15002(29-07-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 15002  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACIÓN PENAL   

Magistrados  Ponentes   JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado    acta  N°   086   

Bogotá,  D.  C.,  veintinueve (29) de  julio de dos mil tres (2003).   

         V I S T O S   

Realizada la audiencia pública dentro de la  causa  que se adelanta contra el doctor FÉLIX ENRIQUE  PARDO   CASTELLÓN,  procede  la  Corte  Suprema  de  Justicia,   en   Sala   de   Casación   Penal,   a  dictar  la  correspondiente  sentencia.   

El  doctor Pardo Castellón nació el 21 de  febrero  de  1937  en  el  municipio  de Arjona (Bolívar), se identifica con la  cédula  de  ciudadanía N° 3.785.611 de Cartagena, es hijo de Pedro y Ángela,  de  estado civil casado con Carmen Cecilia Matson Figueroa, de cuya unión tiene  dos  hijos, Enrique Carlos y Beatriz del Socorro, de profesión abogado, para la  época  de  los  hechos  objeto  de  juzgamiento  se  encontraba encargado de la  Fiscalía  Segunda  Delegada ante el Tribunal Superior de Sincelejo y el último  cargo  que  ocupó  fue el de Fiscal Catorce de Antiextorsión y Secuestro de la  citada ciudad, encontrándose en la actualidad pensionado.    

H   E   C   H   O  S   

Fueron  sintetizados  en  la resolución de  acusación, de la siguiente manera:   

“El  24  de  diciembre  de 1996, la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Sincelejo  resolvió  el  recurso  de  apelación  que  había  sido  interpuesto contra la  resolución  de acusación proferida por la Fiscalía 15 Seccional de esa ciudad  en  contra  de ROCÍO DEL CARMEN QUINTERO PORTO, por los delitos de celebración  de  contrato sin cumplimiento de requisitos legales y peculado por apropiación.  La  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  declaró la nulidad de lo actuado a  partir  del  cierre  de  investigación  y dispuso la libertad provisional de la  procesada   por   vencimiento   de  términos  para  calificar  el  mérito  del  sumario.   

“Contra  esa  determinación  la  procesada ROCÍO DEL CARMEN QUINTERO PORTO interpuso recurso  de  reposición,  impugnación  que fue tramitada y luego decidida por el doctor  FÉLIX  ENRIQUE  PARDO  CASTELLÓN, quien ordenó la nulidad de la invalidación  de  lo actuado que inicialmente había sido proferida por el fiscal titular pero  ahora  sólo  en  lo  relacionado  con el delito de celebración de contrato sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  declaró  que este delito no había sido  cometido  por  la procesada, dispuso que se continuara con la instrucción en lo  relacionado  con  el  delito  de peculado y comunicó a la Gobernación de Sucre  que  había  quedado  sin efecto la suspensión que afectaba a la procesada para  el   ejercicio   del   cargo   de   alcalde  de  Santiago  de  Tolú.   

“Contra  esa  determinación,  el  fiscal  de  primera instancia instauró, el 3 de febrero de  1997,  acción  de  tutela por considerar que se estaba en presencia de una vía  de  hecho  judicial  que implicaba la vulneración de los derechos fundamentales  del  debido proceso e igualdad, acción que fue inadmitida por la Sala Penal del  Tribunal   Superior  de  Sincelejo  tras  considerar  que  tal  servidor  no  se  encontraba  legitimado  para  el  ejercicio  de  esa  acción.  Esa Corporación  ordenó  además  copias  con  destino a la Fiscalía General de la Nación para  efectos  de  la investigación de los delitos en que se pudo haber incurrido con  ocasión  del  proferimiento  de  la  resolución  de  17  de  enero de 1997, ya  citada”.   

L A    A C  U S A C I Ó N   

Calificado el mérito de la instrucción, el  Vicefiscal   General  de  la  Nación,  el  31  de  agosto  de  1998,  profirió  resolución  de acusación contra el doctor Félix Enrique Pardo Castellón, por  el delito de prevaricato por acción.   

Los fundamentos en que se apoyó para acusar  al doctor Pardo Castellón, fueron los siguientes:   

Consideró  necesario  analizar,  en primer  término,  la actuación que se surtió en la alcaldía municipal de Santiago de  Tolú  respecto  de la adjudicación del contrato de construcción del acueducto  de  Coveñas,  y  el  seguimiento  de  las  incidencias del proceso penal que se  adelantó  con  base  en  la  denuncia  penal  presentada  por el doctor Teodoro  Iglesias en contra de Rocío del Carmen Quintero Porto.   

Así,  recuerda  que  el 28 de noviembre de  1994,  mediante  resolución  275  de  la  misma  fecha,  el entonces alcalde de  Santiago  de  Tolú  ordenó  la  apertura  de la Licitación Pública N° 04 de  1994,  con  el  fin  de contratar los suministros y las obras civiles necesarias  para  la  construcción  del  acueducto  de  Coveñas,  conforme  a las partidas  presupuestalmente destinadas para tal fin.   

Por consiguiente, dice que el 10 de enero de  1995,  cuando Rocío del Carmen Quintero Porto se desempeñaba como alcaldesa de  dicho   municipio,   se   abrió   la   licitación   pública   para  contratar  “el   suministro   e  instalación  de  tuberías,  accesorios   y   válvulas   ,   así   como  la  construcción  de  tanques  de  almacenamiento  y  la construcción de pozos profundos para la construcción del  acueducto  de  Coveñas”,  dándose, de esa manera,  inicio  al  respectivo trámite. En el artículo 32 del pliego de condiciones se  estableció  que las propuestas podían ser aceptadas, rechazadas o eliminadas y  en  el  artículo  40 se dispuso que “La aceptación  de  la  propuesta  más  favorable  implicará la adjudicación del contrato, la  cual      le     competerá     al     alcalde     del     municipio”.   

Señala  que  el  9  de marzo siguiente, el  comité  evaluador rindió a la administración la evaluación de las propuestas  presentadas,  fijando  el siguiente orden de elegibilidad y favorabilidad de las  propuestas aceptadas:   

“1.   SOUTH  AMÉRICA-CONSTRUCCIONES  SIGMA                         92.00   

“2.  SURTIELÉCTRICOS-RAUL  FONSECA                                                            78.90   

“3.  DISELECSA-SÁNCHEZ  ASOCIADOS                                                             67.57   

“4.  GUSTAVO  VILLEGAS-HORACIO   MENDOZA                            62.76”.   

   

Afirma  que en dicha evaluación el comité  hizo  cita  expresa  del artículo 40 del pliego de condiciones, según el cual,  la  aceptación  de  la  oferta  más  ventajosa  implicaba la adjudicación del  contrato que competía al alcalde del municipio.   

Agotado  el anterior trámite, sostiene que  el  27  de marzo de 1995 se llevó a cabo la diligencia de audiencia pública de  adjudicación  del  contrato,  dentro  de la cual la alcaldesa Rocío del Carmen  Quintero  Porto,  por  Resolución  N°  064, adjudicó el contrato a la entidad  SURTIELÉCTRICOS   DEL   CARIBE-RAÚL   FONSECA,   cuya  propuesta  había  sido  calificada  con  el  segundo  puntaje  y  “su precio  excedía  en $420.000.000 el valor de la propuesta presentada por la firma SOUTH  AMÉRICA-CONSTRUCCIONES  SIGMA”,  empresa  que  fue  calificada con mayor puntaje.   

Manifiesta que ante tal situación, el 5 de  abril  siguiente,  el  abogado  Teodoro Iglesias Vargas, apoderado general de la  firma  SOUTH  AMÉRICA  HARDWOOD  COMPANY, SAHCO INCORPORATED dirigió al Fiscal  General  de  la  Nación  copia  de  la  queja  presentada ante la Procuraduría  General   de  la  Nación  en  contra  de  Rocío  Quintero  Porto,  por  cuanto  desconoció  que,  según  el  pliego  de  condiciones,  debía  adjudicarse  el  contrato a quien presentara la propuesta más favorable.   

Dice que con base en dicha denuncia, el 1°  de  agosto  de  1995,  se  abrió  investigación contra la alcaldesa del Tolú,  Rocío   del  Carmen  Quintero  Porto,  a  quien,  una  vez  vinculada  mediante  indagatoria,  el  22  de  enero de 1996, se le resolvió la situación jurídica  con   detención  preventiva,  por  los  delitos  de  interés  ilícito  en  la  celebración  de  contratos  y  celebración  de contrato sin el cumplimiento de  requisitos  legales,  decisión que, por virtud de los recursos interpuestos por  la  defensa  y el Ministerio Público, este último  por cuanto consideraba  que  se trataba de “un concurso aparente de tipos que  debía  resolverse  a  favor de la celebración de contratos sin cumplimiento de  requisitos  legales“,  fue revisada, el 13 de mayo  siguiente,  por  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Sincelejo, revocando  lo  relacionado  con la conducta punible de interés ilícito en la celebración  de   contratos   y  confirmando  lo  atinente  a  la  celebración  indebida  de  contratos.   

Asevera que, el 5 de agosto de dicho año,  se  escuchó  en  ampliación  de  indagatoria a la procesada, con el fin de que  explicara  los  motivos  por  los  cuales  no canceló a la firma contratista el  saldo  pendiente para la construcción del acueducto, no obstante contar con los  recursos  para tal efecto, ya que el municipio había comprometido, a través de  un  fideicomiso,  $9.500  millones  a favor del Banco de Colombia con miras a la  ejecución   de   un  programa  que  tenía  como  una  de  sus  prioridades  la  realización  de  dicha  obra, explicando que los dineros inicialmente previstos  para  la  construcción  del  acueducto  de  Coveñas  se habían destinado a la  construcción  del alcantarillado y al arreglo de unas vías, determinación que  se adoptó con base en una declaratoria de urgencia manifiesta.   

Afirma  que  dos  contadores  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigaciones  de  la  Fiscalía,  el  6  de agosto de ese año,  rindieron  un  concepto  en  el que precisaron que el presupuesto total asignado  para  la  construcción  del  acueducto  de Coveñas fue de $1.928.487.989. Así  mismo,  indicaron  que  entre  noviembre  de 1994 y agosto de 1995 ingresaron al  municipio  $9.500.000.000,  de los cuales $1.800.000.000 tenían como destino la  financiación  del  acueducto, no olvidando que el contrato por la construcción  de  la obra se suscribió por la suma de $1.924.487.989, haciéndose un anticipo  por  $456.004.374,  además  de  que  para  la fecha de la emisión del dictamen  contable  las  obras  estaban paralizadas por carecer de dinero para cancelar el  saldo  que  era  de $1.468.483.616, no encontrándose registrados ni el anticipo  ni el saldo pendiente.   

Refiere  que  cerrada  la investigación y  durante   el   término   del   correspondiente   traslado,   el   Ministerio   Público   solicitó   la  preclusión de   la     investigación,     argumentando     que     no   constituía   hecho   punible  la   adjudicación   de   un      contrato     a     una     firma     cuya   propuesta     no     fue    calificada    en    primer   lugar;   que  la  falta  de  motivación  de   la  resolución de adjudicación del contrato y la intervención en la audiencia  pública  de un miembro del comité de evaluación, no configuran incumplimiento  de  uno  de los requisitos del contrato y que el hecho de que la destinación de  los  recursos  se  haya variado por necesidad de cumplir otros gastos, no hacía  improcedente una acusación por peculado.   

A  su  vez,  dice  que la defensa también  solicitó  la  preclusión  de  la  instrucción, para lo cual argumentó que no  constituían  requisitos  esenciales  del contrato de suministro y construcción  de  obra  “aquellos que como tales fueron valorados  por  el  fiscal  de  segunda  instancia, y que las situaciones que llevaron a la  alcaldesa  a  declarar  la  urgencia manifiesta y el principio de unidad de caja  que  debe  tenerse en cuenta y aplicarse en el manejo del presupuesto municipal,  explican  el  aparente desvío de recursos oficiales en que se dice incurrió su  defendida”.   

Agotada  esa  instancia  procesal, el 4 de  octubre  de  1996,  la  Fiscalía 15 Seccional de Sincelejo calificó el sumario  con  resolución  de acusación contra Rocío del Carmen Quintero Porto, por los  delitos  de  celebración  de  contrato sin cumplimiento de requisitos legales y  peculado  por  apropiación,  decisión  que  fue  apelada  por  el  agente  del  Ministerio  Público,  quien  planteó  la nulidad del proceso en lo relativo al  peculado,  toda  vez  que  a la sindicada no se le había dado la oportunidad de  defenderse  de  ese  cargo  y por no haber sido resuelta su situación jurídica  por  dicho  ilícito  antes de clausurarse la investigación. Además, solicitó  la  preclusión de la instrucción en cuanto a la otra conducta punible, ya que,  a  su  juicio,  era  claro  que,  desde  el  ámbito del derecho administrativo,  concurrían  varios criterios en torno a la posibilidad de adjudicar el contrato  a  cualquiera  de  los  proponentes  aceptados  y  respecto de las consecuencias  administrativas,  no penales, que surgían de la adjudicación inmotivada de una  licitación.   

Precisa   que   en  sentido  similar  se  pronunciaron  la procesada y su defensor, los que solicitaron la declaratoria de  nulidad  desde  el cierre de la investigación y la expedición de copias con el  fin  de  investigar por separado el delito de peculado y, de manera subsidiaria,  la preclusión de la instrucción por todos los delitos.   

Acota  que  la  Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Sincelejo,  el  24  de diciembre de 1996, al desatar los  recursos  interpuestos, declaró la nulidad de lo actuado a partir del cierre de  la  investigación  y concedió la libertad provisional a la sindicada, toda vez  que  en  la  acusación  proferida por el delito de peculado por apropiación se  violaron  el  derecho  de  defensa  y  el debido proceso, ya que “ante  la  tardía  vinculación  de  la  procesada  por  ese hecho  punible  no  se  le  dio  la oportunidad de defenderse, pues una vez ampliada la  indagatoria  se  procedió  al  cierre  sin  que  haya  habido lugar a práctica  probatoria   alguna  a  favor  de  la  implicada”,  además  de  que  se  desconoció  el  artículo  438  del  C.  de P. Penal, que  establece  que  no  se  podrá  cerrar la investigación si no se ha resuelto la  situación  jurídica  del  procesado, omisión que aquí se presentó frente al  peculado.   

Refiere que contra la decisión de segunda  instancia,  la procesada, el 26 de diciembre de dicho año, interpuso el recurso  de  reposición,  con  el  fin  de  que  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Sincelejo   se  pronunciara  sobre  el  levantamiento  de  la  suspensión  del  cargo  de  alcaldesa  impuesta  en la medida de aseguramiento.  Posteriormente,  el  30 de diciembre siguiente, la misma sindicada solicitó que  “se  repusiera la declaratoria de nulidad y, en su  lugar,  se dispusiera la preclusión de la instrucción en lo relacionado con el  injusto   de   celebración   de   contrato   sin   cumplimiento  de  requisitos  legales”.   A  su  vez,  el  Ministerio  Público  presentó,  el 3 de enero de 1997, un escrito en el que se mostró partidario de  las  solicitudes  elevadas  por la procesada, recordando que también él, en el  estudio  precalificatorio,  había  deprecado  la nulidad respecto del delito de  peculado  y  la  preclusión de la instrucción en lo atinente a la celebración  de contrato sin cumplimiento de requisitos legales.   

Señala que el 17 de enero del citado año,  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Sincelejo desató el recurso  de  reposición  interpuesto contra la providencia del 24 de diciembre anterior,  decisión  que  estuvo a cargo del doctor Félix Enrique Pardo Castellón, quien  desempeñó  el  cargo  por  razón  de  las vacaciones del titular, resolviendo  decretar    la   nulidad   del   “’auto’”  impugnado  “pero únicamente en lo relacionado con  el  delito  de  celebración de contrato sin cumplimiento de requisitos legales;  ‘confirmó’   la  nulidad  proferida  el  24  de  diciembre  de 1996 en relación con el delito de  peculado      por      apropiación;   declaró  que  la  procesada  no  incurrió  en  el  delito  de  celebración  indebida  de  contratos;  ordenó  el  envío  de  la  providencia  ‘con    nota    de  estilo’  al gobernador  del  Departamento  de  Sucre  para  enterarle  que quedó sin efecto la orden de  suspensión  de  la  procesada  en  el cargo de Alcalde del Municipio de Tolú y  dispuso  que se continuara con la investigación en lo relacionado con el delito  de peculado”.   

Realizada  la anterior secuencia fáctica,  procede  a  hacer  el  análisis  de la resolución proferida, el 17 de enero de  1997,  por  el  doctor Félix Enrique Pardo Castellón, con el fin de determinar  si  tal  decisión,  bajo  el régimen procesal vigente y conforme al alcance de  las  pruebas  con  que  contaba  el  proceso adelantado contra Rocío del Carmen  Quintero Porto, es o no constitutiva de prevaricato.   

Asevera  que en el diligenciamiento existe  claridad  en  cuanto  a  los pasos que deben ser objeto de valoración, como son  “el  haberse  admitido  y  decidido  un recurso de  reposición  interpuesto  contra  una  providencia,  por  medio  de  la  cual se  resolvió  la  apelación  de  una  resolución  de  acusación,  y  el  haberse  precluido  la  instrucción por uno de los dos delitos por los que se procedía,  no  obstante  el  cúmulo  de  evidencias  probatorias en que se fundamentaba la  acusación        proferida        en        primera       instancia”.   

Arguye que, de conformidad con el artículo  197  del  Código de Procedimiento Penal, vigente para la época, la resolución  emitida,  el 24 de diciembre de 1996, por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Sincelejo,  por  medio  de  la  cual  se  resolvió  el recurso de  apelación  interpuesto  contra  la  resolución  de  acusación  dictada por la  Fiscalía  15 Seccional de la misma ciudad, “quedó  ejecutoriada  en  esa  misma  fecha”, sin olvidar,  además,  que  se  trataba de una decisión que no era notificable, toda vez que  en  ella  no  se  había  ordenado  la  prescripción   de la acción ni se  imponía o se sustituía medida de aseguramiento.   

Agrega  que  el  hecho de que el fiscal de  segunda   instancia   que   profirió   tal   resolución   haya   dispuesto  su  notificación,  en nada alteraba la ejecutoria de la misma, pues se sabe que por  inveterada   que   sea   una  costumbre,  ella  no  puede  desconocer  el  texto  legal.   

Sostiene  que, según el artículo 199 del  Código  de  Procedimiento  Penal, se infiere, con claridad absoluta, que contra  las  resoluciones  interlocutorias de segunda instancia no procede el recurso de  reposición  o,  en otras palabras, son inimpugnables, como así lo ha precisado  la   jurisprudencia de la Sala de Casación Penal de la Corte,  lo que  permite  concluir  que  contra  la  resolución  del  24  de  diciembre de 1996,  proferida  por  la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Sincelejo, no  procedía recurso alguno.   

Entonces,  teniendo  en cuenta que era una  resolución  que  había  quedado ejecutoriada al momento de ser suscrita por el  funcionario  que la emitió y que se trataba de una decisión inimpugnable, dice  que  era evidente que con ella se agotaba la competencia funcional del fiscal de  segunda  instancia,  por lo que no podía pronunciarse sobre el levantamiento de  la  suspensión  del cargo que afectaba a la sindicada,  ni “nulitar  la  declaratoria  de  nulidad  inicialmente dispuesta, ni  tampoco  disponer  a favor de la procesada la preclusión de la instrucción por  uno  de  los  delitos por los que se procedía, indistintamente de la causal que  se invocara para el efecto”.   

En  esas  condiciones,  considera  que  el  fiscal   investigado,   al   admitir   y  resolver  un  recurso  de  reposición  improcedente,   “profirió   una   determinación  manifiestamente  contraria a la ley, pues tomó decisiones cuando había perdido  competencia.  Más  aún  si,  como  todo  lo  indica,  obró de esa manera para  acceder  a una investigación con el fin de proferir en ella decisiones de fondo  que     de     otra     manera    no    habría    podido    adoptar”.   

Recuerda  que el recurso de reposición no  versaba  sobre  un  hecho  nuevo  ni  la decisión recurrida dejó de considerar  puntos  objeto  de impugnación, “siendo necesario,  so  pretexto  de  ello, pronunciarse sobre la atipicidad de uno de los delitos y  sobre  el  levantamiento  de la suspensión que la afectaba. No se trataba de un  hecho  nuevo por cuanto el levantamiento de la suspensión se imponía para el a  quo  ante  la  concesión  del  beneficio  de la libertad provisional a que hubo  lugar  por  vencimiento  de  términos  y no había tampoco lugar a pronunciarse  sobre  puntos dejados de considerar porque la declaratoria de nulidad por la que  se  optó  al  desatar la apelación impedía cualquier pronunciamiento de fondo  en  el  proceso  pues,  como  es  apenas lógico, este tipo de decisiones están  condicionadas    a    la   validez   de   la   actuación   procesal”.   

Además,   estima   que  resultaría  un  contrasentido,  conforme  a lo expuesto por la defensa y el Ministerio Público,  reconocer  que  el procesado obró de buena fe al admitir un recurso inadmisible  y,  al  mismo  tiempo, que obró contrario a la ley al momento de la valoración  de  las  pruebas  que  comprometían  la  responsabilidad  de  Rocío del Carmen  Quintero,  pues no puede deslindarse el propósito de amparar a la sindicada con  una  decisión  manifiestamente  ilegal,  de la necesidad que se presentó, para  que  la  preclusión  fuera  posible,  de  admitir  un  recurso  por  naturaleza  inadmisible.   

    

Por  ello, considera que la invocación de  los  derechos  fundamentales  de  la  alcaldesa procesada, como fundamento de la  admisión   del   recurso   de   reposición,   pierde  trascendencia  frente  a  “la  sobreviniente  inseguridad  de las decisiones  judiciales    y    la    naturaleza    también    constitucional   del   debido  proceso”.   

De  otro  lado, advierte que en el proceso  que  se  adelantaba  contra Rocío del Carmen Quintero Porto, concurrían varios  elementos  de juicio que dejaban ver las graves irregularidades en que incurrió  en  el  proceso  de  contratación  de  las  obras  del  acueducto  de Coveñas,  comprometiendo su responsabilidad, tales como:   

Que    al    adjudicar   el   contrato   a   la   firma   que  ocupó   el   segundo  lugar en el orden de favorabilidad y elegibilidad de las  propuestas,  desconoció  la expresa previsión contenida en el artículo 40 del  pliego  de  condiciones,  esto  es,  que  la  aceptación  de  la propuesta más  favorable  implicaba  la  adjudicación  del  contrato  por  parte  del  alcalde  del   municipio,   disposición  que,  de  manera   clara   y   expresa,   le   fue  puesta  de  presente por el  comité encargado de la evaluación de las propuestas.   

Que   la   adjudicación   del   contrato   a   la   firma  que  ocupó   el      segundo    lugar,     implicó     para     el   municipio   no   solo   dejar   de  contratar  con  quien   presentó   la   mejor   propuesta,  sino   una   erogación   adicional   de  $420.000.000,  dinero que pudo  haberse destinado a otras necesidades.   

Que  todo  el proceso de contratación se  adelantó  sin que el municipio de Tolú contara con los lotes de terreno en los  cuales  se debía construir la obra, “circunstancia  ante  la cual el contratista beneficiado con la adjudicación del contrato, dada  la  imposibilidad de iniciar su ejecución, destinó a inversiones de bolsa, los  recursos      recibidos      por      concepto      de      anticipo”.   

Que la alcaldesa se abstuvo de cancelar el  saldo  del  contrato, dado que los dineros destinados a ese fin los invirtió en  la  construcción  del  alcantarillado  de  Coveñas,  para lo cual acudió a la  declaratoria  de  urgencia  manifiesta,  obra que no se había ejecutado para la  época en que se calificó el mérito del sumario en su contra.   

Asegura  que  estas  circunstancias  se  encontraban   acreditadas   en   el   diligenciamiento,   las    que   eran  suficientemente  indicativas  de  la  manera  irregular como se llevó a cabo el  proceso  de contratación, haciendo claridad  en  cuanto  a   que   el   contrato  se  adjudicó  desconociéndose lo  dispuesto  en el pliego de condiciones, mostrando el interés de la procesada de  adelantar  ese trámite sin interesarle la efectiva construcción  de   las   obras   y   la  satisfacción  de  las   necesidades   de   la  comunidad, aspectos  suficientes  que  comprometían  la  responsabilidad de la alcaldesa sindicada como posible autora  del   delito   que   genéricamente   se   denomina   celebración  indebida  de  contratos.   

Manifiesta  que  el  panorama  puesto  de  presente  no  solo  constaba en el proceso sino que además el fiscal de primera  instancia   lo   refirió   en   detalle   al   interior   de   la   providencia  calificatoria.   Ante  ello,  “una  decisión  revocatoria  exigía  un estudio detenido del proceso y un análisis juicioso de  la  decisión  a  cuyo  conocimiento  se  llegó  por vía de la admisión de un  recurso manifiestamente improcedente”.   

“En   lugar    de    ello   –agrega–,   el   fiscal   investigado,  lejos de   emprender  el  esfuerzo  valorativo  que  se  imponía  y  obrando en manifiesta  contradicción   con   los   elementos   de  prueba con  que  contaba,  realizó un análisis tan mínimo como contradictorio y en el que  ni  siquiera  intentó  desvirtuar  al  menos  una de las claras irregularidades  cometidas  en  el  proceso  de  contratación, para terminar concluyendo que por  ausencia  de  dolo  no  se  le  podía  atribuir  a  la  procesada  el delito de  ‘celebración indebida  de   contrato   sin   cumplimiento   de   los   requisitos   legales’”.   

Por  consiguiente,  afirma  que el doctor  Pardo  Castellón  no  sólo emitió una resolución manifiestamente contraria a  la  ley  “por considerar un recurso de reposición  improcedente,     sino     también     por    haber    adoptado    ‘una    resolución   abiertamente  contraria   a  los  elementos  de  juicio  obrantes  en  el  proceso’”.   

Aduce  que  el  doctor  Pardo contaba con  vasta  experiencia  laboral,  habiéndose  desempeñado  en varias oportunidades  como  funcionario  de  segunda  instancia,  lo  que  le permitía tener un claro  conocimiento  de  la viabilidad de los medios de impugnación, de la valoración  probatoria  y  la  necesidad  de  motivación  de  las decisiones judiciales, no  pudiéndose   olvidar,   además,  que  “tenía  a  despacho   doce   procesos  de  segunda  instancia  pendientes  de  decisión  e  ingresados  antes del proceso adelantado en contra de ROCÍO DEL CARMEN QUINTERO  PORTO,  cuyo  estudio  avocó  con  prelación  sobre  aquellos, y el particular  interés  que  mostró  en levantar la suspensión que afectaba a la procesada y  en  enterar  de  esa  decisión  a  la administración departamental”,  aspectos  que  evidencian su propósito de vulnerar la ley y  que  explican “el alcance de la resolución por él  proferida”.   

Finaliza diciendo:  

“En suma, el  despacho  advierte  que  en  este  proceso  concurre prueba indicativa de que el  doctor  PARDO  CASTELLÓN,  obrando  en  conciencia  y  voluntad,  profirió una  resolución  manifiestamente contraria a la ley al admitir la reposición de una  providencia  inimpugnable  para,  por  esa vía, revocar la acusación de que da  cuenta  el  proceso,  incurriendo así en una conducta potencialmente lesiva del  bien  jurídico  administración pública, pues con ella emitió una resolución  careciendo  de  competencia  funcional  y  puso  fin  a  la acción penal que se  adelantaba  por  celebración indebida de contratos en contra de una funcionaria  pública,  cuya  responsabilidad  penal  se  hallaba  seriamente comprometida en  razón  del  cúmulo  de  irregularidades y de la muestra de interés ajeno a la  contratación  pública  que  se  advertían  en  el  proceso  de  contratación  administrativa  de  las obras relacionadas con la construcción del acueducto de  Coveñas”.   

LA    ETAPA   DEL   JUICIO   

La  Sala,  en  la  audiencia preparatoria  llevada  a  cabo el pasado 5 de mayo, negó la prueba testimonial solicitada por  la defensa y no consideró necesario decretar ninguna de oficio.   

  LA    AUDIENCIA   PÚBLICA   

En  el debate público adelantado en esta  causa, intervinieron los sujetos procesales en el siguiente orden:   

1.  La Fiscal  Delegada      ante      la     Corte     Suprema     de     Justicia.   

Luego  de repasar nuevamente la secuencia  fáctica,  de  precisar la decisión que dio origen a este proceso y de recordar  que  el  doctor  Pardo  Castellón  era  un  funcionario con más de 26 años de  servicio  a  la judicatura, ocupando diferentes cargos, incluido el ejercicio de  la  segunda  instancia,  asevera  que  hizo  próspero  un  recurso  contra  una  decisión que era inimpugnable.   

Después  de mencionar los artículos 197  (ejecutoria  de  las  providencias),  199 (reposición) y 201 (inimpugnabilidad)  del  Código de Procedimiento Penal de 1991, afirma que la providencia del 24 de  diciembre  de  1997,  emitida  por  el  titular de la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Sincelejo,  había quedado ejecutoriada el mismo día en  que  fue suscrita, culminándose de esa manera la competencia funcional de dicho  funcionario  judicial.  Además,  se  trataba  de  una  resolución  de  segunda  instancia  no  susceptible del recurso de reposición, toda vez que no contenía  ninguna  de  las excepciones contempladas en el citado artículo 201 que hiciera  procedente dicha impugnación.   

Reitera que el doctor Pardo Castellón no  estaba  en presencia de una decisión producto de reposición, sino frente a una  providencia  que  había  decretado la nulidad del cierre de la investigación y  de  la  providencia calificatoria, resolución que no era susceptible de recurso  alguno.   No   obstante,   haciendo  verdaderos  malabares  interpretativos  del  artículo     201,     admitió    y    resolvió    un    recurso    totalmente  improcedente.   

Considera que el primer escrito presentado  por  la  procesada  Rocío  del Carmen Quintero Porto, en el que, por vía de la  reposición,  solicitaba  la adición de la providencia que declaró la nulidad,  en  el sentido de que se informara al Gobernador que la suspensión del cargo de  alcaldesa  había  dejado  de  tener  vigencia,  por  razón de haber quedado en  libertad   provisional,  no  representaba  mayor  inconveniente,  pues  era  una  determinación que se podía tomar de oficio.   

Se  cuestiona,  entonces, “¿cuándo  la  nulidad  parcial  de la  nulidad decretada por el doctor Pardo Castellón por  la  vía de reposición, se convierte en decisión abiertamente, manifiestamente  ilegal  ?”.  Estima que se debe tener en cuenta el  segundo  memorial presentado por la alcaldesa, adicionando el primero, por medio  del     cual     solicitó     “’se   anule  la  nulidad’”,         por       cuanto       que       “’no   podía  anularse  un  proceso  tramitado    con    total    apego   a   los   principios   rectores’”,   deprecando   al  fiscal  se  pronunciara  sobre  el  fondo del asunto, es decir, su inocencia por atipicidad,  propuesta  que  acogió el doctor Pardo, “aunque en  manera  poco  ortodoxa,  porque  accedió  a  anular  la  anulación, pero se le  olvidaron   las   causales   de   nulidad  del  artículo  304  del  Código  de  Procedimiento Penal”.   

Así, afirma que es necesario observar lo  que dijo el doctor Pardo Castellón en su providencia:   

Refiere  que  en  la  primera página, se  detuvo   en  aspectos  relacionados  con  los  derechos fundamentales de la  sindicada,  recalcando  su  respeto  en todo momento, consideraciones que, en su  criterio,  no  eran del caso, toda vez que no se había presentado la violación  de  alguno  de  ellos,  en la medida en que la misma memorialista indicó que la  investigación      se      había      adelantado      con      “’respeto     por     todas    las  garantías’”.   

Posteriormente, dice, lejos de abordar el  estudio  de  la  adición  pedida  respecto  de  la  suspensión  provisional  y  considerar   las   causales  de  nulidad,  se  ocupó  en  otra  “inoficiosa  lucubración en torno a la compresión de los vocablos  usados   en   la   contratación  administrativa  (que  parecían  adecuadamente  entendidos  por el fiscal de primera instancia que profirió la decisión que el  doctor  PARDO  CASTELLÓN  anularía  luego),  para  terminar  abonándole  a la  sindicada   –como  si  hubiese  sido necesario–  el  derecho de pensar, a ejercer su voluntad, discrecionalidad, libre albedrío,  y  negando  que  ‘fuera  una     muñeca     sin    voluntad’,  etc.,  para  liberar a la funcionaria de la responsabilidad por  haber  incumplido  la  obligación de adjudicar la licitación al proponente que  había  ocupado  el  primer  lugar de elegibilidad, reconociéndole derechos que  nadie  había  desconocido  ni  coartado de forma alguna, ni siquiera a nivel de  discusión teórica”.   

Argumenta   que   estas  disquisiciones  inoficiosas  fueron el mecanismo para ambientar la decisión que luego, en menos  de  dos  páginas, tomó, como fue la de “anular la  nulidad   –pero  sin  causales  de nulidad–, y  sólo   en   cuanto   hace   a   la  ‘contratación   ilegal’,  asunto  que  abordó haciendo un reexamen que nada tuvo que ver  con   las   causales   de   nulidad,   sino  con  el  elemento  de  culpabilidad, para terminar declarando  que   procedió   sin   dolo  cuando  adjudicó  la  licitación  al  segundo  proponente  en  orden  de  elegibilidad  y  no  al  primero,  como  era  su  obligación, de acuerdo con el  artículo       40      del      ‘pliego  de  condiciones’     de     la    Licitación    04    de    1995,    decisión  que no explicó –siendo  también su obligación, de  acuerdo   con   el   artículo   30.11   de   la   Ley  80  de  1993–,            mediante  resolución  motivada, por lo  cual,  la  racional  escogencia  que  invocó  como justificante, se trajo ya en  condición  de  sindicada, y como evidente coartada con la que intentó explicar  su  comportamiento,  que  seguía siendo inexplicable, teniendo en cuenta que el  escogido,  no  solo no era el proponente que tenía el mayor puntaje en el orden  de  elegibilidad,  sino  que  había  una buena distancia entre el puntaje de la  compañía  ganadora  y  el  de  la  compañía elegida, cuya propuesta, además  sobrepasaba    la    del   proponente   mejor   calificado   en   la   suma   de  $420.000.000”.      

Precisa que a esa ciudadana, la alcaldesa  de  Tolú,  fue  la que el doctor Pardo Castellón le precluyó la instrucción,  dejando  en  la  impunidad  su  conducta,  a  toda luces constitutiva de injusto  típico.   

Sostiene  que  también  es  absurda  la  explicación  del  doctor  Pardo  cuando  sostuvo  que  para él “’punto       nuevo’”   es   cuando  “’hubiera    planteamientos    del  impugnante  no  considerados  al momento de la decisión del recurso’”,   interpretación   que,   en  criterio  de la Fiscalía Delegada, es “oportunista  y  acomodaticia,  y que es la que tuerce el cuello a la norma para hacerle decir  lo  que  ella  no  dice,  pero  que  el  funcionario quiere que diga”.   

Recuerda que el artículo 201 del Código  de  Procedimiento  Penal,  de  manera excepcional, preveía la reposición de la  providencia  que  resolvió  el recurso de reposición, siempre y cuando tuviera  puntos  nuevos  que no hubiesen sido decididos en la anterior, situación que no  se  dio  en  este  caso, toda vez que se trataba de una providencia que decidió  una apelación y, por lo mismo, era inimpugnable.   

Dice  que  si  se admitiese, en gracia de  discusión,  que  el  doctor  Pardo  podía  tramitar la reposición interpuesta  contra  la  providencia que decidió la nulidad, tal afirmación pierde sustento  al  observar que no habían puntos nuevos en la decisión del 24 de diciembre de  1996,  ni  existía  causal alguna de nulidad que permitiera la anulación de la  decisión.   

“Pero  bien   –agrega–;  admitamos  (y  repetimos  que lo hacemos en gracia de discusión), que el doctor  PARDO     CASTELLÓN     podía    ‘complementar’  la  decisión  del 24 de diciembre (aunque ello era innecesario,  porque  podía  hacerlo  el  fiscal  de  primera  instancia,  oficiosamente  o a  petición  de parte), porque era conclusión lógica de la decisión de nulidad,  pero  es  que no se limitó a eso, sino que su discurso referido al ‘punto       nuevo’,  como  justificación  de  su sui  generis  decisión,  en  últimas,  también  resulta incongruente, y veamos por  qué:   

“Admitamos  como  hipótesis  discutible,  que  el doctor PARDO CASTELLÓN podía revisar la  nulidad  decretada,  teniendo  presente  que  él  consideraba  que ‘el  punto nuevo era la solicitud de  la  Alcaldesa  de  que  la  Fiscalía  se pronunciara sobre su suspensión, y no  hacerlo,      equivalía      a      violarle      sus      derechos’;  ¿cuál  fue  entonces la razón  para,  excediendo los límites que le imponía el artículo 217, se adentrara en  el  estudio  de  la  culpabilidad, y terminara precluyendo, si lo pedido fue, de  una  parte,  la  adición  en  lo  relacionado con la suspensión, y de otra, la  nulidad,    que    tenía    precisas    causales,   ninguna   de   las   cuales  trató?.   

“Pero si en  lugar  de circunscribir su decisión a lo pedido, hace un discurso jurídico que  resulta  absolutamente acomodaticio, usando fórmulas generales y sacramentales,  y  frases  de  cajón  siempre  recurridas  y generalmente incontrovertibles, se  adentra,  sin  competencia  para  ello, en el análisis de los fundamentos de la  imputación  y de la atribución de responsabilidad a partir de la prueba, para,  pasando  por  alto  que  en  el  proceso  obran  los  elementos  de  convicción  necesarios  para  advertir  que  había un serio compromiso para la Alcaldesa de  Tolú  en  el  proceso  que  se  le  adelantaba,  proceder  a exonerarla de toda  responsabilidad,  trajinando  con  un  mal  traído  concepto  de culpabilidad y  concluyendo  ausencia  de  dolo,  cuando  la  prueba  acopiada predicaba todo lo  contrario,  permitiendo  concluir  que  la  decisión  del doctor FÉLIX ENRIQUE  PARDO  CASTELLÓN  no  solamente  fue  manifiestamente  contraria a la ley, sino  también   a   la   prueba   que   obraba   en  el  proceso  que  en  mala  hora  decidió”.      

En  consecuencia,  concluye que el doctor  PARDO  CASTELLÓN se apartó ostensiblemente de la ley, adecuándose su conducta  en  el  artículo  149  del  Decreto  100  de  1980,  vigente  para  la  época,  comportamiento que realizó con conciencia y voluntad.   

Del mismo modo, considera que la conducta  punible  imputada  es  agravada,  conforme  a  lo  previsto en el numeral 11 del  artículo   66  de  la  citada  codificación,  por  lo  que,  en  su  criterio,  “no  se  podrá  ubicar  la  pena  en  el  cuarto  inferior,  como  lo  manda  la  norma  vigente, relacionada con los criterios de  dosificación punitiva”.   

Adicionalmente,  solicita  a  la  Corte  imponga  al  doctor  Pardo  Castellón  la  pena  accesoria  que  contemplaba el  artículo  42.4  del  Código  Penal de 1980, modificado por la Ley 365 de 1997,  pues,  a  su  juicio,  “es  indiscutible que   su     profesión     de    abogado,    fue    el   instrumento   intelectual   y material que sirvió al justiciable para  dar  cumplimiento  a  su propósito de violar la ley favoreciendo injustamente a  quien  debía  responder  a  la justicia…”.    

Por  lo  expuesto, solicita que en contra  del funcionario acusado se profiera sentencia condenatoria.   

2.    El  Procurador   Delegado.   

Luego de hacer un recuento cronológico de  los hechos, divide su intervención en dos partes, a saber:   

A.   Lo  relacionado  con  la  conducta  desplegada  por  del  doctor  Pardo  Castellón, consistente en haber admitido y  tramitado     un    recurso    de    reposición    contra    una    providencia  inimpugnable.   

Después  de  citar  apartes del concepto  emitido  por el Ministerio Público en la etapa precalificatoria del sumario, de  mencionar  unos  fragmentos  de  la  resolución de acusación y de reseñar una  jurIsprudencia  de  esta  Corporación  y el texto de un doctrinante, afirma que  las  circunstancias  que  rodearon al funcionario Pardo Castellón al momento de  decidir  el  recurso de reposición interpuesto contra el pronunciamiento del 24  de diciembre de 1996, se pueden sintetizar así:   

    

1. Se  dictó una providencia que no decidía cuestiones de fondo del  proceso y relacionadas con las peticiones de la impugnante.     

    

1. La  acusada  interpuso recurso de reposición argumentando que era  procedente  dicho  trámite, para lo cual se apoyó en un texto de procedimiento  penal,  cuyos  reconocidos  tratadistas  ostentaban  los  cargos de Procurador y  Viceprocurador General de la Nación.     

    

1. El  agente  del  Ministerio  Público  que intervino en el proceso  coadyuvó  no  solo  la  procedencia del recurso de reposición sino también la  solicitud de preclusión de la investigación.     

    

1. “Para los funcionarios judiciales es  un  apoyo  para  su  decisiones,  el  aporte  argumentativo  de  las  partes,  y  particularmente  del  Ministerio  Público  cuya  orientación  jurídica  es de  recibo,  en  la  mayoría de las ocasiones, dada la seriedad de su función y el  papel     decisivo     que    representa”.      

Sostiene  que  de  lo  expuesto  es obvio  colegir  que  el doctor Pardo Castellón, al concluir que debía dar trámite al  recurso   interpuesto,   tuvo   en  cuenta  los  argumentos  aportados  por  los  intervinientes,  lo  que  ha  sostenido  a  lo  largo  de  esta  investigación.   

Por  lo  tanto,  estima que no es posible  deducir  el  prevaricato  del  comportamiento relacionado con la concesión y el  trámite  del recurso de reposición, ya que, como lo ha sostenido el Ministerio  Público  desde  el  alegato  precalificatorio, “el  aspecto  subjetivo  de  la infracción se encuentra desvirtuado, toda vez que la  decisión  aparece como producto de análisis de circunstancias y situaciones, y  de  valoración de elementos de juicio que llevaron al funcionario cuestionado a  una  conclusión  que,  bien  sea  correcta o errada, no obedeció a un ánimo o  propósito  de  actuar  contrariamente  a  lo  dispuesto  por la ley”,  además  de  que  se  trató  de  un asunto que no resultaba  elemental  y  sencillo.  Por  el contrario, tenía tanta controversia que aun se  sigue  discutiendo  si  era  o  no  procedente admitir y tramitar el multicitado  recurso de reposición contra una decisión de segunda instancia.   

En   esas  condiciones,  considera  que  “no  es  posible  sostener  que  el  doctor FÉLIX  ENRIQUE  PARDO  CASTELLÓN hubiera incurrido en el punible que se le endilgó en  la  resolución  de  acusación y, por consiguiente, se solicita a la H. Sala de  Casación     Penal,     un     pronunciamiento     concordante     con     esta  sustentación”.   

B.   La   conducta   relacionada   con  “la  definición de asuntos propios del proceso, o  ‘de  fondo’,      como      es      común  denominarlos”, decisión en la que declaró que la  procesada   no  incurrió  “en  delito  alguno  de  CELEBRACIÓN   INDEBIDA   DE   CONTRATO   SIN  CUMPLIMIENTO  DE  LOS  REQUISITOS  LEGALES”.   

Después  de  mencionar  brevemente  las  consideraciones  plasmadas  en la providencia cuestionada, asevera que el doctor  Pardo  Castellón  no  analizó  ni valoró las pruebas, requisito trascendental  para  la  fundamentación  de  una  decisión judicial, limitándose a la simple  enumeración  de ellas y sin “mediar consideración  o  pronunciamiento  alguno  en  cuanto a su importancia o significación para la  investigación”.   

Dice que la situación que debía resolver  el   doctor   Pardo  no  era  tan  sencilla  como  lo  dejó  ver  su  simplista  razonamiento,  lo  que implicaba un profundo análisis de las circunstancias que  rodearon la conducta de la procesada, a saber:   

–  Cuando  se  abrió  la licitación, el  pliego  de condiciones señalaba con exactitud las características técnicas de  los  elementos  requeridos, los requisitos de los participantes, los factores de  escogencia,   los   criterios  para  la  adjudicación  y  los  plazos  para  la  presentación  de  la  documentación  y  la  firma  del  contrato.  Además, el  artículo    40    del   pliego   de   condiciones   textualmente   establecía:  “La  aceptación  de  la  oferta  más  ventajosa  implicará  la  adjudicación  del  contrato,  la cual competerá al Alcalde del  Municipio”.   

En otros términos, refiere que el pliego  de  condiciones consignaba las reglas de juego, ya que de manera precisa y clara  establecía  requisitos,  fijaba  los  criterios  a  tener  en  cuenta  para  la  calificación,  señalaba  los  plazos  y  determinaba  la  consecuencia  de  la  aceptación de la oferta más ventajosa.   

–  El  Comité Evaluador de Licitaciones,  integrado  por  el Secretario de Desarrollo Municipal, el Director de la Oficina  de   Planeación   Municipal   y   Consultores  de  Desarrollo,  “presentó  los  resultados  de  su  gestión  en  un documento que  constaba  de una conclusión titulada ‘Orden  de  Elegibilidad’,  que  se  soportaba en análisis de factores evaluados, puntajes  obtenidos  y  cuadros  explicativos  sobre  la  razón  de  asignación de tales  puntajes”,  siendo  claro  que  en  el  orden  de  elegibilidad  se encontraba en primer lugar la firma SOUTH AMERICAN –  CONSTRUCCIONES  SIGMA,  con 92.00  puntos.   

–  En la audiencia para la adjudicación,  llevada  a  cabo  el  27  de  marzo  de 1995, participaron la Alcaldesa Quintero  Porto,  el citado Comité de Licitaciones, el Contralor Municipal, la Personera,  el  Asesor  Jurídico  y  los  representantes  de las firmas elegibles, quedando  constancia  en el acta que la burgomaestre solicitó un receso para analizar las  solicitudes  y  hacer  la  correspondiente  adjudicación,  luego  de lo cual se  expidió  la  Resolución  N°  064  de  la  misma  fecha, por medio de la cual,  atendiendo  los  factores  y  criterios  de  evaluación  y  los  principios  de  objetividad  y  transparencia,  según así quedó consignado, se estableció la  propuesta  presentada  por  la  UNIÓN TEMPRAL SURTIELÉCTRICOS DEL CARIBE LTDA.  – RAÚL FONSECA G. como  la  más  conveniente  para  la  ejecución  de  la  obra  y,  por  lo mismo, su  adjudicación.   

Dice  que como se puede observar a simple  vista,  la  firma  seleccionada por la doctora Quintero Porto fue la que, según  el  Comité  Evaluador, ocupó el segundo lugar en el orden de elegibilidad, con  78.90  puntos,  frente  a  los  92.00  de la empresa SOUTH AMERICAN – CONSTRUCCIONES SIGMA.   

Por ello, manifiesta que elegir a aquella  empresa  pasando  por encima de la objetividad planteada en el informe final del  citado  Comité,  el  que contaba con una plena justificación y explicación de  cada   uno   de  los  ítems  y  la  motivación  para  el  otorgamiento  de  la  calificación  asignada  a  cada participante, “sin  aducir  una  razón  convincente  sobre  la  descalificación  del  primero y la  conveniencia   del  segundo”,  se  constituía  en  algún  tipo  de  irregularidad  que,  al  menos, debió alertar al doctor Pardo  Castellón  para  que  hiciera  un  análisis  serio  tendiente  a  establecer o  desvirtuar la existencia del hecho.   

Arguye que en el proceso de adjudicación  se  echan  de  menos los reparos que pudo haber tenido la Alcaldesa en contra de  la   evaluación   realizada   por   el  Comité  Evaluador,  y  “se             observan             otras             anomalías  que aparecían de bulto en  el  expediente, como es el hecho de que la licitación y la contratación fueron  adelantadas  sin  que el municipio de Santiago de Tolú contara con los lotes en  los  cuales  habría  de darse cumplimiento a las obras que formaban parte de la  ejecución  del  contrato”, además de que, como lo  indicó  la  fiscalía en el pliego de cargos,  la adjudicación a la firma  calificada  en  segundo  lugar  implicó  no  solo  dejar de contratar con quien  presentó  la  mejor  propuesta,  sino una erogación adicional de $420.000.000,  que bien pudo haberse destinado a otros asuntos apremiantes.   

Considera  que  la  decisión  del doctor  Pardo  Castellón  fue abiertamente contraria a los medios de prueba obrantes en  el  proceso, “y frente a su argumento de que en los  procesos     licitatorios     existen     dos     etapas:    una    objetiva, que está constituida por el  cumplimiento  de  los  requisitos  que  el  proponente debe aportar respecto del  pliego  de  condiciones, y la evaluación  que  el  intelecto  del  agente  del  Estado  debe efectuar para  precisar  la  condición objetiva o coincidencia del proponente con el pliego de  condiciones,  cabe  preguntarse  si  esa  evaluación que hace el funcionario es  absolutamente  libre,  discrecional  y  proveniente  de  su  arbitrio, o, por el  contrario,  está  sometida  a  reglas  o parámetros o principios tales como la  selección  objetiva  y  la  transparencia, cuyas definiciones están plenamente  consagradas    en    la   ley   de   contratación   administrativa?”.   

Añade  que  la  consideración en que el  acusado  también  apoyó  su  decisión,  según  la cual, a un funcionario del  Estado,  que ante todo es un ser humano, no se le puede pedir que actúe como un  computador,  se  cae  de  su  peso,  toda  vez  que  si  le fuera permitido a la  Alcaldesa  escoger  a  su  discreción  la  firma  beneficiada  con el contrato,  “qué   razón   de   ser  tendría  entonces  la  licitación?.  Y  qué  propósito  podría  tener  la  existencia de un Comité  Evaluador  de  Licitaciones,  si  el  orden  arrojado  como  consecuencia  de la  calificación  objetiva, contaba con tan poca significación para la alcaldesa?.  Y     qué     razones     de     ‘conveniencia’  inexplicada  e  injustificada  se  imponían  por  encima de ese  Comité Evaluador?”.   

A   continuación,   para  resaltar  la  importancia  del  comité y su informe evaluativo, cita a un doctrinante, lo que  le  permite  concluir  que  dicho informe es trascendental en el trámite de las  licitaciones,  toda  vez que contiene los elementos valorativos claros, precisos  y  razonados  que sirven a la administración como fundamento para la selección  del contratista.   

Sin embargo, se pregunta si tal informe es  vinculante  y obligatorio para el funcionario competente o si puede separarse de  él.  Al respecto, comenta que la doctrina y la jurisprudencia están divididas,  pero,  frente  a  tal  problemática,  hace  suya la siguiente conclusión de un  doctrinante:   

“’No  obstante lo anterior, cuando el  órgano  competente  para  adjudicar  la  licitación  resuelve  apartarse de la  recomendación  del comité asesor, debe exponer razonadamente la motivación de  su   proceder,   por  repugnar  al  procedimiento  de  selección  objetiva  las  decisiones  discrecionales,  vagas, inmotivadas o caprichosas. En el evento, que  la  adjudicación  de  la  licitación  se  realice  en  sentido  opuesto  a  la  recomendación  del  comité  asesor  y  no  se  expongan  en el respectivo acto  razones   serias  y  atendibles  que  justifiquen  esa  conducta,  la  decisión  adolecerá  de  nulidad  por  insuficiencia de motivación. Esta es la posición  que  ha  adoptado la jurisprudencia nacional y otras legislaciones en el ámbito  del       derecho       comparado’”.   

Continúa diciendo:  

“Debe en este  momento   el   Ministerio  Público  hacer  énfasis  en  el  aspectos  anotado,  resaltando  que,  dentro  del expediente está debidamente acreditado que dentro  de   la  audiencia  de  adjudicación  de  la  plurimencionada  licitación,  la  alcaldesa  solicitó  un  receso,  luego de lo cual apareció con la resolución  designando  al  contratista  beneficiado,  pero  sin  aportar  ni  consignar razones o motivos por los cuales se apartaba del concepto  del   comité   y   escogía   a  quien  había  sido  seleccionado  en  segundo  lugar”.     

Recuerda que en la Resolución 064 del 27  de  marzo  de  1995,  la  alcaldesa  procesada  sostuvo  que, en atención a los  factores   y  criterios  de  evaluación  y  los  principios  de  objetividad  y  transparencia,   adjudicaba   el   contrato   a   la   firma   UNIÓN   TEMPORAL  SURTIELÉTRICOS  DEL  CARIBE  LTDA.  –  RAÚL  FONSECA  G..  Sin  embargo, estima que no basta mencionar  tales   principios  como  para  considerar  que  se  cumplieron  los  requisitos  fácticos  y jurídicos en orden a dar término a un proceso licitatorio, ya que  es  indispensable  que  “la decisión sea motivada,  como  se  ha  sustentado,  y eso fue precisamente lo que no hizo la funcionaria,  dejando   en  el  aire  un   sentimiento  de  discrecionalidad  arbitraria,  capricho y voluntariedad personal”.   

Por  consiguiente,  recalca  que  con los  elementos  de  juicio  existentes  en  el  diligenciamiento,  era  absolutamente  exigible  al  doctor  Pardo  Castellón analizar, controvertir y sustentar todos  los  aspectos  relacionados  con  la  conducta  de la procesada, la que sin duda  aparecía  irregular, y, de esa manera, profundizar con el objeto de llegar a un  pronunciamiento   serio.   Sin   embargo,   contrario  a  ello,  “luego  de  una  enumeración  de  la  pruebas  y  un planteamiento  traído  y  acomodado, de repente, en paracaídas, llega a la conclusión de que  no   hay   intención   y   que   no   se   puede   endilgar  delito”.   

“ESTOS  ES  PRECISAMENTE              –agrega–  LO  QUE  CONSTITUYE LA CONDUCTA PREVARICADORA, EN LA  MEDIDA  EN  QUE,  DE UNA MANERA ABIERTAMENTE CONTRARIA A LAS EVIDENCIAS OBRANTES  EN  EL  PROCESO, EL FUNCIONARIO ACUSADO DECLARÓ QUE LA SEÑORA ROCIO DEL CARMEN  QUINTERO  PORTO,  NO  INCURRIÓ  EN  DELITO ALGUNO DE  ‘CELEBRACIÓN INDEBIDA  DE   CONTRATO   SIN   CUMPLIMIENTO   DE   LOS   REQUISITOS   LEGALES’”.   

Finalmente,   asegura    que   la   vasta  experiencia  del  doctor  Pardo Castellón,  el  hecho  de  que  tenía doce procesos al despacho que habían ingresado antes  del  adelantado en contra de Rocío del Carmen Quintero, cuyo estudio avocó con  prelación  a  aquellos,  y  el  particular interés que mostró por levantar la  suspensión  que  la  afectaba  y  enterar de esa decisión a la administración  departamental,  son  aspectos  que  permiten  concluir en el manifiesto y doloso  propósito de vulnerar la ley.   

Por  lo  expuesto,  solicita  a  la Corte  proferir  sentencia condenatoria en contra del enjuiciado, doctor Félix Enrique  Pardo  Castellón,  como  autor material del punible de prevaricato por acción,  al  tenor  de  lo  dispuesto  en  el  artículo  149  del Código Penal de 1980,  modificado por el artículo 28 de la Ley 190 de 1995.   

3. El acusado  Félix Enrique Pardo Castellón.   

Luego  de  recordar brevemente los hechos  motivo  de  juzgamiento  y  de leer la providencia cuestionada, sostiene que son  muchos   los  razonamientos  de  la  resolución  de  acusación,  pero  ninguno  demuestra  el  elemento  intencional  de  la  conducta, es decir, son varios los  argumentos  abstractos  que  se  hacen  respecto  de  la  responsabilidad  y  el  comportamiento  doloso,  sin especificar cuáles son los indicios graves y cómo  se  construyeron,  lo  que, en su criterio, vulnera el derecho de defensa y, por  ende, el debido proceso.   

Por  ello, estima que el pliego de cargos  proferido  por  el  señor Vicefiscal no cumple con las exigencias legales, pues  no  soportó  su  decisión  en  indicios  graves  o  en  un testimonio digno de  credibilidad,  lo  que  significa  que  se  trata  de  una  providencia ilegal y  contraria al rito procedimental.   

Afirma  que  es  posible  que  se  haya  equivocado,  “porque es de la naturaleza humana el  errar,   pero   de   allí   a   predicar   un   error  inexcusable,  hay  mucha  diferencia”,  para lo cual cita una jurisprudencia  de la Corte Constitucional.   

Asevera  que  la  experiencia  laboral no  puede  por  sí  sola  demostrar  el  dolo,  como  tampoco  lo  sería la escasa  formación  académica.  Por  lo  mismo,  insiste  que  en  este caso el dolo se  presume  antes que demostrarlo, ya que por ninguna parte se hace referencia a la  manera como se logra probar la intención criminal.   

A    su    juicio,    “sigue   campeando   dentro   del   protocolo   LA  RESPONSABILIDAD  OBJETIVA,   ya   que   no   se   presume  la   buena   fe,   sino   la  mala  fe,  la intención,  el  ánimo  prevaricador”, pues puede admitirse que  se  equivocó,  o  que erró al interpretar inadecuadamente la ley, pero ello no  es  suficiente para edificar el dolo o el propósito deliberado de violar la ley  penal.   

Así  mismo,  argumenta  que  el  señor  Vicefiscal  omitió  apreciar  en  conjunto  las  pruebas  relacionadas  con  la  culpabilidad,   toda   vez   que   apenas   quedó   enunciada   “la  temática  de este importante elemento del hecho punible en el  folio  28  de  la  Resolución enervada cuando en el considerando N° 9 se adujo  que    el    funcionario    obró   ‘con           conciencia           y          voluntad’,  pero  nada  más encuentra en el  proveído  al  respecto, luego puede perfectamente enunciarse el quebrantamiento  al   derecho   de   defensa   por   ausencia   total  de  motivación  sobre  la  culpabilidad”,  aspecto  que la ley procesal penal  exige  con  claridad  al  momento  de  la  calificación  del sumario, según el  artículo 441 del antiguo Código de Procedimiento Penal.    

Reitera  que  el señor Vicefiscal debió  demostrarle,  con  un  testimonio  o,  al  menos,  con  dos  indicios graves, la  supuesta  violación  ostensible  y  dolosa  de  la  ley,  máxime  cuando se ha  “superado  el  concepto  antiguo según el cual el  dolo  está implícito en la conducta. No puede un instructor o juzgador dar por  probado  tan  medular  elemento  del  tipo penal como es el de la culpabilidad a  través  de  la  presunción  porque ello le está velado por la ley”.   

Afirma que la conciencia de la ilicitud es  requisito  esencial del dolo y el funcionario acusador o juzgador debe demostrar  que  el  “agente obró plenamente convencido que el  acto   manifiestamente   contrario   a   derecho   era   intencional”.  En  consecuencia,  estima  que  en  esta causa era necesario  probarse  que  él  quería  obtener  un  resultado  contrario a la ley y que la  providencia  que dictó llevaba el selló indiscutible del propósito manifiesto  de  apartarse  de  ella, juicio que, en su criterio, aquí no se ha hecho y, por  el  contrario,  “pareciera que bastara con la mera  adecuación  típica de la conducta como se observa a lo largo de la cuestionada  providencia”.   

Luego  de  insistir  que  el  Vicefiscal  presumió  el  dolo  en la resolución de acusación, lo que prohíbe la ley, de  citar  a unos doctrinantes y de mencionar unos apartes jurisprudenciales de esta  Corporación,   relacionados   con   el   concepto   y   la   prueba  del  dolo,  concluye:   

“Ha explicado  el  suscrito,  con  base en la amplia experiencia que ha tenido como servidor de  la  Administración  de Justicia en un tiempo aproximado de 30 años, que jamás  violó  la  ley  penal intencionalmente, y mal podría en el ocaso de mi carrera  producir  un acto contrario a derecho, tuve mi propia interpretación de la ley,  pero  la  Vicefiscalía  ha  querido  ver  en  su  particular criterio el ANIMUS  DELINQUENDI,   sin   superar   el  pasado  inmaculado  del  suscrito”.   

Por considerar que el dolo o la intención  criminal  no  se  probó  en este diligenciamiento, solicita a la Corte proferir  sentencia absolutoria.   

4. El defensor  de Félix Enrique Pardo Castellón.   

Comienza        su   intervención   diciendo  que  tenía  como  propósito  iniciar  la  defensa  con  base  en  un plan previamente elaborado. Sin embargo,  debido  a  los  argumentos  de  la  fiscalía,  se  vio  obligado  a  variar los  suyos.   

Asevera  que pretende demostrar que tanto  la  alcaldesa  de  Santiago  de  Tolú  como  el  doctor  Félix  Enrique  Pardo  Castellón  fueron  víctimas de unos hechos ocultos que no emergen del proceso,  lo   que  se  acentúo  por  la  ignorancia  de  los  funcionarios,  quienes  no  descubrieron tales situaciones irregulares.   

Recuerda  que  pese a que el doctor Pardo  Castellón  proviene  de  una  familia  humilde,  logró  superarse cursando sus  estudios  primarios, secundarios y de derecho en la Universidad de Cartagena, lo  que   le  permitió  ser  maestro  de  escuela  y,  posteriormente,  funcionario  judicial,  al punto que concretó varios escalafones en la judicatura. Acota que  cuando  le  correspondió  conocer  el proceso adelantado contra la alcaldesa de  Tolú,  contaba con 26 años de servicio a la Rama judicial y estaba por cumplir  su jubilación.   

Así  mismo,  asegura que no es irregular  que  habiendo  tenido  su defendido varios expedientes al despacho por resolver,  hubiese  decidido  atender  el  relacionado  con  la procesada Rocío del Carmen  Quintero,  pues  los  que  ejercen  funciones judiciales saben perfectamente que  cuando   tienen  un  proceso  que  implica  controversia  y  donde  los  sujetos  procesales  piden  que  se  les  resuelvan  sus  peticiones,  se procede a   atenderlo,    pues,    insiste,   se   escoge   el   que   está   siendo   más  solicitado.   

Por  ello,  concluye  que el doctor Pardo  Castellón  no  seleccionó  dicho proceso por razón de un acto de corrupción,  sino porque tenía el deber de administrar justicia.   

De  otro  lado,  informa  que  cuando  la  alcaldesa  de  Tolú adjudicó el contrato al segundo proponente, se originó un  escándalo  y,  en consecuencia, la empresa americana presentó una demanda ante  el   Tribunal   Contencioso   por  $2.000.000.000,oo,  suma  que  se  aumentará  considerablemente  cuando  culmine  el  proceso.  Así,  cuando  el doctor Pardo  Castellón  precluyó  la  investigación a favor de Rocío del Carmen Quintero,  el  fiscal  de  primera  instancia  montó  en  cólera y, en connivencia con la  Directora  Seccional de Fiscalías de Sincelejo, funcionarios que posteriormente  fueron  encarcelados por corruptos, se revelaron contra su superior jerárquico,  actitud  que  se  tradujo,  por  parte  del  citado  fiscal, en la presentación  insólita  de  una  demanda  de  tutela,  toda vez que tenía interés de que la  alcaldesa  fuera  condenada,  lo  que,  a  su  vez,  haría  prospera  con mayor  comodidad     la     demanda    millonaria    presentada    por    la    empresa  americana.   

Precisa que esas son las razones ocultas a  las  que se refirió desde la celebración de la audiencia preparatoria, las que  no  afloran  en  este  proceso  pero  que  tienen  incidencia  jurídica  en  el  mismo.   

Después    de    criticar    algunas  consideraciones   hechas   por  el  Vicefiscal  General  de  la  Nación  en  la  resolución  de acusación, las que considera desfasadas y ajenas al ámbito del  derecho  procesal  penal  y  de  citar  a  varios  doctrinantes  en  materia  de  contratación   administrativa,   argumenta  que  no  era  obligación  para  la  alcaldesa  escoger  al primer calificado en la licitación por parte del comité  asesor,  situación  que,  en  criterio de los autorizados en dicho tema, no era  inflexible  para  dicha  funcionaria,  pues,  conforme  al interés público que  constituye  la finalidad del contrato, tiene la facultad de seleccionar al mejor  proponente.   

Así mismo, manifiesta que los informes de  los  evaluadores  no  son  obligatorios  para  el funcionario adjudicante, quien  podrá  apartarse  exponiendo  las  razones  de  su  disenso  en  el  acto de la  adjudicación.  Por  ello,  en  ejercicio  del  principio de la autonomía de la  voluntad,  la  alcaldesa  podía disentir del citado informe evaluativo, aspecto  que  llevó al doctor Pardo a decir en su providencia que la procesada no era un  computador.   

Sin embargo, considera que a su defendido  se  le  acusa  por  haber  tenido  un  criterio jurídico, es decir, le han dado  categoría  de  delito  a  un  criterio  jurídico,  que,  a  su modo de ver, es  superior   al   expuesto   por   el   doctor   Jaime  Bernal,  a  quien  respeta  “pero   no   es   el   dueño  de  la  sabiduría  jurídica”.   

Agrega  que  si  bien  dicho  doctrinante  abrió  el camino al recurso de reposición en segunda instancia, de todos modos  tal  posibilidad  no se limita al hecho nuevo sino a algo más profundo, como es  la  violación  de  una garantía fundamental de los sujetos procesales, quienes  tienen  derecho  a  que  se  les  resuelva  todos  los  extremos.  Por lo tanto,  “no  es  que se trate de un hecho nuevo, eso no es  un  criterio  valorativo  suficiente, es que tiene que haber la violación de un  derecho fundamental”.   

Continuando   con   el   tema   de   la  contratación  administrativa  y  teniendo en cuenta los estudios de los autores  citados,  sostiene  que  no  fue  un  capricho  del  doctor Pardo afirmar que la  procesada  no  violó ningún contrato administrativo, porque de lo contrario se  tendría  que  aceptar que el principio de la autonomía de la voluntad se acaba  y  lo  conceptuado por los citados asesores se convierte en una camisa de fuerza  jurídica  que coloca al funcionario “como si fuera  un  muñeco”, según así lo indicó el acusado en  la providencia cuestionada.   

Así,  entonces, asegura que la alcaldesa  no   cometió   ninguna   ilicitud  cuando  adjudicó  el  contrato  al  segundo  proponente,  explicando  en  su indagatoria las razones de esa adjudicación, no  pudiéndose  olvidar que el objetivo fundamental de la autonomía de la voluntad  es  escoger  al  mejor  proponente que le convenga a la administración, sin que  implique  ello que se deba seleccionar el precio más bajo. Además, recalca que  todos los trámites de la licitación se cumplieron correctamente.   

Refiere    que    otro   punto    en    el    que   se   ha   apoyado   la   acusación   de  la  fiscalía,  es  aquél,   según    el   cual,   en   el   pliego   de   condiciones     se    decía    que    la    alcaldesa   estaba     obligada     a     escoger     al     primer  proponente,   lo   que   no   es   así,  ya   que   ”las  condiciones  no  pueden estar por  encima  de  la  ley”,   esto   es,   no   pueden  pactarse  violando el principio de autonomía de la voluntad y  de la libertad que tiene el contratante.   

De   otro   lado,   manifiesta  que  la  Vicefiscalía   afirmó   que  la  imputación  formulada  contra  su  procurado  obedeció  por  la  inobservancia  de  los  artículos  197 y 199 del Código de  Procedimiento  Penal.  Sin  embargo,  a  su juicio, es claro que el doctor Pardo  Castellón,  al  admitir el recurso, dio prelación a dichas normas y al mandato  constitucional sobre los derechos fundamentales.   

Asevera   que  en  la  resolución  que  resolvió  la  situación jurídica de su defendido, el Vicefiscal le imputó el  delito  de  prevaricato por haber tramitado el recurso de reposición, decisión  contra  la que interpuso recurso de reposición, habiéndosele negado por cuanto  había     planteado    “una    excepción    de  inconstitucionalidad     y     el    debido    proceso    consagrado    en    la  Constitución”.  Dice  que  él no podía plantear  “una  excepción de inconstitucionalidad porque el  Código  de  Procedimiento  Penal  no contiene norma sino que la suprimieron, el  recurso   de   reposición   en  segunda  instancia  lo  suprimieron”  hace  tiempo  con  el  fin  de  acelerar  los procedimientos.   

No obstante, arguye que los doctores Jaime  Bernal  y Eduardo Montealegre “tienen el mérito de  haber   descubierto   que   en   ciertas   situaciones   se   puede  admitir  el  recurso”.   Por   ello,   no  entiende  cómo  la  “providencia  que decreta la nulidad de un proceso  que  no  ha  sido  tramitado  conforme  a  las normas procesales y que viola los  derechos  fundamentales  de  la  alcaldesa,  no  pueda  admitir  el  recurso  de  reposición”.   

Afirma     que     la   nulidad    que   decretó   el   fiscal   titular   de   segunda  instancia  es un hecho nuevo, porque en esa providencia no se  respondió  el  recurso de apelación interpuesto, ni se contestaron las razones  por  las  cuales  la procesada pidió que se revocara la decisión por la que se  llamó    a    juicio    y   que,   en   últimas,   era   el   objeto   de   la  impugnación.   

De  otra parte, estima que la resolución  de  acusación  es  anfibológica,  toda  vez  que a su procurado, al momento de  resolvérsele  la situación jurídica, “lo venían  acusando   por   haber   tramitado   el   recurso   de   reposición”   y,   luego,   le  imputan  otro  cargo,  convirtiéndose  el  “auto  de  llamamiento  a  juicio  en un revuelto,  porque  uno  no  sabe  si  lo  están  acusando por haber admitido el recurso de  reposición    o    por    haber    absuelto    a    la    alcaldesa”.   

Así   mismo,   critica   al    Vicefiscal   cuando   en   la   resolución   de   acusación  afirmó  que  el  doctor  Pardo  Castellón  no motivó la  providencia       cuestionada,       aseveración       que   considera    errada   y   ajena  a   la   verdad,   pues   en   ella  se  consignaron una razones que, a su modo  de  ver,  “son  superiores  a  las de Jaime Bernal  Cuellar”,  no  pudiéndose  olvidar  que el motivo  trascendental  al  que  acudió  el acusado para conocer del asunto fue el de la  transgresión  de  unos  derechos  fundamentales.  Además,  en  su criterio, la  nulidad  decretada  por  el  fiscal  titular  se  constituye  en “un    hecho   nuevo”   que   hacía  procedente el recurso de reposición.   

“Como  he  visto                 –agrega–  la nulidad del doctor Blas Romero Hernández, Fiscal  Segundo  Delegado  ante  el  Tribunal  Superior  de  Sincelejo, hizo metástasis  anulando  lo  que  estaba  bien,  esa  decisión  es  ilegal,  es  una decisión  contraria  a derecho que viola los derechos fundamentales de la procesada, quien  tenía  el  derecho  de  que su recurso fuera analizado en segunda instancia…Y  hay  que  tener  en  cuenta  que el doctor Blas Romero notificó la providencia,  entonces,  para  qué  la notificó?, para que interpusieran los recursos contra  ella,  porque  procede  los  recursos  contra  ella, y el Vicefiscal dice que el  doctor  Pardo  tenía  agotada  la  instancia,  lo  que no es cierto, por que la  providencia  de  Blas  Romero  era  de  notifíquese,  y el código dice que las  providencias  que  se  notifican son sujetas a la interposición de los recursos  legales”.   

En esas condiciones, luego de hacer otras  críticas  tanto  a los funcionarios que adelantaron la investigación como a la  resolución  de acusación, de sintetizar los argumentos expuestos y de resaltar  las   condiciones   humanas   de   su   defendido,   solicita   a  la  Corte  lo  siguiente:   

     

a. Que   se  decrete  la  nulidad  a  partir  de  la  resolución  de  acusación,  “por  vicios  de  imprecisión  de la  conducta  que  se le atribuyó al doctor Pardo”, lo  que la hace anfibológica.     

     

a. Que   se  absuelva  al doctor Félix Enrique Pardo Castellón  por no haber incurrido en el delito de prevaricato.     CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1. Como es evidente que los hechos objeto  de  juzgamiento  se  llevaron  a  cabo  cuando el acusado, doctor Félix Enrique  Pardo  Castellón,  se  desempeñaba,  en  encargo, como Fiscal Segundo Delegado  ante  el  Tribunal  Superior de Sincelejo, de conformidad con el numeral 4° del  artículo  235 de la Constitución Política, en concordancia con el numeral 6°  del  artículo 75 del Código de Procedimiento Penal, la Sala de Casación Penal  de   la   Corte   Suprema   de  Justicia  es  la  competente  para  juzgarlo  y,  consecuentemente,  para  dictar  sentencia  que  ponga  fin a la presente causa.   

2.  Sobre  la  nulidad  planteada  por la  defensa.   

Acatando el principio de prioridad, según  el  cual,  la  petición  de  nulidad  debe,  por  regla  general,  proponerse y  atenderse  en primer lugar, toda vez que de prosperar haría inane el estudio de  las  demás  solicitudes  fundadas  en  distintos  aspectos  jurídicos, la Sala  abordará  en  primer término el análisis de la invalidación planteada por el  defensor del acusado.   

2.1.   Estima  que  la  resolución  de  acusación  proferida  por  la Vicefiscalía General de la Nación en contra del  doctor           Pardo           Castellón          es          “anfibológica” , toda vez que cuando  se  resolvió  su  situación  jurídica  se  le  reprochó  el  “haber    tramitado    el    recurso   de   reposición”  interpuesto por la procesada contra la resolución de segunda  instancia,  fechada  el  24  de  diciembre  de  1996,  mientras que en el pliego  acusatorio   se  le  imputó  otro  cargo,  convirtiéndose  el  “auto   de   llamamiento   a   juicio  en  un  revuelto”  que  conlleva  a no saber “si lo  están  acusado  por  haber  admitido  el  recurso  de  reposición  o por haber  absuelto  a la alcaldesa”, irregularidad que, en su  criterio,  genera  una “imprecisión de la conducta  que   se  le  atribuyó  al  doctor  Pardo”.    

2.2.  Observa  la  Sala  que de la simple  lectura  de  la  resolución  de  acusación  proferida  contra  el procesado se  concluye,  sin ningún esfuerzo, que el contenido de la misma no es ambigua. Por  el  contrario,  dicha  pieza  procesal  contiene  la  claridad  y  la precisión  necesarias  que permiten deducir tanto la imputación fáctica como la jurídica  hecha  al  acusado,  sin que de ella se desprendan imprecisiones que conlleven a  la  dificultad  del  ejercicio  de la defensa y, menos, de la concreción de los  cargos en que se debe enmarcar la sentencia.   

En efecto, dicha pieza procesal, de manera  clara,  reprocha al acusado haber tramitado y admitido el recurso de reposición  que   la  procesada  Rocío  del  Carmen  Quintero  Porto  interpuso  contra  la  resolución  dictada,  el 24 de diciembre de 1994, por el funcionario titular de  segunda  instancia,  providencia que no era impugnable y, por esa vía, declarar  que  la  citada  sindicada  no  había incurrido en el delito de celebración de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  decisión que adoptó con  desconocimiento    de    los    elementos    de    juicio    obrantes    en   el  diligenciamiento.   

La  claridad de la imputación se refleja  en  la  siguiente  síntesis  que  la  fiscalía  realizó  en  dicho  pliego de  cargos:   

“Teniendo en  cuenta  que  se  trataba  de  una resolución que había quedado ejecutoriada al  momento  de  ser  suscrita por el funcionario que la emitió y que se trataba de  una  resolución  inimpugnable, era claro que con ella se agotaba la competencia  funcional  del  fiscal de segunda instancia para seguir conociendo del proceso y  en  esas  condiciones aquél no podía pronunciarse sobre el levantamiento de la  suspensión  que afectaba a la alcaldesa investigada, ni nulitar la declaratoria  de  nulidad  inicialmente dispuesta, ni tampoco disponer a favor de la procesada  la  preclusión  de  la  instrucción  por  uno  de  los  delitos por los que se  procedía   indistintamente   de   la   causal   que   se   invocara   para   el  efecto.   

”Es  claro  entonces  que  el  fiscal  investigado  al  admitir  y  resolver  un  recurso de  reposición  improcedente profirió una determinación manifiestamente contraria  a  la  ley,  pues  tomó decisiones cuando había perdido competencia. Más aún  si,  como  todo lo indica, obró de esa manera para acceder a una investigación  con  el  fin  de  proferir  en  ella  decisiones  de fondo que de otra manera no  habría podido adoptar”.   

Además,  la alegada imprecisión no pasa  de  ser  una  simple  afirmación,  pues  tanto el acusado como su apoderado, al  intervenir  en  la  audiencia  pública  y  en  el  ejercicio  del derecho de la  defensa,  hicieron  expresa  mención  de  cada uno de los puntos en precedencia  citados,  alegando  que  la  multicitada  providencia  sí podía ser objeto del  recurso  de reposición, que se ajustó a la legalidad y a las pruebas allegadas  al  proceso  y que, por ende, era procedente declarar que la alcaldesa no había  incurrido  en  el  delito  de  celebración  de contrato sin requisitos legales,  aspectos  que permiten colegir que sí comprendieron la imputación realizada en  la  resolución  de  acusación  y que ésta en su contenido fue suficientemente  clara y no ambigua, como se dijo.   

De  otro lado, no se ajusta a la realidad  la  afirmación,  según  la  cual,  la resolución del 18 de marzo de 1998, por  medio  de la cual se resolvió la situación jurídica del doctor Félix Enrique  Pardo  Castellón,  sólo  hizo  referencia al tema de la inimpugnabilidad de la  providencia  dictada, el 24 de diciembre de 1996, por el titular de la Fiscalía  Segunda  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior de Sincelejo, toda vez que allí  también  se  contempló,  de manera expresa, lo relacionado con la decisión de  fondo  que eximió de responsabilidad a la alcaldesa procesada con motivo de las  irregularidades  presentadas  en el proceso de licitación que se adelantó para  la  adjudicación  del  contrato  de  construcción  del  acueducto de Coveñas,  concluyéndose  que  ese  pronunciamiento  hecho por el doctor Pardo también se  sumó a la ilegalidad de la decisión.     

Así se refirió la fiscalía en la citada  providencia:   

“El procesado  desconoció  abiertamente  la  naturaleza procesal de institutos como el recurso  de  reposición, fue ajeno a la observancia de las normas del debido proceso, de  manera  manifiesta  le  dio  la  espalda  a  disposiciones  que por ser de orden  público  son  de estricto cumplimiento. Y todo ello para poder acceder al fondo  de  una  litis  que  ya  había sido decidida a través de un pronunciamiento de  segunda  instancia,  inimpugnable  por  naturaleza,  y  que  él  se encargó de  someter  a un muy particular proceso de revisión que le llevó incluso a emitir  una  declaratoria  de no comisión de un injusto por parte de la funcionaria que  al     interior     de     esa     actuación     era    investigada.   

Más adelante, agregó:  

“El examen de  la  secuencia  argumentativa expuesta por el procesado en el pronunciamiento que  se  le  cuestiona  permite advertir una superficial y contradictoria motivación  que  refleja  el  deficiente  estudio  de  la  investigación  que fue objeto de  decisión.  En  ese  pronunciamiento  ni  siquiera  se  refleja  con claridad el  conocimiento  de  los hechos que generaron el proceso y que estaban relacionados  con  las  irregularidades que se presentaron en el proceso de licitación que se  adelantó  para  la adjudicación del contrato de construcción del acueducto de  Coveñas  y de las cuales el fiscal de primera instancia predicaba consecuencias  penales  en  sus  razonados  pronunciamientos.  No  obstante  ello,  no dudó en  realizar  en  dos  folios  una  serie  de  equívocas consideraciones en torno a  puntos   como  la  atipicidad  del  injusto  de  celebración  de  contrato  sin  cumplimiento  de requisitos legales, al alcance del principio de objetividad que  debía  tenerse  en cuenta en la contratación administrativa, a la subjetividad  implícita  en  la  resolución  de  adjudicación y a la ausencia de dolo en el  obrar  de  la  procesada.  Con un proceso valorativo tan peculiar le bastó para  declarar  que  la  servidora  pública  investigada  no  había  incurrido en el  referido hecho punible”.   

En  esas  condiciones,  al  no  asistirle  razón  al  defensor  del  acusado  y  siendo  evidente  que  la  resolución de  acusación  contempló,  de  manera  clara, los cargos objeto de imputación, la  Sala no decretará la nulidad planteada.   

3.  El  artículo  232  del  Código  de  Procedimiento  Penal  estatuye  que, además del principio de la necesidad de la  prueba,  no  se podrá dictar sentencia condenatoria sin que obren en el proceso  elementos  de  juicio  que  conduzcan a la certeza de la conducta punible y a la  responsabilidad del procesado.   

Procederá,  en  consecuencia,  la Sala a  analizar   si   en   el   presente   caso   se  cumplen  o  no  los  mencionados  presupuestos.   

4. La Vicefiscalía General de la Nación,  mediante  resolución  del 31 de agosto de 1998, acusó al doctor Félix Enrique  Pardo  Castellón  como  autor  del  delito  de  prevaricato  por  acción,  que  tipificaba  el  artículo  149  del  Decreto  100  de  1980,  modificado  por el  artículo 28 de la Ley 190 de 1995.   

El   citado   tipo  penal  textualmente  consagraba:   

“Prevaricato  por  acción.  El  servidor  público  que  profiera  resolución  o  dictamen  manifiestamente  contrario  a  la  ley,  incurrirá en  prisión  de  tres  (3)  a  ocho (8) años, multa de cincuenta (50) a cien (100)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  interdicción de derechos y  funciones  públicas  hasta  por el mismo tiempo de la pena impuesta”.   

Respecto del primer requisito que exige la  ley  procesal  para  dictar  sentencia  condenatoria, es decir, la certeza de la  conducta punible, se impone hacer las siguientes precisiones:   

La  Vicefiscalía  General  de la Nación  acusó  al  doctor  Félix Enrique Pardo Castellón por el delito de prevaricato  por acción, con fundamento en los siguientes hechos:   

a.  El  primero,  por  cuanto  admitió y  tramitó  el  recurso de reposición que la procesada Rocío del Carmen Quintero  Porto  interpuso  contra la resolución dictada, el 24 de diciembre de 1996, por  el  doctor  Blas Romero Hernández en su calidad de Fiscal Segundo Delegado ante  el  Tribunal Superior de Sincelejo, mediante la cual declaró la nulidad de todo  lo  actuado  a  partir,  inclusive,  de  la  providencia  que clausuró el ciclo  investigativo,   pronunciamiento   que   por   ser   de  segunda  instancia  era  inimpugnable, y   

b.  El  segundo,  como consecuencia de la  admisión  del  citado  recurso,  haber  precluido  la investigación a favor de  dicha  procesada,  por el delito de celebración de contrato sin cumplimiento de  requisitos  legales,  contrariando  los  medios  de  convicción  obrantes en el  diligenciamiento.   

En esas condiciones, corresponde a la Sala  analizar,  en  primer  término, si cada uno de esos comportamientos encuentra o  no   adecuación   típica   en   la   conducta   punible   de  prevaricato  por  acción.   

Así,  frente  al primer hecho, es decir,  haber    concedido  y  tramitado  un  recurso  de  reposición  contra  una  decisión  de  segunda instancia, resulta indispensable recordar los pasos y las  incidencias  procesales  que  conllevaron  finalmente  a la decisión calificada  como prevaricadora:   

La Fiscalía Quince Delegada de la Unidad  de  Delitos  contra la Administración Pública de Sincelejo, el 4 de octubre de  1996,  calificó  el  mérito  del  sumario  adelantado  contra  la alcaldesa de  Santiago  de Tolú, doctora Rocío del Carmen Quintero Porto, con resolución de  acusación   por   los  delitos  de  “celebración  indebida  de  contrato  sin  cumplimiento  de los requisitos legales”      y      “peculado     por  apropiación”.   

Contra  esa  decisión,  el  Procurador  Judicial  168  para  Asuntos  Penales  de la citada ciudad, interpuso recurso de  apelación,  deprecando  “que el cargo imputado que  se  contrae  al  delito  de  peculado  por apropiación debe declararse nulo, es  decir,  decretarse  la  nulidad de la parte resolutiva de la providencia apelada  en  su  numeral  primero”  y,  por  ende,  que  se  investigue  por  separado,  toda vez que por dicho punible no se le resolvió la  situación   jurídica  a  la  procesada  ni  contó  con  la  oportunidad  para  defenderse   del   mismo.   De   otro  lado,  solicitó  la  preclusión  de  la  investigación   por  el  delito  de  celebración  indebida  de  contratos  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  ya que, “no  negamos  la  existencia  de  las  irregularidades  mencionadas en la providencia  atacada,   advertimos   que   la   acusada   a   nuestro   juicio,   actuó  sin  dolo”.   

Por su parte, el defensor de la sindicada  también   interpuso   el   recurso  de  apelación  contra  aquella  decisión,  sustentándolo  en  el  sentido  de  que debía declararse la nulidad de todo lo  actuado  a  partir,  inclusive,  de la resolución que dispuso el cierre de  la  investigación,  pues,  en su criterio, a su procurada se le “vinculó  tardíamente  por  razón  del  delito  de  peculado por  apropiación”,  lo  que  lesionó  gravemente  su  derecho  a  la  defensa,  además  de  que  por  el  mismo no se le resolvió la  situación  jurídica.  Como consecuencia de tal petición, deprecó la libertad  provisional  de  la  doctora Quintero Porto, al tenor del artículo 415, numeral  4°,  del  Código  de  Procedimiento  Penal, vigente para la época, agregando,  además,  que  “convencido  estoy  que  el  señor  fiscal  de  segunda  instancia  a  quien me dirijo ha de decretar la nulidad tal  como  se  lo  he  solicitado  en  la  primera  parte  de  este  alegato; pero la  responsabilidad  y  la  lealtad  profesional  con  mi  defendida,  me  impelen a  referirme  a  la  parte  de  la  providencia que se impugna, en tanto que decide  acusar  por  los  punibles  de contrato sin cumplimiento de requisitos legales y  peculado  por  apropiación.  Las  argumentaciones  que  a continuación expongo  deberá  ser  consideradas en el remoto improbable que no se acceda a la nulidad  impetrada”.   

Finalmente, la procesada Rocío del Carmen  Quintero  Porto,  quien  también impugnó la decisión calificatoria, solicitó  la   nulidad   de  lo  actuado  a  partir  del  cierre  de  la  averiguación  y  “en  el supuesto de que la fiscalía estime que no  hay  lugar  a  nulidad,  se  precluya  la  investigación teniendo en cuenta las  consideraciones  que  se  harán  en  el  cuerpo  de  este  memorial”.   

Agotados los traslados de rigor, el Fiscal  Segundo  Delegado  ante  el  Tribunal Superior de Sincelejo, cuyo titular era el  doctor  Blas  Romero  Hernández,  el  24  de  diciembre  de 1996, al desatar el  recurso  interpuesto  por los citados sujetos procesales, declaró la nulidad de  todo  lo  actuado  a  partir,  inclusive,  de la resolución mediante la cual se  ordenó  el  cierre  de la investigación y, por lo mismo, concedió la libertad  provisional a la procesada, decisión que ordenó notificar.   

En  el  cuerpo  de  esta  providencia, el  citado  funcionario  judicial de segunda instancia adujo que se había vulnerado  el  debido proceso y el derecho de defensa, toda vez que a la sindicada no se le  resolvió  la  situación  jurídica por el delito de peculado por apropiación,  además  de  que  una  vez  ampliada  su  indagatoria, el fiscal de primer grado  cerró  inmediatamente  la investigación sin darle la oportunidad de ejercer el  contradictorio y sin verificar las citas hechas en esa diligencia.   

Inconforme  con  la  determinación,  la  procesada  presentó,  el 26 de diciembre  siguiente, un memorial en el que  interpuso  el  recurso  de  reposición  contra  aquella  resolución de segunda  instancia,  alegando  que  el fiscal no se pronunció sobre la suspensión de su  cargo  como  alcaldesa  de  Tolú,  máxime  cuando  se  le  había concedido la  libertad  provisional,  motivo  por el cual pidió que se adicionara la misma en  lo atinente a ese aspecto.   

Posteriormente,  el 30 de diciembre de la  misma  anualidad,  allegó  un  segundo  escrito  con  el  fin  de  ampliar  los  argumentos  sustentatorios del recurso de reposición, en el que resaltó que la  segunda  instancia  no  había  estudiado  lo  relacionado  con  la petición de  preclusión  de  la  investigación  por  razón  del  delito de celebración de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  recordando que dicho tema  había  sido  objeto  de  la impugnación contra la resolución de acusación de  primer  grado,  máxime cuando la investigación por ese punible se adelantó de  manera  correcta,  respetándose  tanto  el  debido  proceso  como el derecho de  defensa.  En lo atinente a la nulidad que se declaró por el delito de peculado,  se mostró conforme.   

Los   argumentos   presentados  por  la  recurrente  fueron  coadyuvados  por  el  Procurador  Judicial  168 para Asuntos  Penales  de  Sincelejo, quien en escrito presentado el 3 de enero de 1997, adujo  que  era procedente el recurso de reposición. Del mismo modo, recordó que a lo  largo  de la investigación y en el recurso de apelación conceptuó que no hubo  delito  de  celebración  de  contrato  sin  cumplimiento de requisitos legales,  aspecto  sobre  el  cual  el fiscal de segunda instancia debió pronunciarse, ya  que  la  nulidad  impetrada  solo  cobijaba al cargo elevado por el peculado por  apropiación.   

Cabe  agregar  que  por Secretaría de la  Delegada se dieron los trámite propios del recurso de reposición.   

En  esas  condiciones,  el  doctor Félix  Enrique   Pardo   Castellón,   quien  por  razón  de  un  encargo  se  hallaba  desempeñando  la  función de Fiscal Segundo Delegado ante el Tribunal Superior  de  Sincelejo,  asumió  el  conocimiento  del  asunto  y,  por ende, admitió y  desató  el citado recurso de reposición, según resolución del 17 de enero de  1997,  en  la  que si bien reconoció que las decisiones de segunda instancia no  eran  impugnables,  de  todos  modos,  teniendo  en  cuenta los argumentos de la  recurrente,   los  razonamientos  del  Ministerio  Público  y  los  comentarios  jurídicos  de  unos  doctrinantes,  era  procedente el citado recurso cuando se  transgredían   los  derechos  fundamentales,  los  que,  a  su  juicio,  fueron  vulnerados  a  la  procesada al no pronunciarse sobre la calificación jurídica  en  torno  al  delito de celebración de contrato sin cumplimiento de requisitos  legales,  máxime  cuando este punible había sido investigado con respeto a los  postulados  del  artículo  29 de la Constitución Política y la nulidad debía  cobijar  sólo  el peculado por apropiación. Por ello, decidió pronunciarse al  respecto.   

Considera la Sala conveniente resaltar un  fragmento textual de la decisión cuestionada:   

“Así   las   cosas,   brota   con   inmaculada  claridad   jurídica    que    la  resolución   judicial    dictada    el    24    de   diciembre   de   1996,   por   esta  misma  Delegada  a  cargo  entonces  del  Honorable  Fiscal  doctor BLAS ROMERO HERNÁNDEZ es equivocada, porque involucra  dentro   del   concepto  de  la  NULIDAD   sobreviniente,   un   aspecto  paralelo  como  es  la  correcta  aplicación  de  las  normas  procesales constitucionales del DEBIDO PROCESO, LA  DEFENSA,  EL  CONTRADICTORIO,  LA  PUBLICIDAD  (entiéndase  transparencia),  LA  INVESTIGACIÓN  INTEGRAL  que  por la solidez de su cumplimiento no pueden estar  viciadas   como   si   la  otra  NULIDAD  generada  por  el  supuesto delito de PECULADO POR APROPIACIÓN,  hiciera  metástasis  jurídica  en  el  cuerpo  del  expediente  contentivo del  proceso  adelantado  y calificado por ‘Celebración   indebida   de  contrato  sin  cumplimiento  de  los  requisitos   legales’  (ARTÍCULO 146 DEL C. P.).   

“Debidamente  explicadas  las  valoraciones procesales que sirve de sostén a la decisión que  se  adoptará  al  final  de  esta  providencia,  estima  esta  Delegada  que es  procedente  decretar  la  NULIDAD  por  vía  de  reposición, de la resolución  judicial  del  24  de  diciembre  de  1996,  a  que se contrae el motivo de esta  providencia  en  lo  atinente a la anulación del cierre de la investigación en  lo  que  toca, se repite, con el delito de CELEBRACIÓN INDEBIDA DE CONTRATO SIN  CUMPLIMIENTO  DE  LOS  REQUISITOS  LEGALES,  toda  vez  que  si se confirmara la  decisión   equivocada   se   quebrantarían   los   derechos   constitucionales  fundamentales  citados  dentro  de  este  auto  interlocutorio  y se estaría en  contradicción  con  el  principio  de celeridad citado en el artículo 29 de la  Ley de leyes”.     

Expuestas así las cosas, procede la Corte  a  estudiar  si  dicha  resolución,  proferida  en  segunda instancia, era o no  susceptible  del recurso de reposición, según la normatividad vigente para ese  entonces.   

De  conformidad  con  lo que disponía el  artículo  197  del  Decreto  2700  de  1991  (Código  de  Procedimiento  Penal  aplicable  para la época en que el acusado profirió la decisión cuestionada),  las  providencias  que decidían el recurso de apelación quedaban ejecutoriadas  el  día  en que “sean suscritas por el funcionario  correspondiente”.  Así  mismo,  su inciso segundo  contemplaba  que  “cuando  se  decrete  en segunda  instancia  la  prescripción  de la acción o de la pena, o se dicte o sustituya  una     medida    de    aseguramiento,    se    notificará    la    providencia  respectiva”.     

A  su  vez,  el artículo 199 de la misma  obra,   consagraba   que  “salvo  las  excepciones  legales,   el   recurso  de  reposición  procede  contra  las  providencias  de  sustanciación  que  deban notificarse y contra las interlocutorias de primera o  única instancia”.   

Una  correcta  interpretación  de  las  citadas  normas,  impone colegir que no era procedente el recurso de reposición  contra  las  decisiones proferidas en segunda instancia en virtud del recurso de  apelación,  motivo  por  el  cual  éstas  cobraban  ejecutoria  una vez que el  funcionario  correspondiente  las suscribía, conclusión que la Corte ratificó  en  jurisprudencia  del 10 de marzo de 1994, con ponencia del Magistrado Gustavo  Gómez  Velásquez, así:   

“De  conformidad  con  lo  preceptuado  en  el  inciso  segundo del artículo 197 del  Código  de  Procedimiento Penal, las providencias dictadas en segunda instancia  se     notificarán     cuando     en     ellas    se    decrete    ‘la prescripción de la acción o de  la  pena,  o  se  dicte  o  sustituya  una  medida  de aseguramiento’,  pero  ello    no   quiere   decir   que   contra   ellas   proceda   el   recurso   de  reposición.    

“En efecto,  la  preceptiva  del  artículo  199  ibídem,  enseña que salvo las excepciones  legales,  el  citado  recurso procede ‘…contra   las   providencias   de   sustanciación   que   deban  notificarse    y    contra    las    interlocutorias   de   primera   o   única  instancia’,  con  lo  cual,  quedan  excluidas  de cualquier impugnación,  aquellas   que   se   adopten   por   el  ad  quem  en  virtud  del  recurso  de  apelación…”.(negrillas ajenas al texto).   

Tal  posición  ha  sido reiterada por la  Sala, así:   

En  providencia del 30 de agosto de 1994,  siendo ponente el doctor Edgar Saavedra Rojas, se dijo:   

“…A  los  Fiscales  Delegados  ante  la  Corte, se les asigna competencia para decidir los  recursos   de   apelación   interpuestos   en   contra   de   las  resoluciones  interlocutorias  proferidas en primera instancia por los fiscales delegados ante  los  tribunales  superiores, sin que exista previsión normativa alguna que abra  la  posibilidad  de que las resoluciones interlocutorias dictadas por esa Unidad  de      Fiscalía,     sean     susceptibles     de     impugnación”.   

A su vez, en sentencia de casación del 8  de   febrero   de   2000,   con  ponencia  del  doctor  Jorge  Enrique  Córdoba  Poveda,  se indicó:   

“En   lo  concerniente  al  supuesto  desconocimiento  del  principio  de la segunda   instancia,   al   haberse   negado  al  procesado   la  oportunidad de recurrir la decisión del fiscal de segunda instancia…., en  ninguna  informalidad  se  incurrió  ya  que  en   nuestro   sistema   no   existe   sino  dos  instancias,  de  manera  que al decidirse la apelación de las resoluciones interlocutorias, bien  sea  confirmando,  modificando  o  revocando  la determinación del inferior, la  nueva  providencia no puede ser objeto de impugnación, quedando ejecutoriada el  día  en  que  sea  suscrita  por  el funcionario correspondiente, salvo el caso  previsto  en  el inciso segundo del art. 197, en que es procedente el recurso de  reposición”.   

Con  ponencia  del doctor Álvaro Orlando  Pérez Pinzón, el 12 de julio de 2002, se afirmó:   

“La  resolución  de  acusación  adquirió  ejecutoria el 20 de noviembre de 1992, y  como,  tras resolver los recursos de apelación interpuestos, se produjo en sede  de  segunda  instancia,  por mandato del artículo 197 del Decreto 2700 de 1991,  la  misma  obtuvo  firmeza  el  día  en  que  fue  suscrita  por el funcionario  correspondiente,   esto   es,   en   la   fecha   de   su   emisión”.   

Así, entonces, conforme a las decisiones  transcritas  y  teniendo  presente  las  normas  vigentes  para la época de los  hechos,  cabe  concluir  que  las providencias que en segundo grado desataban el  recurso  de apelación, no eran (y hoy tampoco lo son, según los artículos 187  y   198  de  la  Ley  600  de  2000)  susceptibles  del  recurso  horizontal  de  reposición,  toda  vez  que la estructura funcional de nuestro sistema procesal  prevé  dos  y no tres instancias, agotándose allí el acatamiento al principio  universal  y  constitucional  de la doble instancia. Lo contrario implicaría el  desconocimiento  de  dicha  estructura,  haciendo interminable el tramite en esa  sede  y  conllevando  a la reiteración de los argumentos ya decididos por el ad  quem,  lo  que  resulta  inadmisible  y  violatorio  del  debido proceso..    

El actual Código de Procedimiento Penal,  en   su   artículo  204,  establece  que  “En  la  apelación,  la  decisión del superior se extenderá a los asuntos que resulten  inescindiblemente   vinculados   al   objeto  de  impugnación”,  lo   que   conduce  a  ratificar  que  tales  providencia  no  son  susceptibles del multicitado recurso horizontal.   

En síntesis, las providencias de segunda  instancia  que  resuelven  el objeto de la apelación  o,   incluso,  aborden  asuntos   inescindiblemente   vinculados   al   objeto  de  aquélla,  cobran ejecutoria una vez sean suscritas por el funcionario que  las profirió y, por ende, son inimpugnables.   

Sin  embargo,  como excepción a la regla  general  expuesta,  las  decisiones  interlocutorias  de  segundo  grado  que se  pronuncien  sobre  aspectos  que  no  tienen  vinculación  con  el objeto de la  apelación,  es  decir, que carecen de la relación causal entre la decisión de  primera  instancia  y  el contenido de la  apelación, son susceptibles del  recurso de reposición, por lo que deben ser notificadas.   

En efecto, la excepción es jurídicamente  lógica,  ya  que  si  bien  el ad quem, en razón de la apelación interpuesta,  adquiere  competencia  funcional  para  conocer  del  asunto,  estándole  sólo  permitido  revisar los aspectos impugnados, según lo disponía el artículo 217  del  Decreto  2700 de 1991, hoy artículo 204, también lo es que como guarda de  la    legalidad   de   la   actuación   y   de   los   derechos   fundamentales  constitucionalmente  consagrados,  está  en  la  obligación  de  verificar  su  cumplimiento  en  aras  a  determinar  la  validez jurídica del proceso y de la  decisión  por  revisar,  aspectos  que  si  se  observan  vulnerados  deben ser  enmendados  de  manera  oficiosa,  decisión  que al no estar relacionada con el  objeto de la apelación, es susceptible del recurso de reposición.   

Sobre el punto, la Corte, en sentencia del  12  de  diciembre  de  2002,  con ponencia del Magistrado Carlos Augusto Gálvez  Argote, afirmó:   

“De  pronunciarse  sobre  aspectos  no  comprendidos en la impugnación o respecto de  aquellos  no  vinculados  inescindiblemente  a  los  motivos  en que se funda el  disentimiento,   tendría   que  admitirse  que  éstos,  por  ausencia  de  una  manifestación  expresa  al  respecto en la resolución de primera instancia, no  pudieron  ser controvertidos por el apelante, y entonces los mismos carecerían    de    la    doble   instancia   constitucionalmente  garantizada  (Const.  Pol., art. 31; C.P.P./91, art.  16     y    C.P.P./2000,    art.18)”             –negrilla           ajenas           al           texto–.   

El  citado artículo 197, inciso 2°, del  Decreto  2700  de  1991,  consagraba que “cuando se  decrete  en  segunda instancia la prescripción de la acción o de la pena, o se  dicte  o  sustituya  una  medida de aseguramiento, se notificará la providencia  respectiva”,  acto  que implicaba la no ejecutoria  inmediata  y,  a  su  vez,  la  posibilidad  de la interposición del recurso de  reposición,  cuando  tales  temas no habían sido planteados por el apelante ni  hacían    parte    de   las   consideraciones   del   funcionario   de   primer  grado.   

.  

Hoy cobra mayor énfasis la reposición en  segunda  instancia  cuando  el  artículo  189  de la Ley 600 de 2000, contempla  dicho    recurso    contra    la   providencia   que   declara   “la  prescripción  de la acción o de la pena en segunda instancia  cuando  ello  no  fuere  objeto del recurso”, norma  que  no  excluye la posibilidad de la impugnación conforme a cada caso concreto  y siempre que no esté vinculado con el objeto de la apelación.   

Hechas  las anteriores precisiones, debe,  entonces,  concluirse que la resolución del 24 de diciembre de 1994, dictada en  segunda  instancia  por  el  titular  de  la  Fiscalía Segunda Delegada ante el  Tribunal  Superior  de Sincelejo, no era susceptible del recurso de reposición,  toda  vez  que  la  nulidad  que  allí  se  decretó  fue objeto del recurso de  apelación  interpuesto  por  el  defensor  de  la  procesada, quien deprecó la  invalidez    de    todo   lo   actuado  a  partir,  inclusive, de la providencia que declaró cerrada la  investigación.   

Sin  embargo,  debe  recordarse  que  el  Procurador  Judicial  168  para  Asuntos  Penales,  en  la  apelación  también  planteó  la  nulidad, aun cuando estaba dirigida solamente a la declaratoria de  invalidez  de  la actuación procesal adelantada respecto del delito de peculado  por  apropiación,  el  que,  en  su  criterio  y  por razón de las incidencias  presentadas  en  el  diligenciamiento,  podía  ser  investigado  por  separado,  demandado  al  mismo  tiempo  un pronunciamiento respecto del delito de contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  que,  a  su  juicio,  no podía ser  imputado por ausencia de dolo.   

A su vez, la sindicada, por vía de dicha  apelación,   se   inclinó   con  mayor  énfasis  por  la  preclusión  de  la  instrucción  en  lo  atinente  al  punible  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales, dejando abierta la posibilidad de la nulidad frente al otro  ilícito.   

En  esas  condiciones, encuentra la Corte  que  la  decisión  adoptada en segunda instancia el 24 de diciembre de 1996 fue  equívoca,  toda  vez que no era necesaria la declaratoria de nulidad de toda la  actuación.   

En   la   parte   considerativa  de  la  providencia, el citado funcionario dijo:   

“De  esta  manera  queda  plasmado  de  que  nuestro  ordenamiento  procesal establece como  requisito  para  cerrar  la  investigación, el que se haya definido previamente  situación   jurídica   del  sindicado,  con  la  finalidad,  que  éste  tenga  conocimiento  de  los  cargos  punibles que se le imputan. En caso de carecer de  este  presupuesto  procesal se le está cercenando el derecho de defensa como se  presenta  en  esta  investigación,  donde  la  sindicada  le  fue  ampliada  su  indagatoria   habiéndole  interrogado  de  nuevos  cargos  que  no  se  habían  investigado,  entonces estamos en presencia de que no se cumplió lo mandado por  la norma que hemos analizado.   

“De  esta  forma,  estamos en presencia de la nulidad invocada por el Agente del Ministerio  Público  y  el  defensor  de  la  sindicada,  a  lo  cual  se accederá por ser  factible,  desde el auto del cierre de la investigación inclusive (F.4 cuaderno  número  3),  pues  solo de esta manera puede subsanarse el grave error cometido  en  la  tramitación  de  esta  investigación,  procediendo el a quo a resolver  situación   jurídica  de  los  nuevos  cargos  que  se  le  formularon  en  su  ampliación  de  indagatoria  y  proceder  a  una  calificación  conforme a los  ordenamientos  de  la  ley y justicia y de esta manera abriendo las puertas para  un futuro fallo equitativo”.   

A  continuación,  consignó el siguiente  párrafo:   

“Considerando  esta  Delegada  que  el  a  quo  debe  ordenar la ruptura de la unidad procesal,  disponiendo  compulsar  copias  para  que se investigue el supuesto peculado por  apropiación,  por  estimarse  de  la  no existencia de conexidad dentro de esta  instrucción”.   

Entonces,  si  las  irregularidades o los  vicios  solo  recaían sobre el delito de peculado por apropiación, simplemente  debió  invalidarse lo actuado respecto dicho punible y no de la totalidad de la  actuación   calificatoria,  permitiendo  así  la  vigencia  de  la  acusación  respecto  del  ilícito  de  contrato  sin  cumplimiento de requisitos legales e  imponiéndose,   por   lo   mismo,   el   debido  pronunciamiento  en  torno  al  disentimiento   plasmado   en   las   apelaciones   y   relacionadas   con   ese  tema.   

Por  lo  tanto,  si bien es cierto que el  recurso   de  reposición  tantas  veces  cuestionado  no  procedía  contra  la  providencia  de  segunda instancia, lo que hace ilegal su admisión, también lo  es  que  dadas  las  contingencias  en  precedencia  expuestas,  la  cita que el  acusado,  doctor  Pardo  Castellón,  hizo de algunos doctrinantes que reconocen  como  posible  el  recurso  horizontal  contra  decisiones  de segundo grado, la  invocación  de  la  transgresión  de  garantías fundamentales, como el debido  proceso  y  el  derecho  de  defensa  y  los  escritos  presentados tanto por la  procesada  como  por  el  Ministerio  Público,   hacen que la decisión de  haber  tramitado  y  conocido  del  recurso  de  reposición no sea manifiestamente  contraria  a  la ley.   

En sentencia de segunda instancia fechada  el  10  de  junio del presente año, con ponencia del Magistrado Álvaro Orlando  Pérez  Pinzón,  la  Sala, al estudiar el sentido de la manifiesta contrariedad  de  la  ley  a  que  se  refiere el tipo penal de prevaricato, hizo la siguiente  recopilación jurisprudencial:   

“La  jurisprudencia   de   la   Corte,   a   propósito   del  ingrediente  normativo  manifiestamente    contrario   a   la   ley,   es   nutrida   sobre   el   alcance   de  las palabras de la ley.  Así,  por ejemplo, ha dicho que la contradicción entre lo hecho por el autor y  la  ley  debe  ser  ostensible (26 de febrero y 3 de septiembre de 1981, Ms. Ps.  Alfonso  reyes  Echandía y Álvaro Luna Gómez, respectivamente); que cuando el  sentido   literal   de   la   norma   y   la   específica   finalidad   de  un  texto legal  no   son    suficientemente    claros,    mientras    éste   es    complejo,   o   por    su   confusa   redacción   admite      interpretaciones     discordantes,    no     es   posible      hablar      de      un     comportamiento   manifiestamente  ilegal  (16  de agosto de 1983, M. P. Alfonso Reyes Echandía);  que   la   actuación   adjetiva   de   prevaricante   debe   ser  ostensible  y  manifiestamente    ilegal,     ‘es    decir,    violentar    de   manera   inequívoca    el    texto    y    el    sentido    de    la   norma’(24   de  junio  de  1986,  M.  P.  Hernando  Baquero  Borda);  que cuando lo plasmado por el servidor se ha fundado  ‘en concienzudo examen  del  material probatorio y en el análisis jurídico de las normas aplicables al  caso,       no       puede       pregonarse       la       comisión’   de   prevaricato   (ibídem);     que     no     constituye    prevaricato   la  interpretación  desafortunada  de  las  normas  ni el desacierto  de   una   determinación,  pues  ese  delito  implica   la  existencia  objetiva  de  un  texto  abiertamente  opuesto  a  lo ordenado o  autorizado  por  la ley (2 de marzo de 1993, M. P. Juan Manuel Torres Fresneda);  que   el   tipo   de   prevaricato   exige,  como  elemento  normativo,  que  la  contradicción  entre lo demandado por la ley y lo resuelto sea notoria, grosera  o   ‘de   tal  grado  ostensible  que  se  muestre  de  bulto con la sola comparación de la norma que  debía  aplicarse’ (15  de  abril  de  1993,  M.  P.  Juan  Manuel  Torres Fresneda); que para hablar de  prevaricato  es necesario establecer cuándo los argumentos del servidor, dentro  de  un  campo  determinado, resultan aceptables, pues una interpretación loable  frente  a las singulares trazas que ofrece un caso puede permitir el rechazo del  prevaricato  (28  de agosto de 1997, M. P. Jorge Aníbal Gómez Gallego); que si  el   comportamiento   del   funcionario   no   está   acompañado   de  razones  justificatorias,  es  decir,  acordes con los hechos y con el precepto legal, si  obedece  a  su  mero  capricho,  el  acto  es manifiestamente contrario a la ley  (ibídem);  y  que  tal  delito  se  configura  si el servidor público profiere  concepto,  dictamen,  resolución,  auto o sentencia manifiestamente apartado de  la  norma  jurídica aplicable al caso, haciendo prevalecer su capricho sobre la  voluntad  de  la  disposición legal, lo que significa comparar el mandado legal  contentivo  de  la  norma  con  lo hecho por el funcionario (14 de marzo y 15 de  mayo     del     2002,     M.P.     Fernando     Arboleda    Ripoll)”.   

En esas condiciones, se desprende que las  consideraciones  adoptadas  por  el  doctor Félix Enrique Pardo Castellón para  admitir  el  multicitado  recurso  de  reposición,  sin  bien  no se ajustan al  correcto  entendimiento  de  la  ley vigente para ese entonces, de todas maneras  resultan    razonables   y   aceptables,   llevándolo   a   una   desafortunada  interpretación de las normas que regulaban el tema.   

En consecuencia, concluye la Sala que pese  a  que  fue  ilegal  el  comportamiento  del acusado al admitir y tramitar dicho  recurso   de   reposición,   el   mismo   no  lo  fue  de  manera  manifiesta,  lo  que  conduce a que la  conducta   sea   atípica   por   ausencia  del  citado  ingrediente  normativo.   

Ahora bien, frente al segundo hecho, esto  es,  haber  precluido  la investigación a favor de la procesada, doctora Rocío  del  Carmen  Quintero  Porto,  por  el  delito  de  contrato sin cumplimiento de  requisitos  legales,  no corre la misma suerte del anterior, en la medida de que  tal decisión sí fue manifiestamente contraria a la ley.   

   

Estudiadas y cotejadas las consideraciones  que  el  doctor  Pardo  Castellón  plasmó en la resolución cuestionada, no se  requiere  de  mayor  esfuerzo  para  concluir  que  las  mismas  fueron  pobres,  limitadas,  abstractas  y  carentes de la debida valoración probatoria, además  de  que  no  se  adentró en el análisis crítico sobre los extensos argumentos  que  la fiscalía de primera instancia consignó en la resolución de acusación  proferida  contra  la  alcaldesa  de  Santiago  de  Tolú, máxime cuando fueron  múltiples los medios de prueba que apoyaron esta decisión.   

En efecto, la Fiscalía Quince Delegada de  la  Unidad  de  Delitos  contra  la  Administración  Pública  de Sincelejo, al  calificar   el  mérito  del  sumario,  el  4  de  octubre  de  1996,  profirió  resolución  de  acusación  contra  Rocío  del  Carmen  Quintero  Porto, en su  condición   de   alcaldesa   del   municipio  de  Tolú,  por  los  delitos  de  “celebración    indebida    de   contrato   sin  cumplimiento  de  requisitos  legales  y  peculado  por apropiación”.  Conforme  a  la  apreciación  de  los  múltiples medios de  convicción  allegados  al proceso, el instructor concluyó que en el trámite y  celebración  del  contrato  destinado  a  la  construcción  del  acueducto  de  Coveñas, incurrió en graves irregularidades, a saber:   

a)      Que      la   funcionaria    procesada,   desconociendo   las   exigencias  impuestas  por  la  Ley  80  de  1993  y haciendo a un lado la trascendencia del  proceso  licitatorio,  no  motivó la Resolución número 064 del 27 de marzo de  1996,   por   medio   de   la   cual  adjudicó  dicho  contrato  a  la  entidad  SURTIELÉCTRICOS  DEL  CARIBE-RAÚL FONSECA, calificada por el Comité Evaluador  con  78.90  puntos,  desconociéndose las razones técnicas y jurídicas por las  cuales   seleccionó   a   aquella   empresa   en   lugar   de  la  firma  SOUTH  AMÉRICA-CONSTRUCCIONES  SIGMA,  calificada  en  primer  lugar con 92.00 puntos,  limitándose  a  afirmar que tal decisión se fundó en criterios de objetividad  y  de transparencia. Agrega que esa elección no solo conllevó a adjudicar a la  firma  que  ocupaba  el  segundo lugar, sino que también el preció excedía la  suma   de  $420.000.000,oo  frente  a  la  propuesta  presentada  por  la  firma  calificada  con  mayor  puntaje. Acota que “si bien  el  alcalde  en  estos  casos  al  momento  de  adjudicar,  la  ley le da cierta  discrecionalidad  para  hacer  la selección objetiva, apartándose del concepto  técnico  del comité evaluador, esta discrecionalidad tiene que ser debidamente  explicada  (ver  sentencia de febrero 1 de 1996, referente: exp. 9151, Consejero  Ponente  Dr.  Juan  de Dios Morales Hernández), y ello no aconteció en el caso  de autos”.      

b)    Que  la alcaldesa acusada  adjudicó  y  celebró  el  contrato  “producto de  aquella  licitación, sin contar el municipio de Tolú con los suelos o terrenos  donde  eventualmente  se  edificarían  las  obras  y  se  proporcionarían  los  suministros”.   

“Lo anterior  –añade–  es un  hecho  probado,  porque  así lo esbozan la mayor parte de los declarantes en el  plenario,  que  tuvieron  incidencia  en dicho contrato, ver declaraciones de…  ANGEL  CAMARGO,  visible  a  fl. 273, S.C., en cuanto a esto expresa que fue una  falla  de los pliegos de condiciones. Ver declaración de HORACIO OZUNA, visible  a  fl.  507, S.C., en cuanto a esto expresa ser cierto que cuando se adjudicó y  contrató,  el  municipio  no  tenía  los  lotes  donde  iba a edificar la obra  comprados,  sólo  se  mantenían  conversaciones.  Ver  declaración de ANTONIO  FLÓREZ,  visible a fl. 500, S.C.. Ver la misma deponencia de la procesada, obra  a  fl.  659  S.C.,  en  torno a lo mencionado, dice que la licitación ya estaba  abierta  cuando  asumió  el cargo. Que fue el alcalde anterior a ella, JOAQUÍN  FRANCO,  quien  abrió  la  licitación  y  por ello le correspondía buscar los  predios.  Y  qué  decir  de  la  certificación  arrimada  al  plenario  por la  administración  actual  del municipio de Tolú (Sucre), donde especifica que se  adjudicó  y  celebró  el  contrato  de obras civiles del acueducto de Coveñas  (Sucre)  sin  contar  el  municipio  con  los  suelos,  ocasionando  aquello  un  obstáculo  para  el  cumplimiento del contrato y, de acuerdo a los términos en  él  redactados,  se condenaba al municipio a salir mal librado, visible fl. 470  a  473, S.C., violándose con ello el art. 30, inciso primero, y art. 25, inciso  12,   de   la   Ley   80   de   1993”.   

Aceptando  que  el proceso licitatorio lo  había  comenzado  la administración anterior, de todos modos, dijo,  ello  no  la excusaba para tomar las medidas necesarias que ofrecía la ley en aras de  enmendar  tal  omisión  y,  de  esa  manera,  evitarle al municipio erogaciones  injustificadas,   máxime   cuando   era   su  deber  salvaguardar  los  dineros  públicos.   

c)  Que la procesada no incorporó en  el  contrato  cuestionado “la cláusula obligatoria  donde  se  hiciera  constar  la  existencia  del  rubro presupuestal surgida del  contrato,  como lo mandan los art. 25, numerales 6, 13 y 14, en concordancia con  el  art.  41,  inciso  2,  de  la  Ley 80 de 1993.. Estas cláusulas propias son  obligatorias   y   de   cumplimiento   estricto”.   

d)  “Pero  penosamente  tenemos  que  decir  que  aquí no queda agotado el análisis de la  tipicidad  de  la  conducta desplegada por la encartada frente a la celebración  indebida  de  contrato sin cumplimiento de los requisitos legales, pues no sólo  la  cláusula  de  esencia  estudiada  inmediatamente atrás se observa ausente,  violándose  el  art.  41  de  la  Ley 80 de 1993, sino que con tal anomalía se  procedió   a  ejecutar  y  liquidar  parcialmente  dicho  contrato,  cuando  el  artículo  25,  numeral  6,  de  la  citada ley establece que mientras no exista  estas  disponibilidades presupuestales, que debe hacerse constar en el contrato,  no    puede   iniciarse   la   ejecución   del   contrato   y,   mucho   menos,  liquidarse”.   

Agregó  que  esas y otras circunstancias  permitieron  a  la  fiscalía  descubrir  que  en  la conducta desplegada por la  procesada  también  se  presentó el propósito de obtener un provecho ilícito  para  el  contratista,  elemento  que  terminó  por  configurar  el  tipo penal  imputado,  además  de  que  los dineros presupuestados para la construcción de  dicha  obra  fueron  objeto  de irregulares desvíos y manejos dudosos, al punto  que  para  la  época  de  la calificación del mérito del sumario no se había  terminado la construcción del acueducto.   

Ahora  bien,  frente a tales cargos, cabe  preguntar  ¿qué  argumentos  esbozó  el  doctor  Pardo Castellón en la parte  considerativa  de la providencia que profirió el 17 de enero de 1997, por medio  de  la  cual  precluyó  la  investigación  a  favor de la procesada Rocío del  Carmen Quintero Porto?.   

Para    dar    respuesta    a   dicho  cuestionamiento,  resulta  conveniente  transcribir  las  consideraciones que al  respecto hizo el acusado en la providencia:   

“No queda la  menor  duda,  que la estimación o valoración jurídica del material probatorio  traído  a  este  proceso,  toca directamente sobre la decisión adoptada por la  señora  Alcaldesa  de  Santiago  de  Tolú,  al elegir o asignar el contrato de  obras  públicas  de  interés general de construir el acueducto de Coveñas con  dineros   provenientes   de  las  regalías  petrolíferas  de  que  goza  dicho  Municipio.   

“Pero, es el  caso,  de  que  se  ha  confundido el contenido del artículo 29 de la Ley 80 de  1993   en   cuanto  dispone  que  las  apreciaciones  para  que  el  funcionario  administrativo  que  deba  asignar la licitación debe actuar sobre un análisis  OBJETIVO  respecto  de cada propuesta licitatoria, lo que en buen romance indica  que  las  condiciones  señaladas  en  el  pliego de licitación deben coincidir  estrictamente  en el cumplimiento que el licitante debe aportar en el trámite y  condiciones requeridas en la licitación.   

“Pero todos  los  funcionarios  administradores confunden el elemento SUBJETIVO, es decir, el  cumplimiento  de  los  requisitos  que  el proponente debe aportar al proceso de  licitación,  respecto  del  pliego  de  condiciones  y  la  EVALUACIÓN  que el  intelecto  del  Agente  del  Estado  debe  efectuar  para precisar la condición  OBJETIVA  o  coincidencia  del  proponente  con  el  pliego de condiciones en si  mismo.   

“Porque no se  puede  despojar  de  su condición humana al ser humano; no se le puede suprimir  la  siquis  al  Agente  del  estado;  no  se  le  puede  privar de su conciencia  intelectual;  no  se  le puede suprimir su voluntad, su capacidad de querer y de  conocimiento   como  es  la  comprensión,  dentro  de  un  estado  de  libertad  (capacidad  de  juicio  que  se  conoce con el nombre de imputabilidad), de otra  forma,  habría  que  estimar,  caso  insólito que en Agente Administrativo del  estado,  carecería de conciencia, de juicio, de capacidad de querer (voluntad),  de  conocer  (comprensión),  dentro  de  un estado de libertad para efectuar un  juicio  de  valor  y  simplemente se convertiría en un autómata (OBJETIVO) sin  poder  distinguir  para lograr consecuencialmente (sic) esa objetividad, como si  se tratara de un computador.   

“Por  lo  tanto,  al  escoger  al  segundo proponente, según su leal saber y entender, si  tiene  necesariamente  que  haber  una  valoración subjetiva, pero el delito se  cometería  si se violaran los principios de buena fe, de no interés para sí o  para  otro,  salvo  el interés de la obra pública para la comunidad, y el bien  común que significa lo mismo.   

“La  confusión  que  se  ha  presentado,  desafortunadamente  para  perjuicio  de la  señora  Alcaldesa  doctora  ROCIO DEL CARMEN QUINTERO PORTO, tiene su razón de  ser,  en  que se ha confundido la exigencia del derecho administrativo de actuar  sobre  condiciones  OBJETIVAS  aduciendo  que  el proceso de selección no juega  ningún  papel  el  elemento  síquico  del  ser  humano,  como si a éste se le  pudiera   suprimir   su   condición   de  sujeto  racional  que  en  todas  sus  determinaciones  está  sujeto a un juicio en el que intervienen la conciencia y  todos  los  factores  de  carácter  intelectual,  que  por  la misma razón son  naturalmente objetivos.   

“Por  estas  circunstancias  la  Sagrada  Biblia  dice  que  el  hombre fue creado a imagen y  semejanza  de  Dios que es un espíritu, un neuma que es dice San Pablo, como el  aire, como el viento, no se ve y es inasibre (sic).   

“El derecho  penal  según  Sebastián Soler en el aula máxima de Confenalco en la ciudad de  Bogotá  en las Jornadas Internacionales de Derecho Penal, presidida por ALFONSO  REYES   ECHANDÍA,  dijo  que  los  monumentos  jurídicos  construidos  por  la  humanidad,  (LOS ROMANOS) son: A) Que nadie pague penas SIN CULPA y B) que nadie  sea condenado por sus pensamientos íntimos.   

“Estos  conceptos  nos  llevan  de  la  mano  a  situarnos  dentro  del  terreno  de  la  CULPABILIDAD   que   según   el   derecho   penal   significa   DOLO,  CULPA  Y  PRETERINTENCIÓN.   

“Respecto al  delito  de  CELEBRACIÓN INDEBIDA DE CONTRATO SIN CUMPLIMIENTO DE LOS REQUISITOS  LEGALES  no  se  observa  una sola violación de los  requisitos, lo único que  equivocadamente    se   le   atribuye   a   la   señora   Alcaldesa  es  que  supuestamente actuó subjetivamente, es decir, que ella  tenía  que  convertirse en una muñeca mecánica sin conciencia y sin voluntad,  lo  que  equivaldría  a  despojarla  de su siquis y en este caso no tendría ni  dispondría  de su juicio valorativo para saber si las condiciones OBJETIVAS DEL  PROPONENTE ERAN CORRECTAS O NO.   

“Esta es la  razón  por  la  cual, esta DELEGADA SEGUNDA ANTE EL HONORABLE TRIBUNAL SUPERIOR  DE  SINCELEJO,  en cumplimiento del artículo 5° del Código Penal, parte final  declara  que  sin  DOLO  no se puede atribuir la comisión de delito alguno a la  señora  alcaldesa ROCIO DEL CARMEN QUINTERO PORTO”  (subrayas     fuera     del    texto).   

La  sola  lectura  del  texto  transcrito  permite  a  la  Sala  concluir  que el doctor Félix Enrique Pardo Castellón no  revisó  ni  analizó,  como  era  su  deber,  todos y cada uno de los supuestos  fácticos  y  jurídicos  consignados en extenso en la resolución de acusación  de primera instancia.   

En  efecto,  limitándose  simplemente  a  enlistar  las  pruebas  obrantes  en  el  diligenciamiento  y  a  realizar  unos  comentarios  respecto  de  la  autonomía  de  la  voluntad del ser humano y, en  particular,   del  servidor  público,  no  estudió,  de  manera  individual  y  mancomunada,  los  medios  de  convicción  que  relacionó, como lo ordenaba el  artículo  254  del  Decreto 2700 de 1991, vigente para la época, en aras de la  elaboración  de  los  juicios de hecho y de derecho que conforman la estructura  de  la  providencia  judicial,  elementos  de prueba que siendo conocidos por el  acusado, no podía ignorar.   

Tampoco   analizó   cada  una  de  las  irregularidades  atribuidas  a la alcaldesa Quintero Porto durante el trámite y  suscripción  del contrato de construcción del acueducto de Coveñas, es decir,  no  centró  su  atención  en  el  análisis  de los cargos relacionados con la  motivación  de  la  resolución  por medio de la cual se adjudicó la obra a la  firma  SURTIELÉCTRICOS-RAÚL  FONSECA,  ni  si  era cierto o no que se celebró  dicho  negocio  jurídico sin que el municipio de Tolú contara con los terrenos  donde  se  debía  construir la obra, ni mostró preocupación por establecer la  realidad  respecto  del  tema  relacionado con la cláusula obligatoria donde se  hiciera  constar  la  existencia del rubro presupuestal surgida del contrato, ni  lo  atinente  a la disponibilidad presupuestal para efectos de la ejecución del  mismo.  No  obstante,  careciendo  la decisión del necesario examen sobre tales  aspectos,   fue   suficiente   para   el  acusado  afirmar  que  “Respecto  al  delito  de  CELEBRACIÓN  INDEBIDA  DE  CONTRATO SIN  CUMPLIMIENTO  DE LOS REQUISITOS LEGALES no se observa una sola violación de los  requisitos.”.   

Absurdo resulta que se llegue a tan grave  conclusión,  sin  hacer,  se  repite,  el  estudio  de cada uno de los aspectos  objeto  de  imputación  en  la  resolución de acusación materia de revisión,  máxime  cuando  se  trataba  de unos hechos que revestían complejidad y de los  cuales  surgían  múltiples  circunstancias  que  necesariamente  demandaban un  análisis  profundo,  no  pudiéndose olvidar, además, que el propio Procurador  Judicial    168    para    Asuntos   Penales   reconoció   la   “existencia  de  las  irregularidades mencionadas en la providencia  atacada”.   

Como     si     lo   anterior     fuera    poco,    dejando    a    un   lado   las   pruebas  obrantes  en  el  proceso  y las consideraciones  consignadas  en la resolución de acusación de primera instancia, no argumentó  la  presunta  ausencia  del  dolo en el comportamiento de la sindicada. Sólo se  conformó  con  hacer esa declaración, para seguidamente citar el artículo 5°  del  Código  Penal,  desconociéndose  cuál fue el apoyo probatorio (juicio de  hecho)  y  jurídico  (juicio  de  derecho)  que  le  permitió  arribar  a  tal  conclusión.   

Siendo  evidente  que  el  doctor  Pardo  Castellón  contaba con múltiples y variados elementos de juicio obrantes en el  diligenciamiento  y teniendo en cuenta los parámetros expuestos en el pliego de  cargos   a   revisar,   le   era  absolutamente  exigible  analizar,  cotejar  y  controvertir  todos  los  extremos  relacionados con la conducta de la sindicada  Quintero  Porto,  la  que  a todas luces aparecía irregular, para de esa manera  llegar  a  un  serio  pronunciamiento, proceder que no llevó a cabo como era su  deber,   limitándose  a  hacer  un  breve  y  acomodado  planteamiento  que  le  permitió,  sin más, concluir en la ausencia de responsabilidad de la alcaldesa  y, por esa vía, precluir la investigación a su favor.   

En    fin,    resulta   inexplicable   que   contando   con   tantos  elementos  juicio  allegados  al proceso y teniendo al frente una resolución de acusación  prolija  en  argumentos,  el  funcionario  acusado  se  haya  circunscrito   a    esgrimir   unos   comentarios   insulsos   y   desconectados   de   la  realidad  fáctica  y  jurídica  que  le  ofrecía  el  diligenciamiento,  limitando  su  discurso a hacer comentarios tales como que la  alcaldesa   procesada    no    era    una    “muñeca  mecánica”,  o   que    no    podía    ser   tratada    como   un   “computador”   o   que  a  ella  no  se  le  “debía  suprimir  su  voluntad,  su  capacidad  de  querer  y  de  conocimiento”, aspectos que nadie puso en tela de  juicio.  Por  el  contrario,  aceptando el libre ejercicio de la voluntad dentro  del  ámbito  de  la  discrecionalidad  de  que  gozan  determinados  servidores  públicos,  según  las  funciones  que  legalmente  se le atribuyen, las mismas  están  sujetas  a estrictos parámetros legales que no pueden ser desconocidos,  pues  su  inobservancia  conlleva  necesariamente  a  la  ilegalidad   como  producto de la arbitrariedad.   

Dentro  de  la  discusión,  era lógico  colegir  que  la  sindicada  Quintero  Porto  debía motivar las razones por las  cuales  la  llevaron  a separarse del criterio emitido por el Comité Evaluador,  en  cuanto  a  los  puntajes obtenidos por las empresas proponentes, presupuesto  que  no  cumplió,  toda  vez  que  se  limitó  a  invocar  los  principios  de  transparencia   y   objetividad,   sin   fundarlos  en  argumentos  fácticos  y  técnicos.   

Así,   entonces,   para   la   Sala  no  existe  duda que la providencia fechada el 17  de  enero  de  1997,  por  medio  de  la  cual  el  doctor  Félix Enrique Pardo  Castellón,  en  su  condición  de  Fiscal  Segundo  Delegado  ante el Tribunal  Superior  de  Sincelejo,  precluyó  la  investigación  que  por  el  delito de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales  se  adelantaba  contra  la  alcaldesa  del municipio de Santiago de Tolú, es manifiestamente contraria a la  ley,  toda vez que no realizó un concienzudo examen del material probatorio, ni  lo  confrontó  con  todos  los  extremos  que  componía la decisión objeto de  revisión  ni  efectuó el necesario análisis tanto de los aspectos fácticos y  jurídicos que imponían dicho asunto.   

En   otras   palabras,  ignorando  los  múltiples  medios  de  prueba  obrantes  en  el  proceso y que relacionó en la  providencia  cuestionada,  estos  es,  sin  hacer  un  juicio de valor lógico y  armónico  de  los mismos, el fiscal acusado, de manera caprichosa, declaró que  la  procesada Rocío del Carmen Quintero Porto no incurrió en el citado delito,  cuando  es  bien  sabido que la ley exige al funcionario que imparte justicia la  disciplina  y  el  deber  de  estudiar cada uno de los elementos que conforma el  diligenciamiento,  la evaluación de las circunstancias en que se realizaron los  hechos,  los  aspectos  atinente al grado de responsabilidad del imputado y, con  base  en  ello,   hacer  un   pronunciamiento  ajustado  a la realidad  procesal.   

En  consecuencia,  demostrado  está, en  grado  de  certeza,  que  el doctor Pardo Castellón, en su condición de Fiscal  Segundo  Delegado  ante  el  Tribunal  Superior  de  Sincelejo,  conscientemente  profirió  una  providencia  contrariando,  de  manera  manifiesta,  la realidad  procesal,  afectando  de  este  modo la integridad del ordenamiento jurídico y,  con ello, la de la administración pública a cuyo nombre actuaba.   

Por lo mismo, al proferir una providencia  manifiestamente  contraria a la ley, vulneró los bienes jurídicos que protegen  la  buena  marcha  de la administración pública en general y de la justicia en  particular,  esto  es,  la  transparencia,  la  credibilidad  y la legalidad que  enmarcan  el  actuar  del  servidor  público en el desarrollo de sus funciones,  comportamiento  que  conllevó  a  la desconfianza entre los asociados y, de esa  manera,  afectó  la integridad ética que ampara los actos de la institución a  cuyo nombre actuó el doctor Pardo Castellón.   

Visto lo anterior, resulta indispensable  precisar  si  el  citado  comportamiento  está investido de dolo, por lo que la  Sala procederá a estudiar el aspecto de la culpabilidad.   

Al  respecto  el diligenciamiento cuenta  con  suficientes  medios  de prueba que llevan a la Sala a colegir que el doctor  Pardo  Castellón  tenía  el conocimiento y la intención de actuar contrario a  la  ley,  en aras de favoreces los intereses personales de la entonces alcaldesa  de Santiago de Tolú.   

No  se  puede llegar a otra conclusión,  toda  vez  que se trataba de un funcionario que llevaba, para ese entonces, más  de  26  años  al  servicio de la administración de justicia, ocupando diversos  cargos,  tiempo  y  experiencia que le imponían el necesario entendimiento y la  suficiente  comprensión  para  saber  que  lo  asistía  el deber de cumplir su  función  sujeta  a  los  presupuestos  legales,  es decir, sabía que tenía la  obligación  de  realizar los cotejos tanto fácticos como jurídicos del asunto  puesto  a  su  consideración  y  que  le  era imperioso realizar la valoración  probatoria  de  acuerdo  con  la  sana  crítica, desatando los puntos de debate  surgidos  a  lo  largo  del  proceso,   en  pro  de  dictar una providencia  ajustada  a  los  cánones  de  la  justicia  y  de  la  equidad,  cosa  que  no  hizo.   

Así mismo, resulta curioso que contando  con   doce  procesos  al  despacho,  los  que  antecedían  al  diligenciamiento  adelantado  contra la procesada Quintero Porto, haya optado por darle trámite a  éste  sin  respetar el orden de ingreso, máxime cuando su permanencia en dicho  despacho  era  breve,  dado  que  sólo  reemplazaba  al titular por un período  vacacional.   

Además,  el  particular  interés  que  mostró  en  levantar  la suspensión que afectaba a la sindicada, evidencia que  quería  favorecerla,  al punto que ordenó en la decisión prevaricadora que se  comunicara  lo decidido al Gobernador del Departamento de Sucre, “con   nota   de  estilo”,  aspecto  totalmente  inadmisible  en  un funcionario que debe guardar la objetividad y la  imparcialidad  en el cumplimiento de su labor, sin olvidar que la experiencia de  tantos  años  le  imponían  saber  que  tal forma de comunicación de una  decisión  no  la contempla la ley en materia penal y, sobre todo, en decisiones  de esa naturaleza.   

En  fin,  ese  cúmulo de circunstancias  ponen  en evidencia el actuar doloso del doctor Félix Enrique Pardo Castellón,  quien   obrando   con   conciencia   y   voluntad,   profirió  una  resolución  manifiestamente contraria a la ley.   

5. Vistas así las cosas, de conformidad  con  el  artículo 232 del Código de Procedimiento Penal, la Sala encuentra que  existe  certeza  sobre  la  conducta punible y certeza sobre la responsabilidad,  pues  está  debidamente  demostrada  la  tipicidad  de la misma, la ofensa, sin  justa  causa,  de  los bienes jurídicos tutelados con el precepto y el dolo del  acusado,   por   lo  que  se  procederá  a  proferir  en  su  contra  sentencia  condenatoria  por  el  delito  de prevaricato por acción y, consecuentemente, a  tasar la pena, lo cual se hará de la siguiente manera:   

6. Para el efecto se tendrá en cuenta el  artículo  149  del  Decreto  100 de 1980, modificado por el 28 de la ley 190 de  1995,  que  describe el prevaricato por acción, en razón a que prevé una pena  más  benigna  que  la establecida en el artículo 413 del actual estatuto penal  (ley  599  del  2000),  pues  en  este último estatuto las penas principales de  multa  y  de  inhabilitación  para el ejercicio de funciones públicas son más  altas.   

Como  circunstancia  de menor punibilidad  será  tenida en cuenta la prevista en el numeral 1º del artículo 55 del nuevo  estatuto  penal,  por  ausencia  de  antecedente  penales. De mayor punibilidad,  concurre  la  consagrada en el artículo 66 numeral 11 del Código Penal de 1980  (artículo  58  numeral  9º  del  actual  estatuto),  en  virtud a la posición  destacada  que  el  procesado  ocupaba  en  sociedad, debido a la naturaleza del  cargo  que  venía  desempeñando  para la época de los hechos (Fiscal Delegado  ante  el Tribunal Superior de Sincelejo), su importancia dentro de la estructura  jerárquica  de  la  Fiscalía General de la Nación, y las funciones que debía  cumplir,     condición     que     le     imponía    un    mayor    compromiso  social.      

No obstante que esta última circunstancia  no  fue  señalada  expresamente  en  la  resolución  de acusación mediante la  mención  de  la  norma  correspondiente,  del  contenido  de  la providencia se  establece,  sin   esfuerzo,  que  el  supuesto  fáctico  que la estructura  (condición  de  Fiscal  Delegado  ante  el  Tribunal)   quedó  claramente  definido  en  ella, al igual que en la fase del juzgamiento, y por tanto, que su  deducción  resulta  procedente,  según  la   doctrina  mayoritaria  de la  Corte,  de  acuerdo con la cual, no se presenta vicio de incongruencia cuando la  circunstancia   que   se   deduce   en  la  sentencia  aparece  inequívocamente  determinada  en  la  acusación,  bien  porque  se identifica por su nominación  jurídica,  porque  se  cita  la  norma  jurídica  que la consagra, o porque el  supuesto  fáctico  que la configura se encuentra claramente establecido en ella  (Casaciones  de 18 diciembre de 2000 y 21 de febrero de 2001, Magistrado Ponente  doctor  Gálvez  Argote,  y  4 de abril de 2001, Magistrado Ponente Dr. Arboleda  Ripoll).   

Significa  lo anterior que en el presente  caso   concurre   una  circunstancia  de  menor  punibilidad,  y  una  de  mayor  punibilidad.  Esto,  de  acuerdo con lo establecido en el artículo 61 del nuevo  estatuto,  impone  a la Corte tener que moverse dentro de los cuartos medios del  ámbito  punitivo  previsto en el artículo 149 del Decreto 100 de 1980, método  que,  de  aplicarse,  resultaría  desfavorable  para  el  procesado,  en cuanto  habría  de partirse de un mínimo de 51 meses un día para la aplicación de la  pena  privativa  de  la  libertad.  Por  este motivo, se tendrán en cuenta para  efectos  de  la  dosificación  de  la  pena, por resultar  favorables, las  normas que se encontraban vigentes cuando ocurrieron los hechos.   

El artículo 149 del Código Penal de 1980  (modificado  por  el  28  de  la  ley 190 de 1995), adscribía para el delito de  prevaricato  por  acción,  pena  privativa  de  la  libertad  de 3 a 8 años de  prisión,  multa  de  50  a  100 salarios mínimos legales mensuales vigentes, e  interdicción  de derechos y funciones públicas hasta por el mismo tiempo de la  pena  impuesta.  Con sujeción,  entonces, a los criterios de dosificación  previstos  en  los artículos 61 y 67 ejusdem, y teniendo en cuenta que concurre  una  circunstancia  de  mayor  punibilidad,  la pena privativa de la libertad se  fijará  en treinta y ocho (38) meses, la multa en cincuenta y dos (52) salarios  mínimos   mensuales  legales,  y  la  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas en tres (3) años.   

La Fiscalía solicita la aplicación, como  pena  accesoria,  de  la  “prohibición del ejercicio de un arte, profesión u  oficio”,  prevista  en  el  artículo  42 numeral 4º del Decreto 100 de 1980,  modificado  por  el  1º  de  la  ley  190  de  1995,  y  que  se  suspenda,  en  consecuencia,  al doctor Pardo Castellón  en  el  ejercicio  de  la abogacía. La Sala no accederá a esta  petición,  por  no advertir la existencia de una relación causal directa entre  la  profesión  de  abogado y la ejecución delito que posibilite su imputación  jurídica.  Si bien es cierto dicha condición le permitió acceder al cargo que  ocupaba,  no  fue  una  tal  circunstancia,  sino  el  ejercicio  de la función  pública,   lo   que   le   permitió   cometer  el  ilícito.      

Dado que la pena privativa de la libertad  a  la  cual  será  condenado  el  procesado  supera  el  límite de 36 meses de  prisión,  deviene  improcedente, por el aspecto objetivo, el otorgamiento de la  condena  de  ejecución  condicional.  Mas como quiera que se encuentra reunidos  los  requisitos requeridos para el otorgamiento de la prisión domiciliaria como  sustitutiva  de  la  de  prisión,  tanto  por  el aspecto punitivo, como por el  desempeño  personal,  laboral  y  familiar  del  acusado, indicativos de que no  constituye  un  peligro para la comunidad, ni que evadirá el cumplimiento de la  sanción,  la  Corte  concederá  dicho  sustituto,  y  ordenará  que  la  pena  aflictiva   se   cumpla   en  el  lugar  de  residencia  del  doctor Pardo Castellón.   

Como caución prendaria para gozar de este  beneficio  se tendrá la prestada por el procesado para disfrutar de la libertad  provisional   (fls.400/1).   Adicionalmente,  deberá  suscribir  diligencia  de  compromiso  en  los  términos  establecidos  en el artículo 38 numeral 3º del  nuevo  Código  Penal.  La  Secretaría  de  la  Sala comunicará esta decisión  al   Instituto  Nacional  Penitenciario  y Carcelario, para los fines   previstos en el numeral 5º de la citada norma.    

No  se condena al pago de perjuicios, por  no aparecer prueba que demuestre que se causaron.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA DE CASACION PENAL, administrando justicia en nombre  de la república y por autoridad de la ley,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.          Condenar    al    doctor  FÉLIX  ENRIQUE  PARDO CASTELLÓN, de  anotaciones  civiles y personales conocidas en autos, a las penas principales de  treinta  y ocho (38) meses de prisión, multa equivalente a cincuenta y dos (52)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  e interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  tres  (3) años, como autor responsable del delito de  prevaricato   por   acción,   por   el   cual   fue   llamado  a  responder  en  juicio.   

2.  Declarar  que  el doctor FÉLIX  ENRIQUE  PARDO  CASTELLÓN  no  tiene derecho a la condena de ejecución condicional.   

3.   Otorgar   al   doctor  FÉLIX  ENRIQUE  PARDO  CASTELLON la  prisión  domiciliaria  como sustitutiva de la prisión. Para el efecto, deberá  otorgar   caución  prendaria  y  suscribir  diligencia  de  compromiso  en  los  términos  indicados en la parte considerativa.    

4.  Abstenerse  de  proferir  condena por  perjuicios.   

5.  Ejecutoriada esta sentencia, envíese  copia de ella a las autoridades señaladas en la ley.   

Contra   esta   decisión  no  proceden  recursos.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Comisión de servicio  

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                                                CARLOS       AUGUSTO       GÁLVEZ  ARGOTE   

   

   

   

   

   

JORGE  ANIBAL GÓMEZ  GALLEGO                                                          EDGAR              LOMBANA  TRUJILLO   

   

   

   

   

   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN                                       MARINA         PULIDO         DE  BARÓN   

          Salvamento   parcial   de  voto   

   

   

   

   

JORGE  LUIS QUINTERO  MILANÉS                                                          MAURO              SOLARTE  PORTILLA   

          Salvamento   parcial   de  voto   

   

   

TERESA   RUÍZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

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