14625(04-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 14625  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 72  

Bogotá D.C., cuatro (4) de julio de dos mil  dos (2002).   

Procede  la  Corte  a  resolver  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto y sustentado en forma oportuna contra  el   fallo  de  fecha  febrero  12  de  1998,  mediante el cual el Tribunal  Superior  de  Medellín  negó  la  nulidad  pretendida  por  la defensa y   confirmó  el  de  primera  instancia  proferido  por  el  Juzgado  12 Penal del  Circuito   de   esa   misma  ciudad,  que  condenó  al  procesado  LUIS  JAVIER  ÁLVAREZ  CARDONA a la pena  principal  de  sesenta  y ocho (68) meses de prisión como autor, en concurso de  conductas    punibles,    de    los   delitos   de   incesto   y   acto   sexual  violento.   

HECHOS  

         Dan  cuenta  los autos que LUIS  JAVIER  ÁLVAREZ  CARDONA convivió  durante  cerca  de  quince  años  con  Olga  Lucía  Peláez Fernández, unión  marital  durante  la  cual  procrearon a los menores Luis Javier, Iván Darío y  Erika  Milena,  esta  última  de  siete  años  para  la  fecha  de los sucesos  investigados.   

          Desde  agosto de 1996, la pareja de concubinos entró en conflicto,  no   sólo   por   la   falta   de   colaboración  económica  de  ÁLVAREZ  CARDONA  para el sostenimiento  de  la  familia,  sino  también  porque  la  madre  se  percató  que el citado  “molestaba” sexualmente  a  la  mencionada  niña.   En  el mes de octubre siguiente por la continua  mora  en  el  pago  del  arrendamiento del inmueble donde residían, Olga Lucía  abandonó  el hogar común dejando los hijos de la pareja bajo el cuidado de sus  padres en el sector de Las Palmas de la ciudad de Medellín.   

          Los  abusos del padre continuaron a pesar de ello, pues acudía con  frecuencia  en  la  residencia  de  los  abuelos  de  Erika  Milena,  a  quienes  intimidaba  para que le permitieran visitarla.  Fue así como el 9 de marzo  de  1997,  con  el  pretexto  de  obsequiarle  algunos comestibles, ÁLVAREZ  CARDONA  se llevó a la menor a  una  tienda  cercana, pero posteriormente la condujo a un lugar despoblado donde  la  sometió  a  actos  sexuales  diversos del acceso carnal, consistentes en la  manipulación de su vagina y ano.   

          Al  día  siguiente  la niña se negó a asistir a la escuela donde  cursaba  sus estudios y se le vio deprimida.  Sus familiares más próximos  también  observaron que caminaba con dificultad y posteriormente expresó dolor  en  sus  genitales  al momento de tomar el baño.  Ante estos síntomas, la  abuela  materna  interrogó a Erika Milena sobre lo ocurrido y de esta manera se  conoció que su progenitor la había maltratado sexualmente.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

         1.   Con  fundamento en la denuncia elevada por la progenitora  de   la   víctima,   la   Fiscalía   97   Seccional  de  Medellín  abrió  la  investigación,    escuchó    en    indagatoria    al   imputado   LUIS  JAVIER ÁLVAREZ CARDONA, a quien le  definió  la  situación  jurídica  en  providencia del 20 de marzo de 1997 con  detención preventiva por los delitos de corrupción e incesto.   

         Cerrada  la investigación y vencido el  traslado  para  alegar,  la  Fiscalía  calificó  su mérito probatorio el 3 de  julio   de   1997,   con   resolución   acusatoria  en  contra  del  mencionado  sindicado  como  autor, en  concurso  de conductas punibles, de los delitos de acto sexual violento agravado  (artículos   299   del   Código   Penal  anterior,  modificado   por   la   Ley  360  de  1997,  y  306  ibídem,  numerales  2º  y  5º)  e  incesto (artículo  259 ejusdem).   

         2.   El Juzgado 12 Penal del Circuito de Medellín realizó la  audiencia  pública y en fallo del 27 de noviembre de 1997 condenó al procesado  ÁLVAREZ              CARDONA,     en  consonancia  con  el  pliego  de  cargos,  a  la pena atrás precisada.  El  Tribunal  Superior de Medellín en pronunciamiento del 12 de febrero de 1998, al  resolver  las  apelaciones  interpuestas por el acusado y su defensora, negó la  nulidad pretendida y confirmó la decisión del a quo.   

LA  DEMANDA   

         

          Con  apoyo  en  la  causal  tercera  de casación, la defensora del  procesado  acusa  la  sentencia de segunda instancia de haber sido dictada en un  juicio  viciado  de  nulidad  por violación del derecho de defensa.  En el  desarrollo  del  reparo  invoca los artículos 29 de la Constitución Política,  1º   y  304  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   Discurre  sobre  la  importancia  de  la asistencia técnica y afirma que el menoscabo de la referida  garantía  se  configura  no  sólo  al verificarse su ausencia en la actuación  respectiva,  sino también “por la inercia absoluta,  cuando  hay  desidia en la defensa, cuando el abogado no es diligente, no asiste  a  las  diligencias,  no  interpone  recursos,  no  pide  pruebas”.   

          A  continuación  plantea  que  al  sindicado  se  le  designó  un  defensor  de  oficio para que lo asistiera en la indagatoria, y una vez resuelta  la  situación  jurídica,  la  providencia  fue  notificada  al profesional que  asumió   después  la  representación  de  ÁLVAREZ  CARDONA en idéntica calidad.  A los pocos días  el  sindicado  confirió poder, pero el profesional de confianza renunció luego  al  mandato  habiéndose  limitado  a  solicitar  la expedición de copias de la  actuación.   Para relevarlo, el juzgador a quo nombró nuevamente defensor  de  oficio,  quien ostentó la representación del acusado hasta la designación  casi   inmediata  de  un  abogado  adscrito  a  la  Defensoría  Pública.    

          Admite  más  adelante que la inactividad de la defensa técnica no  comporta  la  ausencia  de la misma, cuando tal actitud puede interpretarse como  una  estrategia  “en orden a esgrimir las falencias  probatorias  de la Fiscalía”; sin embargo, sostiene  en  forma paralela que tal posibilidad decae “cuando  del  plenario  surgen  vacíos probatorios que pudieran haber cambiado la suerte  procesal   del   sindicado”.     Por  lo  anterior,  la  censora  concluye que los cuatro profesionales que precedieron al  defensor  público no cumplieron ninguna actividad en las diligencias, de manera  que  el  referido  derecho  resultó  quebrantado en las dos etapas del proceso,  máxime  que  el último asumió la gestión de los intereses del acusado cuando  “ya         nada         podía        hacer  probatoriamente”.   

          Dentro  de  la  misma  censura  acusa  la violación del derecho de  defensa  por  ausencia  de una investigación integral, principio que obligaba a  los   funcionarios   judiciales   a   investigar  tanto  lo  favorable  como  lo  desfavorable,  y  de conformidad con el cual se imponía la evacuación de todas  las citas efectuadas por el sindicado en la indagatoria.    

         Con tal orientación argumentativa echa  de  menos  los  testimonios  de  la  esposa  e hijos del acriminado ÁLVAREZ  CARDONA,  las declaraciones de  María  Fernández  y  de  sus hijos Ulises y Gustavo; y por otra parte, destaca  que  el  instructor  se  negó  a ampliar la información de Olga Lucía Peláez  cuando  quiso relatar “lo que la niña había dicho  a   su   abuela,   acerca   de   la   no   ocurrencia  del  hecho”.   

         En  un tercer reparo estima que resultó quebrantado el derecho de  defensa  por  no  haberse  decretado  las  pruebas  pedidas en debida forma y en  tiempo.   Transcribe  apartes  de  la  sentencia de la Corte Constitucional  C-150  de  abril  22  de  1993, M.P. Dr. Fabio Morón Díaz, y resalta que en la  etapa  de  la  causa  el  Juzgado  nunca  se  pronunció  sobre la solicitud del  sindicado  de  ampliar  los  testimonios de la denunciante y la víctima, medios  demostrativos   con   los   que   se   pretendía  acreditar  la  existencia  de  discrepancias   familiares   “que  podrían  haber  servido      para      presentar      una      falsa     denuncia”.   

         Con  los  anteriores fundamentos, la demandante solicita a la Sala  que  declare la nulidad desde la notificación de la providencia que definió la  situación   jurídica   del   sindicado   ÁLVAREZ  CARDONA.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

         

         El  Procurador Tercero Delegado discierne de antemano que son tres  las  irregularidades  argüidas  por  el libelista, sobre las cuales descansa el  pedido  de nulidad elevado en esta sede, y que se concretan entonces en la falta  de  defensa  técnica,  en  la  violación  del  principio  de la investigación  integral,  así como en la negación de las pruebas solicitadas por el procesado  en la etapa del juicio.   

         Seguidamente recuerda que en casación  la  causal  de  nulidad también está sujeta a requerimientos técnicos, que el  censor  pasó  por  alto  en  el  caso  examinado en detrimento de la claridad y  precisión  que  se reclama de la demanda, al postular de manera conjunta varias  irregularidades  referidas  a  temáticas  diversas  y  con  efectos  igualmente  disímiles, que exigían por lo tanto una postulación separada.   

         Prescindiendo  de  tal impropiedad, el Ministerio Público destaca  que  el libelista tampoco señaló la incidencia de las deficiencias en el fallo  impugnado,  como  en  rigor  se  imponía  pues la nulidad constituye un remedio  extremo  para  corregir  los vicios que afectan los principios del juez natural,  el debido proceso y el derecho a la defensa.   

         En  relación  con  la  primera acusación, fundada en la falta de  defensa  técnica,  el  Ministerio Público advierte el breve lapso de actividad  de  los  defensores de oficio.  De ahí que el impugnante pretenda edificar  el  menoscabo de la mencionada garantía enfrentando la exigua intervención del  mandatario  judicial  del acusado, con un juicio crítico en el que se demuestre  cuál   debió   ser   el  comportamiento  adecuado  del  abogado,  de  difícil  consecución  por  las  múltiples alternativas con las que cuenta en procura de  los intereses del procesado.   

         Bajo  esta  perspectiva  entiende que no se violó el derecho a la  defensa,   pues   en   los   breves   lapsos   procesales  en  que  ÁLVAREZ     CARDONA    no    estuvo  representado  por  sus  apoderados  de  confianza  o  el  defensor  público, lo  asistieron  en  todo  los  profesionales  designados  de  oficio, máxime que la  aparente  inactividad  del defensor contractual no comporta indefectiblemente el  quebrando de la garantía invocada.   

         En  el  reparo  erigido por la supuesta vulneración del principio  de  la investigación integral, el Ministerio Público resalta que la esposa del  procesado  rindió  testimonio  en los albores del instructivo y su versión fue  ampliada  en  la  fase  inicial  del  mismo;  y  tratándose  de  las  restantes  declaraciones  echadas  de  menos,  indica  que el recurrente no cumplió con la  carga  de  demostrar  su  incidencia  frente  al  fallo censurado.  Resalta  además  que  en  el  expediente  obran  pruebas que favorecen los intereses del  procesado,  sólo  que  los falladores de instancia no les concedieron crédito,  pues  cimentaron   la condena en el relato primigenio de la víctima.    

Plantea  por último, que así se hubiesen  practicado  las  pruebas  solicitadas por el procesado, en nada habría cambiado  el  sentido  del  fallo, pues en la audiencia pública se escuchó el testimonio  de  Inés Fernández de Peláez, abuela materna de la ofendida, quien dio cuenta  de  la  retractación  de  las  acusaciones  elevadas por Erika Milena contra su  padre,  que  el  casacionista  indicó  se  habría  establecido a través de la  ampliación  de  las  declaraciones  de  esta última y de su progenitora.   Más  aún,  a esta versión final de la víctima los juzgadores no le otorgaron  credibilidad,  porque  en el análisis del material probatorio estimaron veraz y  apegado a la realidad su inicial relato.   

Por  todo  lo  anterior,  el  Procurador  concluye  entonces  que  el  cargo formulado no prospera y sugiere a la Corte no  casar la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES  DE LA  CORTE   

          1.   Sea  lo  primero  advertir,  conforme  al pacífico criterio de la Sala que en el presente asunto simplemente  debe  reiterase,  que en sede de casación y tratándose de la causal de nulidad  no  resulta  posible  demandar su declaratoria sin ningún rigor técnico.   Por  el  contrario,  también  en  tales casos la sustentación del ataque está  sujeta     a     los     requerimientos     propios     de    la    impugnación  extraordinaria.   

En  este orden de ideas, el desarrollo del  reparo  que se erija con apoyo en la causal tercera, en exigencia compartida con  los  restantes  motivos  de  impugnación  extraordinaria, debe desarrollarse en  forma  clara,  lógica  y  coherente, de donde resulta que no es viable postular  bajo  una  misma censura la existencia de diferentes informalidades cometidas en  el  curso de la actuación, cuando se les atribuye la entidad para desquiciar la  legalidad  del  proceso  desde  diferente  estadio,  pues  al  mezclar  así los  reproches,  el  demandante  le  resta  precisión  a la propuesta, se aparta del  principio  de  autonomía  de  los cargos y pasa por alto, asimismo, la disímil  demostración  que  reivindica  cada una de las irregularidades invocadas.   Esta    deficiencia    es    precisamente    la    advertida    en   el   asunto  examinado.   

En  efecto,  la  libelista  bajo la única  censura  conjuga  varios ataques contra la legalidad del fallo de segundo grado,  respecto  de  los  cuales  omite  indicar  además  el  orden  en  que deben ser  examinados  por  la  Corte,  determinado  obviamente  por  su  mayor cobertura o  consecuencia.   

          Pretende  de  manera  explícita,  en  primer  término,  la  nulidad  desde  la  notificación  de  la providencia que  definió     la     situación     jurídica    del    sindicado    ÁLVAREZ   CARDONA   por  la  supuesta  ausencia  de  defensa  técnica, que además pregona fue constante durante todas  las  fases  de  la  actuación  adelantada  en su contra.  Plantea por otra  parte,  el  desconocimiento del postulado de la investigación integral al echar  de  menos  la evacuación total de las citas  efectuadas  por  el  acriminado  en  la  indagatoria,  sugiriendo  con esta propuesta que el trámite  debe  retrotraerse  a  una  fase  previa  a la clausura del instructivo; y aduce  finalmente,  que el juzgador a quo prescindió de todo pronunciamiento sobre las  pruebas  pedidas  en  forma  oportuna por el procesado, dejando entrever que las  diligencias  deben  volver entonces al período probatorio de la causa.  En  fin,   la   demandante  perdió  de  vista  que  estas  irregularidades  de  ser  comprobadas  en  su  realidad  y  trascendencia  tendrían  efectos invalidantes  disímiles,    por    lo    tanto,    que    debieron   formularse   de   manera  separada.   

           

         2.  Adicionalmente, como recuerda  el  Agente  del Ministerio Público, cuando de la causal tercera de casación se  trata,  el  recurrente  tiene la carga de señalar la clase de nulidad invocada,  que  al  tenor  del  artículo  304 del  anterior estatuto de procedimiento  penal,  bajo  el  cual cursaron estas diligencias y que corresponde en esencia a  las  previsiones  del  artículo  306 de la codificación actualmente imperante,  puede  obedecer  a  la  falta de competencia, a la violación del debido proceso  ante   la  configuración  de  irregularidades  sustanciales,  o  derivarse  del  menoscabo  del  derecho  de  defensa en alguna de sus dos manifestaciones:   material o técnica.   

Pero  no  le  basta  a  la  impugnante con  esbozar  cualquiera  de  estos  supuestos  de  invalidación  del trámite, pues  además  de  la cita de las disposiciones que estima infringidas, le corresponde  demostrar  la realidad del vicio acusado y su influjo frente al fallo recurrido,  pues  uno  de  los  principios  orientadores  de  las  nulidades  lo  es  el  de  trascendencia   (artículos  308-2º  del  anterior  Código  Penal  y 310-2º de la Ley 600 de 2000), con  sujeción  al  cual  sólo  propician  este  grave  efecto  aquellos  errores de  actividad  que  en  verdad  conculcan las garantías de los sujetos procesales o  socavan   las  bases  fundamentales  de  la  investigación  y  el  juzgamiento,  exigencia  que también se observa insatisfecha en el presente asunto, como pasa  a considerarse.   

         3.1   En  el  primer reparo la demandante acusa la violación  del  derecho  de  defensa  y  hace  consistir la irregularidad en la ausencia de  asistencia  técnica, derivada de la inactividad de los profesionales designados  de  oficio  y  del  apoderado  contractual del sindicado, esto es, de quienes la  precedieron   en   la  representación  de  ÁLVAREZ  CARDONA.   A  esta  conclusión arriba luego de  colegir  y  afirmar  la  falta  de  interés  de tales abogados porque omitieron  solicitar  pruebas, tampoco recurrieron las decisiones adversas al sindicado, ni  asistieron  a  las diligencias, a tal extremo que su actuación se restringió a  una solicitud de copias.   

         Planteado  así  el  reproche,  surge evidente que la casacionista  estructura  el  alegado menoscabo de la citada garantía, no de la circunstancia  de  haber  carecido  el  sindicado de defensor en el curso de la actuación o en  algunas  de sus etapas, pues con estricto apego a la realidad admite que siempre  estuvo  representado por abogados designados de oficio o contractualmente por el  acusado,   sino   de   la   falta  de  actos  positivos  de  gestión  de  tales  profesionales.   

         Por  lo  anterior,  en la réplica del  ataque  erigido  en  estos  términos,  constituye punto de partida el reiterado  entendimiento    de    la    Sala,    en    el    sentido    que    ”…’no  siempre  la  inactividad  del  defensor  puede  conducir  inevitablemente  a  la  vulneración  del  derecho  a  la defensa que asiste a todo sindicado dentro del  proceso  penal,  pues  es  en  cada  caso concreto donde se impone determinar la  situación   real  de  la  defensa,  a  fin  de  establecer  de  acuerdo  a  las  circunstancias  particulares  si hubo actuaciones que a pesar de advertirse como  indispensables  para  demostrar  la  inocencia  o atenuar la responsabilidad del  acusado,  dejaron  de  llevarse a cabo y si dicha ausencia puede atribuirse a la  negligencia  o  descuido  del  abogado;  pues  no se trata de proponer nulidades  sobre  el  escueto  supuesto  de  que  hubo inactividad del defensor’,  y  tampoco  que  en casación se  pueda    ‘entrar   a  postular  mejores  estrategias  defensivas que la asumida por quien tuvo a cargo  durante  el trámite judicial la representación de los intereses del procesado,  habida  cuenta  que  el  ejercicio  de  profesiones  liberales como lo es la del  derecho,  parte  de  la base del respeto del conocimiento que cada persona tenga  de  las  materias  de  que  se  ocupa,  sin  que   sea   posible   determinar   en  forma  acertada  o por lo menos irrebatible  frente   a  cada  asunto  cuál  hubiera  sido  la  más  afortunada  estrategia  defensiva,  pues cada individuo especializado en estos temas, tiene de acuerdo a  su  formación  académica, experiencia y personalidad misma, su propia forma de  enfrentar    sus    deberes    como    tal…”1.   

          De  ahí  que  en  eventos  como  el  examinado  en  el  presente  asunto,  donde  la  controversia gira en torno a la  aparente  inactividad  defensiva  de los profesionales que asumieron de oficio y  contractualmente     la     representación     del    procesado    ÁLVAREZ  CARDONA,a  la  impugnante le  corresponde  precisar  las  actuaciones  que  a pesar de mostrarse ineludibles o  imprescindibles  en  beneficio del acriminado dejaron de realizarse por descuido  o  desidia  de sus defensores.  En otros términos, conforme ha indicado la  Corte,  debe   ”demostrar la trascendencia de  la  inactividad o de la poca actividad del defensor, es decir que en realidad se  trató  de  una  omisión lesiva de los intereses del procesado y que se tradujo  en  un  resultado  que se hubiera podido evitar o que hubiera podido serle menos  gravoso…”2.   

        Tratándose  de  este  requerimiento,  la  impugnante se limitó a  endilgarle  a los anteriores defensores la falta de esmero en la gestión de los  intereses  del  sindicado,  estructurada  a  partir  de  la crítica abstracta y  escueta  que  eleva  en  su  contra  porque  omitieron  asistir  a  diligencias,  solicitar  pruebas  o  interponer  recursos.   Más  aún, ningún esfuerzo  realiza  la  demandante  con  miras  a  precisar  a cuáles actuaciones debieron  concurrir  a pesar de no ser obligatoria su presencia y la actividad desplegable  en  ellas,  los elementos demostrativos que dejaron de reclamar para superar los  vacíos  probatorios  que  alega  en  forma  genérica  como  indicativos  de la  carencia  de  asistencia técnica, ni los medios de impugnación que desdeñaron  en  detrimento  de  la  situación  jurídica  del  procesado,  sin  que tampoco  abordara  tangencialmente  por  lo  menos, la incidencia de esta actitud omisiva  que  censura  frente  al  fallo  de  condena, para traducir la sustentación del  ataque  en  la  huera inconformidad que le asiste con la estrategia defensiva de  quienes    le    precedieron    en    la    representación    de   ÁLVAREZ CARDONA.   

          Contrastando   con   este   precario  planteamiento  del  reparo, adviértase que no escapan a la atención de la Sala  los  actos  de  control  del proceso que se evidencian por parte del defensor de  confianza  del  acusado,  pues como destaca el Agente del Ministerio Público en  su  concepto,  quienes  fueron  designados  de oficio mantuvieron tal calidad de  manera  efímera;  seguimiento  con sustento en el cual se diluye la posibilidad  de  haber  sido  puramente  formal  su  presencia  en  autos y que por lo tanto,  excluye  la  realidad del argüido menoscabo de la garantía del acriminado, que  además  se  mantuvo  incólume  durante  todo  el  curso  de  las  diligencias.   

             En     efecto,     el    imputado    ÁLVAREZ   CARDONA  fue  asistido  en  la indagatoria por un defensor de  oficio  (fl. 18), relevado  poco  después  por  el designado contractualmente, quien contrario a lo alegado  por  la  censora  no  se  limitó  a  solicitar  la  expedición de copias de la  actuación  antes  de  la  clausura  del sumario, sino que también concurrió a  notificarse  en  forma  personal  de  la decisión mediante la cual se impuso la  medida  de  aseguramiento,  de la providencia que corrió el traslado del examen  de  medicina  legal  efectuado  a  la  víctima,  así como de la resolución de  acusación   proferida   (fs.  46,  48,  77vto,  cd.  1).   

En  la  etapa  del juicio el apoderado del  encausado   renunció   al  mandato  conferido,  en  consecuencia,  impuesto  el  sindicado  de  tal  situación,  dicho  profesional  conservó  en  todo caso la  representación  de  aquél  hasta  la posesión del defensor nombrado de oficio  por  el  Juzgado de conocimiento atendiendo la solicitud elevada en este sentido  por  el  procesado;  sin  embargo,  en  forma casi inmediata fue relevado por la  defensora  pública  que  aún  a  la fecha ostenta la titularidad de la defensa  técnica,  quien  solicitó  la libertad y la cesación de procedimiento a favor  de  su asistido, intervino en la audiencia pública, apeló del fallo de primera  instancia  y  presentó  en últimas la demanda de casación que centra ahora la  atención  de  la  Corte  (fs. 84 a 87, 93, 97 a  99, 104cd. 1).   

3.2   Dentro  de este único cargo la  censora  plantea  así  mismo  la  violación  del derecho de defensa porque los  funcionarios   judiciales  transgredieron  el  principio  de  la  investigación  integral,  según aduce, al centrar su actividad en el acopio de las pruebas que  obraban   en   detrimento   del  sindicado  ÁLVAREZ  CARDONA,  pues omitieron evacuar la totalidad de las  citas  efectuadas en la indagatoria, concretamente, el testimonio de la esposa e  hijos  menores  de edad del sindicado, así como el de María Fernández, de los  hijos  de  ésta  de  nombres  Ulises  y  Gustavo,  en  tanto  que  el  instructor  se abstuvo de ampliar las informaciones que tenía  la  deponente  Olga Lucía Peláez sobre lo que finalmente la ofendida le había  manifestado   “a  su  abuela,  acerca  de  la  no  ocurrencia del hecho”.   

Ahora  bien,  si se tiene en cuenta que la  vulneración   del   referido   postulado  se  configura,  no  sólo  cuando  la  investigación  de  los  sucesos  no  se  adelanta  con  absoluta  imparcialidad  mediante  el  decreto y la aducción de los medios demostrativos de los aspectos  favorables  y  desfavorables  al  acusado, sino también, en aquellos eventos en  los  cuales  se  niega  la  práctica  de pruebas importantes para esclarecer la  realidad  de  lo  acontecido  o  se  omite  el  pronunciamiento  respecto de las  pedidas,  fuerza colegir que por el mismo sendero transita el reparo final de la  demandante,  en el que se echa de menos la decisión del Juzgado de conocimiento  sobre  las  que  solicitó en forma oportuna ÁLVAREZ  CARDONA   en  la  etapa  probatoria  de  la  causa.   

Sin  embargo,  tales  acusaciones resultan  parcialmente  ciertas,  pues  adviértase  de  antemano que en estas diligencias  rindieron  versión  sobre los sucesos, tanto la denunciante Olga Lucía Peláez  Fernández,  concubina  del  incriminado,  como  la  menor Erika Milena Álvarez  Peláez,  quien  resultó víctima del delito imputado.  Por otra parte, en  ninguna  de  las  apariciones  procesales  de la primera citada, la Fiscalía se  negó  a  interrogarla  respecto de las informaciones que se afirma tenía sobre  las    manifestaciones    posteriores    de   la   niña   acerca   “de  la  no  ocurrencia del hecho”,  como  argumenta  la  demandante,  por lo que tal reparo al parecer lo deriva del  prescindido  pronunciamiento  del  a  quo  sobre  la deprecada ampliación de su  testimonio.   

En  lo  atinente  a  los  restantes medios  demostrativos  que  la  censora echa de menos, la Sala reitera el criterio en el  sentido  que  cuando  se  menoscaba  el principio de investigación integral, no  basta  con  relacionar  las  pruebas omitidas o dejadas de practicar y lo que se  habría  podido  demostrar  a  través  de ellas en el evento de ser recaudadas,  pues  es  necesario  que  de  manera  fundada  y  razonable,  no  a  través  de  especulaciones  desconectadas  del acervo probatorio que sustenta la condena, se  establezca  que con su aporte al proceso otra y favorable al sindicado sería la  naturaleza  de  la  sentencia, al punto de mostrarse ineludible la invalidación  de  lo  actuado  para permitir la práctica de los medios de persuasión echados  de    menos3.   

         Trasladadas las anteriores premisas al  caso  examinado,  se tiene que el demandante precisó los elementos de juicio de  prescindido  acopio,  bien porque los funcionarios judiciales no evacuaron en su  totalidad  las  citas  del  sindicado,  ora   por  cuanto el juzgador a quo  omitió  pronunciarse  sobre  las  pruebas  pedidas por aquél en la etapa de la  causa.    De   igual   modo,  la  censora  señaló  los  aspectos  a  cuyo  esclarecimiento  supuestamente  habrían  contribuían algunos de esos medios de  persuasión,  pero  ningún esfuerzo argumentativo agotó con miras a confrontar  sus  hipotéticos  contenidos  con  los  fundamentos  de la sentencia impugnada,  integrada  desde  luego  en unidad jurídica con la de primera instancia dado su  carácter  confirmatorio,  como  en rigor le resultaba ineludible para acreditar  la  potencialidad  de  las  pruebas  echada de menos para hacer variar de manera  favorable    para    su    representado    el    sentido    de    la   decisión  censurada.   

        En  todo  caso,  conforme  lo destaca el Procurador Delegado en el  concepto  rendido  en  esta  sede,  los  medios demostrativos a los que alude la  demandante  se ofrecen intrascendentes para derruir las conclusiones del fallo o  atenuar  sus  efectos  y, así las cosas, resulta evidente que el yerro argüido  carece  de  entidad  para  generar  la  invalidación  del  proceso, como pasa a  examinarse.   

        La  defensora  indica que con las ampliaciones de la denunciante y  de  la  víctima,  así  como  a  través del testimonio de los demás hijos del  sindicado,   se   habrían   establecido   dos   concretos   aspectos:   la  retractación  posterior  que  hizo  la  menor  en presencia de la abuela de las  acusaciones  elevadas  contra  el  progenitor y, de otra parte, la existencia de  discrepancias  familiares  entre  la  pareja  de concubinos en las que atisba de  trasfondo  el  fundamento “para presentar una falsa  denuncia”.    

         Estos  hechos  fueron  informados  sin  embargo   con   suficiencia   en   los   autos.    En   efecto,  sobre  las  manifestaciones  ulteriores  de Erika Milena atestiguó en la audiencia pública  Inés    Fernández,    abuela    de    la   niña   precisamente   (fs.  104  y  vto, cd. 1,) y se aportó  la  carta  dirigida  por  la  joven  a  su padre donde admite haber faltado a la  verdad   en   sus   imputaciones   (f.   107,   cd.  1);    de  igual  modo,  respecto  de  los  problemas  de  la  pareja,  profusa  fue  la  denunciante Olga Lucía Peláez de  Fernández  en  admitirlos  (fs.1  a 2vto, 9 y vto, cd. 1). Más aún, en manera  alguna  se  sustrajeron  al análisis de los falladores, que ningún crédito le  concedieron  a  tales  pruebas,  para edificar la sentencia de condena entonces,  sobre  los  elementos  de  juicio que demostraban una realidad del todo diversa,  concretamente,  en  la  versión de la ofendida avalada mediante la denuncia, en  el  dictamen  de  medicina  legal  resultado  del  examen físico efectuado a la  niña,  así  como en la evaluación sicológica a la cual fue también sometida  esta última.   

        Tratándose  de  las  declaraciones  de María Fernández y de sus  hijos  Ulises  y  Gustavo,  la  impugnante  no  indica  siquiera  el hipotético  contenido  de  las  versiones  que de ellos se habría obtenido, pero de acuerdo  con  la  cita  que les efectúa el sindicado ÁLVAREZ  CARDONA en la indagatoria, simplemente confirmarían  que  los  milicianos  lo  buscaron con el propósito de darle muerte porque Olga  Lucía   les   había   informado  de  sus  abusos  con  la  niña  (f.  19,  cd. 1), acontecimiento que en  nada  desvirtuaría  la  responsabilidad  del acusado  y que, en todo caso, fue referido detalladamente por  esta  última  en  la  ampliación  de  su  dicho (f.  9vto., cd. 1).   

        Por   todo   lo   anterior,  entonces,  el  cargo  de  nulidad  no  prospera.   

         Consideración final.   

         

Resta   agregar,   que   la   aplicación  retroactiva  favorable  de  las  disposiciones  contenidas en el actual estatuto  punitivo  (Ley  599  de  2000),  frente  a las normas preexistentes a los hechos  investigados  y  con  sujeción a las cuales se profirió la condena, si hubiere  lugar  a  ella, le compete al Juez de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad  de  conformidad  con  las  previsiones  del artículo 79-7º del actual estatuto  procesal penal.   

Contra esta providencia no procede ningún  recurso.   

Contra esta providencia no procede ningún  recurso   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia  Sala  de  Casación  Penal, administrando Justicia en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE   

NO  CASAR  la  sentencia impugnada.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase al  Tribunal de origen.   Cúmplase,   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                         JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

No hay firma  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS                                                   CARLOS             A.             GÁLVEZ  ARGOTE           

JORGE      ANÍBAL      GÓMEZ  GALLEGO               ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS       E.       MEJÍA  ESCOBAR                                 NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  Secretaria   

         

    

1  Sentencia  de  abril  18  de  2002,  M.P. Dr. Carlos A. Gálvez Argote, radicado  14.609.   

2  Sentencia  de  diciembre  19  de  2001,  M.P. Carlos E. Mejía Escobar, radicado  13.842.   

3  Providencias  de  abril 21 de 1998, M.P., Dr. Fernando Arboleda Ripoll, radicado  9.853;  octubre  18  de  2001,  M.P.  Dr.  Galán  Castellanos, radicado 14.834;  octubre  25  de  2001, M.P. Dr. Pérez Pinzón, radicado 13.915; 19 de diciembre  de  2001,  M.P.  Dr. Pinilla Pinilla, radicado 13.114; abril 4 de 2002, M.P. Dr.  Pinilla  Pinilla;  abril  11  de 2002, M.P. Dr. Gómez Gallego, radicado 16.857;  abril   30   de   2002,   M.P.   Dr.   Mejía  Escobar,  radicado  17.473  entre  otras.     

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