13550mar1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N°13550  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                                                      Magistrado Ponente:   

                                                      DR.MARIO MANTILLA NOUGUÉS   

                                                      Aprobado Acta No.034   

                                                       Santafé  de Bogotá, D.C., marzo siete  (7) de dos mil (2000).   

          Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación interpuesto contra la  sentencia  dictada  el 24 de abril de 1997 por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Cundinamarca,  en  la  cual,  por  confirmación  de la de primera  instancia,  condena  a  VÍCTOR ALEJANDRO VÉLEZ   BARBOSA,  a la pena principal de cuarenta y dos años  de  prisión  y  a  la  accesoria  correspondiente,  como  autor del concurso de  delitos  de  acceso  carnal violento en la menor Diana  Johana    Ramos   y   homicidio   agravado   de   la  misma.   

          HECHOS Y ACTUACION PROCESAL   

          El  26  de  agosto  de  1993  en  horas del medio día, al salir de sus clases en la escuela El  Cerrito  de  la vereda El Juncal de la comprensión municipal de Funza, la niña  Diana  Johana  Ramos   fue  abordada  por  un sujeto que se movilizaba en bicicleta, en cuya compañía  la  menor  se  fue,  pero como tardara en llegar a su hogar,  sus padres se  dedicaron   a   buscarla,   encontrando  su  cadáver  en  un  terreno  cercano,  estableciéndose  que   murió  por  estrangulamiento  y  que  había  sido  víctima de acceso carnal violento.   

          Mediante  indagaciones  de  la  Policía  se estableció que en una  casa  del área urbana del municipio de Funza se hallaban unas prendas de vestir  coincidentes  con  las  que el agresor vestía el día de los hechos, por lo que  la  Fiscalía ordenó el allanamiento del lugar, en donde además se dio captura  al      sujeto       VÍCTOR     VÉLEZ   BARBOSA.,  se  vinculó  a  la  investigación  penal  correspondiente,  la cual se calificó con resolución  de  acusación  que  la Fiscalía de segunda instancia  confirmó   el   8   de  marzo  de  1994,  imputándole   el  concurso  de  delitos  de  acceso carnal  violento y homicidio, ambos agravados.   

          Por  estos mismos hechos punibles el Juzgado Promiscuo del Circuito  de   Funza  emitió  sentencia  condenatoria,  la  cual,  al  ser  revisada  por  apelación  de  la  defensa,  fue  confirmada  por el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de Cundinamarca.  En discrepancia con esta decisión el  mismo sujeto procesal interpuso el recurso de casación.   

          LA DEMANDA   

          Con  fundamento  en las causales 3a. y 1a. del artículo 220 del C.  de P.P. así enjuicia la sentencia el defensor:   

          Cargo    Primero.-   Causal   3a.   de  casación.   Fue  dictada  en un juicio viciado de nulidad por quebranto de  la garantía del debido proceso.   

          Sostiene  que  se practicaron tres diligencias de reconocimiento en  fila  de  personas  sin  observancia de los requisitos previstos en el artículo  368  del  C.  de  P.P.,  pues  el  procesado no estuvo representado por defensor  abogado,  sino  por  un ciudadano cuyo oficio es el de albañil;  de manera  también  irregular,  pues  no  mediaba  orden  de  autoridad competente, se dio  captura  al  procesado, y quien la ejecutó fue un agente de la Policía llamado  Jorge  Enrique  Rincón  que de tiempo atrás lo había estado persiguiendo para  matarlo;   no  se  ordenó practicar la prueba solicitada oportunamente por  el  sindicado,  de  examen  de  sus  espermatozoides,  para  compararlos con los  dejados  en  la  vagina  de  la  víctima,  omisión que atribuye al funcionario  instructor  y  a  los  organismos  colaboradores en los aspectos técnicos de la  investigación;    tampoco  se practicaron  “otras pruebas que la  defensa  solicitó  en  reiteradas oportunidades como la de la comprobación” de  que  la ropa hallada en la habitación del procesado no era suya sino del sujeto  alias “Bombillo”.     

          Al  negarse  la  práctica  de  estas  pruebas se desatendieron los  mandatos  de  los  artículos  333  y  334  del  C.  de P. P., en cuanto solo se  investigó  lo desfavorable al incriminado.  También, añade, fue sometido  a indagatoria sin la asistencia de un abogado.    

          Como  consecuencia  solicita  que se case la sentencia y se declare  la   nulidad   de   la   actuación   desde   la   resolución  de  apertura  de  instrucción.   

          Cargo   Segundo.-   Causal  3a.  de  casación.    El   fallo  se  dictó  en  juicio  viciado  de  nulidad  por  transgresión  al  derecho  de  defensa  del  procesado,  ya  que  al  ser   capturado  de  manera irregular fue inmediatamente sometido a reconocimiento por  el  testigo  Luis Bautista Rincón  “al parecer familiar del jefe operativo  Jorge   Enrique   Rincón”,  sin  permitirle  estar  asistido  por  un  defensor  abogado.   Además,  en  la  diligencia  de indagatoria fue asistido por un  ciudadano carente de la calidad de abogado.   

         También  se  presentó la irregularidad porque  el procesado  confirió  poder  a  un  abogado  de  su  confianza  para que lo asistiera en la  investigación,  pero  la  Fiscalía  al  realizar  las distintas diligencias le  designaba  un  defensor  de  oficio,  por  lo que no hubo  coherencia en la  defensa;  y,  que la situación persistió durante tres meses  -lapso éste  dentro  del  cual  se cometieron las irregularidades contra este derecho-,   pues   solo   desde   cuando  la  Defensora  Pública  le  asignó  un  defensor  público.   

         Por  no  haber  tenido a su defensor técnico, no se llevó a cabo  la   experticia   solicitada   por   el   procesado,   de  comparación  de  sus  espermatozoides  con  los  dejados  en  el  cuerpo  de  la  ofendida,  ya que la  petición  se  diluyó  sin atención alguna y solo cinco meses después se supo  que  el Instituto de Medicina Legal descartó las muestras después del hallazgo  de espermatozoides humanos.   

         Para  fundamentar la trascendencia de la irregularidad recuerda la  permanente  guarda  al derecho de defensa técnica por parte de la Corte Suprema  de  Justicia  y  la  Corte Constitucional en diversos pronunciamientos, y añade  que   “Igualmente  se  vulnera  … el artículo 13 del C. de P.P. donde se  estatuye  la  obligación  para el funcionario… de respetar los derechos y las  garantías de los sujetos procesales”   

         Finalizando,  solicita  también la anulación de lo actuado desde  la resolución de apertura de instrucción.   

         Cargo   Tercero.-   Causal   1a.   de  casación.    La   sentencia  es  violatoria  de  la  ley  sustancial   -aplicación  indebida  de los artículos 324, 298, 306, 23 y 26 del C.P.,   “debiendo  aplicar  los arts. 2o., 36 y 445 del C. de P.P.-,  en virtud del  error  de  hecho  por falso juicio de identidad en que incurre el fallador en la  apreciación  de  las  pruebas,  otorgándoles  un  alcance  probatorio  del que  carecen,  para  deducir  así la responsabilidad del inculpado en el concurso de  hechos punibles por el que se le condena.   

         Centra   su   atención   en   el   dicho   de  Luis  Edgar  Calvo  Pedraza,   quien   en  un testimonio que rindió hizo una descripción  física  del   acusado,  distinta  de  la  que  hizo  en  la  diligencia de  reconocimiento   “obrante  el  folio 81”, para, finalmente, en la audiencia  pública   decir   que   no   reconocía  en  el  procesado  a  la  persona  que  describió.   También  alude  a los testimonios de los menores compañeros  de  estudio  de  la  occisa, rendidos en la audiencia pública y al inicio de la  investigación,  que  respondieron  en  la  audiencia  de  igual  forma  que  el  mencionado  deponente Calvo Pedraza, de lo cual infiere que  el Tribunal “o  no  interpretó  verdaderamente  lo que los menores declararon, o lo interpretó  mal”,   porque  del  contenido  de esas pruebas y de los reconocimientos en  fila  de  personas  resulta evidente que  VÉLEZ  BARBOSA no fue el agresor.   

         Asegura  que  el  Tribunal  otorgó  un  valor  del que carecen “a  algunas  pruebas  como  en el caso de los primeros reconocimientos”, con base en  los  cuales  se  dictó  la resolución de apertura de instrucción, pues dichas  pruebas, habiendo sido recaudadas   

con  transgresión  de lo establecido en el  artículo  368  del  C.  de P.P.,  “no podían ser objeto de análisis o de  interpretación,  por  ser  inexistentes,  toda  vez  que estaban viciadas en la  forma y fondo de su práctica y aducción”.   

         Con  referencia  al  testimonio  de  Luis  Bautista  Rincón   considera  que  el  valor que le fue dado por el fallador  no corresponde a  la  realidad   debido a que según las reglas de  la  experiencia  y  aún las técnicas, un testigo no  puede  conservar  tanto  detalle  de  un  sujeto a describir, como los que éste  vertió  al  proceso  cuando  dijo haber visto al procesado dentro de un vallado  con  la  menor  occisa,  que  tenía  puesta  una  cachucha  y estaba agachado o  acurrucado,  debido  a  lo  cual  su  dicho   se convierte en inverosímil,  fantástico,   ilusorio,  o  doloso.   En  criterio  del   demandante,  la experiencia indica que  es  imposible  detener  tantos  detalles como los que suministró este deponente  para  efectos  del  retrato  hablado,  el  cual no coincide con la fotografía y  rasgos  del procesado.  Acota que este declarante fue citado varias veces a  instancia   de   la   defensa   para  interrogarlo  pero  no  compareció.   Añade:   

                   “Lo mismo  se  puede  predicar  de las declaraciones de la menor, que afirman no conocer al  procesado,  en tanto las declaraciones de los testigos, afirman que la menor iba  en  la  bicicleta,  tranquila,  como  si la transportara un conocido o familiar,  luego  habiendo  hecho  un  análisis, ponderado, del caudal probatorio, con las  reglan  (sic)   normales  de  la  interpretación  para lograr una adecuada  apreciación  de  las  pruebas,  conducirían  al  director  de la causa a haber  adoptado   otra   posición   diametralmente   opuesta   a  la  adoptada  en  el  fallo.”.   

         Termina  deprecando  la casación para que la Corte dicte fallo de  reemplazo.   

         EL MINISTERIO PUBLICO   

         Con  ninguno  de  los  reparos  de la demanda se muestra acorde el  señor  Procurador  Tercero  Delegado  en  lo Penal, que en consecuencia sugiere  desatender la pretensión casacional.   

         Respondiendo       al       primer  cargo,   en   relación   con   la   práctica   de  reconocimientos  en  fila  de  personas  con  la  asistencia  de  ciudadanos  no  abogados,  encuentra  que  el  reparo  hecho  bajo la causal 3a. de casación es  incorrecto  porque  al  haberse  originado el error  en la práctica de las  pruebas,  se  trataría de un falso juicio de legalidad, que debió proponerse a  través  de  la  causal 1a., como violación indirecta, ya que no acarrearía la  nulidad  del  proceso  sino  la  exclusión  de  ese  medio de convicción en el  estudio  de la prueba.  Precisa que de los cuatro reconocimientos a que fue  sometido  el  incriminado, solo uno le resultó adverso, pero que esta prueba no  fue la única considerada por el fallador para proferir la condena.   

         Encuentra  que la captura del procesado, catalogada como irregular  por  el  censor  se cumplió dentro de los parámetros de la legalidad porque el  informe  de  la  Policía  solicitando  la  orden  de  registro  y  allanamiento  expresaba  que  en  el  inmueble respectivo  al parecer estaba escondido el  sindicado,  y  la  Fiscalía  al  acceder  a  expedirla,  decretó el registro y  allanamiento  para recaudar pruebas y lograr la captura del sujeto indicado, por  lo  que considera equivocada la orden del Tribunal de expedición de copias para  investigar a los agentes que la efectuaron.   

         Descarta  la  violación  al  derecho  de  defensa  por no haberse  practicado  pericia  comparativa de espermatozoides solicitada por el procesado,  porque  si,  como  en  efecto  ocurrió,  la  prueba  no se realizó, no fue por  transgresión  del  derecho  en comentario, sino por caso fortuito atribuible al  Instituto  de  Medicina  Legal debido a que allí se extravió la muestra tomada  al  cadáver  de  la  menor;   entonces, si no hubo desidia del funcionario  instructor,  no  pudo  generarse  la nulidad de que habla el demandante.  Y  aunque  reconoce  la  importancia  de  esta  prueba  para  el procesado, observa  que   “los  demás medios de prueba aportados … comprometieron seriamente  su  responsabilidad  …”,   añadiendo  que  si  se  hubiera reconocido un  estado  de  incertidumbre tal vez se habría  podido resolver con la prueba  no  practicada,  detallando  a  continuación  las  diversas  pruebas  de  grave  compromiso que militan en el expediente.   

         Observa,  de otro lado, que esta censura por nulidad no cumple las  previsiones  de  técnica,  pues  no  indica  cuáles  otras  fueron las pruebas  dejadas  de  practicar  de que habla el actor, ni de qué  manera incidían  en  la  situación  del  implicado;  y  que  igual  inconsistencia  presenta  en  relación  con la aducida vulneración del principio de investigación integral.  También  señala  el desconocimiento de la técnica del recurso en la glosa por  violación  al  debido  proceso  al  haber  escuchado  al  procesado asistido de  ciudadano  no  abogado  en  indagatoria,  porque tal situación, de ocurrir debe  alegarse  como  quebranto al derecho de defensa;  además encuentra carente  de  razón  el reparo porque para la fecha en que se llevó a cabo la diligencia  estaba   vigente   la  norma  procesal  que  autorizaba  su  desarrollo  en  esa  forma.   

         Por   encontrar   coincidentes   los   motivos  esgrimidos  en  el  cargo   segundo   como  violación  al  derecho de defensa con los aducidos  en el cargo precedente  -violación  del  debido  proceso-,   e  igualmente  carentes de razón, el  funcionario  se  remite a sus reflexiones en ese cargo;  y en relación con  el  motivo  de  queja,  de que para la cuarta diligencia de reconocimiento se le  designó  al  procesado defensora abogada de oficio a pesar de tener su defensor  contractual,  encuentra  que  no  hubo irregularidad porque ante la ausencia del  defensor,   el   artículo   368  del  C.  de  P.P.  autoriza  el  procedimiento  aplicado.   Añade  que  durante  el  proceso  el implicado estuvo asistido  técnicamente,  no  solo  por  un  defensor público,  sino por defensor de  confianza.   Encuentra  que  tampoco  se transgredió el derecho de defensa  porque  no  se  hubiera  podido  practicar  la prueba técnica solicitada por el  sindicado.   

         También      conceptúa      adversamente     el     cargo  tercero, basado en la causal 1a.  de  casación, que pregona la incursión del fallador en errores de apreciación  probatoria,  pues  anota que el funcionario, en el estudio de los testimonios de  Edgar  Calvo  y  de los menores fue adelantado conforme a la crítica racional y  en  conjunto  con  otros  medios  de  prueba  y  fue  así  como  se declaró la  responsabilidad  del  procesado.  Aludiendo a los primeros reconocimientos,  cuya  apreciación  glosa  el  censor,  advierte  que la demanda no demuestra la  trascendencia, de los errores que pregona.     

         Finalmente,   en   cuanto   al   testimonio   de   Luis   Bautista  Rincón   cuya  descripción  sirvió  para  la  elaboración  del  retrato  hablado,   en  cuya apreciación dice el censor hubo error por falso juicio  de  identidad,  dice  el  Procurador que la glosa carece de fundamento porque la  prolijidad  de  detalles de que habla para considerar imposible la retención en  la  memoria  de tantos caracteres de una persona resultó del interrogatorio del  técnico  respectivo  al  testigo  y  a  medida  de  la elaboración del retrato  hablado;   además  en  el  estudio  de  esta  prueba  también el Tribunal  aplicó la crítica racional.   

         CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

         

         Carece  de  razón  el  casacionista  en  todas  las  censuras que  formula contra la sentencia, tal como a continuación se verá:   

         Cargo  Primero.-   Violación  al  debido  proceso,  generadora de nulidad desde la apertura de instrucción,   originada en:   

         -práctica  de  tres  reconocimientos en fila de personas asistido  el implicado por defensor no profesional del derecho.   

         Lo  primero  que  se  echa  de ver es el error técnico casacional  consistente  en  plantear  esta  objeción  bajo el auspicio de la causal 3a. de  casación.  Se  recuerda,  que  la  apreciación  por  el  fallador,  de pruebas  aisladas  practicadas  o  incorporadas al proceso de manera irregular, es motivo  de  censura  casacional  pero a través de la  causal 1a. del artículo 220  del   C.  de  P.P.  -violación  indirecta-,  porque  esta  clase  de  error  no  transciende  a  la  totalidad  o  a gran parte del proceso, sino que conlleva su  prescindencia del examen probatorio.   

         A  la ineficacia del reparo, por el anotado motivo técnico,   súmase la sinrazón del planteamiento.   

    

         Los  reconocimientos  materia  de  reclamo,  cumplidas  el  24  de  septiembre  de 1993 después de escuchadas las declaraciones de las personas que  los  hicieron   (fls.  28,  31, 35, 36 y 20, 37 cd. ppl.), efectivamente se  realizaron  como  lo  manifiesta  el  demandante,  pero  en  verdad, tal como lo  resalta  el  Procurador, de acuerdo al artículo 368 del C. de P.P. que autoriza  la  práctica  de  esta clase de diligencia con la asistencia de un apoderado de  oficio  ante  la  ausencia  de  defensor,  lo  que  deja  sin  piso  la censura,  pues   el  funcionario instructor se limitó a dar cumplimiento estricto al  mandato legal.   

         –Captura  ilegal del procesado.  La captura del sindicado en  forma  irregular  no tiene la virtualidad de viciar el proceso por el solo hecho  de  que  aquel hubiera finalmente resultado condenado,  porque ella en sí,  no  determina  la  legalidad  del  proceso;  y  si  bien, puede acontecer que se  realice  de la manera descrita, lo máximo que puede acarrear, es la sanción de  los  funcionarios  que  la  hubieran  ordenado y realizado, de ninguna manera la  nulidad de la investigación.      

         Pero   además,   la   captura  que  se  llevó  a  cabo  en  esta  investigación  no  transgredió  ningún  mandato  legal,  y  así  con tino lo  destaca  el  Procurador  para cuestionar la orden del Tribunal de que se vale el  demandante  para  plantear  la  glosa,  de  expedir copias para investigar a los  policiales  que  la  efectuaron,  porque  “… no obedeció a orden escrita …”  (fl.  11  cd.  2  Tr.), ya que en la  solicitud de orden de allanamiento el  investigador    comisionado    de   la   Sección   de   Policía   Judicial   e  Inteligencia   (1-1v), se lee que se advierte a la Fiscalía que en la casa  que  se  pide  allanar  en  Funza se escondía el sujeto “Oto o Víctor Vélez”,  presunto  autor  de  los  delitos  de  que  fue  víctima la menor aludida en el  proceso,  y  en  ese orden que en ese lugar allí podían encontrar pruebas para  el  esclarecimiento;   y  accediendo a lo pedido, la Fiscalía 238  expidió  la orden  “para lograr la captura”   del  referido sujeto. (fls. 3-3v), la que se llevó a cabo  el 24 de septiembre (fl. 6).   

         —No   haberse   ordenado   la  prueba  de  comparación  de  los  espermatozoides  del  procesado  con  los  hallados  en  el  cuerpo  de la menor  ofendida.   

         Infundada,  por  no corresponder a la verdad, es la afirmación de  esta  censura.  En efecto, desde el mismo auto de apertura de instrucción,  dictado  el  24  de  septiembre  de  1993  (fl. 7) la  Fiscalía dispuso la  práctica   “de diligencia de descarte de  espermatozoides con los del  sindicado  …  y  los hallados en la occisa …”.  Cosa distinta es que la  prueba  no  hubiera  podido  llevarse a cabo, como lo revela el proceso, pues el  Instituto  de  Medicina  Legal, al que se le ordenó practicarla, reportó el 30  de  septiembre carecer de la infraestructura necesaria para esa clase de pericia  (fl.   91);    y   cuando   la  Fiscalía  pretendió,  y  en  ese  sentido  ofició   el  13  de  diciembre  (fl.  111)  a Medicina Legal, que  la  muestra  tomada  al  cadáver  fuera enviada al Instituto de Bienestar Familiar,  aquella  institución  respondió  el  31  de diciembre (fl. 151),  que esa  muestra  había  sido  descartada una vez realizado el examen para establecer la  presencia de  espermatozoides humanos.   

         Evidente  pues,  que  el funcionario investigador procuró por los  medios  legales,  que  la  prueba  referida  por la defensa fuera practicada, es  decir,  no  hubo  el  desconocimiento  del  debido  proceso por ese aspecto, que  pregona el casacionista.   

         En  este  mismo  segmento de la censura en estudio  afirma el  actor  que  la  defensa  solicitó   “otras  pruebas … que no tuvieron su  evacuación,  y  su  ausencia  del  proceso,  constituye la negación del debido  proceso”,   sin  especificar  cuáles  son esas  otras  pruebas  cuya  práctica  no  se  cumplió,  ni su incidencia  en  el fallo, vale decir, en este punto, el cargo a la sentencia  es incompleto.   

         —  Desconocimiento del principio de la investigación integral y  por ello, violación de los artículos 333 y 334 del C. de P.P..   

         La  aseveración  de que se le negaron las pruebas solicitadas por  el  procesado  y  que  por  eso  se investigó solo lo desfavorable a él,   aparece  suelta  y  carente  de  sustentación, pues no  especifica cuáles  fueron   esas   denegadas   pruebas,   ni  cuáles  las  que  siendo  favorables  y   habiéndose debido practicar no lo fueron.   

         En  estricto  rigor,  esta parte de la demanda no contiene censura  definida ni definible.   

         —  Se  oyó  al sindicado en indagatoria asistido de una persona  carente de la calidad de abogado.   

         La  indagatoria  fue  rendida  el  27  de septiembre de 1993 (fls.  44-47),   y  para  que  lo  asistiera,  la Fiscalía le designó de oficio,  según  reza  el  acta,   “al  Dr.José  Manuel  Vargas  Piñeros con C. C.  …”;     y    como    el    procesado   solicitó   ampliación   de   esa  diligencia,    el  2 de diciembre de 1993 fue escuchado, esta vez  con  la   asistencia  de  su  abogado defensor, que para entonces le había  designado la Defensoría Pública. (fls. 99, 100 y 103 y ss).   

         El  no  haber  aclarado  la Fiscalía si la  “persona” que le  asignó  como  defensor  oficioso  era  abogado hace presumir que ciertamente se  trataba  de una persona carente de esta calidad, pero débese recordar, que para  la  fecha  en  que se surtió la diligencia se hallaba en vigor el primer inciso  del   artículo   148  del  C.  de  P.P.,  que  habilitaba  como  defensor  para  indagatoria,  a  cualquier  ciudadano honorable no abogado que no fuese servidor  público,  y  el  demandante no demuestra que el designado no pudiera legalmente  asumir  el  encargo.   Habiendo  sido  declarada  la inexequibilidad de ese  mandato  por  la  Corte  Constitucional  solamente  el  8 de febrero de 1996, es  evidente  que  la Fiscalía obró en total observancia de la preceptiva regente,  de  donde se concluye que no existió la irregularidad denunciada.  Y si se  recuerda,  como  ha  quedado  visto,  que en la ampliación de la indagatoria el  sindicado  estuvo  representado  por  su  abogado  defensor  de confianza, menos  motivos   emergen   para   hablar   de  violación  del  debido  proceso  en  la  indagatoria.   

         Carentes  de fundamento las distintas objeciones que integran este  cargo, se encuentra impróspero.   

         Cargo  Segundo.-   Violación del  derecho de defensa.   

         —   Habiéndose   capturado   el  procesado  sin  orden  de  autoridad  competente,  fue  sometido  a  reconocimiento  por  el  testigo  Luis  Bautista  Rincón  a  quien  el defensor cataloga como “al parecer familiar” del  Jefe  Operativo  Jorge  Enrique  Rincón,  agente  de  la  SIJIN), sin que se le  permitiera la asistencia de un defensor  abogado.   

         En  los  comentarios  que  conforman  este  aspecto  del  cargo en  examen,  la  demanda se reduce a afirmaciones carentes de sustento, que por esta  razón  no  permiten a la Corte  establecer en qué consistió el atropello  a  la  garantía  de  la  defensa;   tal  es  lo  que  se  evidencia  al no  fundamentar  la  reticencia hacia el testigo Bautista  Rincón,   pues  el  argumento  se  limita  a   conjeturar  el parentesco consanguíneo de éste con un funcionario de la SIJIN.                    En   idéntica  falla  de  técnica casacional incurre cuando  afirma  que  al  procesado  no  se  le permitió ser representado por un abogado  en   el  reconocimiento por el dicho testigo Bautista Rincón.  Y  repite  la inconsistencia argumental al dejar de demostrar que la asistencia por  ciudadano  no  abogado  en la diligencia de reconocimiento en comentario hubiera  avasallado   el  derecho  de  defensa,  observándose  como  dato  curioso  pero  indicativo  de  imprecisión  conceptual,  que  causa  detrimento  formal  a  la  demanda,  que  en  la  primera  glosa  del  cargo  primero,  consideró que tres  reconocimientos  distintos  del  que  aquí  trata, cumplidos en la misma forma,  constituían quebranto al debido proceso.   

         —  Al oírse en indagatoria al procesado sin la asistencia de un  profesional  calificado  se  violó el derecho a la defensa técnica.  Este  reparo  es  idéntico al que formuló en el cargo primero, parte final, en donde  lo presentó como violación al debido proceso.      

         Sin  la precisión en el acta de la diligencia, de la especialidad  del   “doctor”   al  que se le confió la asistencia en la indagatoria  -rendida   cuando   aún   la   Corte  Constitucional  no  había  declarado  la  inexequibilidad  del  primer  inciso  del  artículo  148  del  C.  de  P.P. que  habilitaba  como  defensor  para  la indagatoria a todo ciudadano honesto que no  fuera   abogado,   no   puede   descartarse  la  aducida  ausencia  de  defensor  técnico;   sin  embargo,  como  no basta que la irregularidad se presente,  sino  que es menester demostrar el agravio sufrido, cumple afirmar, primero, que  no   hay   demostración  alguna  al  respecto;  se  trata  de  una  afirmación  insustenta;   y  segundo, que habiendo sido representado el procesado en la  ampliación  de su indagatoria por su abogado defensor de confianza, tal como se  precisó  al responder el cargo primero en la parte pertinente, la diligencia es  válida y no afecta la garantía superior de que habla el actor.   

         —  No  obstante  tener su defensor de confianza constituido el 5  de  octubre  de  1993, para cada diligencia la Fiscalía le designó defensor de  oficio  al  procesado,  impidiendo  que  hubiera coherencia en la defensa.   Esto  sucedió  exactamente  en  el  reconocimiento  en  fila de personas que se  realizó en la cárcel Modelo de Bogotá.   

         —  Solo  desde  la  designación  de un defensor por parte de la  Defensoría  Pública  el procesado comenzó a estar técnicamente representado,  pues  duró  tres  meses  huérfano  de  defensor,  y fue en ese lapso cuando se  cometieron “las más grandes equivocaciones procesales”.   

         Aún  dejando  de lado la evidente falta de precisión del reparo,  en  cuanto  no  señala ni demuestra cuáles fueron esas “grandes equivocaciones  procesales”   que afectaron el derecho de defensa del procesado, la censura  carece de posibilidad de éxito.   

         Si  se  repara  en  el  proceso,  se  encuentra que en el apartado  “III”   de  la  resolución  definitoria de situación jurídica dictada el  1o.  de  octubre de 1993 (fls. 60 y ss.)  la Fiscalía dispuso practicar el  reconocimiento  con  el testigo Luis Edgar Calvo, y que habiendo conferido poder  a  su  defensor  de  confianza  el  5  de octubre, quien  en la misma fecha  solicitó  copias  de  todo lo actuado (fl. 71),  éste forzosamente estaba  enterado  de  la  ordenación  de  la prueba y no acudió al reconocimiento (fl.  81);   por  esta  razón  se  le  designó  como  defensora de oficio a una  profesional del derecho.   

         El  funcionario  Judicial  una  vez  más  lo  que  hizo  fue  dar  cumplimiento  a  un  precepto  legal,  el  artículo  368  del  C. de P.P.; y no  desvertebró  la garantía de la defensa, pues posteriormente la Defensoría del  Pueblo    le    designó    uno   de   sus   abogados   para   asistirlo   (fls.  99-100).     Este  nuevo  profesional  lo  representó  con  excelente  dedicación  y  empeño  desde  la  ampliación de indagatoria (fl. 103), pues a  partir  de ahí, solicitó reposición de la resolución de cierre investigativo  (fl.  118),  presentó alegato precalificatorio (fl. 136), solicitó su libertad  provisional  por vencimiento del término para calificar (fl. 164), interpuso el  recurso  de  apelación  contra  la resolución de acusación y lo sustentó con  ponderados  argumentos  (fls.  165,  169  y  ss),  y  ya  en la etapa del juicio  solicitó  copias  y la nulidad del proceso (fls. 197,  199 y ss), y al ser  ésta  denegada,  coadyuvó  la  apelación  incoada  por  su  cliente (f. 218),  introdujo   nuevos   memoriales  (fl.  241),  interpuso  nuevos  recursos  (fls.  259-260),  solicitó  la libertad por no haberse realizado dentro de término la  vista  pública  (fl.  288),  recurrió  de  la  decisión  adversa (fl. 301), y  finalmente,  juntos  él y la vocera designada por el procesado intervinieron en  la audiencia pública (fl. 319).      

         Toda  esta responsable y dedicada actividad del defensor público,  sumada  a  la de la abogada vocera, que continuó en el debate público y en las  actuaciones  paralelas,  representando los intereses del acusado  (fl. 364,  fls.  369,  414,  421,  445, 509v., 539, 547, 573 y ss.)  y sumada a la del  defensor  sustituto  y hoy  demandante en casación, indica de manera clara  y  contundente, que el derecho a la defensa no recibió afectación por parte de  los  funcionarios  judiciales,  pues estuvo plenamente garantizado  a   lo  largo  de  los  debates.   Carece  entonces  de razón la aserción del  demandante sobre el estorbamiento a la dicha garantía.   

         —   Debido  a  la  falta  de  defensa  desde  el  inicio  de  la  investigación  se  perdió  las  posibilidad  de  obtener la prueba que hubiera  demostrado  la  inocencia  del  implicado,  como  fue  la de comparación de sus  espermatozoides  con los hallados en el cuerpo de la víctima, pues Instituto de  Medicina  Legal  descartó  la  muestra  requerida  para  el cotejo.           

         Este  comentario del censor sobre el efecto de la falta de defensa  técnica  del procesado es meramente conjetural, pues  ocurre  que frente a la experticia no practicada, el proceso revela el acopio de  otras,  de  innegable  importancia  para la decisión de debate, respecto de las  cuales  el  defensor  guarda  silencio  en  este  cargo  y  a  lo  largo  de  la  demanda,  sin  percatarse  de  que para demostrar el  agravio  al  derecho  de  defensa  por  falta  de esa prueba,  debía haber  demostrado  la inutilidad de todos los elementos de juicio allegados legalmente,  y  en  especial,  de  la  indagatoria,  el  dictamen de Medicina Legal sobre las  escoriaciones  que  el  procesado  presentaba  en  su  cuerpo  y  de  las que la  Fiscalía  dejó  constancia, los indicios de mala justificación y de presencia  en  el  lugar  de  los  hechos,  pruebas  éstas  a  las  cuales,  junto con los  testimonios  y uno de los reconocimientos, el fallador dedicó cuidadoso estudio  en orden a decantar los fundamentos de su decisión.   

         En  relación  con  la  actividad  probatoria  silenciada  por  el  demandante,  se  tiene  que  en  el  acta  de  indagatoria  la  Fiscalía  dejó  constancia  de  que  el  procesado  presentaba “rasguños en el cuello”, sin que  éste  hiciera  comentario  alguno  a  esta  verificación  (fl. 47).   Estas  lesiones  fueron  confirmadas por el Instituto de Medicina Legal, que una  vez examinado el cuerpo del procesado dijo:   

                                           “presenta    escoriación    lineal    de    5  cms.    Horizontal   en   región    deltoidea   izquierda;   escoriación  de  4 cms. en región escapular  izquierda; escoriación de 5  cms.   

                         en  cara   anterior   tercio  medio  del  brazo izquierdo y  escoriación   de  4 cms.  en  cara lateral  de  flanco  izquierdo …” (fl. 90 cd. ppl.);   

y  en  la  diligencia de audiencia pública  (fl.  316),  al  ser  interrogado sobre esas escoriaciones manifestó que se las  había  causado,  jugando con él, una amiga llamada Carmenza García ocho días  antes  de su captura.   Estas pruebas fueron sometidas por el Tribunal  a  un  ponderado  análisis  que no podía dejar sin comentario al casacionista,  así   el   fallo  hubiera  dejado  de  incluir  en  su  análisis  ese   específico   aspecto  del  acontecer  delictivo,  como  sucedió  porque  se limitó a mencionar el documento, la  descripción  contenida  en el acta de necropsia: “… cadáver de menor de sexo  femenino  con  signos  de  lucha  en cuello y en manos” (fl. 10) cd. ppl).   Concluyó el Tribunal:   

                        “La  ubicación  de  las  heridas y la clase de estas revela un tipo  de lesión  causado  por  alguien  que se defiende.  Si se tiene en cuenta que  al  lesionado  se  le  acusa  de  acceso  carnal y estrangulamiento de una menor, es  perfectamente  posible  que  obedeciera   a un intento de la víctima   por   evitar   el   abominable   crimen.     Es  que  para  lograr  la  estrangulación  el  agente  tuvo que ocupar sus miembros superiores,   situación  que  permitía  la manipulación de la ofendida.”. (fls. 22-24 cd. 2  Tr.).   

         Las  explicaciones  del procesado fueron consideradas mendaces por  el  fallador   (fls.   21  cd.  Tr.  2  y  566  cd.  ppl.),   que  también    se  ocupó  en  extenso  de  la  circunstancia  relativa  a  la  coincidencia   de  las  prendas  halladas  en  casa del acusado con las que  algunos  de los deponentes refirieron haberle visto puestas el día de los   hechos.   

         Dejando  en  pie  todas  estas pruebas de compromiso, la pregonada  importancia  de  la  pericia  que  no  llegó  a practicarse, no pasa de ser una  conjetura.    

         Así     las     cosas,      no  prospera  ninguna  de  las  objeciones  de esta  censura.   

         Cargo    Tercero.-    Violación  indirecta  de la ley sustancial por falso juicio de identidad en la apreciación  del  testimonio de Luis Edgar Calvo, que en diligencia de reconocimiento en fila  de  personas describió unas características y en la audiencia pública no pudo  ya   reconocerlo,   teniéndolo  presente.  Error  de  igual  naturaleza  en  la  apreciación  de  los  testimonios iniciales y en la audiencia pública, otorgar  valor  a  “algunas  pruebas  como  en el caso de los primeros reconocimientos” ,  cuando   “dichas  pruebas  no podían ser objeto de estudio, de análisis o  de  interpretación,  por  ser inexistentes, toda vez que estaban viciadas en la  forma  y  fondo  de  su  práctica”,   pese a lo cual critica el testimonio  de   Luis  Bautista  Rincón  por  parcializado   y porque según “las  reglas  de  la experiencia y aún las técnicas …” una persona no puede captar  tantos  detalles  como  los que el testigo vertió …”.   La crítica  se  extiende  a  una  menor, indeterminada  “… que afirman  (sic) no  conocer  al  procesado,  en tanto las declaraciones de los testigos, afirman que  la menor iba en la bicicleta …”.   

         Es  esta  censura una exposición de libre forma del casacionista,  en  la  que da a conocer su personal punto de vista sobre los reconocimientos en  fila  de  personas a que fue sometido el procesado, oponiéndolo al criterio del  fallador  con reflexiones que no logran decantar el falso juicio de identidad de  que  habla,  pero que a la postre hacen el discurso inmerso en una clase de  error  de  hecho distinto del que enuncia, al hablar de apreciación contraria a  las  reglas  de  la  experiencia, lo que traduce censura por desconocimiento del  principio  de  la crítica racional, que a su vez tampoco logra demostrar porque  la  objeción  se  diluye  en  el  círculo  vicioso  de  la referida oposición  criterial,  sin punto de apoyo en ninguno de los errores de posible aducción en  el  recurso  extraordinario,  y  por  tanto  sin permitir a la Corte su eventual  enmienda,  respetuosa  como  debe  ser de la evaluación probatoria cuando en la  sentencia  de la primera instancia se estudia la prueba en conjunto y se guardan  los  parámetros de la crítica racional como lo dispone el artículo 254 del C.  de P.P..   

         A  esta  falta  de  concreción  argumentativa se suma la falta de  precisión  de  los  testimonios cuya apreciación objeta, pues se refiere   al  “de  la  menor”,  y a “los testigos”  que dijeron que la menor iba  en  la  bicicleta,  en  ambos  casos sin precisar a qué personas está haciendo  alusión.     

         En  su  empeño  de derruir la sentencia por la vía de violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  causal  1a.  del  artículo  220  del C. de  P.P.,   es  imperativo  para  el demandante, individualizar y demostrar los  errores  probatorios de repercusión definitiva en la sentencia, en todas y cada  una  de  las  pruebas que fueron consideradas por el fallador, y en aquellas que  dejó  de  apreciar  siendo  de  trascendencia  para modificar el sentido o/y el  alcance  del fallo impugnado;  si se dejan pruebas contundentes fuera de la  censura  ésta  es incompleta.  Así, con reiteración, de tiempo atrás lo  viene  sosteniendo  la  jurisprudencia  de  esta  Sala,  y  una  vez  más se ve  precisada a recordarlo.   

         El cargo no prospera.   

         En   mérito,   la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA  en  SALA DE CASACION PENAL, oído y acogido  el  concepto  del Ministerio Público,  administrando justicia en nombre de  la República y por autoridad de la Ley,   

         R E S U E L V E   

         NO   CASAR  la  sentencia  recurrida.  DEVUELVASE el expediente  al Tribunal de origen.   

         CÓPIESE Y CÚMPLASE.   

                                       EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                                            No      hay  firma   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                             JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA   

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                        JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                        CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO   O.   PEREZ   PINZON                                        NILSON PINILLA PINILLA   

         No hay firma   

                                                    TERESA  RUIZ NUÑEZ   

                                                           Secretaria     

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