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2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 14164  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                  Aprobado acta No. 039   

                                                  Magistrado Ponente:   

                                                  Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   

Santa  Fe de Bogotá, D. C., dieciséis (16)  de marzo del año dos mil.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  RAFAEL ANTONIO EMILIANI ROJAS.   

          Antecedentes.-   

Entre  la  última hora de la noche del 3 de  mayo  de  1995  y la primera del día 4, en el establecimiento denominado “Las  Guaduas”  ubicado por el sector de la carrera 4ª con calle 22 de Santa Marta,  departía  ALFONSO  EDUARDO CAYON GONZALEZ con una dama cuyo nombre no se logró  establecer.  En la mesa contigua se ubicaron OSWALDO MOISES OSPINO DAZA y RAFAEL  ANTONIO  EMILIANI  ROJAS,  quienes  luego  de  haber  ingerido tres cervezas, se  pusieron  de  pie  y, bajo la amenaza de un arma de fuego que portaba el primero  de  éstos,  anunciaron  tratarse de un atraco, procediendo a apoderarse de tres  cadenas  de  oro  que  pendían  del  cuello  de  José Manuel Rodríguez Rueda,  administrador  del  negocio,  y  otra  que portaba Cayón González contra quien  instantes  antes  Ospino  Daza  hizo  un  disparo  ocasionándole una herida que  posteriormente  determinó  su muerte en el Hospital Central a donde fue llevado  de urgencia.   

Avisada  la  Policía  de  lo ocurrido, hizo  presencia  en el lugar logrando dar captura a Ospino Daza a quien se le incautó  una  pistola calibre 22 marca Smith & Wesson, en tanto que Emiliani Rojas se  dio a la fuga siendo capturado el 25 de junio de 1996.     

    

Vinculado mediante indagatoria OSWALDO MOISES  OSPINO  DAZA  (fl.  5),  previo  agotamiento  de  las  etapas  subsiguientes del  proceso,   la   Fiscalía    Quinta   Especializada  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  con resolución acusatoria en contra de aquél, por el  concurso  de  delitos  de homicidio, hurto calificado-agravado y porte ilegal de  armas  de  fuego  de defensa personal, al tiempo que ordenó expedir copias para  la investigación relacionada con la conducta de EMILIANI ROJAS.   

Asumido  el  conocimiento  del asunto por la  Fiscalía  Treinta  y  Tres Seccional de Santa Marta, abrió investigación (fl.  48),  vinculó  mediante  indagatoria a RAFAEL ANTONIO EMILIANI ROJAS (fls. 83 y  ss.),  a  quien definió sus situación jurídica con medida de aseguramiento de  detención  preventiva  (fls.  96  y  ss.).  Posteriormente, previa clausura del  ciclo  instructivo (fl. 162), el dieciocho de octubre de mil novecientos noventa  y  seis  calificó  el mérito probatorio del sumario con resolución acusatoria  en  contra  del  procesado, por el concurso de delitos de homicidio,  hurto  calificado-agravado  y  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal (fls.  1335  y  ss.),  mediante  providencia  que  el  veinte de noviembre siguiente la  Unidad  de Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior confirmó íntegramente,  al  conocer  en  segunda  instancia  por  vía  de apelación interpuesta por el  defensor (fls. 9 y ss. cno. S. I.).        

El  juicio  lo tramitó el Juzgado Segundo  Penal  del Circuito, en donde previa realización de la audiencia pública (fls.  285  y  ss.),  se  culminó  la instancia condenando al procesado RAFAEL ANTONIO  EMILIANI  ROJAS  a  la pena principal de veintisiete (27) años de prisión,y la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas por el término de  diez  años,  al  encontrarlo  penalmente  responsable  del  concurso de delitos  imputado  en  el pliego enjuiciatorio (fls. 296 y ss.) mediante sentencia que el  Tribunal  Superior  confirmó  íntegramente al conocer en segunda instancia por  vía  de apelación interpuesta por el defensor (fls. 3  ss. cno. Tribunal)  .   

Contra  el  fallo  de  segunda instancia, el  mismo  sujeto  procesal  interpuso  el recurso extraordinario de casación (fls.  22),  el  cual  fue  concedido  por  el  ad quem (fl. 23), presentándose, en el  término  legal,  el  respectivo  escrito  con  el  que se persigue sustentar la  impugnación,  y  sobre  cuya admisibilidad se pronuncia la Corte (fls. 26 y ss.  cno. Tribunal).   

    

             La demanda.-   

Con apoyo en la causal primera de casación,  cuerpo  segundo, el actor denuncia la violación indirecta de la ley sustancial,  por   incurrir  el  juzgador  en  errores  de   hecho  en  la  apreciación  probatoria,  “de tal magnitud que llevó a la aplicación del artículo 23 del  C.P.”.   

Pasando  por  transcribir  un  aparte  de la  sentencia  ameritada,  sostiene  que  fue  la actitud asumida por RAFAEL ANTONIO  EMILIANI  ROJAS,  en cuanto no reprobó la conducta homicida de su socio, lo que  llevó  al sentenciador a concluir configurada la coparticipación del procesado  en el hecho, establecida por el artículo 23 del Código Penal.   

Prosigue haciendo una transcripción parcial  del  dicho  de  los  testigos  JOSE  MANUEL  RODRIGUEZ  RUEDA, administrador del  establecimiento,  y  CLARIBEL  CARO  OROZCO,  para  concluir que como ninguno de  ellos  se  percató  que  ALFONSO  CAYON  se encontraba herido, en “idénticas  condiciones  pudo  haberse  encontrado  mi  defendido  RAFAEL  ANTONIO  EMILIANI  ROJAS”,  al  tiempo  que  se  pregunta el censor “porqué él sí tenía que  haberse dado cuenta que el señor Cayón había sido herido?”.   

Seguidamente  afirma  que  los juzgadores de  instancia  “no  tuvieron  en cuenta este hecho y presumieron que él hizo caso  omiso  de  la  agresión  al  señor  Cayón  y  por  ello no manifestó ningún  disgusto,  ni  discrepancia  con  este proceder, lo cual desvirtuaba la variante  individual”.   

Por  ello,  continúa,  “ante  esta prueba  contundente,  debidamente  acreditada,  fácil  es  deducir  que  la  actitud de  EMILIANI  ROJAS,  no  fue de aceptación del hecho, sino que no se dio cuenta de  él”,  con  lo  cual,  a  su  criterio,  resulta  incuestionable “aceptar la  premisa   de   que  se  trató  de  una  variante  individual  al  plan  común,  sencillamente,  porque  el  señor OSWALDO MOISES OSPINO DAZA, se excedió en lo  pactado  y  previsto,  por  lo tanto es él la única persona que debe responder  por  ese  exceso:  homicidio  en la persona de Alfonso Eduardo Cayón González,  desvertebrando  así  la condición de coautor en el homicidio de RAFAEL ANTONIO  EMILIANI  ROJAS”,  no  siendo  posible  la  aplicación  del  artículo 23 del  Código Penal.   

Agrega  que  el  procesado  RAFAEL  ANTONIO  EMILIANI  ROJAS  “no  puede  ser  condenado  por el delito que se le imputa de  homicidio  en  la  persona  del señor ALFONSO EDUARDO CAYON GONZALEZ, ya que se  trató    de    un   exceso   en   el   fin   propuesto   de   un   ‘atraco’”,   pues  una  muerte  no  estaba  prevista,  ya  que esta se presentó súbitamente “tal como lo confesó el hoy  condenado                  OSWALDO                 MOISES                 OSPINO  DAZA”.            

Con  fundamento  en  lo  expuesto,  concluye  solicitando  a  la  Corte  casar  la sentencia impugnada y que “en su lugar se  dicte  una acorde con los hechos por los cuales debe responder: hurto agravado y  porte ilegal de armas” (fls. 26 y ss. cno. Tribunal).   

         SE CONSIDERA:   

Por   incumplir   los   presupuestos   de  admisibilidad  establecidos  en  el  artículo  225 del Código de Procedimiento  Penal,  la  demanda  de  casación que se presenta a nombre del procesado RAFAEL  ANTONIO  EMILIANI  ROJAS  amerita  su  rechazo  por  la  Corte,  debiéndose, en  consecuencia, declarar desierto el recurso interpuesto.   

Si bien el casacionista acierta en cumplir la  carga   de  identificar  los  sujetos  procesales  y  la  sentencia  materia  de  impugnación,  sintetizar  los hechos y resumir la actuación llevada a cabo, no  acontece  igual  con  la  obligación  que la ley adscribe, de indicar de manera  clara  y  precisa los fundamentos fácticos y jurídicos del motivo en que apoya  su pretensión invalidatoria del fallo de segunda instancia.   

La  jurisprudencia  tiene  establecido  que  cuando  en  sede  de  casación  se  aduce  la  violación  indirecta  de la ley  sustancial,  por  haber  incurrido  el  juzgador  en  errores  de  hecho  en  la  apreciación   probatoria,   resulta  indispensable  que  el  actor  concrete  y  demuestre  en  su  demanda  la  configuración  de  alguna  de las hipótesis de  desacierto  posibles  de  realización,  como  de  igual modo es de su exclusivo  resorte  acreditar la definitiva incidencia que tuvo el error en la declaración  de   justicia   contenida   en  la  parte  resolutiva  del  fallo,  mediante  el  señalamiento  preciso  de  la manera cómo la decisión habría sido de sentido  diverso    de   no   haberse  incurrido  en  el  error  probatorio  que  es  denunciado.   

Es  así como se tiene por sentado que si la  finalidad  es  denunciar  que  el  sentenciador  incurrió  en  falso  juicio de  existencia  sobre  determinada  prueba,  resulta indispensable que se precise el  medio  de  convicción que obrando válidamente en el proceso fue ignorado en el  fallo,  indicando  qué  se  acredita  con  él  y cómo de haber sido apreciado  conforme  las  reglas de la sana crítica y de modo conjunto con los demás cuyo  mérito  no  se  cuestiona,  habría  conducido  a  variar  las conclusiones del  pronunciamiento  de  mérito.  Con  idéntico  rigor  ha  de  procederse  si  la  finalidad  del  recurso  es  patentizar  que en su decisión, el juzgador supuso  existente,  sin  estarlo,  un  medio  de  prueba cuya apreciación determinó el  proferimiento de la sentencia en el sentido que se combate.   

Si de acuerdo con la realidad del proceso se  opta  por  denunciar  falsos juicios de identidad, cuya realización consiste en  la  tergiversación,  adición,  o  cercenamiento  de  un medio de prueba por el  juzgador  al  ponerlo  a  decir  aquello  que  objetivamente  no se colige de su  contexto,   en  la  demanda  se debe confrontar el contenido material de la  prueba  con  la  especificación  que  de  ella  fue hecha en el fallo, a fin de  destacar  las incoincidencias que se presentan entre la sentencia y el medio, y,  de  igual  modo,  es  indispensable  demostrar  la  repercusión  definitiva del  yerro.   

Sobre este último tema, ha sido dicho por la  Corte  que  “La  demostración de esta trascendencia, asimismo, trae aparejado  algún  grado  de complejidad, pues el rigor técnico con que debe ser abordada,  excluye  la  posibilidad  de  hacerlo  con  subjetividades  relacionadas  con un  criterio  personal  del actor sobre lo que habría podido ser y no fue, toda vez  que  el  fin  de  acreditar  la  transgresión  de  la  ley  por el fallo, ha de  mantenerse” (Auto. Cas. Sept. 14/99. M. P. Dr. ARBOLEDA RIPOLL).   

       

Y si la postulación del recurso se afinca en  la  transgresión de las reglas de la sana crítica como método de apreciación  probatoria,   compete  al  actor  acreditar  de  qué  manera  en  la  labor  de  asignación  del mérito persuasivo a los medios de convicción recaudados en el  proceso,  el  juzgador  se  apartó  de  los principios que rigen la lógica, la  ciencia, la experiencia, o el sentido común.   

Estos  parámetros  no son respetados por el  casacionista,  pues  en  lugar  de  acreditar  la  configuración específica de  alguna  de  las  especies  de  error  de  hecho posibles de realización por los  jueces   en  la  labor  de  apreciación  probatoria,  se  dedica  a  establecer  particulares  conclusiones  edificadas  a  partir  de  lo  dicho por JOSE MANUEL  RODRIGUEZ  RUEDA  y  CLARIBEL CARO OROZCO, en posición inadmisible en esta  sede  por  la  libertad  relativa  de  que  gozan los juzgadores para estimar el  mérito  persuasivo  de  los  medios,  limitada  solo  por las reglas de la sana  crítica  cuya  transgresión  no  solamente  omite  enunciar  sino  que  no  se  desentraña del libelo.   

Dado entonces que la demanda no reúne   los  mínimos  presupuestos de admisibilidad legalmente establecidos, pues, como  se  deja  expuesto,  en  ella  no  se  logra establecer clara y precisamente los  fundamentos  de  la  causal  que  se  aduce,  y la Corte no puede corregirla por  virtud  del  principio  de  limitación  que  rige el ejercicio de este medio de  impugnación,  lo procedente será rechazarla, y declarar desierto el recurso en  cumplimiento  de  las previsiones del artículo 226 del Código de Procedimiento  Penal, según se anunció ab initio de estas consideraciones.   

Puesto  que  esta decisión causa ejecutoria  con  su  suscripción,  según  lo  disponen  los artículos 197 y 226 del   Estatuto  que  viene  de  ser  citado, se ordenará la devolución inmediata del  expediente   al   Tribunal   de  origen,  previa  comunicación  a  los  sujetos  procesales.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

         R E S U E L V E:   

RECHAZAR la demanda  de  casación  presentada  a  nombre del procesado RAFAEL ANTONIO EMILIANI ROJAS  por  lo  anotado en la motivación de este proveído. En consecuencia SE DECLARA  DESIERTO el recurso.   

   

Comuníquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen.   

Cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL    JORGE E. CORDOBA POVEDA   

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE            JORGE  A. GOMEZ GALLEGO   

MARIO           MANTILLA  NOUGUES           CARLOS  E.  MEJIA  ESCOBAR   

ALVARO        O.        PEREZ  PINZON               NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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