14733(07-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 14733  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Aprobado Acta No. 12   

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     FERNANDO    E.    ARBOLEDA  RIPOLL   

Bogotá  D.  C., siete de febrero del dos mil  dos.   

Resuelve  la  corte  el  recurso de casación  interpuesto  contra  la sentencia de 13 de marzo de 1998, mediante  la cual  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bucaramanga condenó al procesado  CARLOS    ARTURO    BARCENAS    ROJAS   a  la  pena  principal  privativa  de  la  libertad  de  38 meses de  prisión,  como  autor responsable del delito de falsedad material de particular  en  documento  público,  en  concurso  homogéneo,  agravados por el uso.    

Hechos  y  actuación  procesal.   

El 3 de abril de 1995, el Jefe de la Unidad de  Investigación  del  Cuerpo  Técnico de la Fiscalía General de la Nación, con  sede  en  Bucaramanga,  solicitó  a la Fiscal Primera de la Unidad de Reacción  Inmediata  de  la  misma  ciudad,  ordenar  la  inmovilización  de la camioneta  Chevrolet,  Blazer  4X4,  modelo  1994,  de  placas  BUK-159,  de  propiedad  de  Carlos    Arturo   Bárcenas   Rojas,   por   haberse   demostrado   que  la  declaración  de  importación  No.1214109,  que  supuestamente la amparaba, era falsa. En apoyo de su solicitud  acompañó  el  oficio  No.379  de  marzo  24  del  mismo  año, suscrito por el  Coordinador  de  Archivo  y  la  Jefe  de  División  de  Documentación  de  la  Dirección  de  Impuestos  y Aduanas Nacionales de las oficinas de Barranquilla,  donde  se  hacía  constar  que  la  referida  declaración  de  importación no  reposaba en los archivos de esas dependencias (fls.2 y 3/1).   

Con  fundamento  en  esta  información  la  Fiscalía  inició  investigación  preliminar  mediante resolución de la misma  fecha,   y en la misma providencia ordenó la inmovilización del vehículo  (fls.6/1).  Dentro  de  esta fase, fueron practicadas las siguientes pruebas: 1)  Se  realizó revisión técnica del sistema de identificación del automotor por  miembros  de  la  Unidad  Investigativa de Policía Judicial, quienes informaron  que  los  guarismos  y características que lo particularizaban correspondían a  los   originales   de  fábrica  (fls.26/1).  2)  Se  escuchó  en  declaración  juramentada     a     Carlos    Arturo    Bárcenas  Rojas,  quien  manifestó haber importado la camioneta  por  intermedio  de  LUIS  PEREZ,  y  haber  obtenido la documentación en legal  forma.  Para  acreditar  lo  afirmado adjuntó copia de varios documentos, entre  ellos  de  una  certificación expedida por la Dirección de Impuestos y Aduanas  Nacionales  de  Barranquilla,  expedida  el  27  de abril de 1995, donde se hace  constar   que   en  los  archivos  de  la  entidad  reposa  la  declaración  de  importación  No.1214109  (fls.34  y  37/1).  3)  Se  obtuvo de la Dirección de  Impuestos  y  Aduanas  Nacionales de Barranquilla el oficio No.723 de 2 de junio  de  1995,  donde  se reitera que la declaración de importación No.1214109 hace  parte de sus archivos (fls.44/1).   

Apoyado   en   esta  evidencia,  el  Fiscal  Instructor,  mediante  decisión  de  27 de junio de 1995, se abstuvo de iniciar  sumario  por  estos  hechos, y ordenó el archivo de las diligencias (fls.48/1).  Cinco  meses  después  (noviembre  28),  la  Unidad  Investigativa  de Policía  Judicial  del  Departamento  Administrativo  de  Seguridad (DAS) de Bucaramanga,  comunicó  a  la  Fiscalía  que  al  ser realizada una revisión del sistema de  identificación  de la Camioneta marca Chevrolet, Blazer 4X4, de placas BUK-159,  con  el fin de verificar información de inteligencia que indicaba que el citado  vehículo  había  sido  hurtado  en  la ciudad de Medellín por la banda “Los  Intocables”,    y    vendida    en    Bucaramanga   al   señor   Carlos   Arturo  Bárcenas  Rojas,  logró  establecerse  que  todo  el  sistema  (número  de  motor, de chasis y plaqueta)  había  sido  adulterado  (fls.51/1).  La  pericia  técnica  que se adjuntó al  informe, dice textualmente:   

“Verificada y constatada la plaqueta serial  No.TCIT6ZRV384978  se  pudo  comprobar  que se encuentra falsificada totalmente,  siendo  una  simple  imitación  de  su original, habiendo sido elaborada en una  lámina  más  gruesa  y  de  características diferentes a las que acostumbra a  fabricar  la  casa  ensambladora.  En  cuanto  a su serie de chasis se encuentra  regravado  (sic)  parcialmente  en  sus  seis  últimos  números  siendo éstos  384978,  dejando  original  los  primeros ocho guarismos, o sea TC1T6ZRV lo cual  corresponde  a  la  numeración  con  que  se identifican los vehículos de este  modelo.  En  cuanto  a  su  número  de motor se encuentra adulterado totalmente  habiendo  sido cepillado por medio de máquina y su morfología no corresponde a  la que acostumbra a estampar la casa fabricante” (fls.62/1).   

Con  fundamento  en  esta información, y una  nueva  certificación de las Oficinas de la DIAN de Barranquilla donde se hacía  constar  que  la  declaración  de  importación  No.1214109,  que  amparaba  el  vehículo,  no  reposaba  en sus archivos (fls.78/1), la Fiscalía ordenó el 11  de  diciembre  del  mismo  año  (1995)  desarchivar las diligencias, y mediante  decisión  de  2  de  enero  1996,  revocó  la resolución inhibitoria de 27 de  junio,  y  dispuso, en su lugar, continuar con la investigación previa “hasta  establecer  en  forma  definitiva  la  procedencia  del vehículo Blazer, Placas  BUK-159,  llevando  a  cabo  para  este  efecto  un  experticio  técnico con la  participación   de   expertos   en   automotores  de  los  tres  organismos  de  investigación:  SIJIN,  C.T.I.,  y  Departamento  Administrativo  de  Seguridad  (DAS)” (fls.53/1).   

Esta  prueba  logró  ser  efectuada el 24 de  abril,   con   la   asistencia   de  los   técnicos  solicitados,  quienes  coincidieron  en  señalar  que  el  sistema  de  identificación  del vehículo  (número  de  motor, de chasis, y plaqueta) había sido adulterado, ratificando,  en  un  todo,  el  dictamen inicialmente aportado por la Unidad Investigativa de  Policía   Judicial   del   Departamento   Administrativo   de   Seguridad   (fls.89/1),   y   que   dio   origen   a   la   revocatoria   de   la  decisión  inhibitoria.   

El día siguiente (25 de abril), la Fiscalía  ordenó  la  apertura  de  la  investigación,  y  la vinculación al proceso de  Carlos Arturo Bárcenas Rojas  (fls.90/1).  Después  lo  escuchó  en  indagatoria,  resolvió  su  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva, y mediante  decisión  de  14  de  enero  de  1997  calificó  el  mérito  del  sumario con  resolución  de acusación por los delitos de falsedad material de particular en  documento  público,  en  concurso  homogéneo,  agravados  por el uso, y fraude  procesal,  por  haber utilizado documentos falsos para obtener el registro de la  camioneta  (fls.148/1).  Esta  decisión  causó  ejecutoria  el  11  de febrero  siguiente (fls.159 vuelto/1).   

Celebrada  la audiencia pública (fls.236/1),  el  Juzgado de conocimiento, mediante sentencia de 16 de enero de 1998, condenó  al  procesado  a  la  pena  principal  privativa  de  la libertad de 38 meses de  prisión,  y  las  accesorias  de interdicción de derechos y funciones pública  por  el  mismo  término, como autor responsable del delito de falsedad material  de  particular  en  documento  público, en concurso homogéneo, agravado por el  uso.  Respecto  del delito de fraude procesal precisó que esta conducta quedaba  comprendida  dentro  de  la  agravante  por  uso  de los documentos (fls.247/1).  Apelado  este  fallo  por  la  defensa  (fls.268  vuelto  y  273/1), el Tribunal  Superior,  mediante  el  suyo  que  ahora es objeto del recurso de casación, lo  confirmó  en  todas  sus partes, adicionándola en el sentido de expedir copias  para  investigar  la  falsificación  de  las  certificaciones  de  la  DIAN  de  Barranquilla   que   reposan   a   folios  37  y  44  del  expediente  (fls.3-17  Tribunal).    

La         demanda:   

Con  fundamento  en  la  causal  tercera  de  casación,  el  demandante  acusa la sentencia impugnada de haber sido proferida  en  juicio viciado de nulidad por afectación del debido proceso, producto de la  existencia  de  irregularidades sustanciales en su adelantamiento, y del derecho  de  defensa, acorde con lo establecido en los artículos 220.3, 304.2, 306 y 307  del Código de Procedimiento Penal.   

Sostiene que la fase de indagación preliminar  solo  puede  culminar  de dos maneras: (1) Con apertura de investigación, y (2)  con   resolución  inhibitoria.  Esta  última  decisión,  de  acuerdo  con  lo  estipulado  en  el Código de Procedimiento, puede ser revocada de oficio, o por  solicitud  del  denunciante o querellante, cuando sobrevengan pruebas nuevas que  desvirtúen  los  argumentos  que sirvieron de fundamento para proferirla. “De  ahí  que  se entienda que la resolución inhibitoria es una decisión que tiene  ejecutoria  formal  y  que no hace tránsito a cosa juzgada”, pero cuando ella  se   revoca,   el   único   pronunciamiento  que  procede  es  la  apertura  de  investigación.   

En  el  caso analizado la Fiscalía profirió  decisión  inhibitoria  el  27  de  junio  de  1995,  por  haberse descartado la  violación  de  la  ley  penal. Posteriormente, el 2 de enero de 1996, resolvió  revocarla,   y  continuar la investigación preliminar. Extraña y exótica  decisión  si  se  toma  en  cuenta que no ordenó la apertura de investigación  inmediatamente,  como  correspondía  hacerlo,  sino  que  dispuso continuar una  indagación previa ya finiquitada, durante cuatro meses más.   

En  conclusión,  la Fiscalía se inventó un  procedimiento  no  previsto  en  el  Código  de Procedimiento Penal. En nuestro  esquema  procesal  impera  el principio de preclusión de las etapas procesales,  conforme  al cual al Juzgador no le es permitido recorrer estadios procesales ya  superados.  Por  ello,  si  los  nuevos  elementos  de  juicio aportados por los  organismos  de  seguridad indicaban la comisión de un delito, y por este motivo  se  revocaba  la  medida, la Fiscalía debió abrir investigación, pero como no  lo  hizo,  sino  que  ordenó  continuar  la  indagación previa, socavó con su  actuación  las  formas  propias  del  rito  procesal,  y también el derecho de  defensa  del  imputado,  “porque  en  verdad, la reapertura de la instrucción  previa,  que  no  está  prevista  en  el  Código, no provocó otra cosa que el  adelantamiento  de  unas diligencias sin conocimiento del imputado dentro de una  fase que ya había culminado”.   

Consecuente con sus planteamientos, solicita a  la  Corte  decretar  la  nulidad  de la actuación procesal desde la resolución  mediante   la   cual   se  dispuso  “la  apertura  instructiva”,  inclusive.   

Concepto  del Ministerio Público:   

La  Procuradora  Cuarta  Delegada  para  la  Casación  Penal  considera que el cargo no está llamado a prosperar, porque la  demanda   adolece   de   incorrecciones   técnicas   en   su   presentación  y  sustentación,  y   carece  además  de  fundamento.  Al  aludir  al primer  aspecto  advierte  que  el  casacionista  no se ocupa de identificar los sujetos  procesales,  como  lo exige el artículo 225 del Código de Procedimiento Penal,  y  que  en  el  desarrollo  de  la censura entremezcla ataques por violación al  debido  proceso  y  el  derecho de defensa, lo cual resulta inapropiado. Tampoco  identifica   el   momento   procesal  desde  el  cual  la  actuación  debe  ser  “reelaborada”,  ni  demuestra  cómo  el  vicio  repercutió en el curso del  proceso, o en la decisión final.   

En  punto  a la validez jurídica del ataque,  argumenta  que  la actuación del Fiscal no puede ser considerada ilegal, porque  a  la  apertura  de  la  investigación  solo  se  llegó  una vez superados los  propósitos   objetivos   y   subjetivos   de   la   investigación  preliminar:  comprobación  de  la  ocurrencia  fenomenológica  del  hecho,  su  adecuación  típica,   y   la   identidad   de   los  autores.  Primero  se  estableció  la  falsificación  de  los  sistemas  de  identificación del vehículo, y luego se  ordenó    abrir    el    sumario,    y   vincular   mediante   indagatoria   al  implicado.   

Sostiene que la afirmación del censor, en el  sentido   de  que  lo  indicado  era  abrir  investigación,  y  no  retomar  la  indagación  previa,  porque  con  ello  terminó socavándose la estructura del  proceso,  desconoce  el  principio de instrumentalidad de las formas que rige la  declaración   de   nulidades,   de  acuerdo  con  el  cual,  el  acto  procesal  irregularmente  realizado  es  válido si cumple las finalidades para las cuales  estaba  dispuesto,  porque  en  el  presente caso la decisión del Fiscal estuvo  determinada  por  la  necesidad de esclarecer la real procedencia del automotor.   

Tampoco  le asiste razón cuando sostiene que  el  instructor  retrotrajo  la actuación a estadios ya superados, desconociendo  el  principio  de  preclusión  de  los  actos  procesales, porque la fase de la  indagación  preliminar  “no  constituye una etapa pétrea o inmodificable”,  dado  que   la  decisión  inhibitoria  solo  hace tránsito a cosa juzgada  formal,  “siendo  viable  su  revocación  para  volver sobre ella siempre que  aparezcan  nuevas  pruebas  como  aconteció  (sic),  pues  aunque  las  que  se  aportaron  permitían  poner en duda la procedencia de la decisión inhibitoria,  tampoco ofrecían la certeza sobre la existencia del hecho”.   

Cuestión  distinta  sería  que  la  prueba  allegada  arrojase  la  contundencia  necesaria  para iniciar instrucción, y el  Fiscal   no   lo   hiciera,   porque   en   este   caso  se  estaría  dilatando  injustificadamente  la  etapa preliminar, pero en el caso sub judice lo que hizo  el  funcionario  fue despejar previamente las dudas existentes, antes de ordenar  la  apertura  de  la  investigación,  adoptando,  de  esta  manera, una actitud  responsable.  De  allí  que el libelista incurra en imprecisión al afirmar que  “se creó un procedimiento”.   

El  impugnante  plantea finalmente violación  del  derecho de defensa, pero omite demostrar de qué manera fueron vulneradas o  quebrantadas  sus  garantías  procesales.  Solo  se  limita  a  afirmar  que la  actuación  se  adelantó  a  sus  espaldas,  lo cual no se ajusta a la realidad  procesal,    porque    de    su    estudio    se   concluye   que   Bárcenas  Rojas  tenía conocimiento de la  investigación.   Por   tanto,  solicita  a  la  Corte  desestimar  la  censura.   

SE        CONSIDERA:   

El  reparo  del  actor  se circunscribe a una  cuestión   de   simple   mecánica  procedimental:  Si  la  revocatoria  de  la  resolución  inhibitoria  por el advenimiento de pruebas nuevas que desvirtuaban  los   fundamentos   fácticos   o   probatorios   de  la  decisión,  comportaba  necesariamente  la  apertura  de instrucción, o si alternativamente admitía la  continuación  de la etapa de indagación preliminar, como dispuso hacerlo en el  presente  caso  el Fiscal que conoció de la actuación, con el fin de verificar  la   información   recibida,   o  complementarla.        

El  Código  de  Procedimiento Penal de 1991,  estatuto  bajo  cuya  vigencia  se tramitó este proceso, no señalaba, como hoy  acontece,  la  medida que correspondía tomar en estos casos, dando origen a que  se   presentaran   opiniones  encontradas  en  torno  al  punto,   que  propiciaban,  o bien por la solución que postula el actor, en el sentido de que  toda  revocatoria implicaba indefectiblemente la apertura de instrucción, o por  la  que acogió la Fiscalía: que el funcionario podía optar, alternativamente,  por la continuación de la investigación preliminar.   

La  verdad  es que la decisión de inclinarse  por  la  prosecución  del  período  de  indagación  preliminar no se advierte  contraria  a las disposiciones legales entonces vigentes, porque la norma que el  casacionista  considera  violada,  no  prohibía  hacerlo,  ni  establecía como  disyuntiva  la  de  ordenar  la  apertura  de instrucción. En cambio, resultaba  acorde  con  el ejercicio racionalizado de la jurisdicción, en cuanto permitía  verificar  la  información  recibida,  o  complementarla,  antes  de someter al  implicado  a  las vicisitudes de un proceso penal, y respetuosa del principio de  presunción de inocencia.   

Hoy día esta discusión carece de fundamento.  El   nuevo  estatuto  procesal  (ley  600  del  2000), en su artículo 328,  inciso  segundo,  confiere  al  funcionario   que  adopta  la  decisión de  revocar  la  resolución  inhibitoria,  la  facultad  de determinar, en la misma  providencia,  si  profiere  resolución  de apertura de instrucción, o resuelve  continuar  con  la investigación previa en procura de obtener mejores elementos  de  juicio,  con  la  advertencia  de que si opta por la segunda alternativa, su  duración no podrá ser superior de dos meses.     

Esta  previsión  coincide  con  la decisión  tomada  en  el  caso  sub  judice   por el Fiscal instructor, y que es  objeto  de  cuestionamiento,  pues  en  ella el funcionario ordenó continuar la  investigación  preliminar  con el fin de verificar la información suministrada  por  el  Departamento  Administrativo  de Seguridad (DAS), antes de pronunciarse  sobre  la apertura de investigación, disponiendo, al efecto, la realización de  una   pericia  técnica  con  la  colaboración  de expertos en sistemas de  identificación  de  automotores  del  Cuerpo  Técnico  de Investigación de la  Fiscalía,  la  Unidad  Investigativa  de  Policía Judicial del Departamento de  Policía    Santander,   y   el   Departamento   Administrativo   de   Seguridad  (DAS).   

Ninguna  irregularidad,  por  tanto,  podría  atribuirse  a  su  actuación, porque ante el dilema de encontrarse frente a dos  certificaciones   de   la  Dirección  de  Impuestos  y  Aduanas  Nacionales  de  Barranquilla,  de  contenidos  distintos (recíprocamente excluyentes), y de dos  dictámenes  periciales  en  similares  condiciones,  decidió,  razonablemente,  abrir  la  indagación  preliminar, con el propósito de hacer claridad sobre la  nueva  situación  que  planteaba  la prueba sobreviniente, dando de esta manera  una  interpretación  racional y garantista a la norma, como quiera que con ello  solo se buscaba salvaguardar las garantías del implicado.    

En procura de demostrar la configuración del  vicio  denunciado,  el  casacionista  afirma  que  el  instructor desconoció el  principio   de  preclusión  de  los  actos  procesales,  porque  retrotrajo  la  actuación  a  estadios  ya  superados.  Esta  apreciación  resulta equivocada,  porque  la  decisión  inhibitoria,  como lo destaca la Delegada en su concepto,  solo  tiene  ejecutoria  formal, siendo perfectamente viable su revocación para  volver  sobre  la fase previa a ella cuando sobreviene prueba que desvirtúa los  fundamentos  que  sirvieron de base para proferirla, y se hace necesario allegar  otras,      antes      de      decidir      sobre      la     iniciación     de  instrucción.            

Adicionalmente   el  impugnante  afirma  la  violación  del  derecho  de  defensa,  pero no se esfuerza en demostrar de qué  manera  la  actuación  cumplida  afectó su ejercicio. Sus alegaciones, en este  punto,   se  circunscriben  a  la  afirmación  de  que  el  procesado  no  tuvo  conocimiento  del  adelantamiento  de  la  indagación  preliminar,  lo  cual no  resulta  ser  cierto,  porque en la fase que precedió la decisión inhibitoria,  fue   escuchado  en  declaración  juramentada,  y  constituyó  apoderado  para  reclamar  la  entrega  del  vehículo;  y  después,  cuando  el  vehículo  fue  nuevamente  retenido, los agentes del DAS lo enteraron de los motivos y fines de  esta decisión.   

Dígase,  finalmente,  que  la  irregularidad  denunciada,   de   llegarse   a   aceptar   que   existió,   sería  totalmente  intrascendente,  porque frente a la nueva normatividad procesal no habría error  para  corregir,  y  porque  no  se  advierte,  ni  el  casacionista  se ocupa de  demostrarlo,  de  qué manera la circunstancia de haberse ordenado la reapertura  de  la  indagación  preliminar,  en  lugar  de  la iniciación de instrucción,  llegó  a  afectar  el  ejercicio  del derecho de defensa del acusado, o incidir  negativamente en la decisión de condena.   

El cargo no prospera.  

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, oído el concepto de la Procuradora Cuarta  Delegada,  administrando  justicia en nombre de la república y por autoridad de  la ley,   

R   E   S   U   E   L   V   E:   

NO CASAR la sentencia  impugnada.   

Devuélvase  al tribunal de origen. CUMPLASE.   

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

FERNANDO        E.       ARBOLEDA  RIPOLL              JORGE   E.  CORDOBA POVEDA   

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS              CARLOS                              A.                              GALVEZ   ARGOTE                          

JORGE         A.         GOMEZ  GALLEGO                       EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS         E.         MEJIA  ESCOBAR                           NILSON PINILLA PINILLA   

                                     Teresa Ruiz  Nuñez   

                                          SECRETARIA   

    

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