14590mar1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 14590  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 38  

          Santafé de Bogotá, D.C., catorce de marzo de dos mil.   

VISTOS  

          La  Corte estudia la demanda de casación presentada por el defensor  de  la  procesada  LUZ NANCY URIBE BOTERO en contra de la sentencia condenatoria  del  Tribunal  Superior de Manizales que la condenó por el delito de homicidio,  para  establecer  si  reúne  los requisitos formales señalados en el artículo  225  del  C.P.P.  que  habiliten  el  trámite correspondiente al extraordinario  medio de impugnación.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Por   información  suministrada  al  Comando  de  la  Policía  del  Municipio  de  Villamaría  en  el departamento de Caldas por el señor Gilberto  Grisales  Henao el 26 de diciembre de 1994, la Inspectora Primera de Policía de  la  localidad  practicó  el  levantamiento del cadáver del bebé que LUZ NANCY  URIBE,  su  progenitora,  había arrojado en una bolsa a un sótano después del  parto.   

          Evacuadas  las  diligencias  preliminares,  la  fiscalía  seccional  delegada  de  Manizales  abrió  formalmente la Instrucción el 10 de febrero de  1996  y  dispuso la vinculación mediante indagatoria de la madre de la criatura  a  quien  luego  aseguró  con  detención preventiva por el delito de homicidio  agravado,  cargo  por el cual fue acusada mediante interlocutorio del 30 de mayo  de 1997.   

          En  firme  tal  pronunciamiento,  entró  a  conocer  del  asunto el  Juzgado  Primero Penal del Circuito de la citada ciudad quien realizó el juicio  que  concluyó  con sentencia condenatoria en contra de la procesada como autora  del  delito  de  homicidio  culposo;  determinación que más tarde confirmó el  Tribunal  pero  con  la  reforma de que la condena era por el homicidio agravado  por  el  cual  había sido convocada a juicio, imponiéndole la pena de 40 años  de prisión.   

LA DEMANDA  

          Con    dos    cargos    ataca    el    censor   la   sentencia   del  Tribunal.   

El  primero,  presentado  como  principal, lo  formula  así:  “la sentencia recurrida es violatoria  de  normas  sustanciales  de derecho por vía indirecta, violación que consiste  en  error  en  la  apreciación  de  las  pruebas  que  fueron  tergiversadas  o  distorsionadas,  ya  que no fueron analizadas en su conjunto y además porque el  Ad-quem   omitió   o   desconoció  la  consideración  de  pruebas  legalmente  incorporadas  al  proceso,  con  valor  suficiente  para crear en el juzgador la  certeza  requerida  por  nuestra  ley  penal,  como  fundamento  de  todo  fallo  judicial”.   

El  segundo  cargo,  como  subsidiario,  lo  formula  por  violación  directa  consistente  en la falta de aplicación de la  norma que prevé el in dubio pro reo.   

         

A  manera  de  desarrollo  del  primer  cargo,  plantea sendas censuras por  supuestos   errores   en  la  apreciación    de   la   indagatoria   de   la   procesada   y   del   dictamen  pericial.   

De la primera, aduce que ninguna credibilidad  dispensó  el  juzgador a la versión de  LUZ NANCY en el sentido de que la  muerte  del neonato fue accidental, infiriendo responsabilidad de circunstancias  abstractas  que  no  tocan  al  caso sino a un estado mental de confusión de la  procesada  al haber omitido responder cuando le golpearon la puerta del baño, y  de  otro  lado “no está demostrado que la enjuiciada  hubiere    intencionalmente    cegado    (sic)    la   vida   de   su   pequeño  hijo”.   

          Y  del  dictamen  médico legal refiere que no determina la causa de  la     muerte     del    niño    sino    que    los    médicos    “vislumbran  varias como probables”, lo  que   no   obstante  llevó  al  sentenciador  a  decidir  con  base   “en   meras   conjeturas,  probabilidades,  posibilidades,  sin  alcanzar  el  grado  real  de  convicción,  y  lo más inaudito, presumiendo el  dolo”,  planteamiento  que  lo  lleva  a  decir  que  “el  Ad-quem no debió darle la trascendencia que le  impartió  al dictamen, por cuanto este no contiene un juicio de responsabilidad  penal…”   

          Estima  conculcados los artículos 2, 5, 36 y 68 del C.P., así como  el  254,  267,  273  y  329  del  C.P.P. por lo que pide un fallo sustitutivo de  carácter absolutorio en favor de la procesada.   

          En  el  segundo cargo enfoca una violación  directa  de  la  ley  sustancial por haberse dejado de reconocer los efectos del  estado  de  duda  aceptado  en  las consideraciones de la sentencia censurada, y  para  demostrarlo  reproduce  un  segmento  del  fallo  en  aras de destacar dos  aspectos:  primero,  la  aceptación del juzgador de la hesitación acerca de la  intención  de  la procesada, “lo cual implica que no  había  intención  dolosa”,  y en segundo lugar, la  crítica  que  el  mismo  Tribunal  hace  sobre la benignidad con que el código  trata   el   actuar   culposo,   “abrogándose  una  facultad” propia del legislador.   

          Dentro  de  tal  esquema  interpretativo de la sentencia, afirma que  está  planteada “la probabilidad de la no intención  dolosa,  grado  de  convicción  que corresponde a la duda, ineliminable en este  momento,  y  en  última instancia al principio del indubio pro reo, no aplicado  por el Distinguido Tribunal Superior.”   

          Solicita  a  la  Corte la modificación de la sentencia “en  el  sentido que el comportamiento desplegado por la procesada  se  configura  como  un  homicidio  culposo”, y como  consecuencia  de  ello  pide  ajustar  la  pena  y  otorgarle el subrogado de la  condena de ejecución condicional.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  demanda  no  cumple con las exigencias de forma señaladas en el  artículo  225  del C.P.P. y por consiguiente se impone su rechazo de plano, por  las razones que pasan a verse:   

          1.  Dentro de las dos censuras promovidas a través del primer cargo  por  supuestos errores en la apreciación de la indagatoria de la procesada y el  dictamen  médico  legal,  en  lo que sin decirlo el censor correspondería a un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  no  se  ofrecen argumentos  compatibles  con  la estructura y la modalidad del reproche, en la medida en que  en  el  desarrollo  del mismo sólo se advierten opiniones de rechazo a la forma  como   el   sentenciador   valoró  tales  pruebas,  lo  cual  desnaturaliza  la  impugnación  pues  diferente  a  concretarse  la idea demostrativa de la manera  como  el  Tribunal  cercenó  o  tergiversó  los  contenidos  materiales de las  citados  medios  de convicción poniéndolos a decir lo que ellos no indican, el  censor  se  ocupa de presentar su propia ponderación de los mismos, llegando al  extremo    de    considerar   que   el   dictamen   no   merecía   “la  trascendencia que le impartió” el  ad quem.   

          Así  pues,  discutir el merecimiento de credibilidad de la versión  de  la  procesada  y  el  grado  de  trascendencia  otorgado  por el fallador al  dictamen,  no  constituye  ataque  casacional contra la sentencia sino un simple  reproche  a  la  manera  como a partir de esas pruebas aquél pudo establecer la  responsabilidad  penal  de  la  acusada, razonamiento que no comparte la defensa  pero  sin  señalar  en ningún segmento de la demanda siquiera hipotéticamente  en  qué  pudo  consistir  el  supuesto  error del juzgador en la estimación de  tales probanzas.   

2. Con igual informalidad el censor se atreve  a  afirmar  que  no  fue probado el dolo con que actuó la procesada y que de la  experticia  podía  surgir  más  bien  la  culpa,  omitiendo  señalar  con tan  peregrina   aseveración  a  través  de  cuáles  precisos  medios  probatorios  encontró  la  judicatura  la  forma  de  culpabilidad  reprochada a la acusada,  actitud  con  la cual veladamente persigue que la Corte examine la sentencia con  tal  propósito, olvidando que en casación es al impugnante a quien corresponde  delimitar  el tema del recurso; exigencia que no puede estimarse cumplida con la  simple  enunciación  de  la causal aplicable al caso, o con la cita de la norma  sustancial   quebrantada   y   el   sentido   de  la  violación,  sino  que  es  imprescindible   el   señalamiento   del   yerro  del  juzgador  con  la  cabal  demostración    del    mismo,   sin   dejar   de   considerar   su   incidencia  trascendente  en el fallo.   

3.   Sin  ninguna  sindéresis  afirma  el  impugnante  que  el  error  en  la  apreciación  de las pruebas consiste en que  “fueron  tergiversadas  o  distorsionadas, ya que no  fueron  analizadas  en  su  conjunto  y  además  porque  el  Ad-quem  omitió o  desconoció  la  consideración  de  pruebas legalmente incorporadas al proceso,  con  valor suficiente para crear en el juzgador la certeza requerida por nuestra  ley   penal,   como   fundamento   de   todo   fallo  judicial”,  sin    indicar   cuáles   probanzas   fueron   “tergiversadas   o  distorsionadas”  y  cuáles  otras  omitidas o dejadas de considerar no empece  estar  “legalmente  incorporadas  al  proceso”,  porque  si los elementos de  convicción  que  se  duelen  de  tales  desatinos  son  la  indagatoria  de  la  sentenciada  y  el  dictamen  de  necropsia,  es  evidente que no podrían estar  sujetas  simultáneamente  a  ambos  errores,  pues  mientras  el primero (falso  juicio  de  identidad)  supone  su  valoración  aunque  con  trastocamiento del  contenido  material, el segundo (falso juicio de existencia) pone de relieve que  la  probanza  no  fue  estimada  en manera alguna a pesar de hallarse legalmente  incorporada en el expediente.   

Naturalmente  que  una  tal dicotomía en la  formulación  del  cargo, por si sola, hace inestudiable la demanda por resultar  incompatible  con  las  más elementales pautas de claridad y precisión que son  exigibles en casación.   

4. En lo atinente al segundo cargo, no mejora  la  suerte  del  libelo  en  la medida en que la supuesta aceptación de la duda  sobre  la responsabilidad penal de la acusada por parte del juzgador en la parte  considerativa  mas  no  en  la  resolutiva  de  la sentencia, no es más que una  entelequia  con la cual el censor busca crear confusión donde el Tribunal sólo  tuvo  claridad  para decidir en coherencia con lo expuesto en la parte orgánica  del fallo.   

Es  lo  que  se  descubre  al  rompe  de las  transcripciones  que  de  la  sentencia trae la demanda. En efecto, ninguna duda  confiesa  el  Tribunal  cuando  según el casacionista  escribe en la parte  motiva del fallo:   

“Puede  ser  que  en un caso dado no haya  expresa  manifestación  de la intensión (sic)  de  obrar,  pero  eso  no significa que indefectiblemente la  justicia  deba  ceder en su objetivo de establecerla para asentar sus decisiones  en  la  verdad  estricta  y  evitar hasta donde sea posible la deducción de una  especie   de  responsabilidad  subsidiaria  tratada  más  benignamente  por  el  legislador, pero tal vez irreal”.   

Y  menos  puede  afirmarse  el  estado  de  perplejidad    de   este   otro   fragmento   que   cita   el   censor   en   la  demanda:   

“Suponiendo que  en  verdad  el  deceso  se  hubiera  producido  sin propósito de la acusada, no habría llevado el cadáver  a  un  sótano  para abandonarlo allí clandestinamente. La reacción natural en  quien  –como  ella dice-  deseaba  al  niño  habría  sido  pedir  colaboración  primero  para  intentar  salvarlo   –el  instinto  maternal  avasallaría  cualquier  miedo- y tratarlo después con el respeto, la  consideración  y el afecto lógicos hacia el niño muerto. La actitud contraria  constituye grave indicio de responsabilidad”.   

Sobre  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación  del  artículo  445 del C.P.P. tanto la  doctrina  como  Jurisprudencia  han  marchado  conceptualmente  de  la  mano  al  considerar  que  tal  clase  de  transgresión  se  presenta  cuando el juzgador  explícitamente  reconoce  la  existencia  de  la duda sobre la materialidad del  hecho  o  la  responsabilidad  del procesado y sin embargo condena, lo cual hace  suponer  que  para  el  cumplimiento  formal  de  la  precisión requerida en el  artículo  225  del  C.P.P.  en  las  demandas  donde  se  plantea esta clase de  censura,  debe  la sentencia contener literalmente, con puntualidad y exactitud,  el  reconocimiento  del  estado  de  perplejidad  siendo  la tarea del censor la  reproducción  del texto donde así se reflexiona para contrastarlo con la parte  resolutiva  que  en  abierta  contradicción  determina  la  condena donde sólo  cabía  la absolución por mandato de la norma de contenido sustancial dejada de  aplicar   (art.   445  C.P.P.),  sin  que  sea  dado  al  recurrente  imprimirle  interpretaciones  diversas  a  lo  que genuinamente se desprende del texto de la  providencia.   

Esto  último es lo que ocurre en la demanda  sometida  a  revisión formal, donde el censor para sostener su reproche acude a  comentarios  que rebasan la auténtica expresión de los vocablos utilizados por  la  judicatura en la sentencia, según se infiere de la transcripción que de lo  pertinente  hace  el  libelista, por lo que el desarrollo del cargo se convierte  en  simple  labor  de disenso en contra de providencia, ejercicio del todo ajeno  al debate de pleno derecho que caracteriza la violación directa.   

En  síntesis,  la  Corte no encuentra en la  demanda  satisfechas  las  exigencias formales previstas en el artículo 225 del  C.P.P.   y   por  ende  no  queda  alternativa  diferente  a  la  de  rechazarla  de  plano con la consecuente  deserción  del  recurso  interpuesto,  conforme  lo  previene  el artículo 226  ibídem.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL   

RESUELVE  

1.  RECHAZAR  IN  LIMINE   la  demanda  de casación presentada por el defensor de la procesada  LUZ NANCY URIBE BOTERO.   

2.    DECLARAR   DESIERTO   el  recurso  de  casación  concedido  por  el Tribunal Superior del  Distrito Judicial de Manizales dentro del presente asunto.   

3.  DEVOLVER  el  proceso a su lugar de origen.   

De  acuerdo con los artículos 197 y 226 del  C.P.P. esta decisión no admite recurso alguno.   

Comuníquese y Cúmplase  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                       JORGE         E.         CÓRDOBA  POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                              JORGE  ANIBAL GÓMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                                                                CARLOS  E. MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                                              NILSON   PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

                      

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