19295(27-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 19295  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado acta N°  058  

Bogotá D. C., veintisiete (27) de mayo de dos  mil tres (2003).   

V    I    S   T   O  S   

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  ANDRÉS          FELIPE          JAMAUCA         SALCEDO.   

A N T E C E D E N T E S  

1.-   Los hechos fueron resumidos por el  Tribunal Superior de Cali (Valle), de la siguiente manera:   

“Los  autos  dan  cuenta  que  el  30 de marzo de 2000, a eso de las tres y treinta  de   la  tarde, en el centro comercial Holguines Trade Center, ubicado al sur de esta  ciudad  (Cali),  en  la  carrera  100  N°  11-80, cuando el señor ANDRÉS  FELIPE  JAMAUCA  SALCEDO prestaba  sus  servicios  como  vigilante,  los jóvenes RICARDO  SALINAS  ORTIZ y JHON ÁLVARO  RODRÍGUEZ  ROJAS, luego de hurtar la suma de cinco mil  pesos  al  señor  RAÚL  EDUARDO HIDALGO,   huyeron  hacia  dicho  establecimiento,  encontrándose  con  el  referido  vigilante,  que  alertado  por  las  voces  de  auxilio,  reaccionó y  finalmente  accionó  su  arma  de  dotación a una corta distancia en contra de  SALINAS   ORTIZ,   quien  falleció  posteriormente por tal motivo” .   

         

2.-   El  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Cali,  mediante  sentencia  del  6  de  abril de 2001, absolvió a  ANDRÉS    FELIPE    JAMAUCA    SALCEDO  de  los  cargos  formulados  en  su  contra  en  la resolución de  acusación.   

3.-    Inconforme   con   la  anterior  decisión,  el  Fiscal  47  Seccional de la misma ciudad interpuso el recurso de  apelación,  el  cual  al  ser  desatado  por  el  Tribunal Superior de Cali, el  25   de  octubre  de 2001, la revocó, toda vez que condenó a ANDRÉS  FELIPE  JAMAUCA  SALCEDO a la pena  principal  de  13  años  de  prisión y a la accesoria de rigor, como autor del  delito de homicidio simple.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El  defensor  del procesado formula un único  cargo  contra la sentencia, pues, a su juicio, el Tribunal violó indirectamente  la    ley    sustancial,   por   error   de   hecho,   por   falso   juicio   de  existencia.   

Manifiesta  que  el  sentenciador  ignoró la  experticia  visible  a los folios 174 y siguientes y el documento que obra a los  folios     67     y     68     del     cuaderno     original,    “desconocimiento  éste  que  hizo  producir  una eficacia probatoria  infiriendo  agravio  grave  al  procesado,  causal  primera de casación, cuerpo  segundo,  art.  207, numeral 1°, del Código de Procedimiento Penal”.   

En  otras  palabras,  dice  que  demanda  la  sentencia  en  sede  de  casación,  por  violar  de  manera  indirecta  la  ley  sustancial,  al  dejar  de  apreciar  las  pruebas, por error de hecho por falso  juicio  de  existencia, “es decir, motivado por falta  de      apreciación      de      la      prueba     documental     –formato   de  proyectiles  extraídos  quirúrgicamente   al   paciente   RICARDO   SALINAS  ORTIZ-  y descripción de las lesiones ocasionadas por  proyectil,     así     como    también    el    análisis    balístico    N°  FGN-DSCTI-LABICI.BALI-22855   2000   obrante   al   folio   174   del   cuaderno  original”.   

En     el    título    “DEMOSTRACIÓN   DEL  ERROR  DE  HECHO  Y  EL  AGRAVIO  INFERIDO  AL  SENTENCIADO”,  anota que el juzgador desconoció las  exigencias  legales  en lo atinente a la valoración de la prueba, es decir, que  deben  analizarse  en  conjunto, tal como lo indica el artículo 238 del C de P.  Penal,   ya  que,  como  lo  ha  dicho,  en  el  diligenciamiento  obran  varios  documentos,  en  especial  el  emitido  por la Fundación Clínica Valle de Lili  (folio  67), donde se describen los proyectiles que le fueron extraídos  a  la  víctima,  el  que  reseña,  así  como  también  en  el  que se indica la  ubicación  anatómica  y  la  descripción  de  las heridas causadas por dichos  proyectiles, copiando para el efecto un breve fragmento.   

También  asevera  que la prueba pericial que  indica  que  el  impacto recibido por el hoy occiso fue a corta distancia, cuyos  apartes   transcribe,   tampoco   fue   apreciada,   lo  que,  en  su  criterio,  “nos  conduce sin hesitación alguna a que la verdad  de  los  hechos  fue  tal  como  lo  describen JAMAUCA  SALCEDO   y   los   testigos   de  visu  JOSÉ  ESAU GIRALDO AGUIRRE y RENZO         MARTÍN         RODRÍGUEZ        TÁMARA”.   

Copia  varios fragmentos de las declaraciones  de  Rodríguez  Támara y Giraldo Aguirre, según las cuales dos muchachos se le  fueron  encima al celador con un cuchillo y éste disparó, para concluir que la  existencia  o  la  determinación  de los hechos indicadores influyó, de manera  necesaria,  en  el  fallo  atacado,  toda  vez  que  de  no haberse cometido los  denunciados     errores     de     hecho,     la    sentencia    habría    sido  absolutoria.   

Acota:  

“Es así, si bien  es  cierto  que  en  nuestro  procedimiento  la  valoración  de  la prueba debe  analizarse  de acuerdo a los principios de la sana crítica, donde se le permite  al  juzgador  una valoración personal razonada, no menos lo que no es que pueda  hacerlo  violando  las  leyes naturales y de la lógica, pues la valoración que  realizó  para  llegar  a  su  conclusión  fue errada desde todo punto de vista  lógica  y natural. Y no se trata por parte de este libelista, tratar de imponer  el  criterio  personal  sobre  el  juzgador.  No,  lo que se explica en el yerro  jurídico  en  que  incurrió el sentenciador de segundo grado en la valoración  de  la  prueba,  riñe  a  todas  luces  con  la lógica jurídica, pues para la  defensa  se  torna  desmedida  y  absurda  desde todo punto de vista”.   

Después de insistir en que la valoración que  hace  el  sentenciador  debe ser con apego a los postulados de la sana crítica,  señala  que  el Tribunal también vulneró los artículos 238 y 257 del Código  de  Procedimiento  Penal,  al  haber  desconocido  la  existencia  de  la prueba  pericial  realizada  por  el  Departamento Administrativo de Seguridad Seccional  Valle,  que obra a los folios 205 y siguientes, “como  por      la     Fiscalía     General     de     la     Nación     –LABICI-  obrante  a  los  folios 174 a  176,  así como también los documentos emitidos por la Clínica Valle del Lili,  sobre  los proyectiles extraídos al paciente (folio 67) y ubicación anatómica  y  descripción  de  las  graves lesiones ocasionadas por el proyectil (folio 68  del  C.  O.),  es  así  como se vulneran los artículos 232, 249, 251 y 252 del  mismo  estatuto,  es  decir,  que  la  vulneración de todos y cada uno de estos  preceptos,   llevó   al   ad   quem  –juez  colegiado-  a  tener la plena certeza de la responsabilidad de  ANDRÉS    FELIPE    JAMAUCA    SALCEDO,  de  una  manera  por  demás  ilógica,  caprichosa  y  desmedida  dándole     aplicación     al     art.     232,     inciso     2°”.   

En otro capítulo, manifiesta que el juzgador  infringió  numerosas  normas  medio  y  por  su desconocimiento se violó “el  artículo  232  inciso 2° de la ley sustantiva de procedimiento penal cuando se  aplicó  indebidamente  el  artículo  232  del C. de P. P., cuando debió darse  aplicación    al    artículo   39   ibidem   y   32   numeral   6°   del   C.  Penal”.   

Luego de copiar los artículos 232, 238, 249,  251,  252  y  257  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  en  el capítulo que  denominó     “DEMOSTRACIÓN     DE    LA    LEY  SUSTANCIAL”,   asevera   que  el  fallo  acusa  una  desarmonía  con la ley sustancial por el citado error de hecho por falso juicio  de  existencia,  yerro  que  condujo a la aplicación indebida del artículo 232  del  mismo  estatuto, en razón de que se realizó un análisis de la prueba con  desconocimiento    de    las    normas    que   le   imponían   “precisos  parámetros  para  el análisis probatorio, lo que condujo  arbitraria   e   ilógicamente   a  la  certeza”  de  responsabilidad del acusado.   

Igualmente  dice  que  el  Tribunal  también  avasalló  los artículos 32 del C. P. y 39 del C. de P. P., por “omisión”,  los que transcribe, toda vez  que  de  no haberse cometido el error de apreciación probatoria, necesariamente  se   habría  concluido  en  la  irresponsabilidad  de  Andrés  Felipe  Jamauca  Salcedo.   

En consecuencia, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en consecuencia, absolver a su defendido de los cargos  imputados en la resolución de acusación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

La  demanda  de  casación  presentada por el  defensor   del  sentenciado  Andrés  Felipe  Jamauca  Salcedo,  no  reúne  los  requisitos  de  claridad  y precisión estatuidos por el artículo 212 del C. de  P. Penal, para su admisión.   

Ante todo, debe recordarse que el libelo no  se  debe  confundir  con  un  alegato  de instancia, en el que de manera libre y  caprichosa  se  pueda  hacer  toda clase de cuestionamientos a una sentencia que  por  ser  la  culminación  de  todo  un  proceso,  viene  amparada por la doble  presunción  de acierto y legalidad, sino que debe ser un escrito claro, lógico  y  sistemático  que busca restaurar la legalidad del fallo, por lo que sólo es  procedente  denunciar  los errores de juicio o de procedimiento cometidos por el  fallador,  al  tenor  de  las  causales expresa y taxativamente señaladas en la  ley, demostrarlos y evidenciar su trascendencia.   

Estas  exigencias  no fueron cumplidas por el  demandante, destacándose entre los desatinos los siguientes:   

1.  No  distingue entre normas sustanciales y  procesales,   pues   califica   como  sustanciales  a  preceptos  de  naturaleza  instrumental,   como    los   artículos   232   y   39   del   C.   de  P.  Penal.   

2.  No dice cuál fue la norma sustancial  de  la  Parte  Especial  del C. Penal quebrantada ni su sentido, esto es, si fue  infringida por falta de aplicación o por aplicación indebida.   

3.  Aunque denuncia que el fallador incurrió  en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por omisión,  lo  confunde  con  el  de hecho por falso raciocinio, cuando asegura que las pruebas  no  fueron  apreciadas  conforme  a  los  postulados  de  la  sana crítica, sin  percatarse  que  en el primero se incurre en el proceso de aprehensión material  del  medio,  al  ignorarlo, siendo de carácter objetivo, contemplativo, y en el  segundo,  en  el  proceso de valoración, y ocurre cuando al analizar su mérito  persuasivo,   o   al   construir   las   inferencias   lógicas,  se  desconocen  ostensiblemente  los  postulados  de  la  sana  crítica  y este dislate lleva a  declarar una verdad fáctica distinta de la que revela el proceso.   

De todos modos, no muestra ninguna de las dos  clases  de  desatino,  pues  si  se  entiende  que  quiso referirse a la primera  modalidad,  se  encuentra que aunque menciona los elementos de convicción, a su  juicio,   omitidos,  no  señala  su  trascendencia  frente  a  los  medios  que  sustentaron el fallo.   

Y si se acepta que orientó el discurso por la  segunda,  se  halla  que  no  dijo  cuáles  fueron las leyes de la ciencia, los  principios  de  la  lógica o las reglas de la experiencia común vulneradas, de  qué manera lo fueron y cuál su incidencia.   

4.  La  disertación  la  reduce a oponer sus  conclusiones  probatorias  a las del sentenciador, pretendiendo que se reconozca  que  el  acusado  actuó  en  legítima  defensa, desconociendo que las de éste  prevalecen,  por  llegar  la  sentencia  a  esta  sede  amparada  por  la  doble  presunción de acierto y legalidad.   

Frente a los anotados yerros de la demanda, se  impone   su   inadmisión,  pues  la  Corte,  en  acatamiento  al  principio  de  limitación, no puede corregirlos.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de  casación presentada a nombre del procesado ANDRÉS  FELIPE  JAMAUCA  SALCEDO.  En consecuencia, se declara  desierto el recurso interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

  YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL              HERMAN  GALÁN CASTELLANOS   

CARLOS   A.   GÁLVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

EDGAR    LOMBANA    TRUJILLO                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

Comisión de servicio  

  MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *