14860jun

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 14860  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

Aprobado Acta No. 096  

          Santafé  de  Bogotá,  D.C.,  nueve  (09) de junio del año dos mil  (2000).   

          VISTOS   

         

            El   18  de  abril  de  1997,  un  Juzgado Regional de Bogotá condenó al señor PEDRO PABLO  RAMIREZ  DIAZ  como  autor del delito definido en el artículo 32-1 de la ley 30  de  1986.  Le impuso prisión de 4 años, multa de $1.421.250.oo e interdicción  del  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por lapso igual al de la pena  principal.  Apelada  la  sentencia  por  el defensor, el 27 de octubre del mismo  año el Tribunal Nacional la confirmó.   

            La  defensa  interpuso  recurso de casación y, por esa razón, la Corte se ocupa, ahora, del  aspecto  técnico  – formal  de la demanda presentada.   

          HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL   

          En  diligencia  de  allanamiento realizada el 2 de julio de 1996 por las autoridades  de  policía  adscritas a la Unidad Antinarcóticos, en un inmueble localizado a  orillas  del  río  Meta,  jurisdicción  de  la  población de Puerto Trujillo,  fueron  halladas  120  arrobas  de  hoja  de  coca en proceso de maceración, 70  arrobas  de   hoja  de coca picada, 40 arrobas recogidas, así como insumos  en  grandes  cantidades  y  1.000  gramos  de base de coca. Fueron capturadas 21  personas  que  allí  se  encontraban, entre ellas los procesados Jorge Eliécer  Unibio  Buitrago,  José  William  Medina  Alonso,  Pedro Pablo Ramírez Díaz y  Manuel José Unibio Buitrago.    

         Con  base  en  el   informe de la policía que intervino en el operativo en  mención,   la  Unidad  Delegada  de  Fiscalías  de  Oriente  ante  los  Jueces  Regionales  abrió  la  correspondiente investigación criminal el 4 de julio de  1996.   Vinculó  mediante  indagatoria  a  19  de  los  capturados,  y  puso  a  disposición  de  los  Juzgados  de  Familia  a   dos   menores que se  encontraban entre los retenidos por la policía.   

          Una vez escuchados  en  indagatoria,  la  Fiscalía  Regional  de  Oriente con sede en Villavicencio  (Meta)  les  definió  la  situación jurídica el 22 de julio de 1996 y afectó  con  medida  detentiva a los procesados, entre ellos Pedro Pablo Ramírez Díaz.  Dijo  el  Instructor  que  eran  presuntos  coautores  del delito definido en el  artículo 32-1  de la ley 30 de 1986.   

             En   firme  dicha  decisión,  los  procesados  manifestaron  su  deseo  de  acogerse  a  la  sentencia anticipada.   

           Entre  el 24  de  enero  y  el  21  de  febrero  de   1996, se realizaron las respectivas  diligencias.  En  ellas,  los  imputados  Medina,  Unibio ( los dos ) y Ramírez  Díaz,  aceptaron  su  responsabilidad por el delito que se les atribuyera   en el auto que les definió su situación jurídica.   

           Concretamente,  la  diligencia  de formulación y aceptación de cargos respecto  de  Pedro  Pablo  Ramírez  Díaz  fue realizada el día 24 de enero de 1997. En  ella,  la  Fiscalía le imputó “autoría” de infracción al artículo 32 de  la  ley  30  de 1986, cargo expresamente admitido por el procesado, en presencia  de su Defensor y del Ministerio Público.   

            Las   actas  respectivas  fueron  enviadas  a  los  Jueces Regionales de Santafé de Bogotá.  Como  consecuencia de ello, el 18 de abril de 1997, un Juez Regional lo condenó  ceñido a la imputación hecha en la diligencia anterior.   

           Días antes,  durante  el transcurso del mes de enero de 1997, los otros 15 procesados habían  aceptado  los  cargos  que se les hiciera en las respectivas diligencias, motivo  por el cual se produjo ruptura de la unidad procesal.   

            LA DEMANDA   

           La  fundamenta  el  censor  en  la  causal  primera  de  casación  contenida  en el  artículo  220  del Código de Procedimiento penal, “ por violación indirecta  de   la   ley   sustancial   por   error   de   derecho   por  falso  juicio  de  convicción”.   

           Bajo  el  título  de  “Cargo”,   señala  que  por  los  mismos  hechos  que  motivaron  la  captura  de  los  procesados  el  2 de julio de 1996, el Tribunal  Nacional profirió dos fallos de segunda instancia, así:   

           El  primero,  el  4  de  julio  de 1997, dentro del proceso radicado bajo el número  10.620,  mediante el cual condenó a 15 de los procesados (cuyos nombres cita) a  la  pena  principal  de  26 meses y 20 días de prisión y multa de $795.900.00,  “por  COMPLICIDAD  de violación al inciso primero (1º.) del artículo 32, de  la  ley  30  de 1986, reformando la decisión del Juzgado de Santafé de Bogotá  en  sentencia anticipada de 7 de marzo del mismo año que los había condenado a  la  pena  principal  de  CUATRO  AÑOS  (4)  DE  PRISION  Y  MULTA  DE UN MILLON  CUATROCIENTOS  VEINTIUN  MIL  DOCIENTOS  CINCUENTA  PESOS ( $1.421.250.00), como  coautores  responsables  de  la violación al inciso primero del artículo 32 de  la ley 30 de 1986”.   

           El  segundo,  el  27  de  octubre  de 1997, dentro de la presente actuación, que confirmó la  sentencia  de  primer  grado  proferida  el  18  de  abril del mismo año por un  Juzgado  Regional  de  Santafé  de  Bogotá,   mediante la cual condenó a  PEDRO  PABLO  RAMIREZ,JOSE  WILLIAM MEDINA, JORGE ELIECER UNIBIO y MANUEL UNIBIO  BUITRAGO  a  la  pena  principal de 4 años de prisión y multa de $1.421.250.00  pesos,  como  COAUTORES  de  violación al inciso primero del artículo 32 de la  ley 30 de 1986.   

            A   título  de   “demostración”  manifiesta que el  Tribunal Nacional en  el  fallo  de segunda instancia proferido el 4 de julio de 1997,  de manera  oficiosa  calificó  las conductas analizadas como de “complicidad”  en  el  delito  previsto  en  el  inciso primero, artículo 32 de la ley 30 de 1986.  Agrega  que  tratándose  de  los  mismos hechos, no se podía luego, en la otra  sentencia,  hablar  de  “coautoría”,  de  donde  concluye  que  “es   palpable  a  simple  vista la violación indirecta de la norma sustantiva que se  relaciona  con el grado de complicidad en el reato fallado, incurriendo esa alta  corporación  en un error de derecho por el falso juicio de convicción que tuvo  para   confirmar  la  sentencia  impugnada,  existiendo  como  ya  se  ha  dicho  un  pronunciamiento anterior  de  la  misma  Sala  de  Decisión,  donde  dio  aplicación al artículo 24 del  Código Penal”.   

          Solicita  casar  la  sentencia  impugnada  y  dictar en su reemplazo la que corresponda en  estricto derecho.   

         CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE     

    

1. Generalidades.     

Aparte las observaciones que pudieran hacerse  sobre     la     ausencia    de    los    requisitos    técnico    –  formales  en el escrito estudiado, la  demanda  tiene  que  ser  desestimada,  por  absoluta carencia de interés en el  recurrente. En efecto:   

          Como lo ha dicho y  reiterado  la  Corte,  la aceptación voluntaria de responsabilidad con miras al  proferimiento   de   sentencia   anticipada   se   rige   por  el  principio  de  irretractabilidad,  que  implica para el procesado y para su defensa técnica la  renuncia  a  controvertir  la  prueba  y  el contenido de la acusación, excepto  cuando  se  recurre  sobre la dosificación de la pena, la condena de ejecución  condicional,  la  extinción  del  dominio  sobre  bienes  y,  anteriormente, en  vigencia  de la ley 81 de 1993, cuando también se  hacía en relación con  la condena para el pago de perjuicios.   

           La  Corte  también  tiene  claro  que  si  bien el artículo 37B-4 del C. de. P. P.  gramaticalmente  apunta al recurso de apelación, debido al mismo interés, a la  lógica  y  a la razón de ser de los recursos, las restricciones previstas para  ese recurso tienen que ser atendidas en materia de casación.   

           Es  fácilmente  perceptible, entonces, que salvo las excepciones indicadas, en todo  otro   caso   la  defensa  carece  de   la  posibilidad   de  recurrir  extraordinariamente.   

            Igualmente   se   sabe   que  cuando  se  invoca  la  violación  de  garantías  fundamentales  con  el anhelo de la casación, no es suficiente su planteamiento  para  soslayar  la exigencia del interés. Para disipar el pretexto de la simple  retractación,  es  menester  demostrar,  probar,  dentro  del mismo proceso, la  efectiva  lesión  de  tales  garantías,  es decir, el resquebrajamiento de los  derechos  con actitudes maliciosas o sinceramente negligentes y con asalto de la  lealtad que debe acompañar el trámite de todo proceso.   

              De  lo  anterior resulta que si el planteamiento de una causal de casación obra  como  desvío  para  introducir  en  la  Justicia  el  retraimiento  de un cargo  libremente  aceptado  por  el procesado o acordado con la Fiscalía, la ausencia  de interés para recurrir emerge manifiesta.   

              Por  lo  anterior,   la Sala ha resaltado que el interés para recurrir una  sentencia  de “terminación anticipada del proceso”  no puede derivarse  de  la causal invocada o simplemente del énfasis de la defensa alusivo a que se  ha  conculcado  una  garantía  fundamental.  Es  siempre  necesario,  afirma la  Corte,   escudriñar  la  orientación o propósito  perseguido con el  cargo,  y  si  se establece que  el mismo no es más que la  búsqueda  de  rectificación   de   lo aceptado  o acordado,  la   ausencia  de interés se  erige  como  consecuencia  ( Cfr.,  por   ejemplo,   casaciones  del  11  de  agosto  de  1999,  M.  P.  Dr.  Carlos  Augusto   Gálvez  Argote,  y  del  26 de octubre de 1999,  M. P.  Dr. Carlos Eduardo  Mejía Escobar).    

         

           Como  se  sabe,  las  “terminaciones  anticipadas  del  proceso” pueden generar de  alguna  manera  aislamiento de la totalidad de los derechos del procesado, entre  ellos   disminución   de   la   presunción   de   inocencia,   reducción  del  contradictorio,  la  no  autoincriminación,  la  posibilidad  de  impetrar y de  practicar  más  pruebas, etc. Pero ello se hace sobre la base del asentimiento,  conformidad  o  acuerdo a que llegan el procesado y su defensor con la Justicia,  con   lo   cual  aceptan  la  situación  a  cambio  del  logro  de  beneficios.   

    

1. El asunto concreto.     

Como  se dijo, el señor PEDRO PABLO RAMIREZ  DIAZ  estuvo  de acuerdo con los cargos que le fueron formulados en la audiencia  correspondiente  y  fue  condenado  en  1ª.  Y  2ª. Instancias conforme con el  contenido   del   acta   en   que   admitió   la   imputación  concreta  y  su  responsabilidad.   

El  Defensor  propuso   a  la  Corte la  causal  1ª.  de casación, violación indirecta de la ley sustantiva, “…por  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción”  y,  a  pesar de que,  finalmente,  pidió  a la Sala dictar el fallo que “…corresponda en estricto  derecho…”,  en  el  fondo  persigue que su defendido, tal como se hizo en la  sentencia  de 2ª. instancia proferida en el otro proceso, sea condenado pero no  a título de “autor” sino de “cómplice”.   

           Como  se  percibe  con  facilidad,  el censor no se ha basado en las previsiones establecidas en el  artículo  37B-4  del C. de. P. P.  ni ha realizado su estudio en búsqueda  de  las  finalidades  allí  señaladas.  Ha  reclamado  a  la Corte simplemente  que   el  señor PEDRO PABLO RAMIREZ sea estimado como “cómplice” y no  como  “autor”,  con  lo  cual  se  ha  introducido  en  el  tema de la   responsabilidad,  ajeno,  desde  todo  punto  de  vista,  a  la filosofía de la  conformidad    inherente  al  fenómeno  de  la  sentencia  anticipada.  Es  palpable,   entonces,   que   no   le   asistía   interés   para  recurrir  en  casación.   

          Por    lo    anterior,    se   impone,   entonces,   desestimar   la  demanda.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia   

         RESUELVE   

          Desestimar  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  PEDRO  PABLO  RAMIREZ  DIAZ,  contra  la  sentencia  de segunda instancia proferida el  27 de octubre de 1997, por el  Tribunal  Nacional.   

           Devolver el  proceso al Tribunal de origen.   

          De  conformidad  con  lo dispuesto por el artículo 197 del C. de P. P., contra esta  decisión no procede recurso alguno.   

           Comuníquese y Cúmplase   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                 JORGE  E.    CORDOBA   POVEDA                  

CARLOS       A.        GALVEZ  ARGOTE          JORGE  ANIBAL  GOMEZ GALLEGO                             

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                    CARLOS  E.  MEJIA  ESCOBAR                     

ALVARO       O.        PEREZ  PINZON            NILSON  E.    PINILLA    PINILLA                                          

TERESA    RUIZ  NUÑEZ   

Secretaria  

    

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