la conducta de José Ricardo Palacios  Rodríguez,  era  dable  concluir  que  sí  se  había presentado una agresión  física y verbal proveniente de éste, y   

          “que  en  ese  entender  cognoscitivo  se  llegaba  a predicar la  presencia  de  un estado anímico de descontrol en el procesado ENERELDO HERRERA  MURILLO”.   

          Terminó  afirmando   que  el  fallador desconoció esos hechos  indicadores  de  un  comportamiento  grave  e injusto provenientes del ofendido,   

          “que   al   habérseles  dado  el  alcance  crítico  –  objetivo  pertinente,  la  razón de juicio de la providencia aquí acusada habría tenido  otro sentido más lógico y mas justo”.   

         Estimó  que  con  el  desconocimiento del artículo 60 del C. P., y  con  el  error de hecho en la apreciación de la prueba, se vulneraron las   normas  sustanciales  contenidas en los  artículos 22, 60, 61, 323, del C.  P.,  220,  247,  249,  254  y  333, del C. de. P. P. Por consiguiente, solicitó  casar  la  sentencia  impugnada,  para  que  se le reconociera a su defendido la  diminuente prevista en el artículo 60 de aquel estatuto.   

         

         CONSIDERACIONES DE LA  CORTE   

La  demanda  que  se  estudia  tiene que ser  desestimada, por las siguientes razones.   

1.  La incomprensión de las pretensiones es  palpable.  En  el  primer  cargo  adujo  infracción  de  la  ley sustancial por  inaplicación  del artículo 60 del C. P., analizó la prueba, dentro de ella el  testimonio  de  José  Ricardo  Palacios Rodríguez, y cuando esbozó la segunda  imputación  con  base en quiebra de la ley sustancial por error de hecho debido  a  falso  juicio  de existencia, parcialmente quiso explicarlo con fundamento en  el  desarrollo  del cargo inicial.  Así se desprende del Fl. 32 ( C. T. ),  en  el que tras enunciar  el segundo cargo y mencionar unas normas, agregó  a título de “discusión”:   

“Según  los elementos atrás plasmados y  que  se  refieren  específicamente  a  la  conducta  de  JOSE  RICARDO PALACIOS  RODRIGUEZ,  era  dable  concluir  que  sí  se  había  presentado una agresión  física  y  verbal proveniente del citado ciudadano…NI el A-Quo ni el Ad-Quem,  se   detuvieron   a  cuestionar  el  comportamiento  de  JOSE  RICARDO  PALACIOS  RODRIGUEZ,  máxime  cuando  él   mismo  aceptó  haber  incurrido  en los  comportamientos  que atrás han quedado señalados; comportamientos estos que no  son  desvirtuados  por  su  compañera  GLORIA INES RODRIGUEZ HERRERA, y con los  cuales  se  establece  un  indicio  serio,  objetivo  y material de provocación  injustificada   que   ejecutó   el   citado  PALACIOS  RODRIGUEZ”.   

Es cierto que el casacionista puede plantear  cargos  excluyentes,  en  capítulos  diversos,  pero  también  lo  es  que  el  desarrollo  de  uno  de ellos no puede depender de la demostración del otro. La  claridad  y  precisión que se exige en la formulación de las imputaciones a la  sentencia  impide que ellas sean demostradas con el cruce de sustentaciones, con  las remisiones o con los llamados hacia atrás o hacia adelante.   

2.   En   cuanto   al   primer       cargo,        debe  anotarse:   

a)       Propuso      “violación  de  la  ley sustancial, por falta de aplicación del  art.   60 del C. P.”. Sin embargo, no dijo si se  trataba  de  violación  directa  o  indirecta, con lo cual, desde el enunciado,  enseña fallas fácilmente notorias.   

b)   Si   se   quisiera  entender  que  el  planteamiento  era de violación directa  -con base en que el segundo cargo  que  hizo lo fue por violación indirecta de idéntica norma-,  la falencia  también  sería  sencillamente  perceptible  porque  entró  al análisis de la  prueba  testimonial o, como dice él mismo, de las “fuentes probatorias”, en  concreto,  de  las  palabras  de  Gloria Inés Rodríguez Herrera, José Ricardo  Palacios  Rodríguez  y Virginia Murillo Herrera, con el ánimo de demostrar que  efectivamente  se  habían  reunido  los  requisitos  de la diminuente punitiva.   

Tal  tarea  es  extraña  al contenido de la  causal  primera,  cuerpo  primero,  es decir, de la violación directa de la ley  sustancial,  frente  a  la cual se impone al censor admitir las pruebas tal como  han    sido    señaladas    y    consideradas   por   el   Juez   en    la  sentencia.   

c)  Si  se  quisiera  creer  que  pensaba en  violación  indirecta,  la situación sería igualmente complicada, por ejemplo,  porque,   primero,  no  expresó  si se trataba de alguna forma de error de  hecho   o  de  derecho;  segundo,  no  estableció  la  relación  causal  entre  desconocimiento   de   la   prueba  y  quiebra  de  la  sustancialidad;   y  tercero,  no demostró errores de la sentencia.   

         3.  En cuanto al segundo cargo.   

         a)  Se refirió al error de hecho por falso juicio de existencia. No  obstante,  no dijo, ni demostró,  si se trataba de falta de apreciación o  de  falsa  apreciación  de  la  prueba.  No  se  ocupó,  entonces,  en lo más  mínimo,   de indicar cómo habían sido ignorados, desconocidos, omitidos,  preteridos,  supuestos o imaginados los hechos de los cuales dimanaba la prueba.   

          b)  El  casacionista  no  negó que los elementos de convicción que  citó  en su demanda hubieran sido analizados por el Tribunal, y del escrito que  presentó  se  deduce  que  sí  los  tuvo en cuenta, es decir, las personas que  mencionó  efectivamente  narraron  los  hechos  dentro del proceso. Siendo  así,  es imposible acudir al error seleccionado pues, de una parte, el Tribunal  no los habría ignorado; y, de la otra, no los habría imaginado.   

          El  actor  hizo  referencia  a  los testimonios del ofendido  (  Palacios  Rodríguez), de  su esposa ( Gloria Inés Rodríguez ) y al de la  madre  del  procesado  (  Virginia  Murillo  ), cuyos apartes transcribió en la  presentación     del  primer    cargo.  Sin  embargo,  en ningún momento  dijo   en   qué   consistió    el   error   en  la  apreciación  de  los  mismos.   

          c)  El  actor  afirmó  que  el  Tribunal  había  desconocido tales  testimonios,  como hechos indicadores   

          “…  de  un  comportamiento  grave e injusto proveniente de JOSE  RICARDO  PALACIOS  RODRIGUEZ,  que al habérsele dado el alcance crítico –  objetivo  pertinente,  la  razón  de  juicio  de  la  providencia aquí acusada  habría   tenido   otro   sentido   más  lógico  y  más  justo”.   

         

          Con   ello   quizás  habría  querido  dirigir  su  descontento  al  denominado  error  de  hecho por falso raciocinio. A pesar de ello, incurrió en  tres  graves  omisiones:  una,  no  enunciar  correctamente  la imputación a la  sentencia;   dos,  no  comprobar  que el Juez había arribado a inferencias  erróneas  por  equivocada apreciación de los elementos de la sana crítica, es  decir,  de  los  principios  de  la lógica, de las leyes de la ciencia o de las  reglas   de   la   experiencia;  y  tres,  no  explicar,  ante  las  fallas  del  sentenciador,  cuál o cuáles principios, leyes o reglas eran las aplicables al  asunto concreto.    

          Si  ese  hubiera  sido  el cargo, también lo estarían acompañando  graves faltas en su presentación y, desde luego, en su desarrollo.   

          Como  de  las  afirmaciones  anteriores  resulta  que  la demanda se  encuentra  bastante  alejada  de  las  exigencias  hechas por el artículo 225 y  normas   concordantes  del  C.  de.  P.  P.,  debe  ser  inadmitida.           

         

           En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

Rechazar la demanda de casación presentada  por   el   defensor   del   señor  ENERELDO  HERRERA  MURILLO,  contra  la  sentencia  de  segunda instancia  proferida  el  5  de  mayo  de  1998,  por  el  Tribunal Superior de Santa Fe de  Bogotá.   

Ordenar  la  devolución  del  proceso  al  Tribunal de origen.   

        De  conformidad  con lo dispuesto por el artículo 197 del C. de P.  P., contra esta decisión no procede recurso alguno.   

        Comuníquese  y   cúmplase.            

         

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO           

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL               JORGE  ENRIQUE   CORDOBA   POVEDA                  

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ ARGOTE                     JORGE  ANIBAL GOMEZ GALLEGO                          

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                              CARLOS     E.    MEJIA  ESCOBAR                        

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON            NILSON E.  PINILLA     PINILLA                                            

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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