14197(07-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 14197  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 12  

          Bogotá, siete (7) de febrero de dos mil dos (2002).   

          Decide  la  Sala el recurso de casación  interpuesto  en  defensa  de  MOISÉS  VELASCO CAICEDO  contra  la  sentencia  de fecha septiembre 23 de 1997,  por  medio  de  la  cual  el Tribunal Superior de Popayán confirmó el fallo de  primera  instancia proferido por el Juzgado Penal del Circuito de Puerto Tejada,  que  condenó  al  citado  procesado  a la pena principal de cien (100) meses de  prisión como autor del delito de homicidio atenuado por la ira.   

HECHOS  

          Dan  cuenta  los  autos  que  en  la mañana del 9 de enero de 1995,  durante  la  tradicional  celebración del carnaval de “blancos y negros” en  el  barrio  Manuela  Beltrán  de  la población de Puerto Tejada, Jerley Janiel  Asprilla  en  compañía  de  amigos  y  vecinos  se  dedicaba  al  acostumbrado  lanzamiento de agua y maizena a los transeúntes.   

          Todo   transcurría   normalmente   en   medio  del  bullicio  y  la  diversión,  pero  al  medio  día,  Asprilla  se  acercó  a  la  residencia de  MOISÉS  VELASCO  CAICEDO con  un  recipiente  lleno  de  agua que pretendía arrojar a sus moradores cuando se  encontraban  en  el  exterior de la misma observando el desarrollo del carnaval;  sin  embargo,  éstos  al percatarse de sus intenciones ingresaron a la vivienda  seguidos  por  el  bromista,  quien  logró  cumplir en todo caso su propósito.  VELASCO  CAICEDO  al  verse  empapado   reaccionó   iracundo  y  disparó  el  arma  de  fuego  que  portada  ocasionándole  las  heridas  que  determinaron  su  deceso  poco después en el  hospital de la localidad.   

          En  la  misma  fecha  se verificó la captura del agresor durante el  registro efectuado al inmueble que habitaba.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          1.  La Fiscalía Seccional de Puerto  Tejada  abrió  la  investigación,  vinculó  mediante  indagatoria al retenido  VELASCO CAICEDO y definió su  situación  jurídica  en  providencia  del  17  de enero de 1995 con detención  preventiva  por  el  delito de homicidio, medida de aseguramiento que mantuvo no  obstante el pedido de revocatoria elevado por la defensa.   

          Después, en la calificación del mérito  probatorio  del  sumario  de fecha marzo 29 de 1995, favoreció al sindicado con  la  preclusión de la investigación al colegir que había actuado en situación  de  legítima  defensa  (fs.  208  y  ss.,  cd.  1), decisión revocada el 24 de  noviembre  siguiente  por  la  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal Superior de  Popayán,  al  pronunciarse  sobre  la  alzada  interpuesta por el representante  judicial  de  la  parte  civil,  despacho  que  dictó  en  contra del procesado  resolución   acusatoria  como  autor  del  delito  de  homicidio,  que  afirmó  ejecutado  sin  embargo  bajo  el estado de ira por grave e injusta provocación  (fs. 279 y ss., cd. 1).   

          2.  El Juzgado Penal del Circuito de  Puerto  Tejada  asumió el control de la causa, celebró la audiencia pública y  en  fallo del 25 de junio de 1995, en armonía con el pliego de cargos, condenó  al enjuiciado a la pena principal de cien (100) meses de prisión.   

           El  Tribunal  Superior  de  Popayán  a  través  de la sentencia objeto de la impugnación extraordinaria, al decidir el  recurso  de  apelación  presentado por la defensa, confirmó el pronunciamiento  del a quo.   

LA DEMANDA  

           El   recurrente   aduce   “como   causal  de  casación  la  primera  de  las  invocadas  el  (sic) art. 220) del Código  de  Procedimiento  Penal”,  por  considerar  que  la  sentencia  impugnada  es  violatoria  de los artículos 15, 22, 28 y 42, incisos  1º y 2º de la Constitución Política.   

          Seguidamente  transcribe  el  contenido  de  los preceptos citados y  afirma,  de  una  parte,  que  los  derechos  a la paz, a la tranquilidad y a la  inviolabilidad  del domicilio constituyen mandatos constitucionales; de la otra,  que  el  estatuto penal contempla la presunción de legítima defensa para quien  rechaza  al  extraño  que  indebidamente intente penetrar o haya penetrado a su  habitación   o   dependencias  inmediatas,  cualquiera  sea  el  daño  que  le  ocasione.   

          Luego  plantea  que  en  el  caso examinado quedó demostrado que el  occiso  violentó  el  domicilio  del  procesado,  como  lo admitió el Tribunal  Superior  de Popayán en alguno de los apartes de la sentencia atacada, y frente  a  esta  conducta  de la víctima, transgresora de las normas constitucionales y  legales,  el  juzgador  ad  quem  incurrió  en  infracción  directa  de la ley  sustancial,  pues  aplicó indebidamente  el artículo 60 del Código Penal  (Decreto  100 de 1980), con exclusión de la norma a la cual debió adecuarse el  comportamiento  investigado,  no  diversa  del artículo 29, numeral 4º, inciso  segundo  ibídem,  que  contempla la legítima defensa privilegiada.    En   fin,   concluye,   el   fallador   creó   “un  enfrentamiento  entre  lo  provado  (sic)  en  el proceso y la aplicación de la  Ley”.   

          Por  último, el censor discrepa con el Tribunal cuando afirma   que  “Si  tomamos  como agresión la penetración en  habitación  ajena  debemos  colegir  a  todas  luces  que  esta conducta no era  indebida   o   injustificada,  porque  ese  proceder  estaba  permitido  por  la  autoridad,  por  la  ciudadanía  y  por  los  mismos moradores de la casa donde  sucedió el hecho”.   

          Con  los anteriores fundamentos el libelista solicita a la Corte que  case  el  fallo recurrido y, en su lugar, reconozca la legítima defensa a favor  del  sindicado VELASCO CAICEDO  exonerándolo de responsabilidad penal.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

          El   Procurador  Segundo  Delegado  en  lo  Penal  advierte  que  el  demandante  en  el  desarrollo  del  cargo,  elevado  al amparo de la violación  directa  de la ley sustancial, prescindió por completo de la técnica propia de  tal  modalidad  de  desatino,  no sólo al omitir las razones jurídicas por las  cuales  debe  acogerse  la  legítima  defensa en lugar de la ira, sino también  cuando  cuestionó  los  hechos  que  el  juzgador  tuvo  como probados en estas  diligencias.   En  síntesis,  afirma, el casacionista lejos de proponer un  debate  estrictamente  jurídico  construye  un  debate  de instancia, y con tal  desarrollo    se    aparta   de   la   causal   invocada   así   como   de   su  demostración.   

          Además  de  estas impropiedades que por si solas hacen nugatorio el  pedido  de  la  defensa, el Procurador señala, en todo caso, que los juzgadores  acertaron  cuando  excluyeron  la  legítima  defensa  privilegiada  a favor del  sindicado  VELASCO  CAICEDO.   

          Por  todo lo anterior opina que el cargo  formulado   no  prospera,  en  consecuencia,  solicita  no  casar  la  sentencia  impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  demanda  con  la  cual  el  defensor  del procesado VELASCO  CAICEDO  sustenta  el  recurso de  casación  interpuesto  desconoce  de manera ostensible la técnica que gobierna  esta   vía   extraordinaria,   a   tal  punto,  que  la  condena  sin  duda  al  fracaso.   

          1.   Ciertamente,  el  libelista  aduce  que  los falladores de  instancia  incurrieron en infracción directa de la ley sustancial, por indebida  aplicación  del  artículo  60  del  Código  Penal  y  exclusión evidente del  artículo   29-4º,  inciso  2º  ibídem,  pues  considera  que  encontrándose  demostrado  en  autos  que  el  occiso  violentó  la vivienda del procesado, la  reacción  de  este último no se adecúa a la ira reconocida por los juzgadores  sino a la legítima defensa privilegiada.   

          Sin  embargo,  el  demandante  dejó  tal  postulación  en  el mero  enunciado,  pues  como  destaca el Procurador Delegado, se conformó con afirmar  la  existencia  de  la  referida  eximente  de  responsabilidad  a partir de esa  situación  que  entiende  probada en autos y encuentra admitida en la sentencia  del  Tribunal, sin intentar esbozar siquiera las razones jurídicas con sustento  en  las cuales habría de colegirse, ante el ingreso de Asprilla a la morada del  sindicado  VELASCO  CAICEDO,  que  la  conducta  desplegada  por  este  último en tales condiciones contra la  víctima  configura  entonces  la causal de justificación por la cual propugna,  en  lugar  de  la circunstancia atenuante reconocida en los fallos de instancia.   

          En  otros  términos, perdió de vista que para la prosperidad de la  censura  no  bastaba  con alegar la aplicación indebida de una norma de derecho  sustancial  y  la  consecuente  exclusión de la que estima llamada a regular el  caso  examinado,  sino  que  también tenía la carga de desarrollar el reparo a  través  de  una controversia estrictamente jurídica, orientada a demostrar que  en  la  forma  como  fueron apreciados los hechos y analizadas las pruebas en el  fallo  atacado,  las  disposiciones sustanciales actualizadas en él no eran las  que correspondían al asunto debatido.   

          2.   Además  de  esta  falta  de  sustentación del reproche a  través  de un cuestionamiento de puro derecho, no menos evidente resulta que el  libelista  al formular el cargo partió de una premisa completamente equivocada,  esto  es,  de entender que el Tribunal reconoció la arbitrariedad en el ingreso  del  occiso  a  la  residencia del acusado, cuando de la simple revisión de los  términos  en  los  cuales  se  cimentó  la  condena  de  segunda  instancia se  discierne una realidad del todo adversa.   

          En  efecto,  es  cierto  que  el  Tribunal con apoyo en “los  pormenores  suministrados  por  la  prueba  de tatuaje y los  informes  de los policiales”, concluyó que el occiso  había   entrado   a   la   casa   de  habitación  del  procesado  VELASCO   CAICEDO,  según  afirmó,  pero  también  lo  es  que  atendidas  las especiales circunstancias en las cuales se  llevo  a cabo tal penetración y los vínculos de la víctima con los moradores,  el   juzgador   ad   quem   excluyó   que  tal  ingreso  tuviera  un  carácter  indebido.   En  la  providencia  impugnada,  sobre  este  punto  se razonó  así:   

“…además el agresor no era un extraño  porque  tenía  un  motivo  justificado  socialmente para entrar a la casa de su  vecino,  donde  incluso  vivía  una  señora de confianza, que le arreglaba los  pantalones,   y   a   quien   quería   mojar   en   el   desarrollo  del  juego  popular.   

“Si el extraño es el que carece de motivo  justificado  para  penetrar  en  el  domicilio  ajeno,  aquí se observa que los  moradores  aceptaron el juego al salirse a la calle a observarlo y a exponerse a  que  los bañaran persiguiéndolos hasta sus casas.  Y si el vecino muerto,  como  lo  afirman  varios  declarantes, tenía gran confianza con la señora del  sindicado,  y  estaban  en pleno festejo, su presencia en el sitio de los hechos  no  puede  tomarse  como  la  de  un extraño, ni siquiera para el procesado que  sabía  de  quien  se  trataba  y  sobre los motivos de su presencia en el hogar  ajeno…”.   

          El   Tribunal  agregó  más  adelante  con  idéntica  orientación  argumentativa lo siguiente:   

“La  asistencia  del  difunto  al lugar de  habitación  prácticamente  estaba  permitida por la actitud de quienes estando  en  la  calzada, pegaron la estampida hacia la casa, haciéndose partícipes del  juego  consistente, en que unas personas tratan de mojar a otras, quienes buscan  evitarlo  ocultándose  en  sitos  seguros,  entre  los  cuales  sobresalen  las  edificaciones.   

“Si tomamos como agresión la penetración  en  habitación  ajena,  debemos  colegir a todas luces que esta conducta no era  indebida   o   injustificada,  porque  ese  proceder  estaba  permitido  por  la  autoridad,  por  la  ciudadanía  y  por  los  mismos moradores de la casa donde  sucedió  el  hecho.   Y  si  no,  porqué  salieron  mirar (sic) a quienes  jugaban  con  agua,  aventurándose  y  provocándolos  para finalmente terminar  participando  en el juego al correr a ocultarse, en actitud que hace parte de lo  lúdico”   (fs.  493  y  494,  cd.  1).   

          3.   Esta  comprensión  no  fue  ajena del todo al impugnante,  quien  en  el acápite final del libelo transcribe las conclusiones del fallo en  torno  al  ingreso  de  la  víctima  Asprilla a la morada del acusado, donde el  Tribunal  afirmó “a todas luces que esta conducta no  era   indebida  o  injustificada”,  para  manifestar  seguidamente  de  manera  escueta  su  disentimiento  con  la  forma como fueron  apreciados  así  los  hechos  que originaron el proceso, trascendiendo después  con  un  lacónico alegato al campo de la violación indirecta al mostrar que su  inconformidad   no   aparece   fincada   exclusivamente   en  aspectos  de  puro  derecho   

          En  síntesis,  el  defensor  al  amparo  de  la  causal  primera de  casación,  cuerpo  primero,  y  elevando  un cargo contra el fallo del Tribunal  pero  sin  intentar  demostrar  algún desacierto de los juzgadores, simplemente  pretende  de  la Corte, a la manera de una tercera instancia, que reconsidere el  acervo  probatorio  y  concluya  que  el  procesado  no es responsable por haber  actuado en situación de legítima defensa privilegiada.   

          Por  lo  tanto, ante las protuberantes deficiencias que se advierten  así  en  la demanda, el cargo formulado no prospera y la sentencia recurrida no  se casará.   

4.  Señala la Corte, finalmente, que la  aplicación  retroactiva  favorable de las disposiciones contenidas en el actual  estatuto  punitivo  (Ley  599  de 2000), frente a las normas preexistentes a los  sucesos  investigados  y  con sujeción a las cuales se profirió la condena, si  hubiere  lugar  a  ella,  le compete al Juez de Ejecución de Penas y Medidas de  Seguridad  de  conformidad  con  las previsiones del artículo 79-7º del actual  estatuto procesal penal.   

          Contra esta providencia no procede ningún recurso.   

          En  mérito  de  lo  expuesto,  la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la Ley.   

RESUELVE  

           NO  CASAR  la  sentencia impugnada.   

          Cópiese,  comuníquese,  devuélvase al  Tribunal de origen y cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS               CARLOS    A.    GÁLVEZ   ARGOTE           

JORGE  A.   GÓMEZ  GALLEGO                              ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO   

CARLOS       E.        MEJÍA  ESCOBAR                                  NILSON PINILLA PINILLA   

         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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