11590(29-10-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    República    de  Colombia   

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso N° 11590  

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE  CASACIÓN  PENAL   

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ  PINZÓN   

APROBADO ACTA No. 166  

Bogotá, D.C., veintinueve (29) de octubre de  dos mil uno (2001).   

VISTOS  

         Resuelve  la  Sala  el  recurso  de  casación  interpuesto  por el  defensor  del  señor JAVIER  SIAGAMA  SIAGAMA contra la  sentencia  del  27  de  octubre  de  1995  dictada  por  el Tribunal Superior de  Pereira,  mediante  la  cual  confirmó  la  que  el 22 de agosto del mismo año  expidiera  el  Juzgado  Único  Promiscuo  del  Circuito  de  Belén  de Umbría  (Risaralda),  que  condenó  al  procesado  a la pena principal de 20 años y 10  meses  de  prisión,  a  la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  10  años y al pago de los perjuicios causados, como responsable  del delito de homicidio simple.   

HECHOS  

         El   23    de   junio   de   1994  en  la  finca  ‘La          India’,  ubicada  en la vereda Piñales del  municipio  de  Belén  de  Umbría,  fue hallado sin vida MAXIMINO o MAXIMILIANO  CASTRILLÓN,  a  quien  el  indígena     JAVIER  SIAGAMA SIAGAMA le propinó  múltiples  heridas  con  arma  cortopunzante, según reconocimiento que al día  siguiente  hiciera  ante  agentes  de  la  Policía  Nacional que lo privaron de  libertad.   

                            

ACTUACIÓN  PROCESAL   

         El  24  de  junio  de  1994  la Fiscalía 32 Seccional de Belén de  Umbría  decretó  la  apertura  de  instrucción  y  de  inmediato  escuchó en  indagatoria     al     señor    JAVIER      SIAGAMA     SIAGAMA,  a  quien  el  1º. de julio le impuso medida de aseguramiento de  detención preventiva.   

         Cerrada  la  investigación, el 2 de noviembre de 1994 se calificó  su  mérito  con  resolución  acusatoria como posible responsable del delito de  homicidio  agravado,  decisión  que  se  notificó  personalmente  a  todos los  sujetos  procesales  el  4  de  noviembre  del referido año, sin que se hubiere  interpuesto recurso alguno.   

         Después  de  celebrada  la  audiencia  pública  el Juzgado Único  Promiscuo  del  Circuito de Belén de Umbría, al que le correspondió adelantar  la  etapa  del  juicio,  dictó  sentencia  condenatoria en los términos que se  dejaron  reseñados,  providencia  que  fue  confirmada  en su integridad por el  Tribunal Superior de Pereira.   

LA  DEMANDA   

         Con  invocación de la causal primera de casación, cuerpo segundo,  el  demandante  censura  la sentencia por violación indirecta de los artículos  29-4  del  Código  Penal y 254 del Código de Procedimiento Penal para entonces  vigentes,  debido a errores de hecho que cometió el fallador al realizar falsos  juicios de identidad en la valoración de la prueba.   

         Afirma   que   el   Ad  quem  desestimó  la  versión  del  procesado en cuanto a la legítima  defensa,   porque  les  dio  credibilidad  a  testimonios  de  personas  que  no  presenciaron  los  hechos,  como  JOSÉ  BERNAL  BAENA,  JOSÉ LEONIDAS HERRERA,  MESÍAS  ANTONIO  MUÑOZ  VERA,  JAIRO  DE  JESÚS  ECHEVERRI, LUIS ALONSO ROJAS  PAREDES  y  JOSÉ  NORBEY  DUQUE,  cuyas declaraciones critica para concluir que  ninguna  de  ellas,  excepto  la  del  primero que relata su intuición sobre la  autoría  y los móviles del homicidio y que no fue apreciada imparcialmente por  el  fallador,  permite  desdibujar  la  causal  de  justificación y afirmar con  certeza que el hecho fue eminentemente doloso.   

                

         Sostiene  que, contrario a lo expresado en la sentencia, sí existe  prueba  de que el procesado obró en legítima defensa, pues la confesión no se  puede  considerar  únicamente  como reconocimiento de autoría. Sin embargo, el  Ad  quem  desfiguró  esta  prueba  cuando  afirma  en el fallo que SIAGAMA  SIAGAMA  nunca  manifestó  que  MAXIMILIANO  CASTRILLÓN  estuviese  armado en el momento en que lo atacó, pues  en  la  indagatoria  se lee que éste “sacó también navaja” y el procesado  mostró  la  herida  que recibió en su mano derecha. Esa tenencia del arma y la  agresión  injusta  e  inminente que puso en peligro la vida del sindicado y que  de  hecho lo lesionó, constituye para el libelista el fundamento de la legitima  defensa.   

Solicita  que se case la sentencia y, en su  reemplazo, se dicte otra de carácter absolutorio.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

         

Considera  el  Procurador  Delegado  que el  demandante  no  demostró  el  falso  juicio  de identidad respecto de la prueba  testimonial  que,  en  realidad,  no tiene la trascendencia que le atribuye para  desvirtuar  la  causal  de justificación alegada, pues ninguno de los jueces de  instancia  la confrontó con la indagatoria porque de antemano admitieron que no  hubo  testigos  presenciales  del  hecho.  Esta  circunstancia igualmente impide  acreditar,  con  base  en  tales  medios  de  convicción,  la  existencia de la  agresión pregonada por el recurrente.   

         El   censor  tampoco  analizó  la  versión  suministrada  por  el  procesado  para  demostrar  la  presencia  de  los  elementos que estructuran la  legítima  defensa,  limitándose  a  reclamar que se le diera credibilidad a su  defendido.  Y  aunque  en  realidad  el  incriminado  afirmó en su injurada que  CASTRILLÓN  lo  agredió  previamente con una navaja, la valoración contextual  de  sus  intervenciones le permitieron al juzgador rechazar el reconocimiento de  esa  causal  de  exclusión  de  responsabilidad,  pues  con base en las propias  manifestaciones   de   SIAGAMA   SIAGAMA  concluyó  que  no  hubo  discusión entre ellos, que la víctima  tenía  a  su  alcance  un  machete  que no intentó utilizar para atacarlo, que  aquél   quería   matar   a  CASTRILLÓN  y  que  éste  apenas  tenía  “una  navajita”, nada de lo cual examinó el demandante.   

En  consecuencia, solicita que se desestime  el cargo.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

La  Sala no casará la sentencia impugnada,  por las siguientes razones:   

         Si  bien  el  actor  no  precisó  con  exactitud  el sentido de la  violación  de  la  ley  sustancial  consecuencia  de  las  fallas en materia de  prueba,   la  Sala  le  contestará,  pues  se  puede  inferir  que  pensaba  en  inaplicación  del  artículo  29-4  del  Código  Penal  derogado. Respóndese:   

         1.  Ninguna  alusión  hizo  la sentencia de segunda instancia a la  prueba  testimonial  diferente  a  que su confrontación con la versión rendida  por  el  procesado  le  permitió al A quo  desatender  la  legítima defensa, afirmación que no resulta ser  rigurosamente   cierta  porque  éste  reseñó  las  declaraciones  sólo  para  referirse  a  “la personalidad, trato y amistad entre sindicado y ofendido”,  no  a  las  circunstancias en que ocurrieron los hechos que, como se reconoce en  ambas providencias, no fueron presenciados por testigo alguno.   

         2.  En  realidad,  la  única  prueba considerada en las instancias  para  no admitir la causal excluyente de responsabilidad fue la confesión hecha  por  el señor SIAGAMA, pues  de  su  análisis  concluyeron  que  la  idea criminosa se fue formando en éste  independientemente  de  que  existiera  provocación  o agresión de parte de la  víctima,  quien  a  pesar  de  tener  un machete a su alcance nunca lo tomó ni  mucho menos lo utilizó.    

         3.  Con  estos presupuestos, obviamente la censura debía dirigirse  a  la  demostración  de los errores en que hubieren incurrido los juzgadores en  la  apreciación  de  la  confesión  y  no,  como  equivocadamente  lo  hizo el  demandante,   a   reprochar  imaginarios  falsos  juicios  de  identidad  en  la  valoración  de  una  prueba  testimonial que, se insiste, de ninguna manera fue  tenida  en  cuenta  por  aquellos  para  examinar  lo  atinente  a  la legítima  defensa.   

         4.  Esta  razón explica que el casacionista no lograra señalar un  solo  error  en  ese  sentido y tuviera que limitarse, como en efecto lo hizo, a  enseñar  su  personal  criterio  sobre  aspectos  testimoniales  que carecen de  incidencia  en  la  decisión,  como  la  condición  homosexual de la víctima,  quedando el cargo huérfano de demostración.   

5.  Una  tal  argumentación  condujo  al  demandante  a  que  extraviara  el norte de su ataque -adivinado cuando reconoce  que  la  falta  de  testigos presenciales reduce a la confesión la prueba de la  legítima   defensa-   pues  en  lugar  de  demostrar  los  errores  que  en  su  apreciación  cometieron  los  falladores se contenta con reclamar que se le dé  credibilidad  a  su  cliente.  Por eso, el único error que en efecto demuestra,  relacionado  con  la  afirmación  del procesado sobre la tenencia de una navaja  por  parte  de  la víctima, queda sólo planteado en ese aspecto objetivo de la  posesión,   sin   trascender  hacia  la  estructuración  de  la  circunstancia  justificativa  de  la  conducta  ni  señalar  la incidencia que un yerro de esa  naturaleza podría tener en el sentido de la decisión.   

En   realidad,   únicamente   de  manera  tangencial  citó algunas explicaciones del acusado para apoyar la tesis central  del  recurso,  omitiendo  todo  análisis  sobre lo sustancial de los hechos. El  silencio  del  libelista  en cuanto a la aceptación del procesado del ánimo de  ocasionarle  la muerte a MAXIMILIANO CASTRILLÓN, de los motivos que alegó como  antecedentes  y  concomitantes  al hecho, así como de las circunstancias en que  éste  se  consumó,  resulta  incompatible con el deber que tiene de derruir la  base  probatoria  que  sirvió  de  fundamento  a  la  sentencia  para lograr la  prosperidad del ataque.   

6.  Además,  el  Tribunal no desfiguró la  versión  del procesado cuando rechazó su dicho sobre la supuesta agresión que  sufriera,  sino  que  simplemente  la  consideró  inverosímil como bien podía  hacerlo,  pues  la  ley  le  otorga amplias facultades para examinar la prueba y  asignarle  la  credibilidad  que  corresponda,  siguiendo  las reglas de la sana  crítica.   

Una  evaluación  así  no  es atacable con  éxito  a  través  del error de hecho, menos cuando lo pretendido por el censor  es  el  predominio  de su criterio, con desconocimiento del grado de convicción  que  los  elementos de juicio le proporcionaron al fallador, lo cual es ajeno al  objeto  del recurso de casación, pues tal proceder es propio de las instancias.  Por  lo  demás,  el demandante no demostró en qué consistió la violación de  las  reglas  de  la  experiencia,  de  la  lógica  o de la ciencia, como era su  deber.   

         De  la  improsperidad  del cargo se sigue que no habrá lugar a que  se  dicte  sentencia de reemplazo, lo cual implica que la Sala no podrá atender  la  solicitud de redosificación de la pena formulada por el defensor durante el  trámite  del recurso, petición que en consecuencia deberá ser decidida por el  juez de ejecución de penas y medidas de seguridad.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         1.  No casar la sentencia impugnada.   

         2.  Abstenerse  de resolver la petición de redosificación de pena  formulada por el defensor del procesado.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese  y  devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                          CARLOS  A.  GÁL­VEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                ÉDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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