20329(23-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20329   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                              DR.   JORGE   ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nº: 106   

          Bogotá    D.C.,    veintitrés    de    septiembre   de   dos   mil  tres.   

VISTOS  

Califica  la  Sala  la  demanda de casación  excepcional  presentada  por  el  defensor  del  tercero  civilmente responsable  HERNANDO  ROJAS  DE  LA CRUZ,  contra  el  fallo  de  segundo  grado  proferido  el 16 de agosto de 2002 por el  Juzgado   17   Penal  del  Circuito  de  Cali,  por  cuyo  medio  confirmó  con  modificaciones  en  lo  atinente  a  la indemnización de perjuicios, la condena  impuesta  al  acusado  por  el  Juzgado  22  Penal  Municipal de esa ciudad como  responsable del delito de lesiones personales culposas.   LA  DEMANDA   

          1.  En  un  primer  escrito,  dos cargos formula el censor contra el  pronunciamiento  de  fondo  de  segunda  instancia obra del Juzgado 17 Penal del  Circuito  de Cali, ambos al amparo de la causal tercera por haberse proferido la  sentencia  recurrida  en  juicio  viciado  de nulidad.  En posterior libelo  reitera  esos  reproches,  pero  adiciona  la  demanda  con un tercer reparo que  plantea  como  subsidiario de los dos primeros al auspicio de la causal primera,  cuerpo segundo, por errónea apreciación probatoria.   

          1.1.  La primera censura dice relación con la violación al derecho  de  defensa  establecida  como irregularidad sustancial que genera nulidad en el  Art.  306-3  del C. P. P., y  que   conforme   al   Art.   307   ibidem    debió    decretarse   de   oficio,   lo   que   “con  mayor  razón”  bien puede hacer la  Corte  en  esta sede del recurso extraordinario, aduce el actor, “por  tener la función del control de legalidad y constitucionalidad  que  se reclama para este proceso”, vicio que tuvo su  origen  en  el  hecho de que su asistido no tuvo la oportunidad de defenderse en  el  proceso  por cuanto “desde el 15 de marzo de 1997  dejó   de  ser  titular  por  venta  del  bus  de  placas  VAH  530”,   titularidad   que   asumió  la  compradora  María  Angelina  Mina.   Así, el nexo causal se encuentra desvirtuado, porque para el 30 de  octubre  del  año  en  mención, fecha de la ocurrencia del accidente al que se  contrae  los  autos,  su defendido ya no ostentaba la calidad de propietario del  rodante  en  cuestión;  por  lo  tanto,  “no estaba  legitimado  ni  por  activa  ni  por pasiva para ser demandado (…)”   

          En  la  fundamentación  del  cargo,  afirma  el  demandante  que  a  ROJAS  DE  LA  CRUZ  se  le  vinculó  al  proceso  en calidad de tercero civilmente responsable a partir del  10  de febrero de 1998, calenda en la cual el Fiscal del conocimiento produjo la  resolución   que  así  lo  dispuso,  y  como  quiera  que  la  citación  para  notificarle  los  proveídos  por cuyo medio se clausuró la etapa instructiva y  se  calificó el sumario fue enviada a otra dirección suministrada por la parte  civil,  resultaron  vulnerados  “las formas propias y  la   plenitud  que  regenta  el  derecho  a  la  defensa  y  el  debido  proceso  (…)”.   

En  virtud  del  principio  de  remisión  y  conforme  a  lo  previsto  en  el  Art. 318 del C. de P. C., debió ordenarse el  emplazamiento  para realizar la respectiva notificación por edicto y proceder a  nombrarle  curador  ad-litem,  si  se  hubiese  negado a comparecer. Ante la presencia de tal irregularidad, la  nulidad  es  preciso  declarar  y  ordenar  la  invalidación de la actuación a  partir  de la resolución por cuyo medio se vinculó a su defendido como tercero  civilmente  responsable,  clama el censor, por violación del derecho de defensa  y  el  debido  proceso  del  tercero  civilmente  responsable,  quien  por falta  absoluta  de  defensa técnica no tuvo representación de alguien que velara por  sus intereses.   

          1.2.  Con  idéntica  argumentación a la que viene de exponerse, el  demandante  plantea  y  desarrolla  el  segundo cargo, pero en esta ocasión por  vulneración  al  debido  proceso, apoyado en similares presupuestos fácticos y  jurídicos a los utilizados para sustentar el primer reparo.   

          1.3.  Irregular  apreciación  del  testimonio de Luz Marina Marín,  que  se  tradujo  en un falso juicio de identidad en cuanto se le dio un alcance  que   no   tiene   “por   vía   del  cercenamiento  interpretativo”,  es  el  tercer  reparo  que,  como  subsidiario,  adicionalmente  formuló  el  impugnante extraordinario en escrito  complementario  presentado dentro del término legal, tras reiterar las censuras  plasmadas en su primer libelo.   

          En   la  fundamentación  del  cargo  sostiene  que  en  la  segunda  instancia  se  “distorsionó y desfiguró”  la  exposición  de  la citada testimoniante, con lo cual se le  “restó  contenido”  al  dicho  del  procesado  John Jairo Castillo,  cuyos descargos y la atestación de la Marín fueron la fuente de  la   declaración   de   condena,   lo   que   aunado   a   la   “interpretación    distorsionada”   del  croquis  levantado  por el agente de tránsito Guillermo Perlaza, conllevó a la  violación  de  los  derechos  fundamentales  del  debido  proceso y acceso a la  administración  de  justicia,  así  como  a  los  principios de presunción de  inocencia  y  favorabilidad.   Seguidamente aduce el censor que si no se le  hubiera  dado  un  contenido diferente al que realmente emerge de la exposición  del  conductor  procesado,  e  igualmente, si se hubiera reparado en el interés  que  le  asistía  a la testigo Marín para comprometer a aquél, seguramente se  habría  reconocido  la existencia del caso fortuito, fuerza mayor o culpa grave  de  la  víctima,  al  ser  ésta  quien  “inició el  problema”   al   evidenciar  como  pasajera  ánimo  agresivo.   

          Erró  pues el fallador de segunda instancia, tras reconocer que con  un  debido  debate  probatorio  se  hubiera  podido  establecer  si realmente el  procesado  actuó  con  imprudencia,  o  si  por  la  conducta  descuidada de la  ofendida  se  produjo  el accidente, termina sin embargo estructurando un juicio  de   reproche  con  fundamento  en  criterios  de  responsabilidad  objetiva  ya  proscrita  en  nuestro  medio.  Por  lo  menos  hubo  lugar,  deja  entrever  el  libelista,  al reconocimiento de la duda a favor del justiciable como quiera que  no existió una verdadera investigación integral.   

          Casar  la  sentencia  recurrida  y  en su lugar proferir la que deba  reemplazarla  ajustándola a las normas que fueron violadas, es la petición que  el censor le formula a la Sala.   

  ALEGACIONES DE LA PARTE NO  RECURRENTE   

          El  apoderado  de  la  parte  civil  se opone a las pretensiones del  demandante,  aduciendo  que la demanda, además de no reunir los presupuestos de  forma  que  hagan  viable  la  impugnación  extraordinaria, las irregularidades  aducidas  como  nulidades que podrían dar lugar a la invalidación del trámite  procesal  censurado,  no  encuentran  configuración  en  los autos.     

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Respecto  de la casación discrecional, la jurisprudencia de la Sala  tiene  establecido  como exigencia consustancial a la naturaleza del excepcional  instrumento,  la  necesidad  de  que el actor presente la fundamentación debida  frente  a  los motivos que determinan la viabilidad de la admisión, relacionada  con  las  posibilidades  que  para  su interposición la ley otorga, ya sea para  perseguir  por  dicha  vía el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  derechos  fundamentales  presuntamente  violados  en  las  instancias,  debiendo  precisar  clara  y  nítidamente  la  razón o razones por las cuales el Juez de  casación  debe intervenir necesariamente en un asunto sobre el que no concurren  los presupuestos de la casación común.   

         De  manera  que  si  el  motivo  de  inconformidad  con el fallo de  segundo  grado  estriba  en  aducir  la transgresión de derechos fundamentales,  como   aquí   acontece,  el  casacionista  está  obligado  a  desarrollar  una  argumentación   lógica  y  coherente  dirigida  a  mostrar  la  evidencia  del  desacierto,  siendo  de  su  cargo acreditar el desconocimiento de una garantía  por  haberse  quebrantado  la  estructura básica del proceso o por la actividad  del  juzgador,  e  indicar  las  normas constitucionales que protegen el derecho  invocado  y  su  concreto  conculcamiento  con  la  sentencia.      

         Adicionalmente,   el   actor  ha  de  cumplir  con  los  requisitos  establecidos  en  el  Art.  212  de  la  ley  600  de  2000,  primordialmente la  enunciación  del  motivo  de  casación  en  que  se  apoya  la demanda, con la  indicación  clara  y precisa de sus fundamentos -señalamiento de los supuestos  fácticos  y  jurídicos  en  que  se  finca  el cargo o cargos planteados-, los  cuales,  inexorablemente,  han de corresponder a un desarrollo de las razones en  que  se funda la solicitud de admisión de la impugnación extraordinaria por la  vía excepcional.   

         En  todo  caso,  es competencia exclusiva de la Corte, en ejercicio  de  su  discrecionalidad,  ponderar la fundamentación expuesta por la parte que  acude  a  dicho  instrumento,  y  decidir  si admite o rechaza el trámite de la  casación excepcional.   

         En  el  evento  examinado,  se observa que la sentencia atacada fue  proferida  por  un  Juzgado  del Circuito, de lo cual se establece que contra la  misma  no  procede  la  casación común; y que el sujeto procesal que invoca la  discrecionalidad  ejerció  este derecho dentro de la oportunidad prevista en la  ley, con lo que tales aspectos pueden entenderse cumplidos.   

         No  acontece  igual,  sin embargo, en lo referente a la obligación  de  fundamentar  la  solicitud  frente  al  motivo  aducido  como  requisito  de  procedencia  para invocar el ejercicio de la discrecionalidad por la Corte, como  tampoco  con  los  presupuestos de claridad y precisión que en la sustentación  de  las  censuras  se  exige,  y  su  conexión   con  aquéllos en orden a  demandar la admisión del medio de impugnación extraordinario.   

         Si  bien  del  libelo de cuyo aspecto formal se ocupa la Corte cabe  desentrañarse  que  lo  que el demandante procura es la protección de derechos  constitucionales  fundamentales objeto del quebranto argüido -el debido proceso  y  el  derecho  de  defensa-,  no es claro en precisar las razones de hecho y de  derecho  que  lo  llevan  a  una tal proposición, en cuanto mal puede pretender  sustentar  con  similar argumentación, en uno y otro caso, el resquebrajamiento  de  la  estructura  básica del proceso y la afectación del derecho de defensa,  sin  mostrar de qué manera la instrucción y el juzgamiento se vinieron a menos  en  razón  de  la  pretextada  irregularidad,  y en qué consistió la orfandad  defensiva  -material y técnica- alegada, pues, como lo tiene dicho la Corte, si  bien  el  segundo se deriva del primero, ambos han sido claramente diferenciados  por  la  ley y la jurisprudencia pues éste constituye un vicio de estructura en  tanto  aquél  lo  es  de  garantía,  por  lo  que su postulación y desarrollo  necesariamente  deben  tener por sustento postulados diferentes, sin descartarse  que  aunque  existen  irregularidades  que  al  mismo  tiempo  pueden  llegar  a  comprometer  los  dos derechos, el censor no pone en evidencia que éste sea uno  de esos casos.   

         De  todas  maneras,  olvidó el censor que  su  deber  consistía  en definir las irregularidades y comprobarlas cabalmente,  para  dejar  así  establecido  que el debido proceso había sido trastocado tan  gravemente,  y el derecho de defensa de su asistido afectado a tal punto, que no  había remedio distinto a la invalidación del trámite.   

         Amén  de  los defectos de técnica y fundamentación que vienen de  reseñarse,  nada  informa el actor en relación con la actividad adelantada por  los   funcionarios   de   instrucción  y  juzgamiento  en  orden  a  lograr  la  comparecencia  de  su  defendido  al  proceso para notificarlo de las decisiones  adoptadas,    por    lo    tanto,    la    propuesta    quedó    en   el   mero  enunciado.        

         Con  todo y esos desaciertos, de suyo suficientes para inadmitir al  trámite  la  casación discrecional, la formulación y desarrollo del cargo que  por  errónea  apreciación  probatoria  plantea  el  libelista, lo presenta con  total  desapego  del  carácter  técnico,  lógico  y  rogado  que la casación  ostenta,  en  cuanto  tampoco  se  percató  de que la postulación de la causal  primera   resulta   incompatible   con   aducir   la  violación  de  garantías  fundamentales  denunciable  al  amparo  de  la  tercera,  pues mientras aquélla  supone  la  validez  del  juicio,  ésta  lo  niega  e  impide  que  se dicte el  respectivo   fallo   de   sustitución,  lo  cual  evidencia  el  contradictorio  desarrollo  de  la  censura,  haciéndose  aún más patente el contrasentido al  pedir  que  se case la sentencia acusada por ser violatoria de normas de derecho  sustancial,  y  en su lugar “dictar la sentencia que  deba  reemplazarla”, sin que se logre entender si lo  que  persigue  es  que  se  absuelva a su asistido, o si por el contrario lo que  demanda  es  que  se  decrete  la  ineficacia  del trámite por la violación de  garantías  fundamentales,  eventualidades sobre las que el Juez de Casación no  podría   optar  sin  transgredir  el  principio  de  limitación  que  rige  su  actuación.           

         Como  quiera  que  el actor omite fundamentar clara y concretamente  los  motivos  que  lo llevaron a invocar el ejercicio de la discrecionalidad por  la  Corte,  y  como  tampoco  desarrolla  un cargo específico que corresponda a  aquéllos, el libelo debe inadmitirse.   

          En   mérito  a  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala  de  Casación  Penal,   

RESUELVE  

         INADMITIR   la   demanda   de   casación  discrecional  presentada  a nombre de HERNANDO ROJAS DE  LA  CRUZ  por  su  defensor,  de acuerdo con las motivaciones plasmadas en el cuerpo  de este proveído.   

Contra  la  presente  decisión  procede  el  recurso de reposición.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

            

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS              CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO           ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ  PINZÓN           MARINA  PULIDO DE  BARÓN   

                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS               MAURO SOLARTE PORTILLA    

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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