14026(03-07-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  14026   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 077.  

          Bogotá D.C., tres de julio de dos mil tres.   

VISTOS  

La  Corte  se  pronuncia  de  fondo sobre la  demanda  de  casación  interpuesta  contra  la  sentencia  de segunda instancia  proferida  por el Tribunal Superior de Pasto el 8 de agosto de 1997, mediante la  cual   LUIS  HERNÁN  QUISTIAL  RODRIGUEZ  fue  condenado  a  la  pena  principal  de 25 años de prisión al  encontrarlo   responsable   en   calidad   de  autor  del  delito  de  homicidio  “simplemente intencional”  de    Carlos   Alirio   Galindres   Calpa,  decisión  que  modificó el fallo dictado el 7 de mayo del mismo  año  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de Ipiales, que lo había  condenado  a  la pena principal de 28 meses de prisión como autor del delito de  homicidio culposo del ciudadano antes mencionado.   

El  Procurador  Cuarto  Delegado  para  la  Casación  Penal  solicita  en  su  concepto no casar la sentencia impugnada por  carecer la demanda de técnica y de razón.   

HECHOS  

Fueron  adecuadamente  sintetizados  por  el  ad  quem  en  el  fallo  de  segundo grado, así:   

“El 31 de octubre  de  1993, a eso de las ocho de la noche, en el Parque Simón Bolivar, ubicado en  el  municipio  de  Guachucal, cuando Luis Hernán Quistial Rodríguez, en estado  de  embriaguez,  lanzó  insultos  en  contra  de Carlos Alirio Galindres Calpa,  quien  se  encontraba  en  el  interior  de  su  carro estacionado en ese lugar,  tomando  licor  con  dos amigos más; esa actitud fue inmediatamente recriminada  por  éste,  quien  descendió  de  su  vehículo,  le sugirió a su agresor que  pelearan  a  puño  y  que  guardara  el  arma  de  fuego que exhibía; Quistial  Rodríguez  aparentó atender esta última sugerencia, pero en ese mismo momento  le  hizo  un disparo que afectó la región frontal superior de Galindres Calpa,  perforando  el  hemisferio  cerebral  derecho, produciéndose luego su muerte no  obstante  haber  sido  trasladado  de  inmediato  a  los hospitales de Ipiales y  Departamental  de  Pasto,  en  donde  resultaron  infructuosos los esfuerzos por  salvarlo”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          El  2 de noviembre de 1993 el Comandante de la Estación de Policía  de   Guachucal   puso   a   disposición   de   la   Fiscalía   a  LUIS  HERNÁN QUISTIAL RODRÍGUEZ, fecha en  la  cual se ordenó la correspondiente apertura de investigación, en cuyo marco  fue  vinculado  mediante  indagatoria  y  una  vez  culminada esta diligencia se  ordenó  su  libertad  inmediata  por ilegalidad de la captura y vencimiento del  término    para    ser    puesto    a    disposición    de   las   autoridades  judiciales.   

El  17  de  los  mismos  mes  y  año le fue  definida  su  situación  jurídica  con  detención  preventiva  como medida de  aseguramiento,  sin  derecho  a  libertad  provisional,  como  posible autor del  delito de homicidio, y se ordenó su captura.   

Cerrada la investigación, el 18 de enero de  1996  se  calificó  el  mérito  del  sumario  con resolución de acusación en  contra  de LUIS HERNÁN QUISTIAL RODRIGUEZ como  presunto  autor  del delito de homicidio doloso. La acusación  fue  impugnada  por la defensa y la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Pasto  la confirmó el 27 de marzo de 1996.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado Tercero Penal del Circuito de Ipiales, donde una vez surtido el rito  correspondiente  profirió  sentencia  el  7  de  mayo  de  1997, por cuyo medio  condenó  al  procesado  a  la pena principal de 28 meses de prisión y multa de  $10.000,  al  hallarlo  penalmente responsable en condición de autor del delito  de homicidio culposo.   

El  fallo  fue  impugnado  por el Procurador  Judicial  Penal  281 y el Tribunal Superior de Pasto lo modificó el 8 de agosto  de  1997, en el sentido de condenar al procesado a la pena principal de 25 años  de  prisión y a la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  por  10  años  al  encontrarlo  responsable  en  calidad de autor del delito de  homicidio  doloso  de   Carlos  Alirio  Galindres  Calpa.  Esta sentencia es ahora objeto de impugnación  extraordinaria.   

LA DEMANDA  

El defensor plantea dos cargos que fundamenta  y desarrolla así:   

1.            Cargo primero: Violación indirecta de la  ley sustancial   

          1.1.                      Se  omitió  valorar  el  concepto médico sobre  embriaguez   

          Argumenta  el  defensor  que fue ignorada la existencia del concepto  pericial   del   médico  forense  Álvaro  Hernández  Zambrano,  en  el  cual  se  exponen  las  reacciones  físicas,  psicológicas,  fisiológicas  y  funcionales  del  procesado para el  momento  en  que  ocurrieron  los  hechos,  habida cuenta que previamente había  ingerido licor (5 botellas aproximadamente).   

          El  casacionista  reprocha  al  Tribunal  por  haber  asumido que la  embriaguez  de  su  representado  no  era  grave  y  que no resultaba procedente  reconocer  en él una situación de inimputabilidad, motivo por el cual dice que  la   condena   se   fundamentó   en   meras   suposiciones   y  conjeturas  que  “dan  bases para casar esta sentencia pues el estado  de  conciencia  a  que  se  refiere  el  tribunal respecto de procesado está en  duda”.   

          Señala  que el Tribunal incurrió en un error de hecho al omitir la  valoración  del  referido  medio de prueba, “pasando  por  alto  su  importancia  de  manera conjunta, y de acuerdo a las reglas de la  sana crítica”.   

          Manifiesta  el  actor  que sin el yerro destacado en el fallo objeto  de  censura  se  habría  confirmado  la  condena  por  el  delito  de homicidio  culposo.   

Adicional  a  lo  expuesto  indica  que  al  omitirse  la  apreciación  del  concepto  médico  se  falseó  el  fallo, pues  “no  se  ha  buscado  la verdad real en este proceso  debido  a  que  no  se  han  averiguado  con  igual celo, las circunstancias que  demuestren    la    existencia    del   hecho   punible,   agrave   (sic)  o  atenúen, la responsabilidad del  procesado”.   

          1.2.                      Tergiversación    de   los   testimonios   de  José    Galindres    y  Jorge Ramírez   

          Manifiesta   el   defensor   que   el   ad  quem  cambió  el  sentido  que debía otorgarse a las  referidas  declaraciones, pues se minimizó lo expuesto por el primero, al decir  que   una   vez   producido   el   disparo,   HERNÁN  QUISTIAL  solicitó  que levantaran a la víctima pues  “sólo     fue     por     asustarlo”,  lo  que  acredita  su conducta culposa, y no el comportamiento  doloso que le atribuyó el Tribunal.   

          Respecto   del   testimonio   de   Efrén  Ramírez  señala  el  censor  que  se  le  desestimó  “gratuitamente”  al  ser  tenido  como  sospechoso  sin  que  hubiera  base para ello y sin atender que su  recepción   fue   solicitada   por   la  parte  civil,  siendo  “quizá  el  testigo  más  importante y veraz del asunto”,  dado  que  los  demás  declarantes  tenían  interés por ser  familiares de la víctima.   

Destaca  que  precisamente  el  mencionado  testigo  señaló que QUISTIAL  no   apuntó   con   el   revólver  a  Carlos  Alirio  Galindres, y que probablemente el disparo fue producto  de  un accidente en cuanto sólo quería asustarlo, circunstancia que contraría  lo  expuesto  por  los demás testigos, tales como Juan  Carlos  Villa,  José  Ignacio Galindres y Luis   Artemio   Quiguantar,  que  estaban  viciados     bien     por     su     “uniformidad  exagerada”     o    por    sus    “contradicciones”.   

          Rechaza    que    para   tener   el   testimonio   de   Jorge  Efrén  Ramírez como sospechoso, el  Tribunal  argumentara que declaró tardíamente, esto es, tres años después de  ocurridos  “unos  hechos  de difícil recuerdo en la  memoria”, cuando la capacidad de recordación varía  de  una persona a otra, sin que resulte posible una tal afirmación, en especial  si  se  aprecia  que  el declarante es un individuo joven, sano y lúcido, y por  tanto   su  exposición  debió  tenerse  como  neutral,  consciente  y  cierta.   

          Reitera   el   casacionista   que  el  referido  testimonio  no  fue  desvirtuado  con otros medios de prueba, y que soporta la ausencia de intención  en  el  procesado  respecto  del  comportamiento que se le imputó, en cuanto no  apuntó el arma de fuego con dirección a la víctima.   

          Aduce  el  actor  que  al  ser  variado  el grado de culpabilidad de  culposo  como  se  precisó en la sentencia de primer grado, por el doloso en el  fallo  atacado,  se violaron los artículos 2º, 5º, 8º, 37 y 329 del derogado  estatuto  penal,  “debido a que por error manifiesto  en  la  apreciación  de  las pruebas está en vilo la culpabilidad, la igualdad  ante  la  ley  y la responsabilidad a título de culpa del procesado”.   

2.            Cargo  segundo:  Nulidad  por  falta  de  impugnación del fallo de primer grado   

          El  defensor  expresa  que el fallo atacado infringió los numerales  2º  y 3º del artículo 304 del anterior Código de Procedimiento Penal, por la  comprobada  existencia  de  irregularidades  sustanciales  que afectan el debido  proceso y el derecho a la defensa del procesado.   

          Para  demostrarlo  expresa que el Procurador Judicial 181 de Ipiales  no  sustentó  en  debida forma el recurso de apelación que interpuso contra la  sentencia  de  primera  instancia, pues “se limitó a  lanzar  apreciaciones  genéricas,  abstractas,  contradictorias,  que  no,  los  motivos  exactos y precisos de su protesta, sin embargo se concedió el recurso,  violando  de esta forma las normas antes referidas” y  el artículo 215 del mismo ordenamiento.   

          Agrega  que  el  Tribunal  reconoció  las  falencias  destacadas al  señalar  que  la  impugnación presentada por el Procurador Judicial fue vaga y  precaria,  y  que  sus  errores  gramaticales  tornaban  aún  más  difícil la  comprensión de su inconformidad.   

          Por  tanto,  concluye  que si no había claridad en la sustentación  de  la  alzada,  correspondía  al  ad quem  no  tener en cuenta dicho recurso, más aún si se verifica que el  disparo  al  aire  por  parte del procesado se encuentra debidamente demostrado,  circunstancia  que permite vislumbrar que sólo quería asustar a la víctima, y  que  por  su  estado de embriaguez se produjo el resultado aquí investigado, el  cual sólo puede serle atribuido a título de culpa.   

          El  defensor  estima  violados los artículos 1º, 196 B, 215, y los  numerales  2º  y  3º  del  artículo  304 de la anterior legislación procesal  penal.   

          Con  fundamento  en  lo anotado, el censor solicita a la Corte casar  el  fallo  impugnado para que “en su lugar decrete la  NULIDAD  a  partir  de  la  providencia  que concede el recurso de apelación de  fecha  10  de junio de 1997 de la sentencia de primera instancia y deje en firme  la  de la señora Juez a quo por cuanto no se sustentó en debida forma, o en su  lugar   dicte   la   sentencia   que  reemplaze  (sic)  a la de segunda instancia”.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El  Procurador  Cuarto  Delegado  para  la  Casación  Penal  solicita  en  su  concepto no casar la sentencia impugnada por  carecer  la demanda de técnica y de fundamentación, con base en los argumentos  que  a  continuación  se  exponen,  para lo cual procedió a estudiar en primer  término  el cargo por nulidad, en virtud del principio de prioridad que rige en  este trámite:   

1.            Cargo  segundo:  Nulidad  por  falta  de  impugnación del fallo de primer grado   

          Considera  el Delegado que el censor falta a la técnica al enmarcar  su  censura de manera simultánea “como irregularidad  sustancial  que  afecta  el  debido  proceso  y  como  atentado  al  derecho  de  defensa”,   pues  cada  uno  de  estos  motivos  es  diverso.   

          Señala  que  la  indebida  sustentación  del recurso de apelación  interpuesto  contra  el  fallo  podría  dar lugar a un quebranto del derecho al  debido  proceso  como error de actividad, y no del derecho a la defensa, pues el  casacionista  tuvo  la  oportunidad de pronunciarse durante el traslado a los no  recurrentes, como en efecto ocurrió.   

          También   destaca   el   Ministerio   Público   que  la  falta  de  sustentación  de la impugnación por parte del Procurador Judicial ocasionaría  la   falta  de  competencia  del  ad  quem  para  resolver  la  alzada, y que por ello, el fallo sería ilegal  con  fundamento  en  lo  establecido  en  el artículo 307 de la Ley 600 de 2000  (artículo  304 del anterior estatuto de procedimiento penal), que no fue citado  por el censor como posiblemente vulnerado.     

          Adicional  a  la  falta  de precisión en la postulación del cargo,  dice  el  Procurador, tampoco el defensor consigue demostrar la ocurrencia de la  irregularidad,  pues  si  bien  al  impugnante  le  corresponde  como carga para  acceder  a  la  revisión  de  la providencia atacada que plantee los motivos de  inconformidad,  en  el  asunto  estudiado  el Tribunal reconoció que el escrito  impugnatorio  reunía  los requisitos mínimos a pesar de no ser “una  pieza  jurídica  excepcional” y de  evidenciar múltiples fallas gramaticales de diverso orden.   

Además,  manifiesta  el  Delegado  que  el  apelante  del  fallo  de primera instancia se valió de varios argumentos, tales  como:  la  forma  en  que  el  acusado  accionó  el arma contra la víctima; la  crítica   de   los   testimonios   a  partir  de  los  cuales  el  a  quo concluyó que el sindicado no tenía  intención  de  matar;  la  ausencia  de  elementos  en  la  etapa de juicio que  desvirtuaran  la  acusación;   y la crítica a la situación de embriaguez  extrema    aceptada    por    el    juzgador    sin   que   obrara   prueba   de  alcoholemia.   

Destaca  el  Delegado  que  si el Procurador  Judicial  al  apelar  el  fallo  de  primer  grado  no  invocó  en  su  escrito  disposiciones    legales,    ni    su    argumentación    fue   “alambicada”,  no por ello puede asumirse  que   el   recurso   careció  de  sustentación  o  que  no  hubiera  planteado  disentimiento  alguno  con la providencia atacada, dado que el artículo 215 del  Decreto  2700  de 1991 (artículo 194 del actual Código de Procedimiento Penal)  no  exige  particulares  formalidades para plantear la impugnación, y por tanto  la sustentación de la alzada se ajustó a las previsiones legales.   

          En  consecuencia estima el Ministerio Público que el cargo no está  llamado a prosperar.   

Cargo primero: Violación indirecta de la ley  sustancial   

          El   Delegado   expone   que   si   bien   el  censor  reprocha  que  el  ad  quem incurrió en un  falso  juicio  de  existencia  por  omisión respecto del dictamen pericial y en  falso  juicio  de identidad con relación a dos testimonios, en el desarrollo de  su  argumentación “omite precisar el sentido último  de la violación”.   

          Para  dar sustento a lo afirmado, el Ministerio Público señala que  el  defensor  no  precisa  si  los  referidos errores se produjeron por falta de  aplicación  o  aplicación  indebida  de normas sustanciales, pues se limitó a  relacionar  algunas  disposiciones  sin  determinar  por  qué y en qué sentido  fueron  conculcadas,  máxime  si en la exposición alude a la presencia de duda  acerca  de  la  forma  de  culpabilidad con la que obró el procesado, pero más  adelante  refiere que valorando conjuntamente las pruebas de conformidad con las  reglas  de  la  sana crítica, debió ser mantenido el fallo de primer grado que  condenó  al  procesado  por  el  delito de homicidio culposo, circunstancia que  denota  la  falta  de  claridad  y  de  precisión  en  los  fundamentos  de sus  pretensiones   que   no   consultan   las   exigencias   de  este  procedimiento  extraordinario.   

          Además,  destaca que no es cierto que el dictamen de Medicina Legal  que   se   dice  omitido  “constate  y  precise  las  reacciones    físicas,   psicológicas,   fisiológicas   y   funcionales   del  procesado”, y tanto menos que pruebe “de  qué  manera  esa ingesta afectaba el sistema nerviosos central,  cuáles  eran  sus  efectos  y  como  se  afectaban los órganos de los sentidos  cuando  se había tomado esa cantidad de licor”, pues  la  aludida  prueba  no  pasa de ser una simple exposición médica de carácter  general  que reitera los conceptos obrantes en cualquier obra que aborde el tema  de  los  efectos  del  alcohol  en  el  organismo  humano,  sin  que  se refiera  directamente   a   la   condición  del  procesado  al  momento  de  cometer  el  delito.   

          Unido  a  lo  anterior, el Delegado manifiesta que tampoco le asiste  razón  al  censor  en los argumentos pues a pesar de que en el fallo atacado no  se  menciona  expresamente  el  dictamen  de  Medicina Legal, el Tribunal en sus  reflexiones  desecha las precisiones teóricas que en el mencionado documento se  plasman,   al   desaprobar   los   argumentos   del  a  quo  sobre  el  comportamiento culposo de HERNAN   QUISTIAL   determinado   por  la  incoordinación motora derivada de su embriaguez.   

          También  destaca el Ministerio Público que lo importante no es que  en  el  fallos  se haga alusión a todos y cada uno de los medios de persuasión  en  los  que  se  fundamenta, sino que mediante la valoración conjunta de todas  las  pruebas  se  plasmen las consideraciones que permiten arribar a determinada  conclusión,    como    en    efecto    ocurrió    en    la   sentencia   aquí  impugnada.   

          Respecto  de  la  tergiversación de los testimonios de José     Galindres    y    Jorge  Ramírez, el Delegado indica que con  relación  al  primero  el  impugnante  se  limitó  a  exponer  que el Tribunal  “minimizó       la       trascendencia       y  significado”  de  su  declaración,  sin  que  ello  constituya  una  verdadera  crítica  demostrativa  de  tergiversación  alguna,  percibiéndose  por  el  contrario  una  simple  disparidad de juicio valorativo  entre  el  demandante  y  el  fallador de segundo grado, el cual expresó que lo  afirmado  por  este  testigo resultaba insuficiente para soportar la atribución  culposa  del comportamiento al procesado, en especial al cotejar su declaración  con otros testimonios obrantes en la actuación.   

          En  punto  de  la tergiversación que el actor denuncia respecto del  testimonio   de   Jorge  Efrén  Ramírez  en  cuanto atañe al manejo del revólver por parte del procesado,  el  Delegado  expone  que  como  si  se  tratara  de un memorial de instancia el  defensor  presenta  su  particular  enfoque de los elementos de persuasión y de  las  consecuencias  que  de  acuerdo con su criterio se derivan, sin sujetarse a  las reglas de esta impugnación extraordinaria.   

          Por tanto, considera que el cargo no debe prosperar.   

          Finaliza   el   Ministerio   Público  destacando  que  la  eventual  redosificación   de   la   pena   impuesta  en  aplicación  del  principio  de  favorabilidad  corresponde  adelantarla  al  Juez  de  Ejecución  de  Penas  de  conformidad  con  la  normatividad  procesal  penal  y  como lo ha expuesto esta  Sala.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Conforme  al principio de prioridad que rige  el  recurso  extraordinario  de  casación,  el  cargo segundo de la demanda que  postula  la nulidad de la actuación debe ser estudiado en primer término, dada  su  naturaleza  y  consecuencias,  pues  en  la eventualidad de prosperar haría  innecesario  el examen de la otra censura, que por la invalidación del fallo de  segunda instancia quedaría ayuna de objeto.   

1.            Cargo  segundo:  Nulidad  por  falta  de  impugnación del fallo de primer grado   

         Como  el demandante señala que el fallo impugnado violó el derecho  al  debido proceso y el derecho a la defensa de su asistido, bien está precisar  que  suficientemente  ha  sido  dilucidado  por la jurisprudencia, que la causal  tercera  de casación, esto es, cuando la sentencia ha sido dictada en un juicio  viciado  de  nulidad,  supone dos ámbitos precisamente delimitados. El primero,  la  vulneración  del  debido  proceso,  que  constituye  un vicio de estructura  (falta  de competencia, pretermisión de las formas propias del juicio, etc.), y  el  segundo,  el quebranto del derecho a la defensa, que engendra afectación de  la garantía.   

Siendo  ello así, es evidente la confusión  en  la  que  incurre el demandante al invocar de manera sincrónica, en igualdad  de  condiciones y por las mismas circunstancias la conculcación de los derechos  al  debido proceso y a la defensa, todo lo cual denota graves fallas de técnica  en  la  postulación  del  cargo; no obstante, la Sala procede a pronunciarse de  fondo,  pues por tratarse de una censura que denuncia el quebranto de derechos y  garantías,  menester  resulta que se estudie la viabilidad o no de que la Corte  acuda a su facultad oficiosa en este procedimiento.   

Advertido  lo  anterior  se  tiene  que  de  conformidad  con  la preceptiva del artículo 27 de la Ley 81 de 1993 (194 de la  Ley  600 de 2000), la sustentación del recurso de apelación interpuesto contra  la  sentencia  constituye  una  carga procesal para el impugnante, de ineludible  cumplimiento  si  aspira  a  conseguir  que  el  superior  funcional de quien la  profirió  conozca  los  motivos  de su inconformidad a fin de que la modifique,  aclare  o  revoque.  No a conclusión distinta puede llegarse de la consecuencia  procesal  prevista  por  la  ley  para cuando dicha carga se incumple, que no es  otra que la declaratoria de deserción del recurso.   

La  sustentación  debe  traducirse  en  la  manifestación  de  las  razones  fácticas, jurídicas o probatorias, sobre las  cuales  se  funda  la  discrepancia  con  la  decisión  impugnada, sin que ello  implique  que  tal  intervención deba verificarse de una determinada manera, en  tanto  que  lo  que  se  ofrece  trascendental  es  que  al funcionario que debe  resolver   el   recurso   le   sean   señalados  en  concreto  los  motivos  de  disentimiento,  que  a  la  postre  son  los  que delimitan su órbita funcional  (artículo 24 de la Ley 81 de 1993).   

          Lo  anterior  es así, porque los preceptos procesales no establecen  una  específica  forma de impugnación, de donde resulta razonable concluir que  puede   tenerse   como   adecuada   sustentación   aquélla  mediante  la  cual  explícitamente  se  refutan  los  fundamentos  de  la  providencia atacada, con  indicación  de las motivaciones o conclusiones que se consideran equivocadas, o  a  partir de la postulación de un criterio diverso del allí contenido, para el  cual  se  reclama  prevalencia  a  través  del  recurso interpuesto1.   

Auscultando desde la anterior perspectiva el  contenido  material  del  escrito  sustentatorio  del  recurso de apelación del  fallo  interpuesto  por el Procurador Judicial, pronto se advierte la sin razón  de  la  censura  del  casacionista,  pues  en  aquél  fueron  cuestionados  los  fundamentos de la referida providencia, tales como:   

i.            No  haber  reconocido  la  intención de  causar  daño  a  Carlos  Alirio Galindres  por  parte de HERNAN QUISTIAL  al  descender  de su vehículo, fingir que guardaba el revólver y  disparar  en  la cabeza a la víctima, como se desprende de las declaraciones de  Luis  Antonio  Quiguantar  y  Luis        Ignacio        Galindres.   

          ii.                       Otorgar  credibilidad a los testigos respecto de  que  HERNAN  QUISTIAL apuntó  el    revolver    hacia   “el   espacio”,     y     pese     a     ello     hirió     a     Galindres  en la cabeza, siendo el primero  de estatura superior a la del occiso.   

          iii.                      Aceptar  el  argumento defensivo expuesto por el  procesado       en      el      sentido      de      querer      “asustar” a la víctima, pues de ser ello  así,  HERNAN QUISTIAL debió  “disparar al piso, a los pies del ofendido o al aire  o   firmamento   de   una   manera  vertical  con  el  fin  de  no  causarle  la  muerte”.   

          iv.                       Variar  la  calificación jurídica provisional,  pese  a  que fue impartida por la Fiscalía en primera y segunda instancia, esto  es,  que  la  acusación  se  profirió por el delito de homicidio doloso, y sin  embargo el Juez condenó por homicidio culposo.   

          v.        Asumir  que  la  incoordinación  motriz del procesado al momento de  accionar  el  arma contra la víctima, derivada de su embriaguez, constituye una  conducta  culposa,  sin que obre en la actuación el correspondiente dictamen de  alcoholemia  que  permitiera  establecer  en  verdad  el  grado  de  ebriedad de  HERNAN QUISTIAL.   

Como   puede  observarse  de  la  anterior  relación  de  réplicas formuladas por el Procurador Judicial a los fundamentos  fácticos  y  jurídicos  del  fallo de primer grado, no hay duda alguna que sí  hubo  sustentación  del  recurso  que  interpuso,  en  cuanto  identificó  los  tópicos  con  los que estaba inconforme y acto seguido procedió a plantear las  razones que sustentaron su disentimiento, así como su pretensión.   

          Además,  como  con acierto lo destaca el Delegado, no es verdad que  el  Tribunal  reconociera  la  falta  de idoneidad del escrito sustentatorio del  recurso  de  apelación,  sino  que  simplemente,  tras  señalar algunas de sus  falencias   declaró   que  reunía  los  requisitos  mínimos  propios  de  una  sustentación    y    procedió    a    pronunciarse   sobre   el   objeto   del  recurso.   

          Finalmente,  en  cuanto de refiere a que el censor estima demostrado  que  el  procesado no apuntó el revólver a la cabeza de la víctima sino hacia  arriba,   y   que   la   muerte   de   Carlos  Alirio  Galindres  fue  producto  de  su actuar bajo estado de  alicoramiento,  baste  señalar  que  la  valoración  conjunta  de  las pruebas  adelantada  por  el ad quem lo  llevó  a  conclusiones  diversas,  sobre  las  que  el  censor en este cargo no  plantea  ni  demuestra  error  alguno,  y  sin  ello  no  consigue desvirtuar la  presunción  dual  de  legalidad  y  de  acierto  de  la  que está revestida la  sentencia atacada.   

          El reproche no prospera.   

2.            Cargo primero: Violación indirecta de la  ley sustancial   

          2.1.                      Se  omitió  valorar  el  concepto médico sobre  embriaguez   

Inicialmente  es  oportuno  precisar,  como  atinadamente  lo  destaca  el  Delegado,  que  no  es  cierto que en el concepto  pericial   del   médico  forense  Álvaro  Hernández  Zambrano   hayan   sido  expuestas  o  valoradas  las  reacciones  físicas,  psicológicas,  fisiológicas y funcionales del procesado  para  el  momento  en  que  ocurrieron  los  hechos,  pues  simplemente allí se  plantearon  de  manera  general  las  consecuencias  derivadas para el organismo  humano de la ingestión de licor.   

Advertido  lo  anterior,  vislumbra  la Sala  múltiples  falencias  técnicas  en la postulación y desarrollo de este motivo  de  censura,  que  unidas  a  la  falta  de  razón  de los argumentos expuestos  conducen a su improsperidad.   

          En   efecto,   el   defensor   señala   que   si   el  ad  quem  hubiera  valorado  el mencionado  concepto  médico  se  habría  eliminado  la  duda existente sobre el estado de  conciencia  del  procesado para el momento en que cometió el comportamiento, lo  que  conducía  a  reconocer  en  él  una  situación  de  inimputabilidad;  no  obstante,  el  demandante  olvida  que  la  lesión  del  principio in  dubio  pro reo puede ser alegada por la  causal  primera,  ya sea por la vía directa o por la indirecta, no obstante, el  desarrollo  y  acreditación  del cargo deben mantener coherencia con el sendero  escogido.   

Así,  pues,  si  se  postula  la violación  directa  de  la  ley sustancial, es preciso demostrar que el fallador reconoció  en  las  consideraciones  de  la  providencia  atacada  la  existencia  de dudas  trascendentes  de  imposible eliminación sobre la materialidad de la conducta o  la  responsabilidad del procesado, y pese a ello, profirió sentencia de condena  con  exclusión  evidente  de  la  norma  señalada,  cuando le correspondía en  consonancia con su exposición absolver.   

Y  si  el  vicio  denunciado  se funda en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, es necesario señalar si se trató  de  un  error de hecho por falso juicio de existencia, falso juicio de identidad  o  falso  raciocinio, o de un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso juicio de legalidad.   

          Como  se puede establecer en el reproche estudiado, el impugnante no  sujetó    su    libelo    a    ninguna    de    las   reglas   mencionadas   en  precedencia.   

          Igualmente,  el  casacionista  reprocha que al omitir el Tribunal la  valoración  del referido medio de prueba, pasó “por  alto  su  importancia  de  manera conjunta, y de acuerdo a las reglas de la sana  crítica”,  censura  que  incursiona en el discurrir  propio  del error de hecho por falso raciocinio, en la medida que el reproche no  se  orienta  a  la omisión del medio de prueba que se postuló (falso juicio de  existencia)  sino a que no fue valorado conforme a la sana crítica, determinada  por  las reglas de la ciencia, los postulados de la lógica o las máximas de la  experiencia, que no postula y tanto menos desarrolla.   

         Adicional  a  lo anotado, el actor expresa que si la prueba aludida  hubiera  sido  valorada, el fallo impugnado habría confirmado la condena por el  delito  de  homicidio  culposo;  no obstante, la Sala no evidencia, ni  el  actor  acierta  a  señalar,  de  qué  manera al valorar el  referido   concepto   legal  se  habría  demostrado  la  conducta  culposa  del  procesado,  y  cómo  se  habría descartado el comportamiento doloso por el que  finalmente se le condenó.   

Más adelante se advierte que la confusión  conceptual  del  demandante  es  aun  mayor,  pues  señala  que  al omitirse la  apreciación  del  concepto  médico  se  falseó el fallo, pues “no  se ha buscado la verdad real en este proceso debido a que no se  han  averiguado  con igual celo, las circunstancias que demuestren la existencia  del    hecho   punible,   agrave   (sic)   o   atenúen,   la   responsabilidad  del  procesado”,  planteamiento  que  una  vez  más abandona el desarrollo del  cargo   postulado,  para  ingresar  en  esta  ocasión  en  la  denuncia  de  la  violación  del  principio de investigación integral,  caso  en el cual le correspondía proceder en consecuencia, teniendo el deber de  demostrar  cuáles  fueron los medios de prueba favorables a los intereses de su  representado  que los funcionarios judiciales se negaron a practicar o a aducir,  y  cómo  con la corrección de tal omisión las conclusiones del fallo habrían  sido diversas.   

          Ahora,  si  bien  en  el  fallo  reprochado no se hace referencia al  concepto  médico  que echa de menos el defensor, es suficiente con precisar que  si  tal  escrito  no constituía un medio de prueba, sino simplemente un resumen  de  literatura  médica  sobre las implicaciones y transformaciones derivadas de  la  ingestión  de  licor  en  el  cuerpo  y  en  el  cerebro  humanos,  ninguna  trascendencia  se  advierte  en  su omisión. Además de ello, como lo expuso el  Delegado,  del  texto del fallo de segunda instancia puede concluirse que fueron  desechadas  en  este  asunto  las  observaciones  genéricas  que en el concepto  figuran,  dado  que  el  Tribunal  en  su  sentencia reprueba la forma en que el  a  quo  valoró en particular  el     estado     de     embriaguez    de    HERNÁN  QUISTIAL,  y  a  partir de tal crítica, unida a otros  medios  probatorios  como la apreciación de algunos testimonios, confecciona la  sentencia condenatoria por el delito de homicidio doloso.   

Entonces,   fácilmente  se  evidencia  la  ausencia  de  técnica en la postulación y presentación de este reproche, así  como  su  falta  de  fundamentación,  que  de  manera  inexorable  conduce a su  improsperidad.   

          2.2.                      Tergiversación    de   los   testimonios   de  José    Galindres    y  Jorge Ramírez   

Como  ya  ha  sido señalado por la Sala, el  error  de  hecho por falso juicio de identidad tiene lugar cuando el juzgador al  considerar   el  medio  de  prueba  distorsiona  su  contenido  cercenándolo  o  adicionándolo,  caso  en  el cual compete al actor, mediante el cotejo objetivo  de  lo  dicho  en  el  medio  probatorio  y lo asumido en el fallo, expresar sin  ambages  qué  aparte  fue  omitido  o  añadido  a  la  prueba, qué efectos se  produjeron  a  partir  de  ello, y lo más importante, cuál es la trascendencia  del  yerro en la declaración de justicia contenida en la parte resolutiva de la  sentencia  atacada,  tópico  que  no  puede  ser  demostrado con la exposición  subjetiva  del  criterio del impugnante, pues menester resulta que materialmente  acredite  que  el  error  condujo  a  la falta de aplicación o a la aplicación  indebida  de  la ley sustancial en el fallo, esto es, que corregido el yerro, la  prueba  debidamente valorada en conjunto con las demás modifica sustancialmente  el sentido de la decisión reprochada.   

En el desarrollo de este reproche es evidente  que  el  demandante  quebranta  las  reglas  técnicas  de la casación, pues no  dirige  su  actividad  a señalar qué apartes de los testimonios citados fueron  cercenados  o  adicionados  indebidamente  por  el  ad  quem,  sino  que  su reprobación la orienta a indicar  que  se  minimizó  lo  expuesto  por  el primero, dado que una vez producido el  disparo,   HERNÁN  QUISTIAL  solicitó  que  levantaran  a la víctima pues “sólo  fue   por   asustarlo”,  de  donde  el  casacionista  concluye    que   con   ello   se   acredita   la   conducta   culposa   de   su  representado.   

          Como  sin  dificultad  lo  observa  la  Sala,  el actor pretende dar  prevalencia  a  su  personal  valoración del referido testimonio, desconociendo  que  para  desvirtuar  la presunción de acierto y legalidad del fallo censurado  no  basta  con  plantear  una  diversa  manera de apreciar las pruebas, sino que  imprescindible  resulta  la demostración de yerros en los falladores, así como  la   acreditación   de   que   por   tales   equívocos  el  fallo  debió  ser  sustancialmente distinto y se impone entonces corregirlo.   

Similares  consideraciones pueden efectuarse  respecto  de  la  valoración  del testimonio de Efrén  Ramírez,  pues  el  defensor  insiste  una y otra vez  sobre  la  especial  valía que en su criterio denota esta declaración, pero no  procede  a  acreditar  errores  en  los  falladores, y sin ello, no demuestra el  cargo  que  postula.  Además,  no  coteja  lo expuesto por este testigo con los  demás  medios  probatorios,  circunstancia  de  más para que el reproche esté  llamado al fracaso.   

Si  el  intento  del  impugnante  apunta  a  demeritar  la  valoración que del testimonio de Efrén  Ramírez  adelantó  el Tribunal por contrariar alguna  regla  científica,  dado  que  se trata de un hombre joven y sano con capacidad  memorística,  le  correspondía actuar de manera consonante con ello planteando  un  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  en  virtud  del  cual, como ya se  advirtió,  el objeto de reproche recae sobre las inferencias y conclusiones que  de  la  prueba  se extraen, en la medida que violan las reglas de la lógica, la  ciencia  o  la  experiencia,  y  que  por tanto corresponde a un planteamiento y  fundamento   técnico   y   jurídico   diverso   del   abordado  aquí  por  el  defensor.   

          No  es cierto lo afirmado por el censor,  en  el sentido de que la declaración del testigo referido en precedencia no fue  desvirtuada  con otros medios de prueba, pues por el contrario, se acreditó con  fundamento   en   los   testimonios   de  Juan  Carlos  Villa,    Luis   Hernando  Charfuelán    y    Luis  Quiguantar,    que    efectivamente    HERNÁN   QUISTIAL   disparó  contra  la  víctima  luego  de  fingir  que  guardaba  el  revólver,  lo  que  descarta el  pretendido comportamiento culposo.   

En suma, el cargo propuesto como primero por  el  demandante  y  estudiado  en segundo lugar en esta providencia de acuerdo al  principio de prioridad, tampoco está llamado a prosperar.   

          CUESTIÓN FINAL   

Habida cuenta que con ocasión del tránsito  legislativo  de  la normatividad penal, el sentenciado puede eventualmente tener  derecho  a  que  se redosifique la pena impuesta en aplicación del principio de  favorabilidad,  al  cobrar  esta decisión ejecutoria el día en que se suscribe  sin  que  sea  susceptible  de  recurso  alguno  (artículo 187 de la Ley 600 de  2000),  compete  al Juez de Ejecución de Penas pronunciarse sobre ello (numeral  7°    del    artículo    79    ejusdem).   

          En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO CASAR la sentencia recurrida.  

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                   ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN              MARINA  PULIDO    DE    BARÓN                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

Impedido  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Cfr.  Sentencia de casación de 22 de mayo de 2003. Radicación 20756.     

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