14846jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 14846  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 116  

          Santafé de Bogotá, D.C, diez de julio de dos mil.   

VISTOS  

          Decide  la  Corte sobre el aspecto formal de la demanda de casación  presentada  por  el  defensor de la procesada FRANCIA HELENA CÓRDOBA MARTÍNEZ,  contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior  de Medellín, que el  23 de  abril  de  1998  confirmó  la  condena  principal a dos (2) años de prisión y  multa  por  valor  de  quinientos  cincuenta  y  ocho  mil  quinientos  pesos ($  558.500.oo),  impuesta  en  primera  instancia  por el Juzgado Tercero Penal del  Circuito  de la ciudad de Bello (Antioquia), como infractora del inciso 2” del  artículo    33    de    la    ley    30   de   1996   (Estatuto   Nacional   de  Estupefacientes).   

ANTECEDENTES Y ACTUACIÓN  PROCESAL   

         

El  12  de mayo de 1996, aproximadamente a la  1:00  horas  de  la  tarde, la dama FRANCIA HELENA CÓRDOBA MARTÍNEZ pretendía  ingresar  como visitante al pabellón 5 de la Cárcel Nacional “Bellavista”,  situada  en  comprensión  territorial  del municipio de Bello, pero, cuando fue  sometida  a la requisa de rigor, la guardiana de turno palpó, por encima de sus  prendas  de  vestir,  un  abultamiento  que  motivó su conducción al cuarto de  servicios  higiénicos,  lugar  en  el  cual la requerida extrajo de su conducto  vaginal  un  taco que contenía dieciséis gramos setecientos treinta miligramos  de marihuana (16,730).   

          En  virtud  de  tal  hallazgo,  el  Fiscal Décimo Delegado ante los  Jueces  Penales  del  Circuito  de  Bello  recibió  indagatoria  a la imputada,  profirió  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva y, conforme con  resolución  del  3  de  junio  de  1997,  la  acusó  como  autora  del  delito  consistente  en  violar  el  artículo  33,  inciso  2°  de  la ley 30 de 1986,  agravado  por  haberse  cometido  en  un  establecimiento  carcelario, según el  artículo  38,  numeral  1°,  literal  b  del  mismo  estatuto  (fs. 7, 8, 16 y  48).   

          Tramitada  la  etapa  del  juicio,  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de  Bello,  según  sentencia del 12 de febrero de 1998, condenó a la  acusada  a  la  pena  principal  antes  indicada,  decisión  refrendada  por el  Tribunal  Superior de Medellín, en virtud del recurso de apelación interpuesto  por  el  defensor,  mediante  fallo fechado el 23 de abril de la misma anualidad  (fs. 75 y 95).   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          Con  fundamento  en  la  causal  primera de casación, matizada como  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  el  censor  endilga al Tribunal  errores  de  derecho por falso juicio de legalidad en cada una de las siguientes  pruebas:   a)  El procedimiento de requisa a que fue sometida la procesada;  b)  El informe policivo sobre requisa y retención de la imputada, así como del  hallazgo  de  sustancia  estupefaciente  en  el  interior  de  su  cuerpo; c) La  indagatoria  de la procesada FRANCIA HELENA CÓRDOBA MARTÍNEZ; d) La diligencia  de  inspección judicial y pesaje de la sustancia decomisada; e) Los testimonios  de  la  inspectora  ALBANY  CASTAÑO CARDONA y la dragoneante de prisiones NELLY  HERNÁNDEZ   RICO;  y  f)  El  dictamen  médico  legal  realizado  al  material  estupefaciente.   

          Se  dice  en  la  demanda  que  buena  parte de la motivación de la  sentencia  del  ad quem estuvo  dirigida  a  sostener la validez jurídica de la requisa practicada en el cuerpo  de  la  condenada,  procedimiento  que  a  la  postre  arrojó como resultado el  hallazgo de la sustancia estupefaciente.   

          Sin  embargo, afirma el impugnante, son dos (2) los yerros cometidos  en  la  actividad  juzgadora,  referidos  a  la  requisa,  el primero consistió  “en entender, o presuponer, que los resultados (fin)  de   un  determinado  procedimiento  estatal  (medio)  lo  legitiman  o  validan  cualquiera  que  haya sido la manera en que este se llevó a cabo”;  el  segundo,  “ en comprender indebidamente los distintos momentos  que  componen la requisa a que fue sometida la condenada, dejando de apreciar el  más relevante de ellos”.   

          En  relación  con  el primer yerro, después de transcribir dos (2)  párrafos  del  texto  de  la  sentencia  atacada,  el  actor  sostiene  que  la  argumentación  del ad quem ha  dejado   de  lado  cualquier  ponderación  o  estimación  jurídica  sobre  la  constitucionalidad  del  procedimiento de requisa mismo  (medio),   pues  sólo  le  llamó  la  atención  el  resultado  (decomiso de droga), “cuando lo que merece  ser  confrontado  con  el  debido  proceso  es  lo  primero y no lo segundo, que  devendrá   nulo   o   no   según   la   respuesta   que   arroje   la   previa  ponderación”.   

          En  otras  palabras,  la  equivocación  del Tribunal se concreta en  haber  estimado  que el dato objetivo y empírico que representa el hallazgo del  estupefaciente  en  el  cuerpo  de  la  procesada,  torna legítimo, razonable y  conforme   con   la   Constitución   el   procedimiento   utilizado   para   su  consecución:  el tacto vaginal.   

          A  pesar  de  que  en  el  procedimiento  de  requisa se violentaron  principios  y  derechos  como  los  de  dignidad  e intimidad, el Tribunal en su  razonamiento  le  dio  vía  libre  al  pensamiento  según  el cual, en materia  probatoria,  el  fin  justifica los medios,  en  contraposición  de  la  filosofía política que consagra el  artículo 2° de la Carta Fundamental.   

          Sobre   el  segundo  yerro  enunciado,  el  impugnante  asevera  que  constituye  grave  falencia que no se determinara en qué consistió la sospecha  fundada  habilitadora  del  tacto  vaginal,  lo  cual  permite detectar el error  cometido  por  el  sentenciador  al  equiparar  la  requisa  misma a la sospecha  razonable,  “cuando  la primera debe estar precedida  de la segunda”.   

          Pues  bien,  la  sospecha  fundada  de que algo prohibido portaba la  procesada,  surgió con la palpación de su zona vaginal, según se desprende de  lo  dicho  en  las páginas 6 y 7 de la sentencia, lo cual significa que el  juzgador  pretendió encontrar la causa en el efecto y la sospecha fundada en la  requisa  misma.   Los motivos habilitantes del registro personal deben ser,  por  lógica,  anteriores  a  él,  pero  nada  indica  en  el expediente que se  hubieran  concretado  circunstancias  de  hecho como el nerviosismo, movimientos  extraños  o informes de terceros que justificaran una intromisión en el cuerpo  de la condenada.   

          Con   tal  planteamiento,  advierte  el  demandante,  la  judicatura  olvidó  los  principios  de  razonabilidad y proporcionalidad que gobiernan los  actos  estatales “y aunque en gracia de discusión se  aceptara  que  el  procedimiento  de  requisa  si era necesario, debió el A-quo  concluir  que  en todo caso el mismo no era proporcional en sentido estricto, es  decir,   que   el   ‘tacto  vaginal’ a que fue sometida  la  procesada  sacrificó  valores  (libertad),  principios  (dignidad humana) y  derechos  constitucionales  (intimidad  y  no auto incriminación) que tienen un  mayor  valor  que  el principio que se quiere satisfacer mediante dicho acto (el  control   y   erradicación   del   tráfico   de  drogas  al  interior  de  las  cárceles)”.    Tal  situación  condujo  al  ad  quem a la infracción directa por falta de aplicación  de  los  artículos  15,  29  y  33  de  la  Constitución  y 250 del Código de  Procedimiento   Penal,  además  de  la  correlativa  violación  indirecta  por  aplicación  indebida  de  los artículos 33 y 38 de la ley 30 de 1986, 2°, 61,  66 y 67 del Código Penal.   

          Desde  la  perspectiva  propuesta,  el demandante prosigue el ataque  para  asegurar  cómo  las pruebas aportadas o producidas en el proceso -informe  policial,  indagatoria,  inspección  judicial,  testimonios  y dictamen médico  legal-   debieron  ser  excluidas  del  expediente  y  de  toda  posibilidad  de  valoración,   pues  ellas  derivaron  “de  un  acto  estatal  efectuado  con  absoluto  desconocimiento de los derechos, principios y  valores        constitucionales”       (requisa  vaginal).   

          Epiloga  la  censura así: “Si la Sala de  Decisión  del H. Tribunal Superior de Medellín hubiese aplicado las normas que  impiden  apreciar  las  pruebas  obtenidas  ilegalmente,  entonces  la sentencia  atacada  habría  concluido  en  la  absolución  de la procesada FRANCIA HELENA  CÓRDOBA  MARTÍNEZ,  pues  una  vez  excluida  la  prueba  obtenida  directa  e  indirectamente  con violación de los derechos y principios constitucionales, el  remanente  de  prueba en el expediente no habría podido, jamás fundar un fallo  de condena.”   

          Solicita  entonces  la  casación  del  fallo y el proferimiento del  absolutorio de reemplazo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          El  desafuero que pretende demostrar el impugnante tiene que ver con  un  supuesto  error de derecho  cometido  por  el  juzgador, en razón de haber tenido como fundamento del fallo  unas  pruebas que estaban contaminadas decididamente por la ilegalidad del medio  desplegado  para  obtenerlas  (registro vaginal).  Y la ilegalidad de éste  se  basa  en  la  violación  de principios, derechos y valores constitucionales  como   la   dignidad   humana,   la  intimidad  personal  y  el  debido  proceso  probatorio.   

          Pues  bien,  el concepto doctrinal de error  de  derecho  como falso juicio  de   legalidad,  se  ha  determinado  como  un  error  in iudicando, en cuanto tiene  que  ver  con el mérito de la decisión, pues el sentenciador acoge en el fallo  una  prueba  de valoración prohibida, bien porque ella no reúne los requisitos  predeterminados  en  la  ley  para  su  formación,  ora  porque se practica con  detrimento  de  garantías  o derechos constitucionales o legales.  En esta  materia,  la  discusión se suele plantear bien porque la falencia se radique en  la fuente o medio ora en la información o resultados obtenidos.   

          Sin  embargo,  en  orden a la cumplida vigencia de las exigencias de  claridad  y  precisión en la demanda (art. 225 C. P. P.), la Corte ha sostenido  que  no  pueden  confundirse  respecto  de  una  misma  prueba los reproches por  error  de hecho y de derecho,  máxime   si  éste  obedece  a  un  falso  juicio  de  legalidad,  como  que  el segundo implica que el medio  probatorio  debe excluirse o ni siquiera puede estimarse materialmente.  El  error  de  hecho, en cambio,  supone  la  legalidad  en  la aportación o producción de la unidad probatoria,  mas   el   sentenciador   la  ignora  completamente  o  desfigura  su  contenido  fáctico.   

          Pues  bien,  a  la  mencionada confusión llega el demandante cuando  escribe:   

“El  A-quo  (sic),  repito,  no  valora  la  constitucionalidad  del  registro  en  sí  mismo  considerado.  En el caso  presente  el  procedimiento de requisa a que fue sometida la procesada fue, a no  dudarlo,   una   medida   notablemente   desmesurada,  patentemente  ofensiva  o  notoriamente  desproporcionada, porque hay que resaltar que la prueba obrante en  el    expediente    demuestra    a    las    claras    que    el    ‘tacto        vaginal’   no  estuvo  precedido  de  ningún  tocamiento  en  las ropas externas (como se relata equivocadamente en el resumen  de  los  hechos  que  se  hace  en la sentencia de segunda instancia); véase el  testimonio de la servidora pública que practicó la requisa:   

“La  visitante  Francia  Elena  Córdoba  Martínez  se presentó para su respectiva requisa, le  pedí  el  pañuelo y le hice el tacto vaginal y noté  que  llevaba  algo  en  sus  partes  íntimas,  le pregunté a la visitante qué  llevaba  y me dijo que nada, la llevó para el baño que queda cerca al sitio de  requisa,  llamé  a  la  Dragoneante  Doris  Contreras  Bolívar  para  que ella  estuviera  presente  en  el  procedimiento  que  se iba a llevar a cabo, hicimos  quitar  a  la  visitante  sus interiores y que hiciera 4 conclillas y    volvimos    y   le   hicimos   el   tacto   vaginal   con   el  pañuelo  y  confirmamos  que  sí  llevaba  algo, la  visitante  insistía  en  que  ella  no llevaba nada, nosotros le dijimos que se  evitara  problemas  que  ella  no podía ingresar así, ella insistía en que la  dejáramos    ir    y   dijo   que   ‘ella       hacía      eso      por      sus      hijos’…”  (fl. 13, subrayas propias)”   

“Luego,   entonces,   no  es  cierto  que  ‘Cuando se le practicó la  rutinaria  requisa que se suele hacer a dicha clase de visitantes del Penal, por  parte   de   la   guardiana   del   Inpec,  NELLY  HERNÁNDEZ  R.,  por  encima  de  sus ropas, a la altura de  sus  órganos  genitales,  esta última detectó algo por lo que hizo pasar a un  baño  a  la  CÓRDOBA  MARTÍNEZ…”  (p. 4 del fallo impugnado, ‘Los         Hechos’,  letra  resaltada fuera del texto”  (demanda, fs. 123 y 124).   

          De  modo  que,  según se sugiere en la demanda, si el tacto vaginal  hubiese  estado  precedido  realmente  de la requisa rutinaria y normal, en cuyo  desarrollo  se  hubiera  palpado  por  encima de las ropas algo sospechoso, otra  sería  la discusión sobre la legalidad o justificación del registro directo e  inmediato  de  las  partes  pudendas.   Si tal hipótesis es posible, queda  entonces  el enigma de saber si lo más trascendental para el demandante fue una  supuesta  tergiversación  del testimonio de la guardiana NELLY HERNÁNDEZ RICO,  caso  en el cual debió alegar el correspondiente error  de  hecho  por falso juicio de identidad, sin mezclarlo  indebidamente  con una ilegalidad de la prueba que sólo sería aparente de cara  a  la  precedente tergiversación de los hechos; o si para el censor no tendría  relevancia  la existencia de los dos (2) momentos diferenciados en el desarrollo  de   la   requisa,  pues,  según  su  criterio,  definitivamente  bajo  ninguna  ocurrencia  ilícita  se  podrían  esculcar las partes íntimas de una persona,  evento   en  el  cual  debió  insistir  inmarcesiblemente  en  el  falso juicio de legalidad.   

          Es  que  a  estas alturas, el libelo no enseña si la determinación  fáctica  del  Tribunal de que hubo una requisa previa y prudente, “por encima  de  sus  ropas”,  es  un  dato  derivado de la sola distorsión del testimonio  antes   citado,   o   de   la   mera  imaginación  del  fallador  (falso  juicio  de  existencia),  o  de  la  expresión  de  otro  testigo como la inspectora ALBANY CASTAÑO CARDONA, citada  por  el  mismo  demandante  como  presente  en la requisa, caso éste en el cual  tendría   que   postularse   si   lo  ocurrido  entonces  fue  un  falso  raciocinio en la ponderación de dos  pruebas  testimoniales  encontradas  (si  realmente lo son), pero que igualmente  son   reparos  que  suponen  la  aceptación  de  la  legalidad  de  los  medios  probatorios,  si  no se quiere incurrir en violación al principio lógico de no  contradicción.   

          En     otro     apartado    de    la    demanda,    el    impugnante  reflexiona:   

“El   problema   del   consentimiento  es  irrelevante  en  este  caso,  pues  la  dignidad  humana  no  es  susceptible de  disposición,     mucho     menos     cuando    una    de    las    ‘partes’   involucradas   es   quien   está  precisamente  llamada  a tutelarla:  las autoridades públicas (arts. 113 y  2  C.  Pol.).  Y en todo caso, no está acreditado dentro del expediente la  expresión  de  una voluntad genuina por parte de la procesada al momento de ser  sometida    al   ‘tacto  vaginal’,   pues   el  consentimiento  en  un  caso  de  estos  está  necesariamente  viciado  por  la  coacción  que  originan las circunstancias (el lugar, el temor reverencial a la  autoridad  pública,  la  ignorancia  de  la  persona  sometida  a  registro, la  ausencia  de  advertencia  por la autoridad sobre los derechos constitucionales,  etc.)” (demanda, fs. 127 y 128).   

          Con  la relievancia de otro dato fáctico, como es el consentimiento  del  titular  de  la  garantía,  el  actor alienta la idea de que su mediación  podría  generar  un  replanteamiento  de  la  legalidad de la prueba, aunque se  apresura  a  señalar  que la dignidad humana es un valor indisponible de manera  absoluta.   Mas,  por  obra del sesgo, la incógnita que deja la demanda es  si  el  Tribunal  en  el  fallo  declaró  arbitrariamente  la  existencia de un  asentimiento  de la procesada para que fuera sometida a requisa vaginal, caso en  el  cual  tendría  que  demostrar  un  falso juicio de  existencia  por  suposición  de  prueba, antes que la  ilegalidad de la misma.   

          Sólo  para  una  oportunidad  de  fondo,  porque la vacilación del  demandante  no  permite  desentrañar la dirección de su ataque y abrir así el  debate  en  casación, quedaría el planteamiento de la reducción del derecho a  la  intimidad  al  principio  de  dignidad (a este pueden reconducirse todos los  atributos  del ser humano), lo mismo que la pregonada intangibilidad absoluta de  dicho fuero personal.   

          Igual confusión se evidencia en el siguiente párrafo:   

“Y       los       ‘motivos      fundados’ para proceder a la intromisión en el  cuerpo  no  aparecen por parte alguna del expediente,  siendo  claro  que  la  prueba  de los mismos corresponde al Estado, pues de los  testimonios  de ALBANY CASTAÑO CARDONA y NELLY HERNÁNDEZ RICO se deduce que no  percibieron  ningún  dato anormal que las motivara a introducir los dedos en la  vagina  de  la  procesada  para  buscar  sustancias  estupefacientes.   Era  la primera vez que procedían en su contra (fl. 13vt.)  y  nada  se  dice  en  el  expediente  sobre posibles  circunstancias  de  hecho  (p. Ej.:  nerviosismo,  movimientos   extraños,   informes   de   terceros,  etc.)  que  motivaran  una  intromisión    en    el    cuerpo”    (demanda,    fs.   128.    Se   ha  subrayado).   

          La   inquietud   es   obvia:    “si   nada   se  dice  en  el  expediente…”  sobre  motivos  de  sospecha  para registrar minuciosamente el  cuerpo  de  la procesada, significa que el Tribunal presumió la prueba de tales  datos  y, en consecuencia, antes que un falso juicio de  legalidad,    debió    alegarse   un   falso  juicio  de existencia.  O si de  los  testimonios  de  ALBANY  CASTAÑO  CARDONA  y  NELLY  HERNÁNDEZ RICO no se  infieren   tales   hechos  anormales,  habría  que  concluir  que  el  fallador  distorsionó  tales medios probatorios e incurrió entonces en otro error   de   hecho   como   falso  juicio  de  identidad.   

          Pues  bien,  es  manifiesta la perplejidad del demandante en el modo  de   pedir,   sobre   todo   porque  en  la  sustentación  de  un  error  de derecho involucra indebidamente y  con  carácter  fundamental argumentos propios de la categoría del error  de hecho, lo cual deja a la Sala sin  posibilidad  de  delimitar  el  futuro  objeto  de un debate en casación, pues,  aunque  ambos  yerros  pueden  conducir  a una absolución, asaz diferente es la  discusión y la posibilidad de éxito en uno u otro sentido.   

          Por   ostensibles  defectos  de  forma,  se  rechazará  la  demanda  propuesta  y, en consecuencia, se declarará desierto el recurso antes concedido  por el Tribunal.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL   

RESUELVE:  

          1.    RECHAZAR   IN   LIMINE  la demanda de casación presentada por el  defensor de la procesada FRANCIA HELENA  CÓRDOBA MARTÍNEZ.   

          2.   DECLARAR   DESIERTO   el  recurso  de  casación  concedido  por  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  en el presente  asunto.   

          3.  DEVOLVER  el  expediente a su lugar de  origen.   

          Esta  decisión  no  admite  recurso  alguno,  de  acuerdo  con  los  artículos 197 y 226 del C.P.P.   

Comuníquese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL               JORGE  ENRIQUE   CÓRDOBA   POVEDA                

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN              NILSON  PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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