14530fe1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 14530  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No 22  

          Santafé   de   Bogotá,   D.C.,   dieciocho   de   febrero  de  dos  mil   

VISTOS  

          Estudia  la  Corte  el aspecto formal requerido por el artículo 225  del  C.P.P.  respecto  de la demanda de casación presentada por el defensor del  procesado  FERMÍN  CONDE OLAYA contra la sentencia mediante la cual el Tribunal  Nacional  lo  condenó  a la pena principal de 8 años y 6 meses como coautor de  los  delitos  de porte ilegal de armas de defensa personal en concurso con hurto  calificado  y  agravado  y  la  infracción  al  artículo 19 del Decreto 180 de  1988.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          De  la  fincas  “El  Danubio” y “Los  Marañones”,    en    la    vereda    “Gualas”  del municipio de San Martín  (Meta),  el  20  de  junio  de  1991  por  la  fuerza  fueron  sacados  y  luego  retenidos   Armando  Leal  Rodríguez,  y  los  hermanos  Uldarico y Benito  Torres  Solano,  por  un  grupo  de  seis  hombres armados que tenían el rostro  cubierto    y    vestían    prendas   de   uso   privativo   de   las   fuerzas  militares.   

          Identificados  WILSON  JOYA  GARZÓN  y  FERMÍN  CONDE  OLAYA  como  miembros  del  grupo  plagiario, fueron vinculados a la investigación penal que  inició  un  juzgado  de  instrucción  de  orden público y luego afectados con  detención  preventiva  por  el  delito de secuestro previsto en el artículo 22  del  Decreto  180  de  1988,  agravado  por el 23 del mismo estatuto. Una vez se  calificó   el  mérito  del  sumario,  los  procesados  recibieron  resolución  acusatoria  por este injusto más el de hurto calificado y agravado en decisión  que  apelada  por  la  defensa  fue confirmada por el Tribunal Nacional el 11 de  octubre   de   1994   con   la   adición   del   cargo   por  porte  ilegal  de  armas.   

          Después  de  adelantar la etapa de la causa, un Juzgado Regional de  Bogotá  se  abstuvo  de  proferir la sentencia al encontrar que respecto de los  punibles  diferentes  al  secuestro  endilgados  a  los  procesados no se había  producido  resolución  definitoria  de situación jurídica en clara contravía  de  lo  dispuesto  en  los  artículos  56 y 57 de la ley 81 de 1993, por lo que  decretó   la  nulidad  parcial  de  lo  actuado  a  partir  del  cierre  de  la  investigación,  rompió la unidad procesal y ordenó el envió de la actuación  al    Juez   Penal   del   Circuito   para   que   conociera   del   delito   de  secuestro.   

          Reconstruido  el  trámite  conforme  a lo dispuesto, los procesados  recibieron  detención  preventiva  por  los  delitos  de porte ilegal de armas,  hurto  calificado  y  agravado  y  uso  ilegal  de  uniformes e insignias de uso  privativo  de  las  Fuerzas  Militares,  y por los mismos cargos fueron acusados  según proveído del 25 de enero de 1996.   

          Acumuladas  las  causas,  el 19 de marzo de 1997 un Juzgado Regional  condenó  a los procesados por todos los delitos por los cuales fueron acusados,  sentencia  que al ser revisada por apelación invalidó parcialmente el Tribunal  Nacional  para  retrotraer  la  actuación  respecto  del secuestro por indebida  calificación,  a  tiempo que confirmó el resto de condenas con disminución de  las penas respectivas.         

LA DEMANDA  

          Con  fundamento en la causal tercera de casación, dos cargos contra  la sentencia del Tribunal Nacional presenta el censor.   

          Con     el     primero     estima    conculcado    el    debido   proceso   pues   “las  peticiones  de CONDE a Folios 652 del Cuaderno original y el  275   del  Cuaderno  Dos.  No  hubo  pronunciamiento  por  parte  del  juzgador,  negándose  un  Derecho  Fundamental”. En el acápite  que  denomina  demostración  del  cargo  afirma  el  censor que “Las peticiones de  CONDE  que  no fueron resueltas” son: la “vista    de    expediente”    y   la  “Ampliación  de  términos y copias del proceso”,  que     imponían   al   funcionario   la  obligación  de  emitir  un   pronunciamiento  al  respecto  con su debida notificación de conformidad con lo  dispuesto por el artículo 188 del C.P.P.   

          Estas  deficiencias,  dice,  “penetran al  fondo  del  plenario, pues se refieren en el fondo a probar la inocencia  o  a  aceptar  la  responsabilidad  y  de  ahí  que no se consideren aquellas como  anomalías  leves,  son como irregularidades sustanciales que quebrantan como se  dijo  el  debido  proceso  sin  haberse  oficialmente resuelto las peticiones de  CONDE    no    puede    considerarse    como   un   hecho   legal”.   

          Bajo   esta  consideración,  el  impugnante  solicita  “como  único  remedio  procesal  la declaratoria de nulidad de lo  actuado,  a  partir  del  auto  o resolución calificatoria del mérito sumarial  inclusive  con  el fin de reestablecer el debido proceso vulnerado y efectivizar  las  garantías  debidas  a  las  personas  que  intervienen  en  la  actuación  penal”.   

          El segundo cargo,  al   cual  le  da  el  carácter  de  subsidiario,  lo  formula  “por  violaciones  al Derecho de Defensa”,  sin  mencionar  específicamente  desde qué momento procesal depreca la nulidad  del  trámite,  y  sostiene  que  éste  se  encuentra  afectado  porque  en  la  indagatoria  no  se le formuló pregunta alguna al procesado relacionada con los  delitos  de  porte  ilegal  de armas, uso de prendas militares y hurto, sino que  todo  estuvo  circunscrito  al  injusto  de  secuestro  por  el que “a  la  postre  se declaró nulidad parcial ocasionando la ruptura  procesal”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          De  manera  pacífica  y reiterada la jurisprudencia de esta Sala ha  enseñado  que el planteamiento de la causal tercera de casación no escapa a la  técnica  que  caracteriza este medio extraordinario de impugnación, razón por  la  cual  la censura por esta vía debe avenirse a las pautas que le son comunes  a  las  otras  formas  de  ataque  permitidas por la ley, como que la demanda no  puede  convertirse  en  escrito de libre formulación sino en instrumento que se  sujete  a las exigencias del artículo 225 del C.P.P., señalando en forma clara  y   precisa   los   fundamentos   de  la  causal,  esto  es,  singularizando  la  irregularidad  y  demostrando de qué manera afecta derechos sustanciales de las  partes  o  conculca  las bases de la instrucción y el juzgamiento; todo lo cual  pretirió  el  impugnante  precipitando  el  prematuro  rechazo  de  la demanda.  Veamos:   

          1.-   En  primer lugar, en ninguno de los dos cargos, aparte de  la  genérica  protesta  del  censor  contra el trámite, se presenta una debida  formulación  de  las  razones  por  las  cuales  las  supuestas irregularidades  constituyen  violación  al  debido  proceso, omisión con la cual el demandante  más  pareciera buscar de la Corte un pormenorizado y oficioso estudio del caso,  sustrayéndose  como impugnante al deber ineludible que por la naturaleza rogada  del  recurso  sólo  a  él  le incumbe de señalar el camino dentro del cual la  Corte debe confrontar la legalidad del fallo.   

          2.-   Esta  grave  deficiencia  no  se  remedia  con  la  inmotivada  categorización  de  las  supuestas irregularidades, empeño que sólo obedece a  las  conveniencias  del  censor,  pues  ningún fundamento racional para dar por  vulnerada  la  estructura  del  proceso  o  las garantías debidas a los sujetos  procesales  tiene  la escueta aseveración de que por tener el procesado derecho  a  hacer directamente solicitudes, la falta de respuesta a una  o varias de  ellas,  sin  importar  las  secuelas  en la actuación, constituye violación al  debido   proceso   suficiente   para  enervar  parte  sustancial  del  trámite.   

          Una  tan  endeble  argumentación no satisface los requerimientos de  forma  señalados  en  el  artículo  225  del  C.P.P.,  menos para concretar el  propósito  de  la  invalidación  de  un  juicio, cuando es patente que para la  Corte  no  existe  referencia  acerca  de los fundamentos de peso con los cuales  pudiera  juzgar  que  las  peticiones a las que alude el casacionista son de tal  naturaleza  que  al  ser  denegadas  propiciaron  una situación desfavorable al  procesado  que  ponía  en  vilo la garantía fundamental al debido proceso y, a  partir  de  allí,  la  producción  del  fallo  adverso  a  los  intereses  del  procesado.   

          3.-  Esta falencia de la demanda literalmente se traduce en carencia  absoluta  de  demostración  de  la  censura  propuesta,  la que detectada en el  primer  cargo  se desplaza al segundo como que en éste el censor se limita a la  lacónica  expresión  de  que  al  indagado  dejaron de formulársele preguntas  relacionadas  con  los  delitos por los que terminó condenado, pero sin el más  mínimo  esfuerzo  demostrativo de sus asertos, dejando a la Corte la ejecución  de  la  tarea  que  corresponde  al censor, cual si la impugnación en casación  permitiese  la  explosión  a  granel  de  opiniones  sin  verificación para el  impugnante.   

          4.-  Es  que  no  empece  considerar  el actor que el trámite está  viciado,  nada  hace  por  considerar siquiera hipotéticamente cómo de acuerdo  con  la  irritualidad  de  que  se  duele el proceso, los desatinos alteraron la  legal  estructura  del  mismo  propiciándose  al  interior la “denegación de  justicia”  que menciona al desgaire o el ocultamiento para el procesado de las  conductas  investigadas  y  que  finalmente  constituyeron  el  reproche elevado  judicialmente          a         través         de         la         sentencia  censurada.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

          Lo   anterior   basta   para   concluir  que  el  escrito  puesto  a  consideración  de  la  Corte no reúne los requisitos de forma suficientes para  habilitar  el  estudio  de  fondo  de  la  cuestión,  lo  que no da alternativa  diferente   a  rechazarlo  de  plano  y  a  declarar  desierta  la  impugnación  extraordinaria.   

          En   tal   virtud,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL   

RESUELVE  

          1.   RECHAZAR   IN   LIMINE  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  FERMÍN CONDE OLAYA.   

          2.   DECLARAR   DESIERTO   el  recurso  de  casación   concedido   por   el   Tribunal   Nacional   dentro   del   presente  asunto.   

          3.  DEVOLVER  el  expediente a su lugar de  origen.   

          Esta  decisión  conforme  a  los artículos 197 y 226 del C.P.P. no  admite recurso alguno.   

COMUNÍQUESE Y CÚMPLASE  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                               JORGE     E.     CÓRDOBA  POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                JORGE ANIBAL GÓMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                                                                  CARLOS      E.     MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO   O.   PEREZ   PINZON                                                     NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

   

    

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