13649(23-05-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 13649  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                                Dr.     JORGE    ANÍBAL    GÓMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta N° 74   

          Bogotá D.C., veintitrés de mayo de dos mil uno.   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  el recurso extraordinario de casación interpuesto  por   el   defensor   de   PASTOR   JIMÉNEZ  HEREDIA  contra  la  sentencia  de  condena  proferida  por  el  extinto  Tribunal  Nacional  el  3  de  noviembre  de  1996,  que  confirmó con  modificaciones  la  de  un  Juzgado  Regional de Bogotá que lo declaró coautor  responsable  del  concurso  de  hechos  punibles  de  secuestro extorsivo, porte  ilegal  de armas de fuego de defensa personal y utilización ilegal de uniformes  e insignias de uso privativo de las Fuerzas Militares.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

         

          Aproximadamente  a  las 7 de la noche del 13 de junio de 1995, cinco  individuos  vestidos  con  prendas  de  uso  privativo  de las fuerzas armadas y  provistos  de  armas  de  fuego de defensa personal, se hicieron presentes en la  hacienda  “Pedregales”  ubicada  en  el municipio de Prado, departamento del  Tolima,  con  el  cometido de privar ilícitamente de la libertad al propietario  del  fundo,  Evangelista  González  Pantoja, para exigir por su liberación una  suma  millonaria.  Sin embargo, cuando se disponían a ejecutar la acción, ante  el  precario estado de salud de la víctima, los plagiarios optaron por llevarse  a  su  yerno  Edgar  Gaitán  Ospina,  por  cuyo  rescate solicitaron la suma de  cincuenta  millones de pesos que debían ser entregados el 30 de junio siguiente  en    la    finca   ‘San  Miguel’  del  Municipio de  Dolores, en la misma jurisdicción departamental.   

          En  esta  fecha no se pudo entregar el dinero exigido, motivo por el  cual   uno   de   los   plagiarios,   Paulino   Osorio   Torres,   se  comunicó  telefónicamente  con  los  familiares  del  secuestrado, momento en el cual fue  descubierto  y  privado de libertad, no sin que antes delatara a sus compinches,  Oliverio  Díaz,  Gerardo  Vásquez  Torres  y  PASTOR JIMÉNEZ HEREDIA, quienes  también  fueron  aprehendidos,  e  informara el lugar del cautiverio de Gaitán  Ospina, donde fue liberado el 15 de julio del mismo año.   

La correspondiente investigación la asumió  la  Fiscalía Regional Delegada de la SIJIN de Ibagué, despacho que después de  escuchar  en indagatoria a los capturados y practicar algunas pruebas tendientes  al  esclarecimiento  de  los  hechos,  envió  las  diligencias  a la Dirección  Regional  de  Fiscalías  de  Bogotá  donde  se  les  resolvió  la  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento de detención preventiva sin derecho a  excarcelación,  como  coautores  del  concurso  de hechos punibles de secuestro  extorsivo  agravado,  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de defensa personal y  utilización  ilegal  de  uniformes  e insignias de Organismos del Estado.    

Cuando había avanzado más la instrucción,  los  sindicados  Oliverio Díaz, Paulino Osorio Torres y PASTOR JIMÉNEZ HEREDIA  se  acogieron  al trámite de la sentencia anticipada, aceptando la totalidad de  los  cargos imputados en la resolución de situación jurídica, según acta del  6 de junio de 1996.    

Fue así como por fallo del 15 de agosto del  mismo  año un Juzgado Regional de Bogotá condenó a cada uno de los acusados a  la  pena  principal  de  24 años de prisión y multa por valor de 66.6 salarios  mínimos  legales  mensuales,  a  la  accesoria  de  interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  10  años,  y  a  pagar  solidariamente  en favor del  ofendido  el  equivalente  en  moneda  nacional  de 400 gramos oro, a título de  indemnización de perjuicios.   

La  sentencia dispuso también la pérdida a  favor  del  Estado de las armas, municiones y prendas incautadas en razón de la  investigación,  y  les  negó a los procesados el sustituto penal de la condena  de ejecución condicional.   

Inconformes los sentenciados con la decisión  que  viene  de relacionarse, la impugnaron ante el Tribunal Nacional, recibiendo  de  éste  la  confirmación  con  la única modificación de la pena pecuniaria  que,  acatando el principio de legalidad, adecuó al mínimo legal resultante de  la  conjugación  normativa  de  los  tipos penales violados, para dejarla en 68  salarios mínimos  legales.             

LA  DEMANDA   

Con  fundamento en la causal primera, cuerpo  primero  del  artículo  220 del Código de Procedimiento Penal, un único cargo  formula   el   defensor  de  PASTOR  JIMÉNEZ  HEREDIA  cuando  dice impugnar extraordinariamente el fallo del  Tribunal  Nacional  por violación directa de la ley sustancial, “por   falta   de   aplicación   del   artículo  299  de  la  mencionada  normatividad  que  consagra  unos beneficios por  confesión”(Negrilla  del  texto  de  la  demanda).   

En  el  desarrollo  del  cargo el demandante  afirma:  “El concepto de la violación lo contiene el  dato  cierto de que el Juzgador, al momento de proferir la sentencia y dosificar  la  pena,  no  consideró,  como  lo  ordena  la ley, el hecho probado de que mi  defendido,  PASTOR  JIMÉNEZ  HEREDIA,  al  momento de su indagatoria aceptó su  participación  en  el  hecho  que  se investiga y su captura no se produjo, por  otro lado, en flagrancia”.   

Advierte  el  casacionista  que no es que se  esté  desconociendo o debatiendo por esta vía el examen de los hechos y de las  pruebas  realizado  por  el  juzgador,  sino  argumentando  que  “al  paso  que el juez reconoce una circunstancia -la confesión-, no  abona  las  consecuencias  punitivas  que tal reconocimiento genera.”   

La  norma  dejada de aplicar, vale decir, el  precepto  que  consagra  la reducción de la sanción a la que se hace merecedor  quien  confiesa  su  delito,  es  de  índole sustancial, asegura, porque regula  aspectos  atinentes a la pena y, si se halla acreditado que su asistido no sólo  admitió  los  cargos  que dieron pié para culminar anticipadamente el proceso,  “sino  que  fue  por  su colaboración que se logró  esclarecer  lo  realmente  ocurrido  hasta  el punto de que actualmente se está  investigando  la  posibilidad  de  que  nos hallemos ante un típico          autosecuestro”,   el   sentenciador   al   inaplicar  la  mentada  norma  está  desconociendo  en favor del procesado el beneficio allí estipulado, no empece a  que   los   requisitos   que   ella  exige  para  su  concesión  se  encuentran  satisfechos.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

          Para  la  Procuradora  Primera Delegada en lo Penal, el cargo único  formulado  por  el  censor  por  la  vía  de  la  violación  directa  no puede  prosperar,  en  tanto el fallo censurado en manera alguna reconoce la existencia  de  los  presupuestos  que  para  acceder  a  la  reducción  punitiva reclamada  contempla  el  Art.  299  del C. de P. Penal, cuya falta de aplicación se aduce  como motivo de casación.   

          Es  que  el A-Quo,  cuyo   fallo   conforma   una  unidad  inescindible  con  el  que  profirió  el  Ad-Quem   por   ser  éste  confirmatorio  de  aquél,  fue  categórico  en negar expresamente la rebaja de  pena  que  el  actor  dice  echar  de  menos;  y  en  apoyo  de  su  aserto,  la  representante  del  Ministerio Público transcribe lo pertinente de la sentencia  en cuestión.   

          Amén  del  reseñado  desacierto,  en  otro  más  de tipo técnico  incurre  el  censor  al controvertir la conclusión del fallador relacionada con  la  circunstancia  de  flagrancia  que rodeó la captura del procesado, acota la  Delegada,  postura  que contraviene la técnica que debe observarse en casación  cuando  de  recurrir por la vía de la violación directa se trata, supuesto que  en  tal evento “no se pueden discutir los hechos, las  conclusiones  e  inferencias  a  que  arribó  el  juzgador,  porque se trata de  plantear  un  cuestionamiento  jurídico  sobre  la  norma,  no sobre el aspecto  probatorio”,  como  lo  tiene  dicho la Sala, dos de  cuyos pronunciamientos cita.   

          Los  yerros  técnico-conceptuales  de  los  que  adolece  el cargo,  conspiran  contra  su  prosperidad,  aduce  finalmente la agencia del Ministerio  Público,  razón  suficiente  para  solicitar  a  la  Corte  no  casar el fallo  impugnado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          1.  Violación directa de la ley sustancial por falta de aplicación  del  Art.  299 del C. de P. Penal, precepto que reduce la punibilidad en caso de  confesión,  es  la  única  censura  a  la que se contrae la demanda presentada  contra  la  sentencia  del Tribunal Nacional.  No obstante, la enunciación  del   cargo   no   corresponde   con   su   desarrollo,   como  seguidamente  se  verá.   

          Ciertamente,  cuando  era de esperar que el casacionista le mostrara  a  la  Corte cómo el juzgador dejó de aplicar la reducción punitiva señalada  en  el citado Art. 299, no empece reconocer en el fallo la concurrencia de todos  y  cada  uno  de  los  presupuestos  que  para tal efecto demanda dicho precepto  -ausencia  de  flagrancia,   existencia  de  confesión  desde  la  primera  versión,   y   que   ésta  haya  sido  el  sustento  de  la  condena-,  en  la  fundamentación  de  la  censura  abandona  la vía seleccionada para centrar el  reproche    sobre    aspectos    que   dicen   relación   con   la   violación  indirecta.   

          No  otra  cosa se desprende de la categórica afirmación del censor  en  el  sentido  de  que  el  concepto  de  la violación argüida lo constituye  “el  dato  cierto” de que  el  juzgador  al  proferir  sentencia  y  dosificar la correspondiente sanción,  “no  consideró,  como  lo  ordena  la ley, el hecho  probado  de  que  mi  defendido,  PASTOR  JIMENEZ  HEREDIA,  al  momento  de  su  indagatoria  aceptó su participación en el hecho que se investiga y su captura  no     se     produjo,     por    otro    lado,    en    flagrancia.”   

         

Entonces,  si para el demandante el fallador  ignoró  la  confesión  que suministró el procesado desde su primera versión,  fenómeno  que  en  su  sentir  constituye  “un hecho  probado”   dentro   del   proceso   y   que   como  “dato  cierto” configura  el  sentido  de  la violación pretextada, así debió alegarlo pero por la vía  de  la  violación  indirecta, con la demostración del error de hecho por falso  juicio   de  existencia,  ya  que  el  fallador  “no  consideró”   esa  confesión  que  refulge  de  la  injurada  del  acusado,  valga  decir,  omitió  apreciar  una prueba legalmente  producida en el proceso.   

         

Pero  el  dislate  sube  de  punto  cuando a  renglón  seguido  el  censor  incurre  en  insalvable y fatal contradicción al  sostener  dentro del mismo cargo que, “al paso que el  Juez  reconoce  una  circunstancia  -la  confesión-, no abona las consecuencias  punitivas    que    tal   reconocimiento   genera”.   

Una  tan veleidosa formulación del cargo da  al   traste  con  su  prosperidad,  en  el  entendido  de  que  en  una  censura  simultáneamente  no  pueden aducirse sobre un mismo aspecto los dos sentidos de  violación  de  la  ley  sustancial,  la  directa  y  la  indirecta, defecto que  paladinamente  se  pone en evidencia cuando inicialmente la demanda sostiene que  el  fallador  desconoció la reducción punitiva reclamada, porque omitió tomar  en  consideración  la  confesión  vertida  por el procesado en su indagatoria,  para   seguidamente   expresar  que  aunque  reconoció  la  existencia  de  esa  confesión,  al  momento de graduar la pena dejó de aplicar la reducción a que  estaba obligado en virtud de aquel reconocimiento.   

2.  Con  todo,  si la sentencia se ataca por  violar  en  forma  directa  la  ley sustancial al no haberse dado aplicación al  artículo  299 del Código de procedimiento Penal, bajo la hipótesis de que los  presupuestos  fácticos  para  su  operancia  fueron  admitidos por el fallador,  quien  no  obstante  omitió  reconocer  sus efectos favorables en la pena, como  parece  ser  la  propuesta del casacionista, tampoco en lo fundamental le asiste  la razón.   

En  efecto,  teniéndose  de presente que el  fallo  de  primera  instancia  conforma una unidad inescindible con el proferido  por  el  superior  en  aquellos  puntos  que  no fueron modificados o revocados,  carece  de veracidad la afirmación que hace el libelista en el sentido de que a  pesar  de  haber  dado por satisfechos el juez los presupuestos normativos de la  rebaja  de  pena  por confesión conforme los dictados del artículo 299 C.P.P.,  no  abonó  las  consecuencias punitivas que un tal reconocimiento genera.   Por  el  contrario,  la  expresa  mención  de  que  por  lo  menos  dos de esos  condicionamientos  no  se  cumplían  en  este  caso,  resulta  patente  en  las  motivaciones de la sentencia, como se verá a continuación:   

   Es  cierto  que  la  petición  de  reducción  de  pena  por  confesión  la hizo la defensa desde la diligencia de  aceptación  de  cargos para sentencia anticipada (Fls. 152 del cuaderno Nº 2),  pero  igualmente  es  verdad  que el A-Quo la  negó  por  considerar  que  a los procesados se les capturó en  situación   de  flagrancia,  como  quiera  que  “fueron  plenamente reconocidos e  individualizados  como  los  Autores  de  los delitos aquí juzgados”,  y  además porque “sus versiones no  constituyen  base  suficiente  para  el  fallo  de condena, ya que los elementos  probatorios  allegados  en  legal  forma  convergen  unívocamente  a  la  misma  situación.”(Fls.       177       idem).   

Siendo  así las cosas, no es posible alegar  violación  directa  de  la ley sustancial por haberse omitido el reconocimiento  de  la  reducción punitiva que contempla el artículo 299 del C.P.P., porque el  sentenciador,  confrontando  la  situación  del  justiciable, sí contempló el  precepto  echado  de  menos,  sólo  que  lo hizo en forma negativa, esto es, al  considerar  que  no  se  daban para el caso dos de los presupuestos que exige la  norma  para  producir  efectos reductores de la punibilidad, decidió aplicar la  prohibición  implícita  en  ella que rige para los eventos que no se avienen a  sus previsiones.   

En  este  orden  de  ideas, si se atiende la  forma  como  la  sentencia  impugnada se ocupa del asunto que motiva la censura,  para  extrañar  la  rebaja de pena por confesión al casacionista no le quedaba  otro  camino  que demandar por la vía indirecta alegando un error de hecho o de  derecho  en  la  apreciación  de las pruebas en orden a demostrar, por ejemplo,  que  en  virtud  de tal vicio el sentenciador llegó a la equivocada conclusión  de  que  se  había  dado  la  flagrancia,  o  cualquiera  otro de los elementos  considerados como enervantes del denegado beneficio.   

Mas  como  nada  de ello intenta siquiera el  actor, el cargo está llamado al fracaso.   

          En  mérito  a  lo  expuesto,  la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

  RESUELVE   

         No casar el fallo impugnado.   

Cópiese,  cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

No hay firma  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS               CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                          Salvamento de voto   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                    

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN                NILSON PINILLA  PINILLA                                

Salvamento  parcial  de  voto                                          No hay firma   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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