14279(07-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República de Colombia  

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 14279  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 12  

         Bogotá,   D.   C.,   siete   (07)   de  febrero  de  dos  mil  dos  (2002).   

VISTOS  

         Mediante  sentencia  del 11 de julio de  1997,  el  Juzgado Promiscuo del Circuito de Bahía Solano (Chocó) absolvió al  señor    Gabriel    Aguilar   Aguas   de  los  cargos  que como autor del concurso de delitos de peculado  por  apropiación  y  por  uso  y  falsedad ideológica en documento público le  fueron formulados en la resolución de acusación.   

         El  fallo  fue apelado por el Fiscal Delegado y el 14 de octubre de  ese  año,  una  Sala de Decisión del Tribunal Superior de Quibdó confirmó la  absolución  respecto  de  los  atentados  contra  la  administración publica y  revocó  lo  relacionado con la falsedad ideológica en documento público, para  en    su    lugar   condenar   al   señor   Aguilar  Aguas  a  la  pena  principal  de  tres  (3) años de  prisión  y  a  la  accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  por el mismo lapso, en su condición de autor de ese delito.   

         El  defensor  interpuso  recurso de casación. La Sala se pronuncia  sobre el fondo del mismo.   

HECHOS  

         El  23  de  enero  de 1996, la doctora SIGELINDA CÓRDOBA MOSQUERA,  Personera  Municipal  de Bahía Solano (Chocó), acudió a denunciar al Alcalde,  señor     Gabriel    Aguilar    Aguas,  por  el  delito  de peculado por uso, pues se le informó que el  motor  fuera  de  borda  propiedad  del  municipio,  había sido prestado por el  burgomaestre a un particular para asuntos no oficiales.   

         En  la  misma  fecha,  el  Fiscal  Doce  Delegado  ante  el Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  dispuso una indagación preliminar, tras la cual, el 6  de   mayo   de  1996,  abrió  investigación,  citó  al  Alcalde  Aguilar   Aguas   para   escucharlo  en  indagatoria  y  ordenó  inspeccionar  varias  dependencias  para  verificar  lo  denunciado.  Una  de  tales  diligencias  se  practicó  en  la  Tesorería  del  Municipio  el 25 de junio de ese año, por el Fiscal Cuarto Seccional de Quibdó  a  quien  se reasignó el expediente. En su desarrollo se encontraron y anexaron  al  expediente  la  “orden  de pago 589” y la resolución de la misma fecha,  por  medido  de las cuales el Alcalde Municipal ordenaba pagar a RUBY BADILLO DE  GONZÁLEZ  $855.000,  por  concepto de “suministro de gasolina mezclada según  orden  de  suministros  y  facturas adjuntas”; se aportó copia de una factura  expedida  por  esta  dama  por  concepto  de 450 galones de gasolina que por ese  monto  vendió  al  municipio,  así como un formato, sin firma, de una orden de  suministro por el mismo concepto.   

         El  señor  MIGUEL  VICENTE GONZÁLEZ ARRUNÁTEGUI, esposo de doña  RUBY  BADILLO,  declaró  que pagó $234.549 por una reparación del motor fuera  de  borda  y  habló  “con el alcalde que cómo yo hacía para sacar mi plata,  él  me  dijo  que  la  UMATA -la Administración Municipal- iba a necesitar una  gasolina  como unos 400 galones entonces de allí se descontaría el valor de mi  plata…es  decir,  el alcalde me autorizó que diera ese valor o que pagara ese  valor…por  la reparación del motor y me pagara con el combustible”. Este es  el origen de la citada cuenta de cobro por gasolina.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

         Luego  de  una  indagación  preliminar,  el  6  de mayo de 1996 se  abrió    investigación    y,    luego    de   indagar   a   don   Gabriel  Aguilar  Aguas,  el 8 de agosto  siguiente  la  fiscalía  decretó  su  detención  preventiva  -sustituida  por  domiciliaria-  como  responsable  de  peculado  por apropiación y por uso, así  como de falsedad ideológica en documento público.   

         El  12  de  diciembre de 1996 fue clausurada la investigación y el  14  de  enero  de 1997 proferida resolución acusatoria por los delitos acabados  de  mencionar.  Recurrida  esa decisión por la defensa, fue confirmada el 19 de  marzo siguiente por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal.   

         En  desarrollo del juicio, el 11 de julio de 1997 el Juez Promiscuo  del  Circuito  profirió la sentencia absolutoria reseñada, fallo que recurrido  por  el  Fiscal  Delegado  resultó  objeto  de  ratificación  parcial el 14 de  octubre del mismo año, como ya se indicó.   

         La   defensa   interpuso   recurso   extraordinario  de  casación,  presentó el escrito correspondiente y fue admitido.   

LA DEMANDA  

         El    profesional    que    representa   al   ciudadano  Aguilar  Aguas en esta sede  formula  dos  cargos,  que  desarrolla  así:   

         a)  Con  apoyo  en  la  causal primera, cuerpo segundo del entonces  vigente  artículo  220 del Código de Procedimiento Penal, acusa a la sentencia  de  violar, de manera indirecta y por aplicación indebida, el artículo 219 del  Código  Penal  por  incurrir  en  un  error  de  derecho,  por  falso juicio de  legalidad,  en  la  apreciación  de  los documentos obtenidos en la inspección  judicial,  por cuanto para realizar ésta no se informó al Ministerio Público,  según  ordena  el  artículo  259  del  decreto  2.700  de  1991, único sujeto  procesal  habilitado  para  intervenir.  Esto,  dice  el casacionista, limita la  publicidad  y  la contradicción y, por tanto, implica falta al debido proceso y  afecta  de nulidad de pleno derecho a la inspección, efectos que se extienden a  los   documentos  allí  incorporados,  en  los  cuales  se ha soportado la  falsedad.   

         Aclara  que  de no incurrir en el yerro, el Tribunal, apercibido de  la  irregularidad  con  que se allegaron los documentos, se habría abstenido de  apreciarlos para confirmar la absolución.   

         b)  También  acude  a  la  causal  primera,  cuerpo  segundo, para  imputar  a  la  sentencia  violación  indirecta,  por aplicación indebida, del  artículo  219  del  Código Penal, porque el Tribunal cayó en error de derecho  por  falso  juicio  de  convicción, al considerar como documentos unos escritos  con  carencias  y  falencias  que  los  hacían inidóneos para acreditar que se  trataba  de  documentos  públicos.  Desde este punto de vista, los formatos que  obran  a  los folios 59 y 60 no tienen autor conocido ni firmas, en tanto que la  resolución  de  folio  56 carece de número, rúbrica del secretario y área de  presupuesto  afectada,  además  de  que  menciona  la  vigencia fiscal del año  “199”.   

         Agrega  que  los juzgadores, para no reconocer esos hechos, optaron  por    acudir    a    la   “analogía   in   malam  partem”  y  hacer  extensivas, equivocadamente, las  previsiones  del  artículo  225  del  Código Penal, asimilando “un manojo de  papeles”  a  un  documento  complejo,  yerro  que  si no se hubiera presentado  habría   llevado   a   confirmar    la   absolución   por   ausencia   de  tipicidad.   

         En  estas  condiciones,  solicita casar la sentencia impugnada para  proferir  una  absolutoria,  ya  por la irregular aducción de los escritos, ora  porque  estos  carecen  de las condiciones mínimas para acceder a la condición  de documentos públicos.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

         La  señora  Procuradora  Primera  Delegada para la Casación Penal  solicita a la Sala no casar la sentencia, tras considerar que:   

         a)  La  no  citación  al  Ministerio  Público, soporte del primer  cargo,  no  afectó  el  acopio  de  documentos,  pues  ese funcionario no está  obligado  a  asistir  a  las  inspecciones judiciales, según se desprende de la  propia  norma  citada  por  el actor, como que alude a que la notificación a la  Procuraduría  es  para  que asista “si lo considera pertinente”, además de  que  el señor Aguilar Aguas  fue  requerido,  de  manera reiterada, a rendir indagatoria antes de realizar la  diligencia,  y  se  mostró renuente a hacerlo. Por consiguiente, no se faltó a  la lealtad con la pretensión de allegar pruebas a espaldas suyas.   

         No  haber  dado  aviso a la Procuraduría no significa vulneración  de  garantía  alguna.  A  más  de  ello, el censor no demuestra cómo, ante la  asistencia  del Ministerio Público, la situación procesal o probatoria hubiese  variado,  máxime  que  fue  la  Personería,  que  ostentaba  la  condición de  Ministerio  Público,  la  que  denunció  los  hechos.  De otra parte, no puede  aceptarse  desconocimiento  de  los  principios  de publicidad y contradicción,  pues  el  llamado “manojo de papeles” ha sido el material con más crítica,  conocimiento y discusión en el proceso.   

         b)  Respecto  del  anhelado  error  de  derecho por falso juicio de  convicción,  base  del  segundo  cargo,  la  Procuraduría  anota  que no puede  prosperar  por  cuanto  el  actor,  de  una  parte, no probó que los documentos  hubieran  sido  apreciados  de  manera  diversa  a  la  establecida en la ley, y  porque,  de  la  otra, no lo podía hacer pues que en nuestro medio no existe el  sistema   de   tarifa   legal,  dejado  de  lado  tras  el  arribo  de  la  sana  crítica.   

         Añade  que  si en sentir del censor, el “manojo de papeles” no  podía  ser  considerado  como  prueba,  el  reproche ha debido formularlo en el  ámbito  de  la  violación  directa  de  la ley sustancial por atipicidad de la  conducta.   

         Desde  otro  ángulo, aclara que si bien los formatos de suministro  no  pueden  considerarse  documentos  por las falencias que señala el actor, lo  cierto  es  que el juicio de reproche se formuló, no con base en ellos, sino en  la  orden  de suministro y la resolución de pago, que al estar suscritos por el  Alcalde  en  ejercicio  de  su  función,  constituyen documentos. Explica, así  mismo,  que  la  ausencia  de  firma del Secretario no les resta esa condición,  porque  el  ordenador  del  gasto  es  aquél  y  no éste, y que aparte de ello  contiene  mentiras  porque  se  refieren  a  un  suministro  de  450  galones de  gasolina,   cuando   en  verdad  parte  de  esa  suma  se  usó  para  pagar  un  “préstamo” que se hizo para reparar el motor.   

         Culmina  diciendo  que  la falta de número en la resolución no le  quita  mérito  y  que  el  hecho  de  que  se  perciba  el  año “199” nada  significativo   enseña   pues  tales  números  corresponden  a  la  papelería  preimpresa,  a  la  que  con  máquina  se  adicionó  el  número “6”, para  señalar  el  año  1996.  Esto  es  claro,  así  el  “6”  quedara corrido.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  ausencia  del Ministerio Público en la  inspección judicial.   

         a)  Evidentemente,  el  artículo 259 del Decreto 2.700 de 1991, en  su  inciso  final  disponía  que  “Cuando  se vaya a realizar una inspección  se  informará  al  Ministerio Público con el fin de  que  ordene  la  presencia  de  uno de sus agentes, si  así   lo   considera   pertinente”   (destaca la Sala).   

         b)   En  resolución  del  24  de  junio  de  1996  se  ordenó  la  inspección  judicial  y,  en  verdad,  no  se  dispuso  se informara de ello al  Ministerio  Público.  La  diligencia  fue  realizada  sin  su  presencia  y  en  desarrollo  de  la misma fueron obtenidos los documentos que luego constituyeron  apoyo  a  la imputación de falsedad ideológica en documento público. No queda  duda,  en   consecuencia,  que  se faltó al presupuesto legislativo de dar  aviso previo a la Procuraduría.   

         c)  No  obstante,  tal carencia no tiene alcance como para concluir  en  plena  demostración  de ausencia de tipicidad por falta del objeto material  del  tipo correspondiente. Es que, como mucho se ha dicho, no basta señalar una  hipotética  irregularidad para arribar al ámbito del yerro importante pues que  en  casación  es  menester  comprobar  que si no se hubiera caído en aquél el  resultado   final   habría   sido  radicalmente  diverso  del  hallado  por  la  judicatura.  Si  no  fuera  así,  se  llegaría  a  un  extremo inaceptable: la  informalidad  por sí sola, sin efectos relevantes, comportaría desconocimiento  total  o  parcial  del  proceso. Y con esto resultarían deteriorados el mandato  superior  de la prevalencia del derecho sustancial sobre la simple ritualidad, y  el  reconocido  principio de trascendencia,  que exige, para el éxito del reproche, dos demostraciones: una,  que  se ha causado un agravio, daño o perjuicio serio al sujeto procesal que se  dice  afectado  y,  dos, que con la recomposición del proceso o de una parte de  él,  se  obtendría  un  beneficio  o  ventaja  para  la misma parte. Sin estas  comprobaciones,   cede  la  fuerza  del  reparo  que  se  haga  a  la  sentencia  impugnada.   

         Como  el  actor  no ha probado lo anterior, pues ha dicho solamente  que  la  ausencia  del  Ministerio  Público  -único  sujeto procesal que en el  asunto  estudiado  podría  controvertir  las  pruebas- por sí misma constituye  nulidad  de  pleno  derecho de la inspección y, por el “efecto de cascada”,  de    los   escritos   obtenidos   dentro   de   ella,   el   cargo   no   puede  prosperar.   

         d)  De  la formulación y del desarrollo de la censura se desprende  que  para  el  defensor  la  presencia  de la Procuraduría en esa diligencia es  imprescindible.  Sin  embargo,  la conclusión con base en la ley procesal penal  es  diferente,  pues de la última parte de la disposición citada -la destacada  al  inicio- resulta que no es obligatoria sino potestativa. Por ello, se repite,  se  debe  informar  al Ministerio Público para que destaque uno de sus agentes,  siempre   que   lo   estime   pertinente.  Siendo  así,  es  obvio  que  con o sin Ministerio Público, la  diligencia de inspección judicial mantiene su incolumidad.   

         e)  Ante  la  omisión  que  resalta  -y que realmente ocurrió- el  apoderado  toma  la ruta de la violación a los principios de contradicción, de  publicidad  y de lealtad -componentes del debido proceso-, con fundamento en que  el  Procurador  era el único sujeto procesal que podía ejercer la controversia  pues  que  su  representado  no  podía  hacerlo,  toda  vez  que  no se hallaba  vinculado al proceso.   

         Frente  a  este  tema,  importa  recordar  que,  tal como emana del  expediente,    el   instructor   fue   bastante   acucioso  para  intentar,  previa   a   la   inspección   judicial,  la  comparecencia  del  señor Aguilar  Aguas  con  el fin de que, practicada su indagatoria,  se  convirtiera  en  sujeto procesal y, por ende, materializara esas garantías.  Para  roborar  esta  afirmación  es  suficiente rememorar: antes de realizar la  inspección  judicial,  el  instructor citó al imputado cuatro veces pero éste  se  negó  a  concurrir  con  el  argumento  de  que su defensor de confianza se  encontraba  ausente,  como  emana  de los folios 20, 22, 24, 25, 27, 28 y 29 del  cuaderno  número uno. La queja, así, no tiene asidero y, desde luego, no tiene  capacidad para generar reparos a la sentencia recurrida.   

         Añádase,  además,  que  los  documentos  que disgustan al censor  fueron  aportados  al  expediente  con  anterioridad  a  la  vinculación de don  Gabriel Aguilar Aguas y que  éste,  por tanto, como los demás sujetos procesales, desde entonces han tenido  acceso  a ellos y han conocido su contenido. Mal puede decirse, entonces, que se  ha faltado a los derechos de contradicción, publicidad y lealtad.   

        f)  A  lo  dicho se puede agregar otra circunstancia que rechaza el  reproche.  La  falta de comunicación de la diligencia al Ministerio Público no  la  puede  hacer  inexistente,  nula  o  inválida  porque  fue  precisamente el  Personero  Municipal  -con  funciones  de Ministerio Público- quien formuló la  denuncia,  fue  citado  y  asistió  a unas diligencias previas. Así el asunto,  impulsado  el  trámite  por  la  Personería,  resulta  complicado creer que la  inspección  fuera  hecha  a  sus “espaldas”, aparte de que esa institución  estuvo atenta a las actuaciones.   

        Frente  a  lo  señalado,  la  “informalidad”  es  írrita,  en  sustancia  el  Tribunal  no  incurrió en falso juicio de legalidad alguno y, en  consecuencia, el cargo no puede prosperar.   

         

Los    escritos    atendidos    como  documentos.   

        Estructúrase   el   falso   juicio  de  convicción,  dice el actor, porque fueron apreciados  como  documentos  públicos  los  escritos  legajados  a folios 55, 56, 59 y 60,  acompañados  de  falencias y carencias que los hacen inidóneos para constituir  el delito de falsedad y, por tanto, para soportar una condena.   

Dígase:  

        a)  La  censura  está  cimentada  en el error de derecho por falso  juicio  de  convicción,  yerro que impone al casacionista el deber de demostrar  que  en la sentencia el juzgador suministró a la prueba un valor que no tiene o  que  en  la  misma  desconoció  el mérito que la ley le otorga. Esta falencia,  básicamente  predicable dentro de un sistema valorativo sustentado en la tarifa  legal,  es  prácticamente extraño en la actualidad de Colombia, como que desde  hace  rato  fue  abandonado  para  dar  ingreso  a otro, el de la sana crítica,  salvo,  claro  está,  en  poquísimas  hipótesis  en  las que el legislador ha  querido  medir el alcance de determinados medios, eventos que no concurren en el  asunto que ocupa la atención de la Sala.   

        En  el  terreno del sistema adoptado ahora, “las pruebas deberán  ser   apreciadas  en  su  conjunto,  de  acuerdo  con  las  reglas  de  la  sana  crítica”,  lo  que  obliga al funcionario judicial a exponer “razonadamente  el  mérito  que  le  asigne”  a  cada  elemento  de  juicio,  mientras existe  “libertad  probatoria”,  como  que “Los elementos del hecho punible (y) la  responsabilidad   del   imputado…podrán   demostrarse   con  cualquier  medio  probatorio…”,  según  lo  prevén  los  artículos 253 y 254 del Código de  Procedimiento Penal anterior.   

        b)  Al  desarrollar  el  cargo,  el  demandante encuentra que en la  sentencia  se tuvieron como documentos unos escritos sin idoneidad para ello. No  obstante,  la  Sala  observa  que  el  Tribunal  imputó  el  cargo  de falsedad  ideológica  en  documento público bajo el entendido que fueron creados con una  finalidad,  que  fue  alcanzada, y que consistió en hacer “efectivo el pago a  la  señora  Ruby Badillo de González…del pedido de combustible. Ello se dio,  y  la  orden  la  impartió  el  señor  Alcalde  Gabriel  Aguilar  Aguas”.  Y  concluyó:   “¿en   qué   consiste   la  Falsedad  Ideológica  imputada  al  procesado?.  Sin  lugar  a  dudas  en  hacer  figurar  que se hizo un gasto para  cancelar  un  pedido  de  combustible inexistente. Y ¿qué se pretendía con la  Falsedad  anterior?  Pensamos  que  facilitar  la  imputación  presupuestal  en  partida  diferente  a  la que estaba establecida en el presupuesto para sufragar  el  mantenimiento  de  equipos,  y  la  que  al decir del Tesorero se encontraba  agotada”.   

        c)  El juez de segunda instancia deduce responsabilidad porque unos  documentos  fueron expedidos para cancelar un suministro de gasolina que no tuvo  ocurrencia.  Si  la  beneficiaria  con  esa cuenta de cobro finalmente obtuvo el  pago   aludido,  queda  demostrado,  con  ello  solamente,  que  los  documentos  necesarios  para  reconocerle  la  deuda  fueron  creados  y  tuvieron  eficacia  probatoria.  Tanto que si no hubiera sido así, la acreencia no se habría hecho  efectiva.   

        d)  Para  la Procuraduría las órdenes de suministro no pueden ser  consideradas   como   documentos   públicos   porque   corresponden   a  formas  preimpresas,  sin  firma  ni sello alguno. Sin embargo, esto no es predicable de  la  orden  de  pago  número 589 ni de la resolución del 15 de febrero de 1996,  mediante  las  cuales  se  reconoce  y  dispone  el pago, toda vez que ellas sí  cumplen  con  las exigencias legales para ser tenidas como documentos públicos.  En  efecto,  son  expedidas  por  el  Alcalde  Municipal  en  ejercicio  de  sus  funciones,  aparece la firma de éste, el sello oficial del despacho y el texto,  que  especifica  que  se pagará a Ruby Badillo de González la suma de $855.000  por  concepto de “suministro de gasolina mezclada según orden de suministro y  facturas adjuntas”.   

        Ninguna  falencia  que  reste  eficacia  probatoria  al  denominado  “manojo  de  papeles”  se  observa  en  la  redacción y en el contenido del  mismo,  al punto que -se ha dicho- fueron el soporte para que doña Ruby cobrara  la suma determinada.   

        Tampoco  se  puede inferir inidoneidad documental con fundamento en  que  el  escrito indicara el año “199” pues como ya se tiene claro se trata  de  formas  impresas  seriadas  que  señalan  los tres primeros dígitos con la  finalidad  de  que  por  labor  mecánica  se agregue el cuarto. Precisamente en  cumplimiento  de  esa  tarea el último número quedó corrido, pero no hay duda  en  cuanto  sin  esfuerzo se establece en la resolución que fue elaborada a los  “Quince (15) días del mes de febrero de 1996”.    

        La  conclusión  es  similar  en  torno  a  la firma del secretario  porque  esta  no es requisito sine qua non   para   la   eficacia  del  documento,  sencillamente  porque  el  “ordenador   del   gasto”,  quien  expide  la  resolución,  es  el  Alcalde  Municipal.  Nótese  al  respecto  que  quien  “Resuelve”  es  “El Alcalde  Municipal  de  Bahía  Solano,  en  uso  de sus atribuciones legales”. De todo  resulta,  entonces, que la ausencia o presencia de la firma del secretario no es  indispensable para que el documento surta efectos legales.   

        e)  De  otra  parte,  téngase  en  cuenta  que,  más  allá de la  existencia  y  del  contenido  de los documentos, el Tribunal dio por demostrado  que  el  Alcalde  había “consignado una falsedad”, con fundamento en “las  afirmaciones  hechas por VICENTE GONZÁLEZ ARRUNÁTEGUI, dueño de la Gasolinera  que  efectuó  el  pago  de la reparación del motor en cuestión, y después lo  cobró      como      combustible     suministrado     a     la     ‘UMATA’,   y  por  JHONNY  JAMES  ASPRILLA,  Tesorero  del  Municipio  de  Bahía  Solano, para la época de los hechos”. A  estos   argumentos   del  colegiado,  ninguna  alusión  como  censura  hizo  el  demandante.   

        f)  No es cierto que ante la atipicidad de los escritos el Tribunal  hubiera  acudido a la asimilación a documentos portada por el artículo 225 del  Código  Penal  de 1980. La corporación, al ocuparse del tema de la falsedad en  las  “Consideraciones  de  la  Sala”,  no  se  refirió, ni tácitamente, al  contenido  de  esa disposición. Al contrario, dio por probado que las omisiones  planteadas  por  la defensa “no le quitan el carácter de documento público a  los instrumentos o formatos”.   

        Este segundo reproche también debe ser desestimado.   

        Como  no  prosperan  las  pretensiones  del  señor defensor, no se  casará la sentencia demandada.   

        En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

        No casar la sentencia impugnada.   

        Cópiese,  hágase  saber,  devuélvase  al  Tribunal  de  origen y  cúmplase.                

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                        

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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