13875nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 13875  

CORTE       SUPREMA      DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL.  

Magistrado  Ponente   

Dr.  JORGE E.   CORDOBA  POVEDA.   

Aprobado en acta N° 195  

Bogotá, D. C., diecisiete (17) de noviembre  de dos mil (2000).   

VISTOS  

Acudiendo  al  instrumento  jurídico  de la  respuesta  inmediata,  contemplado  en el artículo 10° de la ley 553 de 2.000,  se  pronuncia  la  Sala  sobre  la  casación  interpuesta  por  el  defensor de  ANDRES    EVERARDO   ESTRADA   LÓPEZ   contra  la  sentencia   del  7  de marzo de 1.997 proferida por  el   extinto  Tribunal  Nacional, en la que luego de  decretar la  nulidad    parcial    con     relación    al    ilícito   de   hurto  calificado  –    por    violación   del   derecho   de   defensa,   –   modificó    el   fallo   condenatorio   emanado   de   un   Juzgado  Regional  con  sede  en  Cali,   incrementando  la  pena   corporal   del  citado implicado en  un  año,  para  un  total  de 39 años de prisión y multa de $11.844.000,  al  hallarlo   responsable   de  los  delitos  de  concierto  para   delinquir,  secuestro  extorsivo  agravado y porte ilegal de  armas de uso privativo de  la   fuerza   pública,  utilización  ilegal  de  uniformes  y  concierto  para  delinquir,  según  hechos  acaecidos  el 17 de diciembre de 1.994 en zona rural  del  municipio  de  Tangua   (Nariño), donde figuran como ofendidos con el  plagio Luis Eduardo y  Rosalba Montilla Ortega.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Con  fundamento  en  la  causal  tercera del  artículo  220  del  C.  de  P.  Penal, dos cargos formula el defensor contra la  sentencia, buscando la nulidad de lo actuado.   

En  el  primero afirma que el incriminado no  fue  asistido en su injurada por un abogado, labor que se confió a un ciudadano  honorable,  con lo que se vulneró la garantía Constitucional establecida en el  artículo 29 de la Carta Política.   

En  el  segundo  asevera  que  el  procesado  careció  de  defensor  técnico  en  la  instrucción,  pues, fue privado de la  libertad  en  diciembre  19  de  1994 y sólo se le designó defensor letrado en  julio  10  de  1995.  Además,  que  el abogado de oficio “no realizó ninguna  actividad  en  pro  del  procesado,  como  alegato de cierre, recursos contra la  resolución acusatoria”.   

EL    MINISTERO  PÚBLICO   

Lo expuesto por el censor no encuentra   respaldo  en  la Procuradora Primera Delegada  en lo Penal quien solicita a  la  Corte   no  casar  la sentencia impugnada, al señalar que las alegadas  irregularidades  no  fluyen   ni tiene la trascendencia que el censor   quiere darles.   

Asegura  con  relación  al primer cargo que  aunque   resultaba  ser  cierto   que  el  procesado  fue  asistido  en  su  indagatoria  por  un  ciudadano  honorable,  también  lo  es que, para ese  entonces,  tal proceder se ajustaba  a la legalidad, pues estaba vigente en  su   integridad  el  artículo  148   del  Código   de  Procedimiento  Penal,   que  autorizaba  los  servicios  de  una  persona   honorable  permitiéndole  fungir  como  defensor  en  ese  acto  procesal,  con  la única  limitante de no  ser servidor público.   

Ahora  bien,  en  lo que respecta al alegado  abandono  de  la  defensa  por  inactividad  del letrado nombrado oficiosamente,  sostiene   que   aunque  resulta   ser  cierto  que  el  profesional  del  derecho  tomó  posesión  del  cargo    un  poco  antes   de  efectivizarse  el  cierre  de   la  investigación  –  segundo  cierre,  puesto  que  el primero se invalidó –  y  adoptó   una  posición  pacífica,  aquella   se  suplió  con  una   cuidadosa  instrucción  que  abanderó la propia  Fiscalía  frente a  la  aceptación  de  responsabilidad por parte del infractor y  sabida  la  situación de flagrante delito en que fue aprehendido, pues al momento de su  captura  le  fue   encontrado parte del dinero exigido a los familiares del  plagiado.   

Como  si lo anterior fuera poco, asegura que  resulta  indudable  que  ante la inactividad  del abogado oficioso, el  Juez   optó   por   reemplazarlo   por    un   defensor   público,  quien  ejercitó   su  labor dentro de las posibilidades que ofrecía el plenario,  para  finalmente  presentar  unos  juiciosos  alegatos,  los  que pese a la  irrefutable  prueba  de  cargo,  buscaban  atenuar  su  responsabilidad,  lo que  permite  concluir   que  la garantía de defensa  fue respetada dentro  de  las posibilidades, razón más que suficiente  para desestimar  la  segunda pretensión.   

CONSIDERACIONES DE  LA CORTE  

1.- A partir de la vigencia del artículo 10  de  la  ley  553 de 2000, que reformó la casación, es procedente dar respuesta  inmediata,  siempre  y  cuando  sobre  el  tema jurídico sobre el cual versa el  cargo  o  los  cargos propuestos en la demanda ya se hubiese pronunciado la Sala  en  forma  unánime  y  de  igual  manera  no  considere necesario reexaminar el  punto.   

2.- Con relación a los tres temas jurídicos  propuestos,   la   Corte,  de  manera  unánime  y  pacífica,  ha  afirmado  lo  siguiente:   

2.1.  No  hay  nulidad  cuando  el  cargo de  defensor  para  la  indagatoria  del  procesado, cuando no se pudo contar con la  presencia  de un abogado titulado, se confió a un ciudadano honorable, antes de  haber  sido  declarado inexequible, mediante sentencia C-049 del 8 de febrero de  1996  de  la Corte Constitucional, el inciso primero del artículo 148 del C. de  P.  Penal,  pues  la actuación se sujetó a la ley vigente y la declaratoria de  inconstitucionalidad sólo produce efectos hacia el futuro.   

Como antecedentes jurisprudenciales se pueden  citar  los  fallos  calendados  el  26  de  junio de 1.996. M.P. Ricardo Calvete  Rangel;  el  6  de  mayo  de  1.998.  M.P.  Nilson  Pinilla Pinilla;  el 20  de   enero de 1.999 M.P. Carlos Eduardo Mejía Escobar ; y el 28 de octubre  de 1.999 M.P. Alvaro Orlando Pérez Pinzón.   

2.2.  Que  la falta ocasional de defensor no  comporta   desconocimiento   de   esa  garantía,  cuando  aquél  pudo  ejercer  oportunamente  los  actos  defensivos  que  pudieron  haber sido llevados a cabo  durante  el  tiempo en que el procesado careció de asistencia profesional, pues  ningún  sentido  tendría  invalidar  un  proceso  para que la defensa vuelva a  tener  una  oportunidad que ya tuvo (ver, entre otras, casación, mayo 27/99, M.  P.  Dr.  Ricardo  Calvete Rangel; casación 11838 mayo 25/2000, M. P. Dr. Alvaro  O.  Pérez Pinzón; casación 10547 junio 15 de 1999 y casación 11555 agosto 11  de  1999,  M.  P.  Dr.  Fernando  Arboleda  Ripoll;  casación  10088  del 11 de  diciembre  de 1998, M. P. Dr. Jorge E. Córdoba Poveda; casación 12302 de abril  5 de 2000, M.P. Dr. Jorge E. Córdoba Poveda).   

2.3.  Con relación a la alegada inactividad  del  defensor  se ha dicho que sólo procede la nulidad en aquellos casos en que  “el  asunto  ha  sido  abandonado  por  el  apoderado  sin que ese alejamiento  constituya  una  estrategia defensiva, siempre que del expediente resulte que de  haber  existido  una defensa real se habría logrado una decisión menos gravosa  para  el  procesado” (ver, entre otros, casación 9994, octubre 3/96 M. P. Dr.  Nilson  Pinilla  Pinilla; 11502, septiembre 18/97 M. P. Dr. Fernando E. Arboleda  Ripoll;  10003,  junio  3/98 M. P. Dr. Dídimo Páez; 11005, febrero 4/99, M. P.  Dr. Ricardo Calvete Rangel.   

3.-  Como el señor Andrés Everardo Estrada  López  rindió  indagatoria  en las condiciones anotadas, el 20 de diciembre de  1994,  dicha  actuación  se sujetó a la ley vigente, sin que la asistencia por  un ciudadano honorable sea generadora de ninguna nulidad.   

4.- Así mismo, aunque es cierto que durante  buena  parte de la instrucción no contó con un defensor letrado, esa falta fue  oportunamente  suplida,  pues  el abogado designado se posesionó el 10 de julio  de  1995  y  la  investigación  fue  definitivamente  cerrada  el  15 de agosto  siguiente.   

5.   En   lo   atinente  a  la  pretendida  inactividad,  el  expediente revela que no hubo abandono de la defensa, sino que  se  trató de una estrategia defensiva frente a la contundencia de la prueba que  arrojaba  el  expediente, lo que hacia aconsejable una labor de simple control y  vigilancia.   

En las condiciones precedentes, los cargos no  prosperan.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre   de   la    República   de   Colombia   y   por  autoridad  de  la  ley.   

RESUELVE:  

NO  CASAR  la  sentencia impugnada.   

Cópiese, cúmplase y devuélvase al Tribunal  de origen.    

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA  RIPOLL                                            JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE                             JORGE    ANIBAL    GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                          CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

No hay firma  

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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