18523(23-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18523  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  106  

         

Bogotá,  D.  C.,  veintitrés (23) de  septiembre de dos mil tres (2003).   

V   I   S   T   O  S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda de revisión presentada por el apoderado de JAIME  PINTO  TAMAYO contra la sentencia  proferida,  el 2 de octubre de 2000, por el Tribunal Superior de Bucaramanga, en  la  que  al  confirmar  la  del  Juzgado  Décimo Penal del Circuito de la misma  ciudad,  fechada  el  17  de  mayo  de  dicho año, lo condenó por el delito de  estafa.   

  H   E   C   H   O  S   

El  juzgador  de  segunda  instancia  los  sintetizó de la siguiente manera:   

“El  señor  Leonardo  Herrera  Anaya compró a JAIME PINTO TAMAYO en VEINTICINCO MILLONES DE  PESOS  el  vehículo  de  placas  FTL  691, marca Mitsubishi, montero STD, color  metalizado,  modelo 1994, con cuenta radicada en la ciudad de Armenia. Como pago  entregó  Herrera  Anaya  tres  relojes  de  diecisiete  millones de pesos y dos  cheques  de  cuatro  millones  de  pesos  cada uno, de la cuenta personal que el  denunciante  tiene en el Banco Cafetero. Como quiera que el señor Herrera Anaya  pretendió  comercializar  el vehículo adquirido a Pinto Tamayo, lo llevó a la  SIJIN  para  que  le  realizaran  el  correspondiente experticio técnico y cual  sería  su  sorpresa  al  informársele  que  el  carro quedaba inmovilizado por  presentar  adulteración  en  los guarismos de identificación. Los hechos a que  nos  referimos  tuvieron ocurrencia en el mes de julio del año anterior en esta  ciudad ”.   

L  A      D  E  M A N D  A   

Luego de sintetizar la actuación procesal y  de  identificar  los  despachos  que  profirieron  las  decisiones  de primera y  segunda   instancia,    invoca    como    causal    de   revisión    la    descrita   en   el  numeral  tercero  del  artículo 232 del Código de Procedimiento Penal de 1991.   

En el título que denominó “FUNDAMENTOS  DE  HECHO  Y  DE DERECHO”,  luego  de  relatar  en extenso y desde su personal punto de vista los hechos que  fueron  materia  de  juzgamiento,  de  precisar  unas actuaciones surtidas en el  diligenciamiento  que  se  adelantó  en contra de su representado y de comentar  algunas  explicaciones  que  dio el denunciante a lo largo de la investigación,  recuerda  que el primer propietario del vehículo fue Joaquín García, quien lo  vendió  a  Tobias  Medina  y  éste,  a  su vez, a Jaime Pinto, “el  cual  desconociendo  de  las  irregularidades que presentaba el  vehículo   se   lo   vendió   al  señor  LEONARDO  HERRERA  ANAYA”.   

Así mismo, critica la manera como el Fiscal  11  de  Patrimonio Económico de Bucaramanga desconoció unas pruebas y dejó de  practicar  otras  y,  de  esa  manera,  dispuso  el cierre de la investigación,  funcionario   judicial   que   teniendo   la   oportunidad   de  “darle  un  vuelco  al  proceso”, no lo  hizo,  máxime  cuando  no  confirmó  si  en  verdad  el  automotor había sido  revisado   por   la  SIJIM  de  Barranquilla,  como  lo  indicó  el  procesado,  irregularidades   que   finalmente   pasó   por   alto   el   juez  de  primera  instancia.   

Por  ello,  se  pregunta:  “¿cuál  es  la  suficiente  prueba  procesal?,  donde  no  se pudo  establecer  la  verdadera  identidad  del  vehículo  y la fiscalía en la etapa  instructiva,  concretamente  el Cuerpo Técnico de Investigación, concluyó que  el  vehículo  objeto  de  experticio  dentro  del proceso quedaba sin revisión  técnica,  y  solicitó una prueba de oficio de REACTIVACIÓN QUÍMICA y el Juez  Décimo  Penal  del  Circuito  no  la ordenó, violando el principio de  la  imparcialidad  en  la  búsqueda  y  práctica  de la prueba, violando el debido  proceso”.   

No  entiende  cómo  el  juzgado de primera  instancia  concluyó  que su procurado, para lograr que el denunciante cayera en  error,  utilizó  palabras  y  expresiones  artificiosas  y una carpeta llena de  documentos  que  aparentaban  la legalidad del vehículo objeto de venta, cuando  es  claro  que en ningún momento de la investigación ni del juicio se declaró  la  falsedad  de  aquellos.  Además,  dice,  que al señor Jaime Pinto no se le  puede     responsabilizar    de    una    conducta    punible    “cuando  el  procesado  no  está  en  la  obligación  de  entrar a  demostrar  lo  que  el  Estado  no  ha  probado  ni  desvirtuado,  o lo ha hecho  deficiente como el caso que atañe…”.   

Considera que las instancias judiciales que  conocieron  del  proceso  lo  hicieron  de  manera parcializada, toda vez que le  otorgaron  credibilidad  a  las  declaraciones de los parientes del denunciante,  máxime  cuando  es  sabido  que  ellos  iban  a  respaldar  a su familiar, pues  también    se    sentían    perjudicados,    dándose   así   “vía  libre  a  la  parcialidad  de  esta  materia,  lo cual fue en  detrimento  de  una de las partes y por ende sería una manifiesta violación al  derecho de defensa del condenado”.   

En    consecuencia,    “solicito   Honorables   Magistrados,  revisar  cuidadosamente  este  proceso,  practicar  las  pruebas  dejadas  pasar  por  alto  por las anteriores  instancias  procesales,  ya  que  se  están  violando  normas procedimentales y  constitucionales  al  debido proceso y una legítima defensa, ya que el Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  confirma  la sentencia en su totalidad emanada por el  Juzgado  Décimo  Penal del Circuito de Bucaramanga, ya que el vehículo materia  de  investigación  no  se  ha determinado si es original o no, de acuerdo a los  informes     técnicos     que     reposan    en    el    expediente”.   

Por  último,  en  cuando  a  las  pruebas,  pretende  que  se  tenga  como  tal  “el experticio  practicado  por  la  SIJIN  de  Barranquilla,  que  reposa  en  la  Sección  de  Automotores,   el   cual   no   lo   suministran   si   no   media   una   orden  judicial”   

Allegó fotocopias de los fallos de primera  y segunda instancia y el respectivo poder.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1. De conformidad con lo que disponían los  artículos    232    y    234    del   Decreto   2700   de   1991   –hoy  artículos  220  y 222 de la Ley  600  de  1991–, la acción  de  revisión  procede  contra  las  sentencias que hayan hecho tránsito a cosa  juzgada,  para  lo  cual  se  consagran las respectivas causales. Así mismo, se  impone  para  el  libelista  el  cumplimiento  de los presupuestos de forma y de  contenido  allí  relacionados,  por  lo  que  el  escrito  mediante  el cual se  pretende  la  remoción del fallo no es de libre formulación, exigencias que de  no   ser   acatadas   conlleva   ineludiblemente   a   la   inadmisión   de  la  demanda.   

Por ello, entre los requisitos formales que  establecía  el último inciso del citado artículo 234, también hoy exigido en  el  artículo  222,  se  establece que con el escrito se debe acompañar copia o  fotocopia  de  la  decisión  de primera y segunda instancias y constancia de su  ejecutoria,  omisión  que  no es posible que la Corte pueda enmendarla, dado el  carácter rogado de la acción.   

En   este   caso   y   en   cuanto  al  aspecto  formal,  el  actor   se   limitó   a  allegar copia de las sentencias de primera y segunda  instancia,  olvidando  aportar  la  constancia de su ejecutoria, defecto que, de  acuerdo  con  lo  que  preceptuaba  el  artículo 235 del C. de P. Penal de 1991  –hoy     artículo  223–,     conlleva  necesariamente a la inadmisión del libelo.   

2.  Al  margen  de  lo anterior, como lo ha  reiterado  la  Sala  en  múltiples  ocasiones, al ser probable que la sentencia  condenatoria  o  absolutoria,  o  las providencias de preclusión o cesación de  procedimiento   que   se   encuentran   ejecutoriadas  no  contengan  la  verdad  histórica,  originándose  así  una injusticia, el legislador penal instituyó  la  acción  de  revisión como mecanismo idóneo para remover la cosa juzgada y  declarar  sin  valor  el fallo objeto de la acción, dictando la providencia que  corresponda  o  disponiendo  tramitar  nuevamente el proceso desde el momento en  que se indique, según la causal que la Corte encuentre fundada.   

Así, la remoción de la cosa juzgada sólo  es  posible  cuando  frente  a  la  demostración  de  alguna  de  las  causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  se  evidencia  que  se  cometió  una  injusticia.   

Por lo mismo, la demanda debe confeccionarse  con  sujeción  a  los  parámetros  legales y con respeto a la causal en que se  apoya,  pues, en coso contrario, el escrito se torna en un alegato de instancia,  lo  que  constituye  un desafuero que desnaturaliza los fines de la revisión y,  por ende, conlleva a su inadmisión.   

En  el presente caso, la simple lectura del  libelo  pone  de presente que el demandante desconoce los soportes filosóficos,  legales  y  jurisprudenciales  en  que se ampara este instituto, por cuanto a lo  largo  del  escrito,  como  si  se  tratara  de  una  tercera instancia, plantea  situaciones  que  se  apartan totalmente de la causal escogida para solicitar la  revisión  del  proceso,  como  sostener  que  no  existe en el diligenciamiento  elementos  de  juicio  que  permitan  la  condena  de  su procurado, o que no se  investigó  lo  que  lo favorecía, o que se transgredió el debido proceso y el  derecho  de  defensa  o  que el sentenciado nunca acudió a maniobras engañosas  que pudieran hacer incurrir en error al denunciante.   

Olvida el accionante que la revisión no se  estatuyó  para  repetir  o ampliar los debates jurídicos o fácticos cumplidos  en  el  proceso  ya  finalizado,  ni  para  subsanar  los errores de juicio o de  procedimiento   en   que  hayan  podido  incurrir  las  instancias,  los  cuales  constituyen  el  objeto  de  los  recursos ordinarios y de la casación, ni para  reexaminar  los  elementos  de  convicción  que  sirvieron  de fundamento a una  decisión  que  ha  hecho  tránsito  a  cosa  juzgada y que, como tal, tiene el  carácter de definitiva e inmutable.   

Por  último,  teniendo en cuenta la causal  escogida,  el  memorialista  tenía la obligación de aportar las pruebas de los  hechos  básicos  de  su  petición,  tal  como  lo  ordenaba el numeral 4° del  artículo      324     del     Decreto     2700     de     1991     –artículo  222.4  de  la  Ley  600 de  2000–,  toda  vez que la  Sala,  al  estudiar formalmente la demanda, debe cotejar los fallos de instancia  con  los  nuevos  elementos  de  juicio,  para concluir si los mismos tienen, en  principio,  la eficacia suficiente para demostrar que se cometió una injusticia  y  que,  por  lo  tanto,  se  justifica  el  adelantamiento  de  la  acción  de  revisión.   

En  consecuencia, como el escrito del actor  no  cumple  con  las  exigencia  que  la  ley ha impuesto para su admisión como  demanda  de  revisión,  conforme  a lo que prevé el artículo 223 del C. de P.  Penal, se inadmitirá.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.  Reconocer  al  doctor  Carlos  Enrique  Jiménez  Otalvarez como apoderado del condenado JAIME  PINTO TAMAYO.   

2.   INADMITIR  la demanda de revisión contra el fallo proferido, el  2  de octubre de 2000, por el Tribunal Superior de Bucaramanga, mediante el cual  se   condenó   a  JAIME  PINTO  TAMAYO  por el delito de estafa.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

  YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN                  MARINA   PULIDO  DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                 MAURO SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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