14531abr

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 14531  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACION  PENAL   

                                     Magistrado Ponente:   

                                     Dr. JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

                                     Aprobado Acta Nro.  51   

          Santafé de Bogotá D.C., tres de abril de dos mil.   

VISTOS  

En  atención  a  lo  establecido  en  los  artículos  225  y  226  del  Código de Procedimiento Penal, examina la Sala el  aspecto  formal  de  las demandas de casación presentadas por los defensores de  los   acusados  BEATRIZ  OSORIO  CORTÉS  y      JUAN     EVANGELISTA     GARCÍA  NÚÑEZ, contra la sentencia del Tribunal Nacional que  confirmó  con  modificaciones la condena que por homicidio agravado y secuestro  extorsivo les impuso un Juzgado Regional de Medellín.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  11  de junio de 1994 se presentó a la Inspección Departamental  de  Policía  del  corregimiento  de  Versalles,  municipio  de  Santo  Domingo,  Antioquia,  Delia  Rosa Valdez Sepúlveda a dar cuenta de la desaparición de su  esposo,  el  hacendado  y ganadero Ramón Elías Flórez Agudelo, hecho ocurrido  dos  días antes cuando a eso de las 6:00 de la tarde abandonó su hogar ubicado  en  aquella  localidad  para  trasladarse  al  vecino  municipio  de Cisneros en  búsqueda de dinero para cubrir una deuda.    

Desde un principio se presumió un secuestro  por  cuanto  en varias oportunidades  había recibido boletas extorsivas en  las  que  se  le  exigía  la  entrega  de  gruesas  sumas,  pedidos  que  nunca  atendió.   

          Y,  en  efecto,  las  llamadas  telefónicas de los plagiarios a los  familiares  del  secuestrado  tendientes  a  obtener  su rescate, no se hicieron  esperar;  inicialmente  se les conminó a pagar la cantidad de $ 200’000.000, requerimiento que en últimas  se    acordó    dejar    en   $   15’000.000.  Concertada  la  entrega  del numerario para las 9:00 de la  mañana  del  24  de  junio  de  1994  en  el  puente peatonal de la terminal de  transporte  terrestre  del  barrio  Caribe de Medellín, de lo cual se dio aviso  previo   al  cuerpo  de  policía  de  la  ciudad,   montado  el  operativo  pertinente  se  obtuvo  la captura de Álvaro Bermúdez  Santrich  en momentos en que se disponía a recibir el  producto del secuestro.    

Dicho   personaje,  amén  de  admitir  su  participación  en  el  reato  según  sus  captores,  igualmente  delató  como  integrantes  del  grupo  a  JUAN  EVANGELISTA  GARCÍA  NÚÑEZ,   pensionado   de   la   Policía  Nacional,  BEATRIZ  OSORIO  CORTÉS y su  amante,  así  como Nelson de Jesús Rúa Bedoya, también ex-agente de la misma  institución.  Además indicó que fue éste quien de un garrotazo en el cráneo  de  la  víctima segó su vida, procediendo seguidamente a darle sepultura en un  paraje  de  la  finca  “Putarral”  ubicada  en  la vereda “Morritos” del  corregimiento  de  San Pablo Porce, jurisdicción del municipio de Santa Rosa de  Osos,  Antioquia,  lugar en el que efectivamente la autoridad halló el cadáver  del septuagenario en avanzado estado de descomposición.   

A  excepción del ex-policía Rúa, el resto  de  la  banda  fue aprehendida y, sometidos a indagatoria, un Fiscal Regional de  Medellín  les  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva sin  beneficio  de  excarcelación  al  resolverles  su  situación  jurídica.   Decretado  el  cierre parcial de la investigación respecto de los tres primeros  sindicados,  por resolución del 20 de abril de 1995 se calificó el sumario con  acusación   contra  la  OSORIO  CORTÉS  y  Bermúdez  Santrich  por  los  injustos  de  homicidio  agravado,  secuestro  extorsivo y concierto para secuestrar, en tanto que a GARCÍA NÚÑEZ  se le excluyó de esta última imputación.   

Un juez Regional de Medellín conoció de la  etapa  de  la   causa y rituada la misma, conforme con el pliego de cargos,  condenó  a  la  mujer  a  57  años  de  prisión,  en  tanto  que al ex-agente  GARCIA   le  impuso  55 años de la misma pena, en fallo del 14 de marzo de  1995.  Dada  la  petición  de sentencia anticipada que hizo Bermúdez Santrich,  respecto de él se declaró rota la unidad procesal.   

Impugnada aquella determinación, el Tribunal  Nacional  la  modificó  por  la suya del 29 de noviembre de 1996, absolviendo a  BEATRIZ  OSORIO  CORTÉS  del  hecho  punible  de  concierto  para secuestrar y, en consecuencia, tanto a ésta  como  a  GARCÍA  NÚÑEZ les  disminuyó  la  sanción  privativa de la libertad, declarando que en definitiva  ambos tendrían que purgar 53 años de prisión.   

LAS  DEMANDAS   

1.-  Demanda  a  nombre de Beatriz Osorio Cortés.   

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  segundo,  el  censor  acusa la sentencia de violar indirectamente la ley  sustancial   “por   ilegal   aplicación   de   una  prueba”  cuya  aducción se hizo en forma irregular,  yerro  originado  en el análisis que el juzgador efectuó de los requisitos que  la ley le asigna a la misma.   

En  la  fundamentación  del  cargo el actor  sostiene  que  el testimonio “juramentado”  de  Bermúdez Santrich no reúne los presupuestos enumerados en  el   Art.   246  del  C.  de  P.  P.,  no  sólo  porque  el  referido  testigo,  “coaccionado    por    su   detención”,  rindió declaración en otro proceso que por los mismos hechos  se  impulsó  contra  uno  de  los  implicados, sino también porque el juzgador  otorgándole  calidad  de  prueba trasladada, lo utilizó contra su asistida sin  parar  mientes  en  que  el  funcionario  instructor desatendió la prohibición  normativa  que  le  impedía  comunicarse  con el sindicado sin la presencia del  defensor.   

Como  si lo anterior no bastara para tenerla  como   inexistente,  dicha  prueba  no  se  puso  en conocimiento de las partes para poderla controvertir, y  menos   se   avisó  de  su  práctica.  Y  agrega  el  censor:  “Cuando  una  prueba  se aduce de manera ilegal al proceso es nula de  pleno  derecho, artículo 29 de la C.N.”; ahora bien,  si  una  tal  irregularidad  no anula la actuación, el juez no debe apreciar la  prueba  porque  es nula de pleno derecho, empero como en este caso lo hizo y ese  testimonio  se  constituyó  en el único soporte de la Fiscalía para sustentar  la   condena,   y   “fue   resorte  para  el  fallo  condenatorio   de   Juan   Evangelista   García  y  Beatriz  Osorio”  dada la credibilidad que se le otorgó dizque por estar ceñido  a  la  verdad,  tal  yerro  se traduce en “violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  debido  a  un  falso  juicio  de  ilegalidad  (sic)”.   

En  su  intento  por  atacar  el resto de la  prueba,  el  censor sostiene que a la procesada se le condenó con fundamento en  “indicios       no      comprobados”,   valga   decir,   por  su  amistad  o  confianza  con  el  hoy  interfecto; por la discusión  habida  entre los capturados BEATRIZ OSORIO  y  Bermúdez  Santrich  en el lugar donde se halló el cadáver de  Ramón  Elías,  pues se asegura que la mujer recriminó al varón por la muerte  del  secuestrado,  a  lo  cual  se  le respondió que ello había sido parte del  acuerdo; por haber facilitado  su  casa  para mantenerlo allí -al plagiado- mientras se operaba su traslado al  sitio  donde  se  le mantuvo cautivo; por su interés en recolectar la plata del  rescate   habida   cuenta   de   su   designación   como  negociadora  por  los  secuestradores   y,  en  fin,  “por  oídas  de  los  policiales;      por      decires      de     BERMUDEZ     SANTRICH.”   

Esas  manifestaciones  conclusivas  de  la  sentencia  no  son  inferencias  lógicas que permitan asegurar, conforme con lo  que  la  ley  exige  en  materia  de  indicios, que la encartada es responsable,  afirma  el  casacionista,  puesto  que  con  medios  y  métodos  propios  de la  responsabilidad  objetiva  ya  proscrita en nuestra legislación, se estructuró  la  certeza  sobre  su  culpabilidad  cuando  el  juzgador  ha debido aplicar el  principio  universal  del  in dubio pro reo,  para  de esta  manera  llegar al reconocimiento de la duda que a su juicio campea en el proceso.   

Las  razones  expuestas  constituyen  motivo  suficiente  para  que  se  case  la  sentencia  recurrida  declarándose  la  no  responsabilidad  de  la  acusada  en  los punibles que se le endilgaron, y en su  lugar  se  dicte  el  fallo  de  reemplazo  que  no puede ser otro diverso al de  absolución,  en  la medida en que para el evento examinado no se satisfacen los  supuestos  del  artículo  247  del  Código de Procedimiento Penal, concluye el  impugnante extraordinario.   

          2.-  Demanda a nombre de Juan Evangelista  García Núñez.   

          “Con  fundamento  en  la causal primera,  inciso  primero,  del  Art.  220  del Código de Procedimiento Penal”,  dice  el defensor del citado procesado acusar la sentencia del  Tribunal   Nacional   de  haber  transgredido,  “por  aplicación  indebida”, los siguientes preceptos del  Código  Penal: Arts. 268;  270-4 y 5, modificado por el Art. 3° de la ley  40/93;   323  y  324-2 y 7, modificados por los Arts. 29 y 30, en su orden,  de la misma ley; 25, inc. 1°; y 66-4 y 7.   

          Por   contera,   en  la  evaluación  de  las  pruebas  el  juzgador  “no    aplicó”   los  artículos  1°,  2°,  7°,  8°, 246, 247, 251, 252, 255, 279, 280, 314, 316 y  322  del  C.  de  P. Penal, así como el Art. 29 de la Carta Política, debido a  “errores  de  hecho  cometidos en la apreciación de  las    pruebas”,   estimándolas   “con  toda su dimensión y validez, sin considerar que dichas pruebas  son  irregulares  e  ilegales  por  no  concurrir los presupuestos necesarios de  orden  legal  para  su  recolección,  transportando la consecuencia obvia de su  nulidad  absoluta  y  que  no pueden ser tenidas como pruebas para sustentar una  providencia      judicial     y     mucho     menos     condenatoria”.   

          Retomando  casi  que en su integridad los argumentos del defensor de  BEATRIZ OSORIO CORTÉS, cuyas  críticas  a la prueba testimonial recaudada en el proceso hace suyas, el censor  sostiene  que con fundamento en lo atestado por los agentes que intervinieron en  la  captura de Alvaro Emilio Bermúdez Santrich, en la versión de éste y en lo  consignado   en  el  respectivo  informe  policivo  que  daba  cuenta  de  aquel  procedimiento,  el  Tribunal  halló  probada  la participación de JUAN  EVANGELISTA  GARCÍA  NÚÑEZ,  pues  según   lo   aseverado   por  el  delator    Bermúdez    Santrich,    la   OSORIO  CORTÉS  facilitó  el secuestro aprovechándose de la  amistad  que  la  unía con la víctima; su asistido proporcionó el vehículo y  fue  él  quien  condujo  al plagiado a la finca donde permaneció en cautiverio  hasta  el día en que se le dio muerte, acción esta que a la postre ejecutó el  coprocesado  Nelson de Jesús Rúa Bedoya, según lo afirma el propio Bermúdez,  cuyo   juzgamiento   por   separado   obligó   a   la   ruptura  de  la  unidad  procesal.   

          El  sentenciador  fincó  su  decisión  en  lo  manifestado por los  policías  aduciendo  que éstos conocieron de lo sucedido en cumplimiento de su  misión  y  sin  exageraciones  hicieron su relato, no advirtiendo en sus dichos  ánimo   torcido   como   para   querer  perjudicar  a  uno  cualquiera  de  los  comprometidos  en  los  delitos.   Sin  embargo  se  equivoca  el Tribunal,  sostiene   el   casacionista,  al  tomar  como  prueba  directa  de  cargo  esos  testimonios  sin  reparar  en que ellos se derivan de lo que en relación con lo  acontecido  narró  un  tercero,  Bermúdez  Santrich,  por  lo  que en estricto  sentido  las  versiones  policiales  se  erigen  en  testimonios de oídas.   Se   impone,  en  consecuencia,  recurrir  “a  quien directamente los presenció para  evaluar  la  razón  de  su  dicho  previo  examen  de  la  concurrencia  de los  presupuestos  de  existencia,  validez  y eficacia de esas manifestaciones, para  determinar su fuerza probatoria”.   

          Aquellas  manifestaciones  mal  pueden  ser  evaluadas  con  efectos  probatorios  para  deducir  la  responsabilidad  penal de los encartados, habida  consideración  de  que  por  originarse  en  lo  que a su vez expuso uno de los  sujetos  pasivos de la acción penal -el citado Bermúdez Santrich-, la versión  de  éste  debió  recibirse  “sin apremios y con las  formalidades  de ley”, según voces de los artículos  316  y  278  a  280  del  C.  de  P.  Civil,  279,  316,  251 y 280 del C. de P.  Penal.   La  inobservancia de tales presupuestos respecto de quien registra  la  calidad  de  sujeto  procesal, torna su testimonio carente de validez por no  ser    “prueba   legal,   ni   regular”    y   por   consiguiente   debe   tenerse   como   inexistente,  lo  cual conlleva a predicar  que  sobre  ella no puede edificarse un fallo de condena por expreso mandato del  art. 29 superior.   

          Toda  la  prueba de cargo adolece del referido vicio como quiera que  se  ampara  en  el  dicho  de  Bermúdez  Santrich, cuyo testimonio, reitera, se  recibió  sin  las  formalidades  de  ley.   Es  que el mayor soporte de la  sentencia  lo  constituye  la  declaración del citado Bermúdez rendida bajo la  gravedad  del  juramento  el  29 de noviembre de 1995 ante un Fiscal Regional en  virtud  del proceso que se le siguió a Nelson Rúa Bedoya, deponencia en la que  con    “algunas    precisiones    incoherentes   y  vagas”  describe  el  testigo  la  actuación que en  desarrollo  del  secuestro  y  posterior homicidio de la víctima tuvieron tanto  él,  como  la OSORIO CORTÉS,  GARCÍA NÚÑEZ y Nelson Rúa  Bedoya,  contrariando  así  lo  que  inicialmente  sostuvo  en relación con el  desconocimiento  que  de  los  hechos  como  de  cada uno de los encartados dijo  tener.   

          No  sólo  la  falta  de  sinceridad  y espontaneidad del testigo le  resta  mérito  a  su acusación porque declaró buscando que se le reconocieran  beneficios  especiales,  sino también porque el fallador poco antes de proferir  sentencia  la  allegó  al  proceso  que  hoy  ocupa  la  atención  de  la Sala  asignándole  la  calidad  de  prueba  trasladada,  sin  auto previo que así lo  ordenara  y  omitiendo  comunicar a las partes su realización, lo cual impidió  ejercer  el  derecho  de contradicción con ostensible violación del derecho de  defensa.    No  es  pues  tal  atestación  “un  elemento   de  juicio  más”,  como  lo  pregona  el  Ad-Quem,   por  cuanto  toda  la  motivación  del  fallo  giró al rededor de ella haciéndola producir  efectos  probatorios  no  empece  a  carecer  de  los requisitos formales que se  requieren para su estimación.    

         

          Luego,  entonces,  esos yerros de apreciación probatoria condujeron  al  Tribunal a violar los preceptos sustanciales relacionados en precedencia, al  tener   como  probada  la  participación  de  GARCÍA  NÚÑEZ  “en  los  hechos  delictivos  y considerar que su conducta se tipificó en las normas sustanciales  de   Secuestro  Extorsivo  y  Homicidio,  con  las  agravaciones  ya  indicadas,  apareciendo,  entonces,  de acuerdo con lo discurrido, claramente establecida la  transgresión  de  éstas,  puesto  que, como secuela obligada de los errores de  hecho  cometidos  en la apreciación de las pruebas atrás denunciadas, los hizo  obrar  en  un  caso  que no correspondía al no estar demostrados los hechos que  estructuran  los  verbos  rectores correspondientes.”   

          Que  se  case  la  sentencia  recurrida,  cuya revocatoria se impone  porque   “no  obran  pruebas  legal  y  regularmente  recolectadas”  que  acrediten  la  realización  por  parte  del  justiciable  de  los  delitos  que  se  le  imputan, “y  mucho menos su responsabilidad”, a fin  de  que  se  emita  en  su  reemplazo la absolución pertinente, es la petición  final del demandante.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Demanda    a   nombre   de   Beatriz   Osorio   Cortés.   

          1.-  Ninguna  aptitud  para  permitir el estudio de fondo de la Sala  tiene  el  libelo  que  a  nombre  de  BEATRIZ  OSORIO  CORTÉS  presentó  su  defensor, porque si bien en la  formulación  del  respectivo  cargo el censor indicó el sentido de la supuesta  violación  -indirecta- y el  concepto  de  la  misma  -aducción  de  una prueba de  manera  ilegal-, omite señalar el precepto sustancial  objeto  del  presunto  quebranto,  tanto como la determinación del yerro en que  supuestamente  incurrió  el  sentenciador,  así  la dilógica denominación de  “falso   juicio   de   ilegalidad”   (sic)   permita   sugerir   la   alegación   de   un   error de derecho.   

          De  la  misma manera, la argumentación tendiente a la demostración  del  vicio  argüido  resulta precaria, por cuanto sin precisar si las fallas se  presentan   en   el  proceso  de  formación  del  medio  probatorio  o  en  los  presupuestos  que  para  su  validez  y  eficacia  establece la ley, a manera de  genérico  enunciado  el  demandante  alega la ilegalidad de dicha prueba por no  cumplir  los  requisitos  de  los  artículos  246  y  145  del  C. de P. Penal,  limitándose  a  afirmar que el fiscal regional “hizo  comparecer  al  sindicado  BERMUDEZ  SANTRICH,  coaccionado  por su detención a  rendir  declaración  juramentada,  sin los previos requisitos legales y sin dar  conocimiento   a   las   partes   de   la   realización   de   esta  diligencia  irregular”.   

          Aparte  de  transcribir  las  consideraciones  del  fallo de segunda  instancia  atinentes  al  testimonio  de  Bermúdez  Santrich  que  considera el  “soporte” de la condena,  nada   hace   el  censor  por  clarificar  si  en  la  versión  “juramentada”   objeto  de  reproche  se  omitieron,  por ejemplo, los requisitos que imponen los artículos 282 y 357 del  C.   de   P.  Penal,  indicando  cuál  de  éstos  preceptos  efectivamente  se  desconoció,  como  tampoco  se  ocupa  de señalar precepto alguno de contenido  sustancial  que  hubiese  sido  transgredido  a consecuencia de aquella presunta  irregularidad.   

          En  efecto,  si la fórmula del juramento establecida en el Art. 282  para  la recepción de cualquier testimonio es semejante a la que se le exige al  sindicado  cuando  en  la diligencia de indagatoria debe actuar como testigo por  lanzar  imputaciones  contra  terceros  (Art.  357),  no sólo debió indicar el  censor,  en  forma  clara  y  precisa, si en la cuestionada  atestación  Bermúdez  Santrich  declaró  en  calidad  de  testigo o como  sindicado,   sino   también   de  qué  manera  el  juzgador  infringió  dicha  normatividad.   

Es  que  aún  en  el  supuesto  de  que  el  casacionista  se  hubiese propuesto demostrar, sin lograrlo, un error de derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  la impugnación no quedaba satisfecha con la  mera  enunciación  del  cargo y el señalamiento del medio de prueba censurado,  sino  que le era indispensable acreditar que el juzgador en el examen probatorio  le  dio  validez  a  un  elemento  de  convicción  allegado  al  proceso sin el  cumplimiento  de  las  formalidades  legales,  cometido para el cual es de rigor  señalar  “el precepto o preceptos que establecen los  requisitos  para  la  aportación  de  la  prueba  cuestionada  y  que  se dicen  omitidos,  y  que a través de esta violación medio, se verificó efectivamente  la  transgresión  de  una  norma  sustancial  como  violación  fin,  y en qué  sentido,  lo  cual  impera  ser  igualmente  precisado por el censor”,  como  lo  tiene  establecido  la  jurisprudencia de esta Sala.  (Sentencia de julio 12/94, M.P. Ricardo Calvete Rangel).   

Sólo  atina  pues  el demandante a señalar  como  objeto  de quebranto normas de procedimiento o instrumentales -Arts. 246 y  145  del  C.  de  P.  P.-,  es  decir,  normas  medio  sin contenido sustancial,  olvidando  que  conforme  con  lo preceptuado en el artículo 220-1 ibidem     la     casación     procede  “cuando  la sentencia sea violatoria de una norma de  derecho  sustancial”, cuya  cita deviene inexcusable (Art. 225-3).   

2.-    Ahora,    que    a   BEATRIZ  OSORIO  CORTÉS    se   le   condenó   con   fundamento   en  “indicios no comprobados”  y  que  el  yerro  del Tribunal se traduce en que “no  existe  inferencia  lógica  en sus argumentos para asegurar que la encartada es  responsable”   y   por  consiguiente  el  fallo  se  profirió  atendiendo a criterios de responsabilidad objetiva, es manifestación  que se queda en el simple enunciado.   

En  efecto, como a voces del Art. 302 del C.  de  P.  Penal  en  la configuración del indicio es menester que el hecho  indicante o indicador esté probado,  si  lo  que  se  pretende aducir es una falencia en esta parte de su estructura,  además  de  plantearlo  así,  el actor tenía que demostrar que el juzgador al  construir  esta premisa incurrió en algún error, bien sea de derecho por falso  juicio  de legalidad si el desatino consiste en haber dado valor a la prueba que  constituye  el  sustento  del  hecho  indicador  no  empece  haberse  aducido  o  producido  irregularmente;  o  de  hecho bajo una cualquiera de sus modalidades:  falso  juicio de existencia por omisión o suposición de la prueba sustentadora  del  hecho  indicante,  falso  juicio  de identidad por tergiversar el contenido  fáctico  de la prueba del mismo haciéndola decir lo que materialmente no dice,  o  bien  por  un  falso  juicio  de  raciocinio consistente en haber valorado el  elemento  de  convicción  sin  sujeción  a los principios de la sana crítica.   

Ahora  bien,  si el propósito de la demanda  era    atacar   la   inferencia   lógica,  se  tornaba  imperioso  para el censor acreditar que el tribunal,  con  violación  de  las  reglas  de  la  experiencia, la ciencia y/o el sentido  común,  sacó  conclusiones  que  no  correspondían  a  un raciocinio lógico.   

Nada  de  esto  hace  el demandante quien se  contenta  con  sostener que no obstante la ausencia de testimonio que contradiga  la  versión rendida por la procesada en su injurada, el Tribunal decidió sobre  su  culpabilidad  con  base  en  “medios  y métodos  inapropiados”  mediante  los  cuales  no  es posible  arribar  a  la certeza que para efectos de declarar la responsabilidad contempla  el  Art.  247 del C. de P. Penal, razón por la cual dizque resultaba imperativa  la  aplicación del apotegma universal del in dubio pro  reo.   

Pero  el  reclamo  por la no aplicación del  art.  445  del  C.  de  P.  Penal  no  es  menos  informal  para los fines de la  casación,  puesto  que  si  lo  que  se  quiere plantear es que el sentenciador  profirió  la  condena  no  empece haber reconocido que la prueba sólo generaba  dudas,  la discusión pertinente debió llevarse por el sendero de la violación  directa,  sin  entrar en discusiones acerca del acervo probatorio y con cita del  acápite  del fallo donde  se hubiera hecho tal declaración, reclamando en  consecuencia  la  aplicación  del  artículo  445 del C. de P. Penal, norma del  estatuto  procesal pero de claro contenido sustancial.   

Ahora bien, si el reparo está orientado es a  destacar  cómo  a pesar de que la prueba sólo daba para sembrar incertidumbre,  el  tribunal no lo consideró así y fulminó la condena aduciendo certeza donde  sólo  podía  haber  perplejidad, la violación indirecta se erige en el camino  adecuado  para formular la censura, demostrando, eso sí, los errores de hecho o  de  derecho  en  la  apreciación  de  las  pruebas  que determinaron los falsos  juicios      del      juzgador      en      la     fundamentación     de     la  condena.          

En  resumen, los errores de técnica en esta  primera  demanda,  que  entre  otras  falencias  ponen  de  presente la falta de  claridad  y  precisión  en la formulación de los cargos, no deja alternativa a  la  Corte  distinta  a  su  rechazo  de  plano  y la consecuente declaratoria de  deserción del recurso.   

Demanda a nombre de Juan Evangelista García  Núñez.   

No menos informal resulta ser el libelo que a  nombre   del   procesado   JUAN  EVANGELISTA  GARCÍA  NÚÑEZ presentó su defensor.   

Ciertamente,   invocando  como  causal  de  casación  la  “primera, inciso primero del Art. 220  del  Código de Procedimiento Penal”, el censor acusa  la  sentencia  recurrida  de  haber  infringido  “por  aplicación  indebida”  y  por  exclusión  evidente  algunos  preceptos  de contenido sustancial, mencionando entre ellos el Art. 247  del  C.  de  P.  Penal,  con  lo  que pretende se case el fallo y en su lugar se  profiera   el   de   reemplazo   con  carácter  absolutorio,  aduciendo  la  no  participación   de  su  asistido  en  los  delitos  de  secuestro  extorsivo  y  homicidio,  dizque  por  “no  estar  demostrados los  hechos   que   estructuran   los  verbos  rectores  correspondientes”.   

En  desarrollo  del  cargo  el  casacionista  argumenta    la    existencia    de   “errores   de  hecho”  cometidos  por el juzgador en la estimación  de  las  pruebas  no empece a su irregular e         ilegal        incorporación  a  las  diligencias, “por  no  concurrir  los  presupuestos necesarios de orden legal para su recolección,  transportando  la  consecuencia  obvia  de su nulidad absoluta (…)”,  yerros  de apreciación probatoria, insiste, que lo llevaron a  transgredir  las  normas  sustanciales  que  tipifican  los delitos de secuestro  extorsivo  y  homicidio, al tener como probada la participación de GARCÍA NÚÑEZ en los mismos.   

En  mayúsculo  dislate  incurre  el censor,  puesto  que anunciando atacar la sentencia por la vía de la violación directa,  se  desvía  hacia la indirecta al esgrimir como sustento del reproche presuntos  “yerros   de   apreciación  probatoria”,  sin parar mientes en que cuando se escoge aquella modalidad de  ataque  el  discurso  ha de centrarse en el campo de lo estrictamente jurídico,  sin  que  pueda  haber  lugar  a  controversias  de orden fáctico o probatorio.   

Pero  como  si  fuera  poco  lo anterior, el  demandante  cae  en  el  absurdo de plantear indiscriminadamente como fundamento  del  único reproche errores de hecho y de derecho respecto de una misma prueba,  pasando  por alto el principio de autonomía de las causales y de los cargos que  rige  en casación, en  virtud del cual los reproches que se excluyen deben  presentarse en capítulos separados y subsidiario el uno del otro.   

Es que a todas luces resulta ilógico, y por  ende   inaceptable   en   sede   de  casación,  aducir  que  una  misma  prueba  simultáneamente  se  duele  de  errores de hecho y de derecho, más aún cuando  este  último  yerro  se  presenta  como un falso juicio de legalidad, porque el  reproche  sobre  la  suposición, omisión o cercenamiento material del elemento  de  convicción  da por descontado que el vicio recae sobre una prueba producida  e incorporada válidamente al proceso.   

No  cumple  pues  en  lo  más  mínimo  el  comentado  libelo  con  las  preceptivas que para toda demanda en forma exige el  artículo  225  del C. de P. Penal, por lo que habrá de rechazarse y como   consecuencia     de     ello     declarar     desierta     la     extraordinaria  impugnación.   

              

          En  mérito a lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE   JUSTICIA   en  SALA  DE  CASACION PENAL,   

RESUELVE  

         RECHAZAR  IN  LIMINE  las  demandas que a  nombre   de  los  procesados  BEATRIZ  OSORIO  CORTÉS  y  JUAN  EVANGELISTA GARCÍA  NUÑEZ,   presentaron   sus   respectivos  defensores  contra   el  fallo  de  fecha,  origen,  naturaleza  y contenido indicados,  conforme  con  las  motivaciones plasmadas en el cuerpo de este proveído.    

          En        consecuencia,        se        declaran       DESIERTOS   los   recursos  interpuestos  contra dicha decisión.     

         De  acuerdo  con lo normado en los artículos 197 y 226 del C. de P.  Penal, este proveído no admite recurso alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y devuélvase a la  oficina de origen.   

CUMPLASE  

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO   

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS   A.  GÁLVEZ  ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO     O     RLANDO     PÉREZ  PINZÓN     NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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