14861abr

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 14861  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 63  

          Santafé   de   Bogotá,   D.   C.,  veintiséis  de  abril  de  dos  mil.   

VISTOS  

          Revisa  la  Corte en sede de casación la sentencia de segundo grado  del  5 de diciembre de 1997, dictada por el Tribunal Superior de Cali, por medio  de  la  cual se confirmó integralmente el fallo proferido en primera instancia,  según  el  cual  AMÉRICO  ORTEGA, JESÚS ANTONIO CHÁVEZ y SIGIFREDO SAAVEDRA,  fueron   condenados   por   el   delito   de  falsedad  ideológica  de servidor público en documento público  (artículo  219 del Código Penal), en calidad de determinador, autor material y  cómplice, respectivamente.   

          En  la  misma  decisión  fue  condenada la dama GLORIA ELSY ESCOBAR  VARGAS,  como  autora  del  hecho  punible  de abuso de  autoridad  por  omisión  de  denuncia  (artículo 153  Código Penal).   

          La  casación  fue  propuesta en interés de los procesados AMÉRICO  ORTEGA y SIGIFREDO SAAVEDRA.   

         

HECHOS  

          Al  final  de  la  noche  del sábado 14 de diciembre de 1991, en la  carrera  28  con  la calle 65 del municipio de Palmira (Valle), se presentó una  colisión  del  automóvil marca Mazda 626L, de placas CAP 470, conducido por el  entonces  diputado  CARLOS  HERNEY ABADÍA CAMPO con la motocicleta marca Honda,  de  placas  TVZ  64,  dirigida  por el señor RODOLFO SALAS CASTRO.  En los  episodios  resultaron  gravemente  lesionados  el  conductor  del motociclo y su  acompañante FRANCIA HELENA ROMERO.   

          A  raíz  del siniestro, los vehículos involucrados fueron llevados  a  los patios oficiales de la Secretaría de Tránsito, lugar en el cual se hizo  el  registro  del  automóvil  en  el formato número 2225, papel que relaciona,  entre  otros datos, la información separada sobre el propietario, el conductor,  los  motivos  del  decomiso,  la  firma  de  quien entrega el automotor y la del  vigilante  de  turno, que en este caso era JESÚS ANTONIO CHÁVEZ.  Al día  siguiente,  se  presentaron a las instalaciones indicadas el economista AMÉRICO  ORTEGA,  Secretario  de  Tránsito  del  municipio  de  Palmira, acompañado del  diputado  Abadía  Campo y el  señor  SIGIFREDO  SAAVEDRA,  con  el fin de proponer al vigilante el cambio del  documento  diligenciado  en  cuanto  al  nombre del conductor, pues entraría la  última persona mencionada en lugar de la puesta en el original.   

          El  celador  JESÚS  ANTONIO  CHÁVEZ  fue  requerido  en  su casa y  accedió  a hacer la mutación propuesta, mas tanto el documento anulado como su  reemplazo  fueron  dejados sobre el escritorio de la señora GLORIA ELSY ESCOBAR  VARGAS,  jefe encargada de patios, pues ésta exigía que así se procediera por  los   vigilantes   cada   vez   que   se   anulara  uno  de  dichos  papeles  de  inventario.   El  lunes  16  de  diciembre, la funcionaria se enteró de lo  ocurrido,  tuvo  a  la vista ambos escritos, sin embargo de lo cual no denunció  los  hechos  y  después  el  formato  anulado  o  sustituido desapareció de su  oficina.   

ACTIVIDAD PROCESAL  

          El   Juez  Tercero  Penal  Municipal  de  Palmira,  funcionario  que  adelantaba  el  proceso por los hechos punibles de lesiones personales culposos,  ordenó  la  expedición  de  copias  para investigar la hipótesis delictiva de  falsedad   que   advirtió   en   relación   con  el  mencionado  documento  de  inventario.   En  virtud  de  ello,  la fiscalía seccional dispuso primero  diligencias   de   investigación   previa  y  después  abrió  formalmente  la  instrucción (cuaderno 1, fs. 1, 27 y 32).   

          Fueron  vinculados  mediante  indagatoria los imputados Gloria  Elsy Escobar Vargas (C. 1, fs. 74 y  557),  Américo  Ortega  (fs.  83,  143  y  337) y Jesús Antonio Chávez (fs. 131, 483 y 564).   

          Por  medio  de  resolución  fechada  el  11  de octubre de 1994, la  Fiscal  Ciento  Cuarenta  Delegada ordenó medida de aseguramiento de detención  preventiva  en  contra  de Ortega y Chávez  por  el  delito  de  falsedad material de  particular  en documento público, y de conminación en  disfavor  de  la  señora  Escobar  Vargas,  como  autora  del  delito  de  abuso de  autoridad    por    omisión    de    denuncia   (fs.  211).   

          Apelada  la  resolución  de  situación  jurídica,  la  Unidad  de  Fiscalía  ante el Tribunal de Cali la confirmó por la suya del 29 de noviembre  de  1994,  providencia  en la cual aclara el fiscal que la imputación a los dos  primeros  sindicados se hace por el injusto de falsedad  ideológica  de empleado oficial en documento público,  en  concurso  con  el  de  destrucción,  supresión y  ocultamiento  de documento público (fs. 255).  En  la  misma  decisión,  se  ordenó  la  vinculación  procesal  de  Carlos   Herney   Abadía  Campo  y  Sigifredo  Saavedra,  razón  por  la  cual dentro de esta misma actuación procesal el  último   fue   recibido   en   indagatoria  el  23  de  febrero  de  1995  (fs.  358).   

          Posteriormente,  se dispuso la expedición de copias para investigar  por  separado  la  conducta  del  doctor  Carlos Herney  Abadía   Campo,   quien  entonces  ya  ostentaba  la  investidura de Senador de la República (fs. 318).   

          Cerrada  la  investigación  parcialmente  respecto  de Américo  Ortega,  Jesús  Antonio  Chávez  y  Gloria  Elsy Escobar  Vargas,  la Fiscalía calificó el mérito sumarial en  resolución  del  6  de  abril  de  1995,  por medio de la cual acusó a los dos  primeros  como determinador y autor, respectivamente, del delito de falsedad    ideológica    de   servidor   público   en   documento  público,  y  a  la  tercera  en calidad de autora del  hecho  punible  de  abuso de autoridad por omisión de  denuncia,  decisión  que quedó ejecutoriada el 27 de  abril de 1995 (fs. 430 y 445).   

          Asumió  el  conocimiento  el  Juzgado  Sexto  Penal del Circuito de  Palmira,  despacho  que practicó la audiencia pública el 31 de octubre de 1995  (453 y 574).   

          Como  en  cuaderno  separado se había continuado la instrucción en  cuanto  a  Sigifredo Saavedra,  el  28 de abril de 1995 se le afectó con medida de aseguramiento consistente en  detención    preventiva,    como   cómplice   del   delito   de   falsedad  ideológica en documento público  (cuaderno  2,  fs.  383), hecho punible por el cual también recibió acusación  el  procesado, después del cierre de investigación, según decisión del 13 de  septiembre   de   1995  y  que  estuvo  en  firme  el  4  de  octubre  siguiente  (idem,   fs.  405,  424  y  436v.).   

          En  este  caso asumió el conocimiento para el juicio el Juez Quinto  Penal  del  Circuito  de  Palmira,  despacho  que  después  ordenó  remitir el  expediente  a  su  homólogo  del  Juzgado  Sexto  para la acumulación prevista  (cuaderno  2,  fs.  442 y 463).  Ordenada la acumulación, el Juzgado Sexto  Penal  del  Circuito  realizó la audiencia pública en el segundo proceso, acto  por  medio del cual logró ponerlos al mismo nivel de desenvolvimiento (cuaderno  1, fs. 588 y cuaderno 2, fs. 522, 527, 665 y 682).   

          El  competente  dictó  sentencia de primer grado el 25 de noviembre  de  1996,  por  medio  de  la  cual  condenó a AMÉRICO ORTEGA y JESÚS ANTONIO  CHÁVEZ  a la pena principal de treinta y seis (36) meses de prisión, cada uno,  como   determinador   y   autor   respectivamente  del  delito  de  falsedad     ideológica     en    documento    público,  y  a SIGIFREDO SAAVEDRA a la pena principal de treinta (30) meses  de   prisión,  como  cómplice  de  la  misma  infracción.   A  los  tres  procesados  les  negó el subrogado de la condena de ejecución condicional y se  dispuso   la  sanción  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por un período igual al de la principal.   

          GLORIA  ELSY  ESCOBAR  VARGAS  fue  condenada en el mismo fallo a la  sanción   principal   de  pérdida  del  empleo,  como  autora  del  delito  de  abuso     de     autoridad    por    omisión    de  denuncia (cuaderno 2, fs. 692).   

          Apelado  el  fallo,  el  Tribunal  Superior  de  Cali  lo  confirmó  in   integrum,  según  lo  dispuesto  en  la  decisión  antes  reseñada y que ha sido objeto de casación  (cuaderno 2, fs. 823).   

DEMANDA  

          En  un  único escrito, aunque por capítulos separados, el defensor  de  los procesados SIGIFREDO SAAVEDRA y AMÉRICO ORTEGA pretende la casación de  la sentencia de segundo grado proferida por el Tribunal de Cali.   

          1.   Así,  en relación con Sigifredo  Saavedra,  invoca  la  causal  primera  de  casación,  conforme  con  el  numeral  1°  del  artículo 220 del Código de Procedimiento  Penal,  por cuanto el fallo atacado supuestamente quebranta de manera directa la  ley  sustancial  por falso juicio de selección de la norma aplicable, dado que,  a  pesar  de  la  existencia  del  tipo  penal de falsa  autoacusación  en el artículo 168 del Código Penal,  que  recibe  exactamente la conducta reprochada al procesado, se le condenó por  el   delito   de  falsedad  ideológica  en  documento  público  (en  el  grado de cómplice), previsto en el  artículo  219  del Código Penal, en concordancia con el artículo 24 del mismo  estatuto.   

          Agrega   que  también  se  violó  el  principio  de  favorabilidad  dispuesto  en  los artículos 29 de la Constitución Política y 6° del Código  de  Procedimiento  Penal,  en  vista  de  que  si  a  juicio  del  juzgador eran  aplicables  alternativamente  dos  (2)  tipos  penales,  ha  debido  activar  el  previsto  en  el  artículo  168  del  Código  Penal, que era el de adecuación  específica    de   la   conducta   y   más   favorable   en   el   tratamiento  punitivo.   

          Para  explicar  el fundamento de su objeción, el defensor aduce que  el  Fiscal  62  Local  de Palmira, según providencia del 9 de junio de 1995 que  obra  en  el  proceso,  precluyó  la  investigación  por  lesiones  personales  culposas  en  favor  de  Sigifredo Saavedra,  pero  a  continuación  dispuso  la  compulsación de copias para  investigar  la  conducta  prevista  en el artículo 168 del Código Penal.   Aclara  que  entiende cómo dicha orden de copias no supone una calificación de  una  conducta  que  apenas  ha  de  investigarse, pero de todas maneras allí se  alertaba   acerca  del  delito  que  nítidamente  se  configuraba,  llamado  de  atención   que  de  todas  maneras  desatendieron  los  encargados  de  adecuar  típicamente el comportamiento.   

          De    igual   manera,   se   sabe   que   al   señor   Saavedra  se le ha acusado y condenado por  haber  suplantado,  bajo  la  gravedad del juramento, al verdadero conductor del  automóvil   que  colisionó  con  la  motocicleta,  a  fin  de  asumir  él  la  responsabilidad  por  el delito de lesiones personales culposas; es decir, se le  reprocha    el    haberse   autoacusado   de   un   hecho   delictivo   que   no  cometió.   

          Así  se pregona en la descripción fáctica tanto de la resolución  acusatoria  como  de las sentencias, pero a la hora de la adecuación típica no  se  hizo  el  juicio  en  relación  con  el  tipo preciso del artículo 168 del  Código  Penal,  sino  que equivocadamente se acudió al artículo 219 del mismo  ordenamiento.   

          Le   parece   al   demandante   como  apenas  obvio  que  el  señor  Saavedra,  desde  la  misma  mañana  del  domingo  15  de  diciembre,  cuando acudió ante un funcionario de  tránsito  y dijo que él conducía el vehículo envuelto en el accidente, y sin  haberlo   realizado   asume   la   responsabilidad,   su  comportamiento  encaja  exactamente  en  el  tipo penal comentado, pues tal hecho punible se consuma por  la  ocurrencia  ante  cualquier  autoridad, sin que dentro de él “cupiera por  extensión  la conducta dolosa de los tipos agotados por los demás, entre ellos  seguramente la falsedad” (fs. 894).   

          Pide   que   se   case  la  sentencia  para  condenar  al  procesado  Sigifredo  Saavedra  por  el  delito  señalado  en  el artículo 168 del Código Penal, norma pertinente a la  acción desarrollada por su defendido.   

          2.   En  relación con Américo Ortega  y  Sigifredo  Saavedra,  como cargo principal en favor  del  primero  y  subsidiario  para  el  segundo,  el  actor invoca la violación  directa  de  la ley sustancial por interpretación errónea del artículo 68 del  Código  Penal,  norma  que consagra el “beneficio-derecho” de la condena de  ejecución condicional.   

          Motiva  en  el  sentido  de  que  el fallo de segunda instancia, por  medio  de  un  magro  razonamiento,  se  redujo  a  confirmar  la  negación del  subrogado  que  había  hecho  el  juez  de  primer grado.  Reconoce que el  sentenciador   de   primera   instancia   le   dedicó  un  buen  espacio  a  la  fundamentación  de  lo  decidido, mas que la facultad discrecional del juzgador  prevista   en   el  dispositivo  respecto  del  análisis  de  la  personalidad,  naturaleza  y  modalidades  del  hecho punible, no puede conducir a un exceso en  “los  límites  de  la  equidad o para que desdibuje el esquema querido por la  ley  en  la bonhomía de la figura jurídica comentada, sino para que a su sabio  arbitrio  se le de una aplicación justa dentro de esos lineamientos precisos”  (fs. 899).   

          Expone  que  el  sentenciador  negó  el  subrogado  pretextando las  modalidades  del  hecho punible, pero ocurre que tales circunstancias ya habían  sido  evaluadas  y  ponderadas  en  la operación de medida de la pena.  En  efecto,  como  en virtud de tales aspectos se le impuso a los condenados la pena  mínima,  le  parece  al demandante un contrasentido que lo que objetivamente no  se  pudo  cargar  como  elemento  de una pena mayor, después se convierta en un  agravante  subjetivo  del  juez  que  descansa  únicamente  en  la razón de su  autoridad.   

          Estima  también  que  la  negación  del  subrogado debe basarse en  factores  exógenos  objetivos,  no en aquellos que hacen parte de la estructura  del  injusto  y,  por  ende,  ya  fueron  tenidos  en cuenta en la operación de  reproche,  pues  sería  tanto  como  prolongar  una  dualidad  punitiva  que es  contraria   a   derecho.   Aunque  puede  parecer  exorbitante  que  varios  procesados,  desde  distintas  actividades,  se  hayan  puesto  de  acuerdo para  quebrantar  el  orden  jurídico  y  favorecer  así  a quien detentaba el poder  político  -diputado  a  la  Asamblea  Departamental-,  lo  cierto  es que dicha  determinación  volitiva  de  violar la ley ya estaba incluida en el dolo propio  del delito de falsedad por el cual aquéllos fueron condenados.   

          Finalmente  recuerda  que  uno  y  otro  procesado  son  personas de  extracción  humilde,  de excelentes notas sociales y pobres de solemnidad, cuyo  único  sustento  individual  y  familiar ha sido el trabajo honrado, además de  que  no  existe  información  suficiente  para  prever  una  reincidencia en el  comportamiento   de   ellos.    En   consecuencia,  solicita  que  se  case  parcialmente   la   sentencia  para  concederles  a  ambos  el  sustituto  penal  examinado.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          El   Procurador   Segundo   Delegado   en   lo   Penal  solicita  la  desestimación de ambos cargos en contra de la sentencia impugnada.   

          En  relación  con  la primera censura, propuesta sólo en favor del  procesado  Sigifredo Saavedra,  advierte  la presencia de fatales desaciertos de orden técnico y estructural en  la  demanda.   En efecto, si el actor pretende la adecuación jurídica del  comportamiento  en  el  artículo  168 del Código Penal, en lugar del artículo  219  idem, ello significaría  que  se  produjo  un error en la denominación jurídica de la infracción, pues  se  habría  condenado  por  un  delito  contra  la  Fe  Pública, situado en el  capítulo  tercero, título VI del Libro Segundo del Código Penal, mientras que  el  precepto por el que se propugna atañe a un delito contra la Administración  de  Justicia,  ubicado  en  el  capítulo  primero,  título IV, del mismo Libro  Segundo de dicho cuerpo normativo.   

          Dicho   error   in  iudicando,    por    cuanto    afecta   el   nomen  iuris  de  la infracción, debe alegarse por la causal  tercera  de  casación y no a través de la primera, pues, si en virtud de ésta  se  llegare  a dictar como consecuencia el fallo de reemplazo que se propone, el  mismo  quedaría incongruente con la acusación.  Aclara que, en casos como  el  examinado,  la  petición  por el motivo tercero (nulidad), debe hacerse sin  perjuicio   de   la   sustentación   por   los   lineamientos   de   la  causal  primera.   

          Sostiene  de  igual  manera  que es a todas luces incorrecto invocar  una  violación  al  principio de favorabilidad porque se haya dejado de aplicar  el  precepto más benigno, pues dicho postulado se tiene previsto para conflicto  de  leyes  en  el  tiempo,  y  a  lo  sumo  cabría  una  eventual objeción por  vulneración al principio de tipicidad.   

          Hace  ver  el  Procurador,  por  otra  parte,  que  no  obstante  la  alegación  de  una  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  el  actor ha  presentado  contradictoriamente una discrepancia con los hechos y la valoración  probatoria  de los juzgadores, discusión que ha remontado hasta los fundamentos  de la resolución de acusación.   

          En   cuanto   al   segundo  cargo,  presentado  en  favor  de  ambos  procesados,  el  Ministerio  Público  señala  de entrada un error de técnica,  pues  la interpretación errónea del artículo 68 del Código Penal, como medio  de  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  supone  que dicho precepto se  hubiera  aplicado  efectivamente y sólo interesa la hermenéutica que de él se  hizo  en  la sentencia, cuando precisamente la inconformidad del actor radica en  que   el   subrogado   fue   negado   en   ambas  instancias.   Aceptar  la  interpretación  errónea  de  un  precepto  sustancial que no ha sido aplicado,  constituye una transgresión al principio de no contradicción.   

         Por  otra  parte,  el censor tampoco define ni concreta el error que  relieva,  pues prácticamente apenas expone superficialmente su criterio íntimo  acerca  de  la  procedencia  del  sustituto,  en  contraposición  a  lo que con  suficiencia    fundamentó   el   a   quo  y  avaló  el  Tribunal,  pero  en manera alguna enseña dónde se  produjo  el desborde de la discrecionalidad judicial al margen de los requisitos  legales  y  en  detrimento  de sus defendidos, pues sólo así se revelaría una  arbitrariedad mayúscula.   

         Sobre  la presunta doble consideración de circunstancias subjetivas  de   apreciación,  como  la  gravedad  y  modalidad  del  hecho  punible  y  la  personalidad  del  agente,  una  al  momento  de  tasar  la pena y la otra en la  oportunidad  de  evaluar  el subrogado, el Procurador asegura que los artículos  61  y  68  del Código Penal lo permiten con proyecciones diferentes, pues en la  primera  norma tiene como objetivo la determinación del monto final de la pena,  mientras  que  en la segunda se busca establecer la necesidad o no de imponer un  tratamiento penitenciario.   

         Ahora  bien, las circunstancias personales especiales que destaca el  demandante  no fueron determinantes a la hora de negar el subrogado, sino que el  a  quo  “tuvo  como  base  principalmente  aspectos  coligados  a  la  modalidad  en que tuvo ocurrencia el  hecho  punible  y  la  ocupación  o  posición  ocupada, particularmente por el  procesado  Américo  Ortega,  que  utilizó  su cargo de Secretario de Tránsito  para  obtener  el  documento  favorable  al  para  aquel  entonces diputado a la  Asamblea  Departamental del Valle y hoy congresista Herney Abadía, un personaje  de  la  vida  política  comprometido  en  un  presunto  delito y, en todo caso,  concertados  con  el mismo Sigifredo Saavedra para sacarlo bien del impasse  que afrontaba” (cuaderno Corte,  fs. 21).   

         Así  pues,  concluye  el  Ministerio Público, era en relación con  los  datos  relievados  por  la  sentencia  que procedía la discusión sobre el  subrogado,  pues  resultaba errático asumir que tales circunstancias ya habían  sido  evaluadas  al  momento  de  fijar  la pena, dado que se trata de exámenes  independientes   y   con   propósitos   propios   dentro   de  la  sistemática  penal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         Primer  cargo.  A través de la causal  de  violación  directa  de  la ley sustancial (primera), en favor del procesado  SIGIFREDO  SAAVEDRA,  el demandante aduce una indebida aplicación del artículo  219   del   Código   Penal,   que   se   refiere   al  delito  de  falsedad     ideológica     en    documento    público,  en  lugar  de haber aplicado el artículo 168 del mismo estatuto,  que    contiene    el    hecho   punible   de   falsa  autoacusación,  como  precepto  al  cual  se adecuaba  perfectamente la conducta delictiva atribuida al acusado.   

         La  observación  del  Procurador Delegado sobre esta censura, en el  sentido  de  una  falta  de técnica en la escogencia de la causal, es precisa y  razonable,  porque  si se pretende demostrar una transmutación en el proceso de  adecuación  típica  del  comportamiento  reprochado,  de  tal manera que de un  delito  contra  la  Administración de Justicia (Título IV), como deber ser, se  saltó  a  otro contra la Fe Pública (Título VI), sin duda ello se traduciría  en  un  error  relevante  en  la  denominación  jurídica  de  la  infracción,  constitutivo  de  una  violación  flagrante  al  debido proceso (C. P. P., art.  304-2),  dado que la calificación pertinente se exige desde el momento mismo de  la  resolución  acusatoria,  con  el fin de guardar la armonía imperiosa de la  sentencia  con  dicha  pieza  procesal.   Además,  tan  errónea  forma de  calificar  habría  obligado en el juicio a la contradicción y defensa respecto  de  una  hipótesis  delictiva  notoriamente  improcedente  y que a la postre no  sería la que se consigna en el fallo.   

         Es  claro  que,  de  acuerdo con la pretensión, el actor se propone  señalar  un  supuesto  error  in iudicando,   dado  que  resalta  falencias  en  la  aplicación  del  derecho  (artículo  168  en  lugar  del  artículo  219), mas, en vista de que tal vicio  necesariamente   debió   proyectarse   a  la  resolución  de  acusación,  era  procedente  la  invocación  de la causal de nulidad (tercera), sin perjuicio de  hacer  la respectiva sustentación del cargo por el sendero del primer motivo de  casación.   

         Y  a  fe de que el censor intentó justificar por medio de la causal  primera,  cuando  transcribe  apartes  de  la resolución de acusación y de los  fallos  de  grado,  con  el  fin de hacer ver que tanto para el calificador como  para  los  sentenciadores, los hechos relevantes se referían a que el procesado  Sigifredo Saavedra suplantó,  bajo  la  gravedad  del  juramento,  al  verdadero  conductor del automóvil que  chocó  con  la  motocicleta  y  asumió así los riesgos de una responsabilidad  penal  por  los delitos culposos de lesiones personales.  De esta manera, a  pesar  de  los  hechos  declarados, los funcionarios no fueron consecuentes a la  hora  de  hacer  el  proceso  de  adecuación  típica  de la conductas, pues se  refirieron  a  una  falsedad  ideológica en documento  público,    en    lugar    de    la    falsa autoacusación.   

         Sin  embargo,  es  preciso afirmar que la Fiscalía y los juzgadores  describieron  los hechos atinentes a la suplantación del procesado al verdadero  conductor  del  automóvil  siniestrado,  no  para  referirse  directamente a la  nefasta  actitud  de  aquél  dentro  del  proceso por lesiones personales, sino  porque  era  necesario  antecedente  probar  la  impostura para poder afirmar la  falsedad  de  lo  declarado  y  consignado  mancomunadamente  en  el  inventario  (documento público).   

         Por   otra   parte,   aunque   el   demandante  insiste  en  que  la  autoincriminación  falsa  puede hacerse ante cualquier autoridad, y así actuó  el  procesado desde el momento en que declaró ser el conductor en presencia del  funcionario  de  tránsito, también conviene precisar que existe un buen trecho  diferencial   entre   la   conducta   de   declararse  autor  o  partícipe  de un hecho punible que no se ha  cometido  y  la  de  consignar  una  falsedad  en  un  documento  público  o ayudar a  hacerlo.    Cuando   la  declaración  falsa  de  participación  en  un  delito  se  consigna  en un documento público que pueda  servir  de  prueba, sin duda se ha avanzado más allá de la simple y unilateral  atestación  verbal  o  escrita  ante cualquier servidor público, razón por la  cual   se   configura   de   manera   más  integral  el  delito  contra  la  fe  pública.   

         Es   decir,   en   el   caso  examinado  el  procesado  Sigifredo  Saavedra,  en  el  curso  de la  mañana  del  domingo  15 de diciembre de 1991, llegó a la instalaciones de los  patios  del  Tránsito  Municipal  de  Palmira,  acompañado  de  los ciudadanos  Carlos    Herney    Abadía    Campo    y   Américo  Ortega,  con el ánimo directo de colaborar en la obra  falsaria   que,   por   determinación   de   aquéllos,   ejecutó  material  y  conscientemente    el    vigilante   Jesús   Antonio  Chávez,  mas  no  simplemente  con  el  propósito de  engañar a éste con una declaración falsa.   

         Ahora   bien,   la   conducta  adicional  asumida  por  Sigifredo  Saavedra en el curso del proceso  adelantado  por  sendos  delitos de lesiones personales culposos, atribuyéndose  la  autoría de unos hechos delictivos en los que no intervino, con el ánimo de  encubrir  a  su  jefe  político,  ya  fueron objeto de una orden de copias para  investigar   por   separado   el   comportamiento,  y  serán  los  funcionarios  competentes  quienes declararen la existencia o inexistencia del hecho puesto en  conocimiento, así como su relevancia jurídica.   

         El  censor se apuntala en hechos matizados o interpretados de manera  diferente,     pues    él    sostiene    que    el    procesado    Saavedra  fue  a las oficinas de tránsito  sólo  a  manifestar  mentirosamente  que  conducía  el  vehículo la noche del  siniestro  y  niega  cualquier acuerdo con otras personas que independientemente  cometieron  el delito de falsedad (C. 2, fs. 893 y 894), cuando en la acusación  y  los  fallos  se  asegura con connotaciones diversas que el acusado prestó su  nombre  y  aceptó  figurar  en  un  documento  público falso (inventario) como  conductor  del carro siniestrado (fs. 834).  Esta actitud de interpretar de  modo  diverso  lo  fáctico,  separa  drásticamente  al  demandante  del camino  procesal  inicialmente  escogido,  pues ya su diferencia no se circunscribe a un  mero  juicio  de  relevancia  jurídica  de  la  conducta,  como  corresponde en  estricto  sentido  a  la  violación  directa  de la ley sustancial, sino que se  aproxima  a  la  mediación  de  una  distinta  valoración  de los hechos y las  pruebas de los mismos.   

         Por  último,  aunque  en  rigor  el  impugnante  no se refiere a un  problema  de  favorabilidad, propio de un tránsito de legislación que aquí no  se   discute,   sino   a   una   propuesta   de   interpretación   favor   rei,   lo   cierto   es   que  el  planteamiento  fundamental  se  orienta  a  la  figura  del concurso aparente de  tipos,  instituto  cuya  solución atiende preferencialmente a criterios como la  especialidad,  la  consunción  o  la  subsidiariedad  y  no  la interpretación  favor  rei, pues esta última  quedaría  reservada  para  dificultades  en  el entendimiento del precepto cuya  aplicación  exclusiva  finalmente  se  define  por  cualquiera  de los métodos  indicados.   

         No prospera la censura.   

         Segundo  cargo.   Una vez más propone  el  actor  la violación directa de la ley sustancial, ahora por interpretación  errónea  del  artículo  68  del  Código  Penal, que prevé el subrogado de la  condena  de  ejecución  condicional,  dado  que  según  él  se ha excedido el  límite  de la discrecionalidad judicial dispuesta para evaluar la personalidad,  la   naturaleza   y   modalidades  del  hecho  punible,  como  presupuestos  del  diagnóstico de la necesidad de tratamiento penitenciario.   

         Es  cierto,  como  lo  hace  ver  el  Procurador  Delegado,  que  el  enunciado  de  la interpretación errónea de  la norma sustancial, como modalidad de la violación directa, se  ofrece  en  este  caso  como  incompleto  e impreciso, porque, desde el punto de  vista  de la lógica, dicha operación hermenéutica supone que se ha elegido la  norma   adecuada   y  además  se  aplicó  correctamente,  pues  exclusivamente  incomodaría el sentido y el alcance otorgados a la misma.   

         Sin   embargo,   al  final  de  sus  reflexiones  y  propuestas,  el  demandante  pide  la  aplicación  del  sustituto  de  la  condena de ejecución  condicional  a  sus  defendidos, lo cual revela claramente que en el fondo de su  inconformidad     se    reclama    la    falta    de  aplicación  de  la  norma  pertinente,  debido  a una  interpretación  errónea del  precepto.   

         Pues  bien,  el  censor argumenta que los juzgadores pretextaron las  modalidades  del  hecho  punible para negar el subrogado, a pesar de que la sede  apropiada  para evaluar dichas circunstancias era la sentencia en su acápite de  la  tasación  de  la  pena,  y  si  tales  factores  no  fueron relevantes para  incrementar  la  sanción  privativa  de la libertad que se dejó en su mínimo,  menos   podrían  considerarse  para  privar  a  los  procesados  del  sustituto  penal.   

         La  Corte  ha  sostenido  antes y reitera ahora que la mayor o menor  gravedad  del  hecho  punible  es  un  componente que con diversa proyección se  valora  al  momento  de  la  medición  judicial  de la pena (art. 61 C. P.), la  suspensión  de la ejecución de la sentencia condenatoria (art. 68 idem)  o  la libertad condicional (art. 72  ibidem),   institutos  que  reflejan  actos  graduales  en  el  desenvolvimiento  del  proceso penal y, como  tales,  no  comportan  una  violación  al  ne  bis in  idem,  dado  que  si las graves modalidades delictivas  sirven  para  apoyar  una  negación  del  subrogado de la condena de ejecución  condicional,  no  por  ello  sufre mengua la fijación anterior de la pena, sino  que  simplemente  se  declara  que  ésta se ejecutará en su medida y no podrá  suspenderse  (auto  27  de  enero  de  1999.   Casación  N° 14.536, M. P.  Jorge     Aníbal     Gómez    Gallego).   

         La  sentencia de primera instancia, en relación con el subrogado de  la condena de ejecución condicional, expresó:   

“Si  nos  remitimos  a la naturaleza del  hecho  delictuoso,  en  especial  las  circunstancias  modales  que revistió la  falsedad  documental,  partiendo  de  la  base  de  haberse acudido por parte de  Américo  Ortega  a  la  especial  condición  que  tenía  como  Secretario  de  Tránsito,  frente  al vigilante de los patios oficiales Jesús Antonio Chávez;  a  la  participación  de  Sigifredo  Saavedra,  lo  cual  indica que medió una  preparación  ponderada  del hecho con el ánimo de facilitarle al doctor Carlos  Herney  Abadía  sustraerse  a  la  acción de la justicia en el ilícito de las  lesiones  personales;  es  claro que tal conducta vulnerante de la fe pública y  de  los  intereses  de  los  lesionados,  Rodolfo Salas y Francia Helena Romero,  refleja  en  los acusados Ortega, Chávez y Saavedra la necesidad de que la pena  cumpla  en ellos las finalidades que le son propias específicamente consagradas  en  el  artículo  12  del  C. P.  Enfatizamos en que tanto Américo Ortega  como  Jesús  Antonio  Chávez,  necesariamente  debieron  ser  vinculados  a la  administración  municipal  por  sus  especiales  condiciones personales que los  hacían  merecedores de ocupar las posiciones para las cuales fueron designados,  con  funciones  que  por  su naturaleza la misma comunidad deposita en ellos una  confianza   que   se  vio  traicionada  ante  el  afán  de  defender  intereses  particulares  en  favor  de quien como el doctor Carlos Herney Abadía detentaba  poder  político, y de esa manera no tuvieron ningún recato en exteriorizar sus  deshonestos   impulsos   que   motivaron   la   puesta  en  marcha  del  aparato  investigativo  a  través  de  los  diversos  procesos  que  se  ventilan.   En  esencia,  Ortega  y  Chávez con su antijurídico  comportamiento  quebrantaron  el  vínculo que tenían con la comunidad y con la  administración   municipal,   y  para  tal  cometido  contaron  con  la  eficaz  participación  de  Sigifredo Saavedra, quien dejando entrever escasa autoestima  pretendió  indebidamente atribuirse el comportamiento de su patrono”   (fs.   732   y  733.   Se  ha  subrayado).   

         Como  estimaba  suficiente  la motivación de primera instancia para  negar   el   subrogado,   el   Tribunal   confirmó  la  decisión  con  escueta  fundamentación.   

         Los  argumentos  de  las instancias, como momentáneamente lo admite  la  propia  demanda,  no  han  sido  puestos  por fuera del marco de legalidad y  discrecionalidad  que  contempla  el  artículo  68  del Código Penal.  De  igual  manera,  resulta contradictorio señalar una doble consideración dañina  del  elemento  consistente en las graves modalidades delictivas, cuando el mismo  impugnante  reconoce  que no fueron tenidas en cuenta para agravar la pena, sino  sólo  al  momento  de  negar  el  subrogado.   Es que la valoración de la  gravedad  del hecho punible (al lado de la personalidad y naturaleza del delito)  para  conceder o negar la suspensión del cumplimiento de la pena, no depende de  que  ella  se  haya  estimado u omitido en la dosificación punitiva, sino de la  habilitación  legal  que  al  juez  confiere el artículo 68 del Código Penal,  máxime  que  ni  siquiera  su  apreciación negativa anterior constituiría una  transgresión    al   apotegma   del   non   bis   in  idem.   

         Tampoco ha lugar a la segunda censura.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

         No  casar  la  sentencia  impugnada, cuya fecha, origen y contenidos  fueron indicados en la motivación.   

         Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL               JORGE  ENRIQUE   CÓRDOBA   POVEDA                

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

No hay firma  

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN              NILSON  PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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