14262(17-05-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 14262  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado   Acta   Nro.  055  (Abril  4  de  2001)   

          Bogotá,    diecisiete    (17)    de    mayo   de   dos   mil   uno  (2001).   

         La Corte decide el recurso de casación  interpuesto  contra la sentencia de fecha octubre 6 de 1997, mediante la cual el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó  la  condena  que  le fue impuesta al  procesado  José  Adalberto  Cano  Díaz por  el  Juzgado  39  Penal  del Circuito de esta misma ciudad a la  pena  principal  de catorce (14) años, seis (6) meses de prisión en calidad de  autor  responsable  de  los delitos de homicidio en grado de tentativa, lesiones  personales y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

HECHOS  

         En  la madrugada del 19 de noviembre de  1995,   cuando  Gloria  Amparo  Rodríguez  Rodríguez  y  Ricardo  Vacca  Díaz  transitaban  por  el  sector  de  la autopista sur con carrera 52 del perímetro  urbano  de  ésta  ciudad,  luego  de  asistir  a  una  reunión efectuada en la  residencia  de Daniel Fernando González Luengas, fueron sorprendidos por varios  individuos   que  en  estado  de  ebriedad  y  en  confusos  hechos  al  parecer  pretendieron  apoderarse  de las pertenencias de aquellos o molestar a la citada  joven con sus comentarios obscenos.   

         Sin  embargo, el mencionado Vacca Díaz  logró  escabullirse  y  acudió  en  forma  presurosa  a  la  vivienda donde se  encontraban  los  amigos  con  quienes  había  departido  momentos  antes,  que  salieron  en  auxilio de la citada Rodríguez Rodríguez por cuanto era sujetada  aún por dos individuos.   

          Los  desconocidos  al  percatarse  del  inminente  arribo  de  los  compañeros  de la joven emprendieron la huida, pero  sorpresivamente  uno  de ellos detonó un arma de fuego contra aquellos hiriendo  a  Alvaro Andrey Quitián Garzón.  En ese instante Fabio Quitián, hermano  del  anterior,  a distancia muy cercana ya del agresor se abalanzó contra éste  con  el  propósito  de  aprehenderlo  pero  fue lesionado gravemente cayendo al  suelo,  después  el  atacante  al  percatarse  de la presencia de Rovihr Alexis  Ovalle  Castillo le efectuó los disparos que hicieron impacto en su cabeza y en  la pierna derecha.   

          Los  sujetos  continuaron  la  retirada  en dirección al barrio la  Isla  del  Sol  seguidos  de  cerca  por José Leonel Ramírez y Daniel Fernando  González  Luengas,  quienes  después  de obtener el apoyo de los agentes de la  Policía  Nacional  adscritos  al  C.A.I.  situado en las inmediaciones lograron  ubicar  en  dicho  sector  al autor de los disparos, identificado en ese momento  como    José    Alberto   Cano   Díaz.   A diez metros del sitio de la aprehensión los uniformados  hallaron  el  revólver  Smith  & Wesson calibre 38 largo de número externo  6D28200.   

ACTUACION  PROCESAL   

          Abierta   la   investigación  y  vinculado  el  retenido  mediante  indagatoria,  su  situación  jurídica fue definida con medida de aseguramiento  por   los   delitos   de   homicidio   en   grado   de   tentativa   y  lesiones  personales.   

         Cerrada la fase instructiva y surtido el  traslado  de  rigor,  se  calificó  el  mérito  del sumario con resolución de  acusación  en  contra del procesado Cano Díaz.   Le  fue  imputada la autoría del delito de homicidio  en  grado  de  tentativa  y  agravado  por  la  indefensión  de la víctima, en  concurso con el de lesiones personales.   

          La   Fiscalía   Delegada   ante  los  Tribunales  de  Bogotá y Cundinamarca en providencia del 8 de abril de 1996, al  resolver  los  recursos  impetrados por la defensa, no sólo confirmó el pliego  de  cargos  sino que también le derivó al sindicado la acusación por el porte  ilegal de armas de defensa personal.   

         La  etapa  de la causa finalizó con la  sentencia  proferida  por  el  Juzgado  Treinta  y  nueve  Penal del Circuito de  Bogotá  en  cabal consonancia con la decisión enjuiciatoria, despacho que tras  retirar  la  circunstancia  agravante  deducida  para el homicidio imperfecto le  impuso  al  sindicado,  entre  otras condenaciones, la pena principal de catorce  (14) años, seis (6) meses de prisión.   

         Apelado  el  fallo  por  el defensor de  Cano  Díaz,  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  le  impartió  confirmación  integral  a  través  de la  sentencia   de   fecha   y  naturaleza  atrás  anotadas,  objeto  ahora  de  la  impugnación extraordinaria.   

LA  DEMANDA   

          Primer cargo.   

         El apoderado del procesado Cano   Díaz  al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  primero,  del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  acusa  la  sentencia  impugnada  de  resultar  violatoria  “en  forma directa” por  indebida  aplicación  de  los  artículos  5º, 22, 36 y 323 del Código Penal,  como      consecuencia     del     “error     de  hecho” en la apreciación de la prueba.   

          En   la   fundamentación   del   cargo   presenta  los  siguientes  argumentos:   

          1.   Indica  que  el  homicidio  tentado  se  predicó  de las  heridas  causadas  a  Fabio  Quitián  Garzón  y  transcribe  los apartes de la  resolución  de  acusación  permisivos de tal aserto en los cuales se aseguró,  contrariando  la  realidad procesal, que a la víctima mencionada el atacante le  efectuó  varios  disparos  a  corta  distancia,  pues  el  citado,  los  demás  ofendidos  y  el testigo González Luengas aseguraron la realización de un solo  disparo en su contra.   

          Encuentra  además  que este equivocado criterio fue reproducido en  los fallos de primera y segunda instancia.   

          2.   Precisa  también  que  de conformidad con los relatos de  Daniel  Fernando  González Luengas, Rovhir Alexis Ovalle Castro, Alvaro Andry y  Fabio  Quitián  Garzón, el agresor inicialmente hirió a Alvaro, luego a Fabio  y  finalmente a Alexis.  Así las cosas, encuentra inexplicable, ilógico e  incongruente  que  los  daños  a  la  integridad personal causados al primero y  último  de  los  relacionados  se  adecuaran  al  tipo penal descriptivo de las  lesiones  personales,  en  tanto  que  el  suceso intermedio fue subsumido en el  homicidio frustrado.   

          Plantea  con  idéntica  orientación argumentativa que si existió  el  dolo  para cometer el delito de lesiones en los eventos referidos, esa misma  intención  debe  predicarse  del  segundo  episodio  de  la  acción  criminosa  juzgada, máxime que ocurrieron con escasos segundos de diferencia.   

         3.   Discierne  sobre  la  adecuación  típica a través del  dispositivo  amplificador  de  la  tentativa  para  afirmar  que  en el fallo se  evidencia  “una falla en la relación de causalidad  y  el  desarrollo  del  iter criminis, lo que…dificulta (y a la vez impide) el  diferenciar  en  un  plano  teórico  –  jurídico  si  en puridad de verdad el segundo de los eventos de  daño  o  lesión  a  la integridad personal puede tipificarse como un delito de  homicidio en su forma tentada”.   

         Destaca   por  otra  parte,  que  las  razones  esgrimidas  en  la  resolución  de  acusación  para afirmar la tentativa de homicidio en relación  con  el  segundo  episodio,  resultaban  igualmente  aducibles frente a los tres  comportamientos  juzgados  pues  las  circunstancias por razón de las cuales se  aseguró  tal  calificación  jurídica  también  concurrían  respecto  de las  lesiones  infligidas  a  las  restantes  víctimas,  en  fin,  que  “bien  habría podido en autos hablarse de la ocurrencia de tres  (3)    delitos    de    homicidios    tentados    o    frustrados,    etc.,   en  concurso”;  de  igual modo y en sentido contrario,  que  lo  asentado  para  pregonar  la  existencia  de  dos ilícitos de lesiones  personales  resultaba  viable  para  pregonar  idéntica  adecuación típica en  relación  con  las  heridas causadas en el intermedio a Fabio Quitián Garzón.   

         Sin  embargo,  en  el  presente  caso  estima  configurado un dolo  orientado   a   lesionar,   no   a   causar   la   muerte,   más  aún,  cuando  independientemente  de la gravedad o levedad de las lesiones, la  distancia  cercana  desde  la  cual  se  afirma  fue  herido  Fabio  Quitián  así como la  pluralidad   de   los  disparos  realizados  en  su  contra  no  resultaron  ser  ciertas.   

         4.   Plantea  que  en las heridas propinadas al mencionado no  es  posible  atisbar los actos inequívocamente dirigidos a causar la muerte que  son  exigidos  de conformidad con el artículo 22 del Código Penal para atestar  la  tentativa.   En  el  plano  subjetivo,  porque  tal  consecuencia no es  susceptible  de ser deducida de la naturaleza y localización de las lesiones; y  el  ámbito  objetivo,   pues examinadas las declaraciones de los ofendidos  se    discierne    que    contra   Fabio   Quintián   se   efectuó   un   solo  disparo.   

         Concluye  de  lo anterior que en la sentencia de segunda instancia  recurrida   se   equivocó   al  estimarse  las  fases  del  iter  criminis,  en  consecuencia,  que  se  “erró  en  el  proceso de  adecuación  típica  y/o  de  subsunción  de la conducta en un tipo penal, con  todo  lo cual, pues, se quebrantó, directamente, por  indebida   aplicación,   lo   establecido  en  los  artículos  323  y 22 del Código Penal, en concordancia con los artículos 4º,  5º y 36 de la misma normatividad”.   

         Con  asidero  en  tales  razonamientos  solicita  a  la  Corte  Suprema de Justicia casar el fallo impugnado y emitir la  decisión  sustitutiva  a  que  hubiere  lugar,  que en el capítulo final de la  demanda precisa debe ser de carácter absolutorio.   

         Segundo cargo:  subsidiario.   

         Invoca  el  censor  la causal primera,  “cuerpo  segundo  del artículo 220 del Código de  Procedimiento  Penal”  y acusa la sentencia de ser  violatoria  “en forma directa de la ley sustancial  por  error  de  hecho,  por  falta  de aplicación o exclusión, basada en falso  juicio  de  existencia,  de  lo  establecido” en el  artículo  445  ibídem, en armonía con los artículos 247, 248, 249, 254 y 300  a 303 del mismo estatuto.   

         1.   En la demostración del cargo el demandante advierte que  se  marginará  de  toda  discusión  sobre los elementos de juicio allegados al  expediente  y  anuncia  un  debate  en  el  ámbito  estrictamente jurídico, no  obstante,  inicia  la  sustentación  del ataque controvirtiendo las razones por  las  cuales  los  falladores  desestimaron  la  prueba  de  absorción  atómica  efectuada al procesado.   

         Admite  así  que  los  resultados  de  tal  experticia carecen de  seguridad  absoluta,  conforme  aseguraron  los  juzgadores, sin embargo, que la  realización  tardía del examen, afirmada también en la sentencia recurrida no  consulta  la  realidad  del proceso, en el que consta su práctica en la madruga  de  la  fecha  de  ocurrencia  de los sucesos por el mismo Fiscal que asumió la  investigación,  en consecuencia, que ese medio de convicción ha debido tenerse  en  cuenta,  pues  al  dictaminarse la ausencia de residuos de pólvora brindaba  sustento   a   la   presunción   de   inocencia   del  acriminado  Cano Díaz.   

         En  contraste  el  actor  acepta  que  una  situación  diversa se  plantea  en  relación  con la exploración de las huellas dactilares en el arma  incautada,  que fue ordenada casi un año después y luego de la manipulación a  la que fue sometida durante dicho lapso.   

         2.   Agrega  que otros “aspectos  probatorios”  se  extractan de las declaraciones y  de  la  injurada  recibidas  en  el  proceso,  que  al ser considerados habrían  conducido  “a  establecer  que al fallarse el caso  que  nos  ocupa  no  se  aplicó  el  fementido  principio  de la presunción de  inocencia  y, por lo mismo, se dejó de lado la aplicación del principio del in  dubio  pro  reo”.   Tales aspectos, a su  juicio, son los siguientes:   

         2.1   Los testigos señalan que el agresor era una persona de  1,75   metros   de  estatura,  y  en  la  indagatoria  consta  que  Cano  Díaz  apenas  alcanza  los 1.70  metros.   

         2.2    Los  deponentes  de  cargo  habían  ingerido  bebidas  alcohólicas  desde varias horas antes, su percepción de los sucesos tuvo lugar  en  horas  de  la noche y las declaraciones que rinden presentan contradicciones  sustanciales,  como  acontece  respecto de la distancia desde la cual observaron  al atacante.   

         2.3   Encuentra  ilógica  y absurda la versión de González  Luengas  sobre  la  persecución  del  autor  del  disparo,  pero  que abandonó  después  para  solicitar  el  auxilio  de  los  uniformados adscritos al C.A.I.  cercano,  con  quienes  a  la postre se llevó a cabo la captura de Cano  Díaz, quien deambulaba tranquilo  a más de treinta cuadras del sitio de los acontecimientos.   

         De  igual  modo,  cuando relató que el ofensor abandonó el lugar  en  un  taxi  mientras  que su acompañante abordó una camioneta estacionada en  las  inmediaciones,  hecho  al  que no aludió en momento alguno la joven Gloria  Amparo Rodríguez Rodríguez   

         2.4    Resalta   que   el   arma   decomisada   con  la  cual  supuestamente  se  causaron  las  heridas  a  las  víctimas  no  fue sometida a  estudios  comparativos  con  los  proyectiles extraídos del cuerpo de aquellas,  y   

         2.5    Finalmente,   que   este   artefacto  bélico  no  fue  encontrado  en  poder  del  sindicado  sino a diez metros de distancia del lugar  donde  fue  capturado,  como consta en el informe del patrullero Alberto Rosales  Zuluaga.   

         De    los    anteriores   “aspectos  probatorios”     aduce     que     “no    se    mencionaron   o   se   tergiversaron   o   mal   se  entendieron”,  yerro  que  determinó  la falta de  aplicación  de  la  presunción  de  inocencia  y  del  in  dubio pro reo, pues  determinaban  la  existencia  de  un sinnúmero de dudas que impedían forjar la  certeza  requerida para el fallo de condena al tenor del artículo 247 del C. de  P.P..   

         Reclama  de  la  Corte,  entonces, que case el fallo materia de la  impugnación  extraordinaria  y  profiera  la decisión correctiva a que hubiere  lugar,  que  en  el  capítulo  final  del  libelo indica debe ser de naturaleza  absolutoria respecto de la totalidad de los delitos imputados.   

         Tercer cargo.   

         Con  apoyo  en  la  causal tercera de casación, el actor acusa la  sentencia  impugnada  de  haber  sido proferida en un proceso viciado de nulidad  por  el  error  incurrido  en  la  calificación  jurídica de uno de los hechos  punibles  imputados,  concretamente,  tratándose  del  homicidio  en  grado  de  tentativa  del  que  fue  víctima  Fabio  Quitián  Garzón,  que  a juicio del  demandante constituye un delito de lesiones personales.   

         En  la  sustentación de la censura el  impugnante  solicita de la Corte, que “en aras a la  brevedad“  se “tengan  como  reproducidos,  en  este  aparte,  los  argumentos plasmados”  en  el primer cargo y que explican las razones por las cuales la  defensa  considera que tal comportamiento se adecua al tipo penal descriptivo de  las  lesiones  personales,  no  en  el  homicidio deducido en la acusación y el  fallo.   

         A  renglón  seguido transcribe el criterio de la jurisprudencia y  doctrina  nacionales  sobre la nulidad que se genera como consecuencia del error  en  la  denominación  jurídica  del  delito,  para  solicitar  a  la  Corte la  invalidación del trámite a partir de la resolución acusatoria.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO  PUBLICO   

         El  Procurador  Tercero Delegado en lo Penal indica que de acuerdo  con  el  principio  de  prioridad  que  rige  la casación debería abordarse el  estudio  a  partir  del  tercer  cargo  propuesto en la demanda, como quiera que  está  orientado  a  obtener  la  nulidad  del  proceso  desde la resolución de  acusación,  sin  embargo, como fue planteado de manera deficiente y resulta por  lo  tanto  ineficaz  para  dicho  propósito,  encuentra  pertinente iniciar tal  cometido  con el primer reproche por cuanto abre compuerta a la ruptura oficiosa  del  fallo  a partir del citado hito procesal.            

         1.   Respecto  al primer cargo la  Delegada  advierte  que  su formulación y desarrollo se muestran antitécnicos.   

         En   efecto,   si   se   entiende   que  denunció  la  violación  directa   de   la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida  de  los  artículos 323 y 22 del Código  Penal,  como  anotó  expresamente  al  esbozar  el  reproche, el desacierto del  libelo  fluye  evidente  al  observarse  que  la totalidad de los argumentos del  censor  se orientan a alegar la equivocada calificación jurídica del homicidio  imperfecto,  desvirtuando el mérito concedido en los fallos de las instancias a  las  declaraciones rendidas por los testigos presenciales de los sucesos, que en  manera   alguna   podía   cuestionar   en   una   censura   de   la  naturaleza  indicada.   

         Concretamente,  afirma,  el actor reproduce algunos apartes de las  versiones  de  Daniel  Fernando  González Luengas, Rovhir Alexis Ovalle, Alvaro  Andrey  y  Fabio  Quitián Garzón, expresa luego sus propias conclusiones sobre  la  forma  como  ocurrieron  los  hechos,  para  criticar  finalmente  la dispar  adecuación  típica  de  los  episodios  juzgados,  de  lesiones  personales  y  homicidio  en  grado de tentativa, no empece que entre ellos hubo una diferencia  temporal de pocos segundos.   

         El  Procurador  destaca  que el recurrente tomó fuera de contexto  tales  declaraciones  para  hacer  creer  a  la Corte en forma habilidosa que el  acusado  desde  el  inicio  de  su  actuar  sólo  tuvo  el  ánimo de lesionar,  desligando  los  disparos  que  efectuó contra quienes resultaron heridos de un  hecho  anterior  de  trascendental  importancia  para  discernir  el  dolo en su  conducta,  esto  es, del atentado contra la propiedad que intentó en compañía  de otro sujeto y prevalidos de una arma de fuego y una arma blanca.   

         En  fin,  considera  que el censor prescindió del contenido total  de  las  versiones  de  los  ofendidos  así  como  de las consideraciones de la  fiscalía,  y  que  lejos  de  demostrar  una  equivocación de los funcionarios  judiciales  analizó un sector de la realidad procesal para estructurar el yerro  endilgado  en  la calificación jurídica, perdiendo de vista que estudiadas las  pruebas  en  su  conjunto y examinado el contenido de la acusación, se descubre  que  los  tres  actos  contra la integridad física estuvieron impulsados por el  ánimo  de  suprimir la vida de quienes osaron reaccionar ante el comportamiento  ilícito del procesado.   

          Ciertamente,   en   opinión  de  la  Procuraduría  Delegada  la  reconstrucción  de  los  hechos, que es viable con  fundamento  en  los testimonios cuestionados por el impugnante, permite concluir  el  propósito  de  matar  en el acusado, independientemente de que las lesiones  causadas no hayan sido graves.      

                En   efecto,   Cano  Díaz  luego de la oposición de  los  asaltados  y  de  la  búsqueda de ayuda emprendida por Ricardo Vacca no se  limitó  a  abandonar  el  lugar,  afirma,  sino  que  al  advertir la presencia  próxima  de  quienes  acudían en auxilio de la pareja inicialmente atacada, en  forma  sorpresiva  detonó  el  arma  de  fuego  que  portaba  contra  el  grupo  “a  ver  que  cogía,  como  lo  dijera uno de los  testigos,   es  decir,  librando  el  resultado  muerte  al  azar”.   Después,  caída la primera víctima, cuando otro de los  muchachos  continuó  la  persecución  del  autor del hecho fue recibido con un  disparo,  y  como  fue  derribado  en  el camino, un tercer joven persistente en  alcanzar al agresor fue herido también con el revólver.   

         Advierte  que  el  sindicado  disparó  hacia  los  órganos  vitales  de  los  ofendidos  con  una  evidente intención  homicida  que  no  fue  considerada  de  manera  adecuada por la fiscalía en la  acusación;  de  igual modo, que si bien el deponente González Luengas, como lo  destaca  el  libelista,  describió  en  uno  de  los  apartes  de su relato una  agresión  que  objetivamente  podría  indicar  el mero propósito de lesionar,  también  describió  los  sucesos anteriores al actuar del procesado y la forma  como  se  consumó el ataque con el arma de fuego en términos que examinados en  su  integridad  permiten  deducir  el  propósito de matar, pues de ninguna otra  forma   se   explica  la  intempestiva  y  reiterada  embestida  contra  quienes  desarmados  apenas  llegaron  al  sitio  para  enterarse  de lo sucedido con sus  amigos.   

         Encuentra  que  las  declaraciones de Ricardo Vacca, Alvaro Andrey  Quitián  Garzón  y  Rovhir Alexis Ovalle resultan también indicadoras de esta  situación,  particularmente  la  versión  de  éste  último, quien relata una  acción  encaminada  a  segar  la  vida de quienes reaccionaron ante la conducta  injusta del procesado.   

         Señala   que   la  fiscalía  equivocadamente  separó  los  tres  episodios  para  considerar  como  típico  del  delito de homicidio en grado de  tentativa  a  uno sólo de ellos, pero argumentó sobre éste con razones que ha  debido  extender  a la situación total ocurrida, máxime que las heridas fueron  causadas  a  las víctimas en similares circunstancias y que tal motivación por  su generalidad comprende toda la actuación del incriminado.    

         Así las cosas, concluye, la correcta y  completa   reconstrucción   de  los  sucesos  evidencia  el  desacierto  de  la  fiscalía,  posteriormente  sostenida  en  las sentencias, de haberse calificado  como  delitos  de  lesiones personales unas conductas que constituyen claramente  sendos  homicidios  en  grado  de  tentativa;  por  lo  tanto,  en  criterio del  Procurador  Delegado  se  incurrió  en  una  irregularidad sustancial que no es  susceptible  de ser enmendada en este estadio procesal, de manera que si bien el  cargo  propuesto  por  el  actor debe ser desestimado, sugiere a la Corte que en  forma   oficiosa   declare   la   nulidad   parcial   de   la  sentencia  y  del  proceso.   

         2.   Tratándose  del reproche de  nulidad  por  error en la calificación jurídica, la Delegada advierte la falla  técnica  en  que incurrió el demandante al remitirse a los alegatos propuestos  bajo  una  causal  diferente,  pues con ese proceder omitió la obligación  de  identificar  la irregularidad sustancial originaria de ese grave efecto y de  concretar  con  argumentos propios al motivo aducido las consecuencias del error  denunciado, y la forma como debe ser enmendado por la Corte.   

         Plantea  además  que el recurrente pretendió revivir por la vía  de  la  causal  tercera  una  discusión  sobre  el  material  probatorio  y  de  capitalizar  algunas  deficiencias  de  la  resolución de acusación, en la que  debió  deducirse,  insiste,  un  concurso  homogéneo de homicidios en grado de  tentativa.   

           Por   lo   atrás   reseñado   la  Procuraduría destaca la falta de prosperidad del ataque.   

         3.   En  lo atinente al segundo cargo, el Ministerio Público  detecta  el  desatino  surgido  al  plantear  la  violación  directa  de la ley  sustancial   y   fundamentarla   con   argumentos   propios   de  la  violación  indirecta.   

         Ciertamente, el actor aseveró la falta  de  aplicación del artículo 445 del C. de P.P., como si la sentencia impugnada  hubiera  admitido  la  existencia de dudas probatorias y a pesar de ello emitido  la  condena  en  detrimento  del incriminado, suposición ajena al contenido del  fallo    impugnado    y    que    tampoco    intenta   demostrar   siquiera   el  recurrente.   

         Mas   aún,   la  Procuraduría  previene  que  la  acusación  se  sustentó  en  las  contradicciones  e imprecisiones observadas en los medios de  convicción,  que  a  juicio del censor impiden forjar la certeza necesaria para  la condena.    

         Así,  criticó  la  valoración de la  prueba  de absorción atómica pues no es cierta su realización tardía como se  afirmó  en el fallo impugnado, sin embargo, este cuestionamiento en opinión de  la  Delegada refulge intrascendente porque eliminada esta equivocada concepción  del   funcionario   judicial,   no  surge  del  contenido  de  tal  elemento  de  persuasión   incertidumbre  alguna  sobre la autoría de los disparos, por  cuanto  se  explicó  en  la  sentencia  que el procesado tuvo la oportunidad de  lavar  sus manos y de borrar los vestigios del material que habrían conducido a  un dictamen positivo.   

Resalta  que  tratándose  de  la  prueba  testimonial   los   fundamentos  del  libelista  apuntan  a  revivir  el  debate  probatorio  sobre  hechos  y  circunstancias  que  fueron  desestimados  en  las  sentencias,  arguyendo discrepancias entre los declarantes sobre detalles que en  todo  caso  resultan  insuficientes para impedir la reconstrucción que hicieron  los  falladores  de  los  sucesos juzgados, como acontece respecto a la estatura  del   sindicado   y   la   distancia   desde   la   cual   se   efectuaron   los  disparos.   

         Colige  entonces,  que  al  no asistirle razón al libelista en la  formulación del cargo, el mismo debe ser desestimado.   

CONSIDERACIONES  DE LA  SALA   

        Tercer  cargo:   nulidad.   

         La  Sala  inicia  la respuesta a la demanda presentada a favor del  procesado  Cano Díaz por  el  cargo formulado con base en la causal tercera de casación del artículo 220  del  C.  de  P.  P., mediante la cual se acusa al fallo impugnado de incurrir en  error  en  la  calificación  jurídica,  reproche  de  indudable prioridad pues  conlleva  el pedido de nulidad parcial del proceso a partir de la resolución de  acusación.   

         En  efecto,  el  régimen  de  las  nulidades  en el proceso penal  obedece,  entre  otros  principios, al de la máxima consecuencia, que no podía  soslayar  aquí  el  demandante como quiera que de encontrar cabida la propuesta  impugnatoria,  en  el  sentido  que  la  totalidad  de  los daños causados a la  integridad  física  de las víctimas se adecua al tipo penal descriptivo de las  lesiones  personales,  no  uno de ellos en el homicidio imperfecto, tendría que  admitirse   además  la  falta  de  competencia  del  fiscal  que  profirió  la  resolución  acusatoria, así como de los falladores de primero y segundo grado,  por  cuanto  la  investigación y el juzgamiento de ese género delictivo están  atribuidas  a  otra categoría de funcionarios, irregularidad que impondría por  ende  la  invalidación  de lo actuado, que en este asunto, desde dicha óptica,  ni   siquiera   fue   planteada   dejando   la   censura   sin   lugar  a  dudas  incompleta.   

         Más aún, la Corporación ha precisado  en  forma  reiterada y de antaño que la desatinada subsunción de los hechos en  las  normas  sustanciales infringidas, cuando implica la afectación del género  delictivo,  a pesar de tratarse de un error de lógica jurídica debe demandarse  por  la vía de la nulidad, porque en estos eventos de comprobarse la existencia  del  vicio  sólo  resultaría  posible enmendarlo a través de la invalidación  del  trámite,  como  quiera que de casarse el fallo impugnado para dictar el de  reemplazo  con  apego  a  la certera adecuación típica de la conducta juzgada,  éste   último   surgiría   en   abierta   inconsonancia  con  la  acusación.   

         En  el  libelo examinado ningún reparo concita entonces la causal  invocada  por  el  defensor  del sindicado Cano Díaz  para  plantear la inconformidad con la calificación  jurídica  vertida  en  el  pliego  de  cargos  y  retomada con exactitud en las  sentencias  de  las  instancias,  que  tilda  de  equivocada  en  virtud  de  la  imputación  en detrimento de aquél del homicidio en grado de tentativa, cuando  tal  proceder  en opinión del actor actualizó el tipo penal descriptivo de las  lesiones personales.   

         Sin  embargo,  el acierto del recurrente se restringe a ese único  aspecto,  pues  en  aras  de  una mal entendida brevedad perdió de vista que la  hipótesis   de   la   nulidad,   de   viable   alegación  en  la  impugnación  extraordinaria,  en  manera  alguna  resulta ajena a las exigencias técnicas de  forma  y contenido inherentes a tal instituto, donde por razón del principio de  limitación  la  competencia  de  la  Corte  está  deslindada  por lo alegado y  razonado  en  el  respectivo  libelo,  sin  que  pueda  suplir  las deficiencias  argumentativas de la demanda.   

         En   este   orden   de   ideas,  para  un  completo  y  suficiente  planteamiento   del   cargo   al  actor  le  correspondía  identificar  la  irregularidad   denunciada,   las   normas  infringidas,  la  clase  de  nulidad  configurada,  consignar  los fundamentos del ataque y demostrar la trascendencia  del  error  denunciado  en  el fallo recurrido; requisitos a cuya observancia se  sustrajo   abiertamente   con  la  inapropiada  remisión  a  los  razonamientos  esbozados   tratándose   de  otra  de  las  censuras  elevadas  en  el  libelo.   

         En  otros términos, con ese proceder el impugnante desconoció la  autonomía  de las causales que habilitan la casación penal, cada una revestida  de  un  ámbito  y desarrollo propios para sumir el reproche en la más absoluta  falta  de  sustentación,  tanto  así que ni siquiera señaló la garantía del  procesado  que  estima  conculcada  con  un  vicio, que por lo atrás concluido,  simplemente  fue  enunciado  en la demanda privando a la Corte de la posibilidad  de examinarlo.   

         Abundando  consideraciones, la Corte tampoco encuentra configurada  en  las presentes diligencias la irregularidad deficientemente denunciada por el  censor  y que impela en todo caso a su declaratoria oficiosa en ejercicio de las  facultades  conferidas  en  el artículo 228 del Código de Procedimiento Penal;  adversamente,   la   calificación   jurídica  de  la  conducta  reprochada  al  acriminado  se  ofrece certera en el proceso de adecuación típica y ajustada a  los elementos de convicción recaudados en el curso del proceso.   

         Ciertamente,  en  esta  afirmación se  debe  partir  de una realidad cabalmente demostrada en el plenario, esto es, que  los  tres daños a la integridad física ocasionados en los sucesos objeto de la  causa,   si  bien  fueron  ejecutados  en  un  mismo  contexto  de  acción,  se  desarrollaron  en  circunstancias  comisivas  disímiles  permitiendo  la dispar  calificación  predicada  para  ellos  en  la  acusación y en los fallos de los  juzgadores  de primero y segundo grado, como puede reconstruirse con cimiento en  las  versiones  de  Daniel  Fernando González Luengas, Gloria Amparo Rodríguez  Rodríguez,  Ricardo  Vacca  Díaz, Rovihr Alexis Ovalle Castro, Alvaro Andrey y  Fabio Quitian Garzón (fls. 8, 43, 50, 55, 74, 76)   

         Así,  las  distancias  desde  las cuales accionó el sindicado su  arma   contra  los  ofendidos,  extremadamente  próxima  o  a  “quemarropa”  exclusivamente  y  al  decir  de los testigos tratándose de las detonaciones de  las  cuales hizo víctima a Fabio Quitián Garzón; la forma misma como efectuó  Cano    Díaz    tal  comportamiento,  de  manera indeterminada tratándose del disparo que impactó a  Alvaro  Andrey  Quitián  Garzón,  no  así  respecto  de la conducta contra el  primero  citado  orientada  de  manera  inequívoca  a  suprimir  su existencia,  inclusive,  las  especiales  circunstancias que rodearon la agresión desplegada  en  detrimento  de  éste,  puestas de presente en la versión que rindió Fabio  Quitián  en  la  audiencia  pública,  en  la  cual  le atribuyó al enjuiciado  exteriorizaciones  que reflejan el propósito homicida imputado (fls. 8, 43, 74,  344),  en  conjunto,  marcan  una  diferencia  que  le  brinda  sólido sustento  probatorio  a  la  calificación  jurídica  contenida  en  el pliego de cargo y  retomada con exacta congruencia en los fallos de las instancias.   

         

         Por   último,   afianzando   la  dispar  calificación  jurídica  predicada  de  los  daños  corporales  ocasionados  en los sucesos objeto de la  causa,   se   tiene  que  el  sindicado  Cano  Díaz  en  los  tres  episodios  informados  en  autos  no  disparó  siempre  hacia  los  órganos  vitales  de  los  ofendidos,  al  menos  tratándose  de  las  víctimas  Alvaro  Andrey Quitián Garzón y Rovhir Alexis  Ovalle  Castro,  a  quienes  les  fueron  causados  traumatismos  leves  en  sus  extremidades  inferiores  conforme se conceptúo en los reconocimientos médicos  correspondientes.   En  cambio,  al  agraviado  Fabio  Quitián  Garzón le  fueron  propinadas  heridas  de consideración que determinaron su internamiento  en  un  centro  asistencial y una incapacidad basten mayor a la dictaminada para  aquellos (fls. 82, 88 y 89 cdno. 1).   

         Así  las  cosas,  La  improsperidad  del  reproche,  entonces, es  evidente.   

         

            Primer    cargo:     causal  primera.   

          Tratándose  de  la  primera  censura  surgen  ostensibles  también  los  desaciertos  técnicos desde la enunciación  misma  del ataque, pues el actor dejó entrever la palmaria confusión sobre las  formas  posibles de quebrantar el derecho, esto es, de manera directa o mediata,  que  a  pesar  de  constituir  expresiones  del  error  in  iudicando tienen una  formulación y métodos propios de acreditación.   

         Tal  reflexión  se  trae  al caso de autos porque el casacionista  esbozó    la    censura    con    apego    a    la    violación   directa  por  aplicación  indebida de  los  artículos  323  y  22 del Código Penal, sin embargo, lejos de orientar la  sustentación  de  la  misma  hacia  al  debate  estrictamente  jurídico que es  inherente  a esta modalidad de ataque a la legalidad del fallo de segundo grado,  en  el  consecuente  desarrollo  argumentativo  desbordó  dicho parámetro para  plantear  la  controversia sobre los fundamentos fácticos de la sentencia, pero  primordialmente,  respecto  al análisis de los medios de convicción acopiados,  y  que  es  propia  de  la  vía  indirecta  donde  a la transgresión de la ley  sustancial   se   llega   a   través   de   desaciertos   en   la  apreciación  probatoria.   

         Esta  incoherencia  en  la fundamentación de la censura, que obra  en  detrimento  de  la  claridad  y  precisión  reivindicada  de  la demanda de  casación  para permitir su examen de fondo, encuentra una deficiencia adicional  pues  el  recurrente  radicó  el  ataque al fallo impugnado, en últimas, en el  supuesto  error  incurrido en la calificación jurídica de uno de los ilícitos  imputados  a Cano Díaz en  el  presente  proceso,  que  a su juicio, no configura la tentativa de homicidio  endilgada  sino  el  delito  de  lesiones personales; en fin, le atribuyó a los  juzgadores  de las instancias un insoslayable yerro de subsunción que afecta el  nomen iuris de ese hecho punible.   

         Así  las  cosas,  conforme  al criterio acuñado de tiempo atrás  por  la  Sala,  recordado al abordar el anterior reproche, un desacierto de este  talante  debió demandarse por la vía de la causal tercera, pues sólo anulando  la  resolución  acusatoria  para reemplazarla por aquella que en su adecuación  típica   recoja   con   exactitud   y   fidelidad  la  conducta  objeto  de  la  investigación  y  del  juicio puede preservarse la consonancia del fallo con el  pliego  de  cargos,  que  constituye  una  ineludible  exigencia  vinculada a la  garantía del debido proceso.   

         No  está  por  demás  insistir  que  la equivocada calificación  jurídica  del  delito  puede  derivarse  de  errores de lógica jurídica en la  aplicación  del  derecho  al  caso  concreto  o  de desaciertos en el análisis  probatorio,  por  lo  tanto,  la  fundamentación y sustento de un dislate de la  naturaleza  comentada  debía  desenvolverse conforme a las reglas que gobiernan  la  causal  primera, que en todo caso y abundando en consideraciones, tampoco se  observan satisfechas en el libelo examinado.   

         Efectivamente,  prescindiendo del equívoco conceptual configurado  al   alegarse   la   violación  directa  de  la  ley  sustancial  con  cuestionamiento de la apreciación  probatoria,  así como del desacierto detectado al plantear el actor el error en  la  denominación  jurídica al amparo de una causal diferente a la que en rigor  correspondía,     se    tiene    que    la    demanda    acusó    “errores  de hecho” en el análisis  de  los  elementos  de  persuasión incorporados en el proceso, que no deslindó  por  su  específica naturaleza, ni intentó demostrar siquiera en su existencia  e   influjo  en  las  conclusiones  del  fallo  impugnado,  pues  el  desarrollo  argumentativo  del  reproche  se  concretó,  finalmente,  en  una  interesada y  personal  valoración  de  los  medios  de convicción allegados al informativo,  opuesta  luego  al análisis de los juzgadores y al consignado en la resolución  de  acusación  para  descalificar  de  esta  manera  las  conclusiones de tales  providencias  en  torno  a  la  adecuación  típica  del  homicidio en grado de  tentativa.   

        Así,  el  defensor  del sindicado Cano  Díaz  perdiendo de vista que la casación constituye  un  juicio  técnico a la sentencia de segundo grado, orientado a la corrección  de  los errores in iudicando o in procedendo que puedan existir en esa decisión  de  mérito,  en  la pretendida sustentación del reproche simplemente deslindó  el  episodio  calificado  como  constitutivo del homicidio imperfecto, después,  edificó  la  tesis  de la adecuación típica de dicho comportamiento al delito  de  lesiones  personales  mediante  la  recortada  ponderación de las versiones  obtenidas  de  Daniel  Fernando  González Luengas, Rovhir Alexis Ovalle Castro,  Alvaro  Andrey  y  Fabio  Quitian Garzón, presenciales de los sucesos, pero sin  concretar  y  menos  aún  acreditar  en  este  discurrir  argumentativo  algún  desacierto  en  el  análisis  que  hicieron  los  juzgadores de tales medios de  convicción,  tanto así, que no se refirió siquiera al contenido de los fallos  de  las  instancias  en  lo  atinente  al  estudio del material probatorio, como  resultaba  obligado  para  acreditar  la  existencia  de  cualquier  yerro de la  naturaleza denunciada.   

         Por  tal  razón, resultan suficientes  los  motivos  anteriores  para  colegir que este otro cargo también deberá ser  desestimado.   

        Cargo segundo:  causal primera   

         La  comentada  confusión del censor acerca de las formas posibles  de  violación  del  derecho,  en  la  que  incurre también aquí, unida  a  la  inobservancia de las reglas de técnica que rigen el  recurso  extraordinario interpuesto, se confabulan contra la prosperidad de este  otro  reproche  enunciado  al  amparo  de  la causal primera de casación por el  quebranto,  entre  otras  disposiciones, del artículo 445 del estatuto procesal  penal.   

         Ciertamente,  el  actor  acusó  la  infracción directa de la ley  sustancial  por  falta de aplicación del precitado artículo en cuanto consagra  el  principio  del in dubio pro, previno además en armonía con la censura así  enunciada,  que  se marginaría de todo cuestionamiento de la prueba que brindó  fundamento  al  fallo  para adentrarse en un debate estrictamente jurídico, sin  embargo,  muy  pronto  abandonó  estos derroteros pues en el seguido desarrollo  argumentativo  del  cargo,  contrariando  de  manera  palmaria  los lineamientos  trazados,  le endilgó a los juzgadores la incursión en múltiples desatinos al  valorar los medios de convicción acopiados.   

         El  desacierto  técnico  fluye  entonces  evidente,  pues como ha  precisado  la  jurisprudencia de la Sala, la vía para atacar la infracción del  postulado  invocado  será  la  violación directa si el juzgador reconoce en el  fallo  la  existencia  de  la  duda  probatoria  sobre la materialidad del hecho  punible  o  la  responsabilidad  penal  deducible al sindicado y a pesar de ello  profiere  la  condena,  que  no  era  el  caso de autos conforme a lo alegado en  últimas  por  el actor; adversamente, el ataque debe orientarse al amparo de la  causal  primera,  cuerpo segundo, bien cuando el fallador admite la duda a pesar  de  su  inexistencia  y  absuelve al procesado, ora cuando la niega no empece su  presencia    y    condena,    que   fue   precisamente   lo   argüido   en   la  demanda.   

         Pero  si  en  gracia  de  discusión  se admite que la impropiedad  detectada  obedece  a  una  simple deficiencia de carácter formal por cuanto el  impugnante  al  esbozar  la  censura señaló que la acusada transgresión de la  ley   sustancial  se  derivaba  de  un  “error  de  hecho”  por  “falso  juicio   de   existencia”,   tampoco  desde  esta  perspectiva  el  ataque  resulta  bien librado, como quiera que la sustentación  del    mismo    se    ofrece   de   todos   modos   precaria,   antitécnica   y  deficiente.   

         En  efecto,  el  censor  no  radicó el alegado error de hecho por  falso  juicio  de existencia en el desconocimiento por parte del juzgador de una  prueba  materialmente  incorporada  en  el  proceso  o  en la suposición de una  inexistente,  que  son  las dos expresiones de esta modalidad de yerro, sino que  hizo  consistir el argüido desatino de la prescindida consideración de algunos  “aspectos      probatorios”     extractados  de la indagatoria y de la prueba testimonial allegada  al   informativo;  adujo  concretamente,  que  no  se  tuvieron  en  cuenta  las  discrepancias  sobre  la  estatura  del  sindicado, el estado de ebriedad de los  testigos    y    que    Cano   Díaz   no   fue  sorprendido  en  la  detentación  del  arma  incautada,  cuestión  bien  diferente y referida a la valoración conjunta de los medios de  convicción,  que  en  modo  alguno  refleja  el  exigido  enjuiciamiento de los  elementos  de juicio atendidos en la sentencia para fundamentar la condena, sino  una   visión   personal   de   la   prueba   allegada   para  la  cual  reclama  primacía.   

         En  el  mismo  discurrir  argumentativo,  soslayando  también  la  naturaleza  del  yerro  invocado,   inclusive  las  modalidades  del  error  probatorio  de  viable  alegato en la sede extraordinaria, el impugnante esboza,  de  una  parte,  la  simple  controversia  sobre  la credibilidad que concita la  versión  del testigo de cargo González Luengas, que no admite la existencia de  un  error  demandable  en  casación  por  cuanto el ordenamiento procesal penal  consagra  el sistema de la libre apreciación; de la otra, el omitido decreto de  una  prueba  que estima trascendente para esclarecer la inocencia del procesado,  esto  es, del cotejo balístico del revólver decomisado con los proyectiles que  asegura  debieron  ser  encontrados en el cuerpo de las víctimas, planteamiento  mediante  el cual perfila un error de actividad alegable a través de una causal  diferente,  esto  es,  por  la  vía  de la nulidad, y en el que pierde de vista  además  que  ninguna  ojiva  se  recuperó  durante la atención médica de los  ofendidos.   

         Reafirmando   los   protuberantes   desaciertos  técnicos  de  la  demanda,    el    recurrente    proclama    respecto    a   tales   “aspectos  probatorios” que fueron  prescindidos,  tergiversados  o mal interpretados, insinuando con tal raciocinio  la  incursión de desaciertos que fluyen abiertamente excluyentes.  En fin,  el  desarrollo  argumentativo  del  cargo  se  traduce  en la confrontación del  criterio   personal   del  demandante  sobre  la  valoración  de  las  pruebas,  particularmente,  de  la  indagatoria y del testimonio de los presenciales de lo  sucesos,  con  el  esbozado  por  el  juzgador  ad  quem  en   la sentencia  recurrida,  en  el  que  se  sustrajo en forma ostensible al deber de plantear y  demostrar  la existencia de errores trascendentes en la apreciación probatoria,  por  ende, con entidad suficiente para quebrar la doble presunción de acierto y  legalidad que ampara al fallo impugnado.   

         Así las cosas, el cargo examinado no prospera.   

         Sugerencia de casación oficiosa.   

         

         En  opinión de la Procuraduría la reconstrucción de los hechos,  que  resulta  viable  con  fundamento en los medios de prueba incorporados en el  expediente,  permite  concluir  la  intención  de  matar  en los tres episodios  materia  de  investigación  en el presente proceso a pesar de la levedad de las  lesiones  infligidas,  en  consecuencia, afirma la configuración de un error en  la  calificación  jurídica  de  dos  de  esos sucesos como lesiones personales  cuando  en  realidad  estructuraron  el  homicidio  imperfecto,  por tal razón,  sugiere  a  la  Corte  que declare la nulidad de la sentencia y de lo actuado en  relación con tales ilícitos.   

         

         En   lo   concerniente  a  esta  solicitud  de  casación  parcial  oficiosa,  la  Corte  encuentra  que  la  Procuraduría  Delegada  desbordó los  límites  del  concepto que le es propio en la casación para formular un pedido  frente  al  cual  carece  de  interés,  razón  que  resulta suficiente para no  acceder  a tal pretensión.  En efecto, el Ministerio Público advierte que  el  cargo  consistente   en el imputado error en la denominación jurídica  de  uno  de  los delitos objeto del juicio, que el demandante enmarcó de manera  equivocada  dentro  de  la causal primera de casación por violación directa de  la  ley  sustancial,  se ofrece además deficiente ante las impropiedades que en  materia  de  técnica se evidencian en ella, a extremo tal, que resulta del todo  ineficaz  para  el  pretendido propósito de quebrar la legalidad del fallo; sin  embargo,  excediendo  la  función que le compete de acuerdo con las previsiones  del  artículo  226  del  C.  de  P.  P.,  el  Delegado  retoma  el  reparo  del  casacionista  a  la  calificación jurídica, corrigiéndolo en cuanto a la vía  escogida  para  el  ataque  para  plantear entonces la necesidad de invalidar el  trámite  por  esa  misma causa, empero predicando aquí una adecuación típica  diversa a la postulada por el actor.   

         En  fin,  perdió  de  vista  conforme al reiterado criterio de la  Sala,  que “la tarea del Ministerio Público dentro  del  trámite  de  la  casación,  si  bien  no  se  encuentra limitada a emitir  concepto  sobre  las  pretensiones  que  se formulen en la demanda, sino que, al  tenor  de  lo  dispuesto en el artículo 228 del Código de Procedimiento Penal,  podrá  sugerir  a  la  Corte  la invalidación de lo actuado cuando advierta la  existencia  de  violaciones  ostensibles  de las garantías fundamentales de los  sujetos  procesales,  pudiendo,  por lo tanto, plantear posiciones jurídicas en  ese  sentido, no le es permitido, so pretexto de su quebrandamiento complementar  o  enmendar  el libelo objeto del concepto, ni formular sus propios cargos, pues  se   estaría   atribuyendo  la  calidad  de  impugnante  de  la  que  carece  y  desnaturalizando  la razón de ser del traslado” (sentencia del 24 de enero de  2001,      M.P.      Dr.      Jorge      E.     Córdoba     Poveda).   

         

         Así  las  cosas,  insiste la Sala, la solicitud del Delegado para  que se case oficiosamente el fallo atacado, no podrá ser atendida.   

         En   mérito   de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia  –  Sala  de  Casación  Penal  -,  administrando  justicia en nombre de la república y por autoridad de  la ley,   

RESUELVE   

         No casar la  sentencia impugnada.   

         Cópiese,  comuníquese devuélvase al  Tribunal de origen, y cúmplase,   

CARLOS EDUARDO MEJIA ESCOBAR  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL     JORGE E. CORDOBA POVEDA   

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE                                                                  JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                            ALVARO  O. PEREZ  PINZON                              

NILSON    PINILLA   PINILLA                        

         

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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