13903(06-09-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 13903  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No.134  

          Bogotá,  D.  C.,  seis  (06)  de  septiembre de dos mil uno (2001).   

VISTOS  

          El  Juzgado  Décimo  Penal  del Circuito de Cali condenó al señor  Jaime  Antonio Tenorio Lazo a  prisión  de  32  meses,  multa  de  $50.000.00 e interdicción del ejercicio de  derechos  y funciones públicas por un término igual al de la pena privativa de  la libertad, como autor del  delito de estafa agravada.   

         

          Apelada  la  sentencia  por  el defensor, el Tribunal Superior de la  misma ciudad la confirmó en todas sus partes.   

         El  fallo  de  segunda  instancia  fue demandado en casación por el  representante   del  señor  Tenorio  Lazo.  Sobre  el  fondo  del  recurso  se  pronuncia  la  Sala  en  esta  sentencia.   

HECHOS  

         Sucedieron  en  Cali  en  el  mes de junio de 1986, cuando el señor  Jaime  Antonio  Tenorio Lazo,  quien  se  había  ganado  la  confianza  de  su  vecina Carmen Molina Cantumí,  anciana  mayor  de  80  años  (q.  e.  p.  d.), logró que ésta le otorgara la  escritura  pública  No.  1.573  en  la  Notaría  7ª.  por medio de la cual le  entregaba  en venta su casa de habitación, localizada en la calle 7ª. No. 8-56  de  dicha  ciudad,  por  un  precio  de  un  millón de pesos. La señora Molina  Cantumí  dijo  en  su  denuncia  que  nunca le había enajenado este inmueble a  Tenorio Lazo ni recibió, por  lo  tanto,  el  dinero  aludido.  Señaló que aquél le había realizado varias  gestiones,  tales  como  pago  de  catastro,  de  servicios  públicos,  retiros  bancarios,  etc.,  circunstancia que aprovechó para apropiarse de joyas, dinero  en   efectivo   y   de   un   lote   en   el   cementerio  “Metropolitano  del  Sur”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Con  fundamento  en  la  denuncia,  el  Juzgado  30  de Instrucción  Criminal   Radicado   de   Cali   ordenó   la   apertura   de   ins­trucción  el  3  de  marzo  de  1989.  Asignadas  las  diligencias al Juzgado 2º. de Instrucción Criminal de la misma  ciudad,  vinculó  mediante indagatoria a Jaime Tenorio  Lazo  y el 20 de febrero de 1989 decretó el cierre de  la  investigación,  que  anuló  el 13 de marzo siguiente con fundamento en que  había  surgido  un  nuevo  delito,  el previsto en el artículo 360 del Código  Penal.   

          Clausurada  nuevamente la investigación el 21 de noviembre de 1989,  se  calificó  con  reapertura mediante providencia del 19 de diciembre de 1989.  El  17  de  mayo  de  1991  fue  cerrada otra vez y el 30 de agosto siguiente el  instructor   profirió   resolución  acusatoria  por  el  delito  de  abuso  de  circunstancias   de   inferioridad   y   preclusión   respecto  de  los  demás  hechos.    

          El  28  de  abril  de 1992, el Juzgado 12 Penal del Circuito de Cali  decretó  la  nulidad  de  lo  actuado  a  partir  de la diligencia de audiencia  pública,  modificó  la  calificación  jurídica  provisional efectuada por el  instructor  y dispuso que el pliego de cargos lo fuera por el delito de estafa y  no  por  el  de  abuso de circunstancias de inferioridad. Apelada esta decisión  por  la  defensa,  el Tribunal Superior la revocó y ordenó que se decidiera de  fondo.   

          El  6  de octubre de 1992, el Juzgado 12 Penal del Circuito condenó  a  Tenorio Lazo a dos años de  prisión,  multa  de  dos  mil  pesos, interdicción del ejercicio de derechos y  funciones  públicas  y  suspensión  de la patria potestad, si la tuviere, como  autor del delito de abuso de circunstancias de inferioridad.   

          El  30  de  abril de 1993, el Tribunal anuló la actuación desde el  cierre  de  la investigación que condujo a la calificación del 30 de agosto de  1992,  con fundamento en que se trataba de un delito de estafa y no del descrito  en  el  artículo  360  del  Código  Penal.  Así  mismo, ordenó el envío del  expediente   a   la   Unidad  de  Fiscalía  de  delitos  contra  el  Patrimonio  Económico.   

          Asignadas  las  diligencias a la Fiscalía 48, declaró terminada la  instrucción  el  9  de  agosto  de  1995, determinación que luego revocó tras  advertir  que  no  se había resuelto la situación jurídica al procesado. El 4  de  enero  de 1996, el instructor profirió la resolución respectiva, afectando  al  procesado  con  medida  de  aseguramiento  de  caución  prendaria y el 2 de  febrero siguiente dio por terminada la etapa instructiva.   

          El  4  de  marzo  de  1996,  fue  calificado de nuevo el mérito del  sumario  mediante  resolución  acusatoria  contra el procesado por el delito de  estafa  agravada -artículos 356 y 372-1 del Código Penal-, providencia que fue  confirmada  el 11 de septiembre del mismo año por la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal Superior.   

          La  etapa  del  juicio  correspondió  al  Juzgado Décimo Penal del  Circuito  de  Cali,   donde,  tras  el  rito  correspondiente, se dictó la  sentencia  del  11  de  marzo  de 1997, que condenó al sindicado en la forma ya  mencionada,  fallo  ratificado el 15 de julio siguiente por el Tribunal Superior  de la misma ciudad.   

          La   defensa   interpuso   el   recurso   de   casación,  presentó  oportunamente  el  escrito,  fue admitido, y se recibió concepto del Procurador  Tercero Delegado en lo Penal.   

LA     DEMANDA   

         Un solo cargo presentó el defensor. Lo enunció así:   

          “El  Tribunal Superior … incurrió en la sentencia recurrida, en  la  causal  tercera  del  artículo 220 del Código de Procedimiento Penal, pues  …  se  ha  dictado  en  juicio  viciado de nulidad, debido a los serios vicios  procedimentales  que  afectan  el debido proceso, nulidad legal consagrada en el  artículo 304, numeral 2 ejusdem, …”.   

                     Estos fueron  sus argumentos:   

                    1. Los hechos  atribuidos  al  procesado  configuran  el  delito  de abuso de circunstancias de  inferioridad  consagrado en el artículo 360 del Código Penal y no el de estafa  que  describe el artículo 356 ibídem. Se incurrió en un grave yerro porque en  el  segundo  calificatorio se varió la denominación jurídica del ilícito sin  que  se  hubiera   modificado  el  aspecto fáctico, ni se allegara ninguna  prueba adicional.   

          2.  Falta  de ecuanimidad e imparcialidad del juzgador. Inicialmente  declaró  la  nulidad  de  la  audiencia  pública para variar la calificación,  señalando   que   no   existió   el  delito  de  abuso  de  circunstancias  de  inferioridad.  Sin  embargo,  después  que  el  Tribunal revocara tal decisión  resultó  condenándolo  por  dicha  conducta  delictiva,  a  pesar  que  en  la  indagatoria   no se le indagó sobre este ilícito. A más de ello, omitió  declararse   impedido,   no  obstante  que    con  antelación  había  calificado  el  delito  como  estafa.  Todo  lo  cual  demuestra  su “deseo de  condenar a toda costa”.   

          3.  En el asunto estudiado la acción penal prescribió antes de que  las  resoluciones de acusación cobraran ejecutoria. Los hechos ocurrieron el 20  de  junio  de  1986  y  el  primer  calificatorio  (por  el  delito  de abuso de  circunstancias  de  inferioridad)  quedó  en firme el 20 de septiembre de 1991,  cuando  ya  habían  transcurrido  más de 5 años. El segundo (por el delito de  estafa),  fue  confirmado  por  la  fiscalía  de  segunda  instancia  el  11 de  septiembre de 1996, es decir, más de 10 años después.   

          4.  Se  violó  el  principio  de  la  cosa  juzgada,  porque  en el  calificatorio  del 30 de agosto de 1991, que quedó en firme el 20 de septiembre  de  1991,   el  instructor ordenó la preclusión de los delitos que fueron  objeto de indagatoria, y uno de ellos fue el de estafa.   

          Pidió   se  decrete  la  nulidad  del  proceso  y  se  absuelva  al  procesado.   

EL    MINISTERIO  PÚBLICO   

          El  Procurador  Tercero  Delegado en lo Penal sugirió a la Corte no  casar la sentencia, por las siguientes razones:   

          1.  La  demanda  de casación es sustancialmente antitécnica porque  presenta  simultáneamente  varias  irregularidades  como  constitutivas  de  la  anulación   del   proceso:   indebida   calificación   del   hecho,  irregular  declaración  de  nulidad,  prescripción de la acción, falta de imparcialidad,  carencia  de interrogatorio sobre la estafa en la indagatoria y violación de la  cosa  juzgada  porque ya se había declarado la preclusión de la investigación  por   dicho   ilícito.   Agrega   que   los   múltiples  argumentos  esbozados  constituirían   motivos  diversos  de  nulidad  que  generarían  consecuencias  distintas  y afectarían la actuación en estados diferentes, razón por la cual  debían  presentarse  en capítulos separados y con su respectiva demostración,  y  no  limitándose  al  simple  enunciado  de  los  yerros  que  en su criterio  configurarían la nulidad de la actuación procesal.   

              2.   No   le   asiste  razón  al  censor  respecto  de  la  prescripción  de la acción penal por los delitos de abuso de circunstancias de  inferioridad  y  de  estafa.  El  término  prescriptivo para el primero es de 7  años,  y  éstos  no  se  habían cumplido para la fecha de la decisión que se  censura  (28  de  abril  de 1992). Dada la cuantía del objeto material sobre el  cual  recayó  el  delito  de estafa, ésta se calificó como agravada y, por lo  tanto,  la  acción  penal  por esta conducta prescribía en 15 años y no en 10  como erróneamente lo afirmó el defensor.   

          3.  Según  se  infiere del acta de la indagatoria y de la decisión  del  Tribunal  del  12  de  junio de 1992, que contiene argumentos que no fueron  rebatidos  en  la  demanda  de casación, no es cierto que al procesado no se le  hubiera  indagado  por  el  delito  de  estafa  ni que en el auto del 31 de  agosto  de  1991  se  ordenara  la  preclusión  de  la  instrucción  por  este  delito.   

          4.  El libelista no hizo ningún esfuerzo para demostrar el error en  que  incurrieron  los  falladores  en  relación con la calificación del delito  atribuido  al  procesado,  ni  desvirtuó  sus  razonamientos  en  torno  a este  aspecto.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          La  sentencia  objeto  de  estudio  no  puede  ser  casada,  por las  siguientes razones:   

          1.   El   defensor,   sin   el   cuidado  correspondiente,  anunció  imputación  por desconocimiento del debido proceso y dentro de un único cargo,  sin   las   especificaciones,  prioridades  y  distinciones  necesarias,  en  el  desarrollo   de   la   misma   hizo   referencia  a  múltiples  irregularidades  constitutivas   de  invalidación  del  proceso  sustentadas  en  la  equivocada  calificación  jurídica  de  la conducta, en la ausencia de interrogantes sobre  el  delito  de  estafa  en indagatoria, en la continuación de la investigación  cuando  la  acción  penal  estaba  prescrita,  en  la irregular declaración de  nulidad  de  parte de lo actuado y en la violación de los principios de la cosa  juzgada y de imparcialidad.   

          2.  El reproche así propuesto se apartó de las reglas mínimas que  surgen    del   deber   de   formular   los   cargos   en   forma   clara,            precisa,           fundamentada      y      autónoma  (numerales  3º.  y  4º.  del  artículo   212   del   Código  de  Procedimiento  Penal),  con  indicación  y  comprobación  nítida  de las irregularidades que son propuestas como principal  y  secundarias,  pues las consecuencias que dimanan de la eventual existencia de  una  de ellas pueden afectar de manera diferente y desde distinta oportunidad el  trámite del proceso.   

          El   actor   no   demostró   cómo   cada   una  de  las  distintas  irregularidades  denunciadas  había  afectado  de  manera  real  y concreta las  garantías  procesales  de  su  representado o la estructura del proceso, con lo  cual  dejó  de  lado  los requisitos del artículo 310-2 del Estatuto Procesal,  que  exige  al  proponente  de  la  nulidad  “demostrar  que  la irregularidad  sustancial,  afecta  garantías  de los sujetos procesales o desconoce las bases  fundamentales  de  la  instrucción y el juzgamiento”.   

          Olvidó  que la nulidad como remedio procesal no opera por el simple  señalamiento  de  una  supuesta  irregularidad y, por lo tanto, que no basta la  formal  y  aparente  reprobación  de un acto que se califica de injurídico. Es  menester,  como  es  apenas  obvio, precisar puntual y fundadamente la lesión o  menoscabo  producido  con  la  actuación  al  proceso o a las garantías de los  diversos   sujetos   que  en  él  intervienen.  Salvo  lo  relacionado  con  la  prescripción  de  la  acción  penal, todos los demás motivos de invalidación  invocados se quedaron en su mero enunciado.   

         3.  Considera  que  el juez de primer grado desconoció el principio  de  imparcialidad porque “no se marginó de la causa”, debiendo hacerlo, con  base  en  que  con  antelación  había  expresado  su  criterio  respecto de la  adecuación  típica de los comportamientos imputados al procesado. No obstante,  no  indicó  cuál  era la normatividad que obligaba al funcionario a declararse  impedido,  ni  de  qué  manera esta circunstancia implicaba una vulneración de  las bases fundamentales que estructuran el debido proceso.   

          Adicionalmente   -y   esto   sería  suficiente  para  responder  el  reproche-,  no  tuvo  en  cuenta  que  la  medida legalmente prevista ante la no  declaración  de  una  hipotética  causal  de  impedimento  no era la solicitud  a-posteriori de nulidad sino  la  recusación  inmediata del funcionario, todo ello sujeto al trámite y a las  consecuencias  establecidas  en  los  artículos  99 y siguientes del Código de  Procedimiento  Penal. Este mecanismo no fue utilizado dentro del proceso regular  por ninguno de los sujetos procesales.    

         

         4.  A pesar que la demanda gira en torno a la errónea calificación  jurídica  impartida  por  los  falladores al comportamiento atribuido al señor  Tenorio Lazo, el casacionista  no  desplegó  ningún  esfuerzo argumentativo para demostrar el yerro judicial.  Si  bien  eligió  la  vía de la nulidad, no expresó  cómo  se  llegó  a  la  falencia,  si  por ejemplo debido a errores de lógica  jurídica  en la aplicación del derecho al caso concreto o como consecuencia de  desaciertos  en materia probatoria. Con otras palabras, omitió indicar cómo se  produjo  la  transgresión  de  la  ley  sustancial, si por violación directa o  indirecta,  y  cuál la incidencia de ese error en la estructura del proceso. Se  limitó  a  presentar  un  escrito de libre factura a la manera de un trabajo de  instancia,  consignando  apreciaciones subjetivas y genéricas sobre los hechos,  al  estilo  de,  vgr.,  “las  pruebas recaudadas no  daban   para   condenar   por   estafa  sino  por  abuso  de  circunstancias  de  inferioridad”,  en  abierto  disentimiento  con  la  sentencia  impugnada,  pero  sin plantear ni demostrar, remotamente siquiera, la  existencia  en  ella de un desacierto en la selección o aplicación de la norma  sustancial y, menos aún, en la apreciación probatoria.   

         5.   Afirma   el   defensor  que  a  su  representado  “no  se le indagó técnicamente” por  uno  de  los  ilícitos.  La imprecisión del reparo y la falta de demostración  del  mismo impiden tener claridad sobre el contenido de la censura. Sin embargo,  resulta  evidente  su ausencia de fundamento, pues en la primera injurada que se  le  recibió  el  5  de  octubre  de  1988  se   interrogó  a Tenorio  Lazo  de manera amplia acerca de  la  negociación del inmueble a que hace alusión la escritura No. 1.573 y sobre  las  circunstancias  en  que  la  venta  fue  realizada,  y en la ampliación de  indagatoria  del  25  de abril de 1989 el instructor le preguntó abundantemente  respecto  de  las  condiciones de salud mental y física en que se encontraba la  señora  Carmen  Molina  Cantumí  para  el  momento  en  que  se  firmó  dicho  documento.   

         Como  lo  señaló el Procurador Delegado, el libelista olvidó que  la  indagatoria no se hace en relación con calificaciones jurídicas concretas,  sino   frente  a  los  hechos  que  se  consideran  constitutivos  de  conductas  penalmente  reprochables.  Siendo  así,  tenía la obligación de demostrar que  las  preguntas  formuladas  a  su defendido no tenían ninguna relación con los  hechos  materia  de la actuación judicial. Nada de ello hizo el censor. Tampoco  precisó  cuáles  fueron  los  aspectos  fácticos  respecto  de  los cuales el  procesado      no     fue     interrogado,     omisión     que     –ha  debido probarlo- haría imposible  la  deducción  de  los  cargos  que  le  fueron imputados en la acusación y la  posterior sentencia que declarara la responsabilidad.   

            

          6.  No es cierta la violación del principio de la cosa juzgada, por  la  potísima razón de que el delito de estafa no fue cobijado con la cesación  de  procedimiento decretada por la justicia el 30 de agosto de 1991. Esta medida  contenida  en  el  numeral  5º.  de la parte resolutiva de dicho proveído hizo  relación  a “todos los demás hechos punibles” indicados expresamente en su  parte  motiva,  vale  decir, el “hurto de las joyas”, “la retención de la  cédula”,  “la  apropiación  de $16.000.00” y “la apropiación del  dinero que tenía en la Caja Social de Ahorros”.   

          De  otra  parte,  no  podía  la  cesación de procedimiento hacerse  extensiva  al  delito  de  estafa, pues los hechos que sirven de sustrato a esta  imputación  son  exactamente  los  mismos que posteriormente fueran calificados  como  “abuso  de  circunstancias de inferioridad”. Mal se podría, entonces,  formular  simultáneamente pliego de cargos y cesación de procedimiento por una  misma situación fáctica.   

          Agréguese,  además, que desde la declaración de nulidad del 30 de  abril   de  1993, dispuesta por el Tribunal de Cali, se siguió hablando, a  partir de la nueva calificación, solamente de estafa.   

    

         7.  Se  equivocó el casacionista cuando  afirmó  que las resoluciones de acusación proferidas el 30 de agosto de 1991 y  el  11  de  septiembre  de  1996  fueron proferidas hallándose la acción penal  prescrita.  No  advirtió  que  dado  el perjuicio sufrido por la señora Carmen  Molina  con  la  defraudación  de  que  fuera víctima y la cuantía del objeto  sobre  el cual recayó la conducta delictiva, la acción penal para el delito de  “abuso  de  circunstancias de inferioridad” no podía prescribir antes de 10  años  y 6 meses de ocurridos los hechos, ni antes de 15 años para el delito de  estafa,  de  conformidad  con  las  previsiones de los artículos 80, 360 inciso  2º,  356  y  372-  1  del  Código  Penal  vigente  para  el  momento en que se  impartieron los calificatorios aludidos.   

         En  efecto,  para  calcular  el  término prescriptivo de la acción  penal,  debía  partirse,  según  el  caso,  de  las  penas  de 7 y 10 años de  prisión  consagradas  en  los citados artículos 360 y 356, y aumentarlas hasta  en  la mitad, en razón de que el inmueble objeto del ilícito tenía para el 20  de  junio  de  1986   (fecha  de  los  hechos)  un  valor  muy  superior  a  $316.358.66,  que es el valor de los $100.000.00 previstos en el artículo 372-1  ibídem,  actualizados  para  la  fecha  de  comisión  del  ilícito (según el  dictamen  pericial,  el  bien raíz en mención tenía un valor de $1.560.000.00  para   el   20   de   junio   de   1986,   cuando  se  suscribió  la  escritura  pública).   

         Significa  lo  anterior  que la causal de improseguibilidad invocada  –una  sin sentido, la que  se  refiere al primer calificatorio pues que fue anulado y la otra con él- como  motivo  de  nulidad  no  se  había  configurado  para  el  momento  en  que  se  profirieron  las  resoluciones de acusación referidas, pues la acción penal en  la  fase instructiva no podía extinguirse antes del 20 de enero de 1997 para el  delito  de abuso de circunstancias de inferioridad o el 20 de junio de 2001 para  el delito de estafa.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         No casar la sentencia impugnada.   

         Cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL             JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                                   CARLOS  A. GÁLVEZ ARGOTE                    

               No       hay  firma   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                        EDGAR LOMBANA  TRUJILLO               

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN                             NILSON E.  PINILLA   PINILLA                                   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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