13379jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso Nº 13379  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE E. CÓRDOBA POVEDA  

Aprobado Acta No. 127  

Santa Fe de Bogotá, D.C., veintiséis (26) de  julio de dos mil (2000).   

VISTOS  

                      Decide  la  Corte  el  recurso  extraordinario  de  casación interpuesto por el defensor de  GERMAN  VICENTE  CUELLAR  MANRIQUE  contra  la  sentencia  de  enero 13 de 1997,  mediante  la  cual el Tribunal Nacional condenó a dicho procesado a 50 años de  prisión   por   los   delitos   de   secuestro,  concierto  para  secuestrar  y  homicidio.   

ANTECEDENTES   

1.  En  el  mes  de  octubre  de  1993  fue  secuestrada  JANETH  ROLDAN  NOVOA, a raíz de lo cual el DAS, mediante el Grupo  UNICOP, procedió a adelantar las pesquisas pertinentes.   

En la noche del 18 de marzo de 1994, miembros  de  dicha  Institución  secuestraron  en  diversos  sitios  de la capital de la  República  a  JULIO  EDGAR GALVIS QUIMBAY, RAUL GUTIERREZ GUARIN, HERNAN RAFAEL  LORA  MENDOZA,  FREDY  HUMBERTO  GUERRERO  y AYDEE MALAVER, desmovilizados de la  organización  subversiva  M-19  y  quienes  al  tercer  día fueron encontrados  muertos  de varios impactos de arma de fuego, presentando sus cadáveres huellas  de haber sido brutalmente golpeados y mutilados.   

La   mencionada  dama  Roldán  Novoa  fue  rescatada por la autoridad.   

2.   La  investigación  que  inicialmente  adelantó  la  Procuraduría  General  de  la  Nación mostró que los referidos  miembros  del  DAS  se movilizaron esa noche del 18 de marzo en el taxi amarillo  de  placas  SFP-121 que dicho Departamento Administrativo venía utilizando y en  un  vehículo  de color blanco, del cual  se apeó el agente GERMAN VICENTE  CUELLAR  MANRIQUE  -a  cargo del Grupo UNICOP, estrechamente vinculado al citado  UNICOP-  y  obligó  al  ex  guerrillero Raúl Gutiérrez Guarín a entrar en el  nombrado  taxi  amarillo, hecho éste presenciado por la esposa del secuestrado,  FIDELIGNA DEL CARMEN RODRIGUEZ REYES.   

– La Fiscalía Regional abrió investigación  (fl.  17  cdno.  No.1)  y en las diferentes oportunidades que intervino Cuéllar  Manrique,  este  imputado negó enteramente tener algo que ver con los referidos  hechos,  y  si  bien  inicialmente  dijo  que  para  el  día  de  los mismos se  encontraba  en su residencia (fls. 78 y ss. cdno. No.3) manifestó que esa noche  del 18 pernoctó en un condominio ubicado en Melgar.   

                    – Decidida la  detención  preventiva  y practicadas otras pruebas, la investigación se cerró  y  calificó  mediante  resolución  de  junio  16 de 1995 (fl. 37 cdno. No.4) y  Cuéllar  Manrique  fue  acusado  por  los  delitos  de  secuestro  y homicidios  agravados,  también  en  concurso  con  concierto  para  secuestrar, delito que  tipifica el artículo 8º de la ley 40 de 1993.   

Para acusar la Fiscalía, además de la clara  sindicación  de  la  nombrada  esposa del secuestrado Raúl Gutiérrez Guarín,  tuvo  en cuenta que el citado “taxi amarillo” varias veces era conducido por  el  procesado,  que éste, luego de los hechos, estuvo revisando los respectivos  libros  “de  control”,  que  los  números  originales  de placas SFP-121 se  cambiaron  allí  por  SFP-727 y que la coartada de haber estado la noche de los  hechos en Melgar, quedó desvirtuada.   

                          Dicha  acusación  fue apelada por el defensor y por el Agente del Ministerio Público,  pero  luego  ambos desistieron de la misma. El último de ellos lo hizo el 28 de  julio de 1995 (fl.97 vot. Cdno, No.4).   

3.  Hecha la citación para sentencia, ésta  la  profirió el Juzgado Regional en septiembre 26 de 1996 (fl. 368 cdno. No. 4)  y,  en  armonía  con  la acusación, condenó al acusado Cuéllar Manrique a 50  años  de prisión, fallo que, apelado por el defensor de aquél, recibió total  confirmación  mediante el que ahora es objeto de la impugnación extraordinaria  (fl. 20 cdno. Tribunal).   

LA  DEMANDA   

Bajo  el  epígrafe de “CAUSAL INVOCADA”  (fl.  83 cdno. Tribunal) y al amparo del artículo 220-1, cuerpo 2º del Código  Penal     se    afirman    los    siguientes    errores    “de    apreciación  probatoria”.   

1.  La  declaración de Fideligna del Carmen  Rodríguez  Reyes no es “creíble, responsiva, veraz y seria” (fl. 85), como  lo  estima  el sentenciador, ya que mediante el reconocimiento fotográfico dijo  identificar  a  GERMAN  CUELLAR  MANRIQUE “como uno de los que retuvieron a su  esposo”,  aportando  “datos  mínimos  e insuficientes para una descripción  fisonómica”,  como  que dicha persona es “bajita, gorda, morena y crespa”  (id),  señalamiento  que  riñe con “la sana crítica que impera a propósito  de identificación de personas por rasgos fisonómicos” y agrega:   

“Mal puede afirmar el Tribunal Nacional que  Fideligna   del  Carmen  es  aquí  responsiva  porque  lo  cierto  es  que  los  investigadores  no profundizaron al respecto y lo lógico hubiera sido que en el  momento  del  reconocimiento fotográfico se le preguntara por su inconsistencia  y  contradicción,  para  tener elementos de juicio que superaran el equívoco y  esto   no  se  hizo,  dejando  el  equívoco  vigente,  palpitante   y   apto   para   la   dinámica   de   la   duda”.  (fl. 86).   

                     Recuerda que  en  ese  mismo  testimonio  la  testigo  señaló  a  la agente del DAS Mercedes  Clavijo    “como    la    mujer    ‘alta,      blanquita      y      de      pelo      corto’  que  colaboró en la retención de su  esposo”  (fl.  87), mas resulta que para el día de la delincuencia en comento  (18  de  marzo  de  1994),  la  citada agente se encontraba convaleciente de una  operación  de  apendicitis,  y  dice  el  censor que si bien el fiscal acusador  valoró  que  no  obstante,  “para  el  día  18  de  marzo  Mercedes  Clavijo  ‘ya  podía  ir  y venir a  donde  quisiera’, lo cierto  es  que  nadie  creyó en el reconocimiento que hizo doña Fideligna, puesto que  no  fue  siquiera  indagada,  no  se  le  formularon  cargos  y  a  este proceso  compareció como testigo” (fl. 87).   

                   2. El Tribunal  estima  que  el  dicho  de  Fideligna  se  refuerza  “con  otros  elementos de  juicio”,  como   la  mutación  de  los números y letras de la placa del  vehículo  asignado  a  los  agentes del DAS, pero considera el casacionista que  este  hecho  no puede configurar el indicio grave deducido por el fallador, pues  el  referido  automotor  no  estaba  asignado  “exclusivamente” al procesado  Cuéllar  Manrique,  ni  tampoco  lo  fue  en “los días cruciales (18 a 20 de  marzo)  en  que se cometieron los secuestros agravados y las muertes violentas a  las que se refiere el proceso” (fl. 88).   

                      Habla de la  sindicación  que  soporta  el  procesado  de “estar revisando los libros” y  anota  que  no  se  sabe  si  eran  los  de  minuta  de  guardia o de control de  vehículos, y añade:   

“Ante lo anterior, no se necesita realmente  de  ningún  esfuerzo  dialéctico  por parte del recurrente para afirmar que en  ese  aspecto,  la  sentencia  acusada incurre en un error de hecho protuberante,  puesto  que  al  hecho  de  la  mutación de números y letras efectuados en los  libros   y   al  hecho  de  estar  GERMAN  CUELLAR  revisando  unos  libros,  no  necesariamente   los  de  estos  registros,  no  puede  configurar  el  hecho  indicador  del  cual se infiera  con  fuerza  de indicio grave  que  este  hecho  compromete a GERMAN CUELLAR como interesado en la mutación de  esas  placas  para  desviar  la  investigación  en detrimento de la justicia”  (fl.88 infra).   

                   3. Que tampoco  puede  afianzarse  la  comentada  declaración  “en  la no credibilidad de los  testimonios  de  las personas que bajo juramento manifestaron que el 18 de marzo  de  1994,  en  horas  de  la  noche, que GERMAN CUELLAR MANRIQUE se desplazó al  Condominio “El Paraíso” del municipio de Melgar”. (f.89).   

                    Estima que el  hecho  de  que el procesado Cuéllar Manrique aparezca allí registrado el 19 de  marzo  y  no  el  18,  “consiste,  sencillamente,  en que la celaduría en ese  condominio  sólo se ejercía hasta las 10:00 de la noche y que al haber llegado  GERMAN  CUELLAR  después  de esa hora su entrada no podía quedar registrada en  el  libro”  (id.)  y  reitera  que  todos  los  testigos  avalan la llegada al  condominio después de las 10 de la noche.   

                      Se queja de  que  no  se  les  haya  creído  a  esos  declarantes “porque sí” (fl.90) y  precisa:  “Sin  dicho  error  la  decisión  hubiera  sido  distinta,  esto es  absolutoria,  puesto  que ninguna otra prueba ha sido esgrimida por la sentencia  recurrida  para  condenar  a  GERMAN  CUELLAR  MANRIQUE  a  cincuenta  años  de  prisión”. (fl.90).   

                     4. Que “es  absolutamente  evidente”  que  el  procesado  no  participó  en “pesquisas,  movimientos,  entrevistas,  interceptaciones,  etc.”  (fl.91),  por lo cual es  erróneo  lo  que  afirma  el  sentenciador en sentido contrario, yerro “mucho  más  trascendente  si  se  tiene  en  cuenta  que el Tribunal desconoce pruebas  existentes  en  los  autos  que  revelan  que  el  señor  CUÉLLAR  MANRIQUE no  pertenece  a  la  UNICOP,  no  estuvo  asignado  como  miembro de la UNEOP a las  investigaciones  por el secuestro de Doris Janeth Roldán y toda su actividad al  respecto  se  limitó  al aporte de unas armas en la mañana del 20 de marzo por  solicitud del Dr. Ricardo Villarreal”. (fl.91).   

                      A renglón  seguido   sostiene   que   el   Tribunal  ignoró  los  testimonios  de  Ricardo  “Villarraga”,  Margarita  Yepes  de  Jiménez, Antonio Pulgarín Díaz, Noé  Pileros  y  el  oficio 0338 de abril 5 de 1994, “documento público que indica  qué  agentes  del  DAS  si  tomaron  parte  en  esos operativos y que en ellos,  no  figura GERMAN VICENTE CUELLAR MANRIQUE”. (fl.91).   

                    Disposiciones  infringidas.   

                      Bajo  este  título  el demandante menciona los artículos 29 de la Carta Política, 18, 247  y  254  del Código de Procedimiento Penal y anota que “una de esas garantías  consiste  en  el  derecho  que  tiene  GERMAN  VICENTE  CUELLAR  MANRIQUE  a  que se le reconozca su inocencia  por  cuanto  que  este  proceso no recaudó en contra suya pruebas válidas para  desvirtuarla”. (fl.92).   

                    Al iniciar la  demanda  el  casacionista dijo que el recurso extraordinario estaba encaminado a  “solicitar   la   revocatoria  de  la  sentencia  condenatoria  objeto  de  la  impugnación,   para  que  en  su  lugar  se  profiera  sentencia  de  carácter  absolutorio” (fl.59).   

                   CONCEPTO DE LA  PROCURADURIA   

                      El  señor  Procurador  Primero  Delegado  en  lo  Penal  hace  ver  que en un solo cargo se  formulan   “varios   reproches   bajo  la  forma  genérica,  de  ‘error      de     hecho’  (fl.78  cdno. Corte), y considera que  el   actor   se   limita   a   no   compartir   la  valoración  probatoria  del  Tribunal.   

                      – Dice que  Fideligna   del  Carmen  Rodríguez  “al  ponérsele  de  presente  el  álbum  fotográfico,  en  ningún  momento  dudó al reconocer al procesado como uno de  los  que  obligó  a  su  compañero  a  abordar  un  vehículo  por  la fuerza.   

Así fue estimado tanto por el juez de primera  como   por  el  de  segunda  instancia”  (fl.79),  y  transcribe  los  apartes  pertinentes.   

                   – Advierte que  cuando  el fallador estima que el referido testimonio, tomado aisladamente “es  insuficiente”,  no cae en la contradicción afirmada por el casacionista, sino  lo  que  hace  “es  seguir  la  ley  y  valorar  las pruebas en perspectiva de  conjunto,  de  acuerdo  con las reglas de la sana crítica (arts. 254 y 294 C.P.  Penal)”. (fl.83).   

                    – Que si bien  es  cierto el taxi amarillo de placas SFP 121 no fue asignado en forma exclusiva  al  procesado  Cuéllar  Manrique  “quien  ejercía el control sobre el parque  automotor      en      esa      dependencia,     era     él     precisamente”  (fl.cit.infra.).   

                    – En cuanto a  las  mutaciones encontradas en los “libros de control”, conceptúa que “el  hecho  de  que las adulteraciones no aparezcan en los días en que Cuéllar tuvo  el  vehículo, no es suficiente para asegurar que al hecho indicador del indicio  se  le  hubiera concedido un alcance que no tiene. El censor pretende desvirtuar  el  hecho  indicador  del  indicio como fundamento de inferencia grave en contra  del  acusado.  Pero  no  es  claro  en  el  ataque, pues de un lado dice que las  mutaciones  no  lo  comprometen  (parece  cuestionar  la  existencia  del  hecho  indicador  y la estructura del indicio), y de otro que de allí no se infiere su  responsabilidad.  Pero  como a la postre cuestiona la valoración y por lo visto  admite  el  indicio,  no  demuestra  el error de hecho, pues la gravedad la mide  aquí  el  fallador  frente  al  examen  en  conjunto  de la prueba”. (fl.84).   

                     – Por lo que  atañe  a  la  no  credibilidad  con  relación  a  los  testigos que afirman la  estadía  del  procesado  en Melgar para el 18 de marzo de 1994, dice que “los  falladores  al  respecto  han  observado las reglas de la sana crítica, dada su  obligación  de  buscar la verdad real, pues recuérdese que el procesado varió  substancialmente  su  primera versión respecto de las actividades realizadas el  18  de marzo del 94” (fl.cit.), refiriendo en seguida lo que el acusado dijo y  lo  que  el  Tribunal  consideró para descartar la credibilidad de los testigos  (fls. 84 a 86).   

                     – Finalmente  considera   que   no  se  incurrió  en  error  de  hecho  al  afirmar  que  los  secuestradores  merodearon por los sitios cercanos a la residencia de una de las  víctimas,  pues ello se desprendía razonadamente de las declaraciones rendidas  por  “algunos  celadores de uno de los sitios de donde desaparecieron a una de  las  víctimas”,  refiriéndose a continuación a los testigos Carlos Elvencio  Martínez,  Carlos  Benavides  y  al “vigilante del almacén Febor” (fl.87),  luego de lo cual concluye la Delegada:   

“El  recurrente entonces no está asistido  de  la  razón.  No  desde  el  punto de vista técnico porque no se trata de un  falso  juicio  de  existencia por suposición Y no desde el punto de vista de la  sustentación,  porque  las  pruebas sobre las rondas previas de los infractores  sí existen.   

“Del  estudio  del  proceso  se  desprende  claramente  que  los  grupos  UNEOP,  del  cual era jefe el acusado, y UNICOP se  prestaban  colaboración  mutua  y  trabajaban  en  forma  coordinada.  Luego el  argumento  del libelista según el cual a Uneop no se le asignó el secuestro de  Doris  Yaneth,  ni  Cuéllar pertenece a Unicop, no sustenta la impugnación”.  (fl.88).   

                        Solicita  entonces  que  ante  la  improsperidad  de  la  demanda el fallo atacado no debe  casarse.   

                     

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

1. En el único cargo invocado el demandante  acusa  la  sentencia  de  haber  violado  indirectamente  la ley sustancial, por  haberse    incurrido    en    errores    de    hecho    en    la    apreciación  probatoria.   

2.  Desde  ya  se  manifiesta que la censura  adolece   de   protuberantes  desaciertos  técnicos  que,  inexorablemente,  la  condenan al fracaso, así:   

2.1.  No  dice  cuáles  fueron  las  normas  sustanciales  infringidas,  ni  su  sentido,  esto  es,  falta  de aplicación o  aplicación  indebida,  y las que cita como tales, como los artículos 247 y 254  del Código de Procedimiento Penal, no tienen ese carácter.   

2.2.  Denuncia  que el fallador incurrió en  error  de  hecho,  pero  no  señala  el  falso  juicio que lo determinó, si de  existencia  o  identidad, o si consistió en un falso raciocinio, al desconocer,  en  su  apreciación,  los  postulados  de  la  sana  crítica.  Es  más, si se  entendiera  que  lo denunciado es un falso juicio de identidad, se encuentra que  no  muestra  dónde  está  la  falta  de  coincidencia  entre  lo que la prueba  materialmente dice y lo que el Tribunal manifestó que rezaba.   

2.3.  Aunque  reclama  porque  al valorar el  testimonio  de  Fideligna del Carmen Rodríguez se desconoció la sana crítica,  lo  que  implicaría  que  orienta la censura por la vía del error de hecho por  falso  raciocinio,  sin  embargo,  y  no  obstante  lo  extenso del discurso, no  expresa  si  lo  infringido fueron las leyes de la ciencia, los principios de la  lógica  o  las  reglas  de  la experiencia, ni de qué manera se vulneraron, ni  cuál  su  incidencia  frente  a  la  parte  conclusiva  del fallo, limitando la  argumentación  a  oponerse  a  la  credibilidad  que  el  Tribunal  Nacional le  otorgó,  al  apreciarla  conjuntamente  con los demás elementos de convicción  que sustentaron la condena.   

2.4. Otra parte de la exposición la dedica a  atacar  el  indicio  resultante de la mutación de las letras y números, en los  libros  de control de salida de vehículos de las instalaciones del DAS, unido a  las  circunstancias  de que el procesado usaba el automóvil con relación al se  efectuó  la  alteración,  esto  es, el taxi SFP-121, que con él se cometieron  los   secuestros   agravados   y   que   el  procesado  estuvo  revisando  tales  libros.   

Aunque  la  Sala  ha  venido  reiterando que  cuando  se  ataca  la prueba indiciaria es deber del casacionista enseñar si se  refiere  a  la prueba del hecho indicador, o a la operación mental que sustenta  la  inferencia  lógica  o  al  proceso  de valoración conjunta, al apreciar su  articulación,  convergencia  y  concordancia, el actor no cumple con esa carga,  ni  se deduce del desarrollo del reproche en cuál de los diferentes momentos de  construcción del indicio se cometió el desatino.   

Lo único que aparece claro es que se opone,  sin  demostrar  ningún yerro y sin ningún desarrollo argumentativo, al mérito  otorgado  a  la  declaración de la persona que dijo haber visto a  Germán  Cuéllar revisando los citados libros de control.   

2.5.  Otro  de  los  yerros  de apreciación  probatoria  lo  hace  consistir  en que el Tribunal no le otorgó credibilidad a  los  testimonios  de  las  personas que bajo juramento manifestaron que el 18 de  marzo  de1994,  en  horas de la noche, Germán Cuéllar Manrique se desplazó al  Condominio  “El Paraíso”, del municipio de Melgar, sin acatar que la simple  discrepancia  entre  el  fallador y el censor sobre el mérito de las pruebas no  configura  desatino  demandable  en  casación,  a menos que se demuestre que se  quebrantaron  los postulados de la sana crítica, hipótesis en la cual el cargo  deberá  orientarse  por  la vía del error de hecho por falso raciocinio, labor  que no emprendió el demandante.   

2.6.  También  asevera  que  el  fallador  incurrió  en  error  de  hecho cuando aseveró que “antes de ser secuestrados  los  inmovilizados,  el  grupo de plagiarios merodeó por los sitios cercanos al  lugar  de  residencia  de  las víctimas”, “puesto que aunque sea cierto que  los   secuestradores   merodearon,   siguieron  y  persiguieron  a  sus  futuras  víctimas,  lo  absolutamente  evidente  es  que Germán Cuéllar Manrique nunca  participó    en    esa   clase   de   pesquisas,   seguimientos,   entrevistas,  interceptaciones, etc, etc,”.   

Agrega que el Tribunal llegó a la equivocada  conclusión   de que aquél sí había participado en esos seguimientos, al  haber ignorado varios testimonios y documentos.   

El casacionista acierta en la formulación de  este  reproche,  sin  embargo,  lo  deja  en  el enunciado, pues no lo demuestra  dialécticamente  y, particularmente, no evidencia su trascendencia  frente  a  los  numerosos elementos de convicción que apreciados conjuntamente llevaron  a las instancias a concluir en la responsabilidad del procesado.   

2.7.  Finalmente,  al analizar el desarrollo  argumentativo  dado  al  cargo  propuesto,  se  colige  que  lo  que pretende el  libelista  es  oponer sus conclusiones probatorias a las del fallador, al estilo  de  un  alegato de instancia, sin evidenciar ningún yerro, y sin percatarse que  el  criterio  de  aquél prevalece, por venir la sentencia amparada por la doble  presunción de acierto y legalidad.   

                      Tuvo, pues,  razón   el  Tribunal al concluir que la prueba sobre la responsabilidad de  Cuéllar  Manrique  es  “palpitante  y  no deja espacio para la duda” (fl.30  cdno.  Trib.),  aserto  que,  como  se  ha  visto,  permanece  incólume ante la  inanidad de los “cargos” contenidos en la demanda casacional.   

                     La sentencia  entonces  no  se  casará, y como un Juzgado Regional de Santa Fe de Bogotá fue  el  que  dictó  el  fallo  de  primera  instancia, este proceso se remitirá al  Tribunal de dicha ciudad.   

En  mérito de lo expuesto, La Corte Suprema  de  Justicia  Sala  de  Casación  Penal, de acuerdo con el Ministerio Público,  Administrando  Justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  Ley.   

RESUELVE:  

                             NO  CASAR la sentencia impugnada.   

Cópiese,  comuníquese, remítase el proceso  al   Tribunal   Superior  del  Distrito  Judicial  de  Santa  Fe  de  Bogotá  y  cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

No hay firma  

FERNANDO        E.        ARBOLDA  RIPOLL            JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA   

CARLOS         A.        GALVEZ  ARGOTE              JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

MARIO            MANTILLA  NOUGUES                CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO        ORLANDO       PEREZ  PINZON     NILSON E. PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *