15067jun

2000

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso Nº 15067  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                                  Magistrado ponente:   

                                                                  Dr.  MARIO  MANTILLA NOUGUES                                                      Aprobado Acta No. 103   

Santafé de Bogotá D.C., dieciséis (16) de  junio de dos mil (2000).   

Decide la Corte la casación impetrada por el  defensor   de   LUIS   FRANCISCO   VELANDIA   CETINA  contra  el fallo proferido el 27 de abril de 1998 por  el  Tribunal  Superior  de  Santafé  de  Bogotá,  que  confirmó el de primera  instancia  del  Juzgado  Treinta y Ocho Penal del Circuito de la misma ciudad de  fecha  20 de octubre inmediatamente anterior, mediante el cual se condenó entre  otros  al  citado  procesado  a  la pena privativa de la libertad de veintisiete  (27)  meses  de  prisión;  a la interdicción de derechos y funciones públicas  por  un  tiempo  igual al de la pena principal como coautor del punible de hurto  calificado  y  agravado  en  grado  de  tentativa, negándole el subrogado de la  condena de ejecución condicional.   

          HECHOS Y ACTUACION PROCESAL:   

El  a-quo  los  sintetiza  de  la  siguiente  manera:   

“Tuvieron  ocurrencia  en la madrugada del  diecinueve  (19) de noviembre de mil novecientos noventa y dos (1992) cuando los  ocupantes  de  la  camioneta  distinguida  con la placa AC-8841 interceptaron el  camión   conducido   por  el  señor   Orlando  Benavides  Guzmán,  quien  transportaba      ganado,      en      el     sitio     llamado     ‘Boquerón’  cerca  al puesto de control vial El  Bosque  de la vía que conduce de la localidad de Cáqueza hacia esta ciudad. El  conductor  del  camión  venía  acompañado  del  señor Pedro Velásquez y una  señora  de  nombre  María,  propietarios  de  los semovientes. De la camioneta  descendieron  tres personas que lo intimidaron con arma de fuego diciéndole que  entregara  las  llaves  del  vehículo,  pero gracias a su valiente proceder, al  pedir  ayuda  a  un  conductor  de  un bus de la empresa Expreso Bolivariano que  pasó  por  el lugar se logró capturar en el reten a cuatro de las personas que  iban  en  la camioneta, pues dicho señor informó a los agentes de Policía que  estaban  prestando  turno  y  éstos  hicieron  detener  la  camioneta en que se  transportaban  Manuel  Alfonso  López  Triviño,  Luz  Marina  Navarro, Rosalba  Cifuentes   y  William  Gregorio  Lancheros  quienes  fueron  aprehendidos.  Con  posterioridad  se  logró  establecer  que también participaron en el ilícito,  Cesar  Augusto  Olivera  Ramírez,  Gustavo Lozano Pardo y el agente de Policía  Luis  Francisco  Velandia  Cetina personas estas que conformaban el grupo de los  tres  individuos  que  descendieron  de la camioneta a intimidar a los ocupantes  del camión” (fl. 713 y 714).   

La  investigación  fue  iniciada  por  la  Fiscalía  191  Seccional  de  la  Unidad  7ª.  de Delitos contra el Patrimonio  Económico  de  Santafé  de Bogotá el 20 de noviembre de 1992 (fl. 25), siendo  vinculado  mediante  indagatoria,  entre  otros,  Luis  Francisco  Velandia  Cetina el 7 de enero de 1993 (fl.  171  a 178 vto.), dictándose en su contra medida de aseguramiento de detención  preventiva  (fl.  273  a  276).  Por  nueva  asignación  las diligencias fueron  remitidas  al  Fiscal  182  de  la  misma  unidad,  quien le otorgó la libertad  provisional el 18 de marzo del citado año (fl. 428 a 432).   

Clausurada la investigación el 21 de febrero  de  1994  (fl. 519), el Fiscal 182 Seccional de la Unidad 7ª. de Delitos contra  el  Patrimonio  Económico,  calificó  el mérito de la instrucción para todos  los  sindicados,  con  Resolución Acusatoria de fecha 15 de junio siguiente por  el  delito  de  hurto  calificado  y  agravado en grado de tentativa, (fl. 536 a  554),  la  que  causó  ejecutoria  el 22 de junio de  1995 (fl. 621).   

Recibido el proceso por el Juzgado Sesenta y  Dos  Penal  del Circuito de Santafé de Bogotá, el 11 de julio siguiente se dio  aplicación  al artículo 466 del Código de Procedimiento Penal (fl. 623). Como  quiera  que  la  defensora  de  uno  de  los acusados manifestara su voluntad de  acogerse  a  los  beneficios del artículo 37 del Código de Procedimiento Penal  (fl.  639),  la  actuación tuvo algunos tropiezos como cambio de defensores por  excusa  (fl.  630)  y también por renuncia (fl. 652), pero ante la inasistencia  del  respectivo  procesado  a la audiencia correspondiente, con fecha 22 de mayo  de  1997  (fl.  664) se citó para el día 20 de junio del mismo año a las 9:00  a.  m.  con  la finalidad de llevar a cabo la audiencia pública de juzgamiento,  diligencia  que  solamente  pudo  cumplirse en dos sesiones los días 11 y 27 de  agosto  (fl.  686 a 702) como consecuencia del fracaso de las convocatorias para  el  ya citado 20 de junio y el 19 de julio del mismo año, dictándose sentencia  el  20  de  octubre  del  mismo  año,  condenando  como  ya se dijo a todos los  imputados  a  la  pena  de veintisiete (27) meses de prisión como coautores del  delito  de  hurto  calificado  y  agravado,  a  la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por  un tiempo igual al de la pena principal,  negándoseles  el  subrogado  de la condena de ejecución condicional (fl. 713 a  741).   

Apelada  la  sentencia  únicamente  por  el  defensor  de Velandia Cetina, dentro del término legal sustentó por escrito la  impugnación  (fl.  748  a 751), siéndole concedida en el efecto suspensivo por  auto  del  4  de  diciembre  siguiente  (fl.  753)  y  remitido el expediente al  Tribunal  Superior  de Santafé de Bogotá, quien mediante fallo del 27 de abril  de  1998,  confirmó  en todas sus partes la sentencia de primer grado (fl. 14 a  20  –  Cuad. Tribunal). El defensor interpuso casación (fl. 33 id.), la que fue  concedida por auto del 8 de julio siguiente (fl.35).   

         L   A     D   E  M  A  N  D  A  :   

Contra  la  sentencia  de  segundo grado, el  defensor  del  procesado  VELANDIA CETINA  presenta  un  único  cargo  con  apoyo  en  la causal primera de  casación,   por   violación  directa  del  artículo  68  del  Código  Penal,  “por   aplicación   indebida   e  interpretación  errónea….con  violación  media del art. 55 de la ley 81 de 1.993 norma ésta  que     modificara     el     art.     415     del     C.    P.    P.”.   

Para la defensa, el Tribunal de instancia no  obstante  considerar  que  en  el caso de su representado se cumple el requisito  objetivo  en  cuanto  al  quantum  de  la  pena impuesta, para la concesión del  subrogado  de  la Condena de Ejecución Condicional, a contrario sensu, concluye  que  no  sucede  igual  cosa con el presupuesto de orden subjetivo referido a la  personalidad,  naturaleza  y  modalidad del hecho punible; sentando la tesis que  la  personalidad  del  ajusticiable  no  es  recomendable,  por su condición de  agente  activo  de  la  policía,  institución  a  la  cual pertenecía, que le  imponía  el  supremo  deber  de  prevenir  y combatir el delito; y, en lugar de  cumplir  con  esa  imperiosa  obligación  en  la noble y gallarda condición de  representante  de  la autoridad, sucumbió frente al delito, así la conducta se  haya  dado  en  el  grado  de  tentativa,  cuestión que revela a todas luces la  personalidad perversa del aludido sentenciado.   

Estima el censor que “El subrogado Penal de  la  Suspensión  Condicional  de  la  pena  se  orienta  a  la prevención de la  criminalidad,  su  finalidad  específica es sustraer al ambiente del etéreo de  las  cárceles  a  las personas que, aún siendo culpables del delito, presentan  probabilidades  de arrepentimiento y construir un obstáculo eficaz a ulteriores  violaciones de la ley”.   

“Es  por  ello que la ley sustantiva exige  unos  requisitos  que deben ser demostrados procesalmente para que sea viable su  otorgamiento” (fl. 54).   

Destaca  también  el  criterio  de  algunos  tratadistas  nacionales  sobre  el  tema y se apoya en decisión de esta Sala de  fecha  8 de abril de 1992 (Mag. ponente Dr. Gómez Velásquez), para indicar que  “En  este  orden  de  ideas, no encontramos justificadas las razones que da el  Tribunal  en  su  Sala  Penal  como  Juzgador de Segunda instancia para negar la  Condena   de   Ejecución   Condicional  a  LUS  FRANCISCO  VELANDIA  CETINA,  y  específicamente  a  lo  referente a la personalidad del mismo, ya que esto como  consta  dentro del plenario no se traduce en comportamientos o actos que de suyo  nos  digan  que  ese  individuo que engendra un peligro para la comunidad, menos  cuando  no  hay  elemento  de  juicio  alguno que le permita al juzgador inferir  tendencia  a  la  violación  de  intereses  jurídicamente  protegidos”  (fl.  56).   

Y agrega: “fincar su negativa sobre la base  de  que  por  ser  contador se aprovechó de la confianza depositada en él para  desarrollar  la  conducta  ilícita,  conclusión  que  no  está  acorde con la  filosofía  del  instituto  que  se  alega  en  su favor; pues sabido es, que la  personalidad  de  VELANDIA  CETINA debe relacionarse con su conducta individual,  familiar  y  social,  la  que según los autos se sabe que es intachable, a más  que  no  registra  antecedente penal alguno en su contra; lo que permite confiar  en  forma  fundada  de  que no requiere tratamiento penitenciario y que éste no  puede  diagnosticarse  sobre  la  simple base de la profesión que ostenta, como  así  equivocadamente  lo  concluyera  el fallador de segundo grado” (fl. 57).   

Considera   que   el   Tribunal   aplicó  indebidamente  el  artículo  68 del Código Penal y de contragolpe el artículo  55  de  la  ley  81  de  1993,  toda  vez que dio por no satisfecho el requisito  subjetivo  (personalidad,  modalidad  del hecho punible, etc.) para negarle a su  representado  el  otorgamiento  del  subrogado  que  comportaba  su  liberación  provisional.   Solicita   en   consecuencia,   se  dicte  sentencia  sustitutiva  accediendo a su pretensión.   

         EL MINISTERIO PUBLICO :   

El señor Procurador Primero Delegado en lo  Penal  (E.)  solicita  de  la  Corte  no  casar  el  fallo  recurrido, pues, con  relación  al  único  cargo  presentado  por  el  actor  contra la sentencia de  segundo  grado,  su  ataque  no  puede  prosperar  en la medida que del fallo no  demostró  yerro  alguno endilgable al juzgador, de acuerdo con los múltiples y  reiterados  pronunciamientos de esta Sala de Casación sobre el cuidado que debe  observar  el  demandante  en la elaboración y conformación de un cargo, con el  que   se   intenta  demostrar  la  existencia  de  un  determinado  error,  cuya  trascendencia  logre afectar la legalidad de la sentencia e imponga, como único  remedio   para   enmendarlo,   su   invalidez,   con   pérdida   total  de  sus  efectos.   

“Esto por cuanto al construir una censura  con   prescindencia   de   estos   imperativos   técnicos,  la  fundamentación  indefectiblemente  se tornará imprecisa, pues tendrá que demostrar situaciones  incompatibles  o  irreconciliables,  con  lo  que  la  suerte del cargo se verá  comprometido desde su inicio”.   

Lo anterior, por cuanto el actor plantea una  violación  directa  de  norma  sustancial  de manera simultánea, es decir, por  interpretación  errónea y aplicación indebida, lo que resulta contradictorio.  En  la  primera  de  estas  modalidades,  se  parte del presupuesto que la norma  aplicada  es  la  acertada,  solo  que  el  sentenciador  equivocó  su  sentido  jurídico  o  le  otorgó  alcances  que  no  tenía,  mientras  que la segunda,  presupone  lo  contrario,  esto es, que el fallador erró en la selección de la  norma  toda  vez  que  la  situación  fáctica  no  guardaba  relación  con la  hipótesis prevista en la misma.   

Precisa  que  de  los  tres  sentidos  que  contempla  la  violación  directa,  el  actor  fundamenta  la censura de manera  antitécnica  por  las  dos señaladas, incompatibles entre sí, dejando de lado  la  que  ha  debido  alegar  y  que  para el caso concreto, correspondería a la  interpretación  errónea  del  instituto  consagrado  en  el  artículo  68 del  Código  Penal,  pues “…su contenido fue analizado en la sentencia recurrida  y  solo  que  equivocó  los  conceptos  y  definiciones  de  los condicionantes  subjetivos para negar el beneficio contenido en la disposición”.   

Para    algunos,    dice,   no   habrá  interpretación  errónea,  sino  falta  de  aplicación  del  artículo  68 del  Código  Penal,  en  tanto su beneficio no lo obtuvo el procesado, mientras  que  otro sector opina, que el juez al asumir la discusión del subrogado dentro  de  la  providencia,  recoge  su  contenido  y lo aplica efectivamente, solo que  niega  el  beneficio  al considerar que los factores no tenían cabida, luego la  única  posibilidad  de  ataque  podría  intentarse  bajo  el  entendido de una  interpretación   errónea,   planteamiento   con   el   que  se  identifica  la  Delegada.   

Indica   que   la  falta  de  aplicación  constituye  ante  todo  un  error  de existencia, cuando hay inobservancia de la  norma  por  resultar desconocida su presencia, ora porque el juzgador incurre en  error  sobre  su  existencia  o validez en el tiempo y en el espacio, o también  porque  se  rechaza  la  norma  aplicable  al  caso  y  se  sustituye  por otra,  igualmente  vigente,  fenómeno  que debe alegarse por este sentido, en tanto la  aplicación  indebida de la segunda disposición se da a condición del error de  existencia de la primera.   

Considera  que  en  el  caso  que nos ocupa  “..ninguna  de  tales  situaciones  se  presentan  pues  el  fallador al hacer  referencia  al  artículo  68  del  Código  Penal, nunca ignoró su existencia,  dudó  sobre  su  vigencia  o lo suplantó con otra disposición, por lo que mal  podría    afirmarse    que    hubo    una    falta   de   aplicación   de   su  contenido”.   

“Esta  inconsistencia  técnica  afecta  negativamente   las   pretensiones   del  ataque,  por  no  ser  susceptible  de  saneamiento,  en  razón  del  carácter rogado de este recurso extraordinario y  del  principio de limitación, que impide al Tribunal de Casación escoger entre  las  dos  alternativas propuestas con la censura, o complementar, o enmendar las  deficiencias contenidas en la demanda.   

Adicionalmente,  advierte  que  el reproche  tampoco  sería viable, por cuanto el ataque no logra demostrar el desacierto en  la  compresión  de  los  condicionamientos  del comportamiento, exigidos por la  disposición,  para  conceder  el  sustituto  penal  de la condena de ejecución  condicional  y,  con  este  argumento, demostrar la ilegalidad del fallo como lo  intenta el defensor del procesado Luis Francisco Velandia Cetina.   

Para  el  fallador,  agrega la Delegada, la  personalidad   de  Velandia,  factor  de  valoración  para  la  concesión  del  sustituto  en  estudio,  reveló  un  desprecio  absoluto  por  sus  compromisos  sociales   e   institucionales  porque  en  su  condición  de  miembro  de  una  institución  armada,  tenía el compromiso ineludible de prevenir y combatir el  delito,  y  en  lugar  de  hacerlo  pasa  a  ser  un  factor  determinante en su  ejecución,   particularidad   que,   a  su  juicio,  ameritaba  el  tratamiento  penitenciario.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE :   

Bien se sabe que las variables de violación  directa  de  la ley, obedecen siempre a yerros de lógica jurídica, en cuanto a  la  existencia  (falta  de  aplicación),  selección  (aplicación  indebida) y  sentido (interpretación errónea).   

Frente  a la concreta acusación presentada  en  la  demanda  que  ocupa  la  atención  de la Corte, ha de reiterarse que la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  “por  aplicación  indebida”, desde luego implica que el  sentenciador  erró  en  la  selección  de  la  preceptiva  aplicable  al  caso  concreto,  y por lo mismo, equivocada en forma ostensible resulta la decisión a  la que se llega.   

Ahora  bien, cuando la violación de la ley  sustantiva    lo    es    por    “interpretación  errónea”,  para  el  caso  del  artículo  68 del  Código  Penal, tal opción en casación supone un error en el significado de la  norma,  siendo  ésta  la  llamada a regular el caso concreto, donde el yerro se  produce  por  haberle  dado  el juzgador un sentido jurídico que no tiene, o en  haberse   dispensado   consecuencia  que  no  produce  por  serle  ajenos  a  su  contenido.   

En  otras  palabras,  “..consiste  en  el  deficiente   entendimiento   de   la   disposición  que,  aunque  adecuadamente  seleccionada  por  el  juzgador,  resulta  desfigurada  en su sentido y alcance,  haciéndole  producir  efectos  que  de  ella  no  se  derivan,  o  incluso  que  contrarían  el  mandato  allí contenido. La demostración de la infracción de  la  ley por este motivo exige -como todas las demás causales-, el señalamiento  claro  y  preciso  de  los fundamentos fácticos y jurídicos del reproche, y la  aceptación   de   los   fundamentos   de   hecho  de  la  sentencia  objeto  de  impugnación”  (Cas.  No. 10.250 – Mayo 17/2000 – Mag. Ponente Dr. Fernando E.  Arboleda).   

Para el caso concreto el casacionista, como  lo  destacó  la Delegada, incurre en planteamientos contradictorios y, además,  no  demuestra  cómo  se  produjo la errónea interpretación de la disposición  sustantiva  invocada,  ya  que  la sola afirmación de que el juzgador equivocó  sus  planteamiento  al  considerar que el procesado no era acreedor al subrogado  de  la  condena  de ejecución condicional en virtud de su personalidad y por lo  mismo,  necesario  resultaba  su tratamiento penitenciario, no puede dar lugar a  la  prosperidad  de  la acusación, pues resulta inútil el esfuerzo del censor,  es  decir  ineficaz  al no tener la virtud de romper el presupuesto de acierto y  legalidad  con  que  viene precedido el fallo censurado, quedando su pretensión  como  simple  criterio  opuesto al razonablemente expresado por el sentenciador.  Lo  que  ha  debido  invocar  es  la no aplicación del artículo 68 del Código  Penal.   

No  indica  el  libelista por parte alguna,  cuáles  las  razones  que le permiten afirmar un desbordamiento del Juzgador en  la  facultad  de  valoración  de la personalidad del procesado, la naturaleza y  modalidades  del  hecho  punible,  que  lo  llevaron  a declarar improcedente el  otorgamiento  del  subrogado  de  la condena de ejecución condicional, es decir  distinta  de  aquella que la norma le imponía. Es claro que la sola ausencia de  antecedentes  penales  o  contravencionales,  en manera alguna pueden llevar, en  todos  los  casos,  a  la conclusión del innecesario tratamiento penitenciario,  pues  para  el  caso concreto, no admite duda que LUIS FRANCISCO VELANDIA CETINA  como  miembro de la Policía Nacional, contrariando sus deberes constitucionales  y  legales,  se dedicó en compañía de otros, a obtener incremento patrimonial  en  forma  ilícita, incluso incurriendo a la violencia moral con amenazas a sus  víctimas,  todo  lo  cual  quedó  ampliamente consignado en el informativo, en  virtud  de  prueba  legalmente producida y, desde luego, razonablemente valorada  por los juzgadores de instancia.   

Así  las cosas, resultan impertinentes las  motivaciones  de  la  defensa  para  sustentar  la  acusación por la vía de la  causal   primera  -violación  directa  de  la  ley  sustancial  “por  aplicacion  indebida  e  interpretación errónea”,   quedando  su  escrito  reducido  a  un  simple  alegato  de  instancia  que  en  manera  alguna  permite  un  fallo  sustitutivo  como  es su  pretensión.   

El cargo no prospera.  

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACION PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la ley,   

        R E S U E L V E :   

NO  CASAR  la  sentencia de fecha, origen y naturaleza ya precisados.   

Vuelvan  las  diligencias  a  la oficina de  origen  y cúmplase,   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO     E.      ARBOLEDA  RIPOLL                            JORGE E. CORDOBA POVEDA   

CARLOS  A.  GALVEZ  ARGOTE                              JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                             CARLOS   E.  MEJIA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ PINZON                NILSON E. PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *