13624(13-02-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 13624  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta Nº  23  

          Bogotá   D.   C.,   trece   (13)   de   febrero  de  dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS  

          La  Sala  procede  a  decidir el recurso extraordinario de casación  interpuesto  por  la representante de la parte civil, contra la sentencia del 13  de  mayo  de  1997, mediante la cual el Tribunal Superior de Pamplona revocó la  condena  impuesta  por  el  Juzgado  Primero  Penal del Circuito de esa ciudad a  FIDELÍN  PARADA  PARADA como  autor  del  homicidio  cometido  contra  Hernán Jaimes  Buitrago.   

HECHOS  

          La  sentencia  de  primera instancia, dictada el 24 de enero de 1997  por  el  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de Pamplona, concreta los sucesos  así:   

“Tuvieron  ocurrencia a eso de las tres y  media  de  la tarde del día veintinueve de octubre de mil novecientos noventa y  cinco   en   el   sitio   denominado  ‘Las  brisas’  de la vereda Caliche del municipio de Ragonvalia.   

“De  autos  se sabe que el señor Hernán  Jaimes  se  desplazaba  de la población de Ragonvalia hacia la de Chinácota en  su  vehículo  automotor  venezolano  de  placas  SAZ-654 y al pasar frente a la  residencia  de  FIDELÍN  PARADA  PARADA,  éste  salió  y  le  disparó con su  revólver  por  lo  que  detuvo  la  marcha, momento en que FIDELÍN  se le  acercó  y  por  la  ventanilla le disparó a la altura de la nuca. Acto seguido  Hernán  se  bajó  y disparó porque FIDELÍN continuó la agresión, hasta que  se desplomó.   

“Trasladado a las ciudades de Chinácota y  Cúcuta  dejó  de  existir el día treinta y uno a las cuatro de la tarde en el  hospital  Erasmo  Meoz.  Dos  días  después, el victimario fue capturado en la  avenida  7  número 22-67 barrio once de noviembre del municipio de ‘Los         Patios’  cuando  huía  de  la justicia y se  ocultaba   en   casa   de   su   hermana   María   de   los   Ángeles   Parada  Parada”.   

ANTECEDENTES  RELEVANTES   

          La  apertura  de instrucción, decretada el 1º de noviembre de 1995  por  la  Unidad  de  reacción inmediata de San José de Cúcuta, se basó en la  diligencia  de  inspección  y levantamiento del cadáver y en las declaraciones  de  María de los Angeles Parara y Pablo Emilio Jaimes  Pabón.   

          El  3 de noviembre de 1995, el sindicado rindió indagatoria ante la  Fiscalía  Delegada  de  la  Unidad  de Vida y cinco días después se le impuso  medida  de aseguramiento de detención preventiva por el delito de homicidio, en  resolución  en  donde  se  contestó a la defensa que debido a la insuficiencia  probatoria   era   apresurado   reconocer   que   había  actuado  en  legítima  defensa.   

          El  28  de  febrero de 1996 al calificar la instrucción se acusó a  FIDELÍN  PARADA  PARADA del  delito de homicidio.   

          En  la  etapa  del  juicio, adelantada ante el Juzgado Tercero Penal  del  Circuito  de  Pamplona,  se  allegaron  algunas  pruebas  documentales,  se  realizó   la   diligencia   de   audiencia   pública  y  se  dictó  sentencia  condenatoria.   

          Al  resolver  la  apelación  que  la  defensa  interpuso  contra la  sentencia  indicada,  el  Tribunal  Superior  de  Pamplona  revocó la condena y  decidió  absolver a FIDELÍN PARADA PARADA   por  el  homicidio  de  Hernán  Jaimes  Buitrago.   

LA  DEMANDA   

          La  recurrente  es  la  representante  de  la  parte civil, quien al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación  acusa  la  sentencia  de segunda  instancia  dictada  en este proceso, endilgándole la violación indirecta de la  ley  sustancial  por error de hecho en la apreciación de las pruebas, originado  en  un  falso  juicio  de  identidad,  que  acarreó la indebida aplicación del  artículo  445 del Código de Procedimiento Penal (anterior), pues, en su lugar,  con  fundamento  en  los  artículos  323,  61,  66, 106 y 107 del Código Penal  (derogado)  se  ha  debido  condenar  a FIDELÍN PARADA  PARADA por el delito de homicidio.   

          Aduce  la  casacionista  que al tomar la decisión absolutoria no se  tuvo  en  cuenta la inspección judicial, el plano fotográfico, los dictámenes  de   los   peritos,   los   documentos   ni   la  declaración  de  Carmen  Socorro  Villamizar Miranda, única  testigo presencial del hecho.   

          Aborda  la  presentación de algunas de las incidencias que rodearon  la  realización de la conducta juzgada y de las características personales del  procesado,  de  todo  lo  cual  concluye  que  FIDELÍN  PARADA   PARADA   fue   el  autor  de  la  muerte  de  Hernán  Jaimes  Buitrago, a  sangre  fría,  con  premeditación, habiendo previamente preparado el lugar, la  familia y los amigos.   

          Esboza  las  condiciones  excepcionales que hicieron de Carmen   Socorro   Villamizar  la  única  testigo  con  visibilidad  de  los  hechos  y afirma que por ello se le debe dar  credibilidad  a  su  testimonio; por esa razón censura al Tribunal Superior por  negarle  cualquier  sentido  a esa declaración en el aparte en que sostiene que  el   disparo   causante   de   la   muerte  de  Jaimes  Buitrago  fue  hecho a boca de jarro, con el argumento  de que el acta de necropsia no alude a tal circunstancia.   

          Opina   la   censora   que   las  fotografías  tomadas  durante  la  inspección  judicial,  el  protocolo  de  necropsia, el plano topográfico y la  declaración   de  la  testigo,  estudiados  todos  en  conjunto,  llevan  a  la  conclusión  de que Carmen era  la  única  persona  que  estuvo  en  condiciones  de  percibir los hechos, cuyo  testimonio  fue  corroborado,  al  menos  en  parte,  con las fotografías de la  inspección  judicial, que muestran manchas de sangre en el cojín delantero del  automotor,     lo     que     permite    establecer    que     Jaimes  fue  herido  dentro del vehículo.  Entonces,  protesta  porque  el  Tribunal le quitó valor a las pruebas a que se  refiere.   

          Luego,  intenta  concretar  el error que le atribuye al sentenciador  afirmando  que  “distorsionó la prueba para producir  una  duda”, aun cuando no alude a ningún elemento de  juicio  en  concreto;  y  para  rechazar  ese  postulado  sencillamente opone el  argumento  de que la evidencia acusa al procesado como único autor material del  hecho.   

          Igualmente  acusa  al Tribunal de no haber examinado la declaración  de  Maricela Parada Gamboa. Y  termina  por  afirmar que el raciocinio del sentenciador, además de equivocado,  distorsiona el sentido de la responsabilidad del homicida.   

          En  los anteriores términos, pide casar la sentencia y que se dicte  la del Juzgado de primera instancia.   

CONCEPTO   DE   LA  PROCURADURÍA   

          Es  opinión  del  Procurador  Tercero  Delegado  en lo Penal que la  Corte  no  debe  casar la sentencia materia de impugnación, habida cuenta de la  profunda  deficiencia  técnica  que  presenta la demanda. Es así como advierte  que  el  libelo  no  alcanza a determinar la forma en que las pruebas que estima  indebidamente  apreciadas  podrían  alterar  las  conclusiones  de la sentencia  absolutoria,  para transformar su sentido en condena, es decir, que no demuestra  la ilegalidad de la sentencia.   

          Advierte  que  para  derrumbar  la duda que fundamentó la decisión  del  Tribunal,  la  actora  solo  aportó consideraciones de orden general sobre  pruebas  técnicas  y la testimonial, sin siquiera haber reseñado en qué forma  las  estimó  el  juzgador.  A  ello,  agrega  que  la demandante no definió si  denunciar  un  error  de  apreciación  o  una  falta de consideración de tales  pruebas.   

          Observó  que  la  libelista cuestionó la valoración efectuada por  el  Tribunal  a  la  declaración  de  Carmen  Socorro  Villamizar  Miranda, pero no tocó la forma en que fue  estimada  por  el  sentenciador  de  segunda instancia, ni destacó la diferente  manera  como  se  estructuran  los  hechos que fueron objeto de la omisión o la  tergiversación, para demostrar la equivocación del juzgador.   

          Para  el  Delegado,  afirmar  que en el proceso está demostrado que  FIDELÍN PARADA PARADA fue el  autor  del homicidio, para los efectos de este recurso, solo sirve para poner de  presente  la  falta  de  técnica  del libelo, puesto que sobre ese hecho no hay  discrepancia  alguna  entre  el sentenciador y el recurrente; por ello, no puede  admitirse  un  error  sobre  ese aspecto, además porque el Tribunal no declaró  duda  sobre  la  autoría  de la conducta y, por el contrario afirmó que estaba  probada, para atribuírsela al procesado.   

          Así,  el  colaborador  de  la  Sala  expresa  que para formular una  censura  exitosa,  la  impugnante  debió  esforzarse  en demostrar o que de las  pruebas  no  se  desprende  el  estado  de  duda  declarado  por el sentenciador  respecto  del  motivo  justificante  de  la  conducta,  caso en el cual el cargo  habría  estado  bien  orientado  por la causal primera cuerpo segundo; o que la  norma  jurídica  que  establece  el principio in dubio  pro  reo  no  cobija  las  situaciones  condicionantes  propias  del  proceso,  como  que  no se puede absolver en caso de duda sobre la  justificante,  sino  que  se  impone la declaración de responsabilidad, en cuyo  evento  el  cargo  ha  debido orientarse por la causal primera, pero por la vía  directa.   

          La  alusión  que trae el libelo sobre el plano topográfico y sobre  la  inspección  judicial, dice el funcionario, no pone de presente un contenido  objetivo  distinto  al  asumido  por  el  juzgador  y  por tanto, está lejos de  demostrar  que  el  sentenciador  incurrió  en  un  error  determinante  de  la  modificación    de    los   hechos   que   se   declararon   probados   en   la  sentencia.   

          También  encuentra imprecisiones técnicas y argumentales cuando la  impugnante  se  refiere  al fenómeno de la duda, reconocido por el Tribunal, en  cuanto  no define en qué sentido se produjo la violación de la ley sustancial,  tampoco  determina  cómo los errores podrían modificar la duda en certeza y no  razona   sobre   la  existencia  del  error  ni  sobre  la  norma  presuntamente  transgredida.   

          Así,  el Procurador concluye  que la demanda no cumple con las  exigencias  técnicas  del  recurso  ni logra demostrar errores determinantes de  una indebida aplicación de una norma de derecho sustancial.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

          Habida  cuenta que en este caso la recurrente es la representante de  la  parte civil conviene reiterar que este sujeto procesal está legitimado para  acudir  a  esta  vía  extraordinaria de impugnación, a pesar de que no hubiere  apelado  la  sentencia  de  primera  instancia,  que  es uno de los factores que  determinan  la  viabilidad de la vocación impugnatoria, cuando el fallo materia  del  recurso  de  casación ha revocado la condena de primer grado para absolver  al  procesado,  pues  es  a  partir  de  ese  pronunciamiento  que los intereses  privados  se  ven  afectados, en la medida en que, por virtud del sentido de tal  determinación,   desaparece  la opción de obtener el resarcimiento de los  daños  y  la  indemnización de los perjuicios morales y materiales que hubiere  ocasionado  la  conducta  sometida a juzgamiento. En ese sentido se puede citar,  entre otros pronunciamientos, el siguiente:   

“…..si  bien  el  apoderado de la parte  civil  no  recurrió  del fallo de primera instancia y la cuantía de la acción  indemnizatoria  es  inferior  a la exigida por la casación civil para época en  que  se  interpuso  el  recurso,  le  asiste  pleno interés para recurrir   porque   la   decisión   de  segundo  grado  afectó  sus  intereses  en  forma  desfavorable,  pues  tratándose  de  una  absolución  del  delito  del cual se  derivaba  la  obligación  de  indemnizar,  este  sujeto  procesal  se encuentra  legitimado  para  que  extraordinariamente  busque  un  pronunciamiento de fondo  sobre  la  existencia  del  delito  y  los perjuicios que en el caso concreto se  hubiesen  podido  ocasionar”.  (Sent.,  marzo  30/00. Rad. 11.959. M.P. Carlos  Augusto           Gálvez          Argote).1   

          Dilucidado  el  punto  relacionado  con  la  legitimidad de la parte  civil  constituida  en  este  proceso  para  acudir  a esta vía extraordinaria,  conviene  recordar  que  es  presupuesto de un pronunciamiento de fondo, en esta  sede,   que  la  demanda  exhiba  una  argumentación  lógica,  fundamentada  y  consecuente  con  el  reproche  que  se  formula,  guardando  los principios que  regulan  este  recurso  y  que  le dan el carácter de extraordinario; ello, por  cuanto,  tratándose  una  vía  de  impugnación  rogada,  está  regida por el  principio  de  limitación,  conforme  al  cual,  el  Tribunal de Casación debe  circunscribir  su  decisión  a las causales aducidas por censor, las cuales han  debido  plantearse  en forma autónoma y desarrollarse de acuerdo al objetivo de  restablecimiento  de  la  legalidad que persigue cada una de ellas; todo con las  excepciones  previstas  en  el artículo 216 de la Ley 600/00 que corresponde al  228 de la legislación anterior.   

          En  el  libelo  que  ocupa  la  atención de la Sala, de entrada, se  observa,  como  lo  comentó  el Procurador Delegado, que se plantea un error de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  aduciendo  una tergiversación de los  medios  probatorios,  pero  al desarrollar el cargo se acusa al sentenciador por  no  haber  tenido en cuenta algunas pruebas como son la inspección judicial, el  plano   topográfico,   los   dictámenes   de  los  peritos,  documentos  y  la  declaración  de  la  única testigo presencial de los hechos ajena a las partes  involucradas   en  el  homicidio,  incursionando  así  en  un  error  de  hecho  diferente, el constitutivo de un falso juicio de existencia .   

          Esta  forma  de  argumentar  es  evidentemente  contradictoria pues,  desde  el  punto  de vista lógico resulta imposible distorsionar lo que ha sido  ignorado.   

          Como  núcleo  de  la  fundamentación  de  los reproches que dirige  contra  la  sentencia  de  segundo  grado,  la recurrente asume la defensa de la  credibilidad   del   testimonio   rendido  por  Carmen  Villamizar,  degradada por el Tribunal, pero para esos  efectos  apenas  sí  menciona  aquellos  elementos  de  juicio,  es  decir,  la  inspección  judicial, el plano topográfico y las fotografías, sin profundizar  en  aquello  que  establece  cada  uno  de  ellos,  en  dónde  radicó la falla  apreciativa  del sentenciador, el por qué de la trascendencia del testimonio de  dicha  señora.  Tampoco  entra  a detallar el yerro del juzgador cuando valoró  ese  testimonio,  vale  decir,  no  indica en dónde se concretó la desviación  cuando efectuó ese análisis.   

          De  la  misma  manera,  cuando  trata de  plantear  el error de hecho por falso juicio de identidad la recurrente denuncia  una    distorsión    de   “la   prueba”,  pero  no  especifica  a  cuál  elemento de juicio en concreto  está  aludiendo,  por  tanto,  también  omitió  explicar  cuál es el alcance  objetivo  que  tiene  y  la  forma  en  que  fue  tergiversado  por el Tribunal.   

          Faltando  a  la  técnica propia del recurso extraordinario, irrumpe  su  planteamiento  con  uno totalmente ajeno, constitutivo de error de hecho por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  consistente en que el Tribunal no  examinó    la   declaración   de   Marcela   parada  Gamboa,   sin  indicar  qué  se  demostró  con  esa  declaración,  qué  trascendencia  tenía  el  hecho  así  establecido  en  la  decisión absolutoria adoptada en la sentencia de segundo grado.   

          En  esas  condiciones  solo  puede advertirse que el reproche quedó  huérfano  de demostración y que los argumentos utilizados para sustentarlo son  una  mezcla  de  errores  de  hecho  de  diferente  índole, como se expresó en  párrafos  anteriores.  Lo  único  que queda en claro es la inconformidad de la  casacionista  con  la  decisión  absolutoria,  pero por parte alguna del libelo  aparecen  tesis  o  hipótesis  con  tal  contundencia que permitan afirmar, con  sustento  probatorio  y  jurídico  serio,  que el fallo impugnado exhibe alguna  ilegalidad.   

          No  es  posible  pretender  el  quebrantamiento  de una sentencia ya  amparada  por  las  presunciones  de  acierto y legalidad sin que el estudio, en  esta  sede,  se  inicie  en  su  propio  contexto;  sin  puntualizar el error ni  demostrarlo  con  argumentos  sólidos y apegados a la objetividad de la prueba,  sin  abordar  la  comprobación  de la vulneración de una norma sustantiva como  consecuencia  del  yerro pregonado y cómo incide en la decisión final adoptada  por el sentenciador.   

          Para  el  fin  indicado,  no  basta  contradecir al juez, como lo ha  hecho  en  esta  oportunidad  la  recurrente,  que para censurar, simplemente se  opuso   a   la   conclusión  del  Tribunal  relacionada  con  la  presencia  de  Carmen   Villamizar  en  el  momento  justo  en  ocurrió  el  hecho.  Nunca  abordó los argumentos del juez  colegiado,  tales  como  la  inconsistencia que exhibían los dos testimonios de  cargo,  el  de la citada señora con el de Luis Enrique Torres Contreras, ni por  qué era equivocado creerle a éste último y no a aquella.   

          Por  lo  demás,  la  demanda  aparece  confusa cuando se opone a la  decisión  del  ad  quem  dando a entender que ella no admitió que FIDELÍN  PARADA  PARADA  había sido  el  autor  material  del  hecho  que  concluyó  con  la  muerte  de  Hernán  Jaimes  Buitrago, puesto que los  jueces nunca pusieron en tela de juicio esa circunstancia.   

          Finalmente,   como   lo   indica  el  representante  del  Ministerio  Público,  si  los  supuestos  probatorios  reconocidos  por  el sentenciador no  coincidían  con  los  presupuestos del anterior  artículo 445 del Código  de  Procedimiento  Penal, la vía adecuada para derrumbar el fallo, habría sido  la directa, no la escogida por la recurrente en este proceso.   

          En  las  condiciones  anteriores,  los  argumentos  expuestos  en la  demanda  no  lograron  demostrar  que el fallo atacado es lesivo del orden legal  vigente,   el   cual,   por   lo   tanto,   permanece  incólume,  debiendo  ser  confirmado.   

          En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia en Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

          NO CASAR el fallo impugnado.   

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

          Cópiese,    comuníquese    y    devuélvase    al    Tribunal   de  origen.   

          Cúmplase.   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

FERNANDO       E.     ARBOLEDA  RIPOLL                                 HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

CARLOS       AUGUSTO      GÁLVEZ  ARGOTE                        JORGE                               ANÍBAL                               GÓMEZ  GALLEGO                                                                                                                          Comisión de  servicio   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                                        ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia,  abril  25  de 2001, rad. 15.363, M.P. Carlos Eduardo Mejía Escobar.  Auto,  julio  24  de 2001, rad. 16.526, M.P. Jorge Aníbal Gómez Gallego. Auto,  julio 24 de 2001, rad. 17.290, M. P. Carlos Augusto Gálvez Argote.     

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