14797(23-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 14797  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 103  

Bogotá,  D.C.,  veintitrés (23) de julio de  dos mil uno (2001)   

Decide  la Corte la casación interpuesta por  el  defensor  de  LARRY ALDANA GUTIÉRREZ contra  la  sentencia  de  octubre  15  de 1997, mediante la cual el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó el fallo proferido por el Juzgado 2º  Penal  del  Circuito  de esta misma ciudad, que condenó al citado procesado y a  JOSÉ    VICENTE    DIAGAMA   GUTIÉRREZ,  a  la  pena  principal  de quinientos veinticuatro (524) meses de  prisión  como coautores del delito de homicidio agravado, en concurso con el de  hurto  calificado  y agravado; y a HECTOR JULIO BARRERA  CARREÑO,  a  treinta  y  tres  (33) meses y diez (10)  días de prisión como cómplice del último punible referido.   

HECHOS  

En  la  noche  del  10  marzo  de  1995,  el  suboficial  Edgar Villada Gil salió de la Base Aérea de Madrid en dirección a  Bogotá.   Dejó  a  un compañero de labores en el sector de la avenida 68  con  carrera  83,  barrio  Tabora de esta ciudad, y posteriormente emprendió el  recorrido  hacía  su  residencia,  destino  al  que  nunca  arribó.  Como  transcurrieron  varios  días  sin  saberse  del  paradero  del uniformado o del  vehículo  Mazda  cupé  en  el  que  se  desplazaba,  su  esposa  denunció  la  desaparición a las autoridades.   

Entre  tanto,  frente  a  los  “Tanques del  Silencio”,  en  inmediaciones  de la Universidad Distrital, y sobre la avenida  Circunvalar,  una Fiscalía adscrita a la Unidad de Reacción Inmediata efectuó  el  levantamiento  del  cadáver  de  un  sujeto  que  presentaba varias heridas  causadas  con  arma  de  fuego,  reconocido  después  como  correspondiente  al  mencionado suboficial Villada Gil.   

En el proceso se estableció que en la fecha  de  los  hechos,  a  la altura de la calle 68 con carrera 75, dos de las llantas  del  vehículo  de  Villada Gil sufrieron averías, motivo por el cual solicitó  la  colaboración  de  unos  desconocidos.   Luego  que  los  individuos le  prestaron   ayuda,   el  militar  estuvo  ingiriendo  licor  con  ellos  en  dos  establecimientos  de  la  ciudad,  quienes  finalmente  le  dieron  muerte  para  apoderarse del automotor y de un revólver.   

ACTUACION  PROCESAL   

1.   Por solicitud de los organismos de  inteligencia  militar,  la  Fiscalía  Seccional  ordenó  el allanamiento de la  vivienda   situada   en  la  carrera  71B  No.  75-33,  morada  de  JOSE  VICENTE  DIAGAMA GUTIÉRREZ, donde al  parecer  se  encontraba  el  vehículo  hurtado  al uniformado abatido.  La  diligencia  fue  llevada  a cabo el 17 de marzo de 1995, y en el depósito de la  edificación  se  encontró  una  llanta  marcada con la placa del automotor que  conducía  Villada  Gil,  por  tal  razón, en el transcurso de la actuación se  efectuó la retención del citado.   

2.     La   Fiscalía   abrió   la  investigación,  ordenó  el  registro  de  otros  inmuebles,  en  cuyo interior  también  se  incautaron piezas del Mazda hurtado, y dispuso varias capturas con  fundamento  en  tales  hallazgos.   Después, escuchó en indagatoria a los  aprehendidos  JOSÉ VICENTE DIAGAMA GUTIÉRREZ, HÉCTOR  JULIO   BARRERA   CARREÑO,   FARID   CRUZ   RAMÍREZ  y  SANDRA  MARÍA  VELA,  a  quienes  resolvió  su  situación  jurídica  en providencia del 27 de marzo de  1995  (fs.  95  y  Ss.,  cd.1),  y  con excepción de la última mencionada, les  impuso  la detención preventiva por el delito de homicidio agravado (artículos  323  y  324-2º  del Código Penal), en concurso con hurto calificado y agravado  (artículos 349, 350-1º, 351 numerales 6º, 9º y 10º ibídem).   

Por  solicitud  de  la defensa, la medida de  aseguramiento   dispuesta  contra  BARRERA  se  modificó  por  resolución  de  julio  7 del mismo año, para  derivarle  el  compromiso en el hurto calificado y agravado, exclusivamente (fs.  71 y Ss., cd. 2).   

3.   Con  fundamento  en  los  cargos  surgidos  en el curso del instructivo, se vinculó también mediante indagatoria  a  los  imputados  LARRY ALDANA GUTIÉRREZ y     DANIEL    ALFREDO    DEL    VALLE  GRANADA,  asimismo,  a NESTOR  RAÚL  LÓPEZ  ACHURY  a  través  de  declaratoria de  persona  ausente,  afectados  todos  con  medida de aseguramiento por los mismos  ilícitos  (fs.  250  y  Ss.,  cd.  1,  43  y  Ss.,  cd.  2,  149 y Ss., cd. 2).   

4.  Clausurado el sumario, la Fiscalía  calificó  su  mérito probatorio en providencia del 12 de septiembre de 1995, a  través  de  la  cual  elevó  acusación  contra  los  implicados  DIAGAMA  GUTIÉRREZ,  ALDANA  GUTIÉRREZ y  DEL   VALLE   GRANADA  como  coautores  del homicidio agravado en concurso con el punible de hurto calificado  y    agravado,    y    respecto   de   HECTOR   JULIO  BARRERA  y  FARID DELIO CRUZ  RAMÍREZ  en calidad de cómplices del delito contra el  patrimonio  económico.  La sindicada SANDRA MARIA  VELA fue favorecida con preclusión de la instrucción  (fs. 80 y Ss., cd. 3),   

La  anterior  decisión  fue  confirmada  en  segunda  instancia  el  31  de  octubre  de  1995,  al  resolverse la apelación  interpuesta  por  el  defensor  del  sindicado  ALDANA  GUTIÉRREZ  (fs.  27  y  Ss.,  cd.  Fiscalía  ante el  Tribunal de Bogotá).   

          Dentro  del  término de ejecutoria del cierre de la investigación,  el  implicado  LÓPEZ ACHURY,  quien había sido aprendido, se acogió a la sentencia anticipada.   

5.  El Juzgado 2º Penal del Circuito de  esta  ciudad  adelantó  la  etapa  del  juicio,  durante  la  cual el encausado  BARRERA   optó   por   la  terminación  anticipada  del  proceso, y se estableció la minoría de edad del  implicado  DEL  VALLE GRANADA  para  la  fecha de los sucesos, por lo tanto, con ruptura de la unidad procesal,  el  trámite  prosiguió  con  sujeción  al rito ordinario en relación con los  demás incriminados (fs. 176, 209, 348, cd. 3).   

6.  Celebrada la audiencia pública, se  dictó  la  sentencia el 11 de marzo de 1997, que en armonía con la resolución  acusatoria,  impuso a los procesados la pena principal antes señalada (fs. 328,  cd.  ib),  confirmada  integralmente  por  el  Tribunal  Superior  de Bogotá al  desatar  la apelación que incoaron los sindicados y sus defensores (fs. 4 y Ss.  cd.Tribunal).   

            El    apoderado    de   ALDANA  GUTIÉRREZ interpuso el recurso de  casación,  y  presentó  la  demanda  sobre  la  cual  se  pronuncia  ahora  la  Sala   

LA DEMANDA  

          Primer cargo.   

          Un  primer  cargo  formula  el libelista  contra  la  sentencia  de  segundo  grado,  al  amparo  de  la causal primera de  casación  y  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, al apreciarse  “de  manera errada una prueba, por cuanto se da a un  indicio  un  valor  de  plena  prueba  que no tiene”.   

En  la  sustentación del reproche aduce, de  antemano,  que  los  fallos de instancia se basaron en el indicio erigido contra  ALDANA GUTIERREZ con ocasión  de  su  presencia  en  lugar  donde  Villada  Gil  fue  ultimado,  al cual se le  confirió  el  valor  de plena prueba, al encontrar apoyo en la circunstancia de  haber    conducido   el   vehículo   hurtado   al   occiso   hasta   un   lugar  seguro.   

          Seguidamente,  el  censor  reseña  el  análisis  probatorio del ad  quem,  e indica que el Tribunal le otorgó plena credibilidad a la confesión de  NESTOR RAÚL LÓPEZ ACHURY al  proferir  la  sentencia  anticipada  en  su  contra,  sin embargo, no le otorgó  mérito  alguno cuando en el testimonio rendido en la audiencia pública llevada  a cabo en este proceso exoneró a los demás implicados.   

          Plantea  que el fallador al colegir la coautoría en la comisión de  los  hechos  punibles  no  tuvo  en  cuenta,  que  de acuerdo con la coincidente  afirmación    de    los    sindicados   en   sus   indagatorias,   ALDANA   GUTIÉRREZ   en   forma   casual  encontró  averiado  el  vehículo  de  Villada Gil, por lo tanto, que carece de  asidero  jurídico  la  afirmada existencia de una banda criminal; asimismo, que  si    el    mencionado    coincidió    con   DIAGAMA  GUTIÉRREZ   cuando  regresó   al  sitio  donde  habían  departido,  luego  de  consumado  el hurto, tal suceso no significa que  este último sea el jefe de una cuadrilla de delincuentes.   

          Concreta  el dislate imputado, en un error de hecho por falso juicio  de  identidad,  cometido  según  colige  en  este  acápite,  al  inferirse  la  participación  de  su  representado  en  los  episodios delictivos de la simple  presencia  en  el  lugar  donde  fue  ultimado  Villada Gil, pues afirma que tal  prueba  carece “de capacidad demostrativa no solo por  que  (sic)  es  única  prueba  sino  por  que  (sic)  no se trata de un indicio  necesario”,   máxime   ante   la   intención   de  ALDANA    GUTIÉRREZ   de  apropiarse  del  automotor,  no  segar  la  vida  de  quien  lo conducía.    

           En   fin,   encuentra   que   de   tal  circunstancia   se   deriva   el   compromiso   de  su  defendido,  “apartándose  de  la  versión  del  mismo  LÓPEZ  ACHURY, quien  atestigua  bajo  la gravedad del juramento que LARRY ALDANA GUTIÉRREZ, no tiene  nada  que  ver  con  el homicidio, ya que estaba bajo las amenazas de muerte que  él  infringía sobre los ocupantes del vehículo”, y  perdiéndose  de  vista  que dicho relato surge coincidente con las indagatorias  de los restantes vinculados.   

A partir de tales afirmaciones señala que el  yerro   recayó   “en   la   inferencia  lógica  y  específica  en  su  fuerza  o  valor  subasorio  (sic), dada (sic) que el hecho  indicador  no  posee  la  capacidad  probatoria  que le otorgó gratuitamente el  fallador”   y,   así   las   cosas,   el  juzgador  “esta  suponiendo  la demostración de algo que esta  por  demostrar”.  Reitera que su representado no  puede  ser  responsabilizado  como  coautor  del homicidio, pues la víctima fue  conducida  al  sitio  de  los  hechos  con  el  único propósito de hurtarle el  vehículo,   y   que    el   homicidio   fue  perpetrado  por  LÓPEZ  ACHURY, como atestiguó éste en la  audiencia  pública,  cuando  el  occiso  pretendió  despojarlo  del  arma  que  esgrimía.   

El demandante cita como normas violadas, por  aplicación  indebida,  los  artículos  324-2º,  350-1º y 351-6º del Código  Penal,  pues no se encuentra demostrada “la tipicidad  del  comportamiento” de su defendido; y por falta de  aplicación,   los   artículos   247   y   248  del  Código  de  Procedimiento  Penal.           

Encuentra   paradójico  que  LÓPEZ    ACHURY,   quien   confesó   la  ejecución  material  del  homicidio  hubiese  sido  condenado a diecisiete (17)  años  de  prisión,  mientras  que al implicado ALDANA  GUTIÉRREZ  se  le  impusieron quinientos veinticuatro  (524)  meses  de  prisión;  censura  la  ingenuidad  de  los  juzgadores  en el  análisis  de  la  prueba;  presenta  su  particular versión de lo ocurrido con  sustento  en  las  versiones  de  los sindicados ALDANA  GUTIÉRREZ   y   DEL  VALLE  GRANADA,  a  las  cuales  asegura no se les asignó su  valor  real,  armonizado  con la reiterada confesión del primeramente citado; y  afirma,  por  último, que en la estimación de las pruebas se desconocieron los  parámetros  de  la  sana  crítica,  concluyéndose con una sentencia en franca  contravía  del  artículo  248  del  C.  de  P.P. y del derecho fundamental del  acusado a la presunción de inocencia.   

Segundo cargo.  

          En   forma   subsidiaria  y  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  el demandante acusa “la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, al apreciar de manera errada una  norma  violando  el  principio del in dubio pro reo”,  pues  las  pruebas  que  demostraban  la  inocencia de su representado no fueron  debidamente apreciadas.   

          En  la  sustentación  del  ataque,  el  censor  conceptúa sobre la  presunción  de  inocencia,  respecto a la certeza reivindicada para el fallo de  condena,  en  relación con el análisis de las pruebas, y la aplicación del in  dubio  pro reo, trayendo a colación el criterio de conocidos doctrinantes en la  materia.    

          Denuncia  la  infracción directa e  indirecta  de  los artículos 323 y 2º del C.P., 247 y 248 del C. de P.P., para  hacer  consistir  el  error  del  ad  quem  denunciado, finalmente, “en   confirmar  una  sentencia  condenatoria  sin  que  existiera  certeza para condenar”.   

Afirma  luego que los indicios en los cuales  se  basa  la  decisión recurrida no brindan la certeza sobre la responsabilidad  de   ALDANA  GUTIÉRREZ  por  resultar  equívocos  y  contingentes,  pues  la presencia del incriminado en el  sito  donde  se  dio  muerte  al  uniformado,  y su confesa participación en el  hurto,  en  manera alguna diluyen las dudas surgidas en torno a su compromiso en  el  homicidio.   Plantea en posterior acápite, en torno a dicha temática,  que  el  Tribunal  estaba  compelido  a ponderar los indicios con sujeción a la  sana crítica.   

Señala que los juzgadores no le concedieron  credibilidad  a las versiones de los implicados, ni a la ratificación que de su  propio    recuento   hizo   el   sentenciado   LÓPEZ  ACHURY  en  la  audiencia  pública, con las cuales se  establecía    que    ALDANA   GUTIÉRREZ   actuó   debido   a   las   amenazas  de  muerte  proferidas  por  aquél.    

Con  apoyo  en  el relato de los sindicados,  descalifica  la  coautoría  pregonada en los fallos de instancia, que encuentra  cimentada  en  deducciones  alejadas  de  una  verdadera  confrontación  de los  elementos de juicio allegados a los autos.   

Concluye  que el Tribunal ha debido decretar  la  absolución  del acusado, pues si bien algunas circunstancias evidencian una  posible  vinculación  de ALDANA GUTIÉRREZ  con  los  hechos  investigados,  al ser analizadas y sopesadas las  pruebas  objetivamente fluye la incertidumbre que impelía la aplicación del in  dubio  pro  reo.   Plantea  también  que  idéntica  conclusión  surge al  considerarse  que el citado implicado se encontraba bajo una coacción, no sólo  personal  sino  en  contra  de  los  miembros  de  su familia, que determinó el  compromiso reprochado en los actos delictivos.   

Por lo expuesto, pide a la Corte que case la  sentencia  impugnada  y  absuelva  al  sindicado ALDANA  GUTIÉRREZ de la acusación como coautor del homicidio  agravado,   con   la   redosificación   de   la   pena  a  que  hubiere  lugar,  imponiéndosele  la  sanción  máxima prevista para el hurto agravado.  En  su   defecto,   solicita   que   se  case  parcialmente  el  fallo  “en   cuanto   al   aspecto   de   la  punibilidad”,  debido  al  quebrantamiento  “de varias  disposiciones  de  la ley penal sustantiva y el artículo 29 de la Constitución  Polítíca”.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

          La Procuraduría Segunda Delegada ante la  Corporación,   sugiere  no  casar  el  fallo  recurrido  por  las  deficiencias  técnicas  que  presenta  la demanda, resaltadas frente a cada uno de los cargos  en los siguientes términos.   

          Primer cargo.   

          En  relación  con  el  primer  cargo  señala  que  la proposición  jurídica   es   incompleta,   porque   no   se   indicaron   las  normas  medio  infringidas.   

          Adicionalmente,  el  ataque  se  compone  de una serie de enunciados  despojados  de  una  demostración  puntual,  pues  el  demandante  se  dedica a  realizar  una interpretación personal de los medios de persuasión, tratando de  anteponer  su  postura  defensiva  al  análisis  de  los  juzgadores,  pero sin  acreditar  un  yerro  que  desquicie  la  estructura  lógica  y jurídica de la  sentencia.   

Advierte  que  el  demandante acusa un falso  juicio  de identidad sobre la inferencia lógica del indicio construido a partir  de  la  presencia  del sindicado en el sitio de consumación del homicidio, pero  omitió  comprobar  su  distorsión.    También  cuestionó  el poder  suasorio  de  este  medio  probatorio,  sin  acreditar el desconocimiento de las  reglas  de  la sana crítica, incluso, afirmó la prescindida consideración por  parte  de  los  falladores de varias pruebas, esto es, entremezcló las diversas  modalidades  del  error  de  hecho  en  un  mismo  cargo  en  contravía  de los  principios de claridad, autonomía e independencia.   

          Apunta   que   el   compromiso  de  ALDANA  GUTIÉRREZ  en  calidad  de  coautor  del  concurso de  hechos  punibles no obedeció exclusivamente al mencionado indicio de presencia,  como  asegura  el  casacionista,  sino  a  la concurrencia de varias inferencias  surgidas  de  las versiones de los procesados, de las declaraciones rendidas por  los   miembros   de   la   F.A.C,   del  testimonio  posterior  de  LÓPEZ  ACHURRY,  y  del reconocimiento de  haber  sugerido  a  sus  compinches  llevar  a  la  víctima  al sitio donde fue  ultimada,   evidencias   que   permiten  concluir  que  conocía  y  quería  la  producción  del  resultado,  pues  de  otra  manera  no  hubiese  formulado una  propuesta acomodada a los objetivos de la empresa criminal.   

          Segundo  cargo.   

          El  demandante  no  es  claro  en  el sentido de la violación acusada, no menciona el artículo 445 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  a pesar que considera vulnerado el principio  del  in  dubio  pro  reo,  ni  tampoco  señala  el  tipo de error supuestamente  cometido por el ad quem en tal desacierto.   

En la fundamentación del  reproche,  perdió  de  vista  que  en  la casación no es posible cuestionar el  análisis  probatorio efectuado por los falladores de instancia, al margen de la  demostración  exacta  de un error trascendente en su configuración jurídica y  lógica.   Más aún, el desarrollo argumentativo del cargo se desenvolvió  a  través de extensas consideraciones teóricas sobre la certeza requerida para  dictar  la  sentencia  condenatoria  y  en  torno  a  la  plena prueba, pero sin  determinar  dónde  se  encuentra  la  duda  en  la responsabilidad predicada de  ALDANA  GUTIÉRREZ  como coautor del  homicidio.   

             

          Advierte,  por  otra  parte,  que cuando el casacionista pretende el  reconocimiento  de  la  falta  de  aplicación del artículo 445 del C. de P.P.,  como  era  el  propósito en este reproche, debe demostrar en dónde residía la  duda  mostrando  yerros  surgidos  de  las pruebas que soportan la sentencia, no  limitarse  a  argumentar,  como  aquí  se  hizo,  la  ausencia  de  certeza sin  desvirtuar  ninguna  de las afirmaciones y declaraciones de los juzgadores sobre  la responsabilidad deducida al sindicado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Los defectos de orden técnico que evidencia  la  demanda,  conforme  advierte  la  Procuraduría Delegada, tornan ineficaz la  censura  contenida  ella,  determinando  el  fracaso  del recurso extraordinario  interpuesto,  máxime  que  la  Corte  en  manera  alguna  puede  enmendar tales  deficiencias por virtud del principio de limitación.   

Al primer cargo.  

1.  Ciertamente, el impugnante denuncia  la  violación  indirecta  de la ley sustancial, por aplicación indebida de los  artículos  324-2º,  350-1º  y 351-6º del C.P., y falta de aplicación de los  artículos  247  y  248  del  C.  de  P.P.,  enunciado  con  el  cual conjuga la  infracción  de  normas  sustanciales  y  procesales,  perdiendo  de  vista  que  ostentan  ese  primer  carácter  mencionado,  los  preceptos  que describen las  conductas    delictivas,    los    referidos   a   la   punibilidad   y   a   la  responsabilidad.   

Por  otra parte, tal postulación se muestra  en  abierta  desarmonía  con  el  desarrollo  del cargo, puesto que el censor a  través  de  una  crítica probatoria en la que opone su criterio personal al de  los  juzgadores,  se orienta, en todo caso, no a controvertir las circunstancias  de   intensificación   punitiva   contempladas   en   las   normas  de  alegada  transgresión  mediata,  por  aplicación  indebida,  reitera  la  Corte, sino a  plantear    la   inocencia   del   sindicado   ALDANA  GUTIÉRREZ  en  el homicidio  informado  en  autos, sin mencionar siquiera en la sustentación del reproche la  disposición  que  tipifica  tal  delito,  como  se  imponía  para una completa  presentación de la censura.   

2.    Adicionalmente,  el  desacierto  endilgado  a  los  falladores  en la apreciación probatoria se deriva, a juicio  del  censor,  del error incurrido al concederle valor de plena prueba al indicio  edificado    a    partir    de   la   presencia   del   sindicado   ALDANA  GUTIÉRREZ en el lugar de comisión  del  homicidio,  respaldado  en la circunstancia de haber conducido el vehículo  hurtado   hasta   dicho  sitio,  y  luego  al  inmueble  donde  fue  ocultado  y  desarmado.   

Esto  es,  insinúa  el error de derecho por  falso  juicio  de  convicción,  consistente  en  asignarle a una prueba el  valor  que  la  ley  no  le  otorga  o desconocerle el conferido en ella, que no  resulta  de  viable  alegato  en  la sede extraordinaria por resultar propio del  sistema  de  tarifa  legal,  y  ajeno  al  contemplado  en  el estatuto procesal  vigente,  de  apreciación racional de las pruebas de acuerdo con las reglas que  integran la sana crítica   

          Posteriormente,  respecto  a  ese mismo indicio, el  demandante  alega  la  configuración  de  un  error de hecho por falso juicio de identidad,  pero   sin   ningún   rigor   técnico   estima   recaído   dicho  desacierto,  indistintamente,  sobre  el  hecho  indicador,  sobre la inferencia lógica y su  valor probatorio.   

          Además,  en  cuanto  a lo primero, no intenta enunciar ni acreditar  yerro  alguno  de los juzgadores en la apreciación de las pruebas de los hechos  indicadores;  y  en  relación con lo restante, el censor también se margina de  demostrar  la transgresión de los postulados de la lógica, de las reglas de la  experiencia  o  de  los  postulados  de  la  ciencia  en su discernimiento, pues  simplemente  propugna  por  el menguado valor de la prueba indiciaria en comento  ante   las   afirmaciones   juramentadas   de   LÓPEZ  ACHURY,  rendidas  en  la  audiencia  pública,  en el  sentido de haber coaccionado a sus compañeros de sindicación.   

Así  las  cosas, la verdadera inconformidad  revelada  por  el defensor a través de este desarrollo del cargo, radica en que  los  juzgadores  no  hubiesen  arribado  a idénticas conclusiones en torno a la  inocencia  de  su  asistido,  disparidad de criterios que de ningún modo brinda  asidero  al  ataque formulado contra la presunción de legalidad y acierto de la  providencia recurrida.   

3.   En  los  restantes  apartes  de la  demanda,  el  impugnante  se  interna  en  el cuestionamiento de la credibilidad  conferida  a  determinados medios de prueba, desenvolviendo la sustentación del  reparo  a  través  de  la controversia del juicio valorativo de los falladores,  obtenido  como  se  constata  de la revisión de las sentencias de instancia, en  cabal observancia de los principios de la sana crítica.   

Concretamente,  el censor critica el mérito  asignado    al    dicho    inicial    del    también   implicado   LÓPEZ  ACHURY,  así como la negación de  todo  valor  al  testimonio  rendido  por el mismo en la audiencia pública, que  encuentra  coincidente  con  las  injuradas  de los restantes sindicados, empero  acude  a  reflexiones  mediante  las  cuales pretende que su criterio prevalezca  sobre  el  de  los  juzgadores,  no  como consecuencia de la demostración de un  posible  error  de  hecho  o  de derecho trascendente en la estimación de tales  evidencias,  sino  porque en su opinión el último relato del citado, en el que  se  exonera  a  los  demás  vinculados,  es  el  ajustado  a  la realidad de lo  acontecido.   

Más aún, en este discurrir argumentativo el  recurrente  prescinde  de  las  razones  por  las  cuales  los  falladores   desestimaron    la    versión    final    de   LOPEZ  ACHURY,  esto  es,  cuando  atestiguó  haber ejercido  amenazas  sobre  los  demás  sindicados  al momento de comisión de los delitos  investigados,  determinadas  según  se  constata  de  la  ponderación  de  las  sentencias  de  instancia,  por las presiones de las que él mismo afirmó haber  sido víctima con el propósito de obtener el cambio de su dicho.   

4.   Por otra parte, en afirmación que  no  consulta  la  realidad  del  análisis  que  brindó  apoyo a la condena, el  demandante  plantea  que los falladores al colegir la coautoría en la comisión  de  los  hechos  no tuvieron en cuenta, que de acuerdo con el coincidente relato  de   los   acusados,   ALDANA  GUTIÉRREZ  casualmente  acudió en auxilio de Villada Gil, perdiendo de vista  que  esa  circunstancia  no  fue  ignorada  o  tergiversada  por los falladores,  simplemente  fue  estimada  en  un sentido contrario, pues al mencionado y a sus  demás  compinches se les endilgó el surgimiento del designio delictivo común,  no  en  forma  previa  y  ponderada,  como parece entenderlo el impugnante, sino  “en     el     sitio     donde     ayudaron     a  despinchar” el vehículo de la víctima.   

En  suma,  por los desaciertos destacados el  reproche no prospera.   

Al segundo cargo.  

1.   Acusa  el impugnante la violación  directa  e  indirecta  de  los artículos 323 y 2º del Código Penal, 247 y 248  del  C.  de  P.P.,  planteamiento  con  el  cual confunde de manera ostensible e  inapropiada  las dos formas posibles de transgresión de la ley sustancial en la  sentencia impugnada.   

En  efecto, cuando el cargo es formulado por  violación  directa de la ley sustancial, no es procedente cuestionar los hechos  declarados  probados  en  la  sentencia,  ni  la valoración de las pruebas, por  cuanto  el  impugnante  orienta  el  ataque  a  demostrar un desatino de lógica  jurídica,  en  cuanto  a  la existencia (exclusión evidente), en la selección  (aplicación  indebida)  o  en la interpretación de las normas (interpretación  errónea).   En  cambio,  a  la infracción mediata de la ley sustancial se  arriba  como consecuencia de errores de hecho o de derecho en la apreciación de  las  pruebas, de ahí que estas dos expresiones del error in iudicando no puedan  mezclarse  en  su alegación, como se hizo en el caso examinado, al menos no sin  transgredir la autonomía de cada una de ellas.   

          2.   En  otro  aparte  del  libelo,  acrecentando  la  falta de  claridad  y  precisión  en  la  formulación  del  reproche, el censor acusa la  violación    indirecta    de    la   ley   sustancial   por   la   “apreciación  errada  de  una  norma”,  que  en  modo alguno precisa, perdiendo de vista, además, que tratándose de la  transgresión  mediata de la ley sustancial sólo resulta viable alegar la falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida,  pues la interpretación errónea  sugerida  en  tales  términos  cae  en  el  ámbito  de la infracción directa,  exclusivamente.   

          Adujo  también  el  menoscabo  del  principio in dubio pro reo como  consecuencia  de  la  errada  apreciación de las pruebas, pero como destacó la  Delegada,  el  precepto  que  lo  consagra  ni  siquiera  fue  citado,  quedando  incompleta  la  presentación  del  ataque  desde dicha perspectiva.  Igual  acontece  en  relación  con  la  argüida  comisión  del  delito,  determinado  ALDANA  GUTIÉRREZ  por  la  insuperable    coacción    ajena    atribuida   al   sentenciado   LÓPEZ    ACHURY,   que   con   idéntica  deficiencia  fue  planteada  en  la  demanda  como  una alternativa posible a la  exoneración por la insuficiencia de la prueba de cargo.   

            

          3.   Ahora bien, tratándose de los  anunciados  desaciertos  en  la  valoración  probatoria,  en este otro cargo la  Corte  se  encuentra  ante  un  alegato  de  instancia, en el cual el demandante  además  de acudir a la inane y extensa transcripción de conceptos doctrinarios  sobre  la certeza, la presunción de inocencia, las exigencias en la valoración  de  las  pruebas  y  en torno a la aplicación del in dubio pro reo, simplemente  esboza  su  personal  o  subjetiva  apreciación  de  los  medios de persuasión  aportados  a  las  diligencias  con argumentos ajenos a la técnica propia de la  casación,  esto  es,  conforme señala la Procuraduría Delegada, sin demostrar  la  existencia  de  un  error trascendente que desquicie la doble presunción de  acierto y legalidad del fallo recurrido.   

          En  efecto,  el  impugnante  cuestiona en forma vehemente el mérito  concedido  por  los juzgadores a la prueba indiciaria, con preeminencia frente a  las  versiones  de  los  sindicados  y  al  testimonio  que  rindió el también  implicado  LÓPEZ ACHURY en la  audiencia  pública,  para  reclamar la absolución de su defendido ALDANA  GUTIÉRREZ,  indistintamente, bien  por  la  ausencia  de  la certeza sobre su compromiso en el homicidio, o ante la  coacción   desplegada   por   el   mencionado  LÓPEZ  ACHURY.   De  ahí  que  la  Corte  se margine de  cometer  el  mismo  yerro  objetado  al  casacionista, esto es, de efectuar otra  instancia  al  proceso  reexaminando la prueba aportada como es pretendido en el  libelo,   réplica   vedada   y   por   completo   ajena   a   la   impugnación  extraordinaria.   

          Así  las cosas, como este otro cargo por deficiente e incompleto no  prospera, en consecuencia, el fallo impugnado no se casará.   

          En  mérito  de  lo  expuesto,  la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

          NO    CASAR   la   sentencia   impugnada.   

          Cópiese,  comuníquese y devuélvase al  Tribunal de origen.  Cúmplase.   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE  E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS             CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE   A.   GÓMEZ   GALLEGO                              ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO   

ÁLVARO   O.  PÉREZ  PINZÓN                              NILSON  PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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