13288(31-07-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso No 13288  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado  ponente   

Dr.   EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO   

Aprobado Acta No. 087  

          Bogotá  D.C.,  treinta  y  uno  (31)  de  julio  de  dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS  

          La  Sala  procede  a  decidir el recurso extraordinario de casación  interpuesto  por  el representante de la parte civil, contra la sentencia del 11  de  diciembre  de  1996,  mediante  la  cual el Tribunal Superior de Bucaramanga  confirmó  el  fallo  absolutorio proferido por el Juzgado 12 Penal del Circuito  de  esa ciudad el 30 de septiembre de 1996 en favor de Norberto Acevedo Gómez y  Marco Fidel Acevedo Lozano, procesados por el delito de extorsión.   

HECHOS  

En el mes de enero de 1994, el señor Víctor  Hugo  Prada  Centeno le entregó a Norberto Acevedo Gómez y Marco Fidel Acevedo  Lozano  la  suma  de  seis  millones  de  pesos  ($6.000.000.00)  en  calidad de  préstamo,  cuyo  pago  fue garantizado con un cheque posfechado perteneciente a  una  cuenta  del  señor Gabriel Rodríguez Barrios. Como este título valor fue  impagado   en  dos  oportunidades;  la  primera,  por  fondos  insuficientes  y,  después,  por  orden  de no pago, el señor Prada Centeno les exigió en varias  oportunidades a los deudores el pago de la obligación.   

Asegura  el denunciante que Norberto Acevedo  Gómez  y  Marco Fidel Acevedo Lozano no sólo se negaron a cancelarle la deuda,  sino  que  en una oportunidad en que los visitó en la finca para reiterarles el  cobro,  lo recibieron a golpes y después lo amenazaron con liquidarlo o hacerlo  matar  de  la  guerrilla  si  insistía  en  cobrarles  el dinero. Así mismo lo  intimidaron  con  hacerlo  separar  de  su  esposa  y  de  denunciarlo  ante las  autoridades   por   un  presunto  delito  de  acceso  carnal  violento  del  que  supuestamente  él  había hecho víctima a una de las hijas de Norberto Acevedo  Gómez.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Con   fundamento   en   las   diligencias   adelantadas  durante  la  indagación  previa,  la  Fiscalía  12  de  la  Unidad  Previa  y Permanente de  Bucaramanga  ordenó  la apertura de instrucción el 13 de diciembre de 1994. La  Fiscalía  13  de  la  Unidad  de  Patrimonio de la misma ciudad, a quien le fue  asignada   la  actuación  por  competencia,  vinculó  mediante  diligencia  de  indagatoria  a  Norberto Acevedo Gómez y Fidel Acevedo Lozano. Al definirles la  situación  jurídica,  la  Fiscalía  se  abstuvo  de  afectarlos con medida de  aseguramiento, mediante decisión del  19 de julio de 1995.   

           Cerrada   la   etapa  instructiva,  la  Fiscalía  42  de  la  Unidad  de Patrimonio Económico calificó el mérito del  sumario  el 3 de enero de 1996. Acusó a Norberto Acevedo Gómez y Fidel Acevedo  Lozano  como  responsables del delito de extorsión agravado por la cuantía. La  resolución  de  acusación  quedó  ejecutoriada  el 15 de marzo de 1996.    

          El  juicio  le  correspondió  al  Juzgado  12 Penal del Circuito de  Bucaramanga,  despacho  que una vez celebrada la vista pública, absolvió a los  procesados  Norberto Acevedo Gómez y Fidel Acevedo Lozano de los cargos que por  el  delito  de   extorsión les había elevado la Fiscalía, mediante fallo  calendado el 30 de septiembre de 1996.   

          Al  ser  apelado esta providencia por el  apoderado  de  la  parte civil, el Tribunal Superior de Bucaramanga lo confirmó  integralmente el 11 de diciembre de 1996.   

El representante de la parte civil interpuso  y  sustentó  el  recurso  de  casación  cuyo  fondo  resuelve  la Sala en este  proveído.   

LA  DEMANDA   

          Con  fundamento  en la causal primera de casación, consagrada en el  artículo  220,  numeral  1  inciso  2º.,  del  Código  de Procedimiento Penal  anterior  (Decreto  2700  de  1991)  el casacionista formuló un sólo cargo. Lo  enunció, así:   

         

          Cargo único (violación indirecta)   

La   sentencia   del   Tribunal   violó  indirectamente  normas de derecho sustancial, porque incurrió en error de hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  en  razón  a  que no tuvo en cuenta medios  probatorios  legalmente  incorporados  al  proceso  como son los testimonios del  señor   Víctor  Hugo  Prada  Centeno  y  de  su  esposa  Georgina  Acevedo  de  Prada.   

Señala   como   normas   infringidas  los  artículos    246,    247   y   254   del   Código   de   Procedimiento   Penal  derogado.   

Asegura  que si el fallador de segundo grado  no  hubiera  “desatendido en su justo valor probatorio” las declaraciones de  Víctor  Hugo  Prada  Centeno y Georgina Acevedo de Prada, habría advertido que  fue  un  hecho  cierto que los procesados Norberto y Marco Fidel Acevedo habían  constreñido  ilegalmente  a  Prada  Centeno para que éste dejara de hacer algo  con  la  amenaza  de  un  mal  futuro  determinado y con el ánimo de obtener un  beneficio  económico  evidente y, en consecuencia los hubiera condenado por los  cargos formulados en la resolución de acusación.    

Indica que pretender exigirle al señor Prada  Centeno,  para  que  se  castigara  la conducta por él denunciada, que reuniera  toda  una  serie  de  pruebas  sobre  el  ilícito,  resulta  desproporcionado e  injusto,  pues  el  delito  denunciado  no sólo podía probarse por medio de la  prueba  testimonial,  sino  que  mal  se  le  podía exigir que asumiera labores  investigativas, propias del aparato judicial.   

   

Estima  que  en virtud de la citada omisión  probatoria,   el  Tribunal  violó el contenido normativo de los artículos  246,  247  y  254  del  C.  de  P. P., que establecen la obligación de que toda  providencia  judicial  se sustente en las pruebas legal, regular y oportunamente  aportadas  al  proceso;  a  dictar  sentencia  condenatoria  cuando haya certeza  objetiva  sobre  la  realización de la conducta punible y de la responsabilidad  de  los  procesados  y,  finalmente,  a  valorar  las  pruebas en su conjunto de  acuerdo con las reglas de la sana crítica.   

Solicita  a  la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada   y, en su lugar, se dicte la de reemplazo que procesa de acuerdo  a la ley.   

          Alegato del no recurrente defensor de los  acusados.   

El  defensor de los procesados considera que  debe  rechazarse  de  plano  el recurso extraordinario por cuanto los perjuicios  solicitados  en  la  demanda  de  parte  civil  sólo ascienden a 12 millones de  pesos,  cifra  esta  que  no alcanza a la cuantía señalada por la ley, pues de  conformidad  con la ley 2ª. de 1984 y los decretos 2282 de 1989, 522 de 1988, a  partir  del  31  del  diciembre de  1995  la cuantía para recurrir en  casación es igual o superior a $38.416.000.00.   

Sostiene  igualmente que no es cierto que el  ad  quem hubiera desconocido  los  testimonios  de Víctor  Hugo  Prada  Centeno  y  Georgina Acevedo de Prada, pues sí los tuvo en cuenta,  sólo  que los hechos sobre los cuales los declarantes dan cuenta no constituyen  elementos del delito denunciado.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          El  Procurador  Tercero  Delegado en lo Penal considera que el cargo  propuesto  no  está llamado a prosperar por falta de técnica y de razón y, en  consecuencia solicita no casar la sentencia impugnada.   

          Sostiene   que   la   sustentación   del   reproche  es  confusa  y  contradictoria,  por  cuanto  le imputa al fallador de segundo grado un error de  hecho  por  falso  juicio de existencia, al haber ignorado las declaraciones del  denunciante  y  de  su  esposa,  pero  a  renglón  seguido se lamenta de que el  Tribunal  no  hubiese apreciado las mismas pruebas “  en  su  justo  valor  probatorio” , con lo cual da a  entender  que sí las tuvo en cuenta, sólo que el libelista no está de acuerdo  con  el  alcance  probatorio que se les dio, con lo cual desvía el ataque hacia  un error de derecho por falso juicio de convicción.   

          Agrega  que  no  es  cierto que el ad quem  haya  ignorado los testimonios del denunciante y de su  esposa,  cuando  en  sus  consideraciones  el  Tribunal  justamente  empezó por  analizar  estas  declaraciones,  concluyendo  que  las  mismas  no  alcanzaban a  demostrar         la         existencia         del         hecho        punible  denunciado.        

         

          Tampoco  alcanzó  el  libelista  a  demostrar  las  normas que dice  fueron  violadas,  pues se limitó a  enunciar el alcance de los artículos  246,  247  y  254  del  C.  de P. P. , sin acreditar en qué forma la judicatura  vulneró  la  observancia  de  los mismos, dado que las instancias fundamentaron  sus  decisiones  en  las  pruebas  allegadas,  pero  al valorarlas llegaron a la  conclusión  de  que tales medios no conducían a la certeza sobre la existencia  del    hecho    punible    y,    por    consiguiente,    emitieron    un   fallo  absolutorio.   

          En  relación  con  el  alegato del defensor no recurrente, sostiene  que  tiene razón en cuanto a la inexistencia del error de hecho denunciado, mas  no  en  que  la demanda deba rechazarse por motivo de la cuantía, habida cuenta  que  el apoderado de la parte civil censura el contenido penal del fallo y no lo  relacionado  con  la  indemnización de los perjuicios, lo cual era imposible si  se   tiene   en   cuenta   que   la   sentencia   recurrida   es   de  carácter  absolutorio.     

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

1.  Es erróneo el  planteamiento  del  defensor  no  recurrente  al señalar que el apoderado de la  parte  civil  carece  de  interés  para interponer el recurso extraordinario en  atención  al  monto de los perjuicios reclamados en la demanda de constitución  de  parte  civil.  No  tuvo en cuenta que la sentencia impugnada es de carácter  absolutorio  y,  en  tal  circunstancia,  como  lo ha señalado la Corporación,  resulta  indiscutible  que los intereses privados se ven afectados, en la medida  en  que,  por  virtud  del  sentido  de  tal determinación,  desaparece la  opción  de  obtener  el  resarcimiento de los daños y la indemnización de los  perjuicios  morales  y  materiales que hubiere ocasionado la conducta sometida a  juzgamiento.  En  consecuencia,  ante tal circunstancia, la parte civil está en  todo  su derecho de impugnar el fallo, sin importar para nada la cuantía de los  perjuicios  (Sentencia  del  15  de  marzo de 2000, Rad. 12.070, M. P. Carlos E.  Mejía Escobar).   

          2.  Asegura  el  casacionista  que el Tribunal violó indirectamente  los  artículos  246,  247  y 254 del Código de procedimiento Penal, por cuanto  ignoró  medios  de  prueba  válidamente  allegados  al  proceso,  como son las  declaraciones  del  denunciante  Víctor Hugo Prada Centeno y  de su esposa  Georgina Acevedo de Prada.   

          Agrega  que  de  haberse  apreciado en segunda instancia en su justo  valor  probatorio  las  declaraciones  que  obran en autos, especialmente las de  Prada  Centeno  y  Georgina Acevedo, se habría advertido que los procesados sí  habían  constreñido ilegalmente al primero de los nombrados para que dejara de  hacer  algo  con la amenaza de un mal futuro cierto y determinado, con el ánimo  de obtener un beneficio económico evidente.   

          3.  Le  asiste  razón  al Procurador Delegado cuando señala que la  censura  propuesta  por  el  apoderado  de  la parte civil no tiene vocación de  éxito por falta de razón y por graves falencias técnicas.   

          4.  Como  lo  ha  reiterado  la  Sala, incurre en error de hecho por  falso  juicio  de  existencia  el  juez que omite apreciar una prueba legalmente  aportada  al proceso o cuando, inversamente, infiere consecuencias valorativas a  partir  de  un  medio de convicción que no forma parte del proceso por no haber  sido legal y oportunamente incorporado.      

          Esta  modalidad  de  yerro,  por ser protuberante, suele descubrirse  con  un  examen  sencillo  de  la  actuaciones  o con la confrontación directa,  física  del  acopio  probatorio y las motivaciones del fallo. Precisamente, una  lectura  atenta  de  la sentencia impugnada permite concluir que, contrario a lo  afirmado  por  el censor, el Tribunal en ningún momento ignoró los testimonios  del  señor  Víctor  Hugo Prada Centeno y  de su cónyuge Georgina Acevedo  de   Prada   y,   por   lo   tanto,   no   existió   el   desacierto   fáctico  denunciado.   

          En   efecto,   en  la  parte  considerativa  del  fallo  atacado  se  indica:   

“Respecto a la comprobación del elemento  material  ha  de  advertirse  que  sólo  se cuenta con la versión del ofendido  PRADA  CENTENO,  corroborada  en  parte  por su esposa GEORGINA ACEVEDO DE PRADA  –fol.  98-  en  cuanto  relata  que  le cambió un cheque por la suma de seis millones a su suegro   y  un  cuñado, metálico que quedó respaldado con un cheque, el cual consignó  en  dos  oportunidades  pero  –  según  dijo  –   nunca  fue pagado por el  Banco   (…);  sin  embargo,  se presentó personalmente a la finca de los  Acevedo  – sus deudores-  para  reclamarles el cumplimiento de la deuda y se encontró con la sorpresa que  no  iban  a  satisfacerla,  como quiera que ese monto se tomaría como parte del  pago  de  los  perjuicios  que le ocasionara a su hija Sara por haberla violado,  circunstancia   que   denuncia   como   tramoya   para  esquivar  el  pago…”   

“(…)  No  hay  duda  que  PRADA  CENTENO  denunció  a  sus  cofamiliares  al  observar  que el  metálico  no  le  era  cancelado, lo que no previó fue que en vez de denunciar  por  un hecho que no correspondía con la descripción abstracta que hace la ley  penal,  del  punible  de  extorsión,  debió hacerlo por la vía civil teniendo  como  base  el  título  que le prestara mérito ejecutivo y no haberlo devuelto  como  el  mismo  lo  anota, sin prevención alguna, y por correo; situación que  –  prima facie- le quita  el  carácter  delictual  a  la  conducta de sus denunciados …” (Cuaderno Tribunal, fol. 7 y 9).     

                     5. A más de  lo  anterior,  con  evidente  desconocimiento  de  las  exigencias de claridad y  precisión,  así  como del principio de no contradicción, el censor incurre en  el  insalvable  yerro de atacar la sentencia del Tribunal por haber incurrido en  un  error  de  hecho  por falso juicio de existencia, consistente en que ignoró  completamente  los  testimonios  de  Víctor Hugo Prada Centeno y  Georgina  Acevedo  de  Prada,  pero  a renglón seguido y dentro del mismo cargo, acusa al  fallador  de  segunda  instancia por no haber apreciado esos mismos elementos de  persuasión  “en su justo valor probatorio”.    

         

          Olvidó  el libelista que el error de hecho por omisión se presenta  cuando  el  juzgador  ignora una prueba que obra materialmente en el proceso, no  cuando  habiéndola  analizado  resuelve  desestimarla  porque  considera que no  amerita  credibilidad,   o  carece de aptitud para dar por demostrado   un  determinado  hecho,  como  aconteció  en el caso sub judice,  donde el  Tribunal  analizó  los  referidos  testimonios, pero  les negó el alcance  probatorio  pretendido  por el apoderado de la parte civil, pues consideró, con  razón,  que  de  las circunstancias por ellos descritas no se podía inferir la  existencia  de  la  conducta  delictiva  denunciada,  sino  que  se  trataba del  incumplimiento  de  una  obligación  contractual,  cuyo  reclamo debía haberse  intentado a través de la jurisdicción civil.   

Esta  situación  fáctico  procesal excluye  toda  posibilidad  de  intentar  un  ataque  por  la vía del error de hecho por  omisión,  en  cuanto  que  la prueba supuestamente pretermitida fue apreciada y  valorada  por  los  juzgadores,   como,  así  sea  en  forma reticente, lo  reconoce  el  propio  actor. En tales condiciones resulta improcedente cualquier  alegación  sustentada  en  un error de este tipo, el cual, como ya se explicó,  presupone  que  la prueba obre materialmente en el proceso, y que los juzgadores  hayan ignorado su existencia.        

          6.  Como  lo  señala  el  representante del Ministerio Público, el  cargo  propuesto  se circunscribe a un problema de valoración del mérito de la  prueba,  que, como ha sido reiteradamente sostenido por la doctrina de la Corte,  sólo  resulta  posible  de ser planteado en casación cuando los juzgadores, en  el  proceso  de  determinación de la fuerza persuasiva del medio, desconocen de  modo  manifiesto  las  reglas  de  la  sana crítica, ataque que en forma alguna  intenta desarrollar el casacionista.   

7. A pesar que en el cuerpo de la demanda el  censor   en   forma   correcta   hace   alusión   acerca   de   “qué  se  entiende por norma sustancial para efectos del recurso de  casación”   (Cuaderno   tribunal,   fol.  30),  al  desarrollar  la censura no se ciñó a las pautas que indica en su escrito, pues  señaló  como  normas  sustanciales  violadas los artículos 246, 247 y 254 del  estatuto   procedimental   penal  derogado,  las  cuales  son  instrumentales  o  procesales;  con  excepción  del artículo 247, que siendo norma sustancial, de  ella no se dio la presunta violación.   

No tuvo en cuenta que de conformidad con la  preceptiva  contenida  en  el  numeral  1º  del  artículo  220  de la anterior  legislación  procesal (numeral 1º del artículo 207 de la Ley 600 de 2000), la  casación  procede  “cuando  la sentencia sea violatoria de una norma de derecho  sustancial”,  cuya cita resulta imprescindible (numeral 3º del artículo 225 de  la  legislación  derogada,  numeral  3º  del  artículo 212 de la normatividad  procesal de 2000).   

El  cargo,  en  conclusión,   debe ser  desestimado,   por   absoluta   falta   de  razón   y  total  ausencia  de  fundamentación.      

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO CASAR el fallo  motivo del recurso extraordinario.   

Contra  la  presente  sentencia  no procede  recurso alguno.   

          Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase el expediente al Tribunal de  origen.   

         

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Comisión de servicio  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                 CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                       

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                         

                     No  hay  firma   

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN             MARINA  PULIDO  DE  BARON                                                                           

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *